Hola a todo mundo, por esta última ocasión pasaré a saludar y responder los reviews desde ahora, quedando agradecido con todos por acompañarme a este memorable momento para mí: La finalización de mi primer fic de The Loud House, pues no fue Tan sólo se dio, sino este el que comencé a escribir primero y que por fin ve su final. Con el corazón en la mano les digo, Gracias.
Guest gracias. Creo que cuando comencé a escribir el segundo capítulo de Tan sólo se dio fue cuando decidí que la base de ese fic sería este otro. En efecto el Lynncoln siempre ha sido mi ship favorito, pese a la contradicción que Luan es mi personaje favorito. Gracias por tu voto. Te confirmo que el siete de Febrero actualizaré Tan sólo sucedió. Saludos.
Sylar Diaz gracias. Lo lamento, espero que ahora el pequeño guiño no te haya afectado. La siguiente semana regresa esa historia. Saludos.
Optimus1986 gracias. En realidad el final es este. Agradezco tu lectura tanto como yo el poder leerte. Saludos.
AbyMills gracias por acompañarme a lo largo de todo este tiempo. Sí, recuerdo y tengo presente tus primeros comentarios con tu anterior Nick. Saludos.
Shadow Joker gracias. De hecho la encuesta está en mi profile, en la parte de arriba, aunque solo es visible accediendo por computadora. Sólo le das en "Vote Now" para verla. En todo caso te alegrará saber que además de tomar en cuenta tu voto, precisamente esa será la historia siguiente que actualizaré. Espero te haya agradado el nuevo capítulo de Tres días de Caos. Saludos.
Sgtrinidad9 gracias. Realmente me impresionó el que te leyeras todo en breve tiempo. Me siento halagado y espero te haya agradado la manera en que desarrollé ciertos aspectos sobre el origen por decirlo así de los personajes. En efecto en esta historia, tanto Lynn como Rita fueron hijos únicos. La tía Shirley es prima de Lynn y la tía Ruth es hermana de Albert (Pop-Pop). Espero te haya agradado la historia. Saludos.
Una vez más, gracias a todos quienes me han acompañado en esta historia, tanto anónimos como usuarios por igual a lo largo de hasta este momento 85 reviews, 10709 vistas (algunas mías, obviamente), anexados a 49 usuarios que la pusieron en sus favoritos y 47 en alerta de seguimiento. Muchas gracias, nunca me cansaré de repetirlo. Saludos.
Mañana les daré una pequeña sorpresa, exclusiva más para los seguidores tanto de esta, como de las historias que le siguen. No olviden votar en la encuesta de mi profile, cuál historia desean que actualice para el 21 de Febrero. Nos vemos.
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DECIMO NOVENO AÑO
Esa mañana Rita despertó primero. Su esposo dormía tranquilamente, por lo que la buena mujer no se contuvo de acercarse y robarle un beso que poco a poco fue subiendo su intensidad. Como era de esperarse, Lynn no tardó en despertarse y corresponderle.
—Feliz aniversario, dormilón.
Pasó su mano por encima de su cabeza acariciando el poco cabello que le quedaba. Sentía que el tiempo había sido hasta eso generoso con su esposo ya de cuarenta y cuatro años. Un pensamiento semejante tenía Lynn al ver a su esposa que a sus treinta y nueve años seguía de muy buen ver. No parecía ser el tipo de mujer en apariencia que cualquiera imaginaría de alguien que estuvo a punto de tener una docena de hijos.
—Feliz aniversario, preciosa.
Volvieron a besarse y sus caricias poco a poco buscaban subir su intensidad tanto como sus besos.
—Espera… —trató de interrumpirlo Rita— no podemos. Todavía tienes que prepararles el desayuno antes de que se les haga tarde.
El hombre suspiró un poco frustrado.
—Como quisiera que las vacaciones comenzaran de una buena vez para todos.
—Que tanto es un par de días, cariño.
—¿Tienen que ir a la escuela? ¿Qué no presentaron ya sus exámenes finales?
—Vamos, no seas tan perezoso. Ya tendremos tiempo más tarde.
Con pesadez, ambos se dieron prisa en cambiarse para comenzar el día. Al salir de su habitación, lo primero que se encontraron no fue con la fila hacia el baño de sus hijos, sino con la mayoría de las chicas frente a la puerta con grandes sonrisas.
