Cuenta regresiva
Sumario: Desde que era muy joven, Draco sabía que sólo sería cuestión de tiempo para que el Señor Tenebroso fuese a buscarlo.
Género: Aventura/Romance, fantasía, friendship.
Claves: Drarry eventual. AU. Perteneciente a la Serie ¡Cambio de Casa! (Draco!Elegido/Harry!Slytherin)
Disclaimer: Si HP fuese mío, esto sería canon. Ya que no lo es, saben lo que significa.
Investigaciones
Neville Longbottom sencillamente tenía mala suerte. A Draco le quedó demostrado cuando, tras varias semanas de convencimiento para que lo acompañase al club de duelos —ya que Hermione y Ron sólo estaban de espectadores la mayor parte del tiempo—, vieron entrar a Snape, en lugar de la profesora A, para iniciar la sesión.
—Profesor —Draco levantó la voz sobre los débiles murmullos de conversación de sus compañeros, para decir lo que todos debían tener en la cabeza en ese momento—, ¿a dónde está nuestra instructora?
El mago estrechó los ojos en su dirección.
—La profesora se encuentra indispuesta en este momento, un resfrío. Se le pasará en unos dos o tres días.
—¿Suspenderemos las reuniones hasta entonces? —Inquirió Susan Bones, la representante de Hufflepuff seleccionada por la instructora.
Snape bufó.
—¿Suspenderlas? ¿Por qué? Quiero a los representantes de las Cuatro Casas aquí. Ahora.
Ante el siseo con que pronunció la última palabra, Susan se apresuró a acercarse. Potter dejó atrás a la fila de Slytherin de primero y segundo que lo acompañaba, para hacer lo mismo. Desde el grupo de Ravenclaw, junto a los escritorios puestos contra las paredes, salió Terry Boot.
Draco le dirigió una mirada de disculpa a Neville, que lo utilizaba como barrera entre él y Snape, y se unió al grupo de estudiantes que rodeaban a su padrino. El mago los detalló uno a uno, fijándose más tiempo del necesario en él, con lo que sólo podía interpretar como una advertencia de que se comportase como debía.
—¿Cuál es el programa que la profesora está aplicando en este momento?
—Los de tercero tenemos duelos de uno-a-uno —Recitó Susan, de inmediato—, excepto por los representantes. Estamos comenzando a incluir a los de primero y segundo, y la profesora A dijo que nosotros la ayudaríamos a guiarlos con los encantamientos básicos que ya manejamos, como los escudos y los hechizos para desarmar y aturdir.
Snape observó por un momento a la hilera de Slytherin. Draco podía entender por qué; los espectadores del club se agrupaban en las orillas del aula, lejos de los espacios libres destinados a las prácticas y la plataforma larga para los duelos, y a pesar de que las cuatro Casas participaban, sólo por esa ocasión, el número de Slytherin entre los de primero y segundo superaban incluso a los de Gryffindor.
Él no había tenido tanto tiempo que dedicar a hablarle a los niños de su Casa del club. Puso el aviso en la cartelera de la Sala Común, justo como sabía que Susan y Terry hicieron en las suyas, y dejó que la profesora les contase sobre la actividad extracurricular en sus clases.
O los Slytherin estaban dispuestos a ser más participativos (lo dudaba), o la profesora A habló con ellos, mostrándoles su preferencia (tampoco lo creía posible).
O Harry Potter lo había hecho.
Por la manera en que las dos hileras de niños entraron siguiéndolo y obedecieron cuando les pidió que se quedasen ahí, mientras hablaba con Snape, apostaba por lo último.
—Sigan con su cronograma —Aceptó el maestro, tras un largo silencio—. Duelos uno a uno; el derribado tres veces queda fuera, si se inmoviliza, queda afuera, y si se rinde, queda afuera. Encantamientos escudo para la mitad de los niños de primero y segundo, experilliarmus para la otra parte; cuando oigan la señal, cambien. Los supervisaré.
Con una floritura de varita, creó un reloj enorme que flotó por encima de sus cabezas, en el centro del aula. Supuso que este les daría la señal.
Los cuatro representantes se dividieron para volver con sus Casas y repetir las instrucciones. Pero cuando Harry estuvo a punto de alejarse, el profesor lo llamó y tuvo que permanecer ahí un momento extra.
Arqueó las cejas, en una cuestión silenciosa acerca de por qué lo retenía.
