James había dicho no y le había explicado lo peligroso que podía ser, Lily había dicho no y había amenazado con encerrarlo en su habitación de por vida si intentaba el más mínimo de los movimientos, Sirius le había dicho no y le había llamado irracional, sujetándolo de los hombros fuertemente, intentando hacerle entrar en razón, Remus había dicho no y le había abrazado explicándole que no había nada que pudiera hacer, pidiéndole que dejara a la policía trabajar. Entonces, si todos le habían dicho que no, no se explicaba como era que se encontraba de camino hasta el punto de reunión donde Lucius había acordado con Riddle entregarlo a cambio de su hijo y tampoco era que le importara demasiado, suponía que Narcissa y el jefe de policías habían intervenido y de todas formas no estaba en peligro real, traía un localizador encima, solo debía cooperar y dejar que todo pasase.
El lugar de reunión era una bodega abandonada a las afueras de Londres, una bastante bien escondida entre la vegetación que la ciudad no había arrasado. El plan era bastante sencillo, Potter, debía fingirse raptado por Lucius, quién después de recoger a su hijo se marcharía, Potter se quedaría solo un momento con Riddle y sus hombres, la scotland yard intervendría tan rápido como fuese posible, conociendo que Tom no quería a Harry para simplemente asesinarlo, dándoles un margen de tiempo bastante aceptable.
Harry no tenía miedo, al menos no mucho, confiaba en que la policía sabría hacer lo suyo, lo único que le preocupaba era no ser lo suficientemente convincente y que Draco perdiera la vida antes de que pudieran ponerlo a salvo en alguna parte o morir antes de si quiera poderle decir al rubio que le correspondía, que le quería, que incluso creía haberse enamorado, que su padre no intervendría, que podrían estar juntos y felices. Pese a todo, sí que se sentía curioso, jamás había visto a Tom Riddle a la cara y tampoco había conocido a alguien que lo hubiera hecho, habían tantos rumores alrededor de aquel hombre que a Harry no le hubiera sorprendido que todos fuesen mentira, como aquellos que aseguraba, Tom era un hombre con ojos rojos como de serpiente, piel pálida y orificios nasales sin nariz.
Cuando llegaron, Lucius aparcó la camioneta, tal cual le habían exigido cuando habían hecho el trato, en la entrada delantera de la bodega. Iban solo él y Potter, quién tenía la cara cubierta por un saco negro que le impedía ver y que se había colocado a solo diez minutos de llegar, por lo que sabía perfectamente donde estaba. Malfoy bajó del auto y Harry esperó, fingiéndose algo aturdido mientras el hombre lo llevaba entre forcejeos hasta el interior del inmueble. No se escuchaba nada más que las cigarras y los grillos cantando, haciendo de aquella cálida noche de primavera algo sereno, completamente opuesto a la situación en la que los Potter y los Malfoy se habían metido.
Lucius estaba nervioso, Harry lo sentía temblar mientras lo sujetaba, era un cobarde y a Harry no le sorprendía en lo más mínimo sentirlo sudar y replicar en voz muy baja que no entendía como era que había terminado así. Se detuvieron, pero Harry no sabía que había alrededor o si había más gente ahí aparte de ellos dos, no sabía si Draco estaba ahí y los nervios comenzaron a intensificarse. Esperaron un momento de aquella manera, Harry fingiéndose perdido y Lucius ahí, de pie, sin atreverse a respirar si quiera, entonces, unos cuantos pasos se hicieron presentes y Harry supo que ahí estaban, que era el momento.
Lucius se puso más tenso que antes, aferrando con fuerza al chico Potter, irguiéndose cual alto era, Harry no sabía que era lo que estaba ocurriendo, pero el susurro que soltó Lucius le erizó la piel; había susurrado el nombre de su hijo con un dolor que se podía sentir a través del sonido y Harry por primera vez tuvo miedo, miedo de que le quitaran esa cosa del rostro y ver el estado en que Draco se encontraba, que seguramente debía ser muy malo si les habían entregado un ojo, un dedo y bastante cabello suyo. El corazón se le encogió de solo pensarlo y se sintió bastante idiota por no haberlo pensado antes, por haber sido lo suficientemente insensible como para ignorarlo.
