Disclaimer:

La serie Naruto (tanto manga como anime) son propiedad de Masashi Kishimoto. Las letras y citas incluidas en el texto son propiedad de sus respectivos autores.

House of Crows pertenece a SilverShine, yo sólo me ocupo de la traducción.

La imagen de la portada lleva por nombre White Raveny es propiedad de Nat Jones.


Advertencias:

Clasificación M: Contenido adulto tal como lenguaje, sexo, etc.


La Casa de los Cuervos

Capítulo 19

El Regalo de Kakashi.


Y nunca veré el cielo de la misma forma,

Y aprenderé a decir adiós al ayer,

Y nunca dejaré de volar aún si me lo impiden.


—Sabes, tengo mi propia división en ANBU.

—¿En serio? —La mujer rubia se movió sobre su asiento, mirando a todos lados menos a Tenzou.

—Sí. Los lidero en las misiones… batallas… en lo que se te ocurra. Salvamos vidas, y lo digo en serio, he salvado sus vidas más de una vez. —Tenzou tomó un gran sorbo de su lager (*). —Supongo que ayuda ser pariente del primer Hokage.

Eso levantó el interés de la mujer. —¿Eres pariente del Shodai?

Tenzou se detuvo con culpabilidad. —De cierta forma. Verás, cuando era bebé fui secuestrado por este loco tipo reptiliano que inyectó cajas completas de recién nacidos con todo tipo de cosas. Lo que él hizo fue… tomó algunas células del Shodai –Creo que tuvo que desenterrar al tipo para hacerlo- y las inyectó en mí. De hecho, las inyectó en varios niños, pero fui el único que sobrevivió, y aquí me tienes.

—Oh, santo dios. —La mujer se veía completamente verde. Tenzou insistió para sí mismo que era sólo efecto de la luz del bar.

—Si tuviera que hacer un cálculo, diría que soy como un… 19% Shodai. Sí.

Los labios de la mujer se torcieron hacia un lado, sus ojos firmemente fijos en el techo.

—Entonces… ¿Te puedo invitar un trago? —Le preguntó.

—Sí, por qué no haces eso. —Dijo, sonando aliviada.

Envalentonado, preguntó él: —¿Qué te gustaría?

—Cualquier cosa. No me importa.

Con un paso animado caminó hacia la barra y pidió su orden: otro refil de lager para él y un tini de durazno para la dama. Una vez que tuvo ambas bebidas en sus manos se giró expectante hacia la mesa donde había dejado a su prospecto de cita.

Ella ya no estaba. En su lugar estaba Kakashi.

Tenzou se dirigió hacia ahí, confuso y un poco decepcionado. —¿Dónde se fue la rubia?

—¿Qué rubia? —Kakashi miró el tini de durazno. —¿Eso es para mí? No debiste.

Mientras Kakashi se bajaba la máscara y sorbía delicadamente de la bebida rosa, Tenzou se dejó caer en el otro asiento, buscando sin esperanza alguna a la sirena perdida. —Debiste haberla asustado. Estaba haciendo un buen trabajo cortejándola.

—¿Así es como le dices? —Kakashi remarcó. —Se veía más como una babosa cachonda sacudiéndose.

—Las babosas no se sacuden. —Tenzou puntualizó con pena. —Necesitas dejar de usar metáforas que no tienen sentido.

—Y tú necesitas dejar de usar el horrible arreglo de tus núcleobases como coqueteo.

Ambos cayeron en un malicioso silencio, haciéndose compañía, reflexionando en sus respectivas vidas amorosas. La de Tenzou estaba prácticamente muerta. Su único consuelo era que el único hombre en Konoha que tenía mucho menos acción que él era su senpai, pero eso tal vez era porque se sentaba a beber bebidas femeninas con otro hombre sospechosamente soltero con frecuencia.

Entonces Kakashi tomó un profundo respiro y miró a la distancia una fotografía en la pared del bar. —Sakura está embarazada.

El lager de Tenzou quedó a medio camino hacia sus labios. Una broma. Tenía que ser una broma. Él observó la mirada plana y pasiva de Kakashi, buscando alguna resquebrajadura que le indicara que estaba queriéndole tomar el pelo.

Nada.

—No te creo. —Dijo con una seguridad precavida.

—No estoy mintiendo. —Kakashi murmuró, sacudiendo la cabeza. —Está embarazada. Y gorda.

Tenzou se le quedó viendo con los ojos abiertos en terror. —¿Es… es tuyo?

—Sí. Eso parece. —El otro hombre asintió débilmente.

—Oh, dios… —Tenzou resolló, su cabeza cayendo en sus manos. —¡Oh, dios!

Kakashi calmadamente bebió de su Peach Tini.

—¡¿Por qué me cuentas esas cosas?! —Tenzou siseó, puntualizando cada palabra. —¡No quiero saber esto! ¡Deja de compartir tus horribles cargas conmigo! ¡¿Y por qué parece que yo estoy más molesto por cuán estúpido has sido de lo que tú estás?! ¡Mira tu cara!

La expresión vacante de Kakashi permaneció igual.

Sacudiendo la cabeza, Tenzou gruñó. —No hay forma de que tú puedas ser un padre. Si existiera un hombre al que una sociedad sana nunca debería dejar volverse un padre, serías tú. En todos mis años de conocerte, no creo haberte visto jamás ser amable con un niño.

—Odio a los niños. —Él aceptó. —Pero he sido amable algunas veces.

—Cuando la niña de Kurenai nació, dijiste que parecía a una rana.

—Bueno, lo parecía.

—¡Y todavía le sigues diciendo "eso"! —Puntualizó Tenzou. —Esto tiene que ser un sueño… no hay forma de que una mujer real pueda tener tus hijos. No hay forma. Ninguna.

Kakashi bebió lo último que quedaba de su Tini y dejó la copa de cocktail sobre la mesa donde comenzó a pasar su dedo alrededor de la base de manera continua. —Tengo que admitirlo, Tenzou. —Dijo. —No sé qué hacer.

—Los padres no tienen que hacer mucho, ¿O sí? Quiero decir, además de correr a la tienda en medio de la noche para comprar donas.

—Sakura y yo no tenemos ese tipo de relación. —Kakashi dijo con reservas.

—¿Siguen sin arreglarse?

—Sí. Ella ha descubierto más cosas cuestionables sobre mi persona desde entonces. —Kakashi hundió los dedos en los pequeños charcos en la mesa. —Me odia, de hecho.

—Sí, probablemente yo también te odiaría si me dejaras embarazado.

Kakashi suspiró y miró infelizmente a sus manos. —En verdad… estoy muy aterrorizado.

—Por supuesto que estás aterrorizado. Sakura ya es mala cuando no está embarazada, no quiero imaginar cómo será cuando se le suban las hormonas.

—Ya me golpeó con una mopa.

—Probablemente te merecías algo peor.

—Probablemente tengas razón. —Él puso un gesto y empujó su copa vacía hacia Tenzou. —Cómprame otro trago.

