DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.

Nota Traductora: Hola a todas! Lamento el ligero retraso pero aquí tienen el capítulo. Prepárense para él, es todo lo que puedo decirles :)

Nota Autora: ¡El capítulo más largo hasta ahora! Gracias por todos los comentarios, a todos. Sé que nos estamos poniendo un poco... ¿impacientes? Pero las cosas deben ponerse lindas e incómodas antes de poder avanzar. Así que les presento... más incomodidad. Con poco de emoción…

Forma Correcta de Actuar

Traducción de "The Right Thing To Do" de Lovesbitca8

Capítulo 21

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El Miércoles, Hermione y Draco trabajaron en silencio durante la mayor parte del día. Hermione se detuvo en la cafetería por una taza de café camino arriba, y cuando llegó a la Sala de Conferencias del Piso 2, vio a Draco desvanecer rápidamente la taza de café que había traído para ella junto con su té.

El Jueves, necesitaron comunicarse más entre ellos. No pudieron encontrar respuestas definitivas sobre el caso de las runas, por lo que prepararon informes para Robards, enumerando las posibilidades. Regresó al Piso 4 treinta minutos antes del final del día, esperando tener un poco de tiempo para su propio trabajo antes de salir.

Una vez que se acomodó en su cubículo, Aiden llamó.

—Hola, hace mucho no te veo, —dijo. Hermione sonrió cortésmente. —¿Todavía estás interesada en reunirte para tomar algo ésta noche?

—Sí, definitivamente, —dijo Hermione, acomodando su papeleo. Ginny había deslizado un tubo de rímel en su bolso sólo para la ocasión—. Aunque te veré en la despedida de Rosenberg. Quiero terminar algunas cosas antes en mi oficina.

—Genial, —Aiden le sonrió—. ¡Nos vemos pronto!

Hermione miró fijamente el lugar que Aiden había desocupado. Valía la pena intentarlo. También podría comprobar si era capaz de soportarlo fuera del trabajo.

Trabajó durante un rato, escuchando a la gente desearle buenas noches, y cuando consultó su reloj ya eran las cinco y media. Se apresuró a terminar, tomando notas, y se alegró de que no la necesitaran mañana para terminar los informes con Draco, porque el montón de papeleo en sus casos era ridículo.

Hermione conjuró un espejo e intentó aplicarse la melcocha negra en sus pestañas, y después salió. Llegó a la cafetería después de que el grupo hubiera ordenado. Aiden la saludó con la mano y le indicó una silla junto a él que había le había separado, y se sorprendió gratamente de lo bien que Aiden la incluía en las conversaciones, especialmente en las que no le interesaban.

Bebió un sorbo de agua, rechazando cortésmente la mitad del sándwich grasoso y papas fritas que Aiden le ofreció, y se encontró a si misma riendo más, tratando de conocer mejor a sus compañeros de trabajo. Aiden apoyó el brazo alrededor del respaldo de su silla, pero no tocó sus hombros o cuello como Ron solía hacerlo. Siempre había encontrado estresante ese comportamiento.

Una vez que la fiesta de despedida llegaba a su fin, Hermione le deseó un feliz retiro a Rochelle y se sonrojó cuando Rochelle le preguntó en voz baja si le molestaría autografiar algo para su nieta por Navidad.

Aiden la condujo afuera con otros dos compañeros de trabajo del Ministerio que conocía y la novia de uno de ellos. Caminaron varias cuadras y Hermione aprovechó la oportunidad para platicar con la novia. En general, había sido una noche agradable hasta ahora. Ese fue el pensamiento que cruzó por su mente cuando Aiden la encaminó al siguiente bar, con la mano descansando cortésmente sobre su espalda, y él se las arregló para golpear el hombro de una chica rubia del brazo de Draco Malfoy.

—¡Lo siento amor! —Aiden hizo una pausa cuando vio a la cita de la chica. —¡Malfoy! ¡Qué gusto verte!

Aiden se lanzó a contar una historia detallada sobre la fiesta de jubilación de Rosenberg mientras Hermione maldecía su suerte. Miró a Draco y lo encontró mirando hacia el brazo de Aiden, aún acunándola por detrás de la espalda.

—O'Connor, Granger, les presento a Noelle, —dijo Draco una vez que Aiden terminó de hablar.

Noelle sonrió y se rió sin razón alguna. Su cabello rubio era corto y suelto en rizos alrededor del rostro, tenía una nariz pequeña y ojos azules. Hermione creyó reconocerla como una de las pasadas citas de tabloide de Draco.

—Hola. Soy Aiden, —se presentó—. Encantado de conocerte. —Aiden le estrechó la mano.

—Hola, yo soy Noelle. —Ella era estadounidense. E insípida; dedujo Hermione.

—Hola, —dijo Hermione—. Soy Hermione Granger.

—¡Oh, Dios mío! ¿Lo eres? —Los ojos de Noelle se iluminaron y agarró la mano de Hermione para estrecharla. —¡Esto es genial!

Los ojos de Hermione se posaron en Draco a tiempo para verlo respirar profundamente y frotar su sien.

