Capítulo 21: Amor a las alturas de Capadocia
Después de esa noche Yuuri se dispuso a escribir un correo a su mejor amigo, y estaba dispuesto a contarle como se sentía al haber estado con Viktor haciendo travesuras. El japonés sólo quería sacar todo aquello que tenía en el pecho producto de ese encuentro intenso.
«Hola Phichit.
Te escribo para contarte unos detalles, también porque quiero que a mi regreso a Sapporo tengas varias cosas preparadas, ya mismo te envío en una lista.
Por lo demás, con referencia a mis vacaciones, quiero decirte que he tenido mi primera noche magnífica junto a Viktor. Él es muy ardiente amigo, pero aún estamos en esa fase de conquista y de conocer nuestros cuerpos, así que todavía no hemos tenido relaciones, pero quiero que sepas a partir de ahora de todos los momentos importantes de mi vida, siento que sus roces y todo lo que hace por mí vivirán en mi piel y en mi corazón cada día que pasa, así es, Phichit y yo estoy seguro que Viktor no se irá de mi lado pase lo que pase, porque al fin y al cabo tengo la medicina adecuada para su herida más profunda dentro de su corazón.
Bueno, ya cuando regrese te contaré más detalles.
Con cariño:
Yuuri».
Y así los pensamientos de Yuuri fueron bien plasmados de forma clara y precisa, dado que le tenía mucho aprecio a su amigo y no podía dejarlo sin al menos algo de información.
Phichit recibió el correo, de hecho estaba revisando sus redes sociales en la comodidad de las piernas de su amado y lindo novio Alan. Apenas abrió el correo y lo leyó, le mostró a Alan la gran noticia.
—Esto tenemos que celebrarlo también—dijo Alan dándole un beso a su chico con culo de hámster—. Pronto serán uno, amor, además a todo esto me sorprende que tu amigo haya avanzado bastante con Viktor, eso quiere decir que tal vez Yuuri es la persona indicada para mi querido amigo platinado.
—¿Acaso Viktor era tan terco así que no le hacía caso a nadie? —Phichit lo abrazó y terminó de refutarle—. No Alan, no creas que tal vez es la persona indicada porque yo estoy seguro de que es la persona indicada. Después de todo lo que pasó con Viktor en el pasado y con la soledad de Yuuri, ellos se merecen ser felices.
—Sí lo era, y es como dices, Viktor no siempre fue así, fueron las circunstancias las que volvieron a Viktor como era antes de conocer a Yuuri, pero bueno, ahora toca esperar y confiar en ellos —aseguró Alan dejando ver a Phichit que no había nada por lo cual preocuparse.
Alan acarició los cabellos de Phichit y luego de otro beso se quedaron dormidos.
Yuuri dejó el teléfono de lado y vio la manera en que su ángel dormía. Sin duda que el japonés necesita mantener la fe luego de haberse robado a Viktor del mundo y de las cámaras, necesita confiar en sí mismo, pero Yuuri estaba muy seguro de sí mismo y de lo que quería porque Viktor poco a poco le ha ayudado a recuperar esa confianza.
Y así fue como la sangre caliente del japonés hervía más y más a medida que se iba preparando de forma mental y física para entregarle su amor y confianza a Viktor durante las siguientes noches en Turquía. De hecho, es lo que Yuuri ha venido haciendo durante esos meses en su desespero por conquistar su corazón para que Viktor no se vaya de su lado.
Pasó una semana luego de esa noche ardiente y única, las noches que le siguieron fueron parecidas en donde ambos fueron consolidando más sus lazos de amor.
Todo pasó rápido y no fue en vano, claro que no lo fue, porque el juego de amor repleto de caricias entre ambos ya había empezado arrojando buenos resultados durante ese viaje.
Ahora a Yuuri le resultaba más fácil abrirse a Viktor y ya no era como antes dado que ahora tenía menos miedo gracias a todas las atenciones del ruso.
Había mucha más confianza, aquella que Viktor le fue devolviendo con el tiempo y sus acciones.
—Viktor, ¿cómo sigue tu pierna? —Preguntó Yuuri mirando de reojo la misma.
