Me quedo en silencio mirando mi flamante coche nuevo. Cogiéndome de la mano, él me lleva por el camino de entrada hasta esa nueva adquisición.

Ejem. ¿Qué habíamos dicho sobre el tema del contacto físico? Se mira, pero no se toca.

—Urtica, no puedes vivir en Seattle sin un coche —repite su argumento clave.

Él me mira, pero, de momento, yo no soy capaz de mirarlo. Contemplo en silencio el coche, tan asombrosamente nuevo y de un rojo tan luminoso.

—Se lo comenté a tu padrastro. Le pareció una idea genial —me susurra.

Me vuelvo y ahora sí lo miro, boquiabierta.

—¿Le mencionaste esto a Fray? ¿Y te dijo que era una buena idea?

Qué cabrón.

—Es un regalo, Urtica. ¿Por qué no me das las gracias y ya está?

Me tapo la cara con una mano. Suspiro.

—Te agradezco la intención y todo eso… —digo con precaución y le miro por entre los dedos—. Pero no tengo carnet de conducir.

Sus ojos se abren más de lo que parece sano y natural en un ser humano.

—¡¿Qué?!

—¡Gano yo! ¡Ja! —le grito al tiempo que me pongo en pie de un salto y le señalo con un dedo.

Hago un pequeño bailecito de la victoria mientras él mira ceñudo las cartas. Le he enseñado a jugar a Buitre con mi baraja española. Siendo, como es, su primera vez con estos palos, su desconocimiento y mi dislexia se han disputado muy fuerte el último puesto en cuanto a velocidad. Ha sido una batalla justa.

—Muy bien —claudica—. ¿Cuál es tu pregunta?

Vuelvo a sentarme de rodillas sobre el suelo, con la mesa de centro entre ambos.

—Mmm… ¿Por qué no te gusta que te toquen?

—Porque estoy muy jodido, Urtica. Tengo muchas más sombras que luces. Cincuenta sombras más.

Ah. Una respuesta muy poética.

—Tuve una introducción a la vida muy dura. No quiero aburrirte con los detalles. No lo hagas y ya está.

Recoge las cartas y comienza a barajarlas como si fuera un croupier.

Hay que joderse.

—No me lo puedo creer —me indigno señalándole con un dedo—. ¡¿Me has dejado ganar?!

—Señorita Dioica, no es usted solo una cara bonita —se regodea con una sonrisa de suficiencia.

Ya sé que habíamos dicho que nada de zurrar, pero tengo como ganas muy fácilmente explicables de darte un puñetazo en toda la jeta.

—¿Tienes algo que decirme? —me dice en tono serio.

Lo miro ceñuda.

Supongo que no puedo decirle lo que realmente estoy pensando. Seguro que hasta le gusta. Ugh.

—Nada. Solo es que tengo sueño —Estiro los brazos—. He tenido pesadillas esta noche.

—¿Ah, sí? —Alza las cejas—. ¿Qué soñabas?

Mierda. Tema equivocado de conversación.

—No es importante —intento desviar su atención—. ¿No te tienes que ir ya?

Me mira en silencio todavía un momento más antes de dejar las cartas sobre la mesa y ponerse en pie.

¡Se va!

—¿Te vas a llevar el coche? —le pregunto con voz esperanzada, los dedos cruzados a mi espalda.

—Por el momento lo dejaré aquí —mastica y me mira muy serio—. Mandaré a alguien a buscarlo y lo llevarán a tu nueva casa. Ya hablaremos de cómo vamos a solucionar tu problema cuando te hayas instalado.

Parpadeo.

—¿Mi problema? ¿Qué problema?

Se hace otro silencio mientras él sigue mirándome ceñudo.

Un momento, ¿cómo que lo llevarás a mi nueva casa? Yo no te he dicho dónde voy a mudarme.

Levanto un dedo indignado para apuntarle.

—¡Me has investigado! ¡Otra vez!

Ya que sabes dónde voy a vivir, podrías decírmelo. Para estar en la misma página y eso.

Él opta por ignorarme, como es su costumbre.

—Tu problema con no saber conducir, Urtica. —Se recoloca la ropa, pensativo—. Quizá debería utilizar una parte de nuestro tiempo para enseñarte.

—¿Tú, enseñarme? —Todavía tengo el dedo levantado.

—Por supuesto. —Me sonríe con la boca llena de dientes—. Podría ser divertido.

