Capitulo 17
En caso de duda, mátalo - Guía del mercenario para la prosperidad.
Siempre muestra misericordia - Guía no oficial del heroísmo.
¿Algo que ella hizo? ¿En serio tenía que preguntar? Naruto no respondió de inmediato. Dado su nivel de inmundicia, realizarse una limpieza era su primera prioridad. Activó la cámara de descontaminación en cuanto abordó su nave. El repentino rocío y la niebla que lo envolvía significaba que podía retener su respuesta, y con suerte, contener su ira.
Los signos de la batalla se escurrieron de su piel. Pero aun así su ira se hizo a fuego lento. Hinata le lanzó una sonrisa trémula.
- Lo hicimos.
Frunció el ceño, mirando entre ellos, Zista anunció:
- Voy a revisar los controles automáticos de la nave y ver si hay signos de persecución. Improbable desde el momento en que los dejamos atrás, pero creo que ambos necesitan un momento para vosotros.
Solo una vez que la puerta se cerró, Naruto, conteniendo su genio, habló en voz baja.
- ¿Por qué me haces esto?
- ¿Hacer qué? -batiendo sus pestañas.
Adorable, y el endurecimiento de su polla, no disipó las emociones que rabiaban en él.
- ¡Por qué debes hacer todo lo que esté a tu alcance para hacerme olvidar mis votos! -Olvidándose del control, gritó.
-No tengo ni idea de lo que quieres decir.
- ¿De verdad? -Entonces le recordaría- Saliste de la nave.
- Si es un consuelo, lo lamento ahora. Prometo escucharte en el futuro.
- Lo dudo.
- ¿Prometo intentarlo? -Corrigió con una sonrisa encantadora. Lindo, pero no se hizo.
- Tenía la situación con el monstruo bajo control.
- Estaba a punto de comerte.
- Lo estaba calmándolo para acercarme.
- Te estabas sacudiendo los efectos de una conmoción cerebral.
- Se supone que ibas a huir a la seguridad.
- Estabas en peligro. Me dieron la oportunidad de salvar tu vida y la tomé -Su expresión se iluminó- Oye, ¿eso me hace tu héroe?
Casi muere en el acto. Gracias a las estrellas galácticas que su padre no escuchó su reclamo. Nunca conseguiría que lo olvidara.
- ¡No!
- ¿Heroína?
- No. Quiero decir que sí, pero no en la forma en que piensas -se quejó. Maldita hembra ¿Por qué no jugaría el papel que se le asignó? Le correspondía al macho salvarla. Le habían dado la oportunidad perfecta. La victoria había estado en unos momentos y solo tuvo que arruinarlo- Era mi tarea salvarte, no al revés.
- Oh, supéralo. Pensé que te dije que no necesitaba un protector.
- Digo que sí, ¿o no has notado que los problemas te siguen?
- Problemas de los que salgo -replicó ella, echando los hombros hacia atrás. Todavía llevaba el vestido rosa.
Desgastado, teñido y translúcido por el procedimiento de descontaminación. Todo estaba claramente delineando sus pezones y la visión de su sexo.
- Estás poniendo a prueba mi noble paciencia -Y los límites de mi control.
- Nunca te pedí que fueras mi héroe.
¿Pero no entendió cuánto quería el papel?
-Si no me dejas ser tu campeón, entonces, ¿cómo se supone que voy a recoger mi premio?
Arqueó una ceja hacia él.
- ¿Qué premio?
- Si me hubieras dejado salvarte, como es apropiado, te habría llevado después de vencer el peligro que te amenazaba. Habrías probado que estas agradecida, habrías arrojado tus brazos alrededor de mi cuello y me habrías agradecido con un beso, con lo cual te habría seducido.
Porque así es como se hacía.
Esperó a que le entendiera. Sus excusas y vergüenza por no haber cumplido con su propio papel. En cambio, se río.
Y el mercenario escondido dentro se rompió.
Continuará...