—Veinte puntos a Slytherin por...cooperación y buena guía a sus compañeros de menor grado —Tenía un rictus de desprecio al pronunciarlo, pero el niño soltó un bufido de risa. Era más una felicitación o halago de lo que se habría atrevido a esperar—. Quiero que esos niños sean los mejores duelistas de este salón para cuando la profesora regrese.
—Eso puede ser un poco difícil, señor —Harry le enseñó una sonrisa ladeada, divertida—, pero confíe en mí, haré un gran trabajo.
Snape lo dejó marchar después de otra de sus miradas mortales.
Regresó con los Slytherin, envió al grupo reducido que tenía de tercero a formar con el resto para organizar los duelos —tenían un hechizo que Terry encontró en un libro, que señalaba a dos estudiantes al azar en un conjunto determinado—, y reunió a los más pequeños a su alrededor.
—Vamos a hacer escudos y a desarmar. Ahora no parecerá la gran cosa, pero créanme que es mejor estar frente a un mago desarmado y no saber atacarlo, que intentar aturdirlo y recibir una maldición...
—Potter —Uno a uno, sus músculos se tensaron cuando escuchó al niño-que-vivió llamarlo.
No te acerques, pidió para sus adentros. No te acerques.
Tenía los nervios crispados, incluso antes de que Malfoy se hubiese parado junto a él, seguido por Longbottom y un grupo de Gryffindor de primero y segundo, que lo observaron con cautela. Claro, típico de un Gryffindor cerca de los Sly. Si no hubiese estado azotado por esa sensación incómoda en la boca del estómago de nuevo, habría rodado los ojos y hecho un comentario sobre cómo no pensaban morderlos, así que podían dejar de verlos como si lo fuesen a hacer al menor descuido.
—Terry y yo pedimos los escudos —Le explicó. Harry hacía un esfuerzo por simular interés cortés en lo que decía, sin mirarlo. Sentía que aquello empeoraría si lo hacía—. Dame a la mitad de los Sly, te dejo a unos Gryff, y tú les enseñas el movimiento del expelliarmus.
—Iba a comenzar con los escudos también —Contestó, entre dientes. Estaba completamente inmóvil, tenso, a un lado de Malfoy, que resopló e hizo chocar sus hombros.
—Nosotros podemos hacerlo. Y la verdad es que no quiero que Terry le enseñe el expelliarmus a mi grupo, porque aún recuerdo cómo se golpeó con su propia varita las primeras veces que lo intentó...
—¡Eso fue hace meses! —Saltó Terry, a unos metros, guiando a su grupo de Ravenclaw— ¡y no sabía cómo se giraba la muñeca!
—Ese es mi punto —Se burló Malfoy, negando.
Harry no sabía qué era más sofocante. La atención indeseada de Snape, pendiente de lo que hacían, los ojos de los Slytherin menores, que esperaban que no aceptase mezclarlos con los Gryffindor, o la presencia de Malfoy.
No. En definitiva, era la presencia de Malfoy.
Podría jurar que comenzaba a asfixiarse.
—Haz lo que quieras —Por tener la cabeza girada en otra dirección, no se percató de que él sonreía—, pero si se te ocurre hacerles algo o estar con favoritismos...
—Mi persona favorita en el mundo es un Sly, Potter. El problema aquí será cómo no ablandarme con los dos grupos.
Los quejidos de los Gryffindor fueron silenciados por Malfoy, que les preguntó si tenían miedo de ir contra las serpientes; aquello pareció bastar para minimizar protestas. Los Slytherin más pequeños lo observaban como si acabase de cometer traición, así que luchó por ignorar la incomodidad, el ardor en el rostro y ese compulsivo "quiénquiénquién" que le causaron las palabras sobre el Sly favorito de Malfoy, para ponerse a la altura de los niños.
—Sé que no les gusta, pero son sólo Gryffindor. No usan la cabeza —Algunas risas débiles respondieron a la frase—. Es una oportunidad para demostrarles por qué somos mejores, ¿bien? Estarán conmigo pronto.
Cuando recibió varios asentimientos, les mostró una sonrisa tranquilizadora y se enderezó. Vio cómo Malfoy se llevaba a la mitad de sus Sly, en una hilera distinta a la de los Gryffindor —porque se negaron a mezclarse todavía más—, y le dejaba a un conjunto reducido de Gryffindor que vacilaba al estar cerca de él.
Bueno, toda su familia fue a Gryffindor. Por supuesto que Harry sabía lidiar con ellos.
