Rose se encontraba completamente sorprendida, porque por primera vez en su vida, Juleka le había dado permiso para maquillarla. Rose había insistido en otras ocasiones en el pasado, pero se rindió al comprender que Juleka no era una chica a la cual le gustara el maquillaje, simplemente la dejaba ser feliz, porque amaba su sonrisa.

—¿En serio quieres que te maquille? —la rubia intentaba esconder su emoción, pero Juleka la conocía tan bien que se daba cuenta de su tono y de como sus dedos parecían saltar. Ella realmente quería maquillarla.

—En serio —afirmó ella.

Faltaba poco para Navidad y Juleka no sabía bien qué regalarle a Rose. Amaba a esa chica, la conocía mejor que ninguna otra persona, eran muy unidas y las mejores amigas. Juleka sentía más que amistad por Rose, solo que aún no confesaba sus sentimientos, porque tenía miedo de no ser correspondida.

Ella le había comprado un gran peluche de unicornio, sabía que Rose los coleccionaba. Buscó en cientos de tiendas, revisó miles de unicornios y en una de ellas encontró el unicornio perfecto, era muy tierno, seguramente Rose lo amaría. Lo mejor de todo es que su piel era de color rosa pastel, el favorito de la rubia.

—Puedes usar colores pastel, no me importa —quiso aclarar.

Rose chilló y comenzó a sacar todas sus pinturas. Juleka no tenía idea de pinturas, por lo que solo observaba sorprendida. Tenía miles de cosas y todas con colores distintos, muchas de ellas tenían brillos por doquier. Definitivamente, Rose era una fan del maquillaje.

—¡Esto será genial! —exclamó Rose.

Juleka solo podía observar como Rose movía sus manos entre las pinturas y luego en su rostro, también utilizaba algunas máquinas de maquillaje, hizo cosas en sus pestañas, parecía ser que las rizó. También maquilló sus mejillas, sus párpados, sus labios e hizo todo lo que quiso.

Juleka se peinaba de vez en cuanto, pero no le gustaba en lo absoluto el maquillaje. Debía acostumbrarse si quería llegar a ser modelo algún día.

Después de unos minutos, Rose dio un salto y le dijo a Juleka que se viera en el espejo. Ella obedeció y no podía creer lo que su reflejo le estaba mostrando, era ella, pero con un maquillaje muy bonito y llamativo, su rostro resaltaba muchísimo.

—Es hermoso —dijo sonriendo. Rose asintió, sintiéndose feliz —. Solo falta algo —y Juleka tomó su flequillo con un pinche, de ese modo el maquillaje resaltaba aún más.

—¡Gracias por esto! ¡fue increíble! —Rose se sentía muy feliz y complacida de haber maquillado a Juleka. Sabía lo hermosa que era su amiga, pero siempre pensó que con maquillaje se vería aún más linda, incluso se veía adorable. ¡Le encantó el resultado!

Rose abrazó con todo su cariño a Juleka. Se estaba conteniendo para no dar saltitos de alegría.