—Mejor, anoche tuve ese dolor leve como vistes, pero como siempre tus manos hicieron magia y me curaron —Yuuri estaba preocupado al oír eso porque el dolor estaba volviendo—. Lo que no entiendo por qué el dolor vuelve, ¿será que estoy haciendo algo mal?
—Viktor: Este tratamiento lleva meses y puede durar hasta tres años seguidos dependiendo de tu lesión —Viktor abrió los ojos sorprendido, notando algo preocupado por el semblante de Yuuri—. Por eso, debes estar en Sapporo y terminarlo bien para que luego no sea más difícil, esto es no es cuestión de quedarte un año, luego te vas y vienes, pero vuelves a esquiar y vuelves y empeoras el músculo y todo se resiente, por eso debes cuidarte mucho y recuperarte primero.
Yuuri se ponía un poco nervioso cuando tenía que hablarle de quedarse más tiempo, después de estar tiempo juntos esos meses —siendo el novio de Viktor— todavía sentía ese miedo y esa inseguridad de que Viktor lo dejara y se volviera a ir. Es duro cuando tienes nacionalidades distintas, uno de los dos debe sacrificarse para poder quedarse en el país del otro, dejando atrás su vida, su familia y demás. Yuuri tenía a su familia viva en Sapporo, contrario a Viktor.
Viktor besó y acarició una de las mejillas de Yuuri siendo correspondido con la misma intensidad. Ahora Yuuri era su nueva familia y por eso Viktor estaba muchísimo más feliz que antes, el solo poder quedarse con Yuuri después de todo lo que pasó en su vida era un milagro que estaba esperando desde hace mucho. Además Viktor sabía que no tenía la edad y Yuuri era mucho más joven. Lo cierto es que Yuuri tenía razón, Viktor al menos quería volver a esquiar una vez más o un par de veces, pero ya no sería para competir, pero claro todo eso lo iba lograr con la ayuda de Yuuri.
Sapporo es perfecto para quedarse a vivir junto al amor de su vida.
—Está bien amor, ya no te preocupes por eso, es más cuando lleguemos a Sapporo prometo sentarme en una mesa a hablar contigo, ¿te parece? —Yuuri sonríe más tranquilo al oírlo y lo abraza, eso era lo que hacían las parejas—. Amor, cuando volvamos vamos a tomar chocolate caliente y malvaviscos juntos, y así entonces seguiremos con mi terapia, yo sé que no podemos dejarla a medias y por eso me tomaría toda la vida a tu lado si es necesario.
Si hay algo que Viktor realmente odiaba, era sentir cualquier tipo de dolor, sobre todo físico.
Yuuri se mordió los labios de solo imaginárselo. Viktor era todo un romántico cuando se trataba de buscar una excusa para darle más regalos o estar a su lado y eso le encantaba al japonés, quien ya se estaba acostumbrando a él. Yuuri también era todo amor y había pensado en algo similar, o tal vez en lo que habló su amigo de un baile privado y erótico para Viktor.
—Me gusta la idea mi amor —Yuuri besó los labios de Viktor con suavidad—. Yo también tengo algo para ti. Apenas lleguemos no solo comeremos malvaviscos con chocolate caliente y veremos competencias de esquí por televisión. Ya sabes que el frío empieza a entrar y podemos pasar la noche juntos bajo una mantita caliente haciendo travesuras o ya sabes usando esos...
Viktor se emocionó al oírlo y le robó otro beso, beso que a Yuuri le hizo sentirse travieso de nuevo, dado que eso es lo que el platinado provocaba en él con cada sorpresa. Nada hacía más feliz al ruso que ver el rostro de Yuuri lleno de una luz y una sonrisa poderosa, una sonrisa celestial que había sido provocada por Viktor.
—¿Dilatadores? Los usaremos cuando te sientas listo —Viktor sonrió de forma suave y marcada intentando que Yuuri no se sintiera incómodo por hablar de esos temas—. Y por lo demás claro que sí dulzura, así también mientras estamos arrulladitos, así de rico, incluso hasta podemos ponernos a ver televisión y te puedo ir explicando sobre el esquí —sugirió el ruso.
