Max continuaba en su difícil tarea de ayudar a Kim a olvidar a Chloé. Ciertamente, el chico no comprendía porqué razón su amigo seguía empeñado en obtener el amor de Chloé, si la probabilidad de que aquello ocurriera era nula. Chloé solo se amaba así misma y parecía tener sentimientos por Adrien, aunque eso era cuestionable.
—Quizás podrías darle un regalo a alguien como Alix, tú y ella tienen muchas cosas en común —le recomendó Max.
Kim rodó los ojos y se cruzó de brazos. Su mejor amigo podía llegar a ser alguien demasiado insistente, lo cual resultaba bastante molesto. Kim tenía sus ideas claras, no necesitaba tanta insistencia.
Por eso pensó en una idea.
—¿Y si le regalas algo tú? Así podré saber cómo será su reacción —respondió con una sonrisa en su rostro.
Max no pudo evitar dar un salto debido a la sorpresa. La sonrisa del más alto se ensanchó.
—¿Por qué debería darle un regalo? Eres tú el que debe pensar en otra chica.
—Para ayudar a un amigo. Veamos qué tan fácil es. ¿No dices que Chloé tuvo una mala reacción?, ¿crees que Alix no tendría una?
Max se quedó callado, estaba pensando en su respuesta.
Alix era una chica impredecible, era difícil saber cómo actuaría o qué podría decir. Ella era una caja de sorpresas. Era rebelde, aventurera y sin pelos en la lengua. Probablemente era capaz de lanzar un regalo incorrecto.
—Tú silencio es la respuesta que necesito.
Kim se fue.
Max siguió pensando en Alix.
Alix era una buena amiga, una chica deportista, aventurera y muy divertida, arriesgada. ¿Qué le podría gustar? Obviamente no le obsequiaría un chocolate, eso sería un regalo muy común y nada original, lo que das cuando no tienes idea de qué le gusta a alguien realmente.
—Markov, tenemos mucho que pensar —le dijo a su amigo y salieron del colegio, a pesar de que las clases aún no habían acabado.
Pensó mucho en qué le podría regalar a Alix, hasta que llegó a la respuesta correcta. Solo tuvo que analizar muy bien a esa chica y supo algo que le hacia falta. ¡Fue tan fácil!, no tardó tanto como lo harían los demás.
Así que compró el regalo apropiado y luego llamó a la chica por celular, la citó en un parque.
En cuanto llegó, se notaba la confusión en su rostro.
—¿Qué sucede, Max? —preguntó ella.
Max no iba a responder con la verdad. Había leído suficientes novelas juveniles como para saber que las chicas se enojaban por cosas como aquella. No necesitaba a una chica enojada, menos a una como ella.
—Te compré un regalo —fue directo.
—¿Un regalo para mí, por qué? —la sorpresa era evidente en la voz de Alix.
—Porque estaba jugando con Kim y Markov al amigo secreto, pusimos a todos los compañeros de clase y en el sorteo saliste tú —mintió del modo más creativo que se le ocurrió.
—Es muy tierno, ¿me das mi regalo?
Sonrió.
Sabía que ella no sería como cualquier otra persona, porque la respuesta de cualquiera habría sido: "pero yo no te tengo nada, no es justo", o algo así.
—¡Para ti! —exclamó y se movió a la izquierda.
Los ojos de Alix se abrieron debido a la sorpresa, brillaban con emoción. Corrió en dirección al objeto y gritó de la emoción. Estaban llamando la atención.
—¡Un skate! —chilló emocionada —, ¡siempre quise uno! ¡mi papá nunca me dejo tener uno! Siempre los ha considerado peligrosos. ¡Gracias! —y le dio un abrazo a Max.
Max se sonrojó.
No esperaba una reacción tan natural. Fue toda una sorpresa. Alix era una chica muy impredecible.
