Disclaimer: Algunos de los personajes no me pertenecen, Stephenie Meyer los creo en su preciosa cabecita, yo solo juego un poquito con ellos. La historia es mía.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)
EL GRAN DEBUT
Cynthia y Seth daban vueltas en la amplia pista de baile del salón de fiestas de la casa de Elise, que ya era un caos con la llegada de mesas, sillas, manteles, flores…
La gran fiesta sería al día siguiente, y se sentía. Era de lo único que hablaban en la casa, el tema principal en la familia; no era para menos. No habían tenido un debut tradicionalmente Swan desde… ¿Elizabeth? Estaban emocionados, no cabían en sí mismos.
Con los ensayos en el salón, los últimos toques a sus vestidos y las últimas lecciones de etiqueta y protocolo, Cynthia sentía el estómago como loco. No pudo cenar más que una simple crema y dar algunas mordiditas al pastel de zanahoria que fue servido como postre. La pobre era un manojo de nervios, pero no era la única.
Alice estaba enloquecida, haciéndose cargo de una planificación que terminó desde la semana anterior. Quería que la gran noche de su hermana pequeña fuera perfecta… Aunque confiaba en los Swan, no podía evitar revisar que los planes de Elise representaran a Cynthia, no a la Princesa.
Su mayor miedo era que la convirtieran en una doble de Isabella, alguien a quien no le importara más que sí misma. No quería eso para su hermana, su infancia ya había sido arruinada por Clarissa, no lo merecía.
Los profesores de baile los enviaron a descansar. Iban a tener un gran día y necesitaban dormir bien.
Jasper se encargó de preparar la habitación de Cynthia como a Isabella le gustaba cuando tenía un ataque: con las cortinas muy oscuras, almohadas mullidas, un ambiente pulcro sin nada que pudiera hacer volar su imaginación…
Había un delicioso baño de burbujas esperando por ella, con una taza de té de tila y una esponjosa y linda pijama.
Al terminar su baño, Alice la animó a sentarse frente al tocador. Era su turno de consentirla. Cepilló suavemente su cabello, en silencio por unos minutos, hasta que no pudo morderse la lengua mucho más.
—Es como si te estuvieras por casar, ¿no es cierto? —inquirió. Cynthia lanzó unas risitas, malentendiendo el comentario como una broma. Alice no quiso corregirla.
—Ojalá fuera como una boda. Estoy segura que habría menos presión, ¿viste lo loca que estaba Elise cuando llegamos? Nunca la había visto así.
—Escuché que Elizabeth fue la última en tener un debut tradicional.
—Gracias, Alice —soltó Cynthia.
—No me dejas terminar. Fue el debut de una chica Swan, de alguien del nido, es normal que estén así de nerviosos, de entusiasmados…
—No, creo que es porque Elise se hizo cargo —dijo Cynthia, sonriéndole a su hermana desde el espejo. Alice le dio un jaloncito de cabello—. Hablando en serio, ya no hay nada que Elise planifique, Bella lo hace todo, eso es lo que ha convertido a mi debut en algo tan importante. Algo que los Cullen no van a poder secuestrar.
Escucharon el suspiro de Jasper detrás de ellas. Había llegado justo a tiempo para oírlas.
—Lamento que no hayamos podido evitar que vinieran —le dijo a Cynthia.
—Está bien. Los Parker también fueron invitados, ¿no? Hay ciertas personas que se convierten en parte social de la familia, como los Cullen y ahora los Parker.
Alice suspiró. Escuchar a su hermanita hablar así, repitiendo como un robot una de sus lecciones en protocolo de los Swan… fue impactante, y aterrador.
—Así es —respondió Jasper, con una sonrisa de orgullo. Alice lo miró como si se hubiera vuelto loco. ¿En serio? ¿Le hacía feliz que Cynthia se convirtiera en un robotito de su familia? Estaba demente—. Muy bien, hora de dormir.
—¿Qué hay en el neceser? —preguntó la chica, caminando a su cama. Jasper pareció recordar en ese momento que le había robado su neceser de calmantes a su hermana… Veintiún años y la mujer ya tenía un botiquín para abrir una farmacia.
Realmente había sido una mala idea. Muy mala idea.
—Es de… la Princesa.
—No —masculló Alice, al entender el contenido del maletín morado. Cynthia lanzó unas risitas, acostándose.