Noelle seguía hablando. —¡También teníamos noticias de la guerra en Estados Unidos, y siempre los mencionaban a ustedes tres! Ron Weasley y Harry Potter no están aquí también, ¿verdad? —Noelle miró por encima del hombro de Hermione, como si pudiera aparecerlos ahí con solo desearlo.

—Hum, no. Sólo estoy tomando un trago con compañeros hoy.

—Oh, Draco, ¡ahora tenemos que quedarnos! —Noelle se giró hacia Draco y lo agarró del codo. Hermione pensó en dientes blancos, cabello castaño sedoso y piernas largas y bronceadas, y de repente se sintió irracionalmente molesta. ¿Cómo se atrevía a hacerle esto a Katya? Ese ángel.

—¡Sí! ¡Siéntense con nosotros! —Aiden señaló a los amigos con los que habían entrado, pidiéndoles que juntaran unas mesas del bar—. Malfoy y yo iremos por una ronda de bebidas.

—¡Increíble! —burbujeó Noelle—. ¡Hermione, siéntate a mi lado! —Y Noelle tomó el banco al final, acariciando el que estaba a su lado. Ésta no era la noche que había anticipado.

Una vez que un impasible Draco y un animado Aiden se fueron a la barra, y ella se acomodó junto a su nueva mejor amiga, Hermione se volvió hacia Noelle y le dijo, —¿Qué te trae a Londres, Noelle?

—Volví a casa de la Universidad Muggle, estoy visitando a mi familia, —dijo alegremente.

—Oh, ¿tu familia vive aquí? —preguntó Hermione, desenvolviendo la bufanda de su cuello.

—¡Sí! Tenía tres años cuando comenzó la Primera Guerra Mágica, así que mi papá me envió a Estados Unidos para quedarme con familiares e ir a la escuela.

Hermione asintió, no completamente interesada. —¿Y cómo conoces a Draco? —preguntó con inocencia.

—Oh, nuestras familias han sido amigas durante años, —Noelle agitó una mano, como si la conversación no tuviera importancia. —Pero ustedes dos fueron a la escuela juntos, ¿cierto?

—Sí, claro que lo hicimos. —Hermione levantó la vista y Draco y Aiden ya volvían a la mesa. Draco levitaba todas las bebidas, entregándoselas a cada persona, incluso a los amigos de Aiden a quienes no conocía. Noelle recibió un cóctel con volantes decorativos, Whisky de fuego para Draco y los dos amigos de Aiden, vino para la novia y cerveza de mantequilla para ella y Aiden.

Aiden estaba detrás de Draco, diciendo —¡Yo me encargo de la siguiente ronda, Malfoy! —Draco parecía haber tenido más que suficiente de Aiden, lo que hizo a Hermione sonreír. Aiden tomó el taburete a la derecha de Hermione, y Draco se sentó frente a Noelle. Una pequeña y extraña imagen.

—Entonces, Aiden, ¿a qué te dedicas? —Preguntó Noelle, colocando su delicada boca en la pajita de su bebida de una manera que Hermione consideró tanto adorable como vulgar.

—Hermione y yo trabajamos en el Departamento de Criaturas Mágicas para el Ministerio. Ambas estamos especializados en dragones.

—¡Oh, Dios mío, dragones! ¡Amo a los dragones!

Hermione levantó una ceja y tomó un sorbo de su cerveza de mantequilla.

—¿Sí? —Aiden sonrió ampliamente—. ¿Tienes algún favorito?

—¡El azul! —dijo Noelle.

Hermione parpadeó. —¿El... Hocicocorto Sueco?

—Cualquiera que sea azul. ¡El azul es mi color favorito! —Noelle se rió y bebió de su trago. Hermione dirigió sus ojos hacia Draco y le brindó una mirada que esperaba transmitir "¿estás hablando en serio?"

Draco la miró a los ojos y después bajó la mirada a su whisky de fuego. Hermione todavía lo estaba mirando cuando una mano cayó sobre el hombro de Draco, el anillo de Slytherin en el pulgar.

—Reconocería la parte posterior de tu cabeza en cualquier lugar, amigo.

Draco se giró para mirar al Slytherin que acababa de interrumpir su duelo de miradas, y Hermione se sorprendió al ver los labios de Draco separarse en una sonrisa enorme y honesta.

—¡¿Qué estás haciendo aquí, bastardo?! —Draco se levantó y le dio un abrazo al tipo. Finalmente Hermione observó bien su rostro.

Marcus Flint. Se había arreglado los dientes.

Hermione observó a Draco mientras se reunía con su viejo amigo y capitán de Quidditch, mirándolo irradiar calidez mientras se ponían rápidamente al día antes de que Draco se girara nuevamente hacia ellos.

—Marcus, ¿recuerdas a Noelle Ogden?

Algo se encendió en la mente de Hermione cuando escuchó el apellido de Noelle. Lo archivó para más tarde mientras Marcus le daba un abrazo amistoso a Noelle. No tenía ningún recuerdo agradable de Marcus Flint, lo notó cuando sus ojos se posaron en ella.