—¡Feliz aniversario, papá y mamá!
Enternecidos por sus atenciones, Rita recibió el ramo de azucenas de Luan, Lynn las nuevas corbatas que le obsequiaron Lori y Leni, la mujer los libros de Lucy y Lisa, su esposo el nuevo disco de Mick Swagger de Luna junto con un juego de herramientas de Lana, finalmente Rita dos sobres por parte de Lola y Lily.
—¡Pero qué hermoso dibujo!
El señor Loud se acercó para ver qué fue lo que recibió su mujer. El dibujo de Lily sólo era una serie de trazos que quizás para la pequeña niña de dos años tenía algún sentido, pero que ninguno de los dos pudo adivinarlo.
—Shon papi y mami —musitó entre balbuceos la más joven de sus hijas.
—Éste se va directo a la puerta del refrigerador. —Le aseguró su padre.
Los ojos de Rita brillaron cuando vio lo que estaba en el interior del sobre que le obsequió una de sus dos hijas de siete años.
—¡Lola, no debiste! ¿Pero cómo lo conseguiste?
—Fue uno de los premios que recibí en mi último certamen.
—Pero si tú te lo ganaste. ¿Estás segura que no quieres usarlo tú?
—No te preocupes. Te lo quiero dar a ti, mami. Debes de admitir que falta te hace.
El padre tomó el folleto que venía junto al cupón, en este se enumeraba en una lista todo a lo que su esposa tenía derecho a recibir gratis en el spa el día de mañana. Realmente era un servicio bastante completo.
—Tiene razón, cielo. Te hace falta.
—Sí, mamá —señaló la adolescente castaña de quince años—, escucha a papá. De ahí podemos recogerte a la hora que tú quieras y sin tener que pagar la fianza, ¿entiendes?
La familia rodó los ojos, pensando que fue de mal gusto recordar el incidente que la mujer tuvo en su intento de tener más tiempo para ella. El señor Loud puso más atención al disco que su hija de dieciséis años le había dado.
—Espera un momento, Luna. ¿No se supone que este disco saldrá a la venta hasta la próxima semana?
—Tengo mis contactos por decirlo de algún modo, viejo.
Ambos padres imaginaron que por contactos, Luna se refería a su "amiga" Sam que había conseguido trabajo hace poco en una tienda de música. Sus padres todavía esperaban el momento en que su hija quisiera hablarles al respecto, pero no forzarían el momento. Aguardarían hasta que Luna se sintiera lista para hacerlo por sí misma.
Con ojo crítico, Rita ojeó un poco el libro de poemas que su única hija con cabello negro de nueve años le había dado escrito de su puño y letra. Debía admitir que la redacción era admirable.
—¡Cielos, hija! Tengo que admitir que tu prosa ha mejorado bastante.
—Muchas gracias. Aprendí de la mejor.
Rita se sintió tan orgullosa de ella y de sí misma al tomar muy en serio sus palabras.
—¿Y qué hay de las corbatas, papá? —preguntó la primogénita de dieciocho años—. ¿Te gustaron?
—¡Son geniales!
Y lo decía en serio. Las sentía muy acorde a su gusto sin ser tan escandalosamente llamativas, lo cual era bueno, pues con ello su esposa no trataría de convencerlo de deshacerse de algunas de ellas como tiempo atrás había hecho. Lori le guiñó un ojo a su hermana de diecisiete años también rubia como ella, pues quien se encargó de fabricarlas con los materiales que su única hermana mayor le compró fue precisamente Leni.
Rita intentó leer una parte del compendio de obras rusas que su hija castaña de solo cinco años le había obsequiado, pero el puro prólogo resultaba un tanto pesado de leer. Prefería por mucho la literatura inglesa.
—Eshpero que puedash aprechiar la prosha exhtranjera en lash obrash shelectash de eshta magnífica compilachión, unidad materna. Lo consheguí penshando en tu faschinachión por lash letrash.
—Es… se ve que son historias fascinantes, hija. ¿Tú ya las leíste?
—Lamentablemente no tengo mucho tiempo para enriquecherme en el ashpecto literario debido a mish tareash actualesh.
Eso y que a pesar de no reconocerlo, incluso para Lisa aunque la lectura le fue comprensible, también se le hacía un tanto pesada, pero dado que los regalos deben ser algo sorpresa, sospechó que regalarle algo relacionado con la literatura inglesa sería tan predecible que arruinaría el factor "sorpresa" del obsequio.