—Jasper, estoy bien. No necesito el coctel que tiene que prepararse Bella para dormir.
—No tiene que prepararse ningún coctel —musitó Jasper—. Esto es solo por si las dudas, y las renueva desde los quince, cuando…
—Casi muere —soltó Cynthia. Jasper asintió, mirando de refilón a una sorprendida Alice—. Estoy bien. El té me relajó lo suficiente para tener sueño.
—De acuerdo. Que descanses, entonces. Mañana será un gran día.
—Y necesito mi sueño de belleza, así que largo.
Jasper y Alice se rieron suavemente. Se despidieron de ella con besos en la frente y abrazos. Jasper apagó las luces, guiñándole un ojo a la chica. Cerró la puerta detrás de él.
—¿Cómo les fue? —le preguntó Alice en cuanto estuvieron en la seguridad de su habitación. Charlie, Jasper e Isabella habían acordado no decirle a Elise que él y Alice ya no dormían juntos, porque sabían que, si la abuela se enteraba, su matrimonio estaría acabado.
—Tan bien como nos podía ir con Esme —respondió él, encogiéndose de hombros.
—¿Al menos lograron que dejara a mi hermana tener su noche?
—Sí, que es lo importante. Pero…
—¿Qué? —inquirió ella, frustrada.
—Bella tendrá que usar una tiara. Ese fue el acuerdo al que llegaron para que nuestras fiestas sigan siendo nuestras.
—Eso no es… raro. Tu hermana siempre usa tiaras.
—Cuando ella es anfitriona —dijo. Alice asintió—. Para la familia Cullen ella es su princesa y como tal debe vestirse en un evento de corbata blanca.
—Mientras la fiesta siga siendo sobre mi hermana, Isabella puede ir incluso desnuda, si quiere.
Jasper lanzó unas risitas, entrando al vestidor para cambiarse. Alice también se puso la pijama y se preparó para dormir. Jasper, al salir, se acostó inmediatamente, dejando las luces encendidas hasta que Alice se le unió. A guardar las apariencias o Elise metería su cuchara…
Pero Alice no podía dormir. En su cabeza se repetían las palabras "casi muere". Sabía que la Princesa la había pasado mal durante su adolescencia, ella misma estuvo ahí en medio de los ataques de paranoia y asma, pero ¿tanto como para casi morir?
Antes de darse cuenta, ya estaba sacudiendo a Jasper para despertarlo. Si no resolvía esa duda, no podría dormir.
—Alice, por Dios, tendremos un día largo mañana, ¿no puedes esperar? —le reclamó él, encendiendo su lámpara.
—No, no puedo —respondió Alice.
—¿Qué es, entonces?
—¿Qué ocurrió con tu hermana? —le preguntó. Jasper la miró de reojo, respirando hondo. No sabía si contarle el gran secreto de su hermana a la mujer que la odiaba tanto, solo Dios sabía lo que haría ella con esa información. Sin embargo, temía que, con el afán de enterarse, recurriera a fuentes poco confiables, que le contaran la historia con exageraciones e, incluso, mentiras.
Con un suspiro, asintió. La Princesa lo entendería.
—Cuando tenía dieciséis —comenzó— tuvo los peores episodios. Había días en los que no podíamos ni levantarla de la cama. Para ese momento ya tenía meses sin dormir, días sin comer… Estaba agotada. —Alice asintió, mirando fascinada a Jasper, que parecía haber regresado cinco años en el tiempo. De pronto, sus ojos se humedecieron. Lo peor venía—. Una noche, se fue a dormir temprano. Durante el día había estado… bien, casi hasta feliz, tenía meses que no la veíamos así —dijo, con una sonrisa melancólica. Alice no pudo evitar imitarlo—. Como cada noche, cuando subí a dormir, fui a verla; mi deber era asegurarme que respirara. Su asma aún no había sido diagnosticado, por lo que no sabíamos por qué su respiración silbaba, o incluso se detenía. Creíamos que se debía a los somníferos, así que continuamente durante la noche pasábamos a revisarla. Era como una bebé. Pero esa vez ella tuvo un buen día, no vimos la necesidad de dar un vistazo…
»La mañana siguiente, Edward fue a desayunar con nosotros. Lo invité como una sorpresa para mi hermana. Le pedí que fuera a despertarla, así su día comenzaría bien otra vez… Su grito llamándonos juro que es lo peor que he escuchado en mi vida, no tengo palabras para describirlo. En su mesa de noche, había dos frascos de somníferos casi vacíos… ¿Te has preguntado alguna vez por qué ella no bebe nada con vodka? —le preguntó, volviendo al presente. Alice negó. Honestamente, nunca se había dado cuenta de eso—. Los bebió con vodka, una gran botella que esa mañana estaba a la mitad.
