Luna Lovegood — Duende.

Don't worry. You are just as in love as I am.


Las acampadas de verano son tradición en la familia Scamander-Lovegood. Las afueras de Londres es siempre el lugar predilecto.

Con Rolf presente en pensamiento y en recuerdos fotográficos, Lysander, Lorcan y Luna disfrutan del aire libre, del calor de la fogata, de contar cuantos sobre mil historias hasta quedar dormidos.

Pero ese año son solo los tres.

Ginny, ya sin anillo que la catalogó por unos años como una Potter, ha viajado junto con su hija menor, Lily.

Los tres menores han caído ya en los suaves y tiernos brazos de Morfeo y descansan en el interior de las tiendas. Afuera, envueltas en una misma manta, Ginny y Luna se dan calor la una a la otra, pese a que la fogata puede durar unas cuatro horas más.

Han hablado de hipogrifos, de quidditch, del clima y de las estrellas. Han reído, han llorado. Sus manos se rozan de forma inocente y sus corazones palpitan al ritmo del miedo y de la emoción.

Luego el silencio. Luna se quita uno de los tantos collares que cuelga sobre su cuello; su dije es el de un duende.

Lo coloca sobre la mano de Ginny, muestra de cariño y de aquel vago recuerdo en Hogwarts cuando la pelirroja le regaló un collar con un hada. Aquel vago recuerdo cerca de las cocinas, cuando se miraron y unieron sus labios como dos imanes que ya llevaban mucho tiempo separados.

Esta vez no fue muy diferente.

Juntas, en una tienda, se dijeron todo mediante besos, caricias, jadeos y orgasmos que solo ellas podían escuchar. Se amaron pese a que ese día, años atrás, prometieron no volver a hacerlo o hablar al respecto.

Pero cuando el amor es cabeza dura, siempre se sale con la suya.