Advertencia: Este capítulo contiene Lemon, se recomienda discreción.

Capítulo XIX

Los días siguieron su curso.

El pequeño príncipe fue la adoración de Mikoto y Fugaku, quienes estaban más que encantados por haberlo conocido. Lo trataban como si fuera su nieto en realidad y el pequeño les tomó mucho afecto.

Por su parte la reina madre, Haruka, hizo buenas amistades con los soberanos del país del Rayo, incluidos el resto de la familia y la aún gobernante del País de la Nieve, Tsume Inuzuka.

Hanabi y Neji fueron más reservados al socializar con la familia Uchiha, por lo que aconteciera hacia apenas unos cuantos años atrás. Ellos no mintieron con respecto a Hinata, si no que Hizashi los supo manejar a conveniencia.

Así aclarado todo, no pudieron negar que fueron dos semanas muy tranquilas y agradables para las tres familias.

Sasuke y Hinata consideraban que eran muy felices. Era como vivir un hermoso sueño del que no querían despertar y aunque no podían demostrar su afecto frente a sus parientes, las noches que juntos compartieran fueron testigos de su gran amor y mutua entrega.

Al fin de una corta jornada la familia real Uchiha al igual que Itachi, con su esposa y su suegra se dirigieron a sus respectivos países, pero Sasuke le juró volver pronto a verla. Le prometió terminar el compromiso con la doncella Karin y trataría de que Gaara entendiera razones y que en definitiva rompiera los lazos con su adorada ojiperla, otorgándole de esta forma el divorcio y la tan ansiada libertad.

Pero tenía miedo, pues no estaba seguro de la actuación del Kazekage el día de la confrontación que estaba ya muy cerca.

—Madre...—

—Dime...—

—Lord Sasuke Uchiha ¿Es mi padre?— Cuestionó el pequeño pelirrojo sentado sobre la cama. Sus mejillas habían tomado una tonalidad rosa y su voz tembló mientras le formulaba la pregunta.

—¿Porqué supones eso?— Inquirió un tanto angustiada.

—Hmm, vi que se besaron cuando fui a la biblioteca para buscar el Atlas que me regalaste— Le confesó con marcada timidez.

—Bueno, él no es tu padre...—

—¿No?— Entonces en su carita dibujo una mueca de decepción.

—¿Lo quieres mucho?—

—La verdad si y cuando me enseño a cabalgar fue muy bueno conmigo... Y ese día que jugamos a los piratas fue muy gracioso y pensé qué tal vez, era mi papá—

—Hijo—

—¿Pero entonces quien es mamá?— Preguntó anhelante.

—Vendrá mañana, probablemente ya lo conociste en la boda de tu tia Hanabi...— Ella lo arropó y le dio un beso en la frente, y procedió a apagar las velas que estaban en la mesilla de noche. Antes de salir le deseo buenas noches.

Mientras el niño permaneció despierto durante varios minutos pues trataba de recordar quien de los invitados podría ser su padre.

Así pensando se quedó dormido.

A la mañana siguiente, Hanabi y Kiba estaban esperando por los demás miembros de la familia, para que se les unieran en el comedor, mientras charlaban animadamente de su futuro como esposos.

—Mi hermana quiere que salgamos de viaje de bodas, ¿que opinas?—

—Creo que estará bien, de hecho creo que no debemos posponerlo. Lady Hinata desea que ocupe mi lugar de gobernador en la provincia de Albadassia. Creí que sería una comarca lejana pero me alegra de que esté cerca...—

—Querido, ¿extrañas a tu familia?— Cuestionó viéndolo fijamente con sus grandes ojos perlados.

—Mucho, sobre todo a los hijos de mi hermana— Dijo tomando el vino de su copa.

—Buenos días— Ambos se giraron para saludar al recién llegado.

—Buen día, Lord Hyūga—El Inuzuka se puso de pie para recibirlo.

—No es necesaria tanta formalidad— Pidió con cortesía. —Somos una gran familia ahora— Le hizo saber a su cuñado, a lo que el moreno solo reaccionó con una reverencia.

Al poco rato se les unió Lady Haruka y el pequeño Akihiko para el almuerzo. La mañana anunciaba una tormenta por lo que decidieron permanecer, después de tomados los alimentos, en el salón principal del palacio.

Hinata brilló por su ausencia.

Había permanecido casi toda la mañana encerrada en su alcoba, aguardando pacientemente por la entrevista que sostendría con Gaara del desierto.

Además, esperaba a Sasuke, quien estaría apoyándola todo el tiempo.

Su estado de ánimo se alteró muchísimo al escuchar al mayordomo anunciarle que el rey de Sunagakure había arribado y que aún no había noticias de su amado azabache.