—¿Qué? —murmuró.
—Edward la tomó en brazos y la llevó al auto. Si hubiera sido por él, la llevaba al hospital corriendo, pero ya no teníamos tiempo. Los doctores nos dijeron que si hubiéramos subido diez minutos más tarde, quizá ya no habrían podido hacer nada por ella.
Alice se quedó en silencio. La Princesa realmente estuvo a punto de morir, no era solo una de esas tonterías exageradas por la familia debido a la depresión, o como esa vez en Londres que la ex novia de Edward la envenenó. No. Diez minutos menos de reacción y no habría Princesa a quien deberle toda su vida. Ahora se sentía avergonzada por preguntar, entendía por qué guardaron el secreto. Era algo de lo que nunca habría querido enterarse.
—Lo siento, no quise…
—Que descanses —la cortó él, apagando su luz.
.
.
.
Cynthia sopló la solitaria vela verde que estaba sobre el muffin de fresa que Karla le preparó como postre especial de desayuno de cumpleaños. La familia estalló en aplausos cuando la flama se apagó.
—Abre este regalo —le dijo Jasper, dándole una cajita envuelta en papel holográfico verde. Cynthia lo abrió a las prisas con ayuda de Seth, a falta de su novio que, por protocolo, no pudo estar en la celebración familiar. Dentro estaban las llaves de un coche con pequeños diamantitos verdes pegados en el control.
—¡No es cierto! —gritó ella.
—Sí, sí es cierto —rio Jasper. Cynthia se lanzó a sus brazos, gritándole sus agradecimientos—. Es de parte de los seis. Lo vas a encontrar en la casa cuando volvamos.
—Mientras tanto, ustedes dos deben ir a ensayar un poco más —dijo Elise, mientras Cynthia agradecía a Alice, Isabella, Edward, Ilaria y Raoul por el auto—. En el jardín. El salón es una locura.
—Sí, abuela —respondieron ambos al unísono. Sorprendida, Alice le dedicó a su hermana un vistazo de reojo.
—¿Cómo le dijo? —le murmuró a Jasper. Él se encogió de hombros, sonriéndole.
Como si fuera un día normal, la familia tomó caminos separados hacia sus respectivas responsabilidades. Algunos fueron a la constructora, con Charlie y Jasper, mientras Elise e Isabella se dirigían al salón para supervisar el montaje de la fiesta.
Alice siguió a Brenda, Ilaria y Renée hacia las habitaciones. La prima quería hacer las últimas pruebas antes de la fiesta. Alice sabía que a la pobre le iba a dar un ataque nivel BrujiBella si tenía que hacer ajustes, y no pensaba perdérselo.
—Cariño, son hermosos —le dijo Renée.
—Por supuesto que lo son, tía. Los hice yo —respondió Brenda. Alice rodó los ojos, sacándole unas risitas a la chica—. Me encanta hacerla enojar, es tan divertido —soltó.
—Niña… —la regañó Renée.
—¿Qué? Así nos llevamos ella y yo. ¿Verdad, prima? —le preguntó, jalando casi con violencia los cordones del vestido gris oscuro. Alice se quejó—. Oh, lo siento. ¿Lo estoy ajustando mucho?
—Brenda, ya basta.
No era un secreto que gran parte de la familia Swan haría hasta lo imposible para que Alice se hartara de ellos, aprovechándose de los impedimentos para Jasper que Elise puso en el prenupcial. Él no podía pedir el divorcio solo porque sí —ese fue su castigo—, pero Alice sí. Y los Swan querían hacer cumplir eso.
—Ya pueden cambiarse, aún tengo que quedarme un momento con el corsé de Alice.
Renée e Ilaria volvieron a colocarse su ropa normal mientras Brenda movía su otomano al centro de su habitación, frente al espejo de cuerpo completo. Alice se subió en él.
Minutos después que Ilaria y Renée se fueron, la puerta volvió a abrirse, esta vez revelando a una deslumbrante Natasha, que les sonrió a ambas aún sin entrar.
