Las especificaciones que van a ver a continuación sobre las competencias de patinaje y el GPF son algunas ciertas y otra no tanto. Quise hacerlo a mi modo, así que cambié algunas cositas, por ejemplo: los patinadores que tienen derecho a participar en el GPF es porque obtuvieron buen puntaje en competncias un año o meses antes (en la vida real). En el caso de Yurio,Yuuri y Viktor... pfff ya saben que no han patinado en ninigun campeonato ni nada por el estilo, así que me justificaré con el hecho de que esto es un "Fanfic" es ficción wuu! ahora sí, a leer se ha dicho.

Agape to Eros

By Tsuki No Hana

21

"Grand Prix Final 2018"

No habían salido siquiera de la terminal cuando sintieron una mirada furibunda posada en ambos. Yakov los miraba desde no muy lejos. Éste caminó a pasos agigantados hasta encontrarse frente a los recién llegados.

Les dio la regañada de su vida, primero: por irse tan pronto, en especial Yurio, quien estaba siendo entrenado y preparado para las próximas competencias; segundo: a Viktor por haberse ido, así como así, a pesar de sus recientes lesiones.

—No te enojes —le dio una palmada en la espalda sin borrar una sonrisa traviesa de sus labios en forma de corazón—. Por cierto, debes saber que volveré a patinar, participaré en este Grand Prix y necesito un entrenador —diciendo eso, palmeó su hombro y con su típica sonrisa pasó de largo, directo a la salida y dando por hecho que su querido ex-entrenador aceptaría.

Yakov se quedó de piedra, hasta que se giró y le gritó a todo pulmón, entre la muchedumbre del aeropuerto:

—¡Estás estúpido si crees que voy a dejarte patinar! —no lo iba a dejar practicar patinaje en esos momentos críticos de salud, además, tenía años de no participar como competidor, no desde que decidió jugar al entrenador con Yuuri.

Ya con la cabeza fría y con rica comida en frente, los tres se pusieron a charlar sobre los nuevos planes. Viktor logró convencer a Yakov para que fuera su entrenador, lo consiguió luego de explicarle que había estado rehabilitándose de sus lesiones con ayuda de Chris. En un principio el ex-coach de Viktor se enojó tanto por eso que lo mandó a ser pupilo de "Su nuevo entrenador".

—No te pongas celoso —rio—. No fue mi entrenador, simplemente me ayudó con... ciertas cosas —recordó, un poco avergonzado y divertido al mismo tiempo.

—Aun así, no voy a dejar que compitas ¡te vas a romper la cadera y todavía ni llegas a los treinta!

Viktor se puso muy serio, lo observó fijamente y con mucha seguridad afirmó:

—Conozco mis límites, no volveré a sobrepasarme con el entrenamiento. Además, modificaré las coreografías para que sean perfectas y no tan cansadas. ¿Qué dices? ¿Eh, eh, eh? —su seriedad se convirtió en una tierna insistencia infantil.

Mientras tanto, Yurio observaba todo con una extraña clama. Lo que ninguno de los dos sabía era que estaba concentrado comiendo y pensando en cuál podría ser su tema para ese año. Otabek ya tenía el suyo, pero él aún no, tampoco tenía preparadas las coreografías.

—Vamos Yakov. Mira que puedo irme con Chris y pedirle que sea mi entrenador, después de todo aún no tiene pupilo.

—¡Ja! —se cruzó de brazos—. Te conozco lo suficiente para saber lo vanidoso y orgulloso que eres. Jamás pedirías ser pupilo de alguien más joven que tú —rio un poco—. Aunque no me parece mala idea. Ese Chris se ve más maduro que tú, quizás le aprendas algo, anda, vete con él.

—No seas así —insistió, haciendo un tierno puchero al cual Yakov era inmune desde que el Viktor tenía no más de diez años y usaba esas artimañas para convencerlo.

—¿Por qué tan interesado en participar? Tus lesiones son recientes, debes reposarlas y rehabilitarte debidamente. No entiendo tu prisa.

—Yuuri Katsuki —murmuró Yurio una vez que volvió a prestar atención a lo que discutían. Pero no pudo decir más debido a la enorme patada que le dio el otro en la pierna por debajo de la mesa, claro, sin borrar su expresión "angelical".

—Hagamos esto —continuó Nikiforov, zanjando el tema de Yuuri—. Faltan cinco meses para que las competencias den inicio. La primera es el catorce de octubre, tengo tiempo suficiente para recuperarme, practicar y pulir mis coreografías, que, como ya te dije, están listas y sólo me falta modificarlas un poco para que no sean tan cansadas.

El aludido se cruzó de brazos y suspiró pesadamente, ajeno a que Yurio se sobaba la pierna adolorida.

—No.

—Por favor.

—Ya te dije que no.

—Por favor.

—¿Eres sordo?

—Por favor.

—Con un demonio ¡Ya cállate!

—Por favor.

—¡Ahh! Yakov, ya lo conoces, puede estar así todo el día. Dile ya que sí y que se rompa la cadera para que aprenda —masculló entre dientes, enojado todavía por la patada.

Viktor sonrió traviesamente y asintió repetidas veces con la cabeza, haciendo que su largo flequillo se moviera de manera chistosa. El mayor no lo iba a admitir, pero le alegraba ver a su pupilo tan entusiasmado, parecía el mismo de antes.

—Bah... está bien —aceptó en un suspiro—. Seré tu entrenador ¡Pero a la primera que me desobedezcas te olvidas de la competencia! ¡¿Entendido?!

—¡Gracias! —saltó a él y lo abrazó con un cariño empalagoso que el mayor no soportaba. Le dio repelús y se lo quitó de encima con cara de asco. Así era él, no le gustaban las muestras de afecto, menos en público. Sólo llegaba a hacerlo cuando alguno de sus pupilos rompía algún récord o ganaba el oro, solamente.

No pasó mucho tiempo para que la noticia de que la leyenda viviente volvía al hielo se esparciera. Todos los fans del patinaje se asombraron enormemente.

Viktor no le había dicho a nadie, pero poco después de haber salido del hospital se dedicó a hacer ejercicio a escondidas en su departamento. Era un ejercicio leve y necesario para sanar sus ligamentos y músculos. Poco después aceptó la ayuda de Chris, quien lo acompañaba a la pista de hielo durante las madrugadas, ahí practicaba todo lo que podía antes de que su amigo contara el tiempo y lo obligara a salir para que no se esforzara de más. También le ayudó con ciertos ejercicios buenos para la espalda y las caderas.

Esos ratos sobre el hielo (Su momento preferido) duraban muy poco, pues la mayor parte del tiempo se la pasaba calentando arduamente y haciendo estiramientos para no lastimarse al momento de patinar. Los saltos obviamente los tuvo que dejar de lado, se concentró meramente en recuperar su condición física y su elasticidad.

Eso fue con Chris, pero su entrenamiento con Yakov ahora era muy diferente al de siempre, pues lo obligaba a calentar demasiado, a correr varias vueltas alrededor de la pista antes de entrar al hielo, y si algo le dolía antes de terminar el calentamiento, lo mandaba de vuelta a casa, alegando que no pisaría el hielo hasta que sus lesiones dejaran de doler como consecuencia de un simple calentamiento.

Pasaron varios meses antes de que el ruso volviera a pisar el hielo como antes. Y fue hasta a mediados de julio cuando le permitieron hacer un salto cuádruple. No se había caído y estuvo feliz por ello toda una semana. Le quedaban pocos meses antes de que la primera competencia diera inicio, y sólo mes y medio para que hicieran las asignaciones. Se moría por saber si competiría contra Yuuri en alguno de los dos primeros encuentros, esperaba que sí.

Mientras tanto, se dedicó un tiempo especial para meditar las canciones que había elegido de acuerdo a su tema de ese año: Amor. Ninguna de las dos canciones lo hacían sentir algo ahora, buscaba algo diferente y se lo hizo saber a su coach, pero éste no le ayudó mucho que digamos, entonces buscó a su amigo Chris, quien en vez de irse a buscar pupilo se quedó cerca de él, ayudándole a recuperarse.

—¿Por qué ya no te gustan? Son buenas —inquirió con curiosidad luego de escuchar cada canción—. Además, las coreografías están hechas para estas canciones, no para otras.

Viktor sólo asintió con una sonrisa misteriosa en el rostro. Chris de inmediato palideció al comprender esa sonrisa.

—No...

—Oh sí.

—¿Vas a cambiar tus rutinas a último momento?

—Aún queda suficiente tiempo —rio un poco—. Además, sólo las modificaría un poco.

—Vaya —sonrió ampliamente, sorprendido. Ese era el Viktor que siempre admiró desde niño, tan impulsivo, e inesperado, siempre sorprendiendo a los que le rodeaban—. ¿Y ya tienes pensado qué canciones van a suplir a estas dos?

—A decir verdad... —se llevó una mano a la barbilla—... no, esperaba que tú me sugirieras algo.

El rubio casi se fue de espaldas.

—¡¿Es en serio?! —suspiró.

—¿De dónde sacas tus canciones?

—Oh, cierto —sonrió al recordarlo. De inmediato fue por su teléfono celular y buscó el sitio web—. Siempre las compro aquí.

—¿Qué es eso?

—Es un sitio donde compositores anónimos suben sus obras y las ponen en venta, son algo costosas, pero una vez que las compras ya nadie más tiene derecho sobre esas canciones, y bueno, he de suponer que realmente no afectará a tu bolsillo —se burló un poco.

—Se ve interesante —copió el enlace en su teléfono y se metió al sitio.

—Creo que estarás ocupado con eso por un rato ¿No prefieres ir a casa? Posterguemos el entrenamiento por hoy.

—Sí —asintió simplemente, sin dejar de escuchar una y otra canción del sitio, estaba concentrado, así que Chris tuvo que encargarse de apagar las luces y cerrar con llave el lugar. Sí, a pesar de que Yakov era el entrenador oficial de Viktor, el suizo seguía siendo su cómplice por las madrugadas. Ambos se iban a practicar un poco y a platicar también, como gente normal, a las tres de la mañana.

Cuando Viktor llegó a su departamento faltaban un par de horas para que amaneciera, pero eso no le impidió pasarse el resto de la noche en el sofá, con Makkachin sobre su regazo y el celular entre sus manos. No tardó mucho en encontrar una canción que le agradó bastante. No era un tema inédito del autor, pero le gustó mucho el cover y no dudó en comprarlo, decidió utilizarlo para su programa corto.

Iba a darse por vencido en la búsqueda de la segunda canción, cuando de pronto una hermosa melodía llegó a sus oídos luego de pulsar por accidente un video. Cerró los ojos y se permitió disfrutar de cada nota, de la melodía y la armonía que conformaban una canción simplemente sublime y hermosa. Le hizo sentir tantas cosas que inevitablemente un par de lágrimas rebeldes salieron de sus ojos. Había experimentado amor, nostalgia, anhelo, ansiedad y hasta un poco de desesperación cuando la canción llegó a su clímax, pero sobre todas las cosas había un amor inherente en cada nota. Fue imposible no enamorarse de ella. Abrió los ojos cuando terminó de escucharla y la volvió a reproducir, sólo que ahora mirando el video del chico que la interpretaba. No se veía nada más que sus manos, el piano y una pared al fondo, pero eso fue más que suficiente para que el corazón de Viktor palpitara desbocadamente.

No tuvo que esforzarse mucho mirando esas hermosas manos, las reconocería en donde fuera, eran las manos de Yuuri.

De inmediato entró al sitio web de ese compositor y se sorprendió al ver que no era la única canción, había al menos una decena más, pero todas de hace algún tiempo, la más reciente era esta, llamada "Grande Valse Brillante" pero no fue la única que cautivó su corazón, había también una canción que tenía fecha de creación de hace varios años, cuando Yuuri aún estaba en la universidad, esa en especial llamó su atención, era hermosa, intensa, profunda, pero no tenía un nombre concreto, estaba clasificada como "Ballade 1 Op. 23". Ahora entendía al japonés cuando decía que había mucho de él en cada canción, pues esa simplemente ¡Le hizo estallar los sentidos! Era sublime, y perfecta para ser la música de su programa libre.

Tuvo que hacerse una cuenta falsa para poder comprar todas las canciones de "YK_92" ¡Ja! Claro que era Yuuri, hasta su pseudónimo le daba la razón, pues eran sus iniciales y el año en que nació. Casi gritó como fangirl cuando pagó por todas las canciones y pudo descargarlas, más todavía cuando las escuchó y se conmovió como pocas veces en su vida. La música de Yuuri transmitía demasiados sentimientos.

Con emoción y sin sueño, se dedicó el resto de la noche a quemar las canciones en un CD, las guardó en varias carpetas, sacó copias de ellas y las guardó en muchos USB, no quería que se lo borraran en ningún momento, así que hizo un gran respaldo.

Cuando estuvo por salirse de la aplicación, se percató de que la primera canción de Yuuri que llamó su atención tenía un mensaje escrito, como una descripción. Se conmovió hasta niveles inimaginables cuando leyó esa descripción tan hermosa. "Grand Valse Brillante" era una canción que guardaría sólo para él, era la más reciente de Yuuri y le transmitía tantos sentimientos de él que no quería compartirlo con nadie más, era sólo de él.

Se había quedado en un shock increíble cuando Viktor y Yurio atravesaron las puertas de su casa, de regreso a Rusia.

Habían pasado ya meses de eso y él seguía en un estado muy similar al shock, no podía creer todavía que Viktor le propuso tal acuerdo. No había duda, tenía que ganar para que eso terminara de una vez por todas. Sí, tenía que hacerlo, pero había un pequeño inconveniente.

—¿Cómo vas a participar si no tienes entrenador?

—Ya lo sé, Yuko, ya lo sé —se limpió el sudor de la frente y procedió a quitarse los patines.

—¡Yuuri! ¡Mira! ¡Ya logré hacer el loop cuádruple! Y ya no me caigo, ¡Mira, mira!

El aludido miró por sobre su hombro hacia la pista y sonrió al ver a su pupilo logrando sus metas.

—Vaya, el pequeño Minami parece tener mayor resistencia que tú. Por cierto, ¿Desde cuándo te tutea así? ¿Ya no te dice "Yuuri-kun"? —se rio un poco.

Yuuri soltó una risilla, pues tenía razón en cuanto a la resistencia, tenía una condición envidiable, pero no estaba de acuerdo en lo de "pequeño" pues el joven lo rebasaba ya en estatura. Y sobre el nombre... Yuuri sólo se encogió de hombros y miró a su pupilo practicar, quizás eso cambió desde que aceptó ser su entrenador oficial.

—Felicidades —dijo con una sonrisa, eso fue más que suficiente para que el rubio se sintiera tan motivado que volvió a intentar el salto, saliéndole a la perfección nuevamente. Se quedó practicando un rato más mientras Yuuri se sentaba en las gradas con su querida amiga de la infancia. Ya le había platicado su situación, pero no le había dicho nada sobre la apuesta que tenía con Viktor, eso no se lo había dicho a nadie más que a Phichit, su gran amigo, quien tuvo que regresar a Detroit para seguir siendo entrenado por Celestino.

Estuvo tentado a pedirle al italiano que fuera de nuevo su entrenador, pero le dio mucha vergüenza, así que ahora, a sólo tres meses de la primera competencia, se encontraba como en un principio, sin entrenador.

—Bueno, pero al menos ya tienes tus rutinas listas ¿No?

Yuuri sonrió con un poco de nostalgia al recordar las canciones que eligió.

—Sí, ya tengo todo listo, sólo me falta practicar más y pues... un entrenador que corrija los errores que yo no veo —suspiró pesadamente mientras apoyaba los codos sobre sus rodillas y el mentón contra sus manos. Desde ahí podía ver perfectamente cómo Minami se esforzaba en mejorar y vaya que lo hacía.

—Después de que transmitan la entrevista que te hicieron ayer... —soltó una risilla traviesa—... no dudo que te lluevan ofertas de entrenadores.

—No lo había pensado.

—No deberías estar bebiendo —se sentó a su lado en el sofá y le quitó el pequeño vaso de vidrio. Viktor aguantó una risilla antes de que su amigo bebiera el contenido e hiciera una mueca de asombro—. ¿Jugo de manzana?

—Ya no bebo, recuérdalo —le quitó el vaso.

—Parecía whisky —refunfuñó, decepcionado.

—Hay una botella vieja en la alacena —se encogió de hombros, nunca había sido fan de esa bebida—. Es toda tuya.

El suizo se emocionó y salió en su búsqueda, pronto volvió con la botella y un vaso en mano para sentarse junto a su amigo en el sofá, viendo la televisión. Makkachin no tardó en unirse a ellos, sentándose sobre el regazo de ambos, pues era tan largo que podía recostar su cuerpo en Chris y su cabecita en su adorado amo, quien le brindaba caricias y mimos muy tiernos.

Eran pasadas de las nueve de la noche cuando los dos decidieron no asistir a sus entrenamientos clandestinos. ¿Por qué? Simple, Viktor aún tenía molestias y se estaba sobre esforzando, así que Christophe lo obligó a quedarse en casa y descansar. Ahora buscaban algo entretenido que ver en la televisión, pues ninguno tenía sueño.

—Debimos ir a entrenar —murmuró el ruso después de un rato, fastidiado y algo resentido con su amigo.

—¿En tu estado actual? —resopló—. Estás loco —observó cómo estaba recostado con los pies sobre la mesita del centro y varios cojines dándole soporte a su espalda baja, sin mencionar que se veía cansado y un poco ojeroso—. No has dormido bien, estoy seguro.

Viktor se quedó ensimismado, pensando en la causa de sus desvelos, esa causa tenía nombre y apellido: Yuuri Katsuki, pero no sólo era él, sino el hecho de que lo ofendió de una manera en la que nadie más lo había hecho antes.

Se despertaba en las noches, luego de tener pesadillas al recrear el momento una y otra vez. Era tonto y no se atrevía a decírselo a sus amigos por la vergüenza que le daba, pero de verdad intentaba entender el motivo por el cual Yuuri le hizo lo que le hizo en la cama. Pero no lo encontraba y eso le estaba afectando más de lo normal, incluso le tenía cierto enojo y resentimiento.

—No —respondió luego de un rato—. No he dormido bien —iba a decir más, pero su teléfono sonando con una llamada entrante lo sobresaltó un poco—. Hola.

Hola calvo ¿Van a ir esta noche a entrenar? Quiero ir con ustedes.

Sí, ella terminó enterándose de sus movidas clandestinas, prometió no decirle nada a Yakov siempre y cuando la mantuvieran al tanto del progreso de Viktor, ¿y por qué no?, también le gustaba acompañarlos algunas noches. Disfrutaba verlo patinar, le recordaba a esos días cuando ambos eran niños y recién comenzaban a desarrollar su gusto por el hielo.

—¿Vas a seguir llamándome así? —rodó los ojos, Irina se dio cuenta que no andaba de ánimos.

¿Todo bien? —inquirió con seriedad.

—Sí. Sobre el entrenamiento... no, no iremos, Christophe no me deja salir de mi propio departamento.

—Necesita descansar, pero es un necio —dijo Chris, suficientemente alto y cerca de la bocina para que la otra lo escuchara—. Irina ¿Por qué no vienes? Hay whiskey.

Oh, bajo enseguida.

Ni siquiera dejó que Viktor dijera algo más, pasaron cinco minutos y ya se encontraba entrando por la puerta. Desde el incidente que tuvo Viktor con el alcohol y el medicamento, tanto Irina como Chris tenían una copia de la llave del departamento. El ruso a veces se sentía sobreprotegido y un poco sofocado ante tanta atención. Él les juraba que eso jamás se repetiría, pero ellos insistían en cuidarlo. No se quejaba, era lindo ver el cariño que le tenían, pero a veces se sentía asfixiado con tanta preocupación ¿Así se habría sentido Yuuri luego del coma?

—Hola chicos —se sentó con confianza en el sofá más amplio frente a la televisión. Dejando a Viktor en medio de ambos—. ¡¿Qué estás tomando?! —le quitó el vaso con brusquedad—. ¡Chris, te dije que...!

—Es jugo de manzana —resopló, fastidiado. Si no le doliera la espalda ya se habría puesto de pie y estaría recluido en su cuarto.

—Oh... —miró el vaso de Chris—. ¿Y el whiskey que me prometiste? —sonrió cuando el suizo le extendió un trago—. Gracias —sonrió de oreja a oreja y se acomodó mejor sobre el sofá. Los tres miraban en silencio la televisión, hasta que el estómago de Chris resonó con fuerza.

—Lo siento, no he cenado —rio—. ¿Tienen hambre? Puedo preparar algo.

—¿Cocinas? —se asombró ella.

—Por supuesto —respondió, orgulloso.

—Deberías aprenderle algo —se burló, mirando a su ex esposo, quien sólo se cruzó de brazos y suspiró mientras veía ausentemente la televisión—. ¿Qué le pasa? —inquirió en voz baja, mirando a Chris.

—Está enojado, le duele la espalda y ya sabes cómo lo frustra eso.

La pelirroja se sintió un poco mal por él, seguramente no era nada sencillo. Buscó alguna manera de animarlo y no tardó en tener una buena idea, se la hizo saber a Chris y éste se convirtió en su cómplice. Así ambos se metieron a la cocina por un buen rato, Viktor no se dio cuenta ni siquiera de cuando salieron a comprar algunas cosas, él estaba metido en sus propios pensamientos, frustrado y enojado consigo mismo.

Viktor.

Mis dos programas estaban listos, la música, mi ropa, todo estaba preparado para las competencias, pero no mi cuerpo.

Necesitaba dar lo mejor de mí para que Yuuri se asombrara con lo que había logrado y que viera que podía volver a ser el Viktor Nikiforov que él tanto admiró en el pasado. No, le iba a demostrar que era mejor, le iba a demostrar que era mejor. Él volverá a ser mi fan después de que gane mi sexta medalla de oro.

Quería lograr tantas cosas, pero este maldito cuerpo no me respondía como debería ¿Acaso era así como se sentía Yuuri? Ahora lo entendía a la perfección. Había tratado de recuperar mi condición, pero me costaba mucho trabajo. Nunca fui de los que tienden a engordar, tampoco de los que adelgazan más de lo necesario. Siempre me consideré normal, hasta ahora. Me estaba costando mucho esfuerzo regresar a mi peso normal.

Salí de mis pensamientos cuando noté el silencio que reinaba en mi departamento, sólo el ruido de la televisión estaba presente, lo cual era raro considerando el hecho de que mis amigos estaban ahí ¿O no?

Opté por levantarme al no escuchar nada, pero mi espalda dolió y mis pies cansados y lacerados por tanto entrenamiento me reclamaron al instante. Terminé sentado de nuevo en el sofá, enojado e impotente por no lograr lo que quería. Me volví a acomodar con los cojines en mi espalda y solté un suspiro lleno de satisfacción cuando volví a subir mis pies enfundados en gruesos y felpudos calcetines sobre la mesa, casi pude escuchar la voz de mi madre reprendiéndome por hacer eso.

Sonreí.

Mi madre... cuánto la extrañaba.

Suspiré y me hundí más en el sofá, cansado y sin ganas de cerrar las cortinas que me mostraban una de las vistas más hermosas: las noches blancas de San Petersburgo, las amaba y al mismo tiempo las odiaba, pues había planeado pedirle matrimonio a Yuuri en una de esas noches soleadas, las más románticas del año. Afortunadamente estábamos a mediados de julio y quedaban sólo un par de noches así.

Un sobresalto me atacó cuando escuché la puerta principal abriéndose.

—¡¿Quién es?!

—Somos nosotros —Chris asomó la cabeza a la sala—. Te dijimos que saldríamos a comprar cosas para la cena —alzó una ceja y yo sólo me hundí más todavía en el sofá.

—Está bien —respondí e ignoré cualquier cosa que me hubiese dicho después.

Tomé el control remoto y cambié de canal mil veces, hasta que encontré uno interesante. No era fan de todos los deportes, pero justo ahora hablaban sobre la temporada de patinaje artístico sobre hielo.

Después de un rato, mi estómago gruñó con fuerza cuando percibí un aroma muy familiar y sumamente delicioso. ¿Qué estarían cocinando? Quise levantarme y averiguar, pero me hallaba tan cómodo en mi sitio que descarté la idea. Comencé a cabecear, dándome cuenta de que tenía más cansancio del que creí.