—¿Por qué yo?

—Porque soy yo quien va a tener un bebé. Cómprame un maldito trago.

Tenzou obedeció, y por el resto de la noche permanecieron juntos en la esquina, diciendo muy poco pero bebiendo mucho. Para él se veía como si algo no estuviera del todo bien. Normalmente cuando las personas se volvían padres, había mucha celebración y felicitaciones y menos personas encorvadas sobre mesas manchadas viéndose como si fueran víctimas de algún síndrome de guerra. —Aunque no entiendo por qué estás aquí conmigo. —Tenzou dijo mucho después, cuando ya estaba encontrando difícil el ver con claridad pasando el final de su nariz. —¿Dónde está Sakura?

—Todavía está en la misión.

—¿Cuándo regresa?

La frente de Kakashi golpeó la mesa con un golpe, y ahí permaneció. —No lo sé. Quizá mañana. Quizá nunca. Me sobrepasa, no puedo decir más…

—¿Qué? —Tenzou no lo entendía.

—Si ella regresa, estoy jodido… pero no es como si ella no pudiera regresar; ¿Lo dije bien? Ni siquiera estoy seguro de eso. Lo que quiero decir es, no puedo mantenerla escondida por siempre sólo para que nadie lo descubra… pero están pasando cosas, Tenzou. Las cosas se están moviendo finalmente y ella va y se pone en medio. —Él golpeó su frente contra la mesa de nuevo, sacudiendo los vasos. —Ella tiene el poder para destruirme diez veces, y soy tan débil como para dejarla…

Todavía seguía sin saber de qué estaba hablando Kakashi, así que Tenzou sólo podía hacer suposiciones. —Um… ¿Quieres decir, que la gente va a molestase cuando lo descubran? No puedo ver a Naruto tomándoselo bien.

Kakashi se levantó, luciendo más gris que antes. —No había pensado en eso.

—¿Cuántas personas lo saben?

—Un par de personas saben que está embarazada, pero es en secreto. Pero tú eres el único que sabe que yo soy el padre. Quizá le hubiera dicho a Tsunade, pero entonces ella me hubiera ordenado matarme a mí mismo.

—Qué feo.

—No quiero matarme a mí mismo. —Aceptó.

—Quizás esta es una de esas situaciones donde… tienes que mantenerlo privado, ¿Sabes? Quizás es lo mejor si nadie descubre que tú eres el padre. Sólo intentarán asesinarte.

—Sé eso, pero más o menos depende de Sakura, ¿No? —Kakashi puntualizó. —Justo ahora, no creo que ella quiera reconocer que soy el padre.

Tenzou se encogió de hombros. —Más o menos te ganaste eso. —Dijo él. —Las chicas no te consideran un padre sólo porque les diste tu ADN. Eso cuenta doble si ni siquiera fuiste bueno en eso.

—¡Nadie es perfecto la primera vez! —Kakashi protestó.

—Voy a usar esa excusa en el futuro. —Tenzou suspiró. —Habitualmente haces de lado tus responsabilidades y evitas las ataduras con otros seres humanos; ¿Quizá ser padre te haga bien? Quiero decir, si no puedes amar a tu propio hijo, ¿Qué puedes amar? Dudo que incluso tú seas así de frío.

—Por supuesto que lo soy.

Tenzou le dirigió una mirada de molestia, pero notó que Kakashi estaba viendo el otro lado de la habitación con mucha intensión. —¿Al menos estás escuchándome?

—No. —Kakashi repentinamente le dio la espalda. —Dame una flor.

—¿Qué? —Tenzou se le quedó viendo. —No.

—Sí. Una roja. Ahora.

—¿Pero por qué? —Mientras decía esto estaba extendiendo la mano y de su dedo índice un pequeño pensamiento rojo brotó.

En el momento en que estuvo todo extendido y abierto, Kakashi lo arrancó desde el tallo. —No seas chismoso, Tenzou. —Dijo mientras se levantaba.

—¿Senpai, a dónde vas? —Tenzou preguntó con creciente preocupación. —¿Vas- vas a conseguirte una mujer? ¿Después de lo que me dijiste?

—Regresaré en un minuto.

Kakashi dejó a su asombrado kohai en la mesa y se deslizó entre la multitud de bebedores, siguiendo una figura en particular mientras caminaba hacia la sala de juegos. Todo lo que podía ver era a ella y a su cabello negro que flotaba detrás de ella. Tenía un nombre, pero todos –de ambos lados de la guerra- le llamaban Sable por su gran parecido con el pequeño mamífero del mismo color… un pequeño mamífero con un temperamento rabioso parecido a un roedor. (**)

Y la otra razón por la que nadie sabía su verdadero nombre era porque era igual que él.

Ella atravesó la sala de juegos hacia un pasillo que conducía a los baños del lugar. Estaba vacío, así que Kakashi tomó la oportunidad para aproximarse con rapidez y tomarla del brazo antes de que pudiera tocar la puerta del baño de damas.

—¡Oi! —Siseó molesta, apartándose de él. —¿Quién dijo que podías tocarme? Ni siquiera deberías estar hablándome.

Ella miró a su alrededor cuidándose de cualquier ojo curioso, pero este corredor parecía estar escondido del resto del bar. —Iba a darte esto. —Kakashi dijo, presentándole el pensamiento rojo. —Él dijo que sabrías qué significaba.

Ella se quedó viendo la flor un momento antes de tomarla con solemnidad. —Lo entiendo. —Dijo ella.

—¿Y cuándo obtengo mi presente? —Preguntó agradable.

Sable se le quedó viendo hoscamente. —Mañana. —Entonces ella sonrió. —Estoy segura de que lo disfrutarás.

—¿Qué es? —Preguntó, inseguro de si quería saber qué era.

—No puedo arruinar la sorpresa ahora, ¿O sí? Al Chico Cuervo no le gustaría eso.

—No le diré que le dijiste así.

—¿A mí que me importa? —Se encogió de hombros. —Ahora vete de aquí antes de que alguien nos vea. Tengo que ir a sacudir un poco de rocío del lirio.

—Eso suena maravilloso. —Dijo mientras ella se giraba y volvía a caminar hacia el baño de mujeres. Kakashi retrocedió y dio un último vistazo a su alrededor para asegurarse de que nadie les hubiera visto, luego regresó a su lugar con Tenzou.

El hombre en cuestión se había quedado dormido con su mejilla recargada sobre un puño y sus parpados deslizándose repetidamente. Kakashi le apretó la nariz para despertarlo. —¿Sigues con nosotros?

—Sin flor… sin dama… —Tenzou bostezó ampliamente. —¿Tus tácticas de ligue necesitan una mejora, senpai?

—No tengo intención de irme solo a casa, Tenzou. —Replicó, y metió el brazo bajo el de Tenzou. —Vamos. Nos vamos.

—No voy a ir a casa contigo. —Tenzou protestó. —Quizá despierte enojado y embarazado.