—No sé si tenemos el mismo concepto de lo que es divertido —mascullo.

Aunque, sacarse el carnet es como la leche de caro, igual no es del todo mala idea aprovecharme un poco más de él, ya que estamos.

—En fin —Se pasa una mano por el pelo—, de cualquiera de las maneras, ahora tengo que irme. Taylor me está esperando abajo. Te veo el domingo. Tendré listo el contrato revisado y entonces podremos empezar a jugar de verdad.

—¿A jugar?

Me cruzo de brazos.

Y lo de hoy ¿qué era, entonces? ¿Un simulacro de incendios?

—Claro, quiero llevarte a algún sitio interesante —aclara—. Pero no lo haré hasta que no hayas firmado.

Interesante. Traducción: caro.

—Ah. ¿O sea que podría alargar esto si no firmo?

Me mira pensativo, luego se dibuja una sonrisa en sus labios.

—Supongo que sí, pero igual reviento de la tensión.

—¿Reventar? ¿Cómo?

Asiente despacio y sonríe, los dientes comenzando a afilársele otra vez.

—La cosa podría ponerse muy fea.

Pobre cosa. Tú sí que eres feo.

—¿Cómo… fea?

Dios mío, me he convertido en el interlocutor perfecto de este pequeño Sócrates, mi archienemigo.

—Ah, ya sabes, explosiones, persecuciones en coche, secuestro, cárcel…

Muchas pelis has visto tú.

—¿Me vas a secuestrar?

—Desde luego —afirma sonriendo.

—¿A retenerme en contra de mi voluntad?

Que alguien me corrija si me equivoco, pero yo diría que uno no debería hacer este tipo de afirmaciones con una sonrisa. Sobre todo alguien que realmente sería capaz de hacerlo.

—Por supuesto. —Asiente con la cabeza—. Y luego viene el IPA 24/7.

—¿Hipo-qué?

—IPA. Intercambio de Poder Absoluto, las veinticuatro horas.

Le brillan los ojos.

Ya hemos quedado en que eso no forma parte del trato, colega.

—Así que no tienes elección —me dice con aire burlón.

—Claro —digo sin poder evitar el sarcasmo mientras alzo la vista a las alturas—. ¿Tú no tenías que irte?

—Sí —concluye echando un vistazo al reloj—. Me marcho ya.

—Te acompaño.

Kate aún no está en casa. Aún debe de andar cenando con sus padres y su hermano. Le llevo hasta la puerta y cierro a su espalda sin demasiadas ceremonias.

Por fin a solas.

Me dejo caer a plomo sobre el sofá y me tapo la cara con un brazo.

Entonces se abre la puerta y aparece mi compañera, sonriéndome.

Esto me pasa por gafe.

Kate me mira un momento y luego repara en las tazas que siguen sobre la mesa. Vuelve a mirarme a la cara. Ahora ya no sonríe.

—¿Qué ha pasado? —me pregunta mientras viene hasta mí—. ¿Te ha vuelto a disgustar ese capullo indecentemente rico?

—¿Eh?… —Parpadeo.

¿Tan mala cara tengo? Joder.

—No… es que… —Me lo pienso.

Pero no está aquí ahora para defenderse.

—Eh… Sí. —Pongo cara de circunstancias—. Es un capullo.

—Mándalo a paseo, Ortiga. Desde que lo conociste, estás muy trastornada. Nunca te había visto así.

Vaya, pues sí que cambia de opinión rápido esta muchacha. Menos mal que no se lo ha presentado a mi padrastro hace unas horas como «mi novio», que si no…

—Siéntate, vamos a hablar. Nos tomamos un vino. Ah, ya has bebido champán. —Examina la botella—. Del bueno, además.

Sonrío sin ganas y me incorporo sobre el sofá.

Yo preferiría irme a dormir, pero supongo que no va a ser tan sencillo. Maldita sea, no me he parado a evaluar lo suficiente los puntos débiles de mi mentirijilla.

Kate vuelve al salón con una botella de vino tinto y las tazas lavadas.

—Venga.

Me ofrece una taza de vino.

Iugh. Vino.

—Ortiga, si es el típico capullo que pasa de comprometerse, mándalo a paseo. Aunque la verdad es que no entiendo por qué tendría que suceder. En el entoldado no te quitaba los ojos de encima, te vigilaba como un halcón. Yo diría que estaba completamente embobado, pero igual tiene una forma curiosa de demostrarlo.

