.
.
Hola, lamento la tardanza. Una breve actualización
.
.
Capítulo 21: Juntos
.
.
.
Cuando atracaron en Bog Burglar la multitud se aglomeró para recibir a su jefe, pero no tenían idea de lo que había pasado.
Bertha fue quien dio la triste noticia después de permitir que su madre la abrazara.
Los hooligans también descendieron del bote y ayudaron en todo momento a auxiliar a los burglars en la preparación del funeral.
Camicazi guardaba el sufrimiento en su corazón, su prioridad ahora era su hija.
Las siguientes actividades del día fueron sumamente agotadoras.
Mandar el aviso de la tragedia a Berserker, el homenaje a su padre, y lidiar con la presencia de Erick en su isla la dejaron acabada.
-Legítimamente sigo siendo la líder, pero ya habíamos hablado de nombrarte jefa, hija. –mencionó después de que terminó el funeral, estando ya en casa.
-Mamá, no ahora, por favor. –mencionó, con algo de nauseas que contuvo. –No quiero pensar en nada.
La mujer vio a su hija que se sobaba el vientre con rudeza, no olvidaba el embarazo de ella y la agilidad que le debía dar a la localización de otro hombre que se quisiera casar con ella.
-¿Te sientes bien? –preguntó al notar gestos de molestias.
Bertha se levantó de la silla, sujetándose el vientre, hasta que volteó a ver a su madre.
-No. –susurró con angustia. –Me duele mucho.
Tras decir eso se recargó en el respaldo de una silla, un calambre le avisaba de un posible aborto.
.
.
.
.
Los hooligans se preparaban para irse de nueva cuenta.
-Bertha fue muy amable en permitir que tú nos llevaras, Norberto. –comentó Stoick mientras abordaban en bote.
-Soy comerciante. Ir a Berk estaba en mi ruta de intercambio, claro si el jefe me lo permite. –comentó el rubio.
-Por supuesto. –accedió el jefe. –En cuanto lleguemos puedes quedarte el tiempo que quieras.
-Se lo agradezco. –Lindgreen hizo una leve reverencia. –Me iré a despedir de Ivette, mi esposa y mis hijos y después vendré. Estén listos, por favor. No me tardo.
Los Hofferson y Stoick, además de unos cuantos más acompañantes que fueron con ellos a la junta de jefes asintieron.
Cuando el comerciante se fue, Erick se acercó a Stoick.
-Amigo, tengo que hablar contigo. –apenado y con discreción pidió la palabra.
-Dime, ¿Qué sucede? –preguntó.
-Tengo que confesarte algo, y ocupo tu ayuda. –le confesó como niño que pronto sería regañado.
El jefe de Berk escuchó a su amigo. Él sospechaba que tenía alguna aventura con una burglar, pero ni en su más suspicacia llegó a imaginar que se trataba de la princesa de la isla. Él le contó todo, incluido lo de las visitas durante los últimos años, su relación oculta, el matrimonio secreto, la falta de confesión por parte de ella acerca de su compromiso, la predicción de la seid, el embarazo y la falta de respuesta que él tuvo para con ella.
-¿En qué estabas pensando? –Stoick lo regañó, dándole un golpe en la cabeza.
-En ella. En el amor que le siento.
-Pero ella estaba comprometida. –trató de hacerlo entender.
–No lo sabía, no me sé de memoria todos los tratados del archipiélago –se defendió.
-Es un tratado con Berserker. Yo mismo iba a firmar como testigo.
-Pero su prometido murió, ¿no hay nada que podamos hacer?
Stoick negó, su conocimiento con Bog Burglar también era mínimo, apenas tenían un par de años entablar conexión.
Finn también estuvo de oyente, apoyando a su hermano.
-Entiende que es un compromiso, ellos buscarán la manera de rehacer ese tratado. Bog Burglar empieza a ser conocido a penas… no soltarán esa alianza tan fácil. –Stoick trató de convencerlo.
-Pero ella está embarazada. De mi bebé.
El jefe de Berk intentó apoyar pero era difícil.
-¿Y qué quieres? ¿Qué proponga una alianza con Bog Burglar? ¿Siendo tú la parte berkiana? ¿Para estar con ella? –retó Stoick.
Erick resopló, apretó sus puños. –Sí.
El jefe y Finn se quedaron asombrados.
-No suena una mala idea. –apoyó el hermano. –El tratado Berserker se rompió.
-Las últimas palabras de Alfred fueron acerca de eso.
El líder de Berk se mostraba inseguro.