Kakashi suspiró mientras arrastraba al otro hombre al aire frío de la noche. —Me estoy comenzando a arrepentir de haberte contado.

—Eso es bueno. Siempre me dices mucho.

—No te preocupes. —Murmuró. —Todavía tengo muchos terribles secretos que nunca tendrás que escuchar.


—¿Té, señores?

Los dos hombres inclinados contra el árbol se giraron para mirar a la chica de cabello rosado viéndoles intensamente con una tetera de la que salía vapor. Patrullar el perímetro del Feudo era un trabajo agotador, ella pensó, incluso los miembros del Clan Hatake querrían un buen trago luego de pasar toda la mañana de pie.

Pero los dos hombres de cabello oscuro no estaban interesados. —No podemos aceptar bebidas.

—El ama de llaves me dijo que les trajera esto. —Mintió. —Ella cree que se ven cansados.

Dije que no podíamos aceptar bebidas. —El mismo hombre le dijo, hablando lentamente como si fuera una niña tonta.

Sakura permaneció imperturbable. —¿No les gusta nuestro té? —Preguntó.

—No se nos permite beber mientras trabajamos. —Dijo.

—No está envenenado. —Sakura le aseguró, lo que esencialmente era cierto. El té que les ofrecía hoy era sólo té… sería el té de mañana el que estaría envenenado. Esto era sólo para probar si estos dos estarían dispuestos a aceptar bebidas no solicitadas de una sirvienta sospechosa, el siguiente día ella regresaría con un té cargado con una fuerte dosis de las pastillas para dormir de Lady Zuru. —¿Les gustaría alguna cerveza?

—Regresa a la casa, pequeña.

Sakura se giró con un ceño fruncido y marchó de regreso por donde había venido. Mierda, pensó para sí misma mientras vaciaba el té por una tubería de lluvia y volvía a sus tareas antes de que alguien se diera cuenta que estaba ausente. Era demasiado pedir que funcionara. Su método de drogar a los hombres que estaban vigilando el perímetro desde el día en que había asesinado a Hatake Matsuke no funcionó, y sólo había sido su primer paso en su plan de cualquier forma. Sin embargo, ellos eran su mayor obstáculo en escapar de este lugar. Incluso si perdía a los perros que seguían cada uno de sus movimientos y conseguía formular una buena excusa para que nadie se diera cuenta de que no estaba por un día o dos, ella no pasaría los centinelas Hatake sin primero someterlos.

Desafortunadamente, eran tan irritantemente virtuosos como Kakashi en lo que respectaba a su trabajo. Sin bebidas no solicitadas. Sin descansos mientras estaban en el deber. Sin bajar la guardia por una cara bonita. Quizá sería capaz de drogarlos en la mañana cuando tomaran su desayuno con todos los demás, pero eso sería tremendamente arriesgado, y los centinelas designados parecían cambiar cada día con un aviso demasiado corto para que ella planificara con anticipación.

Podría haber otras vías para correr la voz que no implicaran irse, pero sería complicado. Con tantos ninjas de élite vagando, tendría que ser cuidadosa. No podría arriesgarse a ser atrapada haciendo algo sospechoso. Estaba tentando demasiado a la suerte sólo ofreciéndole té a los centinelas.

En las escaleras, ella se apresuró para completar sus tareas matutinas que había dejado, sola y en silencio hasta que escuchó la lluvia comenzar a golpear contra la ventana. Bien. Con suerte esos quisquillosos centinelas se mojarían en la lluvia y lo tendrían bien merecido. Sakura se enderezó con un cansado suspiro y un gesto de dolor. Su espalda dolía. No era algo que estuviera acostumbrada sentir, pero esos días se había dado cuenta que entre más tiempo permaneciera de pie, un dolor sordo e ineludible comenzaba a punzar en su espalda baja.

—Sólo una pila más… —Dijo animándose a sí misma, y una vez más levantó su canasta de ropa limpia de cama para avanzar al siguiente cuarto de huéspedes. Al menos no tenía que hacer ella las camas. Sólo dejaba la ropa limpia para que la siguiente mucama lidiara con eso y contentamente se movía con una carga más ligera. Su descanso para el almuerzo estaba cerca, y por primera vez tal vez estaría a tiempo.

Por los últimos tres días, Yui había acomodado sus tareas de tal forma que tendían a alargarse más del tiempo que estaba agendado, haciendo que Sakura llegara tarde a sus comidas –algo que era particularmente feo porque la comida que realmente se le antojaba usualmente ya se había terminado para cuando ella llegaba, dejándole con nada más que sobras escasas. Afortunadamente todavía tenía una llave de la despensa y mientras nadie le viera, podría escabullirse y abandonarse a la comida.

Sakura podía lidiar con el hambre. Aunque ciertamente nunca antes había disfrutado de la comida tanto como hacía ahora. El dolor en su espalda, por otro lado…

Con la última carga de ropa de cama entregada, Sakura se puso la canasta bajo el brazo y dejó la habitación de invitados. Ella la dejó en uno de los cuartos de la lavandería y entonces se movió hacia el comedor de la servidumbre para comer algo. Con suerte hoy servirían fideos. En verdad quería fideos. Fideos salados.

Sakura tarareó suavemente mientras atravesaba los pasillos silenciosos. Pero ella no estaba contenta por el prospecto de buena comida, también había comenzado a hacer una lista mental de los posibles métodos para contactar a Konoha. Muchos estaban fuera de consideración por ser demasiado ambiciosos o riesgosos, pero tener tantos planes de respaldo le daba cierta esperanza.

Vagamente notó que un hombre se aproximaba desde la dirección opuesta, pero por un momento su mente falló en reconocerlo; su mente estaba demasiado concentrada pensando en sí podría o no hacer una radio rustica con los materiales que encontrara en el Feudo. Las únicas personas que normalmente se encontraba por el pasillo cerca del ala de invitados eran sirvientes o miembros del Clan Hatake. Si eran los últimos, ella se haría a un lado y reverenciaría educadamente, y si era alguien de los primeros, ella sonreiría y asentiría pero no se detendría.

Cuando finalmente puso atención en su rostro, ella sintió que sus entrañas se contraían casi dramáticamente.

¡Toshio era la última persona con la que quería encontrarse!

¿Tal vez si mantenía su cabeza agachada y seguía caminando él no la notaría? Ella había conseguido evitarlo desde esa ocasión en la biblioteca, en parte por los meticulosos esfuerzos de Yui de mantener a Sakura lejos de él y la familia. Pero ahora estaban acercándose en un pasillo vacío y cerrado, y su mirada se posó en ella una vez… y entonces se posó de nuevo en ella mientras su indiferente y vaga expresión en su rostro se afilaba. Él la reconoció. Un rápido vistazo al frente de su cuerpo le dejó saber que él sabía exactamente quién era ella.

Mierda, pensó, pero permaneció determinada a seguir caminando.

