Contexto: Quinn y Rachel 20, Beth 4 añitos.

La propuesta

Quinn y Rachel vivían juntas hace exactamente 2 días para cumplir el año, con la hija de Quinn, Beth, nena que Rachel conocía y adoraba desde su nacimiento, nena que la llamaba mamá a ella y a Quinn, mami. Nena que la adoraba con todo el corazón y ella de vuelta.

Rachel no se imaginaba la vida sin Quinn, el tiempo que habían estado juntas pretendiendo ser mejores amigas y negar lo que ya sentían, fueron tiempos oscuros según su percepción, tiempo que no quería volver a repetir.

Ella estaba muy enamorada de Quinn y Quinn de ella.

Ella amaba profundamente a Beth y ella de vuelta.

Ellas ya hablaban de amor y de una vida para siempre, las tres juntas, y si la familia se expandía en algún tiempo, también con ellos o ellas.

Es por eso que lo que pensó alrededor de una semana, una idea dándole vuelta en su mente, no fue nada que sus mismos amigos ya no habían visto venir, "el matrimonio".

Uno con el amor de su vida, uno para siempre. Uno en que sí la otra se aparta para vivir en la vida eterna, la otra con el tiempo alcanzaría para unir sus vidas aún después de la vida misma.

Una vida juntas, eso era su principal deseo.

Sin embargo, era más fácil decirlo que hacerlo. Ambas estaban en época de exámenes finales, así que poco o nada se veían ambas, ya que turnaban sus horarios para que Beth no estuviera sola o con una niñera, ellas aún no confiaban en las niñeras. Y a la hora de dormir, ambas estaban tan cansadas que sólo caían prácticamente desmayadas a la cama, acurrucada una con otra, eso sí.

La pedida de mano…

El permiso y la bendición…

La pedida de mano era muy importante, usualmente vas con el padre y la madre y se lo pides primero a ellos, el permiso para casarse con la niña de sus ojos, con su más grande creación.

Ahora, Russell era un capullo, ella jamás acudiría a él. Las personas mas importantes e influyentes en la vida de Quinn, eran su madre y su nena, y a ellas tenía que pedirles permiso, ya que sus vidas también estarían unidas para siempre, en el mejor de los casos.

Ocurrió así, un viernes por la tarde, Rachel llevó a Beth a un restaurante muy mono dispuestas a encontrarse ahí con Judy Fabray para almorzar, y haciendo uso de sus contactos, pudo reservar una mesa en una zona privada y con gran vista hacia el parque, que a la vez si tenía una hermosa visión por lo del parque, también tenía gran quietud y reserva.

- Hola Judy qué gusto – dice Rachel parándose de su asiento y yendo a recibirla para darle dos besos y un gran abrazo.

- Yo quiero, yo quiero – pedía la peque sentada en su asiento alto, ella quería abrazos y besos también.

- Awww mi vida – arrulló Judy a su nieta – estás muy hermosa mi amor – le decía besando su linda cabecita y sus ojitos haciéndola reír mucho y hacer esos ruiditos adorables que sólo puede hacer ella.

- Awww – volvían a derretirse ambas, por cada gesto que Beth hacía, ella después de todo era una nena sumamente adorable.

Y bueno, bueno, después de tanta adorabilidad de la hermosa nena, todos se sentaron en sus respectivos asientos y a pedir comida.

Rache liba a pedir algo con verduras cuándo Beth intervino – Rach – decía la peque con gran cariño – no estás castigada, ¿por qué pides brócoli, si puedes pedir otra cosa? – preguntó con su cabecita de lado y entrecerrando sus ojitos de una manera muy rica.

- Awww bebé – dijo ella muy feliz – ok, pediré otra cosa entonces – soltó para concederle eso a su bebé.

Y entre comida y comida, Rachel les contó su idea a ambas y Judy quién tenía un pedazo de carne en la boca, se atragantó, Rachel se paró ayudándole a expulsar ese pedazo cómo si fuera un proyectil haciendo que Beth haga una carita muy impresionada y pida – yo quiero, yo quiero – muy emocionada de querer hacer lo mismo que su abuela.

Ambas adultas tuvieron que explicarle que eso no se hace, que fue un accidente y después de unas cuantas explicaciones, Beth entendió.

- ¿Así que, qué están pensando? – les preguntó a ambas – deseo pasar el resto de mi vida con el amor de sus vidas, qué es el mío también, y les estoy pidiendo su permiso y bendición para seguir adelante – añadió todavía un tanto nerviosa

Pufff ¿Cómo si existiera la posibilidad de que ambas digan que no?

Inaudito

Beth es la que habló primero – ya eres mi mami Rachel

- Sí mi amor, lo soy – respondió orgullosa y muy feliz

- ¿Y necesitas un papel para saberlo? – le preguntó listilla la bebé. Eso hizo a Judy reír por lo ingeniosa de su nieta. Rachel se echó a reír también por lo innegable de su lógica.