-Vamos, fue lo mismo cuando estabas comprometido con Brenda, pero dejaste todo eso y te arriesgaste para estar con Valka, y ahora ustedes son muy felices. Déjame intentarlo al menos. Si el resto del Luk Tuk se entera que ella está embarazada puede poner en riesgo toda su isla. Ella es mi esposa, los dioses nos dieron su bendición… sólo falta hacerlo oficial.
Su amigo se conmovió, nunca lo había visto tan más seguro de algo.
-Todo tratado tiene una oferta. Berk no tiene mucho que ofrecer, nada que Bog Burglar no tenga. –comentó. –Ellos son una isla de comerciantes.
-¿Qué es lo que Berserker ofrecía? –interrumpió Finn. –Tal vez puedes competir con eso.
-Tengo entendido que les ofrecían protección. –comentó Erick, entendiendo mejor lo que su hermano quería decirles.
Los tres sonrieron. Allí tenían la respuesta.
.
.
.
.
Gyselle fue de inmediato a la casa de la jefa en cuanto ésta les mandó llamar. Como era un secreto lo del embarazo de la princesa, fue con mucha discreción.
-¿Aborté? –preguntó con miedo después de ser atendida por la curandera. -¿Perdí a mi bebé?
-No, Bertha. No te preocupes, tampoco tuviste sangrado. Pero esos calambres pueden repetirse durante la noche. –le comentó maternalmente.
-¿A qué se debieron? –preguntó Camicazi, preparando un té.
-Probablemente a todas las emociones del día, mi niña. –opinó la curandera. –O algún esfuerzo pesado que hayas hecho.
Bertha negó hasta que recordó algo importante. –Un hombre intentó… atacarme. Forcejé con él ayer.
-¿Atacarte? –preguntó Camicazi, asustada.
-Ya sabes a lo que me refiero. –mencionó incómoda. –Se intentó aprovechar de mí.
Las mujeres se angustiaron.
-Descuiden, la primera vez un miembro de Berk me ayudó, a la segunda yo me encargué de él aventándolo a unas espinas. –dijo como si nada.
-Seguramente fue eso. –dedujo la comadrona. –Bebe los tés que te dejé, descansa, duerme bien y estás bien para mañana.
-Gracias.
.
.
.
Bertha ya casi estaba dormida, hasta que en medio de su sueño escuchó un par de voces en la estancia de su casa.
-Puede funcionar. –escuchó decir a su madre, pero ¿con quién hablaba?
Se puso sus botas y descendió con cuidado.
-¡Hija! –se asustó su madre al verla. –Hablaba con Stoick. –le presentó.
-Buenas noches, princesa. Lamento venir tan tarde.
-¿Está todo bien? –preguntó, alertándose cuando también vio a Finn y a Erick.
La jefa indicó con un par de señas que su hija tomara asiento con ellos en la mesa.
-Los caballeros me estaban hablando acerca de una pequeña alianza con Berk.
-¿Qué clase de alianza? –preguntó Bertha, consternada de la presencia de Hofferson en su hogar.
-Bertha… ya les conté todo. –se adelantó Erick, caminando hasta su lado. –Estamos tratando de resolver nuestra situación.
La burglar se puso completamente roja de vergüenza, miedo, preocupación e incluso tristeza.
-Ya lo sé todo. –confesó su madre, aunque viéndolos con recelo; seguía sin estar de acuerdo en cómo se dieron los sucesos.
El corazón de Bertha se sintió aliviado. Un día atrás había perdido a su padre y al hombre que le brindó apoyo incondicional; aunque fue por breves momentos sí le causó un tremendo miedo la posibilidad de haber perdido a Erick, por eso, cuando lo vio allí en su casa hablando con su madre, pensó que tal vez tendría un final feliz para su tempestuosa historia.
.
.
.
Las siguientes tres semanas fueron grandes papeleos, viajes y cambios en las islas. Además del luto que había en Luk Tuk, también había esperanza por los acuerdos que empezaban a llevarse a cabo.
En Berserk, Oswald tomó el cargo junto a su esposa Emma, prolongando la versión que Alfred pensó en su lecho de muerte. Berk y Bog Burglar hicieron un tratado de último momento: a cambio de oro, un berkiano empezaría a preparar una estrategia contundente para la seguridad en BB.
Y como "gratificación" una mujer de la isla se casaría con el comandante; al menos esa fue la versión que dieron en Berk, solo los jefes y la familia Hofferson supieron la verdad.
A pesar de la tristeza entre los buglars, la boda de la princesa se llevaría a cabo.
-Supongo que esto nos vuelve oficialmente cuñadas, ¿Quién lo diría? –comentó Gylda mientras ayudaba a la burglar a colocarse su fillet en la cabeza.