—Perdón, tu mucama no está a la vista.
—La envié con Cynthia mientras mi abuela le contrata una. Pasa. Tu vestido está en el armario.
—Gracias. Eso te queda excelente, Alice —le dijo. Alice respondió con una sonrisa algo falsa.
—¿También te hizo un vestido?
—Prácticamente le rogué que lo hiciera —rio Natasha, sacando el protector rosado del armario que tenía su nombre escrito en una tarjeta colgando del zipper—. Todos aquí sabemos que si quieres lucir adecuada en un evento Swan, entonces tienes que recurrir a Brenda.
—Pero solo porque Bella ya no vive en la ciudad.
Natasha volvió a reír.
—Ella fue la responsable de muchas expulsiones por un mal atuendo. ¿Dónde puedo cambiarme?
—En el vestidor.
Natasha asintió sin borrar su sonrisa antes de meterse al vestidor de Brenda.
—¿No era que no tenías tiempo para hacer más vestidos?
Brenda rodó los ojos.
—No sé por qué tengo que darte alguna explicación a ti, pero ya que estás muy interesada te lo diré: fue Jasper.
Alice se quedó callada, esperando que Brenda se desmintiera, pero no lo hizo.
—¿Qué?
Brenda apretó los labios.
—Estaba en la carpeta que hice para Ilaria porque ya estaba listo, él lo vio y me aconsejó que llamara a Natasha. Pero no fue necesario. Ella lo pidió. Tal vez Jasper o el dúo dinámico le hablaron sobre ese vestido.
—¿Es gris? —masculló. La tradición decía que solo las mujeres, exclusivamente familiares, que tuvieran una gran relación con la debutante, debían llevar vestidos grises. Ya que Cynthia no era de la familia, Elise decidió que para darle legitimidad a su debut, debían ser Renée, Isabella e Ilaria quienes también portaran ese privilegio, no solo Alice. Si el vestido de Natasha estuvo en la carpeta de Ilaria, entonces debía ser gris. Un privilegio al que Natasha no tenía derecho.
—No —respondió Brenda—. Es azul grisáceo, nada más. No es gris, o al menos no como el tuyo.
—¿Y por qué lo pusiste en la carpeta de Ilaria si no es gris?
—Porque no me percaté de su tonalidad azul hasta que Natasha me dijo que elegiría ese porque no era gris.
—¿Cómo no te diste cuenta de la tonalidad? Es obvia.
—Es daltónica, Alice —le dijo Natasha, saliendo del vestidor con su vestido azul grisáceo—. No puede ver el color azul.
Brenda suspiró detrás de ella, sin mirarla.
—No puedo hacer nada por tu corsé. Ve a cambiarte y lárgate de aquí —le dijo. Sin decir una sola palabra, Alice se bajó del otomano y se apresuró al vestidor.
Salió de la habitación de Brenda como si fuera un fantasma, sin hablar ni hacer ruido. O tal vez la prima Brenda le lanzaría el primer objeto que se le pasara por el frente.
Al salir, se topó de frente con el carpintero de la casa, quien colocaba en la puerta de esa habitación una placa de oro con el nombre de su hermana.
.
.
.
Alice salió corriendo detrás de Jasper, sosteniendo la larga falda de su vestido. Iban tarde. Cynthia ya debía estar vestida, pero al ser un debut tradicional Swan no podía hacerlo sin que estuviera toda su familia con ella. Era ridículo. Edward los esperaba fuera de la habitación. Al verlos, tronó los dedos, abriendo la puerta.
—Ya están aquí —anunció.
Cynthia soltó un resoplido de alivio.
—Cynthia… —la regañó Isabella.
—Lo siento.
La chica estaba preciosa, con ese maquillaje natural y su cabello negro en rizos, sostenidos a los costados con bonitos broches de perlas, el resto de su melena caía sobre sus hombros con delicadeza, como si no hubieran cuidado la caída.
—Alice —la llamó Isabella, indicando a los hombres en la habitación que se giraran mientras Cynthia se quitaba la bata verde. Alice descolgó el vestido para después apresurarse a meter a su hermana en él. Una vez estuvo cubierta por él, Isabella les permitió que volvieran a mirar. Alice apretó los cordones del corsé en la espalda de su hermana hasta que ella se quejó de que no podía respirar. Con una sonrisa divertida, Alice los soltó un poco antes de formar un moño con ellos—. Mi turno —musitó Isabella, tomando a Cynthia de la mano. La sentó en el taburete dorado que la familia tenía especialmente para esa ocasión. Tomó los zapatos rosados y se los colocó, asegurando la pulsera a su tobillo.