Me permití cerrar los ojos y dormitar un poco, tenía mucho de no sentir esas agradables ganas de dormir. No supe cuánto tiempo estuve así, hasta que sentí que unas pequeñas y muy cálidas manos se posaban sobre mis hombros, comenzando un masaje muy agradable. Logró despertarme, pero no abrí los ojos, me quedé disfrutando un poco más. Sentí sus manos descender hacia mi espalda, Dios, sus dedos hacían magia.

—Estás muy tenso —murmuró, entonces abrí los ojos y levanté mi rostro, mirando a Irina parada detrás del sofá, aún con sus manos en mi cuerpo.

—No te detengas —volví a acomodarme y ella prosiguió, ahora con mi cuello. Era tan relajante, justo lo que necesitaba. ¿Cuándo había sido la última vez que tuve contacto físico con alguien? Ya ni siquiera lo recordaba. Bueno, estaban las veces en que Chris tenía que masajear mis músculos acalambrados por el entrenamiento, pero eso no contaba, era incómodo y raro. Esto era diferente, podía sentir su cariño.

El masaje duró hasta que el delicioso aroma se hizo más intenso. Abrí los ojos sólo para encontrarme un enorme tazón en la mesita, frente a mí. Casi brinqué del sillón cuando reconocí el platillo.

—¿Katsudon?

—No es como el de la señora Hiroko, pero traté de que se le pareciera un poco —se encogió de hombros—. ¿Vas a comer? Más te vale que sí, me costó mucho prepararlo, Irina tuvo que ir a su departamento a traer ingredientes y...

No fue necesario que dijera más, yo ya me encontraba devorando el tazón de cerdo. Sentí el paraíso en mi boca cuando di el primer bocado. Era cierto, no era como el de Oka-san, pero sí que estaba rico. El sabor de ese platillo me trajo innumerables recuerdos que se agolparon con fuerza en mi mente, trayéndome momentos tan hermosos, una época de mi vida que extrañaba mucho. Cómo deseaba volver a esos días, lo deseaba con muchas fuerzas.

—Hey ¿Tan mal está? —se sentó frente a mí, sobre la mesita de la sala, pronto Irina se le unió, ambos me miraban, preocupados. Yo no entendía la expresión de sus rostros.

—Viktor ¿Qué sucede? —se inclinó un poco hacia mí y acarició mi húmeda mejilla.

¿Húmeda? ¿En qué momento comencé a llorar? Me llevé una mano al rostro y noté que estaba empapado, mis lágrimas no dejaban de salir mientras una agobiante presión hostigaba mi pecho.

—No... esto está delicioso —noté que me costaba hablar con claridad.

—Entonces ¿Por qué lloras? —se angustió, mirándome con sus enormes ojos azules.

Yo sólo negué con la cabeza y sonreí. No había manera de explicarles el cúmulo de emociones que desbordaron mi corazón al probar el katsudon. Era una extraña mezcla entre felicidad, nostalgia y tristeza. Ese platillo representaba la felicidad pura que logré alcanzar hace mucho tiempo, felicidad de la que ahora carecía.

Tardé un poco en convencer a mis amigos de que nada malo ocurría, simplemente les dije que la mezcla de sabores me traía recuerdos muy gratos. Les agradecí con todo el corazón lo que hacían por mí, pues podrían estar haciendo cualquier cosa en un viernes por la noche, en cambio, decidieron quedarse a mi lado, cuidándome y preocupándose por mi bienestar.

No hay duda, tenía buenos amigos que en verdad me querían.

Luego de mi pequeña crisis, nos volvimos a sentar todos juntos, y cuando creí que mis emociones al fin se equilibrarían, su perfecta imagen apareció en pantalla.

Yuuri Katsuki estaba siendo entrevistado de nuevo, ahora con preguntas menos personales y totalmente relacionadas al patinaje. El conductor le preguntó muchas cosas interesantes, como por ejemplo los nombres de las canciones que utilizaría, yo también quería saberlo, pero él se fue por la tangente, hizo lo mismo en casi todas las preguntas. La única que respondió con claridad fue la que le hizo al final.

—"¿Y qué dice tu entrenador de todo esto? Por cierto... ¿Quién es tu entrenador? ¿Viktor Nikiforov lo sigue siendo?"

—"Yo no tengo entrenador" —se rascó la nuca—. "Es algo que debo solucionar antes de las asignaciones" —rio con nerviosismo.

—"Pero ¡¿cómo es eso posible?!" —miró hacia la cámara—. Ya escucharon, Yuuri Katsuki necesita un entrenador —sonrió y pasó a otro tema.

Me perdí unos momentos, pensando en eso ¡¿No tenía entrenador?! ¿Por qué no volvió con Celestino?

Salí de mis pensamientos cuando escuché las exclamaciones escandalizadas de mis amigos. Cuando puse atención de nuevo en la televisión pude notar que era algo así como la hora de convivencia de los fans con el invitado al programa. Grande fue mi asombro al ver al gran tumulto de fans que esperaban por Yuuri, pero lo que me sacó de mis casillas fue ver que una fan enloquecida se le abalanzó encima y lo besó, sí, lo besó en los labios. ¡Esa maldita!

—Chris —mascullé entre dientes—. Te encontré un nuevo pupilo.

Narradora.

Llegó al lugar sin previo aviso. En un comienzo la idea le pareció demasiado descabellada, pero ahora no le resultaba nada mal, se le hacía incluso interesante y muy emocionante.

Todo ocurrió muy rápido. Sólo se paró frente a él y se autonombró su nuevo entrenador. Se había planteado seriamente hacerlo de la misma forma que Viktor: en las aguas termales, desnudo. Le hubiera encantado ver la reacción del pequeño cerdito, pero estaba seguro de que su amigo ruso lo colgaría de sus partes más sensibles si se enteraba de algo así.

En un principio Katsuki se vio renuente, se lo agradeció, pero se sintió incómodo al respecto. Y no era tonto, sabía que Viktor tenía algo que ver detrás de todo eso, incluso se lo hizo saber al suizo.

—¿Y qué si es así? Él se preocupó al ver que no tienes entrenador, no quiere que te pierdas este GPF sólo por eso, además, yo también te vi en televisión. Necesitas un entrenador y yo estoy disponible ¿Qué más quieres?

El japonés lo miró con desconfianza, pero terminó accediendo. A partir de ese día Chris se hospedó en el onsen, dormía en la habitación que antes ocupaba Viktor y disfrutaba de los mismos placeres que el ruso, bueno, casi; sólo le faltaba tener a su lado a Masumi, ¡cuánto lo extrañaba! Pensó que quizás se enojaría con él por pasar tantos meses con Viktor y ahora con Yuuri, pero su pareja era muy comprensible, aunque sí le aseguró un hecho inevitable: haría tiempo en su apretada agenda y entre sus viajes de negocios para ir con él y raptarlo unas horas. Eso lo excitaba sobremanera.

Muy pronto descubrió que su querido amigo entrenaba en secreto al chiquillo del que Viktor siempre estuvo celoso.

"Ve, entrénalo y permanece al tanto de todo lo que haga" le había dicho Viktor. En un principio lo tachó de lunático acosador, sin embargo, dejó de pensar en eso cuando le dijo algo más: "Pero sobre todo cuídalo mucho, no dejes que se esfuerce de más, regáñalo si es necesario, sé que a ti te escuchará"

Fue divertido, pues Viktor era idéntico a Yuuri, igual de irresponsable a la hora de entrenar.

Durante ese tiempo en casa de Yuuri logró conocer muchas facetas suyas, también entendió por qué Viktor se había enamorado tan fácil de alguien como él ¿Y cómo no? Era hermoso, decidido, valiente, sensible y sobre todo un patinador excepcional, sin mencionar que era muy sexy sin ropa (Sí, lo había visto en las aguas termales). Su resistencia era increíble, al igual que su dedicación al deporte. A excepción de su desobediencia, Yuuri Katsuki era el pupilo perfecto.

Se llevó una sorpresa al ver que Phichit Chulanont estuvo a su lado por varias semanas. Y no podía negar que en un principio se sintió culpable por ser como un agente doble, pues le mandaba información a Viktor sobre Yuuri y hacía lo mismo hacia el japonés, quien no se animaba a preguntarlo directamente, pero se notaba a leguas que se moría por preguntarle sobre Viktor, así que el suizo terminaba soltándole comentarios sobre el ruso sin que el otro se lo pidiera.

—Viktor tiene muy buenos programas preparados. Si quieres ganarle tendrás que hacer más que eso —le dijo durante un entrenamiento, cuando el japonés se hallaba frustrado por no clavar bien un salto.

—Él... —lo pensó unos segundos, recuperando el aire después de varios intentos de lograr un salto perfecto—... ¿Él ya tiene sus coreografías listas?

—Desde hace mucho.

—Imagino que son increíbles.

—No tienes idea.

—Chris —lo meditó unos segundos antes de preguntar con total seriedad—. ¿Él se encuentra bien? Me refiero a su salud, y no te atrevas a mentirme —frunció el ceño, quitándose el sudor de la frente. Chris se llevó una mano a la barbilla y murmuró un largo "Uhmm"

—No del todo.

—¡Lo sabía! —se exaltó, preocupado y un poco molesto.

—Tranquilo —sonrió—. No está al cien por ciento, pero puedo asegurarte que no ha dejado de ser el Viktor que tú y yo admiramos desde hace años. Te van a sorprender sus rutinas, en especial porque... —se mordió el labio, estaba hablando de más.

—¿Por qué?

—Porque las hizo pensando en ti. Sólo medítalo un poco, su tema es "Amor". Especificó que se trataba del amor real entre parejas, de ese que es inquebrantable y muchas cursilerías más —hizo un gesto con su mano, restándole importancia—. Es un hecho que están dedicadas a ti, no debería sorprenderte.

—¿Cómo sabes todo eso?

—Estuve conviviendo con él los últimos meses, ha cambiado un poco, pero no ha perdido su esencia, sigue recuperándose y al ritmo que va estoy seguro que estará en completa forma en tres meses. Así que ponte a practicar si es que quieres ganarle.

—¿Quieres que gane? —entornó los ojos hacia su amigo—. ¿Estás enterado de nuestra apuesta?

—Sí.

—¿Y aun así quieres que gane?

—Quiero que los dos den lo mejor de sí. A decir verdad, se me hace una completa estupidez la apuesta que hicieron, estoy seguro que fue Viktor quien la propuso —suspiró—. Su amor no debería depender de algo como eso.

—Yo pienso lo mismo —intervino Phichit, apareciendo junto a Minami, recién salían de los vestidores—. Esa apuesta es una estupidez.

—Pero es la única forma de que Viktor me deje en paz —trató de mantenerse firme. Nunca esperó que Chris se plantara frente a él y lo tomara firmemente de los hombros.

—Sólo lo voy a decir una vez. Yuuri, esta es la última vez que Viktor intenta algo por su relación. Él mismo me lo dijo, si este último intento falla, jamás volverá a buscarte. No pierdas esta oportunidad, independiente del resultado de la competencia... ¿En verdad quieres que eso pase?

El cuerpo entero del japonés tembló y por primera vez se planteó la pregunta: ¿Era eso lo que realmente quería?

Caminaba por los pasillos de su casa hasta que pasó por la puerta corrediza que daba hacia el jardín. Las farolas de papel estaban encendidas y el sonido de las chicharras hacían del lugar un espectáculo mágico, sin mencionar las luciérnagas que volaban alrededor. Por un momento deseó ir al centro del jardín y tumbarse sobre el césped, pero notó que alguien ya se le había adelantado.

Caminó hacia él y habló en voz alta al notar que ni siquiera se había percatado de su presencia por estar tan ocupado mandando mensajes por su teléfono.

—¿Le informas a Viktor sobre los avances de hoy? —preguntó con suavidad, tumbándose en el césped al igual que él.

Chris soltó una risilla.

—Eso ya lo hice hace rato, ahora hablo con Masumi —esbozó una sonrisa angelical y nada picara. Eso fue extraño.

—¿Masumi? —ignoró el hecho de que ya le había chismeado a Viktor todo.

—Mi pareja —siguió tecleando hasta el cansancio, sin dejar de hablar. Yuuri se sorprendió por esa habilidad.

—Eres como un agente doble —murmuró de pronto el japonés, mirando hacia el cielo estrellado.

—¿Por qué lo dices? —rio con diversión, pues él pensaba lo mismo.

—Le dices a Viktor cosas sobre mí y me dices cosas de él. Eres un espía doble.

El aludido se encogió de hombros y enseguida se puso de pie, con una sonrisa inigualable en su rostro, Yuuri no entendió el motivo de ésta.

—Masumi estará en la ciudad hasta antes del amanecer —su sonrisa se ensanchó y el brillo en sus ojos era incomparable—. No me esperen a cenar, llegaré temprano en la mañana —se inclinó y revolvió los cabellos azabaches de su pupilo.

—Pero... ¿Qué vas a hacer?

—Lo que tú y Viktor harían si se dejaran de tonterías —le guiñó un ojo con picardía y salió prácticamente corriendo de ahí.

Yuuri se quedó sobre la hierba, pensando y realmente triste. Chris tenía razón.

Lo vio cruzar la puerta principal y su corazón latió con más fuerza de la normal. Había hecho hasta lo imposible con tal de pisar tierras niponas y así ver, aunque fueran sólo unas horas, a su amado. Había cancelado varias reuniones, y llegar a Hasetsu le había costado un par de días sin dormir; pero poco le importaba si podía ver esos ojos verdes centellantes, brillando por el simple hecho de tenerlo en frente. Masumi no podía estar más feliz y satisfecho, su novio literalmente había corrido hacia él antes de lanzársele encima y plantarle un beso nada inocente.

Sabía que una relación entre los dos era verdaderamente complicada. Él era un hombre de negocios que viajaba constantemente por el mundo, no había pisado su casa en suiza en casi ocho meses y en lo que iba del año había podido encontrarse con Chris sólo un par de veces. En ocasiones se sentía muy culpable por no poder pasar más tiempo con su novio. También entendía que la profesión de su amado era muy demandante, requería tiempo y muchos viajes alrededor del mundo, era por esa razón que se veían tan poco, sin embargo, a pesar de todo eso, ellos seguían amándose con locura desenfrenada, haciendo que esos esporádicos encuentros furtivos fueran aún más placenteros de lo que podrían imaginar.

—Tengo una reservación en el mejor hotel de esta ciudad, con servicio al cuarto incluido ¿Quieres venir? —murmuró luego de ese beso tan satisfactorio, su novio lo rodeaba con sus brazos por el cuello mientras él lo sujetaba firmemente por la cintura.

—Sabes que te seguiría a cualquier lugar, aunque sólo fuésemos por un helado y al parque —soltó una risilla muy dulce.

—Tenemos mucho de qué hablar. Vayamos a cenar y ahí me platicas cómo va todo con tu nuevo pupilo.

A pesar de la distancia y de lo ocupados que ambos eran, se tomaban el tiempo todos los días para poner al otro al tanto de su vida.

—Me parece una buena idea, pero ¿qué te parece si primero vamos al hotel y... —murmuró un par de cosas indiscretas y muy sucias que lograron poner el rostro de Masumi más rojo que la grana—...después pedimos servicio a la habitación y cenamos ¿O tienes mucha hambre y prefieres cenar primero?

—Muero de hambre, pero no de comida —murmuró antes de asaltar los labios del rubio.

Fue consciente de lo que le rodeaba hasta que cayó contra el mullido colchón luego de una intensa sesión de sexo con su amado. No quisieron desperdiciar el poco tiempo que tenían, así que se amaron con intensidad toda la noche, tomando pequeños respiros en esos lapsos de tiempo en el que se quedaban acurrucados uno contra el otro, diciéndose cosas lindas y proporcionándose caricias traviesas que de inmediato se tornaban candentes y muy poco inocentes, dando como resultado otra sesión de sexo intenso. Fue hasta antes del amanecer, cuando ambos quedaron exhaustos, que Chris se percató del montón de mensajes que tenía en su teléfono. Eran de Viktor, creyó que había ocurrido alguna tragedia, así que se despegó un poco de su novio y revisó los mensajes.

—Tonto —farfulló un poco enojado. Lo estaba buscando con desesperación, pidiendo alguna información sobre Yuuri.

Chris se declaró culpable de esa insistencia que ahora tenía su amigo, pues lo mal acostumbró al mandarle fotos clandestinas del japonés. Phichit se había unido a la buena causa y también le mandaba muchas fotos de Yuuri. Pero ahora mismo Chris tenía asuntos más importantes por resolver, como la creciente erección de su novio presionando contra su trasero, demandando una ronda más.

—Deja eso —intentó quitarle el teléfono al rubio, pero éste lo evitó.

—Sonríe —le dijo antes de tomarse una foto desnudo, con su novio abrazándolo por detrás. Adjuntó la foto a un mensaje y como texto le puso: "Viktor, como puedes notar, estoy algo ocupado. Mejor deja de holgazanear y ponte a practicar más, Yuuri tiene un par de rutinas sorprendentes que podrían dejarte atrás." Y enseguida puso muchos emojis de corazones y caritas mandando besos.

Presionó el botón "enviar" y rio al imaginar la cara de espanto de su amigo al ver la foto. Decidió apagar su móvil para no recibir respuesta y dedicarle tiempo a su novio, quizás era la última ronda en varios meses, debía aprovecharlo al máximo.

Septiembre llegó, y con él las asignaciones. Era de madrugada cuando despertó con enfado al escuchar el timbre de su teléfono con insistencia. Ya lo había dejado sonar un rato ¡Eran las tres de la mañana! No entendía quién lo estaría buscando y tampoco le importaba mucho. Le quitó el sonido a su teléfono sin siquiera molestarse en ver la pantalla y así volvió a intentar dormir un poco más, pero el celular ahora vibró con insistencia.

—Demonios —masculló entre dientes. Harto de eso, tomó el teléfono entre sus manos y miró con sorpresa que era Minami quien lo llamaba a estas altas horas de la noche. Contestó sin saber muy bien qué esperar.

—¡Yuuri! ¡Asignaciones, asignaciones!

—¿Eh? —se talló un ojo y bostezó con fuerza. El entrenamiento de hace unas horas había sido extenuante, se moría de sueño, al menos así era hasta que Minami dijo esas palabras mágicas—. ¡¿Dónde?!

—Primero iré a Canadá.

El corazón de Yuuri se apretujó dolorosamente.

—Y luego a Rusia.

Yuuri soltó una risa cargada de ironía. De todos los lugares, tenían que asignarle a su pupilo precisamente esos.

—¿Y yo? —cuestionó con la voz aún ronca.

—¡Por eso estoy tan feliz! ¡Nos asignaron juntos en Rusia! Primero irás a Osaka, luego a Sochi, conmigo

—Oh... —se asombró.

—¡Podré competir contra ti! —él seguía feliz, ajeno al incesante palpitar alocado del corazón de su entrenador.

Por un momento Yuuri se sintió mal por su pupilo, después de todo estaba muy decidido a ganarle a Viktor. Demonios, no podía intentar ganar sin afectar a Minami. Aunque esto se lo hizo saber antes de convertirse en su entrenador oficial, él sabía a lo que se atenía y aun así insistió en que lo entrenara.

—¿Y dónde estará Viktor?

Minami tardó en responder.

—En Canadá —dijo, no muy animado—. Luego irá a Paris. Y bueno, es un hecho que lo veremos en Tokio, en la final.

—¿¡La final será en Japón?!

—Sí.

Luego de charlar un poco, colgaron y Yuuri intentó dormir de nuevo, pero le fue imposible, el sueño se le había escapado, sin mencionar que su teléfono volvió a vibrar con insistencia. No iba a responder, pero se trataba de Phichit, así que respondió, éste le había llamado para decirle lo de las asignaciones y comentarle que le había tocado ir a China y a Rusia. No hablaron mucho, bueno, Yuuri no soltó muchas palabras. Al colgar se aseguró de apagar su móvil para por fin dormir un poco, pero no contó con que su puerta se abriría de golpe, dejando entrar a un Chris en calzoncillos, muy animado y gritando a todo pulmón que las asignaciones habían sido hechas.

Yuuri se puso de pie, le dijo algo como "mal entrenador que se entera tarde de las cosas", lo tomó de los hombros y lo sacó de su cuarto, cerrando con llave antes de volver a meterse a la cama, bajo un montón de sábanas a pesar del calor que hacía.

Meses después...

—Ahora entiendo por qué Viktor no quería irse de aquí —suspiró con una enorme sonrisa relajada en su rostro. Recién había salido de las aguas termales y ahora se dirigía al salón principal para una buena y merecida cena después de tanto entrenamiento con Yuuri.

El rubio guardó silencio cuando entró al lugar y vio a todos muy concentrados y felices por lo que transmitían en la televisión. Al parecer el Grand Prix estaba iniciando. Yuuri se veía muy ansioso y Chris se dio cuenta de ello inmediatamente, pues en esa competencia participarían Yurio y J.J. dos de sus buenos amigos que se odiaban entre sí.

—¿Ya comenzó? —inquirió el suizo mientras se sentaba en el cómodo tatami, justo al lado de Yuuri.

—Ya casi.

Miraron juntos la competencia sin importar la diferencia de horario, pues en Japón ya era muy tarde. Permanecieron despiertos para ver cómo se desempeñaban estos dos. Fue hasta después de media noche que anunciaron a los ganadores.

Yurio ganó el oro y J.J. la plata.

En todo momento Yuuri no dejó de preocuparse por estos dos, temía que se iniciara una pelea entre ambos, pues era consciente del odio que le tenían al canadiense, tanto Yurio como Viktor.

Yuuri.

Nos fuimos a dormir muy tarde esa noche. Me sentí orgulloso de que mis dos amigos ganaran un lugar en el podio, así que antes de dormir le mandé un mensaje de felicitaciones a cada uno, se lo tenían bien merecido. Sólo esperaba que tuviéramos la oportunidad de competir nuevamente en la gran final.

J.J. me respondió al instante, agradeciéndome y deseándome lo mejor. También preguntándome sobre la competencia en Canadá, después de todo era muy probable que nos viéramos en una semana. Era el único además de Chris y mi familia que sabía sobre lo mío con Minami.

Yurio me respondió hasta el amanecer, me amenazó, diciéndome que si no iba a verlo a Canadá, iría hasta donde me encontraba sólo para patearme el trasero. Inevitablemente me reí, esa era su mejor forma de demostrar afecto y sinceramente no me podía quejar. Aunque lo que le siguió a la conversación fue algo extraño.

Yurio: No viniste a verme a Detroit ¿Vendrás a Toronto?

Yuuri: Mis vuelos gratis por millas se terminaron, recuerda que no soy millonario.

Yurio: No pongas pretextos, cerdo, ven a verme. ¿Quieres que te mande el boleto?

Sentí mi cara arder al mismo tiempo en que me estremecía de pies a cabeza al leer ese último mensaje. Era un hecho que tenía que viajar a Canadá, pues tenía que acompañar a mi pupilo, pero él no lo sabía y no quise decírselo, quería sorprenderlo en ese día, cuando me viera ahí. Pero nunca esperé que fuera capaz de pagarme el pasaje. Sabía que él tampoco tenía demasiado dinero, por eso me conmovió tanto que tuve que decirle parte de la verdad.

Yuuri: Es broma, estaré ahí para verte, no te preocupes. Nos vemos en una semana.

Yurio: más te vale venir. Cuídate, cerdo. Espero que todo tu entrenamiento valiera la pena, tienes que ganar la plata de nuevo.

Yuuri: ¿Y por qué no el oro?

Yurio: Ese es mío, Little pig.

Solté una carcajada que fácilmente se escuchó en toda la casa.

Yuuri: Eso ya lo veremos, Neko-chan.

Apagué mi teléfono antes de ver su respuesta explosiva ante tal apodo.

Durante esa semana estuvimos haciendo los preparativos para irnos a Canadá. Yo iba como entrenador de Minami y a pesar de ello Chris decidió acompañarnos, quizás quería toparse a Viktor.

Nadie sabía que iba en modo entrenador, así que nos esperaba un gran alboroto. Mi estómago se revolvía sólo de imaginarlo, sin contar que al fin vería a Viktor, luego de tantos meses... ¡Estaba muy nervioso! Lo que le hice la última vez que lo vi... me sentía mal por ello, muy avergonzado.

