Mi cuerpo empieza a tomar consciencia de sí mismo, noto que estoy recostada en una superficie muy dura. Intento abrir los ojos pero no puedo, algo me lo impide. Llevo mis manos hasta ellos y toco la suave gasa que los cubre. Intento zafarme de ella pero alarmada me doy cuenta de que está unida a mí, como si ese trozo de tela y mi piel se hubiesen fundido. Me incorporo tratando de guardar la calma, al hacerlo apoyo las palmas de las manos y percibo que estoy tocando un suelo de piedra. Pequeños guijarros dañan mi piel al examinar el terreno a tientas.
Decido incorporarme y buscar ayuda. Desconozco como he llegado aquí y tratando de encontrar una respuesta la desesperación comienza a dominarme. Al levantarme siento como un ligero vestido cae por mi cuerpo acariciando mi desnuda piel. Mis pies se hayan descalzos y me hacen notar cada piedra que encuentro en el camino.
Grito y pido ayuda, alguien debe poder oírme. Primero llamo a Harry, pues es la primera persona que ocupa mi pensamiento. Después a mis padres, sintiéndome ya presa del pánico por no obtener respuesta alguna. Decido moverme sin importarme el posible daño que pueda sufrir por pisar el hostil terreno. Sigo andando con las manos por delante de mi cuerpo para evitar golpearme con algún objeto. Cada paso duele, cada piedra rasga mi piel sin piedad. Comienzo a notar la sangre en las plantas de mis pies y es en ese momento cuando una voz resuena en mi cabeza. Parece un eco y me resulta extrañamente familiar. Al principio parece un murmullo y sólo logro descifrar que me llama por mi nombre. Pongo toda mi atención en ella y comienza a sonar más clara. Es mi propia voz pero no la siento como mía, parece como si otra Hermione me estuviese hablando.
"Sólo has de desearlo"
Escucho la frase de manera tan clara que parece que me la está susurrando al oído. El dolor que siento por los cortes en mis pies me impide centrarme en comprender a qué se refiere. En esos momentos sólo deseo que el dolor desaparezca, escapar de allí y volver a casa. Doy mi siguiente paso y descubro que esta vez no toco el suelo, percibo que me elevo unos centímetros sobre él. Con algo de temor avanzo mi otro pie y también reparo en que vuelve a suceder lo mismo. El dolor disminuye y a pesar del miedo que siento agradezco no tener que pisar más esas ruinas. Sigo mi camino buscando un sonido que me indique donde estoy pero el silencio es lo único que capto. Un silencio artificial y amortiguado, sólo soy capaz de escuchar mi respiración que cada vez resulta más agitada debido a la inquietud que padezco. Una corriente de aire agita mi pelo y el tejido vaporoso de mi vestido. Determino ir tras ella pues si llego hasta su origen probablemente encuentre la salida de este lugar. Avanzo flotando a escasos centímetros del suelo sintiéndome como una pluma mecida por la brisa. Pierdo la noción de cuánto tiempo ha pasado hasta que un olor a tierra llega a mis fosas nasales. Voy tras él, sé que debo guiarme por mis sentidos para escapar de aquí. Enseguida otros aromas me alcanzan. Hierba, musgo y madera, debo estar cerca de un bosque. Todo comienza a resultarme familiar, ya he estado aquí antes. Vuelvo a llamar a mis amigos gritando a pleno pulmón, sin embargo continuo sin obtener respuesta.
La revelación de que ya estoy en casa me abruma, estoy en Hogwarts y no me cabe la menor duda de ello. Ese descubrimiento me tranquiliza momentáneamente, si estoy siendo presa de un hechizo alguien me salvará.
"Sólo has de desearlo"
Otra vez esa extraña llamada llega a mí como una guía de lo que debo hacer. Sólo quiero oír las voces de mis amigos. Tras formular mi deseo mentalmente los sonidos llegan a mí. El ruido que hacen las ramas al ser movidas por el viento, el piar de los pájaros y unas pisadas en el bosque. Centro toda mi atención en ellas y en como crujen las hojas secas bajo sus pies. Un grito de socorro sale de mis labios. Pido ayuda pero de nuevo no hay respuesta. Comprendo que no puede oírme, como si ambos perteneciéramos a diferentes planos o realidades. Y es entonces cuando guardo silencio tratando de obtener más información sobre lo que estoy viviendo.
— No puedes marcharte — La voz de una mujer llega a mis oídos a pesar de la distancia.
Las pisadas se detienen tras escucharla.
— Lo lamento pero no puedo quedarme — Esta vez es una voz masculina la que habla.
Un irrefrenable deseo por saber más sobre ellos hace que me deslice hasta quedar a la vera de ambos.
— No me dejes sola, eres lo único que tengo — El ruego de la mujer se hace más intenso.
