Llegó la preciada noche al bosque Japonés, las aves se sentían tan tranquilas como siempre, la luna brillaba muchísimo y el aire era tan congelador como acostumbraba.
Sin embargo, al velo de todas las personas acostadas, una bella doncella se ponía una caperuza en la cabeza, estaba dispuesta a abandonarlo todo, para recuperar aquello que ansiaba.
Tomó del pecho de su esposo aquel collar, imposible de abrir, este contenía la llave de la caja sagrada que capturaba a Niké en su interior. La única manera de poseerlo es a disposición única del herrero divino, cuestión que obviamente sería negada…
Sin embargo, su poder sería incapaz de ser tomado por alguien si ella robaba aquella joya. No lo pensó dos veces, cogió el objeto y cautelosamente partió a las afueras del lugar. Bajó las pequeñas escaleras pensando en aquella cabaña en la que cuidó a su amado Seiya cuando se encontraba inválido.
Volteó y apreció su belleza, rústica, antigua… Una lágrima corrió por su mejilla, deseaba morir, deseaba dejar de ser víctima de un destino tan deplorable.
_ Perdóname Hefesto, sé que no te mereces esto, has sido tan comprensivo… Eric, lamento no ser la madre que pudiste tener y Helén… Amigo, encuentra tu rumbo, te deseo lo mejor.
Sólo pudo caminar dos pasos casi inaudibles ante el alrededor hasta que alguien la jaló del brazo.
_ No… te vayas…
Esa voz le trajo calma.
_ Helén…
_ Yo… - se sonrojó el muchacho. – Si abandonas a mi mejor amigo, nunca te perdonaré.
_ Tendré que vivir con ese peso.
_ Atenea, ¿no temes que te delate ahora mismo?
_ No. – miró al cielo. - ¿Sabes que me recuerdas a la luna? – él se detuvo a escucharla sintiéndose confundido. – Es tan bella, brilla por sí misma, serena, leal a tu paso, nunca ha de abandonarte aun así… Es tan solitaria.
Aquellas palabras habían golpeado en la conciencia del guerrero, que deseaba que ella no tuviera razón.
_ Hefesto es como el sol: Poderoso, cálido, carismático, apasionado, dan ganas de seguirlo. Sin embargo, puede hacerte morir de sed.
_ ¿Sed?
_ Porque sólo dan ganas de estar bajo su sombra, su lecho voraz y abrasador. Todas estas personas… - volteó a mirar la cabaña. – Lo aman profundamente y son incapaces de traicionarlo o pensar en sí mismos primero. Yo… no sé si eso es realmente creer en tus propios principios.
_ Sin embargo, él te ha priorizado ante todos nosotros y su amor por ti es tan ciego como la voluntad que nosotros poseemos por su ley.
_ Por esto, yo no soy merecedora de tal pasión, Helén. Soy una asesina que está destinada a proteger este planeta y un hombre que desee que yo siga su sombra quemante no es lo que anhelo. Soy la Diosa de la sabiduría y las artes de batalla, yo pertenezco a Grecia y a mis valientes caballeros que esperan por mí.
_ ¿Y qué hay de Eric, vas a dejarlo?, apenas es un niño
_ Yo no soy su madre, así como Hefesto tampoco es su padre, él podrá superar esta situación.
_ ¿Y nuestro Dios, no crees que irá a buscarte?
_ Lo esperaré, con toda mi armada, Helén, se va a desatar un nuevo rumbo del cual no sé si he de arrepentirme, pero, quiero que entiendas que las cosas deben suceder de esta manera.
_ ¡No! – apretó su brazo. – Va a correr mucha sangre en vano, Saori, ¡piensa razonablemente!
_ Hefesto no me dará mi poder. – lo miró fijamente a lo que él relajó su posición. – Lo sabes perfectamente.
_ Teme a tu traición.
_ Pues le daré aquello que tanto teme.
_ Atenea. – se arrodilló. – Por favor, haz que esto valga la penumbra que se aproxima.
_ Lo haré, Helén. Los esperaré con lo mejor de mí.
No podía irse sin dar una parada en la pequeña casa en la que se hospedó Seiya y Seika. Saori fue y se sentó unos instantes en la cama de su caballero.
_ Seiya…
Temía que él no pudiese mirarla a los ojos nuevamente, es como si ella hubiera traicionado a todos. Definitivamente había perdido la confianza y el respeto de sus leales servidores, sin embargo se los ganaría.