Pues, insisto, podrías haber cambiado de opinión sobre él antes de presentarlo formalmente como mi novio. Gracias.

—Es complicado, Kate.

Hay un contrato de por medio.

—¿Qué tal tu noche? —pregunto.

Basta con una pregunta sobre su día para que se olvide del tema y empiece a parlotear sobre su vida. La gran noticia es que Ethiot igual se viene a vivir con nosotras cuando vuelvan de vacaciones. Yo frunzo el ceño.

Otro compañero de piso. De verdad que tres son multitud. Me pregunto qué opinará Christian al respecto, si ya parecía hacerle poca gracia el mero hecho de que estos dos estuviesen saliendo juntos. Bah, que se joda.

Kate me da un abrazo y coge el teléfono para llamar a Ethian. ¿Ellian? ¿Ellion? No lo tengo claro.

¿Quién es entonces el que se viene a vivir con nosotras?

Después de lavarme los dientes, echo un vistazo al ordenador. Tengo un correo.

De: Christian Grey

Fecha: 26 de mayo de 2011 23:14

Para: Urtica Dioica

Asunto: Descapotable

Querida señorita Dioica:

Taylor recogerá su coche el viernes y lo llevará hasta su nuevo apartamento en Seattle. El domingo le daré las llaves y comenzaremos las lecciones.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

Pongo los ojos en blanco antes de proceder a redactar mi respuesta.

De: Urtica Dioica

Fecha: 26 de mayo de 2011 23:20

Para: Christian Grey

Asunto: Descapotable

¡Señor! ¡Sí, señor!

O.

Le doy a «Enviar».

De: Christian Grey

Fecha: 26 de mayo de 2011 23:26

Para: Urtica Dioica

Asunto: Gratamente sorprendido

Veo que no todo está perdido con usted, señorita Dioica. Debería mostrarse así de obediente más a menudo.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

De: Urtica Dioica

Fecha: 26 de mayo de 2011 23:40

Para: Christian Grey

Asunto: No te flipes

O.

De: Christian Grey

Fecha: 26 de mayo de 2011 23:44

Para: Urtica Dioica

Asunto: ¡Cuidado!

Querida señorita Dioica:

Doy por sentado que es el champán lo que le hace hablar así, y que el día ha sido muy largo. Aunque me siento tentado de volver allí y asegurarme de que no se siente en una semana.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

Me quedo mirando a la pantalla.

—¿Asegurarte de qué, dices?

Lo que me faltaba por leer.

De: Urtica Dioica

Fecha: 26 de mayo de 2011 23:57

Para: Christian Grey

Asunto: Cuidado, tú

Querido señor Grey:

Ya le he dicho que no se flipe, no lo volveré a repetir. Me veo en la obligación de recordarle que el único contacto físico que tiene permitido hacia mi persona son golpecitos en la espalda en caso de atragantamiento.

En serio, ¿a qué viene esta obsesión con zurrar a la gente?

O.

De: Christian Grey

Fecha: 27 de mayo de 2011 00:03

Para: Urtica Dioica

Asunto: Cuidado, tú

¿De verdad quieres saberlo?

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

Este tipo tiene problemas serios para diferenciar las preguntas retóricas de las que no lo son.

Medito un momento mi respuesta.

Tampoco es que me vaya la vida en ello, pero igual me da alguna pista sobre cómo evitar que el tema siga recurriendo.

—Venga, va.

De: Urtica Dioica

Fecha: 27 de mayo de 2011 00:09

Para: Christian Grey

Asunto: Cuidado, tú

Dispara.

O.

De: Christian Grey

Fecha: 27 de mayo de 2011 00:13

Para: Urtica Dioica

Asunto: Cuidado, tú

Me gusta el control que me proporciona, Urtica. Quiero que mis sumisas se comporten de una forma concreta y, si no lo hacen, las castigo, y así aprenden a comportarse como quiero. Disfruto castigándolas y disfrutaría mucho castigándote a ti. He querido darte unos azotes desde que me preguntaste si era gay.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

Maravilloso. Disfruta zurrando peña. Eso no es creepy ni nada.

