Otra noche de chicas

(nota del autor: este fic es continuación del número 5, "Es solo un juego". Pero bueno, lo puedes leer de forma independiente si te place. O leer este primero y luego el otro, en plan flashback. Al gusto)

Mimi estaba un poco nerviosa aquella noche. Se sucedía una noche más entre amigas con Hikari y Sora. Y sin embargo… el recuerdo de la vez anterior aún le hacía arder el pecho al acordarse de lo que había ocurrido. Se había vuelto loca. Tal vez por culpa de la bebida. Pero la realidad era que había pasado una de las mejores veladas de su vida, una noche de sexo fluido con Sora e Hikari.

Y allí estaban las dos, cenando con ella, como si no hubiera ocurrido nada. Y eso que la idea había sido de repetir la había propuesto ella, aprovechando alguna noche en que Daisuke saliera de la ciudad. La verdad, el no contárselo era sencillo. Y estaba segura de que no se enfadaría mucho. No. El problema estaba en que le apetecía repetir… y no sabía cómo sacar la conversación. Seguramente sus amigas saldrían espantadas.

—Este salmón al vapor está buenísimo —comentó Sora mientras se terminaba su plato—. Me encanta, pero ¿por qué no hemos pedido comida a domicilio, como siempre?

—Oh, bueno, por cambiar un poco —respondió la anfitriona quitándole importancia.

—¿Estás bien? Te noto callada —preguntó Hikari, extrañada por la silenciosa actitud de su amiga.

—No es nada. Estaba pensando en… no importa.

—¿Has discutido con Daisuke? Si nuestra presencia aquí es un problema… —empezó Sora.

—¡No! ¿Cómo va a ser un problema? De verdad, estoy bien —dijo Mimi, esforzándose por sonreir—. ¿Quién quiere postre?

Unos deliciosos postres de chocolate bañado en más chocolate aguardaban, haciendo la boca agua de sus invitadas. Sonrió un poco más, al final la idea de ser quien cocinara en lugar de pillar comida en algún otro sitio no era mala. Sus amigas quedaron encantadas con aquella delicia, y por fin se pudieron sentar en el sofá.

—Me encantan las noches en tu casa—dijo Sora.

—No exageres —dijo Mimi. "¿Por qué apoyas la cabeza en mis piernas? No me busques…", pensó la chica.

—¿Preparo unos margaritas? —preguntó Hikari.

—¡Lo siento! ¡Se me olvidó comprar las botellas!

—No te preocupes —dijo la chica castaña, y fue a por su mochila—. Ya he traído yo. ¿Os apetece?

Mimi suspiró. Había querido evitar el consumo de alcohol. Tal vez bebiendo se desinhibían más rápidamente. Pero no quería esa facilidad. Quería asegurarse de que ocurriese lo que debiera ocurrir, lo harían conscientes de ello. Y si no ocurría (porque era de lo más improbable) no pasaba nada. Seguirían siendo amigas. Aceptó el vaso que le tendía Hikari y le dio un breve trago tras el brindis obligatorio.

—Y ahora ya en serio —dijo Sora—. ¿Qué es lo que te pasa?

—¡Qué pesada! ¡Ya te digo que estoy bien! —Mimi intentó zafarse, pero tenía un hándicap. Era incapaz de ponerse bien la máscara cuando algo la intranquilizaba. Y en esa situación no estaba nada tranquila.

—Entonces es que te pasa algo. ¿No nos lo quieres contar? —preguntó la más joven del grupo.

—No es que no quiera. Es que es complicado… ¿por qué no jugamos a algo?

—¡Vale! —aceptó Hikari—. ¿Qué tal si jugamos a verdad o atrevimiento? —propuso.

—¡No! —gritó Mimi, delatándose en el acto.

—Bueno… Tal vez prefiere que juguemos a la botella —bromeó Sora, entendiendo lo que ocurría.

—Idos a la mierda —protestó Mimi.