-Eso creo. Espero que nos llevemos bien. –agregó Essen. –Además me da mucho gusto saber que tú también estás embarazada. –habló con voz baja mientras Gylda se llevaba una mano a su vientre. –De seguro nuestros hijos crecerán como una gran familia.
-Ten por seguro que puedes contar conmigo para todo, aunque no estemos en la misma isla. –comentó Hofferson con felicidad mientras Ivette terminaba de peinarla.
-Gracias por estar las dos aquí, hoy. –agradeció Bertha, a punto de llorar, el embarazo la ponía tan sensible.
-Descuida, descuida, pero no arruines tus pestañas. –Gylda animó, pasándole un pañuelo.
-Además, te casas con el hombre que amas. No todas las personas tienen esa oportunidad. –apoyó Ivette.
La heredera asintió, acomodó su vestido blanco lo plisó para evitar arrugas.
-¿No se nota verdad? –preguntó acerca de su vientre.
-Para nada, tendrás embarazo bastante discreto. –comentó Ivette con un toque de envidia. –No tienes nada de qué preocuparte, pero… te preparamos esto.
Gylda y la curandera entregaron un ramo de flores rosas.
-Flores Essens. –sonrió la burglar. –Son mis favoritas, gracias.
Bertha sonrió, era un gran día. Recordando su historia, los sentimientos que le tenía a Erick, a pesar de haberse enojado con él por la duda, pero tampoco podía esperar lo contrario, ella no actuó bien, no podía exigir una confianza total cuando ella tampoco la dio.
Erick sí que le rompió el corazón, pero también se encargó de repararlo con amor, protección y apoyo.
Se colocó su medallón y trató de sentir la presencia de su padre igualmente.
-¿Están listas? –preguntó Norberto mientas entraba a la casa de la princesa, pues la jefa los había mandado llamar.
La heredera asintió. Era el momento que tanto había esperado… aunque antes fue a vomitar.
.
.
.
.
La boda fue al estilo Burglar, aunque no variaba mucho de la berkiana, fue hermosa, romántica y sencilla.
Los malentendidos se aclararon a pesar de que la jefa de Bog Buglar no estaba convencida del muchacho Hofferson, no le quedó dudas de que él amaba a su hija.
Sólo bastaba con esperar lo que la vida les tuviera preparados.
-Se ven felices. –comentó Valka, recargándose en Stoick mientras él bebía del tarro de Hidromiel, ya sentados en el Gran Salón donde se llevaba a cabo la fiesta.
-Sí, aunque no sé si tanto como nosotros. –comentó el jefe mientras acariciaba el vientre abultado de su esposa. –Ya quiero que nazca.
La castaña asintió, aunque con notable preocupación. –También yo. –comentó con voz queda.
A un par de lugares de allí estaban los nuevos jefes de Berserk, quienes también compartían un momento.
-Mañana hay que hablar con los nuevos jefes acerca del tratado que quedó pendiente. –comentó Emma mientras terminaba su plato de carne.
-Sí, el consejo me dio los acuerdos y alternativas para hablar con ellos. A fin de cuentas la deuda de Bog Burglar sigue con nosotros. –concordó el jefe, viendo el baile que había en el Gran Salón.
–Estoy preocupada por los niños. –agregó la mujer.
-Están en la guardería. Bertha dijo que los iban a cuidar bien. Tú no te preocupes. –le dijo mientras acariciaba el abdomen de la jefa, quien se veía claramente embarazada también. –Espero que sea niña… ya ves que los niños nos salen medio locos.
.
.
.
En unas cabañas cerca al Gran Salón, la guardería de los niños estaba en funcionamiento.
-¡Eret! Bájate de allí. –gritó su madre, la encargada del lugar.
El pequeño castaño de aproximadamente cinco años estaba encima de una mesa.
-¡Yo te mataré dragón! –le dijo a otro niño pelirrojo que andaba por allí.
-¡NO SOY UN DRAGÓN! Me llamo Dagur y un día seré el jefe. –bramó, lanzándose contra él.
Los chiquillos empezaron a forcejear, hasta que otro infante, mucho más pequeño, se metió a la pelea.
-¡Y ya se metió Norberto! –dijo Mildren mientras los separaba. –Eret, hijo. Hazme caso, no te metas en esto.
-Sí, Eret. Hazle caso a tu mamita. –se burló, preparando su espada de madera, pero al usarla le pegó al rubito que estaba jugando con ellos, quien empezó a llorar, pero aún, en medio de su llanto le propinó un buen golpe al futuro jefe, tumbándole un diente.
-Ja, ja. Estás chimuelo. –se mofó Eret.
El pelirrojo Dagur, nunca olvidaría esa derrota.