El ruido de algo pesado caer contra el suelo lo trajo de vuelta a la realidad, Lucius Malfoy hizo ademán de soltarlo y correr hacia el frente, pero se detuvo cuando un montón de cargadores de pistola se escucharon, dispuestos a disparar si alguien más se movía sin permiso, pero ¿estaría Riddle ahí? ¿Sería el cuerpo de Draco el que había caído tan abruptamente contra el duro y frio suelo? Seguramente, pero entonces ¿Por qué nadie decía nada? ¿Por qué nadie se movía? Harry odio tener la vista bloqueada, pero aquello también era un escudo, sabía que en cuanto recuperara la visión probablemente querría quedarse ciego para siempre o correr, pero debía aguantar, Draco había soportado semanas enteras en manos de aquellas bestias, había sido valiente y Harry no lo decepcionaría.
—¿Por qué el chico no está atado? —Preguntó una voz que sonaba grave y sensual, Harry no la reconoció de nada.
—Lo drogué antes de traerlo, está bastante perdido, no lo creí necesario —Mintió el hombre a su lado y lo hizo muy bien, pensó Harry. — He traído también el dinero, —el sonido de algo pesado caer nuevamente resonó como eco en todas partes —está ahí dentro, la cantidad que me has exigido para dejarnos en paz, deja que me lleve a mi hijo, lo que hagas con Potter no me concierne ni me interesa, solo quiero llevarme a Draco.
Harry sintió un golpe en las piernas que lo hizo caer de rodillas, Lucius lo había obligado a hincarse, ofreciéndolo tal cual había hecho con el dinero y Potter no pudo más que soltar un pequeño quejido de dolor, Malfoy lo había sujetado del cabello para evitar que callera de lleno en el suelo y el tirón había sido molesto, el moreno casi había imaginado que el patriarca de los Malfoy lo había hecho con saña, pero no podía replicar, no cuando eso le estaba dando un toque de realismo bastante bueno. Harry se repitió que debía seguir con el plan y ser paciente, que tal vez debía recibir más de un golpe, no sólo de Lucius, si no de Riddle y sus hombres y que estaba bien, porque la scotland yard llegaría y lo sacaría de ahí, volvería a casa, visitaría a Draco a donde fuese que estuviese y entonces ambos volverían al colegio tomados de las manos, aún pelearían por los pasillos, incluso a golpes, pero Harry esperaba que al final se arreglaran a besos, de esos con los que había estado soñando desde que se había dado cuenta de que Draco le gustaba. A veces, le gustaba imaginar que Malfoy sabía a fresa y menta.
—De acuerdo, mi querido Lucius, deja ahí el dinero y al chico, acércate un poco, si, más cerca, antes de dejar que tomes a tu hijo debemos estar seguros de que todo está en orden, Bella, hermosa Bella, asegúrate que el bastardo no lleve encima ningún arma, nunca he confiado en esta pequeña rata, ni en nuestros mejores tiempos —Volvió a decir el hombre de la voz grave y siseante.
Harry sintió como Lucius se alejaba de él y escuchó sus pasos sonar por el vacío almacén, mientras otro par de pasos se hacían presentes, tacones de mujer, supuso el moreno. El sonido de tela siendo removida fue lo único que se escuchó durante un momento, Potter no se atrevió ni a moverse un poco, se dedicó a escuchar, entonces, cuando el sonido se detuvo y una mujer dijo "Todo en orden", las pisadas de Lucius se volvieron presurosas, el ojiverde suponía que había corrido hasta donde su hijo y casi quiso llorar de la alegría, Lucius ya tenía Draco, entonces se marcharían y Harry solo debía esperar, solo un poco más y entonces todo quedaría atrás.