Pero él era uno de la familia, y ella tenía que detenerse y hacer una educada reverencia sin importar si le gustaba o no… y cuando notó que él comenzó a reducir su velocidad también, ella supo que estaba condenada.

—Finalmente das la cara. Pareces ser el fantasma que todo mundo ve menos yo. —Remarcó secamente, una sonrisa horrible y perezosa en sus labios. Sakura se quedó de pie de manera incómoda, sin decir nada esperando que perdiera interés y le dejara continuar su camino.

—¿Te has estado escondiendo de mí? —Le preguntó.

Maldita sea, una pregunta directa. Ella tenía que responder, y después de una pausa asediada, replicó. —No, Toshio-sama. He estado ocupada en el trabajo.

—Te has puesto gorda.

Sakura se sonrojó inmediatamente. Probablemente él pensó que era por vergüenza, pero en realidad era una ira brutal. Por qué simplemente no te mueres; muérete, muérete, muérete, muérete…

—Pero sigues siendo bonita. —Continuó, mirándola por encima de su nariz. No era del todo aristocrática como la de su padre o la de su madre. Él era un Hatake puro, cosido de manera torpe con partes raras traídas del infierno sin duda. —¿Qué se siente estar esperando al heredero de este Feudo?

Sakura se encogió de hombros sin decir palabra alguna. Ella sólo le escupiría si abría la boca ahora.

—¿Y qué se siente saber que mis padres te asesinarán cuando des a luz a nuestro hijo?

Encogiéndose ligeramente, Sakura retrocedió. —Por favor, Toshio-sama, debo regresar a mis deberes o tendré problemas. —Susurró.

—Puedo protegerte, sabes. —Dijo.

Ella le miró con rapidez. —¿Perdón…?

—No tienes que vivir con miedo. Bajo mi protección nadie se atreverá a herirte; ¿No quieres eso?

Ella prefería vivir con ello.

Toshio avanzó para colocar sus manos sobre sus hombros. Ella tembló. —Todo lo que tienes que hacer, —Dijo. —es venir y compartir mi cama. Sé mía, y tú y el niño estarán a salvo.

Él no se la creía, y ella tampoco. No podría detener a sus padres y evitar que enviaran asesinos así como tampoco podía controlar su propio pene, y sabía que todo lo que él quería era una compañera de cama. Él esperaba que ella estuviera tan vulnerable y desesperada por seguridad que intentaría cualquier cosa, y eso era algo que podría explotar en orden de ganar algo de quizá la única otra chica además de Yui quien podría acceder.

Pero Sakura prefería morir antes que compartir su cama. —Gracias. —Dijo con la debida reverencia. —Pero no estoy preocupada. No siento la necesidad de protección-

Ella intentó zafarse de su agarre, pero sus dedos se apretaron automáticamente. —¿Creíste que eso fue una petición? —Dijo con un ligero tono que escondía la amenaza detrás de sus palabras. —No olvides tu posición, sirvienta. Trabajas para mí, tú haces lo que yo te diga.

Esto fácilmente podría ir mal. Sin chakra, ella no podría atraparlo de nuevo en un genjutsu y su fuerza física no podría igualar la de él. Todavía era más rápida y podría arrojarlo por encima de su hombro y re-arreglarle la cara si tenía que ser así, pero no había forma en que pudiera hacerlo sin exponerse como kunoichi. Si Toshio intentaba algo, ella estaría obligada a obedecer si quería vivir.

O tendría que matarlo para mantenerlo callado.

—Por favor. —Dijo ella, intentando retroceder de nuevo. Esto no terminaría bien para ninguno si él insistía.

Sus dedos se apretaron en la tela de su yukata, arrojándola hacia la pared con un violento empujón. —¿Sientes ganas de cambiar de idea? —Preguntó. —No tienes que hacer esto difícil para ti.

Un gruñido profundo comenzó a sus pies. Toshio miró hacia abajo con sorpresa en el mismo momento que Sakura y ambos se le quedaron viendo con algo de sorpresa al pequeño e irritado perro.

—¿Qué demonios? —Toshio murmuró, su cara mostrando un feo ceño fruncido mientras veía a Pakkun con molestia. —¿Por qué hay un maldito perro rondando por los pasillos? ¡Vete! —Él intentó darle una patada al pequeño pug, pero Pakkun fácilmente le esquivó y repentinamente comenzó a ladrarle con fuerza al hombro. Eran ladridos sorprendentemente fuertes para su pequeño tamaño, especialmente cuando avanzó y arremetió contra los tobillos de Toshio.

Una de las manos apretando el yukata de Sakura cayó, pero la otra permaneció en su lugar, sacudiéndola mientras Toshio intentaba evadir al perro.

—¡Dile que se vaya! —Toshio le dijo a ella.

—¡No es mío! —Protestó, deseando que él dejara de jalar sus ropas así.

Se estaba haciendo demasiado ruido en ese pasillo que previamente había estado en silencio, y los ladridos de Pakkun estaban haciendo lo suyo para llamar la atención. Más allá en el pasillo, dos chicas emergieron de una de las habitaciones de huéspedes.

—¿Qué es ese ruido, Aki?

—Yui, mira…

Yui lo hizo, y en el momento en que vio a Toshio, manteniendo a Sakura contra la pared con su mano torcida contra su yukata, una tormenta se alojó sobre su rostro para sacar la de vergüenza. Nadie pareció notar que el ladrido se había detenido, porque de pronto Yui era la que estaba ladrando.

—¡Sakura- no te atrevas a molestar a Toshio-sama! ¡Regresa a tus tareas justo ahora! —Gruñó.

Por primera vez Sakura estaba muy contenta del odio patológico de Yui hacia ella. —Sí, Yui. —Dijo dócilmente, y se zafó de los laxos dedos de Toshio. Él no iba a detenerla ahora; no frente a testigos.

—Lamento si ella le ha molestado, Toshio-sama. —Yui se arrastró ante el joven amo. —Veré que sea castigada.

—No te molestes. —Le dijo cortante, y se giró sobre sus talones para alejarse.

Si Yui fuera realmente un gato, cada pelo en su cuerpo estaría erizado en el momento en que él le rechazó. Había molestado al hombre que ella amaba metiéndose entre él y otra mujer que le interesaba. Sólo había una forma con la que podría lidiar con esto…

Poniéndole una cara amarga a Sakura, sus ojos gatunos se entrecerraron todavía más. —Deberías estar avergonzada de ti misma.

—Seguro. —Sakura le dijo mientras la dejaba atrás, acomodándose y alisándose la yukata hasta que ya no estaba arrugada por el agarre de Toshio. Yui le siguió, seguida de cerca por una preocupada Aki.

—Tú pequeña zorra, no te pagan para seducir a tus empleados. —Yui dijo furiosamente mientras bajaban por las escaleras que conducían al sótano. —Te tendré limpiando baños toda la semana por esto.

Sakura se giró, obligando a Yui a detenerse en seco. La otra chica era más alta, pero Sakura no estaba intimidada en lo más mínimo. —No, Yui. No estaré limpiando baños. No para ti, ni para nadie. Chúpala.