Se levantó con la intención de dar por concluida la fiesta, pero fue retenida por sus amigas, que no le iban a dar esa tregua. Las miró con enfado, muy distinto a como estaban ellas, que le sonreían pese a su fea expresión. "Estoy enfadada, Sora, no me acaricies así el pelo", pensó, pero no lo dijo.

—¿Sabes que a nosotras también nos gustó lo que hicimos? —susurró la pelirroja—. Fue una noche muy especial.

—Quedamos para hablar antes de venir —explicó la otra—, porque no sabíamos como ibas a estar. Tal vez no quisieras repetir, o tal vez sí. Preferimos pensar que no te apetecería.

—¿Apetecerme? Llevo toda la semana soñando con ello —dijo Mimi—. Pero está mal. Koushiro, Takeru, mi Daisuke… les estamos engañando. No podemos hacer esto…

—Eso también lo hemos hablado. Mira… fue un juego, pero muy divertido e intenso. Yo voy a hablar con Koushiro. Después de esta noche. Ocurra lo que ocurra.

—Yo haré lo mismo. La otra vez se nos fue de las manos, pero hoy, si ocurre, las tres debemos estar de acuerdo.

—Los chicos nos odiarán —susurró Mimi—. Y si eso pasa…

—Te entiendo. A mi también me gustaría tenerlo todo. A él… y a vosotras —dijo Sora—. Pero si no es posible, tampoco me querría quedar con las ganas.

—Todo depende de ti —afirmó Hikari—. Aceptaremos lo que decidas. No haremos nada si no lo aceptamos las tres.

—¿Y por qué tiene que ser mía la decisión? —murmuró Mimi.

—Porque tú nos llevaste a eso la última vez. Y acertaste al hacerlo.

Mimi tuvo que valorarlo rápidamente. Éticamente era incorrecto. Físicamente, los ojos suplicantes de sus amigas no le ponían fácil hacer caso a lo que tenía que hacer. Y una frase se escapó de sus labios, un pensamiento, una idea que se había gestado hacía mucho tiempo:

—¿Os apetece que nos demos un baño?

Mimi no tenía una piscina (aún) pero sí disponía de una bañera lo bastante grande para las tres. Y para todo un equipo de animadoras. Pero Mimi quería el acuerdo de sus amigas. Y lo tuvo. Así que se pusieron de pie. La anfitriona les tendió las manos y las guió hacia el baño.

Aceptaron desnudarse a si mismas. A Mimi no se le escapó el detalle de que se echaban miradas, contemplando sus cuerpos. Sonrió. Definitivamente lo iban a pasar muy bien. Sonrió con malicia cuando Hikari dejó caer sus braguitas, con ganas de morder aquellas nalgas. Era preciosa. Y Sora no se quedaba muy atrás. Aquellos senos eran hipnóticos. Era raro, jamás se hubiera visto con otra chica, pero la experiencia de la última vez le hacía desear más.

—Supongo que no tendréis frío —comentó Mimi. La temperatura estaba caldeada por el agua caliente que llenaba la bañera en ese momento. No podían pasar frío, pero quería asegurarse.

—Hace la temperatura ideal —comentó Sora.

—Y el agua está perfecta —dijo Hikari, metiendo el dedo en la bañera para probarla.

De ese modo se metieron en la gran bañera. Mimi fue la primera en acomodar la espalda en la pared de la cuenca, y se sorprendió cuando en ese momento sus amigas se sentaron a su lado, apoyando las cabezas, una en cada hombro. Se estremeció cuando sintió las manos de sus amigas acariciando su cuerpo. Empezaban pronto.

—Chicas…

—Relájate —susurró Sora, evitando romper la delicadeza del momento—. Deja que cuidemos de ti.

—¿Por qué?

—Porque te queremos mucho y nos lo pasamos muy bien la otra vez —añadió Hikari—. Vamos a darte todo nuestro cariño.

—Eso no vale. También os… tenéis que querer entre vosotras…

Sora y Hikari se miraron, y con una sonrisa cómplice, se aproximaron para darse un beso. Mimi las miró con verdadera envidia, ahora se arrepentía de haberlas animado. Pero no pasaba nada porque al separarse sus labios Sora buscó los de Mimi, permitiendo que sus lenguas bailaran la danza de la pasión. Hikari, reclamando atención, empezó a acariciar el muslo de su amiga. Se besaron también, mientras Sora empezaba a juguetear.