—Apresúrense, J.J. seguro ha de estar esperándonos en la entrada —les dije mientras apuraba el paso innecesariamente.

—¿Estás bien? —me detuve al sentir una mano sobre mi hombro. Miré a Minami y solté un suspiro luego de asentir con la cabeza.

—Vamos —dije luego de continuar la marcha.

A mis espaldas escuché cómo Chris soltaba una risilla mientras le decía algo a mi pupilo, con toda la intención de que yo lo escuchara.

—Déjalo, está nervioso porque se va a reencontrar con alguien.

Al escucharlo ni siquiera me animé a voltear y reclamarle, no, porque mi rostro ardía en vergüenza ante la verdad que había soltado: Deseaba fervientemente volver a ver a Viktor.

Desde hacía un par de días mi estómago dolía debido a los nervios y a los atracones de comida que di. No podía evitarlo, los nervios me estaban consumiendo más de lo normal, y es que ahora no sólo era el nerviosismo de la competencia, sino el hecho de mi apuesta con Viktor, de mi compromiso con Minami como entrenador y el de ver a mi más grande ídolo patinando de nuevo.

Afortunadamente me tocaba competir hasta dentro de varias semanas, así que por ahora podía ponerme todo lo nervioso que quisiera.

Luego de caminar entre el montón de gente, llegamos a la entrada del aeropuerto donde J.J. nos esperaba con una gran sonrisa. Hacía unos años habría creído imposible una situación así, pero ahora era posible, Jean se volvió un amigo muy cercano.

Nos llevó a los tres en su auto hasta llegar a su casa, donde nos alojaríamos durante los días que durara la competencia. Ahí nos recibió Isabella con una linda bienvenida, un pastel y hasta un cartel colorido. Fue muy grato verla de nuevo.

Fue algo extraño e inesperado que Chris decidiera aceptar la invitación de J.J. sabía que ellos no eran muy cercanos, pero parecían llevarse bien a pesar de ello.

—¿Cómo te sientes? —preguntó luego de sentarse a mi lado en el sofá. Ambos mirábamos cómo Isabella y Chris se llevaban de maravilla mientras hojeaban una revista de cocina.

Suspiré pesadamente y miré la taza de té entre mis manos.

—Quiero vomitar en todo momento.

Vaya que no se esperaba esa respuesta, pues se inclinó hacia atrás, asqueado.

—¿En serio?

Reí.

—Sí y no. Mi estómago está hecho papilla por los nervios.

Escuché cómo soltaba una risilla queda luego de recargarse en el sofá.

—No tiene caso preguntar por qué estás nervioso. Me pongo en tu lugar y sinceramente me sentiría igual —me miró unos segundos con una leve sonrisa, hasta que esta desapareció y su mirada se hizo un poco triste—. No me esperaba que terminaras siendo su entrenador.

—Yo tampoco —me tensé al tocar el tema precisamente con él, pues... sí, antes de irme de Canadá la última vez, tuvimos una charla en la que le dije que Minami me había besado y que no sabía cómo reaccionar ante eso. Él me escuchó y me aconsejó.

—Conociéndote puedo decir que no has tocado el tema con él.

Me puse más nervioso.

—No.

¿Cómo le explico que escuché todas y cada una de las palabras que me dijo mientras creía que estaba dormido? Yo estaba consciente de que él me quería y de su gran sinceridad, pero yo no podía decirle que era consciente de su amor porque arruinaría nuestra amistad, lo conocía lo suficientemente bien para saberlo, así que por eso decidí guardarme el secreto, además de que sería muy incómodo para ambos tocar ese tema.

—¿Por eso te volviste su entrenador? No le pudiste corresponder sentimentalmente, pero al menos cumpliste uno de sus sueños.

Sonreí de lado y asentí con la cabeza. Tenía razón.

—¡J.J.! —lo miré, preocupado—. ¿Cómo te fue en Detroit con Yurio?

—No tan mal —rio—. La pequeña gatita estaba muy enfadada.

Contuve mi risa. Sabía que ellos se habían llevado así desde que se conocieron, pero no podía evitar sorprenderme un poco al ver a alguien, además de Viktor y de mí, llamándolo así.

—Quiso golpearme, pero no lo logró.

—Vaya, que bueno que no. Sus golpes duelen mucho.

Nos quedamos un rato más ahí sentados, en silencio y mirando a los demás. Sin que se diera cuenta, estuve observando a mi pupilo por un buen rato. No podía dejar de sentirme un poco culpable, pero ¿Qué podía hacer? Jamás sentiría por él lo que he sentido por Viktor. Sólo me quedaba desearle que algún día encontrara a alguien que lo amara tanto como él dijo amarme.

Otra cosa que no pude dejar pasar desapercibida, fue el hecho de que Chris miraba todo a su alrededor, curioso, así mismo no dejaba de mirar hacia donde me encontraba sentado con J.J.

Entonces se encendió una alarma en mi interior. Demonios, otra cosa por la cual preocuparme. Chris no sabía nada sobre mi estadía en Canadá, al menos no el motivo exacto, ni lo que ocurrió aquí. Si se enteraba de alguna forma... y le decía a Viktor antes de que yo pudiera hacerlo, no, no quería ni imaginarlo. Aunque ¿qué más daba? después de todo mi objetivo aquí era ganar el oro para dos cosas: cumplir con mi antigua promesa con Viktor y obligarlo a alejarse de mí.

Narradora.

El gran día llegó. Aún era muy temprano, pero todos los patinadores ya se encontraban listos, calentando y haciendo estiramientos. Minami, Yuuri, Chris y el matrimonio Leroy se encontraban en el estacionamiento de la sede del Skate Canada. Lo más gracioso de todo era que tanto entrenador y pupilo se encontraban igual de nerviosos. Yuuri trataba de no mostrarlo por piedad a su alumno, pero el joven aprendiz no se molestó en ocultarlo, no dejaba de parlotear tonterías y de morderse las uñas.

—Basta —Yuuri puso sus manos sobre las de su alumno, obligándolo a dejar de mordisquearse los dedos. Ambos iban en los asientos traseros, junto con Chris—. Deja de hacer eso, es asqueroso. Vamos a bajar y te vas a presentar ante todos con mucha seguridad —su voz era seria y profunda, sin apartar sus ojos castaños de los de Minami, quien se sintió muy motivado por sus palabras—. Eres muy buen patinador, tienes talento y me lo demostraste muchas veces durante los entrenamientos, puedes hacerlo, yo lo sé. Ve por el oro.

—Tú también estás muy nervioso, estás temblando —se burló Chris con su profunda y grave voz mientras reía. Su risa aumentó al ver que ninguno de los dos le prestó atención.

—¡Yuuri-kun! —lo abrazó efusivamente, con lagrimitas saliendo de sus ojos ante la emoción de que su mayor ídolo le dijera tales palabras. Era como un sueño hecho realidad.

—Que adorables —murmuró Isabella mirándolos desde el asiento del copiloto, J.J. sólo rodó los ojos.

Entonces se bajaron del auto e ingresaron al lugar. Todo el estadio estaba abarrotado de personas, más de lo normal. Y cómo no, si la gran leyenda viviente del patinaje volvería al hielo después de varios años. Todos sus fans estaban vueltos locos, ni se diga de las "Yuriangels". Lo que ninguno se esperó fue ver que Minami no se quedaba atrás, también tenía su pequeño grupo de fieles fans, quienes a penas lo vieron soltaron gritos de emoción y agitaron las pancartas que traían para él, tristemente su emoción por verlo fue sustituida por un enorme asombro y admiración cuando reconocieron a Yuuri Katsuki caminando hombro a hombro con Minami.

Yuuri no se percató de ello a pesar de que sus amigos ya hacían bromas molestando a Minami por haber sido opacado por su propio entrenador. Katsuki estaba más ocupado mirando en todas direcciones, buscando a cierta persona en específico.

—¿Buscas a alguien?

El japonés se giró de inmediato al escuchar esa voz. Sonrió ampliamente al verlo de nuevo después de tanto tiempo.

—Hasta que te dignaste a venir, cerdo. —metió las manos a los bolsillos de la típica chamarra representativa de su país, con un nuevo diseño de color blanco y azul. Los ojos verdes y castaños se toparon, y sonrieron con calidez.

—Me da gusto verte de nuevo —dio un paso al frente, acortando la distancia entre ambos. Pensó que el rubio lo apartaría de inmediato, grande fue su asombro al sentir que correspondía, dubitativamente, pero lo hacía. Sonrió al sentir que lo apretaba un poco contra sí. Yuuri no tenía idea de la enorme felicidad que causaba en Yurio con el simple hecho de estar ahí, con una excelente salud. Eso lo ponía en verdad muy feliz, pero jamás lo admitiría frente a nadie.

—Hola —murmuró una voz a sus espaldas.

—Otabek —sonrió—. También estás aquí.

—Vine a apoyarlo —señaló con su cabeza al loco rubio sonrojado.

El japonés iba a decir algo más, pero el estridente grito de Yurio lo detuvo.

—¡¿Qué demonios?! —tomó con brusquedad el gafete de Yuuri y lo leyó con detenimiento—. ¡¿Entrenador?! ¿¡Es en serio, maldito puerco?! —jaló más ese gafete, casi estrangulándolo con toda la intención.

—Hey, suéltalo —Minami Kenjiro salió al rescate, poniendo una mano sobre el puño que envolvía la correa del gafete. El joven no sabía que su entrenador se llevaba de esa forma con el ruso, así que salió a defenderlo, lo que provocó cierto enojo en Yurio.

—¿Y tú quién eres? —espetó de mala gana. Minami casi se fue de espaldas, ya se conocían, pero el otro pareció no reconocerlo.

—Es Minami, ya lo conocías. Es mi pupilo.

Yurio observó al susodicho con mirada inquisidora para finalmente chasquear la lengua con hastío y mirar nuevamente a su amigo katsudon.

—Eres igualito al viejo, ahora te crees entrenador ¿Qué pasa por sus cabezas? —refunfuñó, soltándolo al fin de su brusco agarre—. Entonces viniste porque eres su entrenador, no porque quisieras verme —metió las manos a sus bolsillos mientras su mirada se ensombrecía. Hasta Otabek se sorprendió por esa actitud tan extraña en su pareja.

—Yuri —lo llamó suavemente al mismo tiempo que ponía ambas manos sobre sus hombros—. Estoy ansioso por ver tus presentaciones en persona y espero que vayas a verme también.

—Tengo que ir a calentar —se soltó del agarre de su amigo, tratando de que no viera el sonrojo que se formó en todo su rostro—. Vamos, Beka.

El kazajo miró a Yuuri y con una leve sonrisa en sus labios se encogió de hombros, sintiendo que su novio lo tomaba de la mano y se lo llevaba de allí antes de que Katsuki pudiera preguntarle sobre el paradero de Viktor, pero eso no fue necesario, pues apenas se adentraron un poco al lugar, pudieron apreciar un montón de gritos estridentes acompañados de aplausos.

De inmediato supieron el motivo de ese escándalo: Viktor se había topado con su séquito de fans, quienes ahora lo rodeaban, asfixiándolo sin piedad al pedirle fotos, autógrafos y demás. Yuuri miró eso y se sintió más alejado de él que nunca, la distancia entre ambos se sintió abismal. Su mente se remontó en aquellos tiempos en los que él era un fan más de esa bola de chicos y chicas. Buscó a su ex con la mirada, pero ese tumulto de gente no se lo permitió.

Suspiró y siguió su camino junto con sus amigos hasta encontrar un buen lugar donde Minami pudiera calentar y hacer estiramientos. Comenzaron a alejarse de la multitud que acosaba al ruso, hasta que...

—Oh por Dios ¿Yuuri Katsuki? ¿Christophe Giacometti?

Los aludidos se giraron al escuchar sus nombres en boca de una reportera.

—¿Yuuri Katsuki? —un reportero con cámara en mano escuchó eso a lo lejos y se giró de inmediato en todas direcciones, buscando al susodicho, hasta que lo encontró y corrió hacia él.

Muy pronto se vieron rodeados por un montón de gente que hacía preguntas y tomaba fotografías. El centro de atención no era Minami, ni Chris, tampoco J.J. no, todos se enfocaron totalmente en el patinador japonés, quien después de ganar la plata quedó en coma, despertó, se recuperó y ahora participaba de nuevo en el GPF. Definitivamente era un tema del qué hablar.

El escándalo de las fans de Nikiforov se vio pronto opacado por todos los flashes y voces de los reporteros tratando de sacar una buena nota de ese gran acontecimiento, pues ¿Qué hacía Yuuri Katsuki en el campeonato de Canadá? ¿Había ido sólo para reencontrarse con Viktor? ¿Para apoyar a sus amigos? ¿A su compatriota japonés? Esas y más preguntas hacían los reporteros, Yuuri no podía responder a ninguna, buscó ayuda con la mirada, pero sus amigos habían quedado ya lejos de él. Esas personas locas con cámaras y micrófonos lo estaban asfixiando. Entendía que la gente debía tener mucha curiosidad, pero no era para tanto, jamás lo habían hostigado de esa manera.

—Lo siento, yo... ahora no puedo responder a sus preguntas, tengo que ir con Minami y...

—¿Vienes a apoyar a Kenjiro?

—Yo...

Mientras era acosado, cierto ruso se percató del escándalo que había muy cerca de él, así que se abrió paso entre la multitud y no sin dificultad logró salir ileso hasta adentrarse ahora a la masa de gente que rodeaba a alguien. Viktor aún no lo había visto, pero estaba seguro de que se trataba de él, había escuchado su nombre en boca de varias personas, y el rumor de su presencia allí se corrió como pólvora en menos de cinco minutos.

Después de varios empujones, pisotones y de un par de golpes con las cámaras, el ruso se coló exitosamente entre las personas hasta llegar al centro del montón. Apareció justo frente a Yuuri luego de tropezar con el pie de un camarógrafo, el japonés lo había sostenido de los hombros antes de que se cayera al suelo, lo había hecho por simple inercia, sin reconocer todavía al aludido, pero para hacerlo no le tomó más de dos segundos, su olor tan característico llenó sus sentidos ¿Se había puesto más loción de la habitual?

Fue entonces que los hermosos ojos celestes se toparon con unos ojos marrones destellantes. La emoción en el rostro de Viktor fue indescriptible. Yuuri por acto reflejo lo soltó y se alejó un paso de él, extremadamente nervioso y casi hiperventilando, tal como aquella vez en que el ruso apareció en su casa.

—Viniste —murmuró a penas con aire en sus pulmones, emocionado de verlo ahí, no se lo esperaba. Entonces dedicó unos segundos a mirarlo con atención—. Te cortaste un poco el cabello —caminó un paso hacia él y extendió su mano derecha hasta introducir sus dedos en esas hebras ébano tan suaves y hermosas, peinadas totalmente hacia atrás. Sonrió al verlo tan apuesto. Su corazón se había alterado sobremanera al verlo tan elegante, vestido de traje negro, con corbata azul intenso y su gabardina del mismo color que el traje, colgando en su brazo.

El ruso se quedó embelesado, ajeno a que su ex se encontraba en las mismas circunstancias. Yuuri apenas y respiraba al observarlo y notar que se veía condenadamente sexy con su ropa deportiva color rojo, esa que solía usar siempre en sus tiempos de competidor. La cereza del pastel fue ver que su hermoso rostro era enmarcado por su largo y sedoso cabello que traía suelto, haciendo que recordara sus días de junior. Era increíble que Viktor siguiera viéndose tan joven, parecía que los años no habían pasado sobre él. Seguía estando delgado, no había recuperado por completo su peso, lo que lo hacía verse más como ese Viktor de diecisiete años. Ciertamente no había recuperado su peso habitual, pero sí lo suficiente para que sus mejillas fueran apretujables y adorablemente rosadas.

En ese momento ambos quisieron decirse tantas cosas, abrazase y olvidarse de todo, incluso se les olvidó que estaban siendo observados por un montón de personas metiches que guardaban silencio, a la espera de alguna palabra suya, grabando todo con sus cámaras. Estaban tan enfocados uno con el otro que no escucharon el grito emocionado de las fans cuando Viktor acarició el cabello de Yuuri.

Entonces Viktor sacó la mano de sus cabellos y sin despegarla de su piel fue descendiendo por su mejilla, sintiéndola cálida y suave, tal como la recordaba. Su mano descendió a su hombro y de ahí a su pecho, donde acarició esa corbata azul con una mano y sonrió con diversión antes de decir:

—Te dije que quemaría esta corbata también —iba a reír, hasta que descendió un poco más su mirada y se topó con un salvaje gafete. Éste tenía el nombre de Yuuri, su foto y el título de...—. ¿Entrenador? —su mueca de estupefacción fue graciosamente adorable. Sus ojos azules se abrieron como platos y de inmediato miró a su amado a los ojos, espantado—. ¿No vas a patinar? ¿Entrenador de quién? ¡¿Por qué?! —comenzó a hiperventilar, jalando inconscientemente ese gafete, haciendo lo mismo que su compatriota, rechinando los dientes, ajeno a que lo grababan a cada segundo—. ¿De quién eres entrenador, Yuuri?

—De Minami.

La expresión de Viktor fue única, su boca se abrió y su piel palideció. Muy pronto su expresión de asombro se convirtió en una mueca de enfado, respaldada por una tonelada de celos.

—Por eso viniste —murmuró más para sí que para el otro. Viktor se sintió decepcionado y un completo tonto al creer que había ido por él, o... quizás también.

Soltó el gafete y pescó con fiereza la linda corbata azul, jalándola hasta tener el rostro del otro a unos centímetros del propio. Su mirada era decidida y profunda, y su expresión, dios, su expresión era por completo retadora.

—No apartes tu mirada de mí, Katsuki.

Contrario a lo que creyó el ruso, la expresión de su amado era seria e implacable. No entendía desde cuándo se había vuelto tan firme y frío. Antes ya se habría puesto a temblar mientras sus mejillas ardían en vergüenza. Adoraba que fuera así de tierno, pero debía admitir que esta nueva faceta de Yuuri le estaba gustando mucho.

—Mis dos programas son para ti, Katsuki. Así que no te atrevas a apartar la mirada —jaló un poco más la corbata antes de soltarla y darse media vuelta para desaparecer entre el tumulto de gente que los rodeaba y quienes no dejaban de tomar fotografías y video.

Yuuri se quedó ahí, en medio de toda la gente, aturdido y procesando lo que acababa de ocurrir. Estaba en shock, no fue capaz de responder ninguna de las preguntas que las personas le hacían con desesperación, simplemente se giró y fue en busca de su pupilo, quien ya estaba calentando arduamente. Se le acercó, pero éste se encontraba extrañamente molesto con él.

Chris dejó a sus amigos y se escabulló a los pasillos que circundaban las gradas, sabía que a su amigo le gustaba calentar fuera de la mirada de los demás. Y no falló, Viktor estaba calentando arduamente apoyado contra una pared.

—Hola —saludó alegremente.

—Traidor —dijo sin siquiera mirarlo.

Chris rio y se le acercó.

—Hey ¿Por qué lo dices?

—¿Tú por qué crees? ¡Yuuri es entrenador! —lo encaró con enojo—. ¡No me lo dijiste! Y luego su pupilo es... es... —apretó los puños y frunció los labios—. ¡Es ese niño!

El suizo rio con más fuerza.

—Oye, tranquilízate —siguió riendo—. No te lo dije porque tenía curiosidad y quería ver tu reacción, vamos, fue divertido —sintió la furibunda mirada azulada taladrándole—. Bueno, no tanto.

Viktor se giró y siguió calentando, pero su mente estaba llena de Yuuri y Minami.

—Demonios —exclamó al mismo tiempo en que asestaba un puño en la pared.

Chris se quedó a su lado, observándolo discretamente mientras calentaba, pensando en cómo le diría lo que recién descubrió.

—Oye —le llamó de pronto, el ruso no se detuvo, pero Chris supo que ya tenía su atención—. Necesito hablar contigo sobre algunas cosas.

—¿Qué cosas? —se detuvo y miró a su amigo.

—Te las diré luego, iré a tu hotel esta noche.

Viktor alzó una ceja y lo meditó unos segundos antes de aceptar y seguir ahora con ejercicios de elasticidad.

—¿Es sobre Yuuri? —inquirió en voz baja mientras se tumbaba al piso sobre el tapete y hacía unos estiramientos increíbles.

—Vaya, recuperaste tu condición —soltó un silbido lleno de asombro, pero el otro no le dio importancia—. Y sí, es sobre él.

El ruso sólo suspiró y evitó hacer preguntas al respecto, sería el tercero en salir a la pista, eso sería muy pronto y no quería perder la concentración.

—Nunca te había visto nervioso por una competencia, es asombroso —se llevó una mano al mentón, sin dejar de mirarlo.

—No estoy nervioso.

—Sí, lo que tú digas.

No muy lejos de ahí se encontraba Yuuri con su pupilo, tratando de calmar sus nervios. El rubio había olvidado ya lo que lo había puesto tan de malas, y es que esa escenita entre Yuuri y Viktor le fue muy incómoda. Ahora trataba de concentrarse para dar lo mejor de sí en su rutina y así sorprender a su amado entrenador.

Minami.

Me tocó ser el primero en presentarse. Por fin pude entender lo nervioso que se sintió Yuuri cuando le tocó ser el primero hace varios años. Era horrible esa sensación en la base del estómago, sentía que podía vomitar en cualquier momento. Nunca había estado tan nervioso como ahora. ¿Será muy tarde para regresar a casa y olvidarme de todo?

¡No, no podía darme por vencido! Mi sueño se estaba cumpliendo, no podía olvidarlo así como así, además... no podía defraudar a Yuuri.

Miré a mi derecha, él estaba apoyándome en todo momento, no se separó de mí y me daba palabras de ánimo cada vez que podía. Yo sólo podía sentir que mis nervios iban en aumento. Faltaba muy poco para que entrara al hielo de nuevo. Ya habíamos entrado a calentar y ahora era mi turno de salir a presentarme.

Inevitablemente me llevé una mano a la boca, mordiendo mis uñas. No pasaron ni dos segundos cuando sentí una mano sobre la mía, entonces escuché su melodiosa risa.

—Deja de hacer eso. No tienes por qué estar nervioso, sé que lo harás tan bien como en los entrenamientos, incluso mejor.

Me dijo esas palabras con tal seguridad que me contagió su positivismo. Era eso precisamente lo que necesitaba oír. Saber que mi entrenador estaba más seguro que yo de que podría lograrlo. De esa manera me impulsó a querer intentarlo.

—Gracias Yuuri —no me contuve, y aunque sabía que mi amor jamás sería correspondido, me atreví a rodearlo con mis brazos efusivamente. Era un abrazo de cariño entre pupilo-entrenador. Y él pareció entenderlo, pues correspondió con un tierno cariño fraternal.

Entonces me llamaron al hielo.

Yuuri me ayudó a quitarme la chamarra, descubriendo así el traje que había elegido para ese evento, sí, un traje muy similar a uno que Yuuri utilizó hace ya muchos años, no podía evitarlo, siempre sería su fan. Y aunque él dijera que era su pasado oscuro, yo siempre le respondería que era de cuando me motivó a ser patinador profesional.

Narradora.

El programa corto de Minami salió mejor de lo que todos esperaban. Había logrado romper su propia marca y ahora brincaba efusivamente en el Kiss and cry mientras un orgulloso Yuuri lo miraba sonriente.

Después llegó el turno de Yurio.

Todos, absolutamente todos se quedaron impresionados con su rutina tan espectacular, con sus movimientos, sus saltos y con la canción tan singular que eligió. Fue notable que ahora él eligió su música y su coreografía, ahora expresaba lo que él quería y no lo que los demás le imponían, aunque eso sí, había dado un giro de 180° al presentarse con esa rutina. Al ver el increíble patinador en el que se estaba convirtiendo, la gente no tardó en asegurar que el pequeño ruso ganaría el oro de nuevo, pues rebasó garrafalmente la puntuación de Minami, quedando en primer lugar hasta ahora.

Entonces el momento más esperado del día llegó. Era hora de que Viktor se presentara. La gente, emocionada y esperando con ansias comenzó a golpear sus pies contra el piso en las gradas, anunciando así el deseo que tenían de que el ruso saliera ya a la pista.