De: Urtica Dioica

Fecha: 27 de mayo de 2011 00:15

Para: Christian Grey

Asunto: Cuidado, tú

Así que el asunto va de poder y control sobre la otra persona, muy en tu línea, he de decir. Pero eso no responde a por qué te gusta hacer daño a otra gente. ¿Por qué pegar? ¿Eres un sádico? ¿No te han dicho nunca que el condicionamiento positivo es mucho más efectivo que el negativo?

O.

De: Christian Grey

Fecha: 27 de mayo de 2011 00:17

Para: Urtica Dioica

Asunto: Cuidado, tú

Soy un Amo. Y así soy yo, Urtica. Necesito controlarte. Me gustaría que te comportases de una forma concreta, y si no lo haces… Me encantaría ver cómo se sonroja y se calienta tu hermosa piel blanca bajo mis manos. Sólo de pensarlo me excita. Pero el dolor no es la razón principal. Es el hecho de que fueras mía y pudiera hacer contigo lo que quisiera: control absoluto de otra persona. Eso me pone. Muchísimo, Urtica.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

—Wow, wow. Para el carro, amigo.

Qué manía con personalizar.

De: Urtica Dioica

Fecha: 27 de mayo de 2011 00:20

Para: Christian Grey

Asunto: AMARILLO

Por el bien de ambos y en aras de mantener una convivencia saludable, te aconsejo que te vayas quitando esas ideas de la cabeza. Andarlo repitiendo solo conseguirá que te pongas más pesado al respecto y te recuerdo que NADA DE ESO VA A SUCEDER.

O.

De: Christian Grey

Fecha: 27 de mayo de 2011 00:21

Para: Urtica Dioica

Asunto: AMARILLO

Usted me ha hecho una pregunta y yo la he respondido, señorita Dioica.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

De: Urtica Dioica

Fecha: 27 de mayo de 2011 00:23

Para: Christian Grey

Asunto: AMARILLO

Una pregunta teórica que usted ha decidido personalizar. Me remito a mis emails de las 23:57 y las 00:20.

O.

De: Christian Grey

Fecha: 27 de mayo de 2011 00:24

Para: Urtica Dioica

Asunto: AMARILLO

Soñar es gratis, Urtica. De todas formas, no sé si me estoy explicando muy bien. Nunca he tenido que hacerlo. No he meditado mucho todo esto. Siempre he estado con gente de mi estilo.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holdings, Inc.

—Te estás explicando de maravilla —mascullo—, descuida.

Me quedo mirando a la pantalla un momento.

Gente de su estilo. Dios mío, la pederasta asaltacunas, claro.

Comienza a temblarme el labio inferior.

El muy desgraciado ni siquiera sabe hacer la conexión entre toda la mierda que le hicieron de niño y esto.

Le doy a responder.

Pobre desgraciado. Y ¿qué le digo?

Acaricio el teclado con las yemas de los dedos.

¿Nunca te has parado a pensarlo? Ya tienes una edad.

Borro.

Se me ocurren un par de motivos. ¿Necesitas alguna pista?

Borro otra vez.

Con «siempre» ¿te refieres a «desde que» la pederasta asaltacunas abusara de ti cuando tenías 15 años?

Definitivamente borro.

Jodida lunática pederasta asaltacunas. ¿Cómo puede existir gente así de trastornada en el mundo?

Vuelvo a pasar las manos distraídamente sobre el teclado.

Dios mío

¿Y si…? ¿Y si la lunática asaltacunas se volvió una sadomaso asaltacunas precisamente porque algo así le pasó a ella cuando era niña? Fuck. No es descabellado. Estas mierdas tienden a reproducirse.

Antes de que me dé tiempo a reaccionar, los lagrimones ya me están cayendo descontroladamente por las mejillas. No me da para ver las letras, así que mando todo decoro a paseo y comienzo a llorar un río directamente sobre el portátil.

No sé cuánto tiempo ha pasado cuando los gritos de Kate me distraen de mis pensamientos sobre locas abusadoras de menores y sus hipotéticas infancias abusivas.

«¿Qué coño crees que haces aquí?».

«¡Vale, pues no puedes!».

«¿Qué coño le has hecho ahora?».

«Desde que te conoció, se pasa el día llorando».

«¡No puedes venir aquí!».

Christian irrumpe en mi dormitorio y, sin ceremonias, llega hasta mí y hace girar mi silla para verme la cara.

—Dios mío, Ortiga —susurra.

Se acuclilla frente a mí.

—¿Qué haces aquí? —pregunto espantada entre sollozos.

Mierda, no puedo parar de llorar.