Para Viktor, el mejor remedio para el dolor es continuar presenciando los dulces suspiros de Yuuri desde otra perspectiva, en donde sus añiles ojos disfrutarían de zarpar a los cielos y vivir una experiencia inolvidable junto al hombre que le robó el corazón.
—Yo me siento listo para ese paso Viktor, así que, cuando lleguemos quiero primero empezar a probar bocado —Yuuri le mordió suavemente el labio inferior al ruso—, ¿también es buena idea que me enseñes cómo esquiar en invierno?
Viktor estaba contento de que Yuuri por fin estuviese dispuesto a ir más allá de lo esperado, ya que habían pasado varios meses.
—Sí amor, es una buena idea, también enseñarte a esquiar —aunque aquello le iba a traer añoranza dado que quería al menos volver a esquiar ese invierno—. Yuuri: Si te digo algo, ¿no te molestas?
—Mejor me lo dices allá arriba que estaré de mucho mejor humor viendo las nubes junto a ti —Yuuri lo abrazo.
Para Yuuri su mejor remedio a la seguridad y confianza eran esas emociones que Viktor le demostraba con sus abrazos, con sus besos, con cada regalo y cada palabra que no rompería porque el mismo ruso era un hombre leal y de palabra.
Sin duda que Viktor hacía sentir que Yuuri era imparable, hermoso y más seguro de sus sentimientos. Además Yuuri siempre mantuvo muchas cualidades escondidas para proteger su corazón de gente mal intencionada, quizá por eso nunca pudo tener una relación con una persona. Experimentar no está mal, pero Yuuri era de los hombres que prefería esperar al amor de su vida, el cual para él era Viktor y estaba decidido a intentarlo.
Ambos no se resistieron más a profesar todo lo que se hacían sentir el uno del otro de forma abierta, tanto que sus pensamientos se llamaban con amor y locura, tanto que ambos iban sumergiéndose una vez más en un profundo y delirante beso del cual no querían despegarse jamás por ser tan delicioso y que sin embargo tuvieron que cortar luego de quedarse sin aire.
—Pero ahora mismo estamos aquí en Capadocia y vamos a disfrutar de este último día de viaje —El ruso se atrevió a tomar las manos de Yuuri para afirmarlo luego con un beso—. Viktor, esto un sueño hecho realidad, estar a tu lado y disfrutar de todo esto lejos de lo cotidiano. De verdad, jamás pensé que todos estos momentos de mi vida serían junto a alguien tan perfecto como tú, y mucho menos de golpe, pero cuando hablo de perfección, me refiero a todos esos detalles de ti que me vuelcan el alma de felicidad y me hacen amarte más cada día que pasa, me hace sentirme por primera vez libre de todo.
Viktor por fin podía oír esa seguridad salir de los labios de Yuuri después de todos esos días haciendo travesuras juntos en la cama, toda aquella confianza que se fue construyendo poco a poco desde el primer día en que se conocieron había ayudado a Yuuri a perder ese miedo y esa timidez a expresarse como es.
Y eso solo era indicador de que Yuuri estaba dejando de ser un novato en todos los sentidos para terminar de madurar ese lado que estaba ausente durante lo que va de su vida. A su lado, Viktor se sentía como un hombre joven.
En su último día en Turquía, Yuuri había llegado a contemplar un sinfín de emociones que jamás había sentido antes, aquellas emociones que solo podían ser producto de lo enamorado que estaba de Viktor y de que se sentía listo para pelear y darlo todo.
Para Viktor —quien estaba perdidamente enamorado también— Yuuri era como ese otoño que había arribado en sus corazones, coloreando su amor en tonos pasteles como el violeta y azul simbolizando sus sentimientos en una sola sintonía de amor mutuo y leal.
Tanto Yuuri como Viktor —a pesar de que el otoño los abraza con fuerza para llevarlos de vuelta a casa juntos— permitieron que el verano siguiera ardiendo dentro de sus almas, sobre todo ante esos ojos color fuego de Yuuri que estaban vislumbrados como los de un niño al ver semejante belleza en ese hermoso atardecer.