Al ponerse de pie, Ilaria aseguró en su cuello la gargantilla de perlas y diamantes, ayudándole, después, con los aretes.
Por último, Renée subió los guantes por los brazos de la chica y le puso el brazalete de diamantes.
Así, Cynthia estuvo lista para bajar, pero antes, Seth y el sacerdote de la familia debían unirse para una rápida ceremonia que, según la tradición familiar, les aseguraría una exitosa fiesta.
—Están todos listos —avisó Kebi.
Si había una ocasión más importante que una boda para la familia Swan, era el debut. No se podía comparar en cuanto a tradición, ceremonia y pompa. Vestir a Cynthia y procurar el éxito de la noche, era solo el comienzo. Fuera de la habitación y en todo el pasillo hacia las escaleras, la familia estaba colocada en cadena, escoltando el camino. Cynthia respiró hondo antes de salir, Seth fue detrás de ella, seguidos por Alice y Jasper; los padres de Seth; Charlie y Renée; Edward e Isabella; Ilaria, y Elise. Raoul se hizo acompañar por el novio de Cynthia y la novia de Seth, esta última entre ambos. El resto de la familia fue detrás de ellos, pero se adelantaron para ingresar al salón.
Los invitados los recibieron con aplausos.
Al entrar, Alice tuvo un vistazo de Esme y sus flojos aplausos. Ella ni siquiera se había puesto de pie. ¿Qué le pasaba? En nada le afectaba a ella un evento de la familia Swan, a menos que se encontrara enojada porque no pudo convertir a Cynthia y su debut en un "daño colateral". Pobre de ella. No tenía ni idea que, en realidad, Isabella no planeó la fiesta, sino Elise, y que si esto salía mal no sería la imagen de su nuera la que quedaría mal.
Tenía que mantenerla vigilada para asegurarse que no hiciera nada que pudiera arruinar la fiesta.
Aunque, no podía culparla. No había gran diferencia entre un evento hecho por Isabella, y uno hecho por Elise. Cualquiera de las dos, fácilmente, pudo haber ideado los largos centros de mesa con orquídeas, rosas y magnolias blancas, acompañados por candelabros de cristal que se encontraban sobre mesas de estilo espejo, con platos de cristal y porcelana, platería clásica y cristalería fina.
Pero había algo que gritaba ISABELLA y eso eran las sillas. Elise era muy tradicional, por lo que ella nunca se hubiera atrevido a usar sillas estilo Luis XVI completamente blancas, y mucho menos un suelo completamente blanco que reemplazara, al menos temporalmente, el aburrido piso de madera del salón.
Lo único que daba algo de color al salón eran las fotografías de Cynthia, repartidas en puntos clave que, sabían, llamarían la atención.
Jasper tomó el micrófono en cuanto su familia se encontró en sus asientos.
—Damas y caballeros, les pido su atención, por favor —dijo—. Es para mí y toda mi familia un verdadero honor presentar a nuestra dulce Cynthia Genevieve, a quien les pido reciban con un fuerte aplauso.
Cynthia ingresó acompañada de Seth, pero él no permaneció a su lado, eligiendo mantenerse en un segundo plano.
Elise, como la matriarca, se acercó a ella con un estuche de joyería plano en color verde. El regalo oficial de la familia: una perla en una cadena de oro, rodeada por un halo del mismo metal.
Las gemelas habían recibido algo similar en su fiesta de veintiún años, así Alice entendió que era el sello de distinción para una dama Swan, un sello que ella aún no recibía, y que, probablemente, jamás lo haría.
La abuela se encargó de anunciar el vals de los muchachos. En esos meses de preparación, Alice nunca había escuchado el vals que bailarían, pero no lo resentía porque no hubo nada que pudiera compararse con ver a su hermana girar en la pista al ritmo de El Vals del Emperador de Johann Strauss. Fue fantástico, y muy conmovedor.
Después del vals, pasaron a la cena, a la que le siguió otro baile, esta vez con Jasper.
En cuanto Cynthia se cambió al segundo vestido, con su nueva perla, aretes de oro y flats rosadas, la fiesta se deshizo de toda la ceremonia y la pompa que la distinguía. Los chicos se apropiaron de la pista con música electrónica y gritos y risas de diversión.