—¿Qué has hecho? —Se escuchó de repente la voz de Draco, débil y extraña, como si tuviera la lengua hinchada y le supusiera un problema pronunciar cualquier cosa, había sido en un tono bajo, pero el silencio sepulcral había permitido que aquella pregunta llegara hasta los oídos de Potter, aunque no estaba seguro de que el resto lo hubiese escuchado. —¿Cómo has podido entregarlo? Él no tenía nada que ver con esto y le has condenado, padre.
—No es momento de esto, Draco, vayamos a casa —Le respondió su padre y Harry los escuchó ponerse de pie, suponía que Lucius ayudaba a su hijo a andar.
—Oh, pero, Lucius... —Interrumpió aquel hombre de nuevo, Harry apretó los ojos, sabía que las cosas no serían tan fáciles. — ¿No dejarás que al menos se despidan? —Potter escuchó unos pesados pasos acercarse hasta él e inconscientemente se encogió sobre sí mismo, sintió una mano sujetar la tela que el cubría el rostro. —Avery y Macnair me han dicho lo muy buen amigos que son, sería una lástima no dejarlos verse por última vez... —soltó una risita maliciosa mientras descubría el rostro de Harry haciéndole sentir la brisa nocturna —O al menos, dejar que Potter vea a su querido amigo una vez más, dudo que Draco pueda hacerlo.
Harry abrió los ojos con cautela, dentro estaba muy oscuro y le costó trabajo distinguir algo con la escasa luz de la luna entrando por uno de los huecos del techo destartalado de la bodega. Parpadeó más de una vez y sacudió la cabeza, el hombre que le había quitado la tela del rostro seguía junto a él, pero Harry no se detuvo a observarlo, rápidamente su mirada buscó a Draco, sabía que lo vería mal, pero lo que encontró de pie a unos metros de él no se lo esperaba ni por poco y había sido devastador pese a haberse preparado mentalmente para lo peor.
Ahí, de pie junto a su padre estaba Draco Malfoy, con las ropas que le había visto por última vez, sucias y raídas, como si hubiesen querido arrancárselas y no hubieran podido, se mantenía de pie a duras penas, encorvado, casi encogido sobre sí mismo, solo no cayendo por el soporte de su padre, su cabello rubio antes brillante, sedoso y perfecto ahora se encontraba disparejo, clara señal de las veces que lo habían cortado para enviarlo junto con las notas, su rostro y su cuerpo estaban pálidos, como si estuviese muerto, habían manchas de sangre por toda su persona, al igual que los moretones y los cortes que claramente le habían sido hechos con alguna navaja, su dedo anular de la mano izquierda ya no estaba, al igual que el anillo familiar que con tanto orgullo Draco le había dejado marcado en el rostro después de un buen derechazo, pero sin duda, lo peor era su rostro y no por los cortes o los golpes, ni por la nariz torcida o el labio roto, sino por la falta de ojos en ella.
Harry soltó un aullido de dolor bastante indigno pero no le importó, su cuerpo entero temblaba por la vista, Draco, su Draco había pasado por todo, por tanto y al final le había reclamado a su padre por haberlo salvado entregándolo, como si haber sido despojado de sus dos ojos no hubiera sido suficiente tortura. Las lágrimas comenzaron a correr sin que Harry pudiera evitarlo, era monstruoso, era terrible, le habían arruinado la vida a aquél inocente joven de dieciséis años, se la habían arruinado para siempre.
—Escuchamos lo mucho que te gustaban sus ojos —Dijo el hombre a su lado —Así que hemos guardado uno para ti, Harry Potter.
Le tendieron una cajita de terciopelo negro, de esas donde generalmente se entregan los anillos de compromiso carísimos. Harry la tomó con manos temblorosas y la abrió, soltando sollozo tras sollozo al encontrar el otro globo ocular de Draco, aquel que no habían entregado a sus padres, aquel que habían reservado únicamente para él. Y quiso vomitar, pero no encontraba las fuerzas suficientes para hacerlo, no frente a Draco, quién había pasado por más, mucho más y aun así le dedicaba una sonrisita muy, muy pequeña. El rubio mantenía los parpados cerrados, pero las cuencas se le notaban vacías aún en la oscuridad y Harry solo atinó a cerrar la caja de terciopelo y abrazarla con fuerza mientras continuaba llorando.