- Mi amor – dijo Rachel cogiendo ambas manitas de su bebé - ya eres mi bebé, y lo serás por siempre – Beth asintió, ella era la bebé y Rachel su mami – y quiero pasar el resto de mi vida siéndolo – Beth asintió, así tenía que ser – y hacer a Quinn mi esposa – Beth asintió otra vez, eso sonaba bien – y pasar el resto de nuestras vidas juntas para siempre. ¿Eso te parece bien, me das tu permiso? – le preguntó un poco emotiva, mismo que compartía Judy.

- Sí mami, para siempre – dijo la peque y Judy a la par asintió un poco llorosa.

- Yeahhh – festejaba Rachel, levantándose y abrazando a cada una, y luego las tres.

En un momento emotivo que sólo acrecentaba más y más. Ellas le habían dado su permiso, eso era enorme. Muy importante.

- ¿Y cuándo se la vas a pedir? – le preguntó Judy

- Tiene que ser esta noche – determinó Rachel mirando a la peque y Judy entendió, tenía que ser esa noche. Ya que su nieta no guardaba ningún secreto con su mami y jamás lo haría, así tenía que ser.

- Esta noche te quedas con la abuela, mi amor – dijo Judy mirando a su nieta y ella festejó, siempre le había gustado quedarse con la abuela, usualmente se juntaba con sus otros abuelos que la engreían mucho, y la amaban más. A ella le encantaba.

La pedida de mano…

Rachel llegó al departamento que compartía con su novia esperándola para pedírselo ahí, justo dónde le había pedido ser su novia, en su cuarto.

Quinn llegó poco tiempo después cargada con libros y maldiciendo en murmullos, cosa que sorprendió a Rachel.

- ¿Amor qué sucede? – le preguntó muy curiosa

- ¿Beth? – preguntó ella.

- Con tu madre amor, ya un buen hace, que ambas se extrañaban – contestó con uan gran sonrisa.

- Ah Ok entonces - soltó ella con una exhalación de alivio que inicialmente Rachel no entendió, pero qué luego sí, cuando Quinn le contó el día qué había tenido y cómo su compañero auto competitivo le había fastidiado mucho al querer entregar e interpretar su obra, cómo la suya con muchos ademanes incluidos – el nervio Rachel, el nervio ¡ - medio gritaba ella.

- Tranquila amor – le pedía ella

- No puedo, no puedo, este pendejo me hace, hacer mucho hígado – decía enojada mientras caminaba de un lado a otro – y ahora el profe está dudando que sea mía y tengo que escribir otra totalmente diferente en una noche cómo trabajo final. ¿cómo carajo puedo hacerlo en una noche? – soltó la pregunta al aire y sin esperar respuesta dejó la sala y se fue al cuarto a cambiarse cerrando la puerta un poco fuerte detrás de ella, dejando a Rachel en medio de la sala parada.

- Ok – se dijo a sí misma, las sorpresas que había preparado para la pedida, se fueron al tacho. Quinn necesitaba hacer su trabajo y necesitaba ayuda urgente.

- ¿Amor? – preguntó Quinn desde el cuarto

- ¿Sí mi amor? – respondió ella

- Hay muchas rosas rojas en el cuarto – preguntó con sonrisas en su voz.

- Sí mi amor, para ti – dijo Rachel obviando decirle "era la primera parte para la pedida de mano.

- Y bueno ¿entonces? – se preguntó Rachel – la sorpresa se modifica – se respondió - Primero lo primero – se dijo en voz alta – ayudar a su bebé a hacer la tarea.

Ante la falta de ideas de Quinn y la demasiada presión en escribir toda una obra para mañana, Rachel le propuso el porque no, escribir su propia historia, la de cómo se hallaron ellas en el amor, había sido interesante después de todo.

Quinn se rió un poco, de esa manera adorable que hace suspirar a Rachel y amarla más, pero luego lo pensó un pelín y estuvo de acuerdo.

- Tú escribe y me lo pasas a mi correo y yo lo reviso por si falta algo de las comas o la autocorrección se equivoca – le propuso Rachel y ella aceptó.

Y así ambas, después de comer muy poco debido a la misma premura del tiempo, Quinn se puso a escribir en su laptop en su cuarto y Rachel apoyada en la cabecera junto a ella, se puso a editar todo lo que escribía su bebé.

Así, se pasaron prácticamente toda la noche, pero finalmente lo lograron a las 7am, ambas exhaustas y agotadas completamente, lo lograron.

Rachel imprimió todo el trabajo de su bebé, observándola de lado, ella, tendida en la cama intentando dormir, aunque sea cinco minutos.

Después de un desayuno muy escueto también, ambas salieron del departamento, Rachel decidida a acompañar a su amor a la universidad y de ahí, ya lo iba planeando en su mente, "el cómo proponérselo y que sea de lo más romántico"

Idea que fue interrumpida por un borracho manejando un taxi.

