—¿¡Qué!? —exclamó Hikari dejado caer las bolsas que llevaban lo que habían comprado —¿Un hermano o hermana menor?

—¡Sí! —respondió Hiyori alegre.

—¡P-pero ¿cómo?! ¿Y cuándo…? —cuestionaba mirando a su madre y luego al dios —¿…cuándo lo hicieron?

Yato rápidamente se exaltó por la pregunta y al mismo tiempo se sonrojó.

—Y-yo... P-pues Hiyori y yo e-eh… —él no paraba de tartamudear hasta que no pudo articular alguna otra palabra y agachó la cabeza desviando la mirada.

Hikari realmente no esperaba que le respondiera, pero no pudo evitar preguntar aquello por el asombro, apenas habían pasado dos meses desde el incidente con los dioses.

Después de la sorpresa, Hikari se volvió hacia su shinki y notó que sus ojos eran nuevamente azules, sonrió e hizo un ademán de victoria con ambas manos hechas puño.

—¿Qué pasa? —preguntó Tomoyo prestando atención a los gestos de la pelinegra.

—Ameni volvió a tener sus ojos azules —respondió con una sonrisa.

—¡Ah, es verdad! —exclamó Yukine.

Yato aún estaba con la cabeza gacha hasta que Hiyori lo abrazó escondiendo su rostro en el pecho del ojiazul, a pesar de haber pasado varios años, él seguía siendo ligeramente más alto que ella.

—Hiyori… —fue lo único que pudo decir antes de corresponder el abrazo con gusto.

(...)

Ameni caminaba por el pasillo que dirigía de las escaleras a la habitación donde ella ahora dormía en la casa de Hiyori, la primera vez había dormido en la habitación de Hikari por el tema de su fiebre porque pidió que alguien estuviese junto a ella mientras dormía. La casa era muy espaciosa, había en total cuatro habitaciones, dos baños, una cocina, un comedor, una sala, un patio delantero y uno trasero con plantas y vegetación bien cuidada, eso era bastante para una casa de solo dos pisos.

Ella había decidido volver a la casa de Hiyori con la excusa de haber olvidado un suéter, aunque en realidad se aburrió de estar tratando el tema del hermano o hermana de Hikari, le pidió prestadas sus llaves a la mayor y se fue saltando por los edificios hasta llegar a su destino.

Al llegar a su cuarto, Ameni recordó la primera vez que sus ojos se tornaron de color rojo, esa sensación se le hacía bastante familiar, ya lo había experimentado antes.

«¡Te dije que sigue la letra "e", no la "f"!»

Escuchó la voz rasposa de una mujer en su cabeza, como un recuerdo.

«Ya te…*hipo* dije q-que solo t-te-tengo cinco años»

Esa vez, se oyó a ella misma con voz aguda y temblorosa, e incluso era más insegura y torpe al hablar.

«¡Tu hermana tiene tres y ya sabe escribir, tú no tienes excusa!»

Ameni no sabía de dónde venía el recuerdo, no sabía de lo que hablaba aquella señora, ¿una hermana?, ella ni siquiera sabía cuál era su nombre real ni su vida antes de ser un tesoro sagrado.

«¡Hey!»

Esta vez fue alguien diferente, otra niña pequeña.

«¡H-himouto!»

«¿Hah? ¿crees que puedes venir a molestar así? ¡tengo asuntos pendientes con la idiota de tu hermana! Así que vuelve a tu aula si no quieres verla con marcas en sus manos»

Habló la señora mientras escuchaba como su yo pequeña sollozaba.

«A Yamada no le importan sus supuestos asuntos, ahora suéltala, ya te han avisado que debes dejar de maltratar estudiantes»

«¿Ya has vuelto con tu estúpida maña de hablar en tercera persona? ¡Si fuera tu maestra te corregiría!, pero como no es así vuelve a tu aula, yo sí corregiré a esta idiota»

«Sabes que no se llama Idiota… ¡su nombre es Ka-…!»

—Oh, Ameni-chan, aquí estás. —habló un muchacho entrando por la ventana.

—¡Ah, Y-Yukine-kun! ¡M-me asustaste! —gritó ella —Además, puedes entrar lo por la puerta principal, sino no le habría pedido las llaves a Hiyori-san.

—Oh, lo siento, sólo quería saber dónde estabas —dijo sentándose en la cama —De pronto no te vi en casa de Kofuku-san y vine a buscarte... ¿qué estabas pensando? vi que no te movías, parecías petrificada.

—N-no lo sé, solo algo invadió mi mente... creo que era un recuerdo de mi vida anterior.

Yukine abrió los ojos con sorpresa.

—¿Tu vida anterior? Eso es imposible…

—Ya l-lo sé, pero bueno, dejemos eso de lado. ¿Q-qué mas vienes a hacer aquí? No quiero ser gr-grosera, perdón.