Los padres les agradecieron a sus hijas por los presentes, cuando de pronto Rita reparó en la falta de alguien, así como su esposo también.
—Oigan chicas, ¿y dónde está Lincoln?
—¿Y L. J.?
Entrando apresurados empujando a sus hermanas, una jovencita castaña de catorce años que a pesar de ya estar vestida se le veía algo despeinada, se acercó a sus padres sosteniendo con una mano una caja con un moño, mientras que de la otra mano seguía sujetando la de un chico de doce años de cabello blanco, quien a su vez llevaba una bolsa de regalo en su mano libre.
—¡Perdón por el retraso! —se disculpó Lynn—. Nos quedamos dormidos.
Lincoln al darse cuenta que seguía tomando la mano de su hermana, de un tirón rompió el contacto. Rita había reparado en ese detalle. Lori bufó disgustada.
—Tontos, ¿cómo es eso que se quedaron dormidos?
Lincoln contestó al instante.
—Olvidé ponerme el despertador.
Dado que Lynn permaneció callada, el chico tuvo que darle un ligero codazo para que dijese su excusa.
—¿He? ¡Ah, sí! Estaba tan cansada por el juego de ayer que me costó trabajo levantarme.
—*Suspiro* Eso debe de ser verdad —musitó Lucy con desagrado emanando un aura siniestra y resentida. El tono mecánico y tan ensayado de la respuesta de Lynn pareció alterarla más—. Tu sueño era tan pesado y profundo como el de los muertos, que incluso cuando golpeé tu cuerpo cubierto con todas esas cobijas para tratar de despertarte, éste se sintió tan rígido como si se trataran de tus balones de juego haciendo bulto.
La deportista tragó saliva. Lincoln miró de forma inquisitiva a Lucy, la niña al sentirse intimidada ante la reprimenda que su hermano parecía estar dándole, desvió la mirada sonrojándose. Rita estaba por preguntarles de qué se estaba perdiendo; ya había notado a Lucy comportándose de manera un tanto extraña desde hace un par de días, cuando su hijo interrumpió sus pensamientos al entregarle su regalo.
—¡Feliz aniversario, mamá!
Lynn Junior por su lado le entregó su obsequio a su padre.
—¡Feliz aniversario, papá!
Ambos regalos resultaron ser casi exactamente lo mismo: Placas conmemorativas doradas personalizadas. Una al mejor padre del mundo y la otra a la mejor madre del mundo. Los padres se sintieron tan conmovidos como el resto de sus hijas. La adolescente infló su pecho como si les estuviese dando una condecoración oficial.
—Ahora ustedes también tienen sus propios trofeos.
Algo semejante había pensado su padre.
—Son fantásticas, chicos. Muchas gracias.
Por un momento ambos padres habían temido que su hija les diese algún artículo deportivo de nuevo, o peor, que Lincoln retomara su vieja costumbre de regalarles tazas, costumbre que interrumpió finalmente el año pasado cuando los sorprendió con algo muy distinto.
—Bueno, tropa. Todo esto es realmente bonito y conmovedor, pero será mejor que comiencen a alistarse que tienen día de escuela.
El día ya casi concluía.
Sobre la chimenea de la casa, Rita había decidido colocar ambas placas decorativas. Detrás de ella, su esposo la envolvió en un abrazo mirando los regalos que Lincoln y Lynn Junior les habían hecho. Juguetonamente Lynn le susurró al oído.
—Tal vez debería mandar a hacer una vitrina también para nuestros propios premios.
Ella sonrió y su vista se elevó hacia la gran fotografía enmarcada en la pared que fue tomada en su propio jardín. En ella Lincoln con la cara manchada parecía estar gritando agitando los brazos, las gemelas estaban a su derecha peleándose, mientras a su izquierda Lisa indiferente hacía unas anotaciones junto a Lucy, que estaba casi oculta por el libro en cuya lectura estaba enfrascada; al frente de ambas, Lily quien entonces sólo tenía un año, caminaba desnuda alegremente, todo mientras Charles correteaba a Cliff. Como si estuviese intentando brincar a su hermano, Lynn Junior atrapaba su balón de un salto; a su derecha Leni alegremente distraída observaba a Walts volando muy cerca, mientras que a su lado con una cara de pocos amigos, Lori revisaba su teléfono celular; a la izquierda de Lynn el rostro de Luan estaba oculto con unos anteojos de broma con nariz falsa y bigote, junto a Luna que con su guitarra parecía tocar algo. Incluso Geo salía rodando en su esfera en una esquina. Para Lynn, esa foto reflejaba bastante bien el carácter y espíritu de su familia.