Sin embargo, fue interrumpido por el jefe de Berserk, quien ingresó a la cabaña junto a su madre.
-Dagur, compórtate. –pidió Oswald.
A regañadientes fue con su padre. Por otra parte, la jefa Emma estaba junto a la niñera que cuidó de su hija.
-Bien, Karena, vámonos. –dijo con cariño mientras la sacaba del corralito donde estaba. –Parece que hiciste una nueva amiga. –mencionó al notar que le decía adiós a la bebé rubia que movía unos juguetes. -¿Cómo se llama?
-Soma. –habló la pequeña mientras reía.
-¿Soma? –preguntó extrañada la mujer.
-Su nombre es Sotma, mi lady. –agregó Mildren, la encargada. –Es hija de la asistente de Bertha.
La jefa asintió, reconociendo a la mujer.
-Gracias por cuidar a mis hijos.
-Fue un honor, aunque Dagur es… bastante especial. –comentó con algo de diplomacia.
.
.
.
Hiccup y Astrid no podían creer que estaban allí, frente a frente.
-Los gemelos me dijeron que habías muerto. –masculló Astrid, con un nudo terrible en la garganta.
-A mí también. Pensé que te había perdido. –expresó dolido. –No pensé que fueran tan torpes.
Dejaron de abrazarse para tomar asiento en una de las pocas piedras que no estaban cubiertas de nieve.
-Leí tu carta. No debí dudar de ti acerca de irte a Berserk. –se disculpó Hiccup. –Nunca volveré a desconfiar de ti. –prometió.
La rubia comprendió.
-No te la dejé fácil. Lo sé. Yo también te prometo nunca ocultarte nada… a menos que sea completamente y mortalmente necesario. –garantizó la rubia.
Ambos se sonrieron. Tal vez no fue la confesión romántica que ambos habían querido, pero era la que tenían y la que habían esperado.
-Creo que hay que regresar. –opinó el castaño, sintiendo frío. –Aun estamos algo débiles por la hipotermia.
La chica negó decidida. –No. No ahora.
Sin decir más, se acercaron y ambos se dieron el lujo de besarse. Disfrutas de una caricia tan íntima como especial; claro sin saber que a unos pasos de allí, por encima de la orilla de la cala estaban un par de ojos curiosos.
-Al menos ya se reencontraron. Temí por la salud de ellos. –expresó Stoick.
-Yo también. No habría soportado perder a Astrid. –musitó Gylda. –Sé que no es mi hija, pero… no podía pasar por esto de nuevo. Perder a otro hijo. –expresó con dolor, recordando uno de los momento más difíciles de su vida.
-Lo sé, Gyl. –Stoick la abrazó, amistosamente. –Pero ten por seguro que eso no te volverá a ocurrir. Tú serás la abuela de nuestros nietos.
La rubia se carcajeó un poco.
-Aun ni novios son y ya andas pensando en eso. –regañó Gylda.
-Ey… no quiero que pierdan el tiempo. No saben las sorpresas que trae la vida. –musitó con nostalgia.
-Sí. El amor verdadero no se encuentra dos veces. –opinó, suspirando.
-No. Yo sé que jamás amaré a nadie ni la quinta parte de lo que amo a Valka.
-Ni yo a Finn. –concordó la curandera.
-Así es. Un amor como el nuestro es una bendición y una maldición, no sólo porque se sufre cuando lo perdemos, sino porque no se puede amar de nuevo, no podemos conformarnos con menos. –expresó añorando a su esposa.
Gylda le dio unas palmadas en la espalda. –A veces creo que Finn y Valka están perdidos, en algún lugar lejos muy lejos de aquí y que algún día regresarán.
-Sería pedir demasiado. Pero quisiera soñar con eso también.
Los adultos miraron a los jóvenes, recordando sus épocas de adolescencia, esperando que sus hijos nunca enfrentaras las experiencias que les habían tocado a ellos.
El dolor de un corazón roto no se le desea a nadie.
.
.
.
.
El acuerdo oficial no se llevaría a cabo hasta saber qué sería el bebé que esperaba la heredera burglar, aunque los jefes de la isla estaban casi convencidos que sería una niña, tenían que esperar hasta que los berserkers negociaran.
Un par de días antes de que Bertha se a luz recibieron una terrible noticia.
Habían atacado Berk.
Secuestraron a Valka y a otras mujeres de la isla.
Antes de ser rescatadas… Gylda había perdido a su bebé.
.
.
.
.
.
.
Notas de la autora:
Maratón día 4!
Muchas gracias por seguir leyendo este fic.
Gracias a quienes dejan sus comentarios, me hacen muy feliz.
Gracias por leer
**Amai do**
Publicado: 4 de enero de 2020