Fue una gran noche, que toda la familia disfrutó como lo hicieron en la fiesta de las gemelas.
.
.
.
Con muy pocos días de anticipación, Alice y Jasper decidieron organizar su propia fiesta para Cynthia y Seth, pero esta vez, en Los Ángeles.
Se aprovecharon un poco del carácter exclusivo del resort mientras Kebi, Isabella y Alice se encargaban de conseguir todo lo necesario con ese poco tiempo que tenían, incluyendo la organización y logística del viaje para la familia y los invitados de Seattle. Fue una locura.
Para su suerte, ese fue un día soleado y caluroso, ideal para un almuerzo en exteriores. Se arreglaron todos en casa de Edward e Isabella, más por practicidad que por otra cosa.
Iba a ser una fiesta de jardín con todas sus letras, por eso todo lo que se podía ver en la entrada del resort eran tocados, sombreros y sombrillas para protegerse del sol.
Cynthia y Seth organizaron con Kebi su entrada sorpresa, lejos de los formalismos del debut oficial. Alice tenía una idea de lo que podría ser. Kebi los mantuvo fuera del resort, en la acera, esperando por ellos, o algo… En realidad, no tenían ninguna idea, y claramente Kebi no les iba a decir nada.
—No han llamado tus padres, ¿cierto? —le preguntó Jasper a Alice.
Alice y Cynthia habían guardado tan bien el secreto del debut, que los Brandon nunca llamaron para felicitar a la chica en su cumpleaños. Aunque a Cynthia eso no le importó, Jasper estaba bastante molesto. Esperaba que, al menos, Clarissa y Benedict recordaran el día que nació su hija, pero ni eso. Alice, en cambio, estaba aliviada. Si no llamaban, entonces no descubrirían el secreto y no habría dramas innecesarios.
—No, para nada —respondió ella, arreglándose el cabello que se alborotó por el aire que soplaba—. ¿Por?
—Las fotografías salieron ayer.
—Creí que esperarían hasta mañana por el almuerzo…
—Sí, yo igual. Si llaman, no olvides recordarles sobre la orden de alejamiento que interpuso mi hermana.
Alice lanzó unas risitas amargas.
—Créeme, no lo han olvidado. Esos cincuenta mil dólares les van a doler por el resto de sus vidas.
—Eso espero.
Isabella le hizo una seña a Jasper por el tiempo. Habían estado esperando por media hora. Si tardaban más, el almuerzo sufriría. Él se encogió de hombros.
Entonces, el sonido de un claxon terminó con el suave murmullo de las distintas conversaciones fuera del resort.
El auto verde esmeralda de Cynthia transitaba a alta velocidad en la calle vacía, con Seth, su novia y el novio de Cynthia sentados en sus ventanillas. Cynthia conducía y llamaba la atención de sus invitados gracias al claxon.
Los gritos y risas de emoción y sorpresa no se hicieron esperar. Esa era una gran entrada al puro estilo de la generación más joven de los Swan. Tanto que a Alice le sorprendió recordar que las gemelas no entraron así a su propia fiesta.
Cynthia fue la primera en salir del auto, posando coqueta para la cámara, con su corto vestido de satín, sus sandalias altas, blancas con tacón de corcho y el tocado gris.
Cuando posaron los cuatro para las fotografías, Alice se dio cuenta que Cynthia y Seth eran la siguiente generación, le dio la sensación de estar viendo a las gemelas, Jasper, Edward y Raoul, el equipo maravilla de la familia. Sí, no se veía a ella con ellos, aunque así fuera por relación solamente, pero no era así. No era parte de ellos.
Después de esa loca entrada, los dejaron ingresar al almuerzo. El jardín lucía como si fuera un jardín encantado. Armaron una carpa de chifón blanco, recogida en los cuatro soportes con lazos de encaje, en esas cuatro esquinas había arreglos espectaculares de flores rosas, azules y blancas, con algunos toques de lila, no muchos porque eso era muy característico de Isabella.
Las mesas rectangulares estaban cubiertas por manteles color maquillaje, con pequeños floreros blancos llenos de las mismas flores de los arreglos exteriores. Los platos base eran de cristal con la servilleta gris ceniza sobre él, acompañados por cristalería en tonos azules, rosados y transparentes, y cubertería dorada.