Saori sabía que las cosas serían diferentes, que no podía continuar con sentimentalismos y harta piedad ante las pérdidas. Sus batallas no podían continuar siendo peleas, debía planearlas seriamente haciéndole justicia a su nombre. Su liderazgo debía sentirse pleno para todos, un ideal que seguir, unos pasos que admirar…
Ella no podía seguir de brazos cruzados mirando a todos desfallecer, Atenea, la de antes siempre estuvo delante de su armada, para bien o para mal. Cruda y fría, esa era la mujer recordada por la guerra y el arte de batalla; cuya fortaleza era implacable ante los castigos o ataques del enemigo.
Miles habrían muerto, habrían intentado hacerle mil cosas para vencerla como chantajes emocionales o rehenes, pero ella nunca sucumbió. Así es como era la ganadora de cada guerra, de cada enemigo.
Aunque no recordase sus vidas pasadas, sabía perfectamente que no eran buenas memorias, quizá recuperarlas la sacasen de dudas, aun así… temía a la verdad, a saber qué tipo de persona era y darse cuenta…
… que de conocerse tal como era nunca sería capaz de cumplir con las expectativas de los demás…
… que aquella imagen dulce que poseían sus caballeros y principalmente su amado, se vería destruida en segundos…
Tras unos instantes de reflexión, decidió pararse y retomar su camino. Para llegar a un lugar donde sabría alguien correría peligro. El viento era tan fuerte que podía escucharse y sus pasos aun así resonaban en toda la calle.
_ Señorita, hermosa, ¿qué hace en la calle tan sola a estas horas?
_ Anda, vamos a jugar.
Ella cerró los ojos fastidiada, realmente la estaban provocando. Sin embargo, no podía defenderse. ¿Así se sentía tener la debilidad de una humana?
#siempredigna
Continuó caminando haciendo como si ellos no existiesen
Pero la tomaron bruscamente de los brazos, a lo que ella correspondió con un puñete, poseía mucha fuerza ahora que estuvo en el entrenamiento con su esposo.
_ Parece que no puedo resguardar la compostura en momentos como estos.
_ ¡Esta mujer está loca!
_ ¡Ahora vas a ver! – se acercó un hombre con un cuchillo.
Este corrió a velocidad a lo que ella le metió un cabe y lanzó un codazo. Después le pateó las bolas al de atrás y pisó su cabeza cuando se cayó de dolor al suelo. Al ver a los delincuentes tirados, empezó a palmotear sus manos una con otra para botar el polvo.
_ Algunos hombres sí deberían ser exterminados.
Sin embargo, su confianza no la hizo percatarse de aquel que se acercaba detrás de ella con el mismo cuchillo. Cuando Saori se percató de la sombra amenazadora que la luz del poste alumbraba se volteó inmediatamente a defenderse, no obstante en ese momento un ataque de luz azul transparente tiró al hombre al suelo dejándolo inconsciente.
_ ¿Quién eres tú? – se volteó desconfiada.
_ La estuve buscando, Diosa Atenea.
_ Vaya… - sonrió al verlo. – Ha pasado mucho tiempo, cuando te conocí eras un pequeño niño.
Se acercó a él y le estiró la mano.
_ Gracias por salvarme, Makoto de Pez Dorado.
Ambos fueron juntos hacia la mansión Kido, antiguo hogar de la doncella que estuvo en peligro. Ella estaba incierta de contarle toda la situación a Tatsumi, el que fue un padre para ella.
_ Al final siempre le ocasiono problemas… - pensó.
El joven caballero al verla volteando para irse, decidió tocar el timbre del lugar a lo que Saori lo miró sorprendida de tal audacia.
_ ¿Quién es…? Son las 3 am
_ Soy Saori. – contestó por el intercomunicador.
Inmediatamente le abrieron el portón y caminó por los extensos jardines del lugar, sentía el aire tal como la primera vez.
*Flashback*
_ Seiya, ven aquí y actúa como caballo. – Estaba la niña con su palo para azotar parada imponente.
_ ¿¡Qué es lo que quieres!? – se paró el niño que había sido arrojado en el aire por el mayordomo.
_ ¡Tienes que obedecerme, ¿no sabes cuál es tu situación aquí?!
_ ¡Ya te dije que no quiero jugar!
Saori corrió hacia él y golpeó su rostro con furia.
_ ¡Saliste del Orfanato gracias a mi abuelo! Tienes que ser esclavo de los Kido, ¡no te atrevas a responderme así! No permitiré que vuelvas a responderme, ¿entiendes, Seiya?
Él la miró con mucho odio, algo que ella no pudo tolerar.
_ ¿¡Qué haces, qué significa esa mirada!? ¡Contéstame! – tiró otro golpe pero fue detenido por él.
*fin flashback*
Se arrepentía totalmente de sus actos egoístas de aquel entonces, de niña mimada y un asco de persona. Los años consiguientes a los que ellos se fueron, Saori pensaba en cómo redimir sus pecados con aquellos inocentes niños. En el momento en que Seiya llegaba, no sabía cómo observarlo a la cara o qué decirle. Así que sólo actuó fríamente como siempre.