—Cariño —le habló Rita—. Estaba pensando que tal vez si les encargas a tus amigos mañana el restaurante. Creo que puedo pagar tu entrada para que me acompañes al spa.
—Yo pongo la mitad, querida. Sabes, te dieron un gran regalo.
—Sí, pero… ¿sería injusto decir que mi favorito ha sido este?
—¿Las placas?
—No. La fotografía que Lincoln nos regaló el año pasado.
—Siéndote franco, también me encanta. Ya me imagino la de problemas que debió de tener para conseguir que todas las chicas salieran en ella —Justamente eso estaba pensando Rita—. Pero de todos los regalos que me han dado en la vida, no diría que es mi favorito.
—¿Y ese cuál sería entonces?
Lynn con un asentimiento de su cabeza señaló la foto.
—Todos ellos, mi amor. Son el mejor regalo que me has dado y que nunca nadie me dará ya.
La mujer sonrió. Se dio la vuelta y lo besó con amor.
—¿Te digo un secreto? Para mí también nuestros bebés son el mejor regalo que me has dado, querido.
Escucharon a alguien bajar las escaleras. Se trataba de Leni ya con su bata puesta, que al ver a sus padres besarse, se disculpó con ellos cuando de pronto se separaron.
—¡Oh! Lo siento. No quise interrumpirlos. Iba por un Smothie que dejé en la tarde en el refrigerador. Pueden seguir haciendo lo que estaban haciendo.
—No pasa nada, cariño —le aclaró su madre—. No estábamos haciendo nada de lo que tengamos qué avergonzándonos.
—Cierto —su padre apoyó su mejilla en la de su esposa—. Uno no tiene por qué avergonzarse por besar a la persona que amas.
Leni se sonrojó y por su expresión, su madre pareció entender que un lindo recuerdo llegaba a su mente.
—Hija, ¿en quién estás pensando?
—Nada, en unos amigos que… les gusta besarse cuando nadie los ve.
Su padre pareció de pronto enfadado.
—Y tu… "amigo" ¿tiene nombre?
—Por supuesto. No conozco a nadie que no lo tenga.
—Leni, cielo, te estoy preguntando quién es tu novio.
Rita estaba segura que le respondería que se trataba de ese chico gordito que siempre la saludaba en el centro comercial.
—No tengo novio. Estaba pensando en Lincoln.
Ambos suspiraron. Comprendieron a lo que se refería.
—Hija, no nos enteramos de muchos detalles. ¿Realmente tus hermanas arruinaron tanto las cosas en el partido como para que esa niña Polly terminara con tu hermano?
Leni pareció meditarlo unos segundos. Un tanto indiferente se encogió de hombros al final.
—Creo que Polly nunca será la novia de Linky.
Les pareció una pena. Ni siquiera tuvieron la oportunidad de verlos a los dos juntos, más allá de cierto indicio y detalle de su truncada relación que a Rita no le había parecido.
—Por cierto, querido. ¿Si hablaste con Lincoln por lo del chupetón?
—Ah… claro, por supuesto.
Aunque Lincoln no quiso darle tantos detalles, más allá que sucedió al final del partido de su hermana en los vestidores días atrás, siendo su amiga la que tomó la iniciativa prácticamente acorralándolo contra las taquillas. El hombre le dio una breve charla de ser responsable y que piense con la cabeza antes de precipitarse, pero en sí se sintió feliz de compartir un momento de complicidad con su hijo al enterarse del modo en que poco a poco se estaba haciendo todo un hombre, claro está, no le contaría tal cosa a su mujer.
—Bueno, voy por el Smothie.
—Espera hija —la detuvo Rita—. Tal vez te pueda sentar mal si ya te vas a dormir. Mejor tómatelo mañana.
—Pero es que por la fruta mañana no sabrá igual y…
—Haz caso a tu madre, hija. Nosotros sabemos qué es lo mejor para ti.