Ella agradeció y al retirarse el sirviente, fue presa del pánico, se retorció las manos con desesperación pero sabía que debía afrontar la situación con valentía. Le temía un poco al hombre pero por el bien de su hijo tendría que llegar a buenos términos con su aún marido.

Suspiró mientras estaba de pie frente a aquellas puertas. Detrás de estas, su destino estaba puesto sobre las manos de Gaara, pero esperaba que él acatará a sus peticiones, después de todo tenía el derecho de ser feliz.

Los guardias le abrieron paso y al adentrarse a la habitación vio a su marido a escasos metros de ella. Pronto aquel corrió a su encuentro y trató infructuosamente de abrazarla, pues presta le detuvo extendiendo una mano.

—Por favor, no lo hagas más difícil para mi— Dijo ella.

— Si te sientes incomoda, te entiendo mi Lady—

—Deseo que comprendas lo que voy a explicarte. No es fácil para mi, ya lo sabes, yo tuve la culpa de esta situación...— La joven reina se sinceró frente aquel hombre que le miraba inquisitivo y un tanto confundido.

—¿De que me hablas? Espero que no sea lo que me estoy imaginado. ¡Porque mi respuesta es no!— Soltó terminantemente y en un tono en que le hacía saber que su respuesta era definitiva. Le miró directamente a los ojos y se dio cuenta inmediatamente de que los temores de perderla pudieran ser pronto una realidad.

—No lo entiendes...—

—¿Entender que? De verdad, Hinata, no te daré el divorcio... Aunque me ruegues de rodillas, es algo que no puedo permitirme. Eres mía, ya deberías aceptar tu destino. Tenemos un hijo, ¿quien podría interponerse en mi camino? ¿Sasuke? Aún si viniera con un ejército para impedir llevarte conmigo... ¡Estaría dispuesto a matarlo!— Ella desvío los ojos. —Mírame, ¿crees que no lo haría? ¡Tu me perteneces mujer!—

—¡¿A que costó?!— Contraatacó furiosa. —¡Abusaste de mi! ¡Me hiciste de tu propiedad y luego me desdeñaste como si fuera una basura! ¿Te parece justo? ¡Dímelo! ¡¿Es justo?! Pusiste en riesgo a mi bebé porque preferiste creer en Matsuri...— Él palideció por qué lo que ella decía era verdad.

—¿Que has dicho Hinata?— Horrorizada se giró para ver al dueño de esa voz tan inconfundible.

¡Era él!

Pronto sus ojos se llenaron de lágrimas y su corazón comenzó a latir desesperadamente, él se había enterado de su secreto. Ella no quería que ellos se enfrentaran pues temía por la vida de Sasuke y por la vida del padre de su hijo.

—¡Sasuke!— Trató de acercarse pero él la hizo a un lado.

—¡Infeliz! ¿Como te atreviste?— El Uchiha miraba con furia incontenible al rey de Suna, se despojó de inmediato de la capa y desenfundó su espada.

—¡No, por favor!— La joven se acercó a su amado, tomándolo de ambos brazos para tratar de contenerlo. —¡Escúchame! Eso ya pasó, fue hace mucho tiempo, yo le he perdonado. ¡Mi amor, no lo hagas!— Gaara quedó por unos cuantos segundos sorprendido y para él, escucharla llamarle de esa forma tan especial, fue el acabosé.

—¡Lo sabía! ¡Pero me negué a aceptar la situación, porque creí que llegarías a quererme!— Le dijo a la joven reina sintiéndose avergonzado y a la vez furioso, entonces se dirigió al hombre. —¡Uchiha! ¡Prepárate!— Él también echó mano del arma que descansaba en su costado con firmeza, lanzándose improvisadamente en contra del príncipe del País del Rayo.

Al saberse en peligro, Sasuke empujó a la ojiperla un lado y con agilidad esquivó el ataque del soberano.

Ambas armas chocaban una contra otra, haciendo un ruido estruendoso. Aquellos varones estaban enfrascados en una violenta batalla, ante la mirada aterrorizada de Hinata.

—¡Por favor! ¡Deténganse!— Suplicó la doncella con sus manos entrelazadas a la altura del pecho.

—¡Pagarás caro el haberla dañado!— Exclamó furibundo el moreno.

—¡Nunca te importó! Si tanto la amabas, ¿porqué te casaste con otra?—

La discusión continuó mientras hacían chocar las espadas, empujando muebles aquí y allá, pero la soberana del País del Agua no podía ver morir a ninguno de los dos.

—¡Guardias! ¡Guardias!— Al momento de llamarles, su voz afligida desconcentró a Sasuke, lo que al pelirrojo le proveyó una gran ventaja.