No dejó de sorprenderle que los leones de primero y segundo le mostrasen un poco de miedo cada vez que hablaba.
—0—
Draco Malfoy salió de la reunión del club de duelo, seguido de Neville Longbottom, a quien acompañó de vuelta a la Torre. Luego iría por Hermione y su paradero de las próximas horas variaría dependiendo de a quién se lo preguntasen.
Por otro lado, Harry Potter caminó de regreso a las mazmorras con Crabbe y Goyle, el primero con un moretón recién curado con magia y que tardaría unos segundos en borrarse, el segundo con una expresión tan aturdida como cuando una Hufflepuff lo sacó volando desde la plataforma de duelos. Encontraría a Pansy en uno de los sillones de la Sala Común, hablando con unas chicas de tercero y otras mayores que sólo conocía de nombre, y su amiga le haría una discreta seña para pedir que se le acercase, tan pronto como lo notó llegar.
Una voz áspera fue la única responsable de que se detuviese a mitad del trayecto.
—...si la sangresucia no se hubiese metido en medio en ese momento...
La sangre le hirvió de inmediato.
—Crabbe, Goyle —Al tener la atención de sus compañeros, cabeceó en dirección al chico que acababa de hablar. Los dos asintieron y se le acercaron por detrás, para agarrarlo del cuello de la túnica y arrastrarlo hacia el pasillo alejado que daba a los dormitorios.
A él no le importaba que fuese un estudiante mayor, porque ambos tenían la talla suficiente para alcanzar a uno de quinto con pura fuerza bruta.
Algunas personas, a su pesar, sólo aprendían por las malas.
Respiró profundo, se dijo que sólo era uno entre muchos —llevaba bastante ventaja con ese tema, si era el primero que oía usar el término en el mes y medio que llevaban de clases—, y compuso una de esas sonrisas ladeadas que le copiaba a su padrino, para ir hacia su amiga y sentarse en el reposabrazos de su sillón. A Pansy se le iluminó el rostro cuando lo vio recargarse en ella.
—¿Quiénes son? —Musitó contra su cabello oscuro, sin mover los labios más que lo justo.
—Una de las primas de Bulstrode, le dicen Lucy. Las dos Greengrass, Tracey, y una Burke de quinto, Alice —Informó ella, en voz tan baja que habría sido imposible que otra persona se percatase de que lo hacía.
Harry se enderezó y las saludó. Sonríe, sonríe, sigue sonriendo. A los sangrepura les gusta cuando te ves de acuerdo con ellos en todo lo que dicen, siempre afirmaba su padrino. Puede que Sirius se lo dijese a manera de broma, pero vaya que resultaba un consejo útil cuando debía ser encantador con las chicas de Slytherin.
—0—
Era la mañana de un domingo cuando Draco se sentó en un lado de las gradas y desplegó el pergamino que llevaba consigo, en el espacio entre él y sus tres amigos. El grupo de Gryffindor intercambió una mirada, de la que no pudo ser partícipe, porque fue justo en el momento en que el Capitán del equipo de Quidditch de Slytherin llamaba a los candidatos a formar una hilera frente a él, en medio del campo.
Sí, eran las pruebas para los puestos vacantes. La cabeza despeinada de Potter resaltaba entre las líneas, con un uniforme neutro que no dejaba dudas de haber sido hecho a medida para él, y una expresión tan determinada que era casi imposible que la tuviese un niño de trece años.
En general, los Gryffindor no eran aceptados cerca del equipo de Sly en el campo, a menos que fuese un juego oficial. Por alguna razón, el Capitán de ese año debía creer que las miradas de los leones los instarían a hacerlo aún mejor, o no les permitiría permanecer ahí, a pesar de no llevar el uniforme; un buen Sly reconocía a los que no eran de su Casa, incluso con ropa casual.
—¿Por qué tenemos que hablar de esto...aquí? —Ron fue quien se animó a hacer la pregunta que los tres debían tener, desde que los llamó y los guio fuera de la cálida y segura Torre de Gryffindor, a esa mañana helada de otoño, en que el sol decidió que no haría acto de presencia.
—Bueno, es un sitio en que nadie esperaría que estuviésemos. Además —Una pausa. Potter acababa de alzar el vuelo en la escoba, el Capitán les pedía que diesen un par de vueltas al campo, ¡pasaría por ahí! Tenía que pasar. Un carraspeo nada disimulado de su compañero hizo que recordase lo que decía un momento atrás—, sí, además, eh, ya sabes, aquí nadie nos escuchará. Tenemos una vista completa del campo desde las gradas y notaríamos si alguien se acerca, y...