—Hermione Granger, —dijo. Algo brilló al fondo de sus ojos, y Hermione no estaba segura de que le gustara. Pero Flint no se burlaba de ella, lo que supuso que era un progreso. —¿Acaso no eres un regalo para la vista?

—Hola, Flint. ¿Cómo has estado?

—Bien, gracias. —Seguía mirándola, sus ojos hurgando sobre su rostro—. ¿Potter y Weasley están por aquí? —Flint levantó una ceja y echó un vistazo alrededor del bar.

—No, —dijo Hermione—. Vine sola ésta noche. —Hermione arqueó una ceja, dándole una mirada que esperaba que dijera que podía arreglárselas sola, incluso aunque la proporción de Slytherins acabara de aumentar.

Flint, Draco y Noelle comenzaron a ponerse al día, preguntándose por familiares viejos, qué estaba haciendo Gregory Goyle, cómo está tu padre Noelle, felicitaciones por tu negocio Draco...

Hermione sintió a Aiden apoyarse contra ella. —¿Ése es Marcus Flint?

—Sí, —contestó, llevándose el vaso medio vacío a los labios.

—Creo que me encerró en el baño de Myrtle cuando estaba en primer año.

Hermione bufó, encontrando toda esa situación demasiado cómica y extenuante. Se rió, secándose los ojos y girándose para ver a Aiden sonriéndole. Cuando volteó nuevamente para mirar a Flint, los ojos de Draco acababan de apartarse de Aiden y ella.

Hermione siguió la conversación de Marcus Flint por un momento, luego se volteó e intentó recordar dónde se había quedado la conversación de Aiden y sus amigos. Se cernía al borde de cada conversación, bebiendo en silencio su cerveza de mantequilla, observando la cara de Draco iluminarse cada vez que Flint hacía una broma o contaba algún recuerdo. Cuando Noelle sorbió ruidosamente el último trago de su bebida -como la tipa vulgar que era-, Draco y Flint se ofrecieron a traer otra ronda. Cuando se fueron, Noelle se giró hacia ella.

—Esto es divertido, ¿no? —Sus ojos estaban muy abiertos y empezando a ponerse vidriosos por los cócteles. Hermione intentó sonreír y pensó que Katya nunca se embriagaría frente a extraños. Ella tenía más clase. Se sentía tan ofendida por esta chica en nombre de Katya... obviamente.

—¿Cuánto tiempo llevan saliendo Draco y tú? —Preguntó Hermione, e inmediatamente se puso seria. ¿Cómo había salido eso de su boca?

—Oh, —se rió Noelle—. Realmente no estamos saliendo. —Noelle sorbió el hielo derretido a través de su pajita, y Hermione se preguntó si Noelle sabría de Katya; ya que era de Estados Unidos, tal vez no había leído el Profeta. Hermione llevó el final de su cerveza de mantequilla a sus labios. Noelle dijo, —Sólo busca mi dinero. —Y le sonrió mientras Hermione tosía.

—¿Q-qué? —Hermione tomó una servilleta para evitar escupir.

—Quiero decir, no mi dinero. El dinero de mi padre. —Noelle se carcajeó ante la mirada en el rostro de Hermione—. Tiberius Ogden de mi padre. Draco quiere que invierta en su empresa y se una al Consejo de Administración.

Ogden. Por eso le era familiar. Noelle y su hermano eran los herederos de la fortuna del Whisky de Fuego Añejado Ogden. Merlín, la mitad de la mesa estaba bebiendo esa cosa.

—Oh, —comenzó Hermione—. No me había dado cuenta...

—Entonces, Draco esencialmente está quedando bien con nosotros. Almorzaremos con mi padre éste fin de semana. —Noelle apuñaló su hielo, casualmente.

—Oh, es maravilloso. Hum, quiero decir... ¿Te molesta eso?

—¡Nop! —Noelle rió—. ¡Draco Malfoy puede comprarme bebidas y llevarme a fiestas todo lo que quiera! Es decir, maldición, es hermoso. —Noelle sacó la lengua y Hermione se echó a reír.

Bien. Quizás Noelle no era tan mala.

Draco y Flint regresaron con otra ronda por toda la mesa. Mientras se acercaban, Flint dijo algo que hizo a Draco reír. Carcajearse de verdad. Su rostro se dividió y sus ojos se arrugaron y el sonido resonó en todo el lugar. Fue encantador.

Aiden y sus amigos les agradecieron por las bebidas, y escuchó a uno de ellos susurrar, —no tenía idea de que Draco Malfoy fuera tan amable.

Una segunda cerveza de mantequilla se deslizó entre sus manos, aunque no la había pedido. Realmente no debía beberla si quería tener alguna oportunidad de Aparecerse en casa. Tal vez tenían algún menú de alimentos en el bar.

Flint tomó el único asiento vacío de la mesa, el que estaba frente a ella y al lado de Draco. Noelle se reía al otro lado ante algo que dijo Draco.