La joven suspiró. No había cenado muy bien y sentía además de un poco de hambre, algo seca la boca. Tras darle las buenas noches a sus padres, regresó a su habitación lamentando el haberles dicho a lo que bajó.
La pareja tomados de la mano se dirigieron a su habitación.
—Dame un momento —le pidió Rita a su esposo—. Déjame subir al baño y ya vuelvo.
—Está bien —de pronto se le ocurrió algo—. Creo que sobró media botella de vino. ¿Quieres que la traiga con unas copas?
Ella asintió con entusiasmo. Tal vez podrían ponerse un tanto juguetones antes de ir a dormir.
Momentos después cuando salió del baño, la señora Loud pasó por las habitaciones de sus hijos, pero fue frente a la habitación de Lincoln donde se detuvo un momento al escuchar a su hija Lynn hablando con el chico.
—Linc, ¿si te diste cuenta dónde pusieron las placas?
—Sí, justo sobre la chimenea. El lugar de honor. Te dije que sería una buena idea mandarlas a hacer.
La mujer sonrió pensando que debió suponer de dónde vino la idea. Aunque hubo un tiempo no hace mucho en que esos dos de pronto parecían haberse distanciado cuando antes eran uña y mugre, en ese momento le alegró que como acostumbraban antes, volvieran a estrechar su hermandad. Para darles las buenas noches, abrió la puerta justo en el momento en que Lynn le decía a su hermano.
—No eres tan tonto como pareces. Después de todo tus ideas son tan buenas como tus besos.
Cuando vio a su madre, la expresión de Lincoln por un instante pareció perturbada, pero pronto se recompuso. Lynn volteó y aterrada miró a la mujer quien pálida se estaba preguntando si había escuchado bien.
—Ah… chicos. Creo que ya deberían irse a dormir.
Sonrojada, Lynn asintió.
—¡Oh! Es verdad. Buenas noches Linc. ¡Feliz aniversario, mamá!
Se levantó con la intención de marcharse aprisa, pero cuando se dirigió hacia la puerta, Rita le puso una mano sobre el hombro para detenerla, lo que no fue muy difícil por lo bajita que era.
—¿De qué besos estaban hablando ustedes dos?
Pudo sentir como Lynn tembló, cuando de pronto y tras soltar un suspiro resignado, Lincoln le contestó.
—Tú sabes… lo que tuve con Polly —se dirige a su hermana—. Lynn, ya deja de burlarte de eso. Todavía me duele que tu amiga me dejara.
También pudo sentir cómo la adolescente pareció relajarse. Su rostro se había compuesto y burlona se dio la vuelta para mirar al chico.
—Pues supéralo ya. Polly ya lo hizo, torpe.
—¡Lynn! —Rita le llamó la atención sintiéndose un poco tonta al haberle dado un extraño sentido a aquél comentario—. A tu hermano lo terminó tu amiga. No es correcto que juegues con eso. Discúlpate con él.
Ella asintió con fastidio sin mostrar verdadero arrepentimiento.
—Sí, es verdad. Lo lamento, Lincoln.
—Está bien. Buenas noches, Lynn.
Aunque a Rita le disgustó el modo en que su hija no tomara en serio los sentimientos de su hermano, por un instante vaciló cuando notó la forma en que Lincoln vio a su hermana. Es verdad que él era muy parecido a su abuelo, pero esa expresión le recordó a la de su padre cuando la miraba a ella durante los momentos en que se sentía especialmente… ¿romántico? Es como si la viera con una mezcla de amor y adoración cargada de… ¿deseo? Era ridículo, pero ahí estaba. La sonrisa con la que Lynn le correspondió, así como su propia mirada con los ojos entrecerrados… el gesto, no era muy diferente al que ella usaba con su esposo cuando comenzaron a salir juntos, era el mismo que a la fecha todavía usaba para coquetearle. No recordaba jamás haber visto a ellos dos hacer tales expresiones como una vez vio a Lori hacer con Bobby.
Lynn se marchó y perpleja Rita pareció haberse congelado.
—Mamá, ¿estás bien?
La mujer miró a su hijo. Su expresión parecía haber regresado a la normalidad.
—Lincoln… —por cerca de cinco segundos el muchacho aguardó a que le dijese algo, antes de decidirse a sólo negar con un gesto—. No, nada. Buenas noches, cielo.
Su esposo estaba sirviendo las dos copas cuando Rita regresó a la habitación. Con buen ánimo él le pasó una, fue tras que Lynn notara su preocupación que se contagió de la misma.
