-Chapitre vingt-
Era una conversación amena. Platicaban de todo, sus gustos, pasatiempos, hasta que les disgustaba. Diane aprendió que las hadas no comen carne, solo fruta, y que no duermen tanto como un humano.
— De verdad que nosotros no necesitamos tanto de dormir, podemos hacerlo pero no es necesario.
King hablaba animadamente. Nunca había tenido ese tipo de charlas con alguien desde hace años — o siglos—, y de verdad que lo estaba disfrutando.
—Que interesante ¡Las hadas son tan misteriosas y sorprendentes! Y ¿Qué me puede decir sobre sus alas? ¿Le pesan o algo? Porque, mire, ¡son enormes! Más que las de Elaine o aquella otra hada. —La chica tenía una mirada de completa curiosidad que provocó en Harlequin una nueva oleada de sentimientos en él.
—Pues verás, mis alas no me pesan para nada. Son ya, como una parte más de mí. Y así son las alas del rey de las hadas. Siempre han destacado del resto. Cuando me crecieron, sentí que mi fuerza había aumentado mucho más…—Harlequin decía esto nostálgico. Tal parecía que estaba recordando algo de hace tiempo—.
— ¿Acaso las hadas no nacen ya con alas? ¿O que quiso decir con eso de que le crecieron? —La chica estaba a la expectativa. Quería escuchar su repuesta y saber más de él. Sentía más que nada curiosidad del porqué de sus alas.
El Rey Hada se sintió muy nervioso al tener que contar eso de su pasado. En parte no quería decirle, por miedo a que se burlara de él.
— "Que rey tan inseguro"— Pensaba King. Pero, era Diane, no creía que le fuera a decir algo "malo" por el estilo.
Y por otro lado, tenía tantas ganas de contarle sobre como las obtuvo. Como es que el gran rey Harlequin tuvo sus hermosas y enormes alas. Así que, tomando una decisión, comenzó a hablar.
—Verás. Yo, anteriormente carecía de alas—Soltó un suspiro— por alguna razón mis alas tardaron en crecer un tiempo. También las de Elaine.
Diane se tapó la boca con ambas manos, y abrió enormemente los ojos, eso sí que no se lo esperaba ¿Cómo un hada no nace con alas? No lo entendía.
—También Elaine…¡¿Pero, cómo?!
La castaña no salía de su sorpresa. Necesitaba saber más. Debía saber cómo es que aquellas bellas alas crecieron.
El oji miel solo tenía una sonrisita en sus labios. Tal parece que, estaba en lo correcto, y Diane, más que decirle algo, estaba más que sorprendida con su declaración. Y eso lo hacía inmensamente feliz.
—A veces así pasa. Todas las hadas nacemos del Árbol Sagrado. Y, obviamente, se nos conceden éstas alas. Pero hay excepciones. Y nosotros somos una de esas.
—Entiendo… Pero aún hay algo que quiero saber. ¿Cómo las obtuvieron, finalmente? Tuvieron que pasar por algo o ¿Al proclamarlo rey ya les estuvieron creciendo? ¡Rayos! Creo que mi cabeza va a explotar—Diane se encontraba agarrándose la cabeza con una mano tratando de pensar en los posibles escenarios, en los cuales, los hermanos pudieron obtener sus increíbles alas.
Harlequin se encontraba divertido ante la situación en la que se encontraban. Le fascinaba como aquella humana, en vez de despreciarlo, estuviera muy curiosa sobre su pasado. Simplemente, lo hacía sentirse maravillado.
—En efecto, señorita. Tuvimos que pasar por pruebas, y si las pasábamos correctamente, obtendríamos lo que habíamos estado esperando por siglos. Si yo obtenía mis alas, me habían dicho que mi poder aumentaría en sobremanera. Y así sucedió.
—¡Wow! Me encantaría saber de qué trataban aquellas pruebas. Si se puede, claro.
—Eso, lo dejo a tu imaginación. Fueron un tanto… Dolorosas, pero valió la pena. —Harlequin se veía nostálgico, y es que, el solo recordar como las obtuvo, hacía que su corazón se oprimiera. Imagines de un chico de cabellos castaños claros, tirado en el piso derramando sangre mientras sostenía una lanza, llegaron a su mente. No, en definitiva no le contaría eso y tampoco lo de su hermana menor.
—Oh, lo siento ¡Disculpe mi atrevimiento! Es solo que sentía mucha curiosidad por saber de usted, que me dejé llevar. —Diane baja su cabeza, se sentía culpable por hacer que recordara hechos horribles. Pero el rey estaba impasible.
En eso, la oji violeta siente una mano delgada posarse en su cabeza acariciándola con delicadeza.
—No te preocupes. No pasa nada, esas pruebas, créeme, valieron mucho la pena ¡Después vino lo bueno!
Diane levanta un poco su cabeza al escuchar eso, y King retira su mano de ésta. La muchacha lo mira directo a los ojos para decir:
— ¿Cómo… Como qué?
Y Harlequin le regaló una de esas sonrisas que podían hacer que tu corazón se derrita en sobremanera.
—Mis alas crecieron, pero no como yo creía. Eran pequeñas, pero eran mi adoración. Me emocioné tanto, ¡no me lo podía creer! ¡Ya tenía, por fin y después de tanto tiempo, mis queridísimas alas! No te maginas que tan feliz estuve en ese tiempo. Por fin las tenía. Y al fin me sentía capaz de gobernar este reino.
Diane simplemente lo veía embelesada, trataba de grabarse todas y cada una de sus bellas facciones. Se sentía feliz por él. Le encantaba ver a la gente derrochando alegría por doquier y esta no era la excepción. También no podía evitar el posible sonrojo que adornaba sus mejillas, y es que, Harlequin era simplemente hermoso. Esa sonrisa que te atrapa y luego sus bellas facciones cuando sonríe o sus hermosos ojos al brillar… ¡Ah! Su corazón iba a explotar en cualquier momento. Oh sí. Y es que, no podía evitar sentir algo por él. Era tan lindo y tierno, y además bastante guapo. Se sentía tan cómoda con él y sentía que podía hablar de todo y nada a la vez, sin miedos.
Diane no se daba cuenta pero, cada minuto que pasaba, ella se iba enamorando cada vez más de Harlequin.