—¿No bebes, Granger?

Hermione levantó la vista y Flint la estaba examinando mientras bebía por encima de su vaso.

—No, sí lo hago. —Envolvió sus manos alrededor del cristal—. Sólo que despacio. —Hermione lo miró a los ojos y ahí había un desafío.

—Apuesto a que nos estás quitando puntos en tu cabeza a todos. —Flint le sonrió de lado—. Diez puntos menos a Slytherin por tomar más de un trago por hora. Señaló con la cabeza hacia Noelle. —Diez puntos menos a cualquiera-que-fuera-tu-maldita-casa en Ilvermorny, por reír fuera de lugar.

Noelle procedió a echarse a reír. Hermione mantuvo una mirada cautelosa sobre Flint. Tenía muchas contestaciones cruzando por su cabeza, pero todas ellas terminarían de tajo la velada.

—¿Eras de las santurronas, Hermione? — preguntó Noelle, sonriendo.

Antes de que pudiera responder; —¡Oh, era la peor! —dijo Flint, con los ojos sobre ella. —Incluso antes de ser prefecta, daba rondas como Premio Anual. —Los ojos de Flint bailaban entre los suyos, molestándola sutilmente; pero podía ver al Slytherin en acción. Hermione mantuvo sus ojos fijos en él, sin mirar a Draco, que estaba sentado en silencio. —Dime, Granger, —continuó Flint—, ¿alguna vez rompiste las reglas, aunque fuera una vez?

¿Por qué estaba haciendo esto? Flint la estaba provocando, pero ¿por qué se sentía como coqueteo? Sus manos apretaron el vaso.

—Rompí las reglas muchas veces —le dijo. Cogió su cerveza de mantequilla, sin pestañear—. Pero a diferencia tuya, nunca me atraparon. —Hermione bebió un sorbo. Puntuando y terminando la conversación.

Flint sonrió de lado. Noelle se rió. Draco se movió en su silla.

La siguiente hora pasó en ese incómodo limbo. Hermione trató desesperadamente de aferrarse a la conversación de Aiden, quien gentilmente la ponía al corriente, pero Flint continuaba atrayéndola hacia ellos; haciendo preguntas sobre Harry y Ron, forzándola a revivir desastrosos recuerdos de Hogwarts. Draco frunciría el ceño cada vez que Flint le hablaba y se quedaba en silencio. Noelle se reía. Eventualmente se volteó por completo hacia Aiden, esperando que su lenguaje físico dejara claro que había tenido suficiente.

Aiden se ofreció a comprar la siguiente ronda, y después de rechazar un tercer trago, Hermione aprovechó la oportunidad para arrastrar su silla y acercarse a la novia -cuyo nombre ya había olvidado- y alejarse de los Slytherins. Charlaron brevemente cuando el grupo comenzó a transformarse. Noelle hizo un viaje al baño ocasionando que Draco y Marcus Flint se pusieran de pie, como los caballeros de sangre pura que habían criado, y uno de los amigos de Aiden lo siguió hasta la barra. Flint y Draco permanecieron de pie, alejándose un poco del grupo, riéndose. Cuando la novia vio a una amiga suya y se excusó, Hermione sorbió su bebida y comenzó a planear su escape. Eran casi las nueve en punto, y quería ir a trabajar temprano al día siguiente para avanzar en sus pendientes.

Hermione sacudió la cabeza, notando que había estado observando las vetas de la mesa de madera del bar durante más de treinta segundos, dejando que su mente repasara sus tareas del día siguiente. Debía parecer bastante ebria.

La cerveza de mantequilla le estaba dando fiebre. Hermione terminó el último trago y colocó su vaso sobre la mesa, metiendo la mano en su bolso para buscar una banda elástica. Se levantó el cabello en un moño y discretamente usó una servilleta para secarse el cuello.

Hermione miró a su alrededor y encontró a Aiden hablando con alguien conocido, posiblemente un alumno de Hogwarts. Draco pasó el brazo por la cintura de Noelle y conversó con Flint. Hermione decidió ir al baño para salpicarse agua fría en la cara. Después tal vez se despediría de Aiden y se iría a casa.

Bajarse del taburete resultó desafiante, y culpó a esa segunda cerveza de mantequilla y su falta de alimento. Si tan solo hubiera pedido algo en la primera cafetería, pero toda la comida se veía muy grasosa.

Había escuchado a Ginny decirle una vez que nunca se sabe qué tan borracha se está realmente hasta que te pones de pie, y ahora estaba sintiendo ese efecto por primera vez. Caminó hacia el pasillo de los baños, y encontró a tres chicas apoyadas contra la pared, esperando turno. Se apoyó junto a ellas por un momento, abanicándose. La chica más cercana a ella se le acercó.

—Si crees que vas a vomitar, puedes ir primero que yo.

Hermione sonrió. —Eres muy amable, pero sólo estoy afiebrada. Y un poco mareada.

—¿Tomaste de más? Yo intento mantener el ritmo haciendo cola para el baño, pero generalmente estoy en tus zapatos. —La chica le sonrió con una sonrisa torcida. Su flequillo era demasiado corto para su frente.