—¿Qué ocurre, cariño? ¿Todo bien con los chicos?
Aunque sentía que su mente exigía que le contara lo que ocurrió con los chicos y lo que pensaba al respecto, Rita no dejaba de cuestionarse a sí misma si no sería mejor guardar silencio. No estaba segura de nada, además que la idea era demasiado descabellada como para siquiera considerarla, sin embargo ese instinto que no sabía si era el que tenía como mujer, o como de madre, o ambos, continuaban molestándola con esa idea tan absurda.
—Lynn estaba en la habitación de Lincoln y… no lo sé.
—¿Otra vez LJ estaba peleándose con él?
—No. Más bien… cielo, ¿recuerdas como solían ser esos dos antes que Lynn entrara en la adolescencia?
Su esposo sonrió ante las agradables memorias.
—Sí. Inseparables. Era complicado hacer que no estuvieran pegados todo el tiempo y…
El recuerdo de cómo en la mañana esos dos llegaron juntos tomados de la mano y despeinados lo golpeó de lleno. No era la primera vez que notaba ciertos detalles… incómodos. Pensó en cierto incidente que nunca le contó a Rita para que no se preocupara por nada: Lynn tenía seis años y Lincoln cuatro cuando los encontró jugando a… por lo que averiguó ese tipo de juegos de exploración son normales en la infancia, dado que no se volvió a repetir hasta donde sabía ni con ellos o con ninguna de las otras chicas, le restó importancia. Pero sus hijos ya no eran unos niños, eran dos adolescentes que en ocasiones se comportaban como si fueran…
—¿Qué estás pensando, Lynn?
Rita se preocupó al verlo de pronto tan callado. Sospechó que tal vez como ella, estaba teniendo un conflicto interno.
—Rita… es una tontería. Esos dos sólo vuelven a llevarse bien porque de nuevo están a la par. Antes ambos eran niños y por eso se llevaban de maravilla. Lincoln todavía era un niño cuando Lynn se convirtió en una adolescente y ese fue el motivo por el que luego se distanciaron. Ahora ambos son adolescentes, así que es normal que se gus… ¡ah! que se lleven bien. Es lo que hacen. Se llevan bien, eso es todo. Sea lo que sea que les esté pasando por la cabeza, seguramente sólo es una etapa que se les terminará por pasar.
Rita consideró seriamente sus palabras.
—¿De verdad crees eso?
—Sí.
Apenas lo afirmó, su mente recapituló lo que Lincoln le contó acerca del chupetón que una de las amigas de Lynn le hizo en el cuello. Por supuesto que lo de su hijo era una etapa que se le pasaría, ya lo hacía, por algo estuvo saliendo con esa niña. Rita igualmente dejó de tomarle importancia al asunto. Lincoln seguía siendo un chico con diez hermanas. Siendo hija única le era imposible saberlo, pero quizás y más ahora que empezaba la pubertad, lo de Lincoln en efecto era ¿normal? Sus hermanas seguían siendo mujeres y Lynn era la más cercana a él y… No era momento para que se estuviesen preocupando por los chicos, menos por algo que quizá sólo se trataba algo sin importancia o incluso y lo que estaba más dispuesta a creer, de una malinterpretación por parte de ella. Deberían de disfrutar el momento.
Tomaron las copas y brindaron entre sí. Lo que hicieron a continuación estuvo… bien para ambos. La sensación de intranquilidad se negaba a abandonarlos. Se quedaron recostados uno al lado del otro. Lynn pasó su brazo por debajo de la cabeza de su esposa para que se apoyara y tuviese mejor comodidad. Rita pensó en abrazarlo, pero como él se quedó contemplando por un instante el techo de la habitación.
Para distraerse un poco, Rita tomó el libro de poemas que Lucy escribió y dejó en el buró al lado de la cama. Hojeó unas páginas deteniéndose hasta llegar a la última, cuyos versos parecían tratar del sufrimiento de una persona por sentirse traicionado por alguien en quien confiaba, al descubrirlo en brazos de quien ese momento comprendió se trataba del amor de su vida. Era triste, pero bastante bueno y cargado de muchos sentimientos. La mujer pensó si acaso no se trataría de algo personal y si quizá su hija descubrió que a su amigo Rocky le gustaba otra niña. Se preocupó por ello, pero sólo se trataba de Lucy quien a pesar de todo sólo era una niña; más le preocupaba la "etapa" que sus hermanos mayores atravesaban y de la que esperaba pronto terminara. Lo de Lucy no era tan grave, sólo eran cosas de niños que cuando pequeños suelen magnificarlo.
