Nymphadora Tonks — Dorado

The world is full of magic!


Es la quinta o séptima vez en la que Nymphadora se despierta. No importa cuántos libros Edward le lea, no importa cuántas canciones de cuna le cante Andrómeda, el resultado parece ser el mismo.

Se baja de su cama. En la mano derecha lleva su manta de patos y en la mano izquierda una muñeca que hizo junto a su padre la última noche de Navidad. Sus pies, descalzos, no hacen ruido al rozar el piso de madera mientras va recorriendo los pasillos del humilde hogar de los Tonks.

Con cinco años, sin luces encendidas, sin un mínimo de ruido, la pequeña Nymphadora está en su zona de comfort.

Sin embargo, se asoma a la puerta de la habitación de sus padres. Andrómeda, acostada boca-arriba, perfectamente arropada, parece estar soñando con hadas y paraísos nunca antes visitados por los humanos. Del otro lado, Edward parece estar batallando una guerra medieval en donde su contrincante es un dragón de diez cabezas pues tiene la boca abierta, en su almohada hay un gran charco de babas, la mitad de su cuerpo está a por fuera de la cama y de vez en cuando su mano tiene un ligero tic y balbucea cosas que ni un adulto podría entender.

Una vez confirmado el estado de sus padres, Nymphadora camina hasta la sala de estar. En una pared tienen un pequeño estante repleto de libros mágicos y muggles; en los más bajos hay cuentos infantiles que durante sus cinco años, le han servido de experiencia. Pero hay uno en particular que la lleva a otro mundo.

Su portada es de color dorado, en el centro, un cisne blanco extiende sus alas. El famoso «patito feo» se convirtió en su favorito. Aunque a diferencia de muchos, Nymphadora hubiese preferido que el patito se quedara tal cual como había nacido; quizás porque aún siendo tan pequeña, algo la hacía sentir identificada con él.

Tanto, que siempre conservó dicho encuadernado.

Tanto, que Edward Remus Lupin no sale de casa sin él.