La mano de Yui se fue hacia atrás con rapidez y cruzó la cara de Sakura. —¡No te atrevas a hablarme así, puta!

Sakura se llevó una mano a la mejilla, su boca abriéndose por la impresión. —¡Me golpeaste!

—¡Chúpala! —Fue la réplica bastante apropiada de Yui.

Así que Sakura le golpeó en la boca, con la fuerza suficiente como para ver que uno de sus bonitos labios maquillados se abriera. —¡No me toques! —Sakura dijo enfurecida. —¡Acabaré contigo!

Los sirvientes que pasaban comenzaron a alentar su paso para observarlas, ansiosos por el espectáculo de las dos sirvientas al comienzo de una pelea.

Aki intentó intervenir, poniendo una mano entre los dos. —Sakura. —Le dijo con advertencia.

—¡No la defiendas! —Sakura le siseó. —¡Deja de ser tan ciega, Aki! ¡Sabes cómo es Toshio- No he hecho nada malo aquí!

Las lágrimas corrieron por los ojos de Yui. —¡Perra! ¡Todo estaba bien hasta que tú llegaste y comenzaste a putear por aquí! —Ella golpeó de nuevo a Sakura, sus uñas marcando líneas dolorosas por su mejilla.

—¡Deja de golpearme! —Sakura le golpeó en el ojo.

—¡Tú me estás golpeando!

—Sí, pero estoy embarazada.

Esta era la última cosa que Yui necesitaba que le recordaran. Con un gruñido se lanzó hacia Sakura, quien ya estaba lista para enfrentarla, pero Aki y los otros sirvientes claramente no creían que esto fuera una buena idea. Dos fuertes brazos retuvieron a Sakura y otros más arrastraron a Yui mientras varios cuerpos se metieron entre ellos.

—¡Suficiente, señoritas! —Alguien les advirtió. —No nos metan en problemas.

Sakura ignoró la voz de la razón. —¿Sabes qué, Yui? ¡Puedes quedártelo! ¡Yo no lo quiero –Nadie lo quiere! Ambos son tan enfermos y retorcidos que se merecen el uno al otro, y si nunca lo veo de nuevo, ¡Estaría contenta! ¡Él es un apestoso cadáver putrefacto y estás más que invitada a quedarte con esa fétida excusa de ser humano!

Varios de los sirvientes intentaron callar a Sakura, incluso yendo tan lejos como para poner manos sobre su boca.

—No puedes decir cosas como esas. —Aki le rogó. —Te van a despedir.

—¡Sólo estoy diciendo lo que todo el mundo está pensando y lo que ella necesita escuchar! —Sakura gritó. —¿Escuchaste Yui? ¡Sigue culpando a otras personas por las acciones de tu amante todo lo que quieras! ¡Ve si eso hace que él te quiera más!

—¡Desearía que te murieras! —Yui gritó, las lágrimas corriendo por su rostro. —¡Alguien como tú no merece respirar el mismo aire, mucho menos ser quien cargue con su hijo! ¡Te van a matar una de estas noches, y yo no haré más que reírme y escupir en tu cadáver! ¡Perra sucia- estás pidiendo que eso pase!

Por un momento todos en el corredor se quedaron en silencio, incluso Sakura. Nadie esperaba tal veneno… y era claro que decía cada palabra en serio.

—¿Qué demonios está sucediendo? —La multitud reunida retrocedió y se separó mientras el alto ayudante del Amo Zuru finamente vestido apareció por la misma escalera por la que Sakura había bajado junto a Yui y Aki. —¡Puedo escuchar los gritos desde los pisos de arriba!

Como sirviente personal del Amo Zuru, él era el miembro más antiguo del personal de la casa. Nadie se atrevió a decir una palabra, porque en cierto modo estaba prácticamente a la par de la familia en lo que respectaba a la jerarquía. Si él había escuchado los poco halagadores comentarios de Sakura sobre Toshio, ella estaría en más problemas de los que creía. Si había escuchado la descarada promesa de muerte que Yui le había hecho a Sakura, a ella también le regañarían.

Él miró entre las dos sirvientas siendo controladas y chasqueó la lengua con disgusto. —Esta no es la forma en que dos jóvenes damas deberían comportarse. —Remarcó él. —¿Quién comenzó esto?

Inconscientemente muchos pares de ojos se movieron hacia Yui. Incluso si nadie se atrevió a apuntar dedos, era bastante obvio lo que había sucedido y de quién era culpa. La chica en cuestión tembló con ira y sollozos apenas contenidos, que intentó contener con mucha más fuerza cuando el sirviente del Amo Zuru se giró hacia ella. —¿Eso es cierto, Yui-chan?

—¡No. señor! —Croó con molestia.

Él liberó un pesado suspiro y sacudió la cabeza. —Esto es decepcionante. Con tu comportamiento, no estoy convencido de que estés lista para el puesto como sirvienta personal de Lady Zuru. —Dijo con voz profunda. —Aki tiene más experiencia y veo que es la única que no está aquí siendo sujetada por al menos tres hombres, así que me gustaría que ahora se refieran con respeto y le respondan a ella de ahora en adelante.

Yui se puso blanca de puro coraje. Aki se veía como si quisiera con desesperación rehusarse –no porque no quisiera la posición de sirviente personal, sino porque Yui podría y la odiaría casi tanto como odiaba a Sakura.

—¿Está claro? —La cabeza del personal preguntó.

—Sí, señor. —Aki coreó débilmente.

—Sí. —Yui dijo, sólo que más cortante.

Él se giró hacia Sakura. —Y tú, —Dijo con tono de advertencia. —mejor recuerda tu posición en el futuro. Si escucho que vuelves a insultar al joven amo de nuevo, te llevaré ante él para que te discipline personalmente.

Sakura tragó saliva.

—Incluso si es un gusano. —Agregó.

Una risa nerviosa rompió alrededor del pasillo del sótano, y Sakura se relajó un poco. Ella no se atrevió a ver a Yui para saber cómo había recibido el abierto insulto hacia su maravilloso Toshio. Sólo estaba contenta que su pérdida momentánea de control no le hubiera metido en problemas más serios.

—Ahora regresen a sus deberes y si escucho otra palabra sobre esto, todos ustedes lo lamentaran mucho.

La gente comenzó a disiparse y los hombres conteniendo a Yui gradualmente la dejaron ir. Sakura no estaba segura de que esto fuera inteligente ya que todavía parecía que a Yui le urgía enterrar las uñas a través de los ojos de Sakura. Entonces un brazo largo envolvió a Sakura y comenzó a alejarla. —Vamos, cariño. —Dijo una amable sirvienta con la que Sakura no había hablado antes. —Deja que esa chica se enoje tanto como quiera. Es hora del almuerzo, ¿Quieres comer?