—¡Estas muerto!—

—¡No! ¡Gaara no!— Sasuke cerró los ojos pero sintió que el cuerpo frágil de Hinata se aferró al suyo con fuerza. Temiendo lo peor abrió sus negras orbes y allí estaba ella envuelta en llanto viéndolo fijamente, el largo cabello había sido cortado y se había regado sobre la alfombra.

—¡Hinata!— Rápidamente soltó la espada y se abrazó a la chica y fue correspondido sin dilación.

—Sa-Sasuke—

Gaara había detenido su ataque momentos antes de atravesarla y aunque quiso acercarse para revisar que estuviera bien, se dio cuenta con profunda tristeza que ella amaba a ese hombre. Que él ya había ganado, y que aunque hiciera lo que hiciera no podría cambiar eso. El corazón de su esposa ya tenía dueño, y no era él.

—Perdóname, Hinata...— Murmuró el joven.

Ella alcanzó a escucharlo y lo vio llorar, si tan solo Matsuri no se hubiera interpuesto entre ellos dos, sin duda alguna, él hubiese sido el triunfador.

De pie frente al trono vacío, el pelirrojo esperaba por ella y por el pequeño príncipe.

Habían hablado, pero Sasuke juró que siempre le odiaría y nunca le concedería el perdón por todo lo que el rey de Sunagakure se atrevió hacerle a su amada. El divorcio era un hecho y le había dicho que prefería verla libre a dañarla de nuevo, aunque su ley prohibía la separación conyugal, él se encargaría de ese pequeño pormenor al llegar al País de la Arena.

—Lord Kazekage, ya lo has conocido pero quiero que él conviva contigo y sus hermanos...— Le hizo saber mientras entraban en el gran salón. El chiquillo se escondió detrás de su falda y no se atrevía a mirarlo de frente.

—Acércate hijo mío...— Suplicó poniéndose en cuclillas y el niño poco a poco se fue separando de su madre. Fueron unos momentos angustiantes para el joven rey, pero de pronto el pequeño corrió a sus brazos.

—¡Padre!—

El lo alzó en los brazos mientras depositaba un cálido beso en la frente de Akihiko y volteaba a verla con los ojos bañados en lágrimas.

Ella lloraba también porque le dolía en el alma no poder corresponderle, pero sabía que sería un buen padre para su pequeño.

Tenten besó a sus pequeños hijos mientras dormían, saber que estaba esperando otro bebé no le había caído en gracia. No que no lo quisiera, si no que Gaara estaba más distante de ellos y sabía que no tardaría en llegar con su flamante esposa,

Los cuernos de los vigías anunciaron la llegada del rey y ella se asomó por la ventana de aquella habitación, no vio nada raro en primera instancia, así que se recostó en la cama con sus hijos.

Intento dormir pero fue inútil, pronto se dio cuenta de que su marido había abierto la puerta.

—Tenten ven a nuestra habitación— Ordenó y volvió a cerrar el acceso de la alcoba. Ni siquiera espero a que le dijera si o no, con molestia se calzó las zapatillas y se cubrió con un chal de lana.

Caminó por los extensos pasillos con varias ideas revoloteando por su cabeza, tal vez tendría que rendir cuentas ante la mujer de su esposo o tal vez un regaño por estar cerca de sus hijos, ya que aun tenía prohibido siquiera voltear a verlos, se sentía tan humillada.

Cualquiera que fueran las circunstancias, sabía que llevaba las de perder.

Con precaución abrió la puerta y se adentró a la alcoba de su marido, lo vio en la terraza y se acercó despacio hasta donde él estaba.

—Siento mucho el haber estado con mis hijos, los extrañaba y también te pido que me perdones por no haber recogido mis cosas, yo...—

—No, perdóname tú a mi...— ¿Hablaba en serio? ¿Que había cambiado en tan solo dos días? ¿Acaso se burlaba de ella?

—No comprendo—

—¿Que es lo que no comprendes?—

—Buscaba a tu esposa pero no está aquí, ¿está en otra habitación?— Cuestionó mesándose el largo cabello castaño.

Gaara la miró de reojo, estaba tan linda. ¿Porque se había cegado por el amor que le tenía a Hinata? Había desechado a una buena mujer, que le había dado dos hermosos hijos y se sentía como un reverendo idiota.

—No hay otra esposa, solo tú...— Se acercó y la abrazó para tomarla de la barbilla.

—Te amo Tenten, nuestros hijos y tú lo son todo para mi. ¡Perdóname, por favor!— Ella estaba sin habla, no sabía que decir y después de unos cuantos minutos reaccionó.

—Gaara, yo siento un gran amor por ti, que no perdonarte sería algo que me haría mucho daño. ¿Pero que es lo que sucedió para que cambiaras de parecer?—

—Mucho, ven hablemos...— Le dijo mientras la invitaba a sentarse a su lado.