Se volvió a callar cuando distinguió los primeros borrones de movimiento por el rabillo del ojo. Giró la cabeza y lo buscó.
Potter fue poco más que un manchón de color cuando pasó junto a las gradas.
—Vuela bien —Opinó Hermione, en tono neutro, cuando se percató de que estaba concentrado en la prueba de los Sly. Asintió sin pensar.
Ron resopló.
—Eh, compañero —Le dio un manotazo sin fuerza en el brazo, consiguiendo que volviese a girarse hacia ellos—, tú lo haces mejor.
Draco sonrió y elevó la barbilla.
—Oh, lo sé. Pero un poco de competencia, hará que todos vean cuán bien lo hago.
Cuando terminaron los vuelos de demostración del control básico sobre la escoba, el Capitán organizó a los candidatos por aspirantes a puestos. Tenía un rato, antes de que Potter entrase, como el último de los Cazadores.
Se fijó de nuevo en el mapa del castillo que estaba entre ellos, y trazó un círculo con el índice, en cierta área del séptimo piso.
—Creo que la diadema de Rowena Ravenclaw está más o menos por aquí.
Aguardó un instante por sus reacciones. Hermione adoptó una expresión pensativa, Ron arrugó el entrecejo. Neville, bueno, él lo miró con confusión, pero era entendible.
—¿Por qué lo crees? —Empezó su amiga, con suavidad, dándole la oportunidad de explayarse con el segundo pergamino que tenía, uno que sacó, desdoblado, de debajo del mapa.
—Hay un registro de los sucesos relevantes en años anteriores en la Sección Prohibida de la biblioteca —Hermione ahogó un grito. Él siguió:—. Estaba averiguando más sobre los años de Riddle aquí; no hay tanto allí, porque la mayor parte de los que lo conocían bien fueron Sly, y entre ellos, jamás se han delatado. Pero mientras recorría los pasillos de noche —La niña ahogó otro grito y comenzó a fruncirle el ceño—, digo, de día. Iba de día y con permiso firmado —Y le sonrió, de la forma más inocente que sabía.
Por supuesto que ella entrecerró los ojos, con una advertencia clara de la reprimenda que se avecinaba. Era de esperarse. Habría sido más simple si pudiese decirle que le preguntó a Dumbledore por los registros del colegio y fue a revisarlos con Regulus, en su forma animaga, cuando nadie estaba pendiente de ellos, pero entonces habría revelado el paradero de su amigo y no podía hacerlo.
Leonis se mostraría, si quería, cuando le pareciese oportuno. No era un secreto suyo, para que se lo contase.
—Allí encontré algo interesante —De hecho, fue Regulus quien lo notó al principio; de nuevo, no hacía gran diferencia—. Hace muchos años, cuando la Cámara fue abierta por primera vez, hubo un escándalo, una estudiante desaparecida y otro expulsado y hallado culpable, lo que ahora sabemos que es imposible, porque nadie atrapó a Tom ni al Basilisco. Pero no sólo estaba eso. Igual que pasó aquí el año pasado, hubo unos petrificados y avisos extraños, relacionados, al final, a este estudiante que expulsaron. Y a que no saben cuál es la parte más rara.
—Estoy seguro de que no la sé —Contestó Ron, que lo veía con los ojos abiertos de sobremanera. Él se rio por lo bajo.
—En un libro escondido, encontré que el que delató al responsable fue "Tom M. Riddle".
Hermione dio un brinco en su asiento y se adelantó a los otros dos, que todavía lucían aturdidos.
—¡Le tendió una trampa! Todo fue pensado, lo inculpó, por eso es que nunca- —Ella se detuvo cuando le pidió silencio con un gesto.
—Esperen, eso no es lo mejor. Según la cuenta de Horrocruxes y la teoría de Dumbledore y la profesora A de cada uno, hubo tres de ellos —Levantó la misma cantidad de dedos—, que fueron creados cuando Tom aún estudiaba en Hogwarts. El diario debió ser dejado atrás antes de su graduación, o cuando vino a solicitar un puesto de profesor —Bajó uno de sus dedos.
—¿Quién-Tú-Sabes quería ser profesor? —Ron empalideció. Él asintió.