—Mimi, yo… ¡ooooooh! —susurró Hikari—. Eres mala…

—¿Es que no te gusta? —preguntó esta, con tono inocente, mientras su mano estimulaba el sexo de Hikari. No había tiempo para las sutilezas.

—Eres genial —murmuró Sora que estaba recibiendo las mismas atenciones. Separó suavemente las piernas dejándola actuar.

Y Mimi fue correspondida por sus amigas. Demonios… sentía los dedos de la castaña y apenas se apartaban, la mano de la pelirroja la sustituía. Eso no era justo, dos contra una. Pero no se iba a dejar derrotar por ellas. Si aceleraba el ritmo… Pero de pronto sus amigas fueron más lentas y suaves en sus caricias. Entendió el mensaje, ya habría tiempo para correr. Aminoró sus manos, y con la respiración relajada, empezaron a acercarse al orgasmo. En casi silencio, unos gemidos, señales para que supieran que alcanzaban ese maravilloso momento de placer. No dijeron nada por un largo rato.

—Podríamos lavarnos —propuso Mimi—. Y luego ir a mi habitación…

—¿Hacia dónde va la noche? —preguntó Hikari.

—Hacia donde nosotras queramos.

Y dejándose llevar por Mimi, sintió las manos se su anfitriona extendiendo el jabón por su espalda. Mimi adoraba aquellas curvas. La joven Yagami era una diosa. Y ahora estaba con ella. Y Sora, que estaba a su espalda besuqueando su cuello. No podía ser más afortunada. Se recreó un poco en las nalgas de Hikari, limpiándolas con delicadeza, para luego dedicarse a la parte delantera. Sus senos tal vez podían estar un poco más desarrollados, pero eran perfectos con aquel cuerpo que tenía. "Para echarme una siesta", pensó mientras los masajeaba.

Una vez terminó con ella se dejó hacer por las ansiosas manos de Sora, que lavaron su cuerpo con mucho mimo y un toque de pasión. Se dio cuenta enseguida de que se deleitaba acariciando su cuerpo. Y debía admitir que se sentía muy bien. Se dejó hacer por los habilidosos dedos de la pelirroja hasta que estuvo perfectamente limpia.

Luego salió de la bañera y mientras se secaba contempló cómo Hikari se ocupaba de enjabonar el cuerpo de Sora. Sonrió. Esa noche lo iban a pasar de maravilla las tres. Su fuero interno exigía sexo. Y más viendo a las chicas pasándoselo tan bien… sin ella. Pilló el rociador de la ducha y apuntó a sus amigas, arrojándoles agua bien caliente por encima. Gritaron.

—¡Oye! —protestaron.

—Tomad —les dijo, tendiéndoles unas toallas—. ¿O nos vamos a quedar aquí toda la noche?

Claro que no. Ambas salieron de la bañera y, con una sonrisa cómplice, se abrazaron a Mimi, empapándola de nuevo. Pero ella resisitió el ataque. Sujetó a sus amigas por la cintura, y salieron del baño. Por suerte, el dormitorio estaba cerca, y pudieron dejarse caer sobre el colchón. Ahí Sora e Hikari se vieron dominadas por una Mimi que, situada sobre ellas, alternó besar a ambas en los labios mientras sus manos recorrían sus cuerpos.

—Sois mías —les susurró—, y vamos a pasar una buena noche.

Sora se sorprendió al ver que Mimi se empezaba a acomodar sobre ella. Sin decir una palabra se dejó llevar y de pronto estaba echada de costado, con una pierna alzada suavemente por Mimi, quien había acercado su cabeza a su sexo. Mimi se maravilló por el delicado sabor de su sexo y probó a estimularlo con la lengua con toda la pasión que podía. Unos movimientos en el colchón le indicaron que Sora estaba haciendo lo propio con Hikari. Y cuando sintió su pierna siendo levantada aguardó con impaciencia aquella maravillosa sensación de sexo oral que le otorgaba Hikari.