Los hombres de Riddle y él mismo comenzaron a reír estrepitosamente, contentos de haber logrado su cometido, doblegar el alma de Potter, entregarle aquel mensaje que gritaba que él pasaría por aquello y muchas cosas más. Pero a Harry no le importaba demasiado recibir la misma tortura, en ese momento su alma se retorcía de dolor al ver a su rival, a su amigo, a la persona que quería en aquel estado. Y se odio y se maldijo mil veces por haber tardado tanto en ir por él, Draco no se había merecido nada de aquello, aunque todo Hogwarts dijera lo contrario, nadie se merecía lo que le habían hecho a aquel rubio, nadie excepto tal vez Tom Riddle.
Harry comenzó a temblar con furia ciega, sabía que debía controlarse, que debía esperar, que debía dejar que llevaran a Draco a un lugar seguro, donde alguien pudiera curar sus heridas, sabía que debía esperar, que su padre haría justicia, que saldría de eso y que vería a Riddle pudrirse en la cárcel por años y años y años. Debía ser paciente, de lanzarse contra el hombre e intentar si quiera tocarlo estaría muerto, porque, aunque no había visto nada a su alrededor aparte de Draco, sabía que Riddle estaba bien protegido por sus hombres.
—Largo de aquí, basura, antes de que me arrepienta —Le ordenó Riddle a Lucius, quién no tuvo que oírlo dos veces y comenzó a caminar tan rápido como podía con su hijo intentando forcejear, intentando quedarse.
Solo cuando los pasos de los Malfoy dejaron de oírse y el motor del automóvil comenzó a ronronear para luego marcharse, fue que Harry pudo tomar aire nuevamente, pese a que no estaba consciente de que no respiraba, la paz duró solo unos segundos, hasta que Tom volvió a hablar.
—Tres... dos... uno... —sonrió. —vayan por ellos, quiero sus cabezas ya, Narcissa va a estar bastante disgustada ¿eso no te importa, cierto Bella?
—No, Tom, por supuesto que no.
—Acribíllenlos entonces, Bella y yo no quedaremos con el chico Potter.
Harry sintió algo amargo subir por su pecho, era obvio que Riddle no tenía honor, no tenía nada, solo esperaba que los Malfoy llegaran a tiempo a la zona de reunión con la policía y se pusiesen a salvo, Draco no podía morir, no después de todo lo que había pasado. Los pasos de los hombres de Riddle se escucharon como el de un ejército, salieron por la puerta trasera y entonces Harry escuchó bastantes automóviles ponerse en marcha y alejarse, solo entonces Tom Riddle se acercó hasta él y se inclinó bastante, para quedar cara a cara con el chico.
Tom era un hombre de poco más de cincuenta años, pero bastante atractivo, sus cabellos negros como la noche, sus ojos castaños y brillantes de maldad, piel tersa y clara brillando a la luz de la luna, rostro cuadrado y fuerte, muy masculino, su sonrisa era perfecta y brillante, todo en él hablaba de una belleza extraordinaria, pero también de un alma corrupta y podrida que se reflejaba en sus orbes castaños y en su sonrisa maliciosa.
—Me da gusto ver que nuestro regalo te ha gustado —dijo y Harry automáticamente soltó la cajita de terciopelo negro —está relativamente fresco, detalle Bella, ella es nuestra especialista, puede obtener miembros de quién sea y mantenerlos completamente consientes durante la extracción, una maestra, sin duda.
—Eres un monstruo... —prácticamente le escupió en la cara, temblaba, pero no por miedo, si no por enojo, lo odiaba, lo odiaba de solo imaginar que llevaba años haciéndole lo mismo que a Draco a otras tantas personas más, le parecía repugnante.