—Supongo que sí. —Hermione cerró los ojos. Se sentía tan bien apoyarse contra la pared fría. —No, espera. —Hermione se puso nuevamente en pie—. Sólo he tomado dos cervezas de mantequilla hoy.

—¿Tal vez fue algo que comiste? ¿No te caería bien?

—Sí. Eso debe ser. —Hermione se apartó de la pared—. Voy a salir por un segundo.

La chica le dijo algo, pero Hermione no estaba escuchando. Se concentraba en caminar. Sus tacones se tambaleaban bajo sus pies... Miró hacia sus zapatos de piso. No estaba usando tacones.

Encontró el letrero de salida en el aire, flotando sobre una puerta lateral, y se abrió paso, sintiendo el aire fresco contra sus mejillas antes de que su pie perdiera el escalón. Hermione ni siquiera lo vio. Se detuvo proyectando las manos contra el piso, sintiendo el cemento arañarle las palmas de las manos y escuchando la puerta cerrarse tras ella. Se puso de pie otra vez y el impulso la arrojó contra la puerta. Giró a la izquierda y se arrastró pegada contra la pared, lejos de la salida.

Esto no estaba bien.

Hermione no había comido. No podía ser una intoxicación alimentaria.

Envenenamiento.

Hermione jadeó y se apoyó contra la pared de ladrillos. Sintió su varita contra la cadera. Su bolso todavía sobre su hombro. Su cuerpo se deslizaba. Hermione intentó mantenerse erguida, pero se deslizaba hacia la izquierda. Su mano encontró una reja sucia y se mantuvo en pie, recostada contra ella.

Necesitaba a Harry. Necesitaba...

¿Dónde estaba Harry?

Harry no estaba ahí.

Necesitaba llegar a casa. Tenía ipecac en casa. Hermione sacó su varita y se le cayó al suelo, resonando contra sus tímpanos. Se inclinó para tomarla y cayó hacia adelante nuevamente. Sus dedos tomaron la varita y usó la reja para levantarse.

¿Cómo había pasado esto? Había tomado sólo dos cervezas de mantequilla. Estaba en la cerveza de mantequilla. Alguien había colocado algo en su bebida.

Necesitaba vomitar. Necesitaba vaciar su estómago antes de que entrara más en su sangre. Había un hechizo para eso. ¿Cuál era?

¿Quién lo había hecho? ¿Quién le trajo su bebida? Hermione trató de recordar cómo era el cantinero. La farola frente a ella se desdobló en dos. ¿Moriría? ¿En este callejón?

Algo le resultaba familiar. Algo llamaba su atención. Algo en su bebida. Había algo tan... muggle al respecto. ¿Por qué no estaba muerta aún? ¿Cuál era el propósito entonces?

Droga de violación. Esa era la frase.

¿Estaba drogada? ¿Quién la había drogado? La única persona que le había dado bebidas esa noche era...

—¿Granger?

El calor la abandonó. Mientras arrastraba los ojos hacia la puerta para ver a Draco Malfoy escudriñándola, sintió un estremecimiento como el hielo.

—Malfoy. —Susurró Hermione. Su lengua pesada.

Draco dejó que la puerta se cerrara detrás suyo, y se quedó en silencio. Sólo estaban ellos dos. El corazón de Hermione latía acelerado.

—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó ella, con las palabras enredándose.

—Estaba a punto de hacerte la misma pregunta. —Draco miró la varita de Hermione en su mano—. Espero que no estés intentando una Aparición, Granger. No pareces estar en estado conveniente.

—¿Por qué estás aquí afuera? —Preguntó de nuevo. Quizás no la escuchó la primera vez. Hermione trató de enfocar sus ojos en Draco mientras él caminaba hacia ella, pero se veía borroso.

—¿Cuánto tomaste en la fiesta de jubilación?

el derecho de subastarlos al mejor postor …para cualquier propósito que quisieran.

Sintió que su corazón latía en sus oídos, dando vueltas, y sus pulmones jalaron aire.

—¿Cómo supiste que vendría aquí? ¡Qué quieres de mí!

Draco ahora estaba frente a ella, a dos pasos de distancia. Enfocó su rostro y lo vio mirándola con los ojos entrecerrados, como si ella fuera un perro callejero al que necesitaban amarrar.

—¿Qué te pasa? —preguntó Draco. Tal vez se había acercado un paso más.

para cualquier propósito que quisieran.

Hermione agarró su varita con la mano derecha, la madera pellizcando su piel, e intentó levantar la izquierda, pidiéndole que se detuviera, pero escuchó las palabras salir de sus labios y entremezclarse.

—Estás sangrando, —dijo Draco, y Hermione recordó el raspón cuando se tropezó, cayendo de manos. Giró la palma de su mano y Draco la alcanzó, agarrando su muñeca izquierda para mirar el corte.

En el momento en que sus dedos le rozaron la piel, Hermione explotó.