Sora estaba sorprendida, jamás se hubiera imaginado que la noche fluiría así de bien. Estaba encantada, se sentía protegida y querida en aquella situación. Mimi le acariciaba las piernas al tiempo que le daba placer. Joder… su novio jamás la había hecho sentirse así. Y el sexo de Hikari le estaba encantando. Qué sabor más bueno tenía. Se dejó llevar.

La pequeña Yagami estaba igual que las otras dos. No tenía quejas sobre su vida sexual, pero aquello estaba a otro nivel. Sus amigas eran las mejores. El sabor del sexo de Mimi era muy bueno, y las sensaciones de la lengua de Sora en el suyo le hacían derretirse. Estaba en una nube en la que parecía flotar de placer. Y no quería bajarse, no así, no antes de… sí, justo esa placentera sensación. Estaba llegando, qué maravilla.

—So… Sora… —gimió—. Estoy a punto…

—Yo tambiiiiiien —respondió ella.

—Estamos a punto —jadeó Mimi—. Solo un poco maaaaaas… —dijo intentando aguantar, pero estaba complicado. Debían hacerlo, que sus amigas llegasen, y alcanzarlo ellas. Un poco más, solo un pequeño esfuerzo y en ese momento sus cuerpos se agitaron derrotados por el orgasmo.

—Ha sido delicioso… —murmuró la pelirroja.

—Espero que no estés cansada —dijo Mimi abalanzándose a por ella.

Se besaron tiernamente. Mimi pegó su cuerpo al de su amiga, compartiendo su calor, echadas de costado en el cómodo colchón. A Hikari le parecía feo interrumpir una escena tan bonita entre ellas dos, pero tampoco le apetecía quedarse fuera de juego, por lo que optó por poner las piernas de sus amigas sobre las de ellas, de forma que sus sexos quedaron accesibles para sus delicados dedos.

—Hikari… —susurró Sora al sentir cómo su amiga la masturbaba.

—Luego la compensaremos —dijo Mimi, sin soltar a la pelirroja—, pero ahora…

Atacó los senos de Sora con la boca, lo cual era también complicado porque ella también recibía el placer de los dedos de Hikari. Pero saboreó los pechos de su amiga. Tan suaves y delicados. No se quejaba de los suyos, claro, pero consideraba que Sora había sido más afortunada. Se dejó llevar por más besos mientras dejaba a Hikari conducirles al punto de mayor éxtasis.

—Eres la mejor —dijo Mimi—, me ha encantado.

—Gracias. ¿Sora?

—Me derrito… —respondió ella, la noche había dedo más de sí de lo que había planeado en primer lugar. Aquello definitivamente no era un juego, era sexo real, y la pequeña parte de su mente que la culpaba por tener novio era silenciada por las mil voces internas que le decían que disfrutase más.

De pronto Hikari se topó con las piernas separadas. Mimi había gateado hacia ella, y tenía la cabeza muy próxima a su sexo. Supo lo que iba a hacer, y sonrió por el gesto. La cálida y húmeda lengua de su amiga acarició sus zonas más sensibles. Gimió sin contenerse, estaba en el paraíso. Y de pronto el paraiso se amplió con la aparición de Sora. La pelirroja se había echado al lado de Mimi y sus lenguas se alternaban para darle placer. No se perdió detalle de como se acariciaban mutuamente.

Y debieron saberlo porque en ese momento empezaron a acariciarla también a ella. Su cuerpo reaccionó con un escalofrío de placer. Definitivamente aquello significaba algo para las tres, algo grande, algo que no se podía quedar en fiestas de una noche.

—Chicas… Creo que estoy a punto… —les informó, intentando aguantar—. De v-verdad… voy a…

Sora se adelantó en ese momento para besar su sexo con ganas, estimuló su clítoris hasta que le arrancó los gemidos de placer más absoluto. Se sintió derrotada, tumbada en aquella cómoda cama. Mimi estaba también en una nube, y sin darse cuenta, se quedó dormida al lado de su amiga.