—Me contaron que pidió el puesto de Defensa contra las Artes Oscuras. ¿No te dije que podía haber peor profesor que mi padrino para solicitar el puesto? —Por la manera en que su amigo asintió varias veces, frenético, supo que le había dado un punto. Tal vez así dejase de quejarse de Snape, que tampoco le ponía fácil darle una mejor imagen de él a los chicos—. Bien, el diario ya fue destruido. Pero en algún momento, antes o después de ese, hubo una pieza importante de su familia mágica, algo que todavía no hemos encontrado —Bajó el otro dedo—. Y los profesores creen que la diadema fue la última en ser creada de esos tres —Bajó el que le quedaba en alto.
—¿Pero esto qué tiene que ver con el escondite? —Preguntó Hermione, por lo que él apuntó al segundo pergamino.
—Buscando entre las fechas en que Tom estudió aquí y los que piensan que son de la creación de cada Horrocrux, hay un suceso que fue extraño e importante y se relaciona a ellas —Y empezó a repasar lo que había anotado en el papel—. Cierto día, hubo una explosión de magia oscura y un grito agudo en un baño del segundo piso. Justo donde está la entrada a la Cámara. Dos años después, un grupo de thestral-
—¿Qué es un thestral? —Inquirió Ron, parpadeando a la nada. Draco sopesó sus palabras un instante.
—Es- es un caballo alado, Ron.
—¿Un pegaso?
—No, es- es otro tipo de caballo alado. Hay una manada que vive en el Bosque Prohibido y Hagrid los cuida, lo he acompañado a darles comida varias veces, son...diferentes.
—Yo nunca he visto caballos alados por aquí —Recordó Hermione, frunciendo más el ceño a medida que debía hacer memoria.
—Y espero que nunca los veas —Susurró él, a sabiendas de que no habría forma de zanjar el tema sin decirlo:—, porque sólo se muestran para los que presenciaron una muerte y la aceptaron.
Hermione lo observó con ojos enormes y llenos de culpa, pero él se encogió de hombros. Se trataba de un tema superado; no era como si no supiese que sus padres estaban muertos. Regulus y él hablaron mil veces del asunto cuando era pequeño, hasta que comprendió. Entonces comenzó a verlos.
—Bien, como les decía —Se aclaró la garganta, para cortar el silencio que se formó entre ellos, sólo interrumpido por el lejano silbido del aire y los llamados dispersos del Capitán de Slytherin, que seleccionada un aspirante tras otro para la siguiente prueba—, un grupo de thestral del bosque enloqueció y llegaron a la entrada del castillo, buscando a Dumbledore. Cuando fueron a comprobar lo que pasaba, uno de los árboles más viejos había muerto de la noche a la mañana y un pedazo del piso estaba quemado, arruinado. La profesora A cree que el diario de Riddle estuvo enterrado ahí, bajo ciertas protecciones, durante algunos años.
Y luego vino la diadema, lo que nos interesa en verdad. Aquí —Volvió a indicarles el punto preciso del séptimo piso, ese que había revisado y vuelto a revisar, con ayuda de Regulus—, hubo otro estallido de magia negra una noche, que no lastimó a nadie pero le hizo unas grietas a la pared y el piso. Y unos años después —Y regresó al otro pergamino, donde tenía sus notas sacadas de los registros—, una estudiante horrorizada avisó al Jefe de Casa que había visto la Marca Tenebrosa allí, flotando, en una sala de este pasillo. Sólo que hay tres detalles que no encajan sobre esta historia.
—¿Cuáles? —Draco apretó los labios un momento, y en lugar de contestar de inmediato a su amiga, desvió la mirada hacia el castillo un instante.
Regulus tendría que estar en las mazmorras, dándole la misma explicación a Snape. Sin esos detalles, no podrían entender.
—La estudiante era una Prefecta haciendo su ronda, y ninguna de las rondas pasa por allí a la hora que esto debió ocurrir. Fue con su Jefe de Casa, en vez del director, porque pertenecía a Slytherin, y ellos no confían igual en Dumbledore. Y lo más importante, aquí —Golpeteó el punto exacto del mapa con los nudillos—, no hay ninguna sala, sólo un armario de escobas.
—¿Estás seguro?
Asintió.
—Además, ella- la estudiante —Esperó. Tomó una profunda bocanada de aire, para infundirse de valor—. El nombre en los registros es Narcissa Black.