Sakura gradualmente le permitió ser llevada hacia el pasillo del comedor. Para ese momento realmente necesitaba la comida y devoró con ganas tazones de fideos hasta que estuvo en peligro real de explotar. Sus manos todavía se sacudían ligeramente, pero sabía que esto no era por su encuentro con Yui (Sakura tuvo encuentros como este muy frecuentemente como para que una perra con ojos de gato que no podía lastimar a un tomate incluso si lo golpeara con un martillo sacara lo peor de ella). La verdad, fue Toshio quien le dejó así.

¿Qué hubiera pasado si Pakkun no hubiera estado ahí para sonar la alarma? ¿Qué si Yui y Aki no hubieran estado ahí trabajando cerca? Hubiera sido obligada a elegir entre sufrir todo lo que conllevaba ser una ninja encubierta –aceptar los no solicitados e incluso violentos avances sexuales- o, sobrepasar a Toshio con su velocidad física y su fuerza –algo que no sería suficiente como para protegerla en este lugar a menos que lo matara de la misma manera en que había asesinado a Hatake Matsuke. Los deseos de auto-preservarse chocaban con su deseo de preservar la soberanía de su propio cuerpo, y honestamente no sabía qué hubiera tenido que elegir si Aki y Yui no se hubieran acercado a ellos como habían hecho. Al menos estaba segura aquí, sentada en una mesa con docenas de otros sirvientes, sin tener que hacer esa horrible decisión. Pero ¿Qué pasaría cuando estuviera sola? ¿Cuándo sería la siguiente ocasión en que él le arrinconara? ¿Qué pasaría si la buscaba como antes?

La mano de Sakura aterrizó en un delgado y afilado cuchillo que estaba entre dos vasos a una corta distancia. Ella suspiró. Tendría que funcionar por el momento.

Mientras se levantaba, pasó su mano por la cuchilla sin que los demás le vieran. Cuando bajó la mano hacia su costado, el cuchillo ya no estaba.

Le hizo sentir marginalmente más segura el tener algo afilado bajo su manga. Si alguien lo encontraba y hacia alguna pregunta, ella inocentemente clamaría que era para pelar zanahorias. Si alguien intentaba asesinarla o jalar su ropa, ella alegremente lo enterraría en el rostro de su atacante y después clamaría que era para pelar zanahorias una vez que le quitara la sangre.

Pasando los corredores de la servidumbre más silenciosos, Sakura regresó al dormitorio donde esperaba tener algo de descanso antes de comenzar con su tarea de recoger flores frescas para las habitaciones de invitados con Kaoru. No estaba del todo sorprendida cuando escuchó el ahora familiar golpeteo de uñas sobre los pisos detrás de ella mientras Pakkun trotaba para alcanzarla.

—¿Me merezco un gracias? —Preguntó él mientras se ponía a su altura.

—¿Por comportarte como un animal? —Ella se encogió de hombros. —Felicidades, supongo.

—Evité que te metieras en problemas. —Le dijo alegremente. —Claramente hay pocas cosas que puedo hacer en un apuro. ¿Tienes el rollo de Kakashi, verdad?

—En mi habitación.

—Cárgalo contigo todo el tiempo. No sabes cuándo lo necesitarás.

—Mira, tengo este cuchillo ahora-

—No seas tan orgullosa y vana. —Rebatió. —Quizá no quieras la ayuda de Kakashi, pero él te dejo ese rollo para protegerte y serías una tonta si lo rechazaras considerando tu condición.

Sakura se sonrojó violentamente. —¡No necesito ayuda! —Le dijo cortante. No le gustaba ser regañada por un perro, y tampoco le gustaba encarar el hecho de que se había prometido el no tomar riesgos innecesarios ahora que estaba embarazada… y que eso involucraba aceptar toda la ayuda que pudiera, incluso si era de Kakashi.

—Sakura-

—No me molestes. —Gruñó. —Vete antes de que alguien te vea.

El pequeño pug suspiró y retrocedió hasta que ella ya no pudo escuchar sus garritas golpeando el suelo. Qué molestia. —Pensó, porque mientras el perro estuviera vigilándola, escapar de este lugar sería difícil. Cierto, Pakkun no sería mucho problema con el cuál lidiar si intentaba detenerle para que no escapara, pero él podía llamar a los otros miembros de su jauría si lo necesitaba. Si llamaba a Bull, quien era casi del mismo tamaño que su nombre, ella tendría que aceptar su derrota.

Kakashi ciertamente no le había dejado mucha libertad cuando él se había ido, pero ella tenía planes propios en los cuales trabajar…

La puerta de su dormitorio apareció y ella se apresuró a entrar, contenta, buscando la frescura y la suavidad de su futón. No había nada mejor que una siesta en la tarde después de almorzar escuchando la lluvia afuera. Pero mientras se acercaba a la puerta, extrañas voces murmurando dentro le hicieron alentarse instintivamente y enmascarar sus pasos. La gente sólo hablaba así cuando estaban quejándose de alguien más.

—…ella nunca debió venir aquí. —Esa era definitivamente Yui. Su voz estaba ronca y dispareja, como si hubiera estado llorando desde que Sakura hubiera dejado el sótano.

—No es su culpa, Yui. —Aki dijo suavemente. —Tienes que admitir que Toshio-sama no es el tipo de persona que toma un 'no' por respuesta-

—Eso no es cierto- ¡Y no hables así de él! —Yui le ladró. —¡Ella le provocó! Él puede ser débil frente a una cara bonita, pero son ellas quienes se arrojan a él por su dinero y poder. Si ella no fuera bonita, él nunca hubiera caído en sus trucos. Voy a hacerla fea mientras duerme esta noche y veremos si él todavía la desea mañana.

Los ojos de Sakura se abrieron ligeramente. Quizás esta noche dormiría en una de las habitaciones de huéspedes del piso de arriba…

Aki suspiró. —No hagas nada estúpido, Yui. Te meterás en problemas.

—No me importa. —La otra chica bufó.

Cuando Sakura se acercó, ella fue capaz de ver a través de la diminuta abertura entre las dos puertas deslizantes. Ella podía ver la espalda de Yui, y Aki parecía estar acuclillada junto a ella, aplicando algo que parecía yodo en su labio partido.

—No me refiero a problemas normales. —Aki le dijo. —Esa no es una chica con la que tengas que meterte.

—¿Por qué no? —Yui demandó petulantemente. —Ella lo merece.

—Está bajo la protección del clan Hatake. Incluso tú sabes que es mejor no provocarlos.

El ceño fruncido de Sakura. El clan Hatake ciertamente no estaba protegiéndola, pero quizás Aki estaba mintiendo para hacer que Yui retrocediera.

—No te creo. —Yui bufó. —Lo hubiera escuchado.

—Bueno, lo estás escuchando ahora, ¿No? ¿Conoces a Hatake Kakashi, cierto?

—Por supuesto.

—Él me dijo que si algo le sucedía a Sakura mientras él no estaba… sólo digamos que él no estará contento si le arruinas la cara.