La magia subió por su brazo, entró en su pecho y bajó hasta los dedos de los pies. Sentía calor y frío al mismo tiempo. Había un zumbido en sus huesos, y su sangre se disparó por sus venas, y Hermione supo que algo andaba mal, pero se sentía tan bien. Jadeó y dejó caer su varita al suelo mientras intentaba por tocarlo.

Hermione lo tomó del cuello de la camisa para acercarlo, sus dedos se deslizaron sobre su cuello, ardiendo mientras tocaba su piel, y debió haberse lanzado contra Draco porque estaba cayendo sobre él. Draco jadeó cuando la atrapó, y la mano izquierda lastimada de Hermione se enredó en su cabello. Por fin.

Los dedos de sus pies apenas rozaron el suelo cuando Draco la enderezó, las manos de él sobre su cadera, y el rostro de ella contra su cuello. El olor de Draco hizo que sus dedos se crisparan y Hermione suspiró contra su oído.

—Draco...

Hermione necesitaba más. Sus labios encontraron el lugar donde la mandíbula de Draco cortaba un hermoso ángulo que se alejaba de su cuello y Hermione lo besó allí. Su piel era tan cálida. Necesitaba más.

Besó la línea de su mandíbula, dejando que su lengua lo probara, jadeando por aire, y finalmente los brazos de Draco se movieron.

Una de sus manos permaneció sobre su cadera, apretándola y moviéndose lentamente para presionarla contra su pelvis, y la otra ascendió por su espalda, subiendo hasta su cuello. Hermione gimió cuando Draco tocó su piel.

—Granger, ¿qué estás haciendo? —jadeó Draco.

Los labios de Hermione recorrían el camino hacia los de Draco, y uno de los dos temblaba. Esto... no estaba bien. Hermione ardía en deseo por él, pero ¿cómo habían llegado hasta ese punto?

Sabía que se debía a la droga. Había sido envenenada y estaba atacando a Draco con su cuerpo y boca. No era justo. No se suponía que sucediera así.

Hermione reunió toda la fuerza que le quedaba mientras succionaba el mentón de Draco con los labios, su rostro girando hacia ella, y lo empujó. Draco trastabilló dos pasos hacia atrás y su fuerza la arrojó hacia atrás también, aterrizando contra la pared, y golpeándose la cabeza contra los ladrillos. Hermione vio estrellas.

Cada onza de su cuerpo quería volver a adherirse a Draco, pero podía sentir que el zumbido se detenía, el movimiento de su abdomen disminuía.

—¿Qué me hiciste? —gruñó Hermione; su visión se volvió borrosa de nuevo, aunque no sabía si era debido a la leve lesión en la cabeza.

Draco jadeaba. No podía enfocar su rostro, sentía la cabeza pesada, y agradeció por la pared que tenía detrás.

—¿Qué? —susurró Draco.

—¿Por qué me estás haciendo esto? —dijo Hermione, recobrando nuevamente el sentido y recordando que estaba sola en un callejón desierto con el chico que quería venderla... o comprarla. Y no estaba segura en ese momento de cual de las dos era peor. Y su varita se había alejado.

—¿Granger?

Y Hermione nuevamente se deslizaba a la izquierda. Pero estaba bien. Sabía que las rejas volverían a atraparla. Extendió la mano para detenerse y jadeó cuando sintió que el brazo de Draco le rodeaba la cintura. No fue como antes. No se sintió afectada por el veneno. ¿Tal vez había acabado el efecto?

—¿Qué te pasó? —exigió Draco. La cabeza de Hermione cayó y Draco debió haber intentado ayudarla, porque de repente todo había vuelto. La electricidad danzante. El deseo ardiente. La mano de Draco estaba sobre su mejilla, manteniendo su cabeza en alto y Hermione gimió y lo tomó de la mano, para mantenerlo ahí.

La otra mano de Draco ya estaba superficialmente sobre su cintura, y Hermione usó su mano libre para tomarlo nuevamente por la camisa.

—Oh, por Dios, Draco.

Hermione giró la cabeza y comenzó a besar la palma de su mano, luego le lamió la muñeca y lo acercó más. Hermione gimió, succionando su delgada piel. Podía sentir el aliento de Draco en el rostro. La mano de Draco abandonó su cintura y se apoyó contra la pared mientras se acercaba a ella, y la imagen de Draco y Katya le vino a la mente. Justo así. Fuera de un bar, presionándola contra la pared.

—Granger... —La voz de Draco se deslizó sobre ella como aceite.

—¡Detente! —Hermione dejó caer su mano y empujó. Draco la soltó y ella pudo respirar de nuevo—. ¡No hagas esto!

El ardor se detuvo y justo antes de que su visión se volviera borrosa, lo vio retroceder, levantando ambas manos en señal de rendición. Sus mejillas estaban sonrojadas y su aliento impregnaba el aire entre ambos.

Hermione se apoyó pesadamente contra la pared. —¿Por qué me seguiste hasta aquí? —Al menos su voz era clara.

Draco mantuvo las manos frente a él, con los dedos extendidos. —Te vi salir.