La reacción del público era intensa. Los demás patinadores se sintieron intimidados ante el gran rival que era Viktor Nikiforov. Había estado fuera de juego por mucho tiempo, pero ahora regresaba, dispuesto a ganar el oro y llevarse así su sexta medalla, y algo más.

Salió de los pasillos en donde había estado entrenando y caminó junto con Yakov rumbo a la pista. Traía puestos ya sus característicos patines con cuchilla dorada y encima de los hombros su chamarra roja con blanco, la cual se quitó segundos antes de pisar el hielo.

El público aplaudió con emoción ante el regreso de la leyenda viviente. Nikiforov se sintió muy feliz y agradecido con todos sus fans, esa bienvenida era muy cálida y reconfortante, aunque lo sería más si el gruñón de Yuuri no estuviera viéndolo con los brazos cruzados y el ceño fruncido, serio y frío. Claro, Viktor no tenía idea de que el japonés había corrido desde su lugar para ubicarse cerca de la pista y tener así buena vista, tampoco sabía que su corazón casi se detuvo cuando se quitó la chamarra y dejó al descubierto el hermoso traje que traía.

Yuuri no fue el único que quedó deslumbrado con el maravilloso aspecto de Viktor, pues su atuendo era completamente negro en la parte inferior y conforme subía se iba tornando de color azul oscuro cada vez más claro. Era casi como ver el cielo después de que el sol se metiera. Montones de pequeños brillos estaban distribuidos en la tela del pecho y hombros, alcanzando un poco en las mangas largas que terminaban en un par de guantes exquisitos de color negro. Los brillos destellaban delicadamente con las luces, haciendo que el atuendo pareciese el manto nocturno bañado en estrellas. Además, el traje contaba con un escote pronunciado enfrente que se alargaba hasta la parte inferior de su esternón, dejando a la vista una piel tan blanca como la porcelana. Y lo que remató a esa hermosa imagen celestial fue el cabello amarrado en una coleta alta, perfectamente peinado, con unos cuantos mechones rebeldes libres sobre su rostro. Parecía un ángel y los fans no tardaron en hacerle notar el amor y devoción que le tenían.

Entonces Viktor se encaminó al centro de la pista y esperó a que la música diera inicio. La voz de la presentadora anunció el nombre de la canción y ésta dio inicio.

A Yuuri se le puso la piel de gallina cuando escuchó el nombre y más aún cuando las primeras notas sonaron. Era una de sus canciones favoritas: "Love's sorrow" de Fritz Kreisler.

(Esta es la versión que más me gustó, adelanten al minuto 2:00)

No habían pasado ni cinco segundos del inicio y el japonés ya se aferraba fuertemente al muro que separaba al hielo de lo demás. Estaba emocionado, podía escuchar los latidos de su corazón zumbando con ímpetu en sus oídos. El latir aumentó cuando vio la elaborada coreografía que el mismo Viktor creó.

La secuencia de pasos era atrapante, suave y muy fluida, iba al ritmo de la música tranquila y armoniosa, deslizándose con gracia por toda la pista y haciendo uso de su belleza etérea. No había ruido en el lugar, todo el mundo estaba expectante a lo que pudiera pasar.

El momento de los saltos llegó y Yuuri se preocupó, preguntándose si en verdad habría logrado recuperarse por completo. Toda preocupación se esfumó al ver que hacía un triple axel sin dificultad alguna, seguido de una secuencia de pasos muy armoniosa que mantuvo a todo el mundo con la mirada fija en él, era imposible apartar los ojos de tal belleza.

Hizo un par de saltos menos complicados que el anterior, pero enseguida llegó el clímax de la canción. Hizo una combinación increíble de piruetas que dejó al público con la boca abierta. Había comenzado con una pirueta de ángel, girando sobre un sólo pie mientras la otra pierna la mantenía paralela al hielo, y sin dejar de girar, cambió a la pirueta Biellman, demostrando la elasticidad casi inhumana que poseía al tomar su pie derecho y subirlo hasta más allá de su cabeza. La gente al ver eso estalló en aplausos, pero para su sorpresa eso no fue lo único, pues, terminando la pirueta se deslizó un poco por la pista para tomar aire y así remató la presentación con una serie de saltos no tan dificultosos, pero hermosos e impecables.

Verlo en el hielo, patinando de esa manera, con su cabello al aire a cada salto, en cada pirueta y con ese traje entallado al cuerpo denotando sus músculos... definitivamente Viktor logró que Yuuri cayera de nuevo en sus garras.

El japonés no podía creer lo que veía, era como presenciar al Viktor de diecisiete años, tan flexible y talentoso como recordaba. Su lado fanático salió a flote e inevitablemente aplaudió como loco cuando su presentación terminó.

La gente hasta se puso de pie y no tardaron en comenzar a llenar la pista de obsequios. Viktor, aún agitado por la presentación, se inclinó un par de veces hacia el público, agradeciendo su apoyo, pero luego de eso buscó desesperado a su amado y todo el mundo lo notó.

Cuando al fin vislumbró a Yuuri, una enorme e incomparable sonrisa se formó en sus labios. El japonés le estaba aplaudiendo con frenesí y su expresión era de completo asombro. Eso lo llenó de felicidad ¡A Yuuri le había gustado! ¡Le gustó su presentación! Entonces sus miradas se conectaron. Yuuri dejó de aplaudir al notarlo y lo miró fijamente antes de mostrarle una sonrisa pequeña pero sincera con la cual le demostró todo lo que el ruso necesitaba. Pero lo que éste no se esperó fue que los labios de su amado se movieran diciendo un claro "Felicidades".

Los ojos se le abnegaron en lágrimas mientras patinaba hacia la salida, donde su entrenador lo esperaba para ir al Kiss and cry. Pero él no despegaba la mirada de su Yuuri. Fue hasta que su entrenador lo empujó, que reaccionó y caminó rumbo al asiento que lo esperaba. En ese momento no le importaba nada, sólo la reacción de su amado.

Estando sentados ante las cámaras, Viktor sintió una tierna nostalgia, pues hacía ya muchos años que no estaba en esas circunstancias, con su entrenador a un lado, esperando resultados.

¡Había arrasado con todos! Su puntuación era increíblemente alta, tanto que logró superar el récord que Yurio le había robado hace tiempo. Viktor no se lo esperaba, pues de todas sus presentaciones esta había sido una de las más sencillas, pero jamás le había puesto tanto amor y sentimiento, quizás había sido eso lo que lo llevó a ese nivel. Estaba satisfecho con el resultado.

De pronto la voz de Yakov lo trajo de vuelta de sus pensamientos.

—Eres un inconsciente, te dije que no hicieras la pirueta Biellman ¿Te quieres partir la columna? ¿Eres idiota? ¡Vitya! ¿Me estas escuchando? —se desesperó al ver que su alumno sólo le sonreía a pesar de los regaños, de pronto Viktor se le echó encima y lo abrazó con fuerza y cariño.

—No me digas que no extrañabas esto —soltó una risilla. Y es que seguía sintiéndose nostálgico, aún con sus regaños durante el Kiss and cry.

Luego de ese momento emotivo, el ruso fue a quitarse los patines para caminar discretamente en los alrededores de donde se encontraba Yuuri, quién sabe, quizás lo detenía y le decía lo hermoso que había patinado, tanto que decidía volver con él.

Rio ante sus pensamientos tan infantiles, pero salió de éstos cuando la voz de Katsuki lo detuvo al verlo pasar frente a él. Vaya, al parecer su imaginación infantil no era tan descabellada.

—¡Yuuri! —sonrió con emoción, no pasó ni un segundo para que estuviera plantado frente al japonés, esperando sus felicitaciones.

—Estuviste increíble, felicidades —sonrió titubeantemente. Viktor se quedó con su sonrisa brillante y unos enormes ojos esperanzados, Yuuri casi pudo leer el "¿Y qué más?" escrito en su frente—. Y... —se rascó la nuca, incómodo y nervioso—. Me sorprendiste mucho, me alegra ver que tus lesiones sanaron y pudiste hacer una rutina tan pulcra, siento un poco de envidia —admitió.

El ruso se abstuvo de lanzarse a abrazarlo con fuerza y restregar su rostro contra la adorable mejilla del apuesto japonés. No podía estar más feliz, pero no se lo quiso hacer notar, no quería verse tan desesperado por su cariño, no más.

Se inclinó un poco sobre él y murmuró en su oído:

—Espera a ver la rutina de mañana, te sorprenderá —se alejó sin tocarlo, le dedicó una de sus mejores sonrisas enigmáticas y se fue, dejando a Yuuri con ganas de más, de un abrazo, un gesto, algo.

—Sé que lo harás —murmuró al aire—. Siempre ha sido así —se dio media vuelta y regresó a las gradas, al lado de Minami, quien los había estado observando en todo momento y ahora mismo le dirigía una mirada de pocos amigos al ruso. Viktor desde su lugar junto a Yakov sintió el peso de esos ojos ámbar, pero no se dejó amedrentar y mejor se dedicó a admirar de arriba abajo la figura atlética de su ex. Se veía demasiado atractivo con ese traje tan de acuerdo a la ocasión. Inevitablemente se mordió el labio inferior mientras lo observaba. Todo su mundo era color de rosa hasta que vio como el japonés rubio abrazaba a su coach con "cariño desinteresado".

¡Maldito niño! —pensó con mucha frustración, aguantándose las ganas de ir y separarlos. Entonces fue verdaderamente consciente de su situación. Se había sentido feliz y positivo con la emoción que le causó ver que Yuuri de nuevo lo admiraba, pero ahora reaccionaba y se daba cuenta de que esa admiración hacia él era meramente de fan a patinador, sólo eso. Sin poder evitarlo se sintió algo deprimido—. Ya lo verás mañana, Yuuri.

La ronda de programas cortos concluyó con un Viktor en primer lugar, Yurio en segundo y Minami en cuarto. Este último se sintió devastado y muy avergonzado con su entrenador.

—Todavía tienes el programa libre para recuperarte, así que no te preocupes —lo animó Katsuki.

Estaba nervioso. Sí, Viktor Nikiforov sentía que su corazón se le iba a salir del pecho, estaba a sólo un par de horas de salir a la pista y presentar su programa libre y no podía dejar de pensar en lo que Chris le dijo una noche antes, en el hotel.

"Yuuri no es el mismo"

Se lo había imaginado, una persona no puede ser igual después de atravesar un accidente, un coma, una ruptura amorosa; obviamente Yuuri no sería el mismo, pero lo que tenía preocupado al ruso era la expresión de Chris al decirle todo eso, estaba muy serio.

"Con esto no te estoy diciendo que dejes de intentar algo con él, simplemente quiero que estés consciente de que hay muchas cosas que debes saber antes de insistir tanto en volver a su lado. Algo importante pasó con Yuuri mientras estuvo aquí, lo noté al ver la relación tan cercana que tiene con los Leroy, va más allá de una simple amistad, hay un lazo muy fuerte que los une y al parecer ese lazo es una persona muerta".

Las palabras del suizo hacían eco una y otra vez en su cabeza. Habían conversado de muchas cosas, pero esas oraciones en específico se quedaron haciendo mella en él. Recordaba que Yuuri tuvo que regresar a Toronto porque una amiga había muerto, precisamente la prima de Irina, la rehabilitadora que le devolvió la capacidad de patinar a su amado. Estaba sumamente agradecido con ella y sentía mucho el hecho de que hubiera fallecido, pero eso que dijo Chris... no, no podía ser cierto. Eran sólo suposiciones suyas, pero tenía miedo, pues las suposiciones de Chris siempre eran certeras.

"Presiento que esa persona y Yuuri tuvieron algo que ver".

Había soltado la frase así, de pronto, sin anestesia. Lo primero que hizo al escuchar aquello fue echarse a reír ¿Yuuri con una pareja? ¡Ja! ¿Con una mujer? Claro que no, era una locura.

"También noté cosas raras en Japón. Phichit estuvo un tiempo en casa de los Katsuki, acompañando a Yuuri. Sé que ellos siempre han sido cercanos, pero... cuando Yuuri se deprimía mucho, el otro siempre iba a consolarlo y a decirle que era fuerte, es decir... no creo que siga sufriendo tanto por la ruptura que hubo en tu relación con él. Sospecho que hay algo más, siempre se la pasaban murmurando cosas y cuando me acercaba guardaban silencio. Hay algo que no quiere que sepas y no sé qué es".

¿Qué me ocultas, Yuuri? —pensó antes de que pegara un brinco del susto al escuchar su teléfono. Aleksi le llamaba para desearle éxito y para decirle que estaría viendo la competencia en vivo. También aprovechó para preguntarle por Yuuri, pues había visto la noticia de que estaba en Canadá como entrenador.

Cuando terminó la llamada se dio cuenta de que ya debería de estar en camino, así que se vistió con la ropa que había elegido especialmente para ese programa, se peinó y pretendió verse lo mejor posible. Encima se puso su ropa deportiva y salió a toda prisa. En el vestíbulo del hotel se topó con su compatriota y su novio, junto con Yakov.

—¿Es en serio? —preguntó con una sonrisa divertida al ver cómo se había arreglado Yurio, éste le dedicó una mirada iracunda.

—Cállate, anciano.

Viktor soltó una risilla, ansioso por ver ese programa que había preparado con la ayuda de Otabek, sería algo totalmente nuevo.

—Te va bien —rio de nuevo, lo decía en serio y Yurio lo notó, sonrojándose al instante. Mientras tanto, Otabek sólo podía esbozar una pequeña sonrisa orgullosa.

—Cierra la boca. Si te hubieras tomado la molestia de mirar el Skate America no estarías diciendo estas estupideces.

El aludido se encogió de hombros, simplemente se había olvidado de encender el televisor ese día.

Caminó a paso firme delante de su entrenador, rumbo a la pista. Sus manos le sudaban y de pronto le dieron ganas de ir al baño. Ni en sus tiempos de junior se había sentido así, pero es que justo ahora observaba a Yuuri parado junto a la entrada a la pista ¿Se habría parado ahí con toda la intención de ser visto por él? Si ese era su objetivo, vaya que lo consiguió, y no sólo eso, pues Viktor lo miró de arriba abajo, adorando lo hermoso que estaba con ese traje diferente al de ayer y ahora con una corbata roja. Estaba demasiado atractivo.

—Suerte —le dijo con los ojos brillantes, contrarios a la expresión seria que intentaba mantener.

—La suerte es para tontos —no supo de dónde sacó la seguridad necesaria para guiñarle un ojo y sonreírle con picardía antes de apoyarse en su hombro para inclinarse y quitarse los protectores de las cuchillas—. Te lo dije antes y te lo vuelvo a decir: te voy a aplastar en el hielo, Kobuta-chan —ignorando el leve temblor en todo su cuerpo, se quitó la chamarra y se la lanzó, Yuuri la atrapó al aire, un poco asombrado. Para cuando reaccionó, Viktor ya estaba pisando el hielo, con cientos de aplausos recibiéndolo cálidamente en la pista.

El katsudon se quedó con los ojos como platos y con la boca entreabierta por dos razones muy válidas:

La primera. El delicioso aroma de Viktor estaba impregnado en la chamarra, ni siquiera era consciente de que ya la tenía apretada contra él, con el cuello de la prenda pegado a su nariz y aspirando disimuladamente ese aroma que había quedado marcado con fuego en su mente y corazón. Por un momento se planteó seriamente la posibilidad de quedarse con esa prenda, esconderla en algún lado y no devolvérsela nunca. Era la misma chamarra que alguna vez se puso, la misma que momentos luego de ponérsela, Viktor se la había arrancado para hacerle el amor intensamente en la sala de su casa.

Segunda razón: ¡El atuendo de Viktor! Impresionó a toda la gente con un pantalón negro de vestir, una camisa blanca y arremangada debajo de un chaleco formal de color gris, acompañado de una corbata púrpura oscuro. Su ropa era mucho más sencilla a comparación de los años pasados en los que se había presentado con trajes coloridos, muy llamativos y ostentosos; ahora brillaba por su sencillez tan atrapante. El traje fino, entallado y pulcramente planchado lo hacía ver irresistiblemente sexy, sin mencionar que su cabello seguía amarrado en una coleta, muy similar a la de ayer, dándole un porte elegante.

Nikiforov patinó hasta el centro de la pista y esperó a que la gente dejara de aplaudir y a que la música diera inicio. Entonces las palabras de Chris volvieron a su mente "Presiento que esa persona y Yuuri tuvieron algo que ver".

Respiró y suspiró. Debía alejar esos pensamientos de su mente que sólo lo distraían, mejor se enfocó en mirar el hielo bajo sus pies, su fiel compañero. Volvió a aspirar y a suspirar, estaba nervioso, moría por ver la cara de Yuuri cuando reconociera las primeras notas de la canción, era una lástima que no pudiera hacerlo.

La Ballada 1 Op. 23 de Yuuri Katsuki comenzó, el japonés no cabía en sí de la impresión, cuando escuchó las primeras notas de la canción frunció el ceño al pensar en lo parecida que era esa melodía a la que compuso años atrás, jamás se imaginó que en efecto, era su canción. Su impresión fue tanta que se llevó ambas manos a la boca, sorprendido de que Viktor fuera aquel loco que le compró todas y cada una de sus canciones.

Yuuri no sabía cómo sentirse, ¡su más grande ídolo estaba patinando con una de sus composiciones! Pero también se trataba de su ex novio, demostrándole que podía ser mejor que él sobre el hielo, ese era un hecho aplastante. Viktor ya había hecho dos saltos y ambos totalmente impecables, dificultosos y sumamente perfectos, ni siquiera se había despeinado.

Los pasos de Viktor eran igual de fluidos y armónicos que siempre. Su habilidad innata era sorprendente. No podía creer que ese hombre sufrió lesiones en su columna y cadera hace apenas ocho meses, se veía igual que siempre, igual de sublime e irreal.

—Lo está haciendo mejor que en los ensayos —la voz de Yakov lo bajó de las nubes—. Supongo que se debe a que lo estás mirando en primera fila —soltó un ruido muy similar a una risa seca. Yuuri tragó en seco, emocionado y con sus castaños ojos brillando como pocas veces. No había despegado la mirada del hermoso Viktor patinando ante él, poco le importaba que Yakov lo tomara como falta de respeto, pues... ¡Viktor acababa de hacer su característico flip cuádruple! ¡Y a la perfección!

El japonés no se había dado cuenta, pero estaba siendo observado por Minami y Chris desde lejos, éstos veían cómo se aferraba con fuerza a la chamarra mientras aspiraba su aroma de vez en cuando, tampoco pasaba desapercibido el hecho de que se emocionaba más por la rutina de Viktor que por la de su propio pupilo.

—Mocoso desobediente —masculló Yakov por enésima vez al ver que no le hacía caso y realizaba piruetas complicadas que dañaban su columna, también se excedió un poco en los saltos, aumentando su dificultad al brincar con los brazos alzados. Yuuri lo escuchó y se preocupó un poco, sólo esperaba que no se cayera, sabía que el accidente que tuvo fue mientras practicaba y se excedía con los saltos.

La resistencia de Viktor no era muy buena, Yuuri estaba consciente de ello, pero a pesar de eso el ruso no se dejó intimidar, estaba a punto de atravesar el clímax de la canción y seguía tan fresco como una lechuga.

El público se escandalizó e hizo mucho ruido justo en el momento en el que Viktor dio un salto cuádruple con tanta fuerza que la liga que sujetaba su cabello salió disparada hacia algún punto incierto de la pista, dejando una cascada de cabellos platinados desparramándose sensualmente por su espalda. Eso sólo logró hacerlo ver más irreal, como un ser ajeno a este mundo horrible.

Ese pequeño "incidente" con el cabello no detuvo al ruso, quien, ya un poco cansado, procedió a terminar su rutina de una manera muy similar a la forma en que finalizaba "Yuri On Ice". La música mostró sus últimas notas y Viktor terminó parado en el centro de la pista, agitado, con gotas de sudor en su rostro y el cabello largo llegando hasta por debajo de su espalda media, pero lo que más conmovió a la gente, fue ver que terminó en la misma pose que Yuri en su programa libre: con una mano sobre su pecho y la otra apuntando justamente hacia afuera de la pista, en el preciso lugar donde el japonés estaba parado.

El estridente ruido de los aplausos y vítores no se hicieron esperar. En esta ocasión Yuuri no fue capaz de mover un solo músculo, había sido demasiada emoción, su corazón golpeteaba con fuerza en su pecho y le gritaba: "¡Entra al hielo y deja que te haga suyo!"

Los ojos azules y los castaños se miraron por unos segundos que parecieron eternidad. Yuuri le sonrió, le sonrió como antes, mientras que Viktor deshizo el contacto visual y la pose final, agradeciendo al público y recogiendo uno que otro de los cientos de regalos que lanzaron a la pista.

—Te dije que te aplastaría, cerdito —confirmó cuando puso un pie fuera del hielo, aún estaba muy agitado y un poco sudoroso debido al reciente esfuerzo.

—¿Estás seguro de eso? Aún no me has visto patinar —contratacó con una seguridad aplastante.

La gente seguía haciendo tanto ruido por la reciente presentación, que Katsuki no alcanzó a escuchar la melodiosa risa de su ex amante.

—Te voy a ganar y tendrás que cumplir la apuesta —miró su chamarra en manos de Yuuri—. Quédatela —le guiñó un ojo—. Pude ver desde lejos que te gustó.

Los colores se subieron al rostro del japonés. Avergonzado y un poco nervioso optó por lanzarle la dichosa prenda a la cabeza antes de girarse e irse de ahí. Viktor se echó a reír, en verdad divertido por sus acciones, lo conocía lo suficientemente bien para saber que se estaba aguantando las ganas de echársele encima y abrazarlo, también notó un brillo muy especial en sus ojos, ese brillo que tenían sus fans más arraigados.

Viktor fue el último en participar por haber quedado en primer lugar un día antes, así que la premiación sería en tan sólo unos momentos, pero lo que no se explicaba Christophe era ¡¿Dónde demonios se había metido Nikiforov? Recién había visto desde lejos la pequeña "riña" (Si es que se le podía llamar así) que tuvo con Yuuri, había bajado de las gradas para felicitarlo, pero no lo hallaba por ningún lado.

Se adentró a los pasillos que circundaban las gradas, descubriendo con sorpresa que en uno de esos oscuros pasillos estaba el pentacampeón. Iba a molestarlo con un mal chiste, pero se detuvo al ver que se recargaba de frente contra la pared, con sus ojos muy cerrados y una mueca de verdadero dolor.

—Viktor.

El aludido pegó un brinco al escucharlo.

—Oh, eres tú... —no dijo más, sólo le había dedicado una vaga mirada ates de volver a hundirse en su dolor.

—¿De nuevo? —inquirió, acercándosele lo suficiente para examinarlo un poco—. Ya decía yo que era raro verte como si nada en el Kiss and cry después de todo lo que hiciste en tu programa. Te excediste.

—Sí, ya sé, ya sé —gruñó.

Chris suspiró, recordando que pasaba exactamente lo mismo durante sus entrenamientos clandestinos.

—¡Giacometti! —exclamó con sorpresa y algo de enfado al sentir las manos de su amigo sobre su trasero firme y acalambrado.

—¿Qué? —no dejó de masajear a su amigo—. Ya sabes qué hacer en estas emergencias, da gracias al cielo que fui yo quien te encontró y no algún desconocido. Ya sabes que debes hacer esto cuando te de un calambre de ese tipo —gruñó, un poco molesto.

La escena era sumamente comprometedora: Viktor de frente contra la pared con un suizo parado detrás de él, masajeando enérgicamente su nalga derecha.

—Cuando pasa esto necesito ayuda —masculló—. No puedo hacerlo solo, así que no me regañes.

El suizo soltó una risa grave y alegre.

—¿Qué harías sin mí? —seguía haciendo su tarea con la mano derecha, pero usó su brazo izquierdo para abrazarlo y apoyar su cabeza sobre la del otro en un tierno abrazo fraternal que fue totalmente malinterpretado por el reportero que recién los había iluminado con el incandescente flash de su cámara.

—Ahora mismo estaría mejor si vas tras ese fotógrafo y le rompes la cámara —entró en pánico, muy poco común en él—. ¡Ve! —exclamó y fue suficiente para que el suizo corriera en busca del hombre, pero no lo encontró. Cuando regresó al escondite de su amigo se lo encontró en mejores condiciones aunque aún un poco adolorido y muy estresado.