—Increíble —murmuró Yuuri alucinando al ver como la gente iba encendiendo los globos aerostáticos de diversos colores—, como está atardeciendo ya están empezando a prender los globos de las 19:00 horas, vamos a decirle al señor que encienda el nuestro.
Viktor emocionado lo abrazó desde detrás observando esos miles de globos que soltarían ese día y a la gente a su alrededor emocionada y llena de sentimientos increíbles, pero lo mejor es que Yuuri no tenía nada que envidiar en las demás parejas que estaban alrededor porque tenía al hombre más bueno del mundo a su lado.
—Sí, amor, eso veo y son realmente hermosos, pero venga vamos a pedir que enciendan el nuestro mi Yuuri —afirmó Viktor para luego ir donde el señor que estaba haciendo el trabajo.
Viktor sabía que iba a ser un hermoso final de día junto a Yuuri y no puede estar más feliz por el hecho de ser el único ser que estaría a su lado recibiendo todo el amor de Yuuri.
El señor al recibir la orden del ruso empezó a encender el globo de ellos.
El globo de ambos tórtolos era hermoso porque estaba intercalado en color azul y violeta, el color favorito de cada uno, para Yuuri su color azul representaba todo lo que era su carrera, la paz interior que estaba en sintonía con el mundo, para Yuuri era importante para el feng shui y de cada cosa dentro de un orden, incluso hasta para el amor, y dichos sentimientos se comparten a través del tiempo de forma recíproca.
Al terminar de poner todo en orden dentro del globo, Viktor supo que todo estaba listo para ser abordado por ambos.
—Ya está todo listo —el hombre revisó que no hubiese nada raro ni nada que fuese a provocar algún accidente aéreo—. Todo en orden, espero que disfruten su viaje.
—Gracias —dijo Yuuri, quien miró a Viktor, entrando como pájaro cantarin al globo.
—¿Cuánto le debemos por todo esto? —Preguntó Viktor quién revisó sus bolsillos y sacó una tarjeta platinium.
—Bueno, un buen globo personalizado para dos personas y demás, como unos dos mil euros —dijo el viejo turco.
Viktor le sorprendió el precio, pero nada que no estuviera a su alcance, el ruso tenía bastante dinero y podía gastarlo como quisiera. Así que hizo la transacción con el viejo.
—Buena suerte con su novio, recuerden que tienen paracaídas si algo se descompone, pero esperemos que todo salga bien —el tipo se retiró y le dio las instrucciones para seguir y aterrizar de forma segura.
Una vez dentro del globo Yuuri frunció el ceño.
—¿Amor, no te salió muy caro? —Yuuri había oído toda la conversación.
—¿Te preocupa? Pierde cuidado mi vida, lo hago con amor y no es malo, es un viaje y un momento inolvidable, además, nadie dijo que sería barato tampoco.
—Lo sé, amor, estos momentos no tienen precio alguno, mejor disfrutemos ésto juntos, estará bien.
Viktor se sintió que Yuuri no le regañara por el gasto del dinero, se ocupó de inmediato y con ayuda del señor empezó a hacer que el globo se fuese elevando poco a poco.
Yuuri sonrió en silencio y por una vez en su jodida vida prefirió no discutir por lo caro de todo. Lo que hizo fue ayudar a Viktor mientras iban hablando y sintiendo la brisa del viento más fuerte mientras subían.
Una vez zarparon al cielo en donde un montón de nubes pintadas los había estado esperando a ambos, se detuvieron a descansar y controlar el globo para dejarlo estable. Viktor le dijo que él se ocupaba. De modo que Yuuri le cedió el mando a Viktor.
Yuuri contemplaba el hermoso atardecer como un niño con los ojos brillosos y el corazón bromeando sangre debido a la adrenalina que sentía al estar tan arriba de ese hermoso cielo junto al amor de su vida.
Viktor fijó el rumbo y descansó un poco mirando la belleza del paisaje ante sus ojos, quedando totalmente asombrado. En ese momento Yuuri se había convertido en el retrato perfecto, aquel que Viktor no dudó en capturar con la cámara del celular cuando estaba desprevenido y subirlo a su Instagram, revelando la identidad de su nuevo amor con el hastag #YuuMyLove.
—Yuuri te ves perfecto y hermoso hoy.