*flashback*
Era la mansión Kido, cuando Seiya regresó a Japón después de haber obtenido la armadura de Pegaso.
_ ¡Seiya, cuánto me alegro de verte, por favor deja esa armadura pesada y descansa un poco antes del combate de mañana!
*fin flashback*
Cruda, realmente mala. No podía ser una persona menos sentimental en aquel momento al haber dicho aquellas palabras al pobre joven.
¿Seiya, cómo estás? ¿Qué ha sido todo este tiempo? ¿Cómo fue tu estadía? ¿Has gozado de buena salud?
Seiya perdóname, realmente perdóname, ¿por qué no había podido decir esas palabras?
Él deseaba a su hermana, cosa que ella y su abuelo le quitó por defenderla.
_ Mi vida arruinó muchas vidas, ¿no es así, abuelo? Aun así, quiero creer que ha valido la pena defender este mundo, aunque me hubiese gustado que sea de otra manera.
_ ¡Señorita Saori, lamento la espera, ¿ha sucedido algo con el Dios Hefesto?! – después se percató del niño. - ¿Y este joven?
_ Es mi salvador, Tatsumi. Su nombre es Makoto, vivió en el orfanato de la fundación y ahora es un caballero de bronce.
_ Oh vaya, un gusto.
_ Lamento irrumpirte a estas horas, te he causado muchos problemas incontables veces a pesar de que eres mi segundo padre y mi cuidador.
_ ¡Señora, pero qué cosas dice, es un gusto servirla!
_ Tatsumi, por favor, te pido que te vayas un tiempo de esta mansión.
_ ¿Ah? – preguntó sorprendido.
_ Acompáñame a Grecia, se va a desencadenar una guerra con mi marido posiblemente y temo que corras peligro.
_ ¡Pero él sería incapaz de hacerme algo o tomarme de rehén!
_ Me malentiendes. – suspiró sonriendo amarga. – Yo confío en él, sin embargo temo de sus guerreros que ciegamente harían algo así.
_ Está bien, sus deseos son órdenes, mi lady, haré lo que sea que me pida.
_ Tatsumi, algo más. – le dijo antes de que se vaya. – Por favor, contáctame a unas personas, te lo pido.
El sol impregnó por la ventana y las aves cantaban amenas y felices. Aquello despertó al Dios Herrero quien abrió sus ojos casi verdes en busca de su compañera, se los sobó un poco por el cansancio y lanzó un pequeño bostezo.
_ ¿Atenea? – se sorprendió un poco al no encontrarla a su lado.
Se paró y buscó en el baño, mas estaba vacío. Divagó por cada habitación de sus guerreros, despertándolos a todos quienes estaban extrañados ante tal comportamiento.
Una inseguridad empezó a fastidiar al joven Dios quien estaba ansioso hasta sentirse desesperado.
_ Helén, ¿has visto a Atenea?
_ No, mi Dios.
_ ¿Habrá tomado un paseo?
Mandó a Bía, a Cratos y a Aquiles a buscar por la zona; mientras se planteaba qué pudo haber pasado.
_ Padre. – se acercó el pequeño Eric hacia él por lo que este lo hizo sentarse en su regazo y le acarició la cabeza. – Tengo algo que decirte.
El caballero de Martillo se sorprendió y se puso tenso ante tal comentario.
_ Madre se ha ido a su santuario, nos ha abandonado.
El aspecto frío del niño y los ojos desbordantes de sorpresa, frustración y furia del Dios asustaron a los presentes.
_ ¿Qué dices?
_ Ayer la vi irse con sus cosas.
El Dios soltó al niño y corrió a la habitación, revisó todo cajón por cajón y después agarró su pecho. El collar no estaba, eso era lo que lo sacó de dudas.
Corrió hacia afuera de la cabaña, los tres que habían ido en su búsqueda volvieron al instante y todos estaban molestos ante la traición de la Diosa.
_ Mi señor. – se acercó Aquiles. - ¿Desea que tomemos cartas en el asunto?
_ No… - suspiró para él mismo.
Se agarró la cabeza, sus ojos brillaban como el fuego nuevamente, estaba perdiendo parte de la cordura.
_ ¡Hefesto, cálmate! – lo agarró de los hombros Helén. – Mírame, mírame…
El Dios lo miró y se tranquilizó un poco a lo que colocó su mano en el hombro de su fiel amigo.
_ Voy a recuperar a mi esposa a como dé lugar. ¡Herreros del fuego! – gritó llamándolos. - ¡Vamos a tomar el santuario de Atenea!