—Lo he escuchado varias veces ya, muchas gracias —dijo el hombre colocándose de pie y golpeando a Harry directamente en el rostro, rompiéndole la nariz. —Ahora, Harry, nosotros tenemos un asunto pendiente, uno que hace años comenzamos y que es preciso cerrar el día de hoy, —sonrió— a ti te debo mi caída y mi resurgimiento y por eso no voy a matarte, no de inmediato, me aseguraré de hacer que tu padre lamente haberse metido conmigo, así como Lucius lamentará cada segundo que pase en el infierno haber decidido que ésta organización ya no era suficientemente buena para él. Es importante, muy, muy importante que mis hombres me respeten y no hay cosa que duela más a un hombre que su hijo o su amante, como tú por ejemplo, tu expresión de sufrimiento al ver al joven Malfoy no tuvo comparación, bastante agradable, ¿no es verdad Bella?
—Nada como una bonita historia de amor para manchar de sangre —respondió la mujer que, al igual que Riddle, se encontraba enfundada en un traje bastante costoso —espero te reencuentres con él cuando pases a otra vida, sería realmente romántico ¿no crees?
—Ambos están enfermos y van a pagar por lo que han hecho, no solo lo de Draco, sino por todos esos jóvenes que han arrebatado de sus familias, a quienes obligaron a hacer cosas que no querían, a quienes arrebataron sus vidas por dinero y poder, son repugna...
No terminó su frase, Tom volvió a golpearle el rostro, esta vez con el pie, enterrándole la dura suela del zapato justo en el ojo, solo para inmediatamente después seguir golpeándolo en el estómago, repitiéndole una y otra vez que tenía que dejar de ser tan insolente si quería durar poco más de cinco minutos. Después de un momento que fue una eternidad agonizante para Harry, el móvil de Riddle sonó y se apartó para contestar la llamada, Bellatrix se inclinó hacia adelante y con un bisturí bastante oxidado comenzó a hacer heridas en su pecho, rompiendo la tela de la camiseta y haciéndolo aullar de dolor, pese a que intentaba morderse los labios para no gritar.
—Nuestro amigo Lucius y su hijo han pasado a mejor vida, nuestros hombres vienen de regreso —anunció y el corazón de Harry se detuvo, porque nada había valido la pena, Draco estaba muerto.
Soltó una lágrima silenciosa mientras sus oídos comenzaban a zumbar, quería volver a casa, quería que su madre le abrazara, quería que su padre le mimara, quería a Remus y a Sirius le contaran algún cuento, quería ver a Hermione, a Ron y a Neville, quería jugar al béisbol con ellos, quería volver y confirmar que lo que Riddle decía era verdad, que Draco había muerto y que no volvería a verlo sonreír o tocar el piano, que no lo volvería a ver burlarse de nadie, que no lo volvería a oír mientras se reía de su cabello desordenado o de su ropa o de sus gafas.
No supo cuánto tiempo se quedó de aquella manera, tendido en el suelo, lleno de golpes y heridas que ya no sentía, completamente vacío, como si le hubieran arrancado una parte vital de su cuerpo, fue entonces que se dio cuenta que tal vez, el cariño por Draco se había transformado en algo más fuerte, algo que solo se podía llamar amor, Draco Malfoy se había robado su corazón en solo ocho meses, sin un beso, o un abrazo, solo siendo él mismo, el hijo de puta que todos odiaban.
Cuando menos se dio cuenta, estaba sangrando mucho más y los golpes de Riddle ya no le hacían sentir nada, unos automóviles llegaron y aparcaron, Harry ya estaba listo para que los hombres de Tom lo molieran a golpes, pero en lugar de eso, alguien le disparó a Bellatrix, haciéndola caer. Potter se arrastró con dificultad hasta la mujer, tomó el arma que cargaba con ella y mientras su padre le pedía a Tom Riddle que soltara el arma él se puso de pie, apuntó a la cabeza del hombre y disparó sin esperar nada más. Sintió su sangre salpicarle, pero estaba débil, había perdido la cuenta de las veces que lo habían golpeado en la cabeza, por lo que estaba aturdido. Dejó caer el arma una vez que el cuerpo del mafioso más buscado de toda Inglaterra cayó a sus pies, inmediatamente después perdió el conocimiento mientras escuchaba la voz de Draco Malfoy cantar Baby i'm yoursde los ArcticMonkeys.