No debió pasar mucho tiempo antes de abrir los ojos. La causa, los besos de sus amigas por todo su cuerpo. Se despertó con una sonrisa, pero no pudo decir nada. Tomando las riendas de la situación, Hikari cruzó las piernas con las de ella, suavemente, y empezó un lento movimiento de fricción. Mimi suspiró. No le daban tregua, pero no importaba. Gimió cuando Sora se aproximó a ellas, lubricando sus intimidades con la lengua. Delicioso. Mimi le acarició los cabellos, agradecida por su gesto. Lo estaba pasando en grande.

Y Sora gateó para ponerse tras Hikari, acariciar sus senos y besar su cuello mientras ella seguía disfrutando con Mimi. Estaba fuera de si, esa noche no podía terminar. No, de ninguna manera. Estimuló con ganas los pezones de su amiga, que se movió con más ahínco para dar placer a Mimi.

Al llegar al orgasmo fue Mimi quien se aseguró de que Sora no quedaba insatisfecha, y probó con el mismo juego que le había hecho Hikari. Sus sexos friccionaban con facilidad, y sus cuerpos se movían al unísono, disfrutando de la experiencia. Hikari se tumbó al lado de la pelirroja y se besaron, dejando a sus lenguas luchas frenéticamente. Sora acabó con un orgasmo estupendo, y Mimi, que aún estaba lejos del suyo, optó por tomarse un respiro. Estaba realmente cansada. Feliz, pero cansada.

—Chicas… esto se nos ha ido de las manos —dijo Mimi—. No puede ser que nos dejemos llevar de esta forma. Y sí, la culpa es mía por aceptar.

—Estamos las dos de acuerdo —respondió Sora—. Esto no es algo que se pueda hacer una noche.

—Debe ser algo que hagamos siempre —añadió Hikari. Ante la mirada de incredulidad de Mimi, se lo explicó—. Queremos que hables con Daisuke. Si él está de acuerdo en compartirte con nosotras… Podemos quedarnos contigo para siempre.

—Pero ¿qué estáis diciendo?

—Que te queremos. ¿No es obvio? —dijo Sora—. Aunque a lo mejor nos hemos hecho ilusiones a lo tonto…

—¿Ilusiones? Chicas, yo os quiero muchísimo, pero ese paso…

—Es difícil, lo sabemos. Aceptaremos tu decisión —susurró Hikari—. Solo queríamos que supieras que, ocurra lo que ocurra, estaremos contigo —sonrió.

Mimi tenía mucho que pensar en esa noche. Aunque las habilidades de sus amigas para demostrarle su amor no ayudaban a decantarse por la opción "correcta". Renunciar a ellas sería muy duro, así que solo tenía una opción: hablar con su novio, y esperar que no se lo tomase a mal.

Dejó de pensar en el castaño en el momento en que Hikari besó sus labios y Sora subió encima de su cuerpo. Sabía lo que se avecinaba. Ya tendría tiempo de pensar.


¡Feliz año nuevo a todos! Espero que os haya gustado el one-shot para empezar el año. Tenía pensado hace tiempo escribir una continuación de aquella noche. Pero tranquilidad, lectores míos, que no es el único fic que recibirá continuación este año ;)

honter11: Pues sí, hay que meter un poco de diversidad en los fanfic ;) Y sí, Sora hará algo con Izzy también, aunque tengo que pensar el escenario. ¡Saludos!

MAZINGER-TAIORA: ¡Buenas! Yo la verdad los que había leído no tenían la intervención de Catherine. Aunque me despiertan curiosidad esos que mencionas e.e A mi tampoco me gusta que se queden las historias a medias (y lamento decir que en mi perfil se puede encontrar algún caso así). ¡Un saludo!

Bueno, no voy a quedarme aquí. Voy a ir publicando un lemmon de Code: Lyoko también ;) Fandom del que, por cierto, tenéis un crossover con Digimon si leéis mi perfil, llamado "Aquella rivalidad" ;) Lemmon rules!