La mesa de la comida tenía un mantel azul pálido con pequeños y lindos arreglos de flores que de alguna forma combinaron a la perfección con los discretos carteles que indicaban los diferentes platillos y las bebidas.
Fue mientras Alice elegía lo que almorzaría cuando vio a Liam acompañado por su familia. No le sorprendió verlos, porque ella misma lo invitó. Se acercó a ellos para saludarlos. Quiso invitarlos a su mesa, pero el protocolo no la dejó. Les prometió charlar con ellos después de almorzar.
Mientras comían, el mayordomo de Isabella se acercó a ella y le susurró al oído algo que la hizo casi atragantarse con el pequeño sándwich que estaba masticando. No respondió nada. Con una seña le dio una orden. Victor caminó al otro lado de la mesa, dirigiéndose hacia Alice.
—La señora Clarissa quiere hablar con usted —le susurró Victor al oído. Ella, como Isabella, casi muere de ahogamiento.
—¿Qué? —murmuró.
—Está al teléfono en la residencia, y me temo que no desistirá hasta que usted responda.
La noticia se corrió por toda la mesa hasta que llegó a Jasper mientras Alice suspiraba de frustración. Cynthia miró a su hermana con miedo. Alice asintió hacia ella, calmándola. Obvio no funcionó.
—Voy contigo —le dijo Cynthia.
—No. Quédate. Yo me hago cargo —respondió, pero con la mirada, le pidió a Jasper que fuera con ella. Esperaba que se negara, sin embargo, Jasper se puso de pie de un salto. Salió con ella tomándola de los hombros, Victor y Edward los seguían a toda velocidad.
En el vestíbulo de la mansión, Grace se peleaba al teléfono con la maleducada de Clarissa.
—En altavoz —murmuró Jasper cuando Grace le informaba a Clarissa que Alice ya estaba ahí. Con un asentimiento, Edward dio la orden a su mayordomo y su ama de llaves.
—Hola, mamá —saludó Alice, temerosa como si volviera a ser una niña. ¿Qué le pasaba? Ella ya no era así.
—"¿Hola, mamá?" "¿¡Hola, mamá!?" —inquirió Clarissa, incrédula. Alice se encogió. Jasper la apoyó dándole un ligero apretón en los brazos—. ¿Así me saludas después de dejarnos fuera del cumpleaños de Cynthia?
Edward le asintió, animándola a continuar.
—¿Tengo que recordarte, Clarissa, que papá tiene una orden de alejamiento por atacar a Isabella Swan-Cullen, y que tú hiciste tu parte al apoyarlo y negarte a dar esa donación? —soltó Alice. Edward alzó ambos pulgares y Jasper asintió.
—¿¡DONACIÓN!? ¡Eso fue un robo! —Alice rodó los ojos. Aunque hubiera sido un dólar, Clarissa y Benedict se habrían quejado de la cantidad. Ser caritativos no era su mayor fuerte. Ni ser humanos, pensándolo bien.
—Clarissa, lamento decirte que a partir de ahora, tus dos hijas son parte de la familia Swan y que aun así no obtendrás un maldito centavo por la falta de apellido. Tendrás que vivir con eso —le dijo, antes de terminar la llamada de golpe. Miró a Jasper y Edward, arrepentida de repente—. ¿Debí continuar?
—En lo absoluto —respondió Edward—. Estuvo bien. La próxima vez que llamen de ese número, no respondan —ordenó.
—Como el señor ordene —dijo Victor.
—Volvamos —indicó Jasper.
Pero la fiesta ya no volvió a ser lo mismo, al menos no para Alice. Como siempre, hablar con su madre la dejaba con un humor de perros, o peor.
Como lo prometió, fue a la mesa de Liam a charlar con él y su familia, pero estaba él solo. Sus padres se habían unido a otro grupo de personas, los vecinos de Bel Air que veía en todas las fiestas pero que realmente no sabía quiénes eran.
—¿Cómo estás? —le preguntó él, realmente interesado en saber.
Alice resopló. Estaba tranquila. La presión del debut y el estrés de guardar el secreto ya se habían acabado, pero eso también significaba que los buenos términos en los que habían estado ella y Jasper, también llegaron a su fecha de vencimiento. No era que se hubieran comportado como un matrimonio normal en ese tiempo, pero al menos no se habían querido matar cada vez que el otro decía una palabra. Algo dentro de ella le decía que a partir de ahí, las cosas iban a cambiar, y no exactamente para bien.