—No te mortifiques —se encogió de hombros—. Es sólo una foto.

—Una foto donde me estás abrazando y tocando el trasero ¿Qué va a pensar Masumi si la publican? ¡¿Qué va a pensar Yuuri?!

—Oh por dios.

Luego de que el calambre desapareció por completo, ambos salieron juntos del pasillo, mirando hacia todos lados disimuladamente y "actuando natural".

La premiación se llevó a cabo, Viktor quedó en primer lugar por mucho, después Yurio y a éste le siguió Minami, quien decepcionado prometió dar todo de sí en la siguiente etapa.

El evento finalizó y todos comenzaron a desalojar el lugar. Los patinadores se fueron a cambiar a los vestidores mientras sus amigos o familiares los esperaban fuera. Yuuri, Chris y el matrimonio Leroy esperaban a Minami cerca de las gradas, listos para ir a casa y festejar por la medalla del rubio.

—¿Ya se van? —inquirió Katsuki al ver a Yurio y a Beka salir de los vestidores con sus cosas en mano.

El rubio le sonrió un poco y asintió.

—Vamos al hotel, mañana temprano salimos de regreso a Rusia.

—Ya no te veré hasta la final.

—¿Eso crees? —rio un poco y le golpeó el brazo con su puño cerrado—. Te veo en Osaka —le hizo una señal con la mano y siguió su camino junto con su pareja, quien se despidió de Yuuri y del resto con un gesto de cabeza.

El japonés sonrió, mirándolo partir. Así vieron desfilar uno por uno a los patinadores que salían de los vestidores y se encontraban con sus amigos para irse a descansar pues ya era de noche. Vio a mucha gente salir, incluso a Minami, pero nunca a Viktor. También a Chris se le hizo un poco extraño, así que en un mudo acuerdo con Katsuki, entró a los vestidores para comprobar que no estuviera ahí. Salió del lugar con una chamarra roja con blanco en manos.

—Parece ser que la olvidó —mostró la prenda.

—Demonios —gruñó por enésima vez mientras caminaba por las ya conocidas calles de la ciudad de Toronto, traía consigo un valioso paquete que debía ser entregado a su dueño antes de que éste se fuera a Rusia a la mañana siguiente.

Todos en la residencia Leroy lo empujaron a hacerlo, todos menos Minami, y ahora se encontraba en camino al hotel Montreal para encontrarse con Yurio y dejarle el paquete. No tenía realmente por qué hacer eso, total, era la chamarra de Viktor y él se lo buscaba por ser tan descuidado con sus cosas.

Entró al hotel y lo dejaron pasar a la habitación en la que Yurio le había indicado que se encontraba. Llamó a su amigo cuando estaba por llegar al cuarto para avisarle que ya estaba afuera, quería irse cuanto antes, pero no le respondió la llamada. Tuvo que tocar la puerta y esperar a que le abrieran.

La puerta se abrió, dejando ver a un hermoso ruso en bata de baño y con una toalla rodeando su cabeza. Sus ojos azules centellaron en felicidad al tenerlo frente a él, pero intentó no demostrarlo mucho.

—Yuuri ¿Qué haces aquí? —se hizo el sorprendido.

—Espera ¿No es la habitación de Yurio? —miró su teléfono, el mensaje donde el rubio le dijo su número de habitación. Le había mentido.

—No —aguantó una risilla y lo miró una vez más de arriba hacia abajo. Se veía como el Yuuri que recordaba, pero más apuesto. Aún traía su cabello hacia atrás, viéndose tan sexy y masculino, pero había cambiado su traje por una ropa informal muy cómoda: unos simples jeans y una chamarra azul.

—Yurio —masculló entre dientes, entornando los ojos y pensando en que se la cobraría caro. Salió de sus pensamientos cuando escuchó de nuevo la voz de Viktor—. Ah, sí, vine para traerte esto —le extendió el paquete y el otro lo tomó. Soltó una risilla cuando lo abrió y vio de qué se trataba—. Te fuiste muy rápido y la dejaste olvidada.

—¿Estás molesto porque no me despedí? —tanteó terreno.

—No realmente. Me tengo que ir —alzó su mano en un gesto de despedida.

—Te estaba esperando —soltó de pronto, logrando su cometido de detener al japonés, quien frunció mucho el ceño—. Dejé esto a propósito, no quería simplemente despedirme de ti con un gesto de mano en el campeonato, sabía que vendrías a dejarme esto —sonrió—. Vamos, pasa.

—¿Por eso no te despediste?

—Por eso y porque el niño al que entrenas me odia —rodó los ojos—. Aunque ahora que lo pienso... el sentimiento es mutuo, ese mocoso babea por ti ¿No te das cuenta?

Katsuki entornó más sus ojos, molesto y dispuesto a irse. Viktor notó que metió la pata. Suspiró al ver muertas sus posibilidades de pasar un rato con él.

—Espera —suspiró con cansancio—. Antes de que te vayas... —le extendió la prenda que recién había recuperado—. No bromeaba cuando dije que te la podías quedar, es tuya —le aseguró con una expresión muy seria.

Yuuri lo miró sin saber cómo reaccionar. Terminó extendiendo las manos para tomar el preciado objeto.

—¿En serio?

—Sé cuánto te gustaba usarla —se encogió de hombros con una sonrisa nostálgica.

—Viktor, yo no...

—Sí, ya me lo repetiste hasta el cansancio: lo nuestro no puede ser, tú ya no me amas, nos hicimos mucho daño y una sarta de tonterías más. Lo sé —estaba un poco irritado y hasta un tanto derrotado—. Por lo menos déjame obsequiarte esto, tómalo, por favor —lo miró intensamente a los ojos, los castaños sucumbieron ante el encanto del otro, aceptando la prenda y apretándola contra su pecho.

—Gracias —salió más suave y vulnerable de lo que imaginó.

Ambos se quedaron en silencio unos momentos, viendo la pared y el piso como si fuera lo más interesante.

—En ese caso... —se quitó la chamarra azul que traía y se la extendió—. Es algo vieja, pero es... —el ruso la tomó sin rechistar, ni siquiera lo dejó terminar la oración.

—Es tu chamarra favorita, lo sé —sonrió con una tierna emoción antes de llevarse la prenda al rostro y aspirar con fuerza y sin disimulo—. Huele a Yuuri —se le hizo un nudo en la garganta—. Gracias, la usaré en la siguiente etapa.

—¿Qué? ¡No! Está vieja y fea, no la uses.

—No me harás cambiar de opinión —rio.

—Eres un necio —se contagió la risa.

En ese momento ambos se sintieron felices, como antes, despreocupados del mundo y de los problemas, sólo estaban ellos dos.

—Viktor... —murmuró en un tono triste, iba a soltar algo que tenía guardado desde hace tiempo—... no tuve la oportunidad de hacerlo correctamente, yo... —sus ojitos castaños se veían angustiados y su rostro muy avergonzado—. En verdad siento mucho lo que te hice en el hotel, ya sabes, cuando tú y yo...

—¿Cuándo te estaba haciendo un oral y saliste corriendo? —se cruzó de brazos, no estaba del todo molesto, pero recordarlo lo hizo sentirse un poco ofendido.

—Sí, eso... —se rascó la nuca—. ¿Me perdonas?

El ruso sólo suspiró y asintió. No volvieron a tocar el tema.

—¿Quieres pasar un momento?

—No lo creo —bajó la mirada—. No creo que sea lo correcto —agregó.

—Entiendo, entonces... ¿Nos vemos en Tokio?

—Nos vemos en Tokio —sonrió de lado y de nuevo se quedaron frente a frente, a menos de un metro de distancia, mirándose en silencio.

—Lo siento —se disculpó con anticipación por lo que estaba a punto de hacer. Dio un paso al frente y con rapidez tomó a su amado de la cintura, pegando sus pechos antes de alzar su rostro y robarle un beso cargado de cariño y ternura. No fue un beso pasional, tampoco lujurioso. Le costó trabajo separarse de esos labios que lo retenían, porque eso sí, Katsuki correspondió al beso desde el principio. Eso emocionó mucho al ruso, pero la cordura ganó en él, ayudándolo a separarse finalmente de esa boca que lo volvía loco. Nunca esperó que unos brazos lo rodearan con suavidad por el cuello, atrayéndolo de nuevo a ese cálido beso, ahora Yuuri se puso de puntillas para alcanzar mejor sus labios, usando una mano para acariciar su mejilla mientras se dejaba llevar un poco más por ese sentimiento que quemaba en su pecho.

¿Por qué lo besó? Obviamente porque lo amaba, pero también se vio influenciado por haberlo visto patinar de esa forma el día de hoy, había sido increíble.

—Para la buena suerte —murmuró con su voz entre cortada al separarse, justificando con eso el hecho de haber sido él quien inició un nuevo beso.

—La suerte es para tontos, Yuuri —pegó su frente a la de él, en un gesto demasiado tierno—. Oh... ¿Por qué lloras? —se apresuró a limpiar sus lágrimas.

—No es nada —se separó—. Tengo que irme.

Viktor estuvo tentado a hacerle ver que no era necesario seguir con esa absurda apuesta, que podrían en ese mismo instante olvidar todo lo pasado e iniciar una nueva historia juntos, pero estaba consciente también de que no le correspondía hacerlo, Yuuri ya sabía su sentir, se lo había dicho un millón de veces antes y era consciente de que lo amaba, así que ahora le tocaba al japonés tomar una decisión y hacérsela saber al ruso.

—Nos vemos en Tokio —respetó su decisión.

—Nos vemos en Tokio —respondió con una sonrisa sincera a pesar de que sus lágrimas seguían brotando lentamente una tras otra.

—¡Espera! —salió al pasillo a pesar de que andaba en bata de baño. Le quitó la chamarra roja de las manos y se la puso—. Hace frío afuera, cúbrete bien —se abstuvo de darle otro beso, no debía.

—Gracias —se sorbió la nariz y se dio media vuelta, desapareciendo al dar vuelta al final del largo pasillo.

El tercer evento llegó, se llevó a cabo en China y Phichit obtuvo la plata con mucho orgullo. La gran mayoría de sus amigos fue a apoyarlo, excepto su mejor amigo, el pobre había gastado ya todos sus ahorros y ahora vivía del dinero que ganaba con sus composiciones en venta, así que no se pudo dar el lujo de asistir.

Entonces se llegó la cuarta competencia en Osaka, Japón. Nadie conocido iba a participar en esa etapa, pero era el primer evento de Yuuri luego de su gran recuperación del coma, así que el lugar estaba atiborrado de gente que se consideraba fan del japonés. Yuuri no se esperó que todos fueran, estaba su familia, Minako-sensei, la familia Nishigori, Otabek, los Leroy, Phichit, Celestino. Pero a quien más le sorprendió ver ahí fue a Yuzuru, su médico había ido a verlo, incluso lo buscó antes de que el evento diera inicio, diciéndole lo orgulloso que estaba de él y de su progreso, luego regresó a sentarse junto a Mari-neechan. Yuuri sonrió ante eso, algo se traían esos dos, y estaba feliz por ambos.

Más tarde, y haciendo mucho ruido, llegaron los rusos. Yurio venía hecho una fiera, se había peleado con Yakov quién sabe por qué, y éste le reprendía con regaños en su idioma natal, Yuuri no entendía nada, pero aun así se acercó a ambos para saludarlos, iba feliz hacia ellos cuando más atrás apareció la persona que menos esperaba ver ahí, éste lo miró y le sonrió con tanta naturalidad que sintió envidia al estar seguro de que su propia sonrisa era boba y muy poco atractiva en esos momentos, y es que no podía creer que Viktor estuviera ahí. Todos sus seres queridos estaban reunidos ahí por él, y eso lo hacía sentirse muy feliz.

Por un momento pensó en darse la media vuelta y no saludarlos, pero ya era demasiado tarde, los tenía en frente. Se saludaron con tranquilidad, Yurio se mostró apacible y amable con su amigo y Viktor un poco distante, pero no sin brindarle una cálida sonrisa, aguantando sus ganas de apretarlo contra su pecho y nunca soltarlo. Se desanimó un poco al ver que la chamarra que traía puesta no era la suya, la roja, sino la negra de siempre.

—Tengo que ir a calentar —se despidió haciendo un gesto leve con la mano y una sonrisa nerviosa.

—¿Y tu entrenador? —inquirió Nikiforov, sonriendo un poco, sin despegarle la mirada.

—Uhm... no tengo idea —respondió, mirando hacia todos lados—. Debe de estar con Masumi, él también vino —rio un poco y miró a los tres rusos frente a él—. Gracias por venir, vale mucho para mí —sonrió, sincero, y se fue a calentar.

—No parece que necesite mucho a su entrenador —aseguró Yakov al verlo tan confiado y seguro de sí mismo, algo que no tenía antes de conocer a Viktor.

—No lo necesita... —murmuró, orgulloso por ver al que algún día fue su pupilo, por verlo tan fuerte. Estaba seguro de que sorprendería a todos, incluyéndolo.

—Wow... —se le fue el aliento al ver a su novio tan apuesto frente a él—. Chris, te ves tan...

—Tan sexy, lo sé —le guiñó un ojo, haciendo una pose demasiado erótica como para hacerla en público, pero eso poco le importó al rubio, quien estaba enfundado en uno de sus mejores trajes, elegante y moderno, portando sus anteojos para la vista, logrando verse más atractivo, interesante y coqueto—. Me alegra que vinieras —dejó las bromas de un lado y se abrazó a su pareja, éste le correspondió al instante.

—¿No deberías de estar con tu pupilo? —inquirió al ver que la competencia estaba por comenzar.

—¡Es cierto! —se le separó y salió corriendo de ahí. Masumi lo miró alejarse, sonriendo por el novio tan distraído que tenía, y agradeciendo porque él fuese su pareja.

El evento dio inicio. Los amigos y familia de Yuuri buscaron los mejores asientos. Gran parte del estadio estaba apoyando enteramente a Katsuki, todos estaban emocionados por ver sus rutinas luego de su increíble recuperación. Yuuri fue el último en salir al hielo, el público empezó a aplaudir y a gritar con emoción, tal como lo habían hecho con Viktor en Canadá.

Entonces los nervios atacaron al japonés.

Se quitó la chamarra y la gente gritó más fuerte, aplaudiendo y silbando. Brillaba por la sencillez de su atuendo y eso enloqueció al público, pues vestía totalmente de negro, con un pantalón elegante, entallado y una camisa formal del mismo color, un poco holgada y con la mitad de los botones abiertos, formando un sexy escote que enloqueció a más de uno. Todo su atuendo era muy sencillo, pero era su porte y seguridad lo que le daba ese toque irresistible, no podían apartar la mirada de él desde que puso un pie sobre el hielo.

(Dance for me de Abel Korzeniowsi)

Llegó al centro de la pista y se acomodó en posición. Las primeras notas en violín de la canción "Dance for me Wallis" de Abel Korzeniowski dieron inicio y con ellas unos movimientos increíbles por parte de Yuuri. Se le veía muy diferente a cualquier otra rutina que hubiese hecho antes, estaba serio, demasiado sereno. En ningún momento de la coreografía quitó su expresión templada, de vez en vez fruncía el ceño porque la combinación de pasos, saltos y piruetas era verdaderamente titánica. Sus movimientos iban de acuerdo al ritmo de la música, su cabello desordenado y sin peinar se movía en cada giro que daba, era como ver a un ángel negro patinando sobre el hielo, tan perfecto, tan sublime y sin error. La determinación de Yuuri era aplastante, muy de acuerdo a su tema de ese año: fortaleza.

—¡Aquí está un hombre que va más allá de nuestras expectativas, Katsuki Yuuri! —exclamó Hisashi Morooka desde su micrófono cuando el programa corto finalizó. Las personas que lo escuchaban estuvieron de acuerdo con él.

Los efusivos vítores de alegría no se hicieron esperar, cada persona del lugar estaba aplaudiendo de pie mientras que Katsuki seguía en su posición final, tratando de recuperar el aliento después de tan exhaustiva presentación.

—Supo interpretar muy bien su tema de ese año. Su regreso al hielo definitivamente marcó la historia a partir de hoy, demostrándole al mundo que siempre se puede, si uno quiere ¡Se puede! ¡La fortaleza gana hoy mis amigos! —Morooka, fiel seguidor de Yuuri, no dejaba de hacer exclamaciones llenas de alegría y asombro.

Yuuri Katsuki superó las expectativas de muchos. Y en cuanto a Viktor...

Él no aplaudió, no gritó ni hizo exclamación alguna. Estaba aferrado a su butaca, con su cuerpo trémulo y un sinfín de lágrimas silenciosas desbordándose por sus ojos. ¡No podía describir el orgullo y felicidad que sentía al verlo así! Tan recuperado, tan fuerte y tan talentoso.

Yuuri era su más grande orgullo y su ejemplo a seguir.

El ruso había planeado sus rutinas pensando en reconquistarlo con su patinaje, cuando el conquistado fue él al verlo patinar de esa forma. No había dudas, Katsuki tenía un nuevo fan número uno, y no, no era Minami.

Momentos después, el japonés se encontraba en el Kiss and cry con su entrenador. Chris estaba muy feliz y orgulloso de su pupilo y no se molestaba en ocultarlo. Lo abrazaba con fuerza mientras esperaban el resultado que fue...

—¡Le faltó sólo un punto para quitarle a Viktor Nikiforov el récord! ¡Sólo un punto! —exclamó Morooka—. ¿Cómo se estará sintiendo el ex entrenador de Katsuki en estos momentos? ¿Orgulloso por lo que logró su antiguo pupilo? ¿Celoso por casi ser alcanzado?

El aludido estaba escuchando eso por el auricular conectado a su celular.

Estoy orgulloso y al mismo tiempo muy celoso —respondió en su mente la pregunta del comentarista. Sonrió ladinamente y se puso de pie, depuesto a irse de vuelta al hotel. Ni Yakov ni Yurio se percataron de eso, estaban más ocupados pensando en cómo atravesarían la multitud de gente que se amontonaba alrededor del Kiss and cry.

—¿Listo? —apretó fuertemente las manos de su pupilo entre las suyas.

Katsuki asintió.

—Tu programa corto era cien veces más dificultoso que este, sé que lo tienes muy dominado y podrás sorprender a todos. Muestra todo tu eros, Yuuri.

—Chris —rio—. El "eros" no tiene cavidad aquí —aguantó la risa, pues estaba a punto de salir al hielo, no quería desconcentrarse.

—Tú demuéstralo de todas formas —le guiñó un ojo y se puso serio enseguida—. Quizás no sea el momento de decírtelo, pero tengo que hacerlo. Yuuri, sé por qué elegiste este tema, sé sobre esa chica y tu hija. Lo sé todo y te apoyo —puso una mano en su nuca, en una especie de abrazo cercano. Yuuri estaba de piedra, no sabía cómo reaccionar ¡No sabía cómo fue que se enteró! —. Ellas estarían orgullosas de ti en estos momentos, estoy seguro, porque como entrenador me has hecho sentir verdaderamente orgulloso —palmeó su espalda con fuerza y le ayudó a quitarse la chamarra. Yuuri no dijo nada, su expresión dura se suavizó al recordar a su amiga y a la hija que nunca conoció—. Adelante, tú puedes.

—Gracias Chris —le sonrió muy levemente, pero con una sinceridad muy pura. Puso un pie dentro de la pista, aspirando y suspirando para calmar sus incipientes ganas de llorar. No había sido buen momento para que le dijera eso, se había puesto demasiado sentimental—. Demonios —masculló entre dientes cuando llegó al centro de la pista y sus ojos se nublaron por las lágrimas, las cuales se limpió con disimulo muy rápidamente.

Katsuki estaba ajeno a los gritos y porras de la gente. No sabía que todos estaban maravillados con su ropa a pesar de ser similar a la de ayer: completamente de negro otra vez, con su camisa ahora abotonada en su totalidad, fajado elegantemente y con unos tirantes grises sujetos a su pantalón. Era un estilo muy retro y casual. Su cabello sin estilizar, cayendo por su frente como comúnmente lo hacía, sólo lograba darle un aire más nostálgico e inocente. Tal como le había dicho a Chris, en ese programa no había cavidad para el "eros", absolutamente no. El motivo por el cual no se esforzó mucho en sus atuendos era porque aún estaba de luto y porque deseaba que en su presentación lo primordial fuera el patinaje, no la ropa.

Yuuri

Contuve mis lágrimas exitosamente. Esperé con paciencia a que la música diera inicio, mientras tanto alcé la mirada en busca de alguien, ya lo hacía por costumbre, siempre buscaba su mirada antes de comenzar cualquier rutina, siempre.

(Sing of the times de Harry Styles)

Y esa vez no fue la excepción. Mis ojos se encontraron con los suyos muy rápidamente. Ahora no estaba sentado en las gradas. Estaba parado fuera de la pista, lo más cercano posible a mí. Lo miré, me miró y la música comenzó. Me deslicé grácilmente sobre el hielo, al ritmo suave de la canción. Decidí bloquear mi mente y concentrarme sólo en ese tema, en lo que quería transmitir a través de este. Sólo por un momento no quería pensar en Victoria, ni en nuestra hija.

"Just stop your crying

It's a sign of the times Welcome to the final show Hope you're wearing your best clothes"

"Solo detén tu llanto,

es una señal de los al espectáculo final, espero que lleves tus mejores ropas."

Es la última canción que patino para ti, Viktor.

"You can't bribe the door

On your way to the skyYou look pretty good down hereBut you ain't really good"

"No puedes sobornar al portero

cuando vayas de camino hacia el ves muy bien aquí abajo, pero en verdad no eres bueno"

Me limité a moverme con gracia sobre el hielo, mis pasos eran fluidos, gráciles y delicados. Me concentré en acumular puntos de componentes, nada más, los saltos complicados vendrían después.

"We never learn, we been here before

Why are we always stuck and running fromThe bullets, the bullets?"

"Nunca aprendemos, ya hemos pasado por esto.

¿Por qué siempre nos atascamos y escapamosde las balas, las balas?"

Elegí esta canción por nosotros, Viktor. No llores más por nosotros, yo no lo haré. El final está cerca, muy cerca.

"Just stop your crying

It's a sign of the timesWe got to get away from hereWe got to get away from hereJust stop your crying, it'll be alrightThey told me that the end is nearWe got to get away from here"

"Solo detén tu llanto,

es una señal de los que escapar de aquí.Tenemos que escapar de aquí.Solo detén tu llanto, todo irá dijeron que el fin está que escapar de aquí."

No sufras más, encontrarás a alguien mejor que yo, serás feliz. Nuestro pasado ha sido demasiado tóxico.

"Just stop your crying, have the time of your life

Breaking through the atmosphereAnd things are pretty good from hereRemember everything will be alrightWe can meet again somewhereSomewhere far away from here"

"Solo detén tu llanto, pásatelo mejor que nunca,

atravesando la atmósfera, y las cosas están bastante bien desde aquí.Recuerda que todo irá bien, podemos vernos de nuevo en algún sitio, en algún sitio muy lejos de aquí."

Esta canción no sólo la elegí para ti, sino también para mí. Todo estará bien, encontraremos la felicidad en algún sitio, con alguna otra persona. Por lo pronto mírame, no apartes tus ojos de mí, sólo esta última vez, mi amor.

Mi amor...

¿Por qué no te llamé así más veces? ¿Por qué no te besé más, te abracé más? Me he dedicado a perderte, me he encerrado en mi mundo y he desperdiciado oportunidades muy buenas para arreglar lo bello que alguna vez tuvimos. Y me arrepiento tanto de ello.

Mírame Viktor y siente lo que siento en estos momentos, mírame.

Nuestro mayor error fue no hablar lo suficiente, la falta de comunicación fue lo que terminó nuestra relación, y lo siento tanto. Quisiera intentarlo tanto como tú lo estás haciendo, sé que te esfuerzas en demostrarme ese amor tan puro que sientes hacia mí y me duele... duele tanto que me ames así porque yo siento lo mismo. Te amo y tengo miedo de que ese amor puro que sientes por mí se evapore cuando sepas que no soy quién tú crees, no soy el mismo Yuuri que conociste, yo he hecho cosas malas, tengo tanta culpa y remordimiento en mi alma que siento que me mata.