El largo vestido de color carmín se deslizó por su nívea piel, dejándola en una posición un tanto incómoda frente a Sasuke.

—Ahora que eres mi esposa, ¿tienes el atrevimiento de cubrirte?— Cuestionó un tanto intrigado. Para él no había tiempo de tener pudor o vergüenza.

Refugiados en aquella casa de campo, alejados de todo y todos, se entregaron al amor sin medida.

El Uchiha aprisionó a Hinata por las caderas, haciendo que sus enormes y redondos senos hicieran contacto con sus pectorales, entre tanto la besaba con desesperación. Decidió girarla y recostarla con suavidad sobre la cama, mientras descendía besando su cuello y espalda. Ella reaccionaba al roce de sus labios y manos de una manera febril y enamorada.

Desató con cuidado los listones rosas de su corsé y procedió acariciarle los pezones por debajo de la tela, haciendo que ella emitiera un dulce sollozo.

—E- Estamos solos, no es necesario que contengas tus gritos. Quiero escucharte...— Le dijo aquel hombre con voz entrecortada muy cerca del oído para empezar a mordisquearle el lóbulo de la oreja.

—Sasuke, no—

—¿No? Date vuelta quiero verte...— Ella obedeció a la petición del azabache. Él de forma apresurada le quito el resto de la ropa arrojándola a un lado del lecho y dejándola prácticamente desnuda.

Los pechos de la mujer se movían al compás de su respiración, ofreciendo un gran espectáculo para él. Sin pensarlo mucho el moreno atrapó uno de sus botones con los labios y comenzó a succionarlos y a juguetear con ellos.

—Sa-Sasuke, por favor— Lo tomó del cabello para que no dejara de proporcionarle tan exquisito placer.

Volvió a besarla mientras le separaba las piernas, deseaba poseerla de una vez y hacerla sentir amada.

Su pequeña, su princesa, su todo.

Se quitó los pantalones y la ropa interior para con lentitud introducir su virilidad dentro de ella, comenzando a moverse con voluptuosidad mientras la mujer correspondía a sus estocadas, mordiéndole los labios y arañándole la espalda, con tal desesperación que hacía que Sasuke emitiera ligeros gemidos cada vez que ella lo hacía.

La entrega a sus pasiones perduró por mucho tiempo, y fue terminado al llegar juntos al climax de su amor. Quedándose abrazados sobre la amplia cama, mientras la noche se cernía sobre aquella comarca.

—Sasuke, amor, debo confesarte algo— Le dijo con cierta timidez.

—Dime...—

—Estoy esperando un bebé— El moreno sintió que su corazón latía desbocado. Se incorporó y se quedó quieto varios segundos tratando de asimilar la hermosa noticia.

—¿Cuando lo supiste?—

—Tenemos más de tres meses que dormimos juntos, pero mamá me lo confirmó el día de hoy... ¿Estas molesto?— Cuestionó con sobrada decepción.

—¡¿Como crees?! ¡Es de lo mejor que me ha pasado en la vida!— Riendo, procedió a besarla una vez más, para después recostarse con cuidado sobre su vientre.

El nuevo soberano de Kirigakure sería Neji, ayudado por la reina madre para gobernar un país que estaba aún desestabilizado pero que avanzaba hacia el futuro a pasos agigantados.

Gaara también encontró la felicidad y el amor con esa joven artista. Tuvo tres hijos con Tenten y Akihiko constantemente lo visitaba, el pequeño príncipe se llevaba muy bien con sus hermanitos y cuidaba de ellos con esmero.

Hinata volvió al País del Rayo para ser la reina consorte de Sasuke Uchiha, quien fuera coronado como rey del País del Rayo, después de su boda con ella.

Se organizó una gran fiesta, los grandes Kages de aquel continente fraguaron una gran amistad, también las familias de ambos estuvieron presentes, amigos como Kurenai y Asuma, como el Hokage Naruto y su esposa Sakura, Hana e Itachi y muchos conocidos más.

Sus vidas volvieron hacer como antes, y aunque no olvidarían lo ocurrido esos últimos seis años, sabían que la felicidad que se les había negado, era pues ya una realidad y que dichosos eran.

Su amor perduraría para siempre, porque nunca hubo ni habrá una pareja como ellos, que vencieron a pesar de los obstáculos y salieron victoriosos contra todo pronóstico.

Fin

N/A: Quiero agradecer a cada uno de los que leyeron esta historia. Tardé mucho en finalizarla pero aquí está. Espero la hayan disfrutado leyéndola tanto como yo escribiéndola.

Muchísimas gracias mis queridos lectores por su tiempo invertido en este cuento extraño. Les quiero.

Atentamente:

HinataUchiha82

(Daisy Ramirez )