Yuuri al oírlo lo miró y sonrió para Viktor una vez más, y lo haría tantas veces como pudiera.
—¿Lo dices en serio? —Yuuri quería asegurarse de que así fuese.
—Sí, bebé, estás como las estrellas del cielo en este atardecer, brillando con fuerza y tanta luz aún cuando el sol no se ha escondido del todo —y aquello fue suficiente para provocar un rubor en las mejillas de Yuuri mientras lo miraba fijamente—. Yuuri: Si eres ese ser hermoso quien mantendrá las estrellas en su lugar, entonces podrás sujetar mi corazón cambiando el tiempo y espacio dentro de mi alma con una nueva historia, nuestra historia.
—Viktor... —Yuuri se le aguaron los ojos de la emoción, tanto que se presionó el pecho.
—Yuuri: Cada día me convenzo de que quiero que lo nuestro sea un para siempre, que sea para toda la eternidad si así fuese posible, al menos para nuestras necesitadas almas. Gracias mi amor, gracias por llegar a mi vida en un momento tan solitario y duro.
Yuuri no quiso decir más y se abalanzó sobre Viktor, abrazándolo con fuerza, queriendo quedarse así con Viktor, sintiendo su calidez, entrar por los poros de su cuerpo, sentir su amor, su aroma, su pecho latir disparado por ese amor desbordante, una vida amena que tanto pidió en el pasado, en el silencio de su corazón y que ahora se le había concedido gracias a la llegada de Viktor a su vida.
—Viktor, no me cansaré de decírtelo, pero te amo con todas mis fuerzas, te necesito en mi vida, por favor, quédate para siempre conmigo y no te vayas. Necesito el calor de tus brazos y el placer de tus labios, te necesito entero para mí, solo para mí.
El cuerpo de Viktor se erizó y abrazó con mucha más ternura a Yuuri. Estaba perdidamente enamorado, tanto que no dudaba en quedarse, ya no. Viktor sentía que su estabilidad emocional la había encontrado esos meses junto a Yuuri.
—Yo también te amo mi Yuuri lindo —dijo el ruso con toda seguridad—. Te amo tanto que mi camino hacia ti fue trazado con la tinta de un escritor divino, un escritor que le puso alma y corazón a nuestros deseos, a nuestros besos y este amor. Yuuri: Yo me quedaré a tu lado.
Yuuri se abrazó de su cuello y pudo observar lo alto que estaban y los demás globos viajando.
Un final sumamente hermoso en las nubes viendo el cielo junto a Viktor, dejando que sus sueños volaran juntos entre esa bruma que por fin estaba siendo despejada, dejando que el atardecer los abrazara por completo pintando el inicio de otoño con un rojo perfecto para el amor de ellos dos.
Era ese el color de las estaciones que hacía perfecto ese sueño, ese rojo tan intenso como el color con el cual sus sentimientos vibraban en una frecuencia con el universo.
—Yuuri... lo que te quería decir es que necesito volver una vez más a esquiar, pero no en una competencia. No quería que te enfadaras conmigo.
—No me voy a enfadar, Viktor, ya tenía mis sospechas que ibas a querer volver y yo estoy aquí para ayudarte en ese proceso, pero debes seguir mis indicaciones.
Ambos sonrieron y se abrazaron de nuevo. Viktor no pudo sentirse más aliviado de que Yuuri era el ser más hermoso y comprensivo del mundo.
—Eres el mejor novio del mundo, Yuuri.
—Y tú también, Vitya.
Y así terminó la tarde en Capadocia. Abrazados pensando en su futuro y en lo que harían al regresar a Sapporo.
—Viktor...
—Dime Yuuri.
—Ya no quiero ser virgen —un leve rubor se apoderó de las mejillas de Yuuri, sintiendo mucha vergüenza—. Cuando volvamos, prepara todo lo que puedas.
Las mejillas del ruso también se incendiaron en un fuego color rojo por la petición oficial de Yuuri.
—Está bien amor, prometo que seré cuidadoso al hacerlo.
—Y confío plenamente en ti, Vitya.
Canción para el capítulo
Skylar Gray - Everything I Need