"We don't talk enough

We should open up Before it's all too muchWill we ever learn? We've been here beforeIt's just what we know"

"No hablamos lo suficiente,

deberíamos abrirnos de par en parantes de que todo sea demasiado.¿Aprenderemos alguna vez? Ya hemos pasado por esto antes,es solo lo que conocemos."

Este es el final.

¿Por qué elegí esa canción? Fácil, nos describe a la perfección.

La música terminó, mi presentación también lo hizo. Alcé mi mirada hasta toparme con tus ojos cristalinos. Sé que te llegó el mensaje, lo captaste muy bien ¿No es así?

Todo terminó.

Sé que lo entendiste bien cuando de nuevo te fuiste sin decir nada. Ya van dos veces que lo haces ¿A caso estás enojado porque casi te supero? No, tú no eres así, a menos que...

—Chris... oye... —dije, jadeando al llegar a la salida y toparme con mi entrenador, quien no me dejó continuar y me abrazó efusivamente.

—¡Lo hiciste increíble!

—Oye... —insistí, separándome. Tenía que saber algo—. Dime... ¿Viktor sabe lo que me dijiste hace rato? Sobre Victoria y yo...

—¿Qué? —se extrañó mucho, claro, no era normal que le preguntara algo así precisamente en esos momentos—. No, no le he dicho nada, no me corresponde hacerlo. ¿Por qué?

Fruncí el ceño.

—No lo entiendo —le dije. Él me miró y luego hacia donde se supone que estaba Viktor. De inmediato me sonrió y revolvió mis cabellos.

—Déjalo —rio un poco—. Luego entenderás.

Yuuri frunció el ceño y salió del hielo. No le había dicho nada a su entrenador, pero esas palabras que le dijo antes de salir al hielo fueron el verdadero detonante para que diera lo mejor de sí.

Narradora.

No, Viktor no había entendido el mensaje de Yuuri, al menos no del todo. Se había ido de ahí porque no soportaba la idea de que su amado fuera tan bueno, pues eso significaba que podría fácilmente quitarle el oro. Estaba orgulloso de él, bastante, pero temía perderlo con una estúpida apuesta que él mismo impuso. No tuvo otra opción que levantarse y retirarse del lugar, regresando a su hotel y planificando algunas mejorías en sus rutinas para ganarle sin lugar a dudas, no podía perder.

Estuvo muy tentado a ir con Yuuri y abrazarlo, besarlo ante la multitud y felicitarlo por superarlo de esa manera, quería decirle lo orgulloso que estaba, pero al hacerlo se vería muy vulnerable. Yuuri le estaba dando un tremendo adiós con esa canción y él debía mantener su distancia... por ahora.

La premiación se llevó a cabo, obviamente Yuuri se llevó el oro. Katsuki, Nikiforov, Yurio y Phichit se encontraban ahora empatados.

Viktor se fue de Japón sin despedirse de Yuuri. No quería tener contacto con él hasta haberle ganado en la final, cuando le dijera: "Tú, yo, una cita".

El siguiente evento se llevó a cabo en parís. Era la segunda competencia para el ruso Nikiforov. En esa ocasión le tocó enfrentarse a J.J. y a Otabek. Ambos traían mucho apoyo consigo, amigos, familia. Las hermanitas de Otabek estaban presentes junto con sus padres, y obvio, Yurio también había ido.

Durante los dos días que duró la competencia, J.J. y Viktor no dejaban de lanzarse miradas asesinas, cada uno con sus motivos personales muy fuertes. Viktor había hecho unos cambios en su rutina sin el consentimiento de su entrenador. Necesitaba ganar. Jamás había sentido el peso de la competencia sobre sus hombros, nunca se había puesto tan nervioso y quizás eso fue lo que hizo que sus rutinas dejaran mucho que desear, eso y el extenuante entrenamiento que estuvo haciendo toda la semana a escondidas. Tuvo un par de caídas que le restaron muchos puntos, también unos cuantos errores que le costaron el primer lugar. El pobre terminó llevándose el segundo puesto mientras que Otabek ganó el primero y J.J. el tercero.

Se sentía humillado. Era la primera vez en su vida que ganaba la plata. La primera vez en su vida que se sentía tan decepcionado y triste. Pero lo que más lo entristecía era el hecho de que Yuuri no estuviera ahí para verlo, no había ido.

Los comentaristas hicieron muchas especulaciones sobre Viktor y su reciente accidente, sobre su mala recuperación y la enorme sorpresa que se llevaron cuando apareció en Canadá totalmente en forma. Ahora se veía cansado. Las viejas heridas y el entrenamiento exhaustivo le estaban cobrando factura. Afortunadamente tenía un pase seguro a la final, gracias al primer lugar que ganó en Toronto y al segundo en Paris.

Llegaron al centro de deportivo antes de lo esperado, su hotel estaba demasiado cerca, así que ahora tenían tiempo de sobra. Todavía faltaban un par de horas para que la copa Rostelecom en Sochi diera inicio.

—Es muy temprano —observó Chris, mirando a su alrededor y notando que aún no había mucha gente—. ¿Qué quieres hacer?

—Quiero dejar mis cosas en los vestidores —señaló su pesada maleta—. Luego calentaré un poco —le dolía un poco mirar a su alrededor, pues cada parte de ese centro deportivo le recordaba a la primera vez que compartió pista con su más grande ídolo. Esas paredes albergaban muchos recuerdos.

—Bien, te acompaño —puso una mano sobre su hombro y comenzaron a andar.

Yuuri le sonrió y recordó la charla tan larga que tuvieron con respecto a Victoria y a la bebé. Chris le había explicado que lo escuchó hablar con J.J. en Toronto. Dijo que en un principio se sorprendió bastante, pero pudo digerirlo después de pensarlo un rato. Se puso en los zapatos de Yuuri y admitió que hubiera hecho lo mismo y que incluso no habría sido tan valiente y fuerte como él, pero sí lo reprendió diciéndole: "¿Crees que Viktor te va a dejar de amar por eso? Deberías decírselo, de lo contrario estarás haciendo lo mismo que él cuando no te dijo nada sobre Irina. Quizás sí se enoje y haga un drama de todo esto, pero se le pasará, ya lo conoces"

Yuuri se sorprendió ante esas palabras. Phichit le había dicho algo muy similar, y ambos tenían razón, pero él tenía tanto miedo de enfrentarlo que prefería alejarse. Era fuerte en ciertos aspectos, pero algo cobarde en otros.

Salió de sus pensamientos cuando Chris le dijo que ya tenía hambre a pesar de haber comido. El suizo siguió parloteando con su grave y gruesa voz y Yuuri le ponía atención, al menos hasta que vio a cierta persona a lo lejos. Esa persona estaba sola, parada frente a un enorme poster donde venía la foto de todos los participantes de esta ronda, Viktor apreciaba específicamente la de Yuuri. El japonés sintió cómo su corazón se aceleró al verlo, no imaginó que fuera a presentarse en la competencia, después de todo él ya había pasado a la final. No tenía nada que hacer ahí.

Se detuvo a lo lejos y se le quedó mirando unos segundos, notando que traía puesta la vieja chamarra que le obsequió a cambio de la suya.

Todo a su alrededor perdió sentido e importancia, sólo podía tener sus ojos fijos en ese apuesto hombre frente a él, parado en esa pose despreocupada que solía hacer sin darse cuenta, con un brazo cruzado y el otro sosteniendo su mentón en una pose pensativa.

Daría lo que fuera por ver su expresión en esos momentos ¿qué estaría pasando por su mente mientras veía su foto? ¿Lo odiaría por no haber ido a París a verlo? ¿Y si Chris realmente sí le dijo lo que sabía? ¿Y si ya no quería volver a verlo? ¿Entonces por qué traía su chamarra?

Todas sus dudas se disiparon cuando el ruso se giró y le sonrió. Le mostró una pura y sincera sonrisa tranquila.

Inevitablemente ambos se transportaron a esa fecha hace varios años en la que hicieron contacto visual por primera vez.

—¿Quieres una foto? —preguntó Viktor, rememorando aquella ocasión especial en la que el otro lo rechazó descaradamente.

A diferencia de aquella vez en que Yuuri se giró y se fue sin decir nada, ahora le sonrió como bobo y asintió.

—Me encantaría.

El japonés le extendió su teléfono al suizo y le pidió que le tomara la fotografía. El aludido, emocionado, tomó el aparato y se preparó para tomarla, feliz.

Entonces Yuuri caminó hacia Viktor y se puso a su lado, guardando una distancia prudente.

—Acércate, sabes que no muerdo, bueno, no mucho—ese comentario hizo que Chris soltara una carcajada estridente.

Yuuri tragó en seco, se puso nervioso cuando estuvo lo suficientemente cerca como para percibir el olor de su colonia. Eso lo mareó un poco, deseando oler más de cerca esa fragancia. Entonces Viktor pasó su brazo detrás de la cintura del otro, sujetándolo gentilmente. El japonés iba a hacer lo mismo, pero se equivocó en la altura y terminó poniendo su mano en otro lugar.

—Oh Yuuri. No sabía que querías una foto así, me lo hubieras dicho antes.

—¡N-no, no es así! —se puso muy nervioso. Ante los ojos de Viktor, era el ser más tierno de la faz de la Tierra, mientras que el suizo contenía con fuerza sus ganas de reír—. ¡Viktor! —exclamó cuando sintió que apretaba su trasero con naturalidad y libertad. A pesar de la queja, el ruso no quitó la mano de ahí.

Chris tomó un montón de fotos, en diferentes ángulos y posiciones, haciendo reír un poco a sus amigos.

—¿Qué? —se quejó el suizo—No sabemos cuándo será la siguiente vez que ambos estén de buenas y acepten tomarse una foto juntos —se defendió, logrando que los otros dos se entristecieron un poco.

—Sigo yo —el ruso sacó su móvil, dispuesto a tomarse una selfie con su amado, aprovecharía a que seguía apretando su trasero y eso provocaba un inmenso sonrojo en toda su tierna carita, pero nunca se esperó que el otro hiciera lo mismo con una de sus nalgas.

Viktor tomó la foto y sonrió satisfecho al ver lo improvisada y hermosa que salió. Ambos sonrojados y sorprendidos. Nadie sabría nunca que en ese momento los dos pellizcaban el trasero del otro. Sólo Chris, quién se había tomado la molestia de grabar un video con su propio teléfono. Ya se lo mostraría a esos idiotas cuando comenzaran a pelear de nuevo.

—Si subo esto a Instagram estoy seguro que se hará tan viral como nuestras fotos, Viktor —se burló el suizo, recordando las furtivas fotografías que tomó un desconocido en Canadá. Se había hecho un gran escándalo por ello, incluso casi tuvo problemas con Masumi, pero no pasó a más cuando ambos aclararon lo sucedido.

Los tres se sintieron felices en esos momentos de paz, ignorando el hecho de que serían las últimas fotos que se tomarían juntos en mucho tiempo.

—¿Qué haces aquí? No pensé que te vería, sino hasta en la final.

—Vine a verte —se encogió de hombros.

Yuuri no supo qué responder. Últimamente era muy incómodo hablar con él, la conversación no salía de manera fluida como antes, ahora tenía miedo de soltar cualquier palabra y cometer un error, lo mismo le ocurría a Viktor, haciendo que su comunicación fuera ineficaz. Tenían tantas cosas que decirse y el tiempo suficiente también, pero eran ellos los que no sabían cómo hacerlo.

—¡Yuuri! —Phichit salió quién sabe de dónde y se le echó encima a su mejor amigo. Viktor sonrió con tristeza, viendo perdida su oportunidad de hablar con él.

—Iré a buscar un buen lugar antes de que llegue la gente —se despidió el ruso.

—Te acompaño, tenemos mucho de qué hablar. ¿Por qué hiciste esa porquería de rutinas en París? ¿Qué demonios te pasó? —cuestionó Chris mientras comenzaban a caminar rumbo al interior del centro, rodeando el cuello de su amigo con un brazo.

—Lo siento, Yuuri ¿Interrumpí algo? —se sintió culpable al ver que los otros dos se alejaron.

—No —le restó importancia.

—¿Cómo te ha ido con él? ¿Ya hablaron? ¿Le dijiste la verdad?

—¡Phichit-kun! —se molestó un poco—. Ya sabes que no lo haré, no puedo...

El moreno infló sus mejillas, enojado con su amigo.

—¿Y Minami-kun? —inquirió con curiosidad, mirando por todos lados—. Pensé que estaría contigo, como no se te separa en ningún momento.

—Pareciera que estás celoso —rio.

—¡Claro que no! —se sonrojó levemente—. Él puede juntarse con quien quiera, no voy a ponerme celoso.

—Me refería a mí, tu mejor amigo. Pensé que estabas celoso porque él siempre está pegado a TU MEJOR AMIGO —repitió, sorprendiéndose al ver cómo se sonrojaba más.

Yuuri rio abiertamente, rio como no lo había hecho en meses. Había notado la rivalidad que Minami y Phichit tuvieron desde el momento en el que se conocieron en el hospital luego de su cirugía de ojos, ambos se peleaban por tener su atención y el título de "Mejor amigo de Yuuri Katsuki". Ahora parecía que los dos habían entablado una linda amistad, más profunda de lo que Katsuki se podía imaginar.

—Minami ya debe de estar adentro, quiso llegar temprano para entrenar un poco.

—Igualito a su entrenador —rodó los ojos.

Yuuri sólo rio un poco y se encogió de hombros mientras comenzaba a caminar al lado de su mejor amigo, rumbo al interior.

—Ahora que lo mencionas... tiene muchas similitudes con mi yo pasado, comete los mismos errores que yo —rio un poco—. Es adorable.

—Sí, verlo patinar me recuerda a ti, en Detroit —suspiró soñadoramente—. Eras un desastre.

Ambos se echaron a reír.

—¿Estás listo? —preguntó con su eterna seriedad.

Ambos estaban en los vestidores, esperando el momento en que les correspondiera salir al hielo.

—Estoy muy nervioso —admitió con una sonrisa titubeante—. ¿Y tú? —miró al kazajo con curiosidad, siempre se había preguntado si acaso sentía nervios antes de una competencia, después de todo siempre se veía muy serio y seguro.

—No tienes idea —se apretó las manos con ansias.

Yuuri contuvo una risita. Todos presentaban nervios ante una competencia, aunque las apariencias indicaran lo contrario.

—Por cierto... quería hablar contigo sobre algo importante. He tenido la oportunidad de pasar mucho tiempo con Yuri, por consecuencia he pasado mucho tiempo con Viktor.

Katsuki se incomodó.

—No suelo meterme en asuntos que no me incumben, pero Yura se pone triste al verlos separados. Viktor te ama y todo este tiempo ha estado buscando la manera de demostrártelo ¿Por qué no le das una oportunidad?

—Otabek... —se asombró—. No puedo volver con él, no soy el mismo de antes —apretó sus manos con nerviosismo.

—¿Aún lo amas?

—Sí.

—¿Y por qué no se lo dices? Así como lo acabas de admitir, díselo. No es tan difícil.

—Hay mucho que él tiene que saber sobre mí.

—Habla con él. Hay cosas que debes saber.

—¿Qué cosas?

—Su ex esposa y él... —calló cuando un par de patinadores desconocidos entraron al lugar, haciendo mucho alboroto al venir con sus entrenadores y amigos. Ya no era el lugar ni el momento para hablar de esas cosas. La conversación se vio interrumpida y no se reanudó hasta después de que los chicos escandalosos salieron. Yuuri fue quien rompió el hielo en esta ocasión, cambiando de tema radicalmente.

—Vi tus programas, son... wow. ¿Yurio y tú se pusieron de acuerdo?

—Algo así.

—Temo que me ganen garrafalmente.

—Puede ser —sonrió—. Aunque a decir verdad sólo me interesa sobrepasar a Yura, hicimos una apuesta.

Katsuki sonrió con ternura al escucharlo llamar así al rubio.

—¿Ustedes también?

—Creo que salió a raíz de tu apuesta con Viktor.

—Ya veo ¿Y qué apostaron?

Las mejillas del kazajo se tornaron rosadas.

—Si él gana...

—¡Yuuri! Estoy muy nervioso —Minami entró como rayo a los vestidores, aferrándose al brazo de su entrenador—. ¡Voy a competir contra ti! ¿Y si fallo?

—Sólo da lo mejor de ti —intervino Phichit, parado a un lado de Katsuki y Kenjiro—. Si quieres ganar deberías estar calentando y no abrazando a Yuuri de esa forma.

—¡Beka! —entró el rubio a los vestidores también—. Necesito hablar contigo —se veía serio, pero un tierno sonrojo adornaba sus mejillas—. ¿Puedes venir un momento?

Los vestidores eran ya toda una pasarela de gente entrando, interrumpiendo, saliendo y hablando. El kazajo salió de ahí, no sin antes decirle unas palabras a Yuuri que sólo él escuchó.

—Habla con Viktor, tiene mucho que decirte.

De nuevo estaban todos reunidos en el lugar. Sólo faltaban los señores Katsuki, quienes no pudieron asistir debido a todo el trabajo que tenían en el onsen, pero Mari-nee chan ahí estaba apoyando a Yuuri junto con el doctor Yuzuru. Yuuri traía consigo a toda la gente que lo apoyaba. Entonces se dio cuenta de que tenía un grupo de fans muy grande, todas eran tan escandalosas como las de Viktor y Yurio juntas.

En ese día se presentaron Otabek, Phichit, Minami y Yuuri. Los cuatro dieron lo mejor de sí, sintiéndose muy apoyados por toda la gente en las gradas. El lugar estaba atiborrado y el público hacía mucho ruido, animando a los patinadores. Todos expusieron su programa corto, dejando al mundo boquiabierto por el talento derrochado sobre el hielo. Al día siguiente se llevaron a cabo los programas libres y fue lo mismo, la gente feliz apoyaba a todos los participantes.

—Hola —murmuró justo en el momento en el que se paró a su lado e introdujo un par de monedas a la máquina expendedora de bebidas.

La competencia había terminado y ya sólo esperaban la premiación. Viktor había salido a tomarse un respiro después de presenciar nuevamente la presentación de Yuuri tan hermosa y pulcramente desarrollada, verla le robaba el aliento, lo hacía casi hiperventilar. Lo que nunca esperó fue que J.J. se le acercara para charlar, ciertamente lo había hecho en Paris y el resultado no fue muy bueno, ambos no podían verse ni en pintura.

El ruso no respondió al saludo, se quedó callado, recargado contra la pared junto a la máquina, bebiendo una botella de agua mientras ignoraba al canadiense, pero éste lo miraba sin disimulo, casi con hastío, como si su presencia ahí le causara repugnancia.

—¿Qué quieres, Leroy? —espetó de mala gana luego de cansarse de sentir su mirada tan insistente.

—Sólo trato de entender por qué Yuuri sufre tanto por una basura como tú. Debería de superarte de una vez por todas.

—¿Eres tú quien le da esos consejos? —masculló entre dientes, enfrentándolo al escuchar tal declaración.

—¿Y si así fuera? —dio un paso al frente, encarándolo también. Los ojos grises y azules se conectaron en una mirada iracunda.

—Eres un maldito bastardo. Soy yo el que no entiende por qué es tu amigo, después de que fue tu culpa el que quedara en coma por seis meses.

Leroy sucumbió ante esas palabras, Viktor había tocado una fibra sensible de su ser, pues seguía sintiéndose muy culpable por ello.

—Yo no soy quien le mintió, quien lo ilusionó sólo para decirle después por teléfono que debía "Cerrar ciclos" —soltó una risa seca y tosca—. Crees que él caerá rendido ante ti como si nada, estás muy equivocado. El Yuuri que ves ahora es muy diferente al que conociste alguna vez. Él no volverá a ser el mismo, tú ya no tienes derecho a estar en su vida. Mejor hazle un favor y aléjate definitivamente.

—Crees que lo conoces muy bien —se mofó—. Tú no sabes nada.

—No, el que no sabe nada eres tú, créeme cuando te digo que conozco mejor a Yuuri que tú, estuve a su lado en los momentos más difíciles de su vida, mi esposa y yo lo apoyamos esa vez en que los tuyos lo trataron tan mal cuando hizo hasta lo imposible con tal de ir a verte al hospital —bufó con hastío—. Y sé con seguridad que él podrá olvidarte. Sólo fuiste un tropiezo en su vida... —sonrió de lado—... una simple basura. Le has hecho más daño que bien.

Esas palabras fueron la gota que derramó el vaso.

El puño de Nikiforov se estampó con fuerza en el rostro del canadiense, quien no dudó en regresárselo, pero no fue a Viktor a quien terminó golpeando, sino a un rubio que se atravesó, deteniendo el puño en el aire, pero no con la suficiente fuerza. Había sido tanto el impulso del puño de Jean que Yurio terminó en el suelo. Otabek miró todo desde una distancia cercana, así que pronto apareció al lado del canadiense, lo tomó por el cuello de su camisa y lo estampó contra la pared que había detrás de la máquina expendedora. No fue necesaria ni una palabra, la expresión intimidante del kazajo combinada con la fuerza ejercida era más que suficiente para que J.J. se disculpara en el instante.

—Lo siento, pero él se interpuso, el golpe iba para ese idiota —señaló al ruso mayor, quien abría y cerraba su mano derecha, la cual quedó inflamada y con incipientes hematomas luego de golpeársela con la cara del canadiense. Viktor se veía muy cabreado.

El ruso mayor le extendió una mano al rubio para que se incorporara.

—No era necesario que te interpusieras —le regañó.

—Y no era necesario que te pusieras en plan de brabucón. Yo tampoco soporto al tipo, pero no por eso le ando soltando un puño cada vez que me enoja —aceptó la mano del mayor y aprovechó a que le extendió la mano mala para apretársela.

—¡Eso duele! —se quejó luego de levantarlo.

—Es tu culpa.

Altin ya había soltado a J.J. después de intimidarlo un rato, y ahora se dirigía hacia ambos.

—¿Te encuentras bien? —preguntó a su novio.

—Sí, no me pasó nada —respondió sin dejar de mirar a Jean a espaldas de Otabek. Los dos rusos se veían verdaderamente molestos.

Desafortunadamente habían llamado mucho la atención de la gente que rondaba esos pasillos, pues ahora se asomaban disimuladamente, tomando fotos y video de lo ocurrido.

—Vámonos, no vale la pena —Yurio jaló el brazo de Viktor y tomó la mano de su novio, yéndose del lugar, directo a la premiación que estaba por dar inicio.

En ese día Yuuri se llevó por mucho el oro, Otabek la plata y Phichit el bronce, dejando así a Minami descalificado para el GPF. El pobre le prometió a su querido entrenador que se esforzaría más el próximo año. Estaba tan desanimado que ni el mismo Yuuri lograba alejar la tristeza de él. Fue Phichit quien logró animarlo un poco.

—Tranquilo, podrás intentarlo el próximo año —lo animó el tailandés—. No entristezcas, tu carrera recién comienza.

—No es eso... —murmuró cabizbajo, caminando junto a Phichit rumbo a los vestidores—. Defraudé a mi entrenador.

—Él no se va a enojar porque no ganaste, no te preocupes por eso y... oh... —pareció entender algo—. ¿Querías ganar para Yuuri?

—¡Claro que sí! —exclamó.

El moreno se puso serio.

—Si quieres ganar debes hacerlo por superarte a ti mismo, no para complacer a otros.

—No lo entiendes —suspiró.

—¿Qué no entiendo? —se puso todavía más serio.

—Yuuri es alguien muy especial para mí, es mi ídolo más grande. Fue por él que decidí convertirme en patinador, siempre me inspiró a superar cada obstáculo en mi camino, y ahora que es mi entrenador... —suspiró soñadoramente—. No puedo retroceder en mi camino, debo superarme para que él esté orgulloso de mí.

Phichit lo observó con expresión pensativa.

—Minami ¿Tú quieres a Yuuri? Me refiero a... ¿Lo quieres de una manera romántica? —fue demasiado directo, tanto que el aludido se sonrojó hasta las orejas, pero no dudó en contestar de inmediato.

—¡Sí! ¡Lo quiero mucho! Yuuri me gusta y yo... —no pudo terminar la oración, pues su rostro terminó estampado contra el suelo.

—Ups. Lo siento, niño —regresó su pie al sitio inicial, lejos del piso del pasillo donde la gente caminaba frente a él.

—¡Oye! —exclamó con un tono nasal mientras se apretaba la nariz sangrante al golpearse contra el suelo—. ¡Lo hiciste a propósito!