¿Por qué le importaba eso? ¿Dónde estaba Noelle?

No pretendía comprarla. Quería salvarla.

Hermione sacudió la cabeza, haciendo rebotar la voz de Lucius Malfoy hasta que quedó en silencio.

—¿Qué me diste? —le gruñó. Hermione comenzó a sudar, una neblina cubriendo su vista, y sabía que se detendría si Draco la dejaba tocarlo de nuevo. Hermione apretó los puños.

—¿Qué te di yo? —Draco la miró con los ojos entrecerrados. Y Hermione notó que su cabello estaba revuelto debido a sus dedos de la forma más atractiva.

¡¿Qué pusiste en mi bebida, Malfoy?!

Hermione lo vio abrir la boca y cerrarla. Draco bajó las manos y miró fijamente la puerta por la que habían salido. Luego su imagen comenzó a desvanecerse otra vez y no fue capaz de seguir viéndolo.

—¿Qué es esto? ¿Cómo lo detengo? —Sus palabras volvieron a descender y sintió que su cuerpo se deslizaba. Hermione escuchó a Draco dar un paso hacia adelante para ayudarla. —¡NO ME TOQUES!

Draco se detuvo. Hermione se aferró a la reja y se reclinó sobre ella. —¿Por qué me drogaste? ¿Qué es lo que quieres?

Draco permaneció en silencio mientras el mundo seguía girando. Su cerebro funcionaba. El objetivo de la droga era aprovecharse de una acompañante "complaciente". Pero Draco se detenía cada vez que ella lo alejaba.

Hermione lo miró. Draco estaba frunciéndole el ceño, sus manos apretándose y soltándose, su mandíbula hacía lo mismo. Draco quería ayudarla, pero ella no le permitiría tocarla.

Tal vez no había sido él.

Hermione respiró hondo, abrió la boca para hablar y la puerta lateral se abrió de golpe.

—¡Ahí están! —dijo Aiden.

Hermione cerró los ojos y se concentró en respirar.

—Estamos hablando sobre ir al bar que está a un par de calles, —dijo Aiden, su alegre voz sonando a través del callejón—. ¿Qué opinan?

Hermione abrió los ojos e intentó ponerse de pie; fue un poco más fácil. Estaba claro por la cara de Aiden que no encontraba nada malo con su... "cita"... o que estuviera sola en un callejón con otro hombre. Hermione envidiaba su optimismo e ingenuidad.

—¿Qué está pasando? —preguntó Aiden. Y Hermione se dio cuenta que no habían respondido. Miró a Draco y sus ojos estaban en el suelo.

Tal vez no había sido él.

—Yo... tomé de más. —Hermione tragó saliva y sintió los ojos de Draco sobre ella—. Draco me atrapó intentando Aparecerme en casa. Y no estoy en estado conveniente. —Hermione se rió ligeramente.

—Granger, —se rió Aiden—. ¡No aguantas nada! —El rostro de Aiden entraba y salía de foco. Hermione se apartó el pelo de la cara y lo escuchó preguntar —¿Te cortaste?

Aiden movió la mano hacia su muñeca. Draco saltó, y Hermione fue demasiado lenta. Aiden tocó su piel. Y nada.

—¿Que pasó? —Preguntó Aiden, aún mirando su mano, completamente ajeno a la reacción de ambos.

Hermione miró desde donde los dedos de Aiden tocaron su piel desnuda hasta Draco, y lo encontró mirando su muñeca también. Si sólo se veía afectada por el toque de Draco, ¿por qué le habría hecho esto alguien más?

Los ojos de Draco se deslizaron hacia ella, y Hermione lo miró fijamente, lágrimas nublando la visión de su rostro.

—Me caí.

Aiden se rió entre dientes. —Bueno, vamos a llevarte a casa, Granger. —Aiden le pasó un brazo por los hombros y Hermione observó a Draco mirándolos, antes de voltear al suelo. Aiden dijo, —¡Qué gusto charlar contigo hoy, Malfoy! —y comenzó a conducirla por el callejón hacia un punto de Aparición.

—Granger. —La voz de Draco le causó escalofríos. De los buenos y de los malos.

Aiden los giró a ambos y Hermione vio a Malfoy recuperar su varita de entre las rejas y ofrecércela. Hermione la tomó.

—¡Oh ho! —Aiden se echó a reír—. La Chica Dorada noqueada por unas cervezas de mantequilla, ¿eh? —Aiden le apretó el hombro y los giró de vuelta hacia el callejón. Hermione miraba sus pies mientras caminaban, sintiéndose más en control cuanto más se alejaba de Draco.

Hermione frunció el ceño, las lágrimas le picaban detrás de los ojos. Aiden no sabía cuánta razón tenía. Había bajado la guardia con los Slytherin. Y la habían atacado.

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Aiden la ayudó a subir las escaleras, se aseguró de que Hermione abriera la puerta de su departamento y le dio una sonrisa tonta mientras decía que deberían volver a hacerlo alguna vez. Hermione casi se echó a reír, o a llorar.