—Estoy bien. Contenta de terminar con esto. No tienes ni idea de lo estresantes que fueron las clases de etiqueta, de baile, las pruebas del vestido…
—Ah, ¿tú también tomaste clases?
—No, solo Cynthia.
Liam sonrió, condescendiente. Alice tenía el hábito de hacer todo sobre ella.
—Por supuesto, estabas estresada por tu hermana.
—Eso, y que era un asco estar parada ahí escuchando los gritos de los profesores. No sé cómo Cynthia y Seth lo soportaron, yo tenía ganas de salir corriendo. Ya estaba harta. De saber que sería así, le hubiera dicho a Jasper que no lo hiciera. Odié cada segundo de la planificación.
—¿Y la fiesta?
Alice se encogió de hombros.
—La fiesta estuvo bien. Quiero decir, fue un debut tradicional de los Swan. Hubo mucha ceremonia, mucha tradición que hasta fue pesado. No sé, fue una buena noche, pero pudo ser mejor.
—¿Cynthia estuvo bien, feliz?
—Supongo.
—Entonces, ya cállate, Alice —le dijo—. Si a ella le gustó, tú no debes estar diciendo estas cosas de una ocasión que fue importante y especial para ella.
Alice suspiró. Está bien, tenía razón. Pero alguien tenía que resaltar lo aburrido y estresante que fue todo. La familia no lo haría, así que…
Se quedaron callados un rato, paseando la vista por la carpa. Era una buena fiesta. Muy genérica y complaciente, pero buena.
Entonces, en uno de esos recorridos, su mirada captó una imagen que le habría gustado sacarse de la cabeza de inmediato. Hacía cosa de nada, reflexionó sobre cómo ella no era parte de ese grupo casi secreto que las gemelas y Jasper habían formado con Edward y Raoul, un grupo que, aun con eso, se sentía incompleto. Pues ahí estaba. De pie junto a su mesa estaban los tres hermanos, Edward y Raoul hablando como si se estuvieran contando un secreto; ya no eran solo cinco, ya estaban completos, pero no por ella. Natasha. Era ella la que los completaba, la que cerraba, oficialmente, al Equipo Maravilla.
Sin decir una sola palabra, Alice se puso de pie. No corrió hacia ellos para reclamar su lugar, no tenía caso. Se dirigió al interior del resort, sin darse cuenta que Liam iba detrás de ella.
Se sentía abrumada, herida. Entendía que Natasha era amiga de la familia, pero ¿de verdad tenía que estar todo el tiempo pegada a ellos, como si fuera un miembro? Natasha era una arrastrada, de eso no tenía ninguna duda, y Jasper era un imbécil que no se daba cuenta de eso.
—Alice, ¿qué ocurre? —le preguntó Liam. Ella lo miró, sorprendida.
—¿Qué haces aquí? Vete, yo volveré en un segundo.
—Te fuiste muy alterada.
—¿Qué no lo viste?
—¿Ver qué?
Alice resopló.
—A la zorrita de clase alta con mi marido —respondió. Liam asintió, en entendimiento. Los había visto, pero no le tomó importancia porque no estaban haciendo nada malo. Eran solo seis personas hablando. Jasper no abrazaba a Natasha ni la tocaba de alguna manera comprometedora, pero sabía que el simple hecho de verlos juntos, alteraba a Alice. Estaba muy insegura de su matrimonio y su posición en la familia.
—Alice, tú eres la que está casada con él, no ella.
Alice se rio amarga.
—¡Mi matrimonio es falso, Liam, lo sabes! Jasper no se deshace de mí porque no puede, ¿entiendes?
—¿Y por qué sigues ahí, entonces?
—Porque no voy a perder esta vida que me merezco. La pasé realmente mal con mis padres, sin dinero, sin lujos, y ahora que puedo vivir bien, no lo dejaré ir tan fácil.
Liam suspiró.
—Tú te mereces más que un matrimonio forzado y falso, Alice. Eres una mujer maravillosa, que debería tener una buena vida, no solo una llena de lujos como esta. Mereces ser feliz… —Alice no lo pensó. Lo interrumpió con un espectacular beso, lleno de pasión y desesperación. Liam la empujó con suavidad—. Alice, no…
—Por favor, lo necesito. Te necesito.