—Yo sólo estaba aquí parado, tú te tropezaste con mi pie —el acusado se encogió de hombros, viéndose demasiado convincente. Minami iba a decirle otra cosa, pero en ese instante Yuuri lo llamó desde lejos, obviamente no tardó ni un segundo en olvidarse del incidente y salir corriendo tras su entrenador.

—Me sorprende tu madurez, Viktor —lo miró reprobatoriamente el tailandés.

El culpable alzó sus cejas y se encogió de hombros con una chistosa mueca de ingenuidad en el rostro. Phichit entornó sus ojos hacia el ruso.

—Ambos sabemos que no fue un accidente —refunfuñó algo en su idioma natal, que para oídos de Viktor fue una mala palabra, luego se retiró, dejándolo solo en el pasillo.

Sí, le había metido el pie al escuchar lo que decía. Le enojaba mucho ese chiquillo ridículo.

El gran día llegó.

Todos los finalistas se encontraban en el centro deportivo de Tokio. Yuuri, Viktor, Yurio, Otabek, J.J. y Phichit.

El japonés estaba demasiado nervioso, cargaba muchas cosas sobre sus hombros, no había podido dormir en toda la noche por los pensamientos que lo agobiaban cada vez con mayor intensidad. Había obtenido una puntuación excelente en las dos competencias anteriores, dejándolo en segundo lugar, superado por Yurio sólo por un par de puntos, no estaba acostumbrado a ser de los mejores, por esa misma razón se había estado mordiendo las uñas debido los nervios.

Pero lo que más lo volvía loco era la indecisión que se sembró en su pecho cuando se preguntó mil veces: "¿Esto es lo que realmente quiero?" Phichit, Yurio, Otabek, Chris, muchas personas le habían hecho ver que esa apuesta con Viktor no era más que una insensatez, y tenían razón, él lo sabía. Estaba de acuerdo con esa apuesta porque si ganaba se evitaría el hecho de tener que darle explicaciones incómodas a Viktor, y si perdía... si perdía podría volver con él.

Ahora que lo pensaba bien, perder sonaba tentador, podría volver con él, usando el pretexto de haber perdido. Estaría a su lado de nuevo. Perder no era una mala idea.

Con ese último pensamiento salió a la pista, sorprendiendo a más de uno luego de equivocarse en cosas tan sencillas como una secuencia de pasos. Los comentaristas lo atribuyeron a los nervios de la final y al estrés, ajenos a que todo lo había planeado momentos antes de pisar el hielo. Era el último en patinar ese día, por lo que la gente había esperado con ansias su presentación, claro que jamás se esperaron ver de nuevo al Yuuri Katsuki de hace tres años, ese que aún no había sido entrenado por Viktor.

El público le aplaudió y lo felicitó a pesar de sus errores, apoyándolo a pesar de todo. A penas puso un pie fuera del hielo, Chris lo tomó de ambos hombros y lo miró severamente.

—¿Qué estás haciendo?

—V-voy para el Kiss and cry, deberíamos ir ya —intentó zafarse del agarre de su entrenador, pero éste lo intensificó.

—No, primero respóndeme: ¿Qué demonios hiciste allá afuera? —nunca le había hablado así a Yuuri, hasta ahora—. Tú no fallas así en los saltos, mucho menos en las secuencias de pasos.

—Los nervios, Chris, estoy muy nervioso —lo dijo con un leve temblor en la voz. Sí, estaba muy nervioso, pero no precisamente por la competencia. Se estaba muriendo en estrés por la decisión que había tomado antes de su presentación final.

El suizo lo miró fijamente a través de sus gafas redondas, estudiando su rostro con avidez, tratando de encontrar una mentira en él, y al no hallarla lo jaló de la manga de su camisa y se lo llevó al Kiss and cry, donde vieron que la puntuación fue baja, pero no tanto como Yuuri esperó en un principio. Terminando ese momento frente a la cámara, Yuuri salió prácticamente corriendo de ahí, directo a los vestidores donde se cambió y se fue del lugar, directo a su hotel. No quería hablar ni ver a nadie. Esperaba que con esa mala presentación que dio, fuera suficiente para que Viktor ganara el oro, después de todo, el programa corto del ruso fue el mejor, había quedado en primer lugar, seguido de Yurio, después Otabek, J.J., Phichit y finalmente él.

Al día siguiente le tocó salir primero, estaba a tan sólo unos minutos de salir a patinar y no podía con el malestar en todo su cuerpo, de nuevo no había podido dormir muy bien, sin embargo, ahora no sintió la necesidad de un atracón de comida, en esta ocasión se le cerró el estómago.

Hubo un momento, antes de salir a la pista, en el que sintió la necesidad de ir por los pasillos abrazando a cualquiera que se le parara en frente, entre ellos estaba Viktor, quien no le había dirigido la palabra en un buen rato. La última vez que conversaron fue en Sochi, cuando rememoraron viejos tiempos tomándose fotos.

Esas fotos...

Sacó su móvil y sintió una extraña opresión en el pecho al ver una de esas fotos en su salvapantallas. Decidió apagar el celular y comenzó a concentrarse para estropear su programa libre. Sentía que se estaba traicionando a sí mismo al hacer eso, después de todo había prometido ganar el oro, pero al mismo tiempo sentía que se hacía un favor. Se estaba volviendo loco.

Tanta presión le iba a traer consecuencias tarde o temprano, y supo que ese momento había llegado cuando vio a Viktor a unos metros de él, abriéndose paso entre el tumulto de gente que había, portando el hermoso traje de su programa libre con la vieja chamarra de Yuuri puesta encima, todo iba bien hasta que el japonés hizo contacto con los ojos del ruso, esos ojos fríos y filosos como navajas. Estaba enojado.

Todo su mundo dio un giro vertiginoso cuando leyó su propio nombre en los labios del ruso. Iba directo hacia él, enojado, no, furioso.

No lo soportó más y salió corriendo directo al baño. El motivo no fue la intimidante mirada de Viktor, ni el enojo en su expresión, sino las inmensas ganas de arrojar sus ácidos estomacales por la boca.

Llegó a tiempo para devolver su estómago en uno de los retretes, había sido tanta la prisa que ni siquiera se molestó en cerrar el cubículo, sólo se dejó caer frente al excusado, vaciando con violencia la bilis que se había acumulado en su estómago debido al estrés.

Viktor lo había seguido, molesto por verlo huir de esa manera. Entró a los sanitarios con enojo, enojo que fue sustituido por verdadera angustia al ver al nipón vomitando. No lo pensó dos veces antes de hincarse a su lado y frotar su espalda.

—Yuuri ¿Estás bien? —preguntó en voz baja, tratando de calmarlo con sus caricias. Ya no había rastro de su enojo, estaba muy preocupado.

—S-sí —respiraba agitadamente debido al esfuerzo, aceptando un par de toallas de papel que el ruso le ofrecía.

—¿Estás enfermo? —inquirió, temeroso de que le ocultara algún padecimiento grave. Se tranquilizó un poco cuando notó la sinceridad en su rostro.

—Estoy muy nervioso, demasiado... —se puso de pie con la ayuda del otro—. Gracias —se soltó del agarre de Viktor, caminando hacia los lavabos para enjuagarse la boca. Cuando terminó, se giró, dispuesto a irse de ahí, nunca se esperó que...

—Yuuri Katsuki —lo tomó del cuello de su chaqueta con ambas manos y lo estampó no muy fuerte contra la pared más cercana. Su expresión amable había desaparecido, y en su lugar estaba la misma expresión enojada e intimidante que le causó el vómito—. Ahora mismo me vas a explicar por qué carajos arruinaste tu programa corto de ayer.

—¿Q-qué? —parpadeó, asustado de verdad. Él jamás en la vida lo había arrinconado así contra la pared, al menos no en esas circunstancias.

—No te hagas el iluso. Los errores que cometiste fueron totalmente intencionales ¿Creíste que no lo iba a notar? —se exasperó—. ¿Qué demonios intentas? ¿Te compadeciste de mí y quisiste dejarme ganar? —casi escupió las palabras—. ¡Es la primera vez desde hace años que nos enfrentamos en una competencia! No lo arruines de esta manera, no me decepciones más...

A Yuuri se le fue el aliento ante esa última petición. La mirada dolida de Viktor era demasiado para su maltrecho corazón.

—Vas a salir allá y darás lo mejor de ti ¿Me entendiste? —lo apretó más contra la pared, cualquiera que los viera pensaría que Viktor se estaba comportando como todo un brabucón con el pobre japonés.

—S-sí.

—¡Y más te vale hacerlo mejor que en Osaka! ¿Entiendes?

—Viktor, tú estás...

—¡¿Entendiste?!

—Sí... —se sintió en verdad intimidado—. Viktor tú... —fue nuevamente interrumpido.

—Vete —lo soltó y le señaló la puerta—. Saldrás a la pista en cualquier momento —no quitó la seriedad de su rostro, pero no había sólo eso, y Yuuri lo sabía bien. El rostro de Viktor estaba levemente teñido de dolor. Más se había preocupado Yuuri al notar cierto temblor en su cuerpo.

—¿Te encuentras bien? —preguntó con voz queda, aún algo intimidado.

—Yo no soy quien vomitó hace unos minutos, vete —insistió.

Yuuri se dio media vuelta y se fue, su turno de salir había llegado.

Cuando Viktor escuchó que la puerta de los baños se cerraba, dejó escapar un pesado gemido mientras se apoyaba con ambas manos sobre los lavabos. El dolor en su espalda era un poco fuerte. Todo el entrenamiento extenuante le estaba cobrando factura, necesitaba un descanso con urgencia, desafortunadamente no podía darse el lujo de descansar, estaba en la gran final, así que la única solución que encontró fue el pequeño bote de analgésicos que cargaba consigo desde la competencia en París. Se tomó un par de píldoras y rogó al cielo que ese dolor desapareciera.

El programa libre de Yuuri fue épico. Al parecer no sólo llorar antes de una competencia le ayudaba al japonés. Se había quitado mucha tensión de encima luego de devolver el estómago, tanto así que en esa última presentación logró romper el récord de Viktor en el programa libre. "Sing of the times" hizo historia ese día. Nikiforov no podía estar más orgulloso, tristemente no fue lo mismo para él cuando pisó el hielo.

La leyenda viviente del patinaje se cayó incontables veces sobre el hielo. Ni un sólo salto le salió bien, sus movimientos se veían forzados y adoloridos a pesar de todos los analgésicos que se había tomado. El público le aplaudió enérgicamente a pesar del gran bajón de puntos que recibió. Había personas llorando debido a la impresión de ver a Viktor en ese estado, incluso hubo quien gritó fuertemente: "¡Te amamos Viktor, te amamos!" el aludido miró a sus amados fans con expresión cansada, pero sin borrar una tenue sonrisa de su rostro. Con los labios formó la palabra "Gracias" justo antes de retirarse del hielo, derrotado y humillado por su maldito y maltratado cuerpo.

Por primera vez Yakov no le dijo nada en el Kiss and cry a pesar de haber conseguido la puntuación más baja de su vida. Su entrenador lo miró y le palmeó la espalda, sólo eso.

Los ojos del ruso se inundaron en lágrimas que no dejó escapar. Prefería mil veces escuchar los regaños de su entrenador antes que recibir esa escueta palmada en su espalda. Le dolía sentir que los demás le tenían lástima, lo odiaba mucho. Un cúmulo indescriptible de emociones se amontonó en su pecho al ver su puntuación final: un asco.

Después de ver los resultados finales, Viktor sintió un vacío muy profundo en su ser. Se sintió mediocre, anciano e inútil. Todo su esfuerzo había sido en vano. Su principal objetivo era enamorar de nuevo a Yuuri, usando el patinaje de por medio, y si eso no surtía efecto, contaba con la medalla de oro para obligarlo a cumplir su promesa, pero ninguno de sus planes funcionó.

Yuuri Katsuki ganó el oro implacablemente, Yuri Plisetsky se llevó la plata y Viktor Nikiforov el bronce, sí, el bronce. Jamás en su vida había ganado una medalla de esas. Estaba muy deprimido.

Durante la premiación sintió la insistente mirada de Yuuri sobre él, lo tenía a su derecha, un escalón más arriba y no se animó a alzar la mirada. Temía enormemente encontrarse con una mirada llena de "Gané, ahora cumples tu promesa" o peor aún, una mirada cargada de lástima.

A penas puso un pie fuera del podio, salió huyendo al hotel luego de cambiarse y tomar sus cosas. No soportaría ver a Yuuri a la cara después de tal derrota, no quería verlo y saber que ganó la apuesta, jamás lo volverían a intentar y él debía cumplir su palabra: no acercársele de nuevo. Pero un momento antes de salir del centro deportivo, Yuuri lo interceptó, listo para decirle algo, pero el ruso se le adelantó.

—Felicidades. No pudiste hacerlo mejor, estoy orgulloso a pesar de todo —sonrió de lado y se fue antes de que el otro pudiera decirle algo.

Lo iba a cumplir. Lo dejaría solo por fin.

El mundo no podía creer que Viktor Nikiforov ganara el bronce. Algunos comenzaron a especular que el ruso había perdido debido a su edad, otros sugirieron que se retirara de una vez; también hubo quienes lo animaban, diciéndole que era debido a su lesión, que no se deprimiera y volviera a intentarlo pronto. El ruso no quiso ser grosero, pero no respondió a ningún mensaje, tampoco aceptó entrevistas o ruedas de prensa. Lo único que quería hacer era terminar con la exhibición de gala y largarse a San Petersburgo, donde se recluiría en su departamento por tiempo indefinido.

El día después de la premiación, los tres primeros ganadores se dispusieron a presentar su elaborada rutina de gala, pero antes de que la exhibieran, les pidieron a los tres que explicaran el motivo por el cual eligieron esa canción que no tenía nada qué ver con el tema de la competencia.

—Viktor Nikiforov, dinos ¿Por qué elegiste este tema para la exhibición de gala? —inquirió con verdadera curiosidad al ver que la canción era nada más y nada menos que "Killing me softly" de Frank Sinatra.

—La letra va muy de acuerdo a mi sentir. Es mi historia con Yuuri Katsuki —se atrevió a decir en frente de todo el mundo, con una expresión seria. A esas alturas muy poco le importaba lo que la gente dijera o pensara.

—¿Se la dedicas a él?

—Totalmente.

El comentarista se quedó sin palabras al igual que el público en todo el centro deportivo.

—Bien, ahora sólo nos faltas tú, Katsuki ¿Por qué elegiste "Hope And Legacy" para esta presentación?

—Hace tiempo... —lo meditó unos segundos, pues la confesión de Viktor seguía retumbando en su cabeza y corazón. Conocía bien la canción, demasiado bien—... a principios de año enfrenté dos pérdidas muy graves. Dos personas muy cercanas a mí fallecieron. Enfrentar algo así fue sumamente difícil y puedo decir con seguridad que hasta la fecha no he logrado superarlo —suspiró, conteniendo sus emociones—. Luego escuché esta canción del gran maestro Joe Hisaishi y sentí el enorme impulso de usarla para patinar. Su significado y lo que transmite es indescriptible: "Esperanza y legado" son dos cosas que perdí el día en que esas personas partieron de este mundo.

—Oh, lo siento mucho. Sin duda alguna se la dedicas a esas personas ¿No es así? —el japonés asintió—. ¿Se puede saber quiénes eran?

Yuuri sólo atinó a negar levemente con su cabeza, conteniendo sus ganas de llorar.

—Sólo puedo decir que es para ellas. Esta presentación es para ellas.

Las preguntas terminaron y el show dio inicio.

—¡No deberías patinar así! —lo regañó su entrenador—. ¡Ayer te lastimaste mucho! Con un demonio ¿Quieres que te seden otro mes entero? voy a llamar a Aleksi y... —calló cuando sintió que su pupilo lo abrazaba, no lo hacía por tranquilizarlo, sino para tranquilizarse a sí mismo.

El frío y fuerte corazón de Yakov se contrajo en tristeza cuando escuchó que un leve sollozo escapaba de los labios de su querido pupilo.

—Lo he perdido —murmuró muy quedito, sin soltarse del abrazo.

Yakov correspondió el abrazo, entendiendo la tristeza de su pupilo. Agradeció que no había nadie en los vestidores, después de todo Yurio estaba presentando su rutina, nadie se lo quería perder.

—Hoy será la última vez que patine...

—¡Vitya! —lo tomó de los hombros, separándose así del abrazo y notando sus ojos rojos y llorosos—. No seas tan drástico. Sólo necesitas recuperarte bien, luego volverás a patinar.

—Pero no quieres que patine hoy —desvió la mirada al suelo, sorbiendo su nariz y sonriendo muy levemente.

—¡No! Hoy no, hoy estás hecho mierda y sólo lograrás partirte la espalda allá afuera.

El ruso menor levantó un poco su camisa de vestir color púrpura, señalando una faja ortopédica que le impediría hacer más movimientos de los necesarios.

—No puedes patinar con eso —alzó una ceja.

—Lo intentaré —se encogió de hombros—. No haré nada estúpido —volvió a abrazar a su entrenador—. Déjame salir, una última vez.

Yakov no correspondió el abrazo, pero sí suspiró pesadamente.

—Gracias —sonrió Nikiforov al interpretar ese suspiro como un sí.

—No lo merece —murmuró con seguridad antes de que Viktor saliera de los vestidores—. Ese chico no merece el amor que le profesas. Estás dañando tu cuerpo a cambio de nada, tu salud está en riesgo y tú sólo piensas en Yuuri. Estás siendo un completo estúpido. Los aprecio a ambos, pero no estoy de acuerdo con su forma de actuar, los dos hacen mal —frunció el ceño y salió antes que Viktor del lugar. El aludido se quedó ahí unos segundos más, reflexionando las palabras de su querido entrenador.

Por un momento (como en muchas ocasiones pasadas) tuvo el impulso de llamar a Irina. Necesitaba que lo escucharan, quería desahogarse un poco y soltar su frustración, pero luego recordó que la pobre mujer estaba más atareada que nunca, pues la temporada alta del patinaje coincidía con la temporada de ballet, así que andaba viajando por el mundo con sus pequeñas aprendices. No podía molestarla. Pensó en llamar a su hermano, pero seguro seguía atareado con los preparativos de su boda, no quería molestarlo. La otra opción era... Mari-neechan.

Muy tarde, llegó el turno de Yuuri de salir a patinar, y eso no se lo perdería por nada del mundo. Se paró junto a la pista y miró todo desde el comienzo. Observó el hermoso traje de una pieza que portaba su amado; azul marino desde los pies hasta las caderas, desde su vientre para arriba el color se iba degradando y cambiando de un azul oscuro a uno más claro que se convertía en verde y terminaba siendo blanco en el cuello y hombros. Tenía mangas largas que terminaban en un par de guantes negros. Elegante y muy de acuerdo a la canción y al momento. Su hermoso cabello ébano estaba totalmente peinado hacia atrás, dejando a la vista sus finas facciones tan preciosas.

La presentación fue... no había palabras para expresar los sentimientos que Yuuri Katsuki provocó con esa rutina tan entrañable. El simple hecho de mirar sus expresiones al patinar, sus movimientos y la fluidez de sus pasos. Parecía que la música y él eran uno mismo, su cuerpo entero se movía en perfecta sincronía con la canción, y sus saltos... sus saltos superaron por mucho a los de Viktor.

Cuando la canción terminó, Yuuri se quedó en medio de la pista, mirando hacia arriba y respirando con mucha dificultad después de una presentación tan magnífica. La gente alcanzó a percibir que el japonés murmuraba unas palabras mientras apuntaba hacia arriba. Le estaba dedicando la canción a esas dos personas preciadas para él, toda su rutina había sido por y para ellas, de esa manera terminó por despedirse finalmente de ellas, había sido el adiós.

"Adiós Victoria, adiós hija mía" fueron las palabras que murmuró entre lágrimas, mirando hacia arriba cuando terminó la coreografía. Le dedicó unos pensamientos a esa hija que nunca llegaría a conocer y a quien amó mucho a pesar de que murió un par de horas después de que se enterara de su existencia.

Las había dejado ir, finalmente se quitó una opresión del corazón.

La gente estalló en aplausos y gritos de emoción. Yuuri Katsuki había hecho historia ese año, marcando su carrera con tal victoria.

Yuuri conmovió a toda la audiencia, eso sólo le dejó un extraño presentimiento a Viktor. Había quedado con la boca abierta mientras veía esa rutina que era sorprendente por la dificultad que tenía, pero lo que más le llegó al corazón fue el sentimiento que lograba transmitir, Yuuri era muy bueno en ello. Por un momento Nikiforov no reconoció a ese hombre frente a él, tan seguro, tan íntegro y precioso.

Entonces su teléfono celular comenzó a sonar dentro del bolsillo de su chamarra azul, esa que Yuuri le dio.

Sacó el móvil y su corazón se aceleró al ver que era su mejor amiga.

—Hola frentón, discúlpame por no haberte llamado antes. Hace poco vi la repetición de tus rutinas y justo ahora estoy viendo a Yuuri. Dios, él es magnífico.

—Irina —suspiró, sí, quería hablar con ella, pero no de eso exactamente—. Estoy por salir al hielo...

—¡Lo sé! Y no te voy a quitar mucho tiempo. Dime rápido, ¿Cómo estás?

El ruso soltó una risa irónica y seca.

—¿Tú cómo crees? Perdí la apuesta, perdí mi última oportunidad de intentar algo.

—Aún no la pierdes.

—¿Qué...?

—Dijiste que en el GPF darías tu último intento. El GPF aún no acaba.

Viktor resopló.

—Ya di mi último intento, no voy a... —fue interrumpido.

—¡Yuuri te ama!

—Claro que no.

—Aleksi y yo hablamos luego de ver el programa corto que Yuuri dio ayer y estuvimos de acuerdo en que es obvio que se equivocó a propósito. Él quería perder la maldita apuesta.

—Irina... ya tuve suficiente de esto —en su interior algo le decía que eso era cierto, pues lo pensó por un momento el día de ayer, y ahora que sabía que Irina y Aleksi pensaban lo mismo no podía evitar sentir cierta inquietud.

—¿Lo amas?

—Lo haré siempre.

—¿Estarías a su lado a pesar de todo?

—Irina —chasqueó la lengua con hastío—. No sé por qué insistes tanto en esto. Tú no lo conoces y sin embargo estás muy segura de que él... —ató cabos—. Espera un momento. Tú sabes algo y no quieres decírmelo ¿Qué demonios me ocultas Irina Novikova?

La aludida soltó un gritillo lleno de frustración.

—Sí, sé cosas que tú no, pero no me corresponde decírtelas. Habla con Yuuri ¡Hablen, pongan en práctica la comunicación!

—¿Crees en verdad que él me ame?

—Estoy segura.

—Tengo que patinar.

—¿Lo intentarás?

—El GPF aún no termina ¿no es así?

—¡Ve por él, tigre!

Viktor terminó la llamada y salió a paso decidido rumbo al hielo. Estaba preparado. Los analgésicos le habían ayudado mucho y la llamada de Irina... vaya que lo motivó.

Se deslizó con gracia hasta el centro de la pista, escuchando a sus enloquecidas fans gritando por verlo con una ropa diferente. En esa ocasión optó por vestimenta formal, un pantalón negro y entallado, acompañado de una camisa púrpura, ligeramente desabotonada y un saco negro muy elegante. Pero lo que más causó estragos en la población femenina, fue verlo con su cabello completamente suelto.

La canción dio inicio, junto con ella la hermosa rutina del ruso, quién tenía planeado hacer de ese programa algo completamente artístico, dejando de lado los saltos complicados y piruetas peligrosas, sólo estaría él y el hielo, expresando sus sentimientos a través de cada movimiento, con el sonido de sus cuchillas derrapando sobre el hielo, el sonido de la música y su letra.

Sí, Yuuri, esto es para ti.

Viktor

"Strumming my pain with his fingers,

Singing my life with his words,Killing me softly with his song,Killing me softly with his song,Telling my whole life with his words,Killing me softly with his song ..."

"Rasgando mi dolor con sus dedos,

Cantando mi vida con sus palabrasMatándome lentamente con su canción,Matándome lentamente con su canción,Diciendo mi vida entera con sus palabras,Matándome lentamente con su canción."