Viene Kate y se queda en el umbral de la puerta.

—¿Quieres que eche a este gilipollas de aquí? —me dice irradiando una hostilidad termonuclear.

Christian la mira arqueando una ceja, sin duda asombrado por el halagador epíteto y su brutal antipatía. Medito mi respuesta un instante antes de acabar negando con la cabeza. Ella me pone los ojos en blanco.

—Dame una voz si me necesitas —me dice más serena—. Grey, estás en mi lista negra y te tengo vigilado —le susurra furiosa.

Él la mira extrañado, y ella da media vuelta y entorna la puerta, pero no la cierra.

Christian me mira con expresión grave, el rostro demacrado. Lleva la americana de raya diplomática y del bolsillo interior saca un pañuelo y me lo da.

—¿Qué pasa? —me pregunta en voz baja.

—¿A qué has venido? —le digo yo, ignorando su pregunta.

Mis lágrimas han cesado milagrosamente, pero sigo respirando a sollozos.

—Tu último email era preocupantemente críptico, así que he venido. Y te encuentro así. —Me mira extrañado—. Seguro que es culpa mía, pero no tengo ni idea de por qué.

¿Le he enviado un email?

Miro el ordenador y voy a mis correos enviados. Es cierto, hay correo mío de hoy a las 00:31.

De: Urtica Dioica

Fecha: 27 de mayo de 2011 00:31

Para: Christian Grey

Asunto: AMARILLO

Dios mío jdhkjjkhsd

..dsahjk.-mcsdfuh76e

Críptico es, sin duda, una manera de llamarlo.

—Debo de haberle dado a enviar sin querer —reflexiono.

—Cuéntame —susurra—. De haber sabido que estabas así, no me habría marchado.

Le miro. Lo ha dicho muy en serio.

Mierda. A ver ahora cómo me lo saco de encima.

—Estaba bien cuando te fuiste, no tiene nada que ver con eso.

—Si vas a llorar, llora delante de mí. Necesito saberlo.

No me ignores.

—¿Quieres que llore?

¡¿Quieres que llore?! ¡Pues agárrate!

—No en particular —contesta—. Solo quiero saber cómo te sientes. No quiero que te me escapes entre los dedos. ¿Puedo quedarme a dormir contigo? Es tarde y los dos tenemos que trabajar mañana.

Fuck.

—Eh… ¡KATE!

Christian Grey ha pasado la noche en su hotel y me siento descansada.

Kate es una compañera de piso estupenda cuando odia a la gente.

Sonrío y salgo despacio de la cama. Estoy más animada de lo que he estado en las últimas veinticuatro horas o así. Me doy una ducha, me visto y me dirijo a la cocina a por mi ración diaria de azúcar.

Después de desayunar, me preparo rápidamente para mi último día en Clayton's. Es el fin de una era: adiós a los señores Clayton, a la universidad, a Vancouver, a mi piso. Y hola al contrato que será mi llave para decir también adiós a esta historia.

Son las 07:52. Tengo tiempo, así que decido ir dando un paseo hasta la parada más alejada. Es una gozada poder disfrutar de un poco de aire fresco antes de tener que entrar en un autobús atestado en hora punta.

Hoy hay jaleo en la tienda, con lo que el tiempo pasa rápido. A la hora de comer, el señor Clayton me llama desde el almacén. Está al lado de un mensajero en moto.

—¿Señorita Dioica? —pregunta el mensajero.

Miro intrigada al señor Clayton, que se encoge de hombros, tan perplejo como lo estoy yo.

Oh. Mierda.

—No. No soy yo —niego rotundamente. Desestimo la idea con ambas manos—. Se equivoca de persona. Cien por cien.

Mi jefe y el mensajero se miran. Mi jefe tiene el ceño fruncido y cara de incomprensión. El mensajero vuelve a mirarme a mí. No parece convencido.

Mmm. Tendré que trabajar más mis negaciones de identidad.

—Ugh, está bien —claudico—. Deme lo que sea que ese loco me haya enviado ahora.

Firmo el albarán y cojo el paquetito. En cuanto tiene las manos libres, el mensajero pone preventivamente pies en polvorosa. Mi jefe también se marcha, supongo que prefiere no preguntar.

Rasgo el envoltorio marrón y saco la caja. Es una BlackBerry. Otra.

Me pregunto si Kate querrá un móvil nuevo.