—No te preocupes… —respondió con sonrosado, pero al instante sacudió la cabeza para evitar pensamientos que pudiese trasmitirle a Yato —Venía también a preguntar sobre el comportamiento de Hikari la otra vez que estábamos en el otro mundo, quería preguntártelo antes, pero… no encontraba el momento adecuado ya que siempre estás junto a ella y sería incómodo.

—¿Uh? Cuando decapitó a los guardias s-sin remordimiento ¿me equivoco?

—Sí… esa vez.

—B-bueno, pensé que lo sabías… —dijo sentándose a un lado del rubio —Lo que pasa es que ella tiene dos personalidades, Hiyori-san me lo dijo después de preguntarle a ella lo mismo que tú me preguntaste a mí al contarle lo que sucedió en el más allá.

—¿Dos personalidades? —repitió en forma de pregunta, asombrado.

—Así es. La normal es la que se presenta a diario, la que convive con todos, pero luego está la otra que es cruel y despiadada, una que sólo se ha presentado tres veces, Hiyori-san piensa que se trata de algo que heredó Hikari de Yato.

—¿De Yato? —preguntó y ella asintió para proseguir.

—De cuando él mataba shinkis y humanos en el pasado, cuando era dios de la calamidad.

Yukine no sabía qué responder.

—Entonces… ¿ella lo sabe?

—Realmente no, ella pierde el conocimiento según lo que me contó Hiyori.

—Espera… —hizo una pausa repasando toda la información hasta que se dio cuenta de algo —¿Has dicho que se ha presentado tres veces la otra personalidad? ¿cuáles fueron esas veces?

—Bueno, la última vez fue la del más allá, la segunda una vez que Nora robó los recuerdos de las amigas de Hikari y la primera fue cuando ella tenía alrededor de nueve años, Hiyori-san me dijo que fue cuando Hikari se le quería declarar en el festival a un niño de su escuela que le gustaba… creo que él se llamaba Hikaru, pero no recuerdo y además no es importante su nombre, y… lo que pasó después fue extraño, no saben por qué de pronto Hikari hirió al niño encajándole en el estómago un vidrio a propósito, pero ella no recuerda nada, incluso olvidó a aquel chiquillo por completo, estuvo en terapia pero se dieron cuenta que ya no la necesitaba, aún así la vigilaron por un tiempo.

—Ya veo… —fue lo único que se le ocurrió decir.

—Sí… —ella suspiró —B-bueno, vine aquí para estar sola, n-no quiero ofenderte, pero voy a salir.

—No, no, si quieres me voy y de dejaré —dijo comprensivo mientras apoyaba sus pies en el suelo para levantarse, pero ella lo detuvo.

—N-no, no me entendiste, en serio, quiero salir, dile p-por favor a Hiyori-san que iré a pasear y dale sus llaves por favor, cerré la entrada —avisó levantándose de la cama antes que él y después le ofreció la mano para ayudarlo a hacer lo mismo.

—Bien, yo regresaré a casa de Kofuku —respondió sonriente aceptando su mano, se levantó y tomó las llaves antes de irse.

[...]

Ahora, ella se dirigía al parque, y de tantos callejones sin salida llenos de basureros que separaban a los edificios que ella había pasado se encontró con uno completamente vacío y limpio a excepción de que había una muñeca hasta el fondo.

Ya estaba anocheciendo y apenas podía distinguir cómo era la muñeca así que se acercó a observarla mejor, pelirroja, con los ojos azules y tenía pecas pintadas que apenas se notaban, llevaba unas mallas azul marino con unas zapatillas deportivas color rojo con agujetas blancas con una frase en rojo que se repetía varias veces por toda la cuerda, tenía una playera a rayas de varios colores y encima un overol de falda que parecía que estaba hecho de mezclilla con una pequeña bolsita en el pecho que decía...

—Good Gir-… —trató de pronunciar el nombre en inglés, pero la interrumpió una risa que provenía detrás de ella.

—Hola, niñita —se limitó a decir con una sonrisa arrogante —¿Estás perdida?

—¿Q-quién eres? —tartamudeó volteando a ver a una niña.

—Elige el que más te guste —respondió levantando su yukata blanco haciendo que se vieran varias de sus marcas de shinki.

—P-por ahora no quiero, gracias.

—Bien, después de todo sólo vine a revelarte tu verdadero nombre y otras cosas muy interesantes…

—¿Cómo…?

—Tu verdadero nombre antes de morir fue... —comenzaba a decir ella y Ameni tragó duro.

—¡Ameni! —se escuchó un grito proveniente de afuera del callejón —¡No la escuches!

—¡Hikari! —exclamó la peliblanca…