Yui no sonaba tan confiada de pronto. —¿Qué crees que haría él?

—Es un asesino entrenado; ¿Qué crees que hará él?

—Pero, ¿Por qué? —Yui siseó. —¿Él qué tiene que ver?

—Él la quiere, esa es la razón.

—¿Ella también lo sedujo?

—Quizás… solo… no hagas más amenazas contra ella, ¿De acuerdo? Ella ya ha tenido dos atentados contra su vida, probablemente te tomará en serio, y entonces ¿Qué va a pasarte si ella le dice eso?

—¡Ch…! ¿Cómo alguien la desearía? Está gorda.

Sakura retrocedió rápidamente, sus puños apretados con tanta fuerza a sus costados que sus uñas se hundieron dolorosamente en sus palmas. Ella disfrutó de ese aguijonazo –le mantenía en línea y evitaba que corriera para golpear a Yui en la cara. Mejor irse ahora antes de que se rindiera ante la tentación.

Pero mientras se alejaba, no eran los insultos de Yui lo que permanecían en su mente, era la mención de Aki sobre Kakashi. Aparentemente habían hablado el uno con el otro, algo que Aki había fallado en mencionar, y que Kakashi le había advertido que mejor nada le sucediera mientras no estuviera.

¡Idiota! —Ella se puso furiosa internamente. ¿Él sabía cuán peligroso era para ambos que los relacionaran en este lugar? Si alguien descubría que ella era de Konoha, su vida estaría terminada.

Él la quiere, esa es la razón.

Sakura no estaba segura de si quería pensar sobre eso. Probablemente sólo Aki había malinterpretado la realidad de su relación, pero de alguna manera la idea no le alarmó ni le molestó; ¿Qué pasaría si Kakashi le deseara? ¿Sería eso así de malo?

Era una pena que ella supiera que no era verdad…


Fuera de la habitación principal del Hokage, Hatake Kakashi se movía como una pantera enjaulada –una pantera enjaulada que tenía una impresionante resaca, pero eso era de esperarse cuando ahogabas tus penas en tinis de duraznos y entonces te ibas a casa, brazo con brazo con otro hombre y despertabas con dicho hombre haciéndote cucharita.

Desafortunadamente, Kakashi ahora tenía toda su atención puesta en temas más serios: el primero y más importante era que necesitaba conseguir el permiso para regresar al Feudo Zuru, y de vuelta con Sakura. Ya era lo suficientemente difícil conseguir una baja temporal cuando no había una guerra. Incluso si Tsunade quería dársela, ahora tenía que convencer a los concejales de que dejar ir a uno de sus mejores peleadores tomar una pequeña misión para cuidar de una chica embarazada era una buena idea. De alguna forma, Kakashi no creía que lo verían de esa manera. Pero era sólo cuestión de cortesía, ya que sin importar si le daban o no el permiso, él regresaría de cualquier forma, sin embargo era sólo con el permiso que podría asegurarse de que nadie iría tras él. Sin eso, él tendría que ponerse creativo…

La pesada puerta de cedro crujió al abrirse y el rostro de Shizune apareció. —Llegaste a tiempo. —Observó astutamente mientras lo invitaba a pasar. —Por aquí.

Era un salón lleno, con rollos y libros amontonados en el suelo y estrategas de guerra y analistas reunidos alrededor de las mesas mientras veían inteligentemente los mapas. Tenían que bajar dos escaleras y caminar a través de un arco para llegar al salón de los concejales donde Tsunade estaba con los viejos. Como Shizune, ellos parecían algo sorprendidos de ver que él estaba a tiempo.

—Estábamos discutiendo sobre ti. —Tsunade dijo. —Tu petición de partir a esta particular misión debido a la… condición física de Sakura… es poco ortodoxa, pero creo que conseguimos llegar a un acuerdo.

—¿Entonces puedo irme? —Kakashi preguntó con esperanza.

—No tan rápido. —Koharu dijo ligeramente. —Si fueras otro, creería que estás intentando escaparte de las misiones de alto riesgo por pura cobardía.

La mandíbula de Kakashi se apretó. —La cobardía no tiene nada que ver con esto. Sakura necesita ayuda. —Dijo, antes de agregar rápidamente. —Para su misión.

—Estamos conscientes de que está embarazada. —Homura dijo cortante. —Este es un giro de eventos extremadamente desafortunado y lamentamos la perdida de una de nuestras más preciadas kunoichi.

Él lo hizo sonar como si ella hubiera muerto.

—Reconocemos que necesita ayuda, sin embargo, lo que quisiéramos saber es ¿Por qué deberíamos enviar a un jounin a cuidar de una médico embarazada? —Koharu le preguntó en su voz de anciana chillona.

—Porque… ella me lo pidió. —Dijo penosamente.

—¿En serio? —Levantó una ceja gris hacia él. —¿Por qué fue así? ¿No será que tú eres el padre, o sí?

Kakashi abrió la boca pero ningún sonido salió de él. Tsunade rápidamente tomó las riendas. —Sakura terminó embarazada en esta misión. —Les explicó a los viejos. —Kakashi es un amigo cercano de ella y obviamente quiere ofrecer su ayuda.

Salvado. Pero los viejos tenían rostros naturalmente desconfiados y la forma en que se miraron el uno al otro le hizo preguntarse si habían descubierto la verdad. —He estado en el Feudo donde Sakura está de encubierta. —Continuó de cualquier forma. —Ya he establecido un rol para mí ahí, y enviar a otra persona en mi lugar levantaría sospechas. Ahora que me conocen, es sólo lógico ser yo quien regrese.

—¿Y la traerás de vuelta? —Koharu trinó.

Él sacudió la cabeza. —Lo intentaré, pero Sakura no es capaz de viajaren su condición actual. —Él esperaba.

—¿Requiere de un médico? —Tsunade le preguntó con rapidez.

—Ya hay un doctor muy capaz viviendo en el Feudo. No es un médico ninja, pero es un médico general. Es lo suficientemente bueno.

Los ancianos se vieron el uno al otro con preocupación y entonces a Tsunade antes de regresar su mirada a Kakashi. Probablemente tenían una conexión psíquica. Era la única explicación por la que posiblemente hubieran llegado a un acuerdo mutuo sin hablar. —Lo máximo que podemos garantizarte son tres meses. —Homura le dijo.

Tres meses. No sería suficiente para ver el embarazo llegar a término, pero mucho podía suceder en ese espacio de tiempo. Mucho podía cambiar. Pedir más tiempo sería probar su suerte, así que él tendría que conformarse con lo que había conseguido y sentirse afortunado por recibir el permiso de cualquier manera. —Gracias, señores. —Dijo, haciendo una reverencia.

—Por aquí. —Tsunade dijo, tocándole el codo. —Tenemos papeles que firmar.

Él siguió a la Hokage fuera del salón de los consejeros y a lo largo del pasillo hacia su oficina. Mientras caminaban, ella casi habló sin parar. —Tienes que cuidarla. Asegúrate que permanezca abrigada y bien alimentada.