Así llegué a ti, Yuuri. Luego de que me atraparas con la música que hacía tu cuerpo al bailar en la noche del banquete... Dios, no tuve escapatoria, me has tenido en tus manos desde esa noche hasta la fecha, y eso me ha ido matando lenta y suavemente.

"I heard he sang a good song, I heard he had a so I came to see him, To listen for a there he was this young boy, A stranger to my eyes"

"Escuché que cantaba una canción,

Que tenía í que vine a verlo, a escucharlo un rato.Y ahí estaba este jovencito, un extraño ante mis ojos"

Llegué a ti para apreciar lo que hacías, el arte y belleza que formabas con tu cuerpo al patinar, te encontré y disfruté de ti como si de una obra de arte se tratase. Eras un extraño para mí, sin embargo, pude sentir que algo más profundo nos unía, y no estuve equivocado.

Mírame Yuuri, esto es para ti. Te amo, pero al mismo tiempo experimento cierto resentimiento hacia ti por el rechazo que me has dado todo este tiempo. Me matas lentamente con tus palabras, con lo que expresas, con tu música.

"I felt all flushed with fever,

Embarrassed by the crowd,I felt he found my letters And read each one out loud.I prayed that he would finish But he just kept right on ..."

"Me sentí enardecido con fiebre,

Avergonzado con la multitudSentí como si hubiera encontrado mis cartas Y las estuviera leyendo en voz por que terminaraPero simplemente siguió"

Mi amor por ti fue creciendo sin que pudiera evitarlo. Yo no decidí enamorarme de ti, pero lo hice y ahora muero por dentro con este amor que dices no corresponder ¿Quieres matarme lentamente?

"He sang as if he knew me In all my dark then he looked right through me As if I wasn't he just came to singing, Singing clear and strong"

"Cantaba como si me conociera

En mi obscura desesperación.Y entonces vio a través de miComo si yo no estuviera ahí.Pero el siguió cantando,Cantando clara y enérgicamente"

Yuuri, mi amor. Cuando patinaste mi rutina en ese vídeo... ¡aún no tengo palabras para describir lo que me provocaste! Me flechaste con eso. Luego supe que nunca fue tu intención que ese vídeo se hiciera público. Y yo como un tonto iluso había creído que lo hacías por mí, para llamarme a tu lado.

"He was strumming, oh, he was singing my song.

Killing me softly with his song,Killing me softly with his song,Telling my whole life with his words,Killing me softly with his song ... With his song ..."

"Rasgando, oh, cantaba mi canción.

Matándome lentamente con su canción,Matándome lentamente con su canción,Diciendo mi vida entera con sus palabras,Matándome lentamente con su canción...Con su canción..."

Desde el momento en que te vi patinar tuve la certeza de que darías un giro implacable a mi vida. Yuuri Katsuki, eres mi mayor fortaleza y motivación, pero eres también mi mayor debilidad y tristeza. Fuiste como un terremoto en mi vida, llegaste de pronto, agitaste mis días, le diste color, me hiciste redescubrir el significado del amor y la vida sólo para irte después, dejándome a mi suerte, matándome lentamente.

No supe en qué momento terminó mi presentación, sólo supe que el aire entraba dificultosamente a mis pulmones luego de dar todo lo que mi cuerpo podía ofrecer. Podía sentir las hebras de mi cabello pegándose a mis mejillas sudorosas y seguramente muy sonrojadas. Mis ojos se entornaron lo suficientemente hasta alcanzar a verlo, justo hacia donde mi mano derecha apuntaba, alzada y temblorosa aún en la pose final de la coreografía.

Quería gritarle mil cosas en ese momento, decirle "¡No te vayas! ¡Quédate a mi lado!".

Nuestras miradas se cruzaron y mantuvieron un lazo por tiempo indefinido, hasta que se dio media vuelta y salió literalmente corriendo entre la multitud que aplaudía y gritaba frenéticamente, eso poco me importó, yo sólo quería ir tras él.

Narradora.

Ignorando el dolor en su espalda y la clausura que estaba a punto de llevarse a cabo, salió lo más rápido que pudo de la pista, se quitó los patines y en meros calcetines corrió rumbo a los vestidores, justo donde Yuuri recién se había refugiado. El japonés de nuevo huía, Viktor no iba a cometer el error de dejarlo ir, no otra vez.

Se había saltado las fotografías, las entrevistas y las preguntas que les hacían los comentaristas. Nada le importaba en ese momento más que Yuuri. Los vestidores estaban solos debido a que toda la gente estaba afuera, viendo la clausura.

Buscó desesperado hasta que lo vio al fondo del lugar, sentado en la banca con su rostro oculto entre sus manos. Le daba la espalda, así que podía apreciar los leves brincos que daban sus hombros, debido al llanto que no pudo soportar más.

—Yuuri —murmuró, aún agitado por la carrera que emprendió justo después de terminar su presentación.

El aludido escuchó sus pasos acercándose suavemente a él, pero no levantó el rostro ni se giró a encararlo. Viktor rodeó la banca y al llegar frente a él, se arrodilló en el piso y tomó el rostro lloroso de su amado entre sus manos. Katsuki no se alejó ni evitó el contacto, al contrario, lo miró a los ojos y se sintió escoria al ver la preocupación en la faz de su amado.

—Sé lo que prometí si ganabas, lo recuerdo muy bien —soltó su rostro y buscó a tientas las manos del japonés, sin apartar la mirada de sus ojos castaños. Yuuri sólo lograba sentirse más basura con cada atención por parte de Viktor, por ese amor tan incondicional que le demostraba a pesar de todo—. Pero también recuerdo la primera promesa que hice de amarte y nunca dejarte ir, de permanecer a tu lado y amarte por el resto de mi vida.

—T-tú nunca lo prometiste —no lo dijo en tono de reclamo, sino con una gran sorpresa. Jamás había dicho algo así.

—No te lo dije, pero me lo prometí a mí mismo —sonrió de lado, se veía muy fatigado—. ¿Estás seguro de que esto es lo que quieres? —acarició sus manos con los pulgares, sin soltarlas ni apartar sus ojos azules de él—. Yo te amo, y te amaré siempre —guardó silencio, esperando alguna respuesta por parte de su amado, pero este sólo bajó la mirada y no dijo palabra alguna.

Viktor tuvo que ponerse de pie y sentarse a su lado, descansando un poco su dolor físico. Ambos estaban aún transpirando un poco por el ejercicio recién hecho, pero ese no fue impedimento para que Viktor descansara su mejilla confianzudamente sobre el hombro de Yuuri. Estaba muy cansado, en esos momentos sólo deseaba estar en una cama, acostado con el japonés, abrazándolo y durmiendo, durmiendo muchas horas.

—Si no uno mi vida a ti, no la uniré a nadie más —soltó el europeo de pronto, en voz baja, pero con mucha convicción—. Yuuri, eres tú o nadie más ¿Lo entiendes? —despegó su mejilla del hombro del otro y lo obligó a mirarlo a la cara. Seguía llorando. Apretó de nuevo sus manos, tratando de reconfortarlo con ese simple y tierno acto.

—No puedo, Viktor, yo no... —el llanto le ganó, de nuevo se llevó ambas manos al rostro, evitando la hermosa y triste mirada azulada.

—Si en realidad... —se le hizo un nudo en la garganta—...me sigues odiando y no soportas mi presencia... —soltó sus manos—. Respetaré tu sentir y me alejaré. Esta es la última vez que vengo a ti, Yuuri, por más que me duela decirlo... no habrá una próxima, es ahora o nunca.

—Oh Viktor... —su llanto incrementó, eso provocó que Viktor se asombrara un poco. Algo le pasaba a Yuuri, algo que no lograba entender—. Es que... no entiendes, no puedo decírtelo, yo... no quiero decepcionarte, no quiero que me odies. Si vamos a terminar... —hipó—... prefiero que me recuerdes con cariño y no con odio.

—Pero... —rio un poco—. ¿Por qué habría de odiarte? Jamás podría hacerlo.

—Sé que sí.

—Yuuri —suspiró y atrapó sus mejillas con ambas manos, apachurrándolas—. Dime qué es lo que no entiendo, explícamelo y resolvamos esto, juntos.

Los ojos de Katsuki se inundaron de nuevo en lágrimas. Viktor estaba siendo tan bueno, dulce, amable y considerado. Quizás... quizás tenía razón, ¿Qué pasaría si le contara toda la verdad ahora?

—No soy el mismo del que te enamoraste —la voz del japonés tembló al decir esto.

Las palabras de Chris llegaron de pronto a su mente:

"Yuuri no es el mismo"

—Sigues siendo mi Yuuri.

El aludido negó levemente con su cabeza, cerrando los ojos, no soportaría ver la decepción en esos orbes marinos.

—Hay muchas cosas que debes saber sobre mí... antes de... de querer volver conmigo.

—Yuuri —sonrió con nerviosismo—. No hay nada que me impida volver a tu lado ¿Me sigues amando? Sólo eso basta —acarició su mejilla con un infinito cariño. De verdad estaba dispuesto a hacer caso omiso de cualquier cosa que le ocultase. Lo necesitaba en su vida, sólo en eso podía pensar.

—Sí, hay algo que puede impedirlo —tenía miedo, se estaba retractando.

"Con esto no te estoy diciendo que dejes de intentar algo con él, simplemente quiero que estés consciente de que hay muchas cosas que debes saber antes de insistir tanto en volver a su lado. Algo importante pasó con Yuuri mientras estuvo aquí, lo noté al ver la relación tan cercana que tiene con los Leroy, va más allá de una simple amistad, hay un lazo muy fuerte que los une y al parecer ese lazo es una persona muerta".

Viktor se estremeció el al recordar lo que le dijo su mejor amigo.

"Hay algo que no quiere que sepas y no sé qué es".

—No podemos estar juntos —se atrevió a decir, verdaderamente nervioso. Su cuerpo entero temblaba a causa del cúmulo de emociones, sentía una desagradable sensación en la boca del estómago, sentía que iba a vomitar y no exactamente ácidos estomacales y alimento.

—¡¿Por qué?! ¡Yuuri! ¡¿Dime por qué?! —estaba demasiado ansioso.

Oh no... —pensó, sintiéndose acorralado ante los profundos ojos celestes de Viktor, ojos que dejó de ver cuando el otro atacó sus labios en un beso muy apasionado y desesperado, podía sentir en esa caricia toda la desesperación, los nervios y las ansias del otro. A través de esa caricia pudo saborear la soledad que el mayor experimentó todo ese tiempo, su dolor y tristeza; pudo palpar muy bien sus emociones, su amor tan puro... eso fue el detonante para que el pobre de Yuuri se separara abruptamente del beso, empujándolo leve pero firmemente con una mano sobre su pecho—. Oh no, aquí viene... vómito verbal... —pensó con alarma luego de mirar la expresión dolida del ruso al verse rechazado por enésima vez.

—Yu... —fue interrumpido.

—Cuando me fui a Canadá estuve viviendo con J.J. y su esposa, gracias a ellos comencé a rehabilitarme, mi doctora irónicamente se llamaba Victoria, ella me ayudó tanto que pude recuperarme por completo. Minami llegó a Toronto y rentamos juntos un departamento, vivimos los dos en ese lugar hasta que supe lo de tu accidente.

El ruso parpadeó algo sorprendido por toda la información soltada tan de repente y con tanta rapidez. Sí, ya sabía lo de Victoria, la misma Irina se lo había comentado. Pero... no entendía la gravedad de eso. No había nada imperdonable en todo lo que recién le soltó, sí, había vivido con Minami y eso lo llenaba de celos como nunca antes, pero podía superarlo.

Estaba por decir algo, pero Yuuri de nuevo lo interrumpió.

—Me emborraché con Victoria en nochebuena del año pasado, los dos tuvimos sexo en la madrugada del veinticinco, ella quedó embarazada y decidió no decírmelo. Me enteré que sería padre cuando me llamaron para decirme que Victoria y la bebé corrían peligro debido a un accidente, en ese entonces yo estaba contigo en el hospital, tú seguías sedado. Para cuando llegue a Canadá fue demasiado tarde, mi hija había muerto. A la mañana siguiente de ese suceso, desperté abrazando el cadáver de la que iba a ser la madre de mi hija. Me quedé a su funeral, mi vista empeoró y por eso no regresé contigo —tomó una gran bocanada de aire después de soltar eso en forma de "vómito verbal".

Los segundos que Viktor se quedó mirándolo con la boca entreabierta, pálido y con los ojos como platos, le parecieron eternos.

El ruso ya no le sostenía las manos con la misma fuerza, pero tampoco lo había soltado. Seguía digiriendo la noticia, se le hacía imposible lo que escuchaba. Entonces más recuerdos llegaron a su mente. Chris ya se lo había advertido.

"Presiento que esa persona y Yuuri tuvieron algo que ver".

Katsuki aguardó impacientemente, esperaba alguna reacción, movimiento, grito ¡Algo! Pero no que se quedara congelado de esa forma.

Lo que el japonés no sabía era que en ese preciso instante el corazón de Viktor se había roto en mil pedazos.

No se atrevió a tocarlo ni a decirle nada. Sólo vio cómo se llevó ambas manos al rostro, aguantando el llanto que le quemaba por dentro. Ese sentimiento no tardó en convertirse en una ira incontenible. El amor que sentía por Yuuri Katsuki lo impulsaba a actuar de manera estúpida.

—Tuviste sexo con tu doctora en mi cumpleaños y la embarazaste.

—Sí.

El ruso soltó sus manos por completo, como si le quemara tocarlas.

—Y el bebé murió, después ella.

—Sí.

—¿Era una niña?

—Sí.

—Demonios, Yuuri ¿Al menos la amabas?

—¿Qué? —parpadeó, confundido y aún muy inquieto, no podía controlar su respiración debido a la ansiedad del momento.

—¿¡Amabas a Victoria?! —exclamó, furioso y sin atreverse a mirarlo a los ojos, pues los propios estaban escociendo en lágrimas incontenibles.

—No, no la amaba.

El otro se puso de pie como resorte y comenzó a caminar de un lado a otro frente a los ojos angustiados del japonés, quien también se puso de pie y apretó los puños sin saber muy bien qué hacer o cómo reaccionar.

De pronto Viktor se detuvo, lo miró y le dedicó una expresión que jamás le había visto.

—Eres un maldito insensible —sus ojos fríos y filosos lo atravesaron como un par de dagas. Yuuri sintió su mundo desmoronarse, jamás lo había llamado así, nunca—. ¿Sabes algo? Esto realmente no vale la pena —alzó ambas manos, como rindiéndose. Se dio media vuelta, necesitaba aire, se estaba mareando allí dentro—. Pero antes de irme —regresó sobre sus pasos, encarándolo una vez más, frente a frente—. Espero que toda esta experiencia te haya servido de algo, para que evites ser un cobarde en tu próxima relación.

Esas palabras retumbaron en la mente de Yuuri, haciendo un doloroso eco. La verdad lo estaba golpeando duramente.

—A mí me sirvió de algo —continuó el mayor, chasqueando su lengua con hastío—. Aprendí a no rogarle amor a nadie, jamás en la vida —casi escupió cada palabra. Apretó los puños y se dio media vuelta para salir de ahí cuanto antes, su valentía se estaba acabando y poco a poco el nudo en su garganta se hacía más denso, si no salía pronto de allí, Yuuri lo vería llorar histéricamente, estaba a punto de estallar.

El de ojos castaños lo alcanzó y puso una mano sobre su hombro, no quería dejarlo ir así. Jamás lo había visto tan devastado, y lo entendía...

Viktor se giró al sentir el tacto, lo encaró con furia y lo tomó del cuello de su traje antes de empujarlo con fuerza hacia atrás. Katsuki no se lo esperaba, así que terminó en el suelo, un par de metros atrás, golpeándose con la banca en medio del pasillo de los vestidores. El aire escapó de sus pulmones no necesariamente por la caída, pues en sí no le dolía nada físicamente, pero sí le dolía en el alma.

Viktor jamás se había atrevido a ponerle una mano encima de esa manera, nunca lo había agredido físicamente, y ahora lo miraba desde su considerable altura, respirando con dificultad debido a la adrenalina y al coraje. Su rostro estaba rojo de puro enojo y su pecho subía y bajaba con brusquedad. Nunca lo había visto tan furioso.

Mientras tanto, Yuuri seguía mirándolo sin saber qué decir o hacer, hasta que un par de lágrimas surcaron sus mejillas de nuevo.

—¡Por eso no quería decírtelo! ¡¿Ves cómo estás?! ¿¡Ves lo que haces?! —exclamó en medio del llanto que ya no pudo soportar más—. Todo este tiempo lo estuve callando porque no quería hacerte daño.

—¿No es acaso lo mismo que te dije con respecto a mi ex esposa? —espetó con una tremenda seriedad. Las aletas de su nariz estaban ensanchadas debido a la fuerza con la que respiraba, su ceño fruncido y su boca en una fina línea horizontal demostraban lo cabreado que estaba—. Además... estoy furioso contigo por habérmelo ocultado, si tan sólo hubieras tenido la confianza de contármelo en un principio... —apretó los puños—... pero no, estabas dispuesto a jamás decirlo. Me duele lo que te ocurrió y no puedo negar que me enfurece mucho, pero que me lo ocultes de esa forma...

—No quería hacerte daño.

—¡DE TODAS FORMAS ME HACÍAS DAÑO! ¡CON UN DEMONIO, YUURI, ERES DEMASIADO CRUEL! —había perdido la cordura, no le importaba estarle gritando como loco—. Preferías ignorar mi amor antes de ser honesto.

—¡¿Y por qué demonios no te ibas?! ¿¡Por qué seguías buscándome a pesar de todo el daño que te hice?!

—Porque te amaba.

Golpe bajo para Katsuki. Esas palabras fueron como puñaladas al ser dichas con tanto enojo y desprecio, pero más que nada por haber sido mencionadas en tiempo pasado.

—Me amabas, tú lo has dicho. Ahora no lo haces porque sabes las atrocidades que he hecho.

—¡Entiende que no es eso! En parte sí, lo es, debo admitir que nunca te creí capaz de acostarte con alguien más. Sé que no éramos nada en ese entonces, pero yo... —bufó al recordar que incluso le enseñó la foto de Yuuri a la extraña del bar que se le aceró a coquetear—. Me enfurece que estabas dispuesto a ocultar una realidad tan pesada. Definitivamente no eres de quien yo me enamoré. Tú no eres mi Yuuri.

—Oigan, se están perdiendo la clausura y... ¡¿Qué está pasando aquí?! —el suizo se espantó al asomarse y ver a Yuuri en el suelo—. ¡Hey! ¿¡Qué les pasa?! —se acercó al japonés y le extendió una mano para que se incorporara, pero éste negó la ayuda y se levantó por sí solo—. ¿Tú lo tiraste? —inquirió, mirando a su mejor amigo con verdadero enojo. Después de todo Yuuri era también su amigo, su pupilo.

El ruso, aún colérico, se quitó la cadena que traía al cuello y se la extendió a su mejor amigo, quien se espantó al ver de lo que se trataba. Miró la cadena con los anillos en la mano de Viktor, dudando sobre tomarla o no.

—Tómalos —espetó bruscamente, agitándolos frente a los dos pares atentos de ojos—. Puedes venderlos, regalarlos o tirarlos a la basura. Me da igual.

Entonces el suizo tomó el objeto con remordimiento, mirándolo con tristeza, después miró a su pupilo y finalmente a su mejor amigo, quien ya se había dado la media vuelta y caminaba rumbo a la salida, sin mirar atrás.

Viktor había deseado lanzarle los anillos al suelo a su ex novio, pero ni siquiera eso se merecía, no valía la pena, pensó.

—¿Qué... qué es eso? —se acercó temblorosamente a su entrenador, quien lo miró con mucha tristeza antes de explicarle.

—Anillos de compromiso.

La verdad cayó sobre los hombros de Yuuri como costales de arena. Su mundo se le vino encima.

—Los compró en Barcelona, antes de tu accidente —suspiró, le estaba doliendo demasiado la situación—. Yo lo acompañé a hacerlo —apretó las argollas en su puño.

Katsuki comenzó a llorar con más fuerza. No podía creer que desde entonces los tenía ¡Desde hace dos años tenía esos anillos! ¡Dos miserables años!

—Siempre hubo algo que le impedía pedírtelo... siempre hubo obstáculos y finalmente llegó a su límite, es comprensible —abrió su puño cuando sintió la mano del japonés intentando ver los anillos, cuando lo hizo, se echó a llorar aún más fuerte.

Chris no soportaba verlo así, a ninguno de los dos. No pudo abrazar a Viktor, pero podía hacerlo con Yuuri. Éste correspondió al instante, llorando amargamente sobre el hombro de su entrenador.

—Toma —le puso al cuello la cadena con los anillos justo después de separarse del abrazo—. Yo no debo de tenerlos.

—Viktor quería pedirme matrimonio desde hace dos años... —murmuró, no podía creerlo.

Chris no supo qué decirle, simplemente puso una mano sobre su hombro, brindándole el apoyo que no podía darle con palabras en esos momentos.

Entonces Yuuri sintió de nuevo esa molestia en la boca de su estómago.

¿Vómito verbal?

No, esta vez fue vómito real lo que salió de su boca. Devolvió lo poco que había comido, manchando el pulcro y costoso traje gris de su entrenador, incluyendo sus finos zapatos de piel.

Continuará...

Antes que nada, tengo que agradecerles por seguir leyendo esta historia a pesar del drama y las tragedias (que para mi gusto es poco jaja) gracias por su apoyo y por el amor que me dan.

Por cierto... ya se dieron cuenta de cuánto amo a Stéphane Lambiel? lo adoro, luego a Jhonny Wier, luego a Yuzu. Y en cuanto a mujeres... ashgafghafghasghsafgha Yulia Lipnitskaya.

Y con respecto al capítulo, hay varios puntos que debo aclarar:

-Viktor se encabrona cuando Yuuri admite que nunca amó a Victoria. Muchas se preguntarán por qué se enoja si debería estar feliz por ello. Bueno, ahí les va mi respuesta. Quise darle otro enfoque a este asunto. Viktor se enojó con Yuuri porque éste lo decepcionó aún más. Nunca creyó que el Yuuri al que tenía idealizado fuera capaz de hacer algo como eso sin amor. Más allá del hecho de que se acostara con otra persona, le enfadaba ver qué Yuuri podía ser de esos que se acuestan con alguien por plena necesidad carnal. Tal como él lo fue antes de conocer al mantecas. Se enojó con Yuuri por ser así y con él mismo por idealizarlo de esa manera.

-Irina y Yuuri aún no se conocen y es demasiado increíble. Sí, todavía no llega el momento. Que cosas ¿no?

- La actitud de Viktor y Yuuri en este capítulo. Bueno, creo que está de más explicarlo, pues todo el cap fue prácticamente sobre eso. De todas formas tengo pendiente una vídeo llamada con todas ustedes *heart* ahí debatiremos sobre las reacciones y decisiones tomadas por estos dos brutos que amamos.

-Yurio y Otabek. Mientras escribo esto ya puedo visualizar sus comentarios de "y mi gata rusa?" "él quiere ronronearle a Beka" o cosas así jajajaj no se preocupen, todo lo que no ha salido de ellos, lo pondré en un largo y besho especial de ambos. TODO. Por cierto... las hermanita de Beka fueron a verlo patinar *se limpia una lagrimita* también sus padres.

Chicas, quiero agradecerles también por los hermosos fan arts que hacen del fic. Todos y cada uno los guardo en una carpeta en mi galería y también en un álbum en fb, gracias *heart*

PREGUNTAS!

1) ¿Qué va a hacer Yuuri?

2) ¿Qué va a hacer Viktor?

3) ¿Qué apostaron Yurio y Beka? (Ya vieron que ganó la gata)

4) ¿Habrá lemon ChrisMas? Jajaja

5) ¿Cuándo aparecerá el señor Dimitri Nikiforov (Papi suegro de Yuuri)?

6) ¡¿QUÉ HARÁ YUURI CON LOS ANILLOS?!

7) ¿Qué se traen Minami y Phichit? Sí, hay algo.

AVANCES!

El próximo capítulo se llamará "Go Yuuri, go!" sólo les puedo decir que veremos a un Yuuri en plan conquistador.

Pista loca: Escuchen "Can't take my eyes off of you" tendrá un papel importante en la historia.

19/05/17