Quinn salía del edificio primera, caminando presurosa dispuesta a coger cualquier taxi que se apareciera sin importar el costo, dispuesta a resolver de una vez por todas, el predicamento en la que le había puesto ese pendejo, quién también tenía que hacer toda una obra nueva o mejor dicho hacer una y no copiar la de Quinn.

Tanta era su prisa que no se dio cuenta que un taxi se había subido a la acera e iba muy rápido en dirección hacia ella.

Quinn no se dio cuenta, pero Rachel sí, quién iba atrás de Quinn, a dos metros de ella, se dio cuenta de todo.

Y corriendo hacia ella, la empujó con toda la fuerza que tuvo para quitarla del medio y que ese infeliz no la llegue ni a tocar un cabello.

Y así lo hizo, pero no pudo esquivarla ella, quién saltó para no quedar debajo del taxi, pero sin evitar poder volar por encima de él debido a la fuerza del impacto.

Dos sonidos definitivos se escucharon segundos después; el impacto de Rachel con el concreto y el grito aterrado de Quinn.

Todo se ralentizó por unos segundos, Quinn corrió hacia ella, y Rachel la veía moviéndose preocupada y hablándole, pero no entendía lo que decía. Lo que nadie decía, ya que se había juntado una pequeña multitud acerca de ella, pero ella no escuchaba nada, no entendían lo que decía o porque su amor tenía lágrimas en los ojos y se veía muy preocupada.

Ella no sentía nada roto, más siempre podía equivocarse – tengo una pregunta – le dijo a Quinn – mientras ella lloraba y le pedía que se calme – tengo una pregunta – repetía Rachel, otra y otra vez, hasta que todo se puso negro.

Rachel fue llevada al hospital dónde trabajaba su papá, quién llevó un susto de muerte al verla así.

Todos los estudios determinaron que Rachel estaba muy magullada, y sin nada roto, para alegría de todos, pero muy magullada, por el mismo golpe, así cómo moretones para probar el mismo accidente.

Quinn y su papá habían llamado a amigos y familia, todos en la sala de emergencias que al oír que ella estaría bien, se les había levantado un gran peso de encima, y sin embargo igual o más querían verlo para comprobarlo.

- Rachel no deja de llamarte – le dijo Leroy permitiéndole entrar a la par que cargaba a una ansiosa Beth que también quería entrar a ver a su mamá y por más esfuerzos que hacían la Tía Tana y los abuelos, no podían calmarla.

- Sólo un momento mi amor, de ahí entras ¿ok?, mamá está bien – le prometió y preguntó Quinn a su nena que asintió calmándose un poquito, sólo hasta que llegara a ver a su mamá.

- Tengo una pregunta – seguía susurrando su amor, tendida en la cama de enfermería.

- Bebé, mi amor – le dijo Quinn muy emocionada por que Rachel estuviera bien y mirándola, muy emotiva también.

- Tengo una pregunta - Volvía a decir ella.

- ¿Cuál es mi amor? – le preguntó creyendo que debía de ser importante, ya que Rachel no paraba de preguntarlo, acariciando con las dos manos su carita.

- ¿Te casas conmigo? – le pidió Rachel tratando de buscar el anillo – mierda, perdí el anillo – dijo con un muy adorable pucherito, muy rico.

- Awww bebé – se derritió Quinn sin creer lo maravilloso de este ser delante suyo, observando muchos moretones en su piel, todo magullado y muy preocupada por preguntarle el gran sueño para ambas, no se lo podía creer, el abundante amor en este cuerpecito tan pequeño – te amo demasiado cómo para decir que sí, sí quiero pasar el resto de mi vida contigo – respondió tomando con ambas manos la carita de su amor.

Ambas muy emocionadas, muy emotivas, besándose suavecito debito a todos los golpes de Rachel incluso en su carita, ambas celebrando su amor, ambas muy felices por iniciar otra faceta juntas y de ahí a la eternidad.

Beth entró después de cinco minutos, Quinn la ayudo a subir a la cama, a acurrucarse con su Rachel. Y a contarle la muy buena noticia.

Serían familia hasta la eternidad, incluso después de ella.

Y así tenía que ser, las tres juntas, Rachel magullada, pero aún así, las tres juntas y desde ahí la continuación de su vida juntas y hacia la eternidad.

Poco tiempo después se identificó al taxista borracho y lo llevaron a la policía.

Quinn entregó su obra tardía, al siguiente día, incapaz de separarse de su Rachel en su permanencia en el hospital.

Ella le contó lo ocurrido y gracias a la misma obra entregada por el pendejo, el profe se dio cuenta del plagio hacia Quinn, pidiéndole perdón por haber dudado de ella en primer lugar, él disfruto luego de ambas obras.

Tiempo después, él la ayudaría a publicarlas, al ser tan fantásticas.

Así fue cómo Quinn inició su vida cómo escritora, gracias a la compañía e insistencia de su Rachel a escribir, a continuar y a defender su punto. Y sobre todo las muchísimas gracias por su amor compartido.