—Está embarazada, Hokage-sama, no enferma. —Kakashi le recordó.

—¡Y si no la cuidas adecuadamente, te arrancaré la cabeza! —Le gritó. —¿Lo entiendes, Kakashi? Te estoy confiando a mi aprendiz, a ti y a tu inepto y penoso cuidado, cuando debería enviar a alguien más competente y comprensivo –como Shizune. Pero por alguna razón ella pidió por ti y aunque odie aceptarlo, si eso es lo que ella quiere, que así sea. No creas que no sé por qué ella te pidió. No estoy ciega.

—No sé qué quiere decir. —Dijo con la voz plana. Realmente no lo sabía.

—Es obvio que ella está bastante encariñada contigo, y dudo que tus sentimientos hacia ella sean menores si estás inclinado a ir tan lejos por ella. Quizás no me guste, pero entiendo sus deseos en esta situación.

Excepto que esto no era para nada lo que Sakura quería. Ella era su prisionera a todos los efectos, y no por primera vez él se preguntó si era lo que algunas personas llamarían un "villano". Ciertamente se sentía como uno. Sólo los villanos mantendrían a damiselas contra su voluntad. Sólo le faltaba un calabozo y un malvado dragón custodiándola, aunque él suponía que Pakkun estaba lo suficientemente cerca.

En su oficina, Tsunade inmediatamente comenzó a buscar alrededor de sus cajones, pasando de carpeta en carpeta. —P… P… P… Permiso… ¿Quizás está en la B…?

Kakashi esperó pacientemente cerca de su escritorio. Todo lo que necesitaba hacer era firmar papeles y él sería libre de irse. Se iría una vez que guardara sus cosas, y con algo de suerte estaría de vuelta en el Feudo antes de que la semana terminara. Si Pakkun era confiable y Sakura no tenía deseos de morir, ella seguiría ahí.

Tsunade estaba todavía buscando entre sus carpetas cuando un educado golpe sonó tras la puerta. —Hokage-sama. —Dijo una voz dulce. —Los reportes de la frontera que ordenó están aquí.

Él conocía esa voz. Algo incómodo picó su nuca y las palmas de sus manos mientras giraba la cabeza para saludar a la mujer parándose en el marco de la puerta.

—Ah, sólo ponlos en el escritorio, Sable. —Tsunade dijo alegremente sin darse la vuelta.

Sable se metió en la sala con un montón de carpetas azules, dándole a Kakashi una sonrisa sabionda mientras lo dejaba atrás. Su corazón latió con fuerza. Podía sentir problemas y repentinamente supo que aquí venía uno. Este era su regalo. Su boca se abrió para gritar una advertencia, e incluso si ya estaba moviéndose, él supo que era demasiado tarde. Ella estaba pasando detrás de Tsunade, las carpetas estaban cayéndose –una cuchilla brillante y plateada resplandeció y entonces fue enterrada.

Tsunade no gritó. Ella sólo resolló mientras un río de rojo se deslizaba por su espalda, manchando toda su blusa. Sable sacó la cuchilla, lista para clavarla de nuevo. Sólo que esta vez Kakashi atrapó su muñeca y con un movimiento la tiró violentamente al suelo. Zafó su muñeca, y la kunoichi bajo él siseó en dolor. Pero sin importar los huesos que hubiera roto él, ella lo volteó a ver salvajemente, con una incredulidad total por lo que había hecho. —¡¿Qué estás haciendo?! —Le gritó. —¡Ella tenía que morir!

Kakashi la mantuvo clavada al suelo con su peso completo mientras ella luchaba iracundamente pese a sus heridas. —¡ANBU! —Rugió él, mirando por encima de su hombro a Tsunade. Ella se había puesto silenciosamente de rodillas, su cabeza cayendo hacia adelante pero sus dedos blancuzcos apretaban aún los cajones. —¡Necesito un médico! —Gritó de nuevo.

No estaban lejos en un lugar como este y en segundos escuchó el sonido de pasos apresurados mientras Shizune y dos élites enmascarados aparecían en el marco de la puerta.

—¿Qué sucede? —La primera cosa que Shizune notó fue a Kakashi clavando a Sable en el suelo, pero en el momento en que su mirada se movió hacia su maestra, ella se olvidó de ellos. —¡Tsunade!

Los dos guardias ANBU se movieron hacia Kakashi, pero él sacudió la cabeza. —Su prioridad ahora es llevar a la Hokage al hospital. Yo llevaré a ésta a interrogación.

Debajo de él, Sable se flexionó y peleó contra su peso. —¡…bastardo! —Dijo con la voz asfixiada. —¡Estás muerto, Kakashi! ¡Cometiste un gran error!

—Sí. —Jadeó él, mirando por encima de su hombro a la Hokage que estaba agachada sobre su propio charco de sangre, junto a ella estaba una daga manchada con un ungüento pegajoso de color amarillo que sólo podía ser veneno. —Creo que sí.


Siguiente Capítulo: Un Viejo Amigo Regresa


Notas de traducción:

(*) Lager: Tipo de cerveza que se hace con levaduras de fermentación lenta, lo que provoca una acentuación de su sabor.

(**) Sable: Este nombre corresponde con el escrito original. En español, el mamífero al que se refieren es la Marta Cibelina que es un mustélido (carnívoro/carroñero de cuerpo largo al que pertenecen también las comadrejas entre muchos otros). Habita en Japón (y otros países) en Hokkaido y es apreciado por su pelaje que va desde el castaño hasta el negro. Una marta con ese color se conoce también como Diamante Negro.


¡Hola a todos! ¡Feliz Navidad!

Ahhh, amo las interacciones entre Kakashi y Tenzou, ¿Ustedes no? Pobre Tenzou, tener que ser el hoyo de los secretos de Kakashi y tener que aguantarlo todo esto de Sakura y su embarazo... Por otro lado, parece que Sakura no se va a quitar de encima a Toshio (aunque puede que a Yui sí...), por si no tenía ya suficiente.

¡Y el ataque hacia Tsunade! Sin quererlo, Kakashi ha colaborado en este complot, ¿Podrán salir bien librados?

Isabel: Kakashi no hace lo que se le da la gana aquí, créeme, tendrá que pensarle mucho y jugar al estratega con todo lo que está sucediendo a su alrededor, sólo que, como era de esperarse lo que ha pasado con Sakura no es algo que le haya caído del todo bien. Fue egoísta, sí, no hay manera alguna de negarlo. Pero vamos a darle un voto de confianza ahora que planea regresar al Feudo (aunque ahora con lo de Tsunade...) Gracias por continuar apoyando la historia y espero que el siguiente capítulo sea de tu agrado.

¡Y eso es todo! Esta vez seré breve porque tengo muchísimo que traducir. Espero que hayan pasado un buen rato en estos días. Y muchísimas gracias por seguir leyendo la traducción y sus comentarios; ¡Nos leemos!