—Rita —de pronto habló su marido—. Sé que nos lo hemos preguntado antes, pero… ¿realmente seremos buenos padres?
—Hacemos lo que podemos. —Lo abrazó pensando en lo difícil que era ser honesta ante esa pregunta.
Ninguno de los dos se sentía con los ánimos necesarios para enfrentar el posible problema que tenían en casa. Tal vez tenían razón y no fuera necesario siquiera volver a mencionarlo. Sería algo que podría resolverse por sí solo sin necesidad de intervenir; sus hijos tenían práctica en resolver sus problemas por su propia cuenta la mayor parte del tiempo sin que tuvieran que intervenir.
—¿Qué crees que nos pase en el futuro? —le preguntó ella.
—No lo sé —reflexionó un poco—. Sé que no hemos tenido muchos momentos juntos como antes desde que abrí el restaurante, pero verás que con el tiempo todo irá a mejor. Sea lo que sea que tengan… —gruñó para sí mismo reprendiéndose. Sus hijos no tenían nada entre sí— lo que estén pasando Lincoln y Lynn, lo superarán.
—Supongo.
El hombre entonces pensó que era el mejor momento para decírselo. Se trataba de algo que lamentó no habérsele ocurrido semanas antes, pero ahora tenía como propósito concretarlo.
—Te prometo que para el próximo año nos iremos de vacaciones a la playa. Lori estará ya en la universidad, pero con un poco de suerte podría acompañarnos. Estoy seguro que gracias a los ingresos del restaurante podremos para entonces permitírnoslos.
A su esposa pareció entusiasmarle el plan.
—Esa idea no suena nada mal. ¿De veras crees que podamos hacerlo? Recuerda lo que pasó las últimas veces que intentamos salir toda la familia junta.
—Bueno, sí. Pero una vez superados ciertos inconvenientes, tienes que admitir que nos la pasamos genial, ¿no es así?
Tenía un buen argumento.
—Es verdad. Supongo que en todo caso tenemos un año entero para planearlo en forma. Pero aun así…
—Amor —la tomó de las manos y confiado, le hizo una promesa esperando disipar sus dudas—. Tienes mi palabra que el próximo año pasaremos un aniversario que nunca olvidaremos.
Conmovida, ella creyó sus palabras y contagiándose de su optimismo, todas sus dudas y temores se disiparon por completo. Se besaron con amor e intentaron dormir sin molestarse en vestirse de nuevo.
—Feliz aniversario, cielo.
—Feliz aniversario, cariño.
Confiados en que la vida no haría nada más que mejorar a partir de ahora, durmieron pensando como de costumbre solían hacerlo en cada uno de sus aniversarios, en el camino que han recorrido sus vidas juntos a lo largo ahora de diecinueve años.
Entusiasta, Rita tentó con éxito a su esposo. Al tenerla entre sus brazos, Lynn rememoró su luna de miel pensando que en efecto algo bueno había hecho en su vida anterior para tener una mujer tan maravillosa como ella, no se diga también la gran familia que le dio. Su esposa tuvo presente lo mucho que amaba a Lynn desde ese día cuando en brazos la llevó cargada usando el vestido de novia a su anterior hogar, vestido el cuál por una razón que no se explicaba tenía perdido. Queriéndose hacer el muy atrevido, de un tirón Lynn le arrebato a Rita la cobija con que se cubría, provocando con la misma que le pegara a la botella en el buró cerca de la ventana por la que salió y cayó golpeando a Vanzilla activando su alarma.
Con la palma de su mano Lynn se golpeó la cabeza y su esposa se echó a reír.
—Con cuidado, ponte una bata al menos.
Su esposo sonrió.
—Al menos esta vez no te sorprenderá que llegue desnudo.
Sintiéndose de pronto inusualmente entusiasmados, no pudieron evitar imaginarse lo que el destino les depararía a ambos con su hermosa familia más adelante.
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-FIN—
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"Aniversarios"
Por Jonás Nagera
Publicado del 6 de enero del 2017
al 31 de Enero del 2020
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