Siento que voy a empezar a llorar, las emociones de esa chica me invaden de tal forma que comienzo a sentir que me falta el aire. Las lágrimas recorren mis mejillas al escucharla sollozar. Compartimos la misma pena aunque ello carezca de lógica.
— Nunca perteneceré a este mundo — Responde el hombre con un matiz de dolor en su voz.
De nuevo escucho sus pisadas, se están alejando y esta vez percibo que es de ambas. Deseo ir tras él y traerlo de vuelta aunque sea a rastras. La emoción me embarga y capto el inmenso amor que esas personas se profesan, desconozco si es un amor romántico pero sí que es el más puro que he llegado a experimentar. Su conexión es tan fuerte que comprendo que será imposible romperla, por más que se alejen el uno del otro volverán a encontrarse.
"Sólo has de desearlo"
Por tercera vez la voz me habla. Y lo deseo, deseo con todas mis fuerzas ir en busca de ese hombre. El miedo se ha esfumado al comprender que sólo él puede darme las respuestas que he estado buscando. Mi cuerpo comienza a elevarse como si la tierra me repeliera, cada vez me siento más ligera. Conforme asciendo la venda se desprende de mis ojos con delicadeza pero mi rostro sólo puede mirar hacia el cielo, el cual tiene un tono rojizo propio del amanecer.
— ¡Ayuda! — Exclamo como si otra persona me poseyera.
Ese grito no me pertenece a pesar de que sale de mis labios, suena asustado aunque yo ya no tengo temor alguno. El clamor pidiendo ayuda se intensifica y noto como un par de manos me agarran por las piernas. No puedo verlas pero percibo como cada uno de sus dedos se hunden en mi carne. No pasa mucho tiempo hasta que otro par de manos me sujeta por uno de los brazos. Discierno que intentan hacerme descender pero aunque quiero no sé cómo hacerlo.
"Llegó la hora de tu despertar"
Hermione abrió los ojos. Se encontraba a más de un metro de altura por encima de la cama. Poppy agarraba sus piernas con desesperación tratando de bajarla y el señor Filch sujetaba a la chica por el brazo derecho intentando hacer lo mismo. Instantes antes la enfermera dormía en el camastro anexo al de la joven. La claridad del amanecer entrando por los grandes ventanales de la enfermería la despertaron y fue entonces cuando descubrió que la estudiante estaba levitando a mayor altura de lo que lo había hecho el día anterior. Se incorporó rápidamente y gritó pidiendo la ayuda del conserje, el cual también había pasado la noche haciendo guardia en el lugar como le había ordenado Dumbledore. El hombre corrió seguido por su gata hasta llegar a donde se encontraba la alumna. Sin dudarlo intentó ayudar a la señora Pomfrey pero una fuerza muy superior a la de ellos hacía que la niña siguiese suspendida en el aire como si para ella ya no existiese la fuerza de la gravedad. Ambos adultos se encontraban subidos al camastro intentando anclar a la joven a su lugar de descanso. En ese momento fue cuando Hermione despertó y cayó a plomo encima de ellos. Argus logró atraparla pero la señora Pomfrey perdió el equilibrio y aterrizó en el suelo.
— ¡Por las barbas de Merlín! — Maldijo al sentir un intenso dolor en su retaguardia.
— ¿Se encuentra bien? — Preguntó el hombre aun con la chica en brazos.
Granger comenzó a tomar consciencia de donde estaba, como si despertase poco a poco de un profundo sueño.
— La próxima vez la encadeno a la cama — Farfulló la mujer mientras se levantaba del suelo.
— Creo que no hubiese servido, la hubiese hecho volar también — Apuntó el hombre al recordar la gran resistencia que la pequeña ejerció cuando ambos trataron de bajarla.
Argus miró a la estudiante y se dio cuenta de que ya había despertado. Con cuidado bajó de la cama y la dejó recostada en ella.
— ¿Qué ha pasado? — Preguntó Hermione sintiendo como aun los parpados le pesaban.
La muchacha parecía confusa. Ambos adultos se miraron sin saber muy bien que responderle.
— ¿Qué es lo que recuerda señorita Granger? — Preguntó Poppy mientras se acercaba a ella con una amable sonrisa.
— Yo... — Hermione cerró los ojos intentando hacer memoria — Creo que iba a una clase.
La señora Norris arañó el pantalón del conserje pidiéndole atención a su amo. Filch la acogió en su regazo y siguió mirando a ambas mujeres como si el asunto no fuese con él.
— Sí, eso fue ayer — Confirmó la enfermera — Sufriste un desmayo antes de entrar en "Defensa Contra las Artes Oscuras"
Hermione recordó los momentos previos a cuando perdió el conocimiento. Era Draco quien se encontraba a su lado cuando comenzó a encontrarse mal. Además fue él quien lo percibió y se interesó por ella, después todo se volvía borroso pero estaba segura de que la había cogido en brazos salvándola de caer por las escaleras.