Cerró la puerta detrás de ella y encontró a Harry y Ginny mirando televisión. Ambos le sonrieron. Hermione dejó caer su bolso, entró a la cocina, abrió el armario debajo del fregadero y sacó el ipecac. Se echó el pelo hacia atrás, tragó saliva y tosió sobre el lavabo.

Oyó los pasos silenciosos de Ginny contra las baldosas. Ginny le puso la mano sobre la espalda y la frotó, tomando la botella de ipecac para leer la etiqueta.

—¿Qué te pasó?

Hermione estaba boqueando y llorando mientras apretaba con sus manos la encimera y su estómago se contraía en arcadas, lamentando perder el sabor de la piel de Draco incluso a pesar de odiarlo.

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Hermione se quedó despierta toda la noche, repasando los eventos de la tarde e investigando pociones de amor. Con una mente más clara que no estaba empañada por el pánico, era más fácil suponer que Marcus Flint había tenido algo que ver con ello.

Draco sólo había tocado su piel cuando se preocupó por el corte en su mano. Si él le hubiera dado la poción y la hubiera seguido afuera para...

Si ese hubiera sido su objetivo, habría hecho contacto con su piel de inmediato. Y Draco parecía tan confundido como ella con los efectos.

Además, ¿por qué?

Antes de que el número 35,000 pudiera cruzar por su mente, Hermione se replanteó la pregunta. ¿Por qué ahora? ¿Por qué en un lugar público?

Hermione llegó al trabajo con una hora de retraso aproximadamente. Se dirigió directamente al segundo piso y directamente a la Sala de Conferencias. Draco estaba de pie junto a la mesa, con los papeles extendidos frente a él. Levantó la cabeza cuando la puerta se abrió y la miró fijamente. Hermione cerró la puerta detrás de ella y mantuvo la cabeza alta.

—Siento haberte acusado de drogarme anoche, —dijo. Draco dejó el papeleo que estaba revisando y se giró por completo para mirarla, con toda la mesa de conferencias de doce personas de por medio—. Acababa de... acababa de descubrir lo que estaba sucediendo cuando saliste. Te agradezco que hayas salido a ver si estaba bien, ahora sé que tu intención no era seguirme para... —Hermione fijó la vista sobre el hombro de Draco y tragó saliva—. No debí apresurarme a sacar conclusiones. Estaba asustada.

Hermione lo miró y él observaba el escritorio. Draco metió la mano en su bolsillo y sacó una pequeña botella. Se la arrojó y, sorprendentemente, Hermione la atrapó. Había una gota de una poción plateada dentro.

—Huevos de Ashwinder, asfódelo y algunas otras cosas, —dijo—. Sus efectos deberían incluir un lento proceso de fiebre, seguido de mareos y desorientación, para terminar con lujuria cuando la persona cuyo cabello ha sido agregado a la poción te toca. —Draco miró la botella mientras Hermione la examinaba—. Fue Flint.

Hermione lo miró. —¿Y usó tu cabello y no el suyo?

Draco tragó saliva y cuando su garganta se movió, Hermione vio el chupetón que su boca había dejado en su cuello. Bajó la mirada hacia su muñeca derecha y vio otro.

—Marcus tiene formas muy interesantes de divertirse. —Draco mantuvo sus ojos sobre los papeles. Hermione se preguntó por qué no usaba un glamour en el cuello y la muñeca. Sus nudillos también estaban raspados. ¿Sería por la pared?

Hermione se guardó la botella en el bolsillo. —Gracias por salir a comprobar cómo estaba. Y gracias por no... tomar ventaja de la situación.

Draco soltó una carcajada. Casi como una burla. ¿Le parecía gracioso? ¿Le parecía indignante que ella mencionara siquiera la posibilidad de haber llegado más lejos? Se sintió avergonzada por haberlo mencionarlo.

—Debo tener una definición distinta de "tomar ventaja de la situación" —dijo Draco, dando a la mesa una sonrisa condescendiente.

Hermione frunció el ceño. Draco se sentía culpable. Hermione pensó en su mano recorriéndole la espalda y la forma en que su boca casi se encontraba con la suya. La forma en que la había abordado, presionándola contra la pared de ladrillo.

—Podría haber sido mucho peor anoche. —Hermione se giró y lo dejó solo.

Bajó en el ascensor hasta el Piso 4. Llegó a su escritorio y Aiden asomó la cabeza.

—¡Ahí está ella! —Hermione podría haberlo golpeado—. ¿Te sientes mejor? Sabes, nos perdimos un poco de diversión anoche.

Hermione hizo una mueca. —¿De Verdad?

—¡Sí! ¡Una pelea en el bar! ¡Malfoy y Marcus Flint!

Hermione se detuvo con el corazón latiendo. —¿Que pasó?

—¡Supongo que justo después de que nos fuimos, Malfoy volvió a entrar y comenzó a reñir con Flint! ¿Creo que estaba coqueteando con Noelle o algo así?

—Ja. Que lástima habérmelo perdido. —Hermione sonrió y se dirigió a su escritorio.