— ¿Me trajo él hasta la enfermería? — Preguntó la joven con incredulidad pues pensaba que Malfoy la odiaba.
— Por supuesto, es su obligación — Respondió Pomfrey pensando que se refería al profesor Snape — Y créame, estaba realmente preocupado por usted.
La cara de Hermione era un poema al escuchar esas palabras.
— Vaya, siempre pensé que me detestaba — Confesó la muchacha.
— No diga tonterías — Regañó la mujer por tan inapropiado comentario hacia el docente.
La señora Norris saltó de los brazos de Argus para aterrizar en la cama que ocupaba la chica. La sorpresa de su amo era mayúscula. Su gata siempre había sido muy arisca y sólo reclamaba su atención, evitando asociarse con cualquier otra persona en Hogwarts. El felino se acercó a Hermione con curiosidad y tras olfatearla procedió a acurrucarse en las piernas de la joven. El señor Filch no podía creer lo que veían sus ojos, en cierta manera ese comportamiento tan amigable era una pequeña traición a su relación. Poppy comenzó a reír al ver la expresión de completa incredulidad que el malhumorado de Argus tenía.
— Creo que le ha sustituido — Dijo la mujer entre risas.
Un gruñido de desesperación indicaba que ese comentario no le hacía ninguna gracia. Se acercó hasta la cama e intentó agarrarla pero ésta le respondió con un bufido.
— Ande, deje a la gata y vaya a buscar a Dumbledore, tiene que contarle que Hermione ha despertado — Ordenó la enfermera.
Argus parecía reticente a abandonar a su mascota allí.
— Cuidaré de ella — Prometió la joven mientras acariciaba el espigado cuerpo del felino que para ese entonces ya ronroneaba entre sus brazos — Yo también tengo un gato.
De mala gana el hombre abandonó el lugar para ir en busca del director.
La biblioteca se encontraba en calma, Severus y Minerva habían pasado la noche repasando viejos libros de la Sección Prohibida. Los primeros rayos de sol inundaron la estancia e hicieron que Snape apartase por un momento la vista del libro que consultaba. El amanecer de ese día le pareció el más bonito que había presenciado en años. La profesora McGonagall había sido vencida por el sueño hacía un par de horas. La mujer yacía recostada en la mesa con la cabeza apoyada en un enorme volumen de maldiciones. Cuando la descubrió dormida sintió la tentación de despertarla para que siguiera ayudándole pero en cambio decidió quitarse su capa para cubrirla del frío y dejar que Minerva descansase. Por una vez su problema de insomnio servía para algo útil así que aprovechó cada minuto de esa noche para investigar que podría estar pasándole a su alumna. Aunque parecía que la investigación había sido infructuosa estaba decidido a no darse por vencido hasta encontrar las respuestas que necesitaba. Uno de los rayos de sol llegó hasta donde estaba sentado así que decidió concederse un momento de descanso y se levantó de su asiento. Llevaba tanto tiempo sentado en esa silla que agradeció el poder estirar las piernas. Se acercó a uno de los grandes ventanales para observar mejor el paisaje, ese lugar era mágico en todos los sentidos. No pudo evitar desear compartir algo así con Hermione, aunque su propio deseo le avergonzó. Por unos instantes se permitió recordar la última vez que habían estado a solas, rememorar esos momentos aunque sabía que no debía deleitarse en ellos. La suavidad de su piel, el aroma de sus rizos, el movimiento de sus labios mientras hablaba... Todo seguía en su recuerdo a pesar de haber deseado hechizarse para olvidarlo.
"La magia no se puede perder, sólo compartir"
Sin saber muy bien por qué esa frase volvió a Snape como una revelación, era la conclusión a la que ambos habían llegado tras su disertación sobre la lectura de "El poder de la sangre". Sin perder más tiempo volvió a la Sección Prohibida, esta vez sabía qué buscar. Llegó hasta una de las estanterías más alejadas donde se guardaban los libros relacionados con la magia oscura que implicaba el nacimiento de los infantes, llegando a tocar el tema de las maldiciones que se transmitían por herencia mágica. Esos hechizos en la actualidad estaban prohibidos por el Ministerio ya que sus consecuencias pasaban de generación en generación, sobre todo si era magia de gran poder. Una vez que tuvo el libro entre sus manos volvió con premura a la mesa, sentía que tenía la respuesta al alcance de su mano.
El patronus de Dumbledore se apareció en ese momento. El fénix sobresaltó a Severus temiendo que fuese portador de malas noticias.
"Ha despertado"
Ese fue el mensaje que dejó antes de marcharse flotando como una nube de fuego azulado.
Una gran sensación de alivio recorrió el tenso cuerpo de Snape, sin molestarse en avisar a McGonagall salió de la estancia para ir al encuentro de Hermione. No volvería a permitir que su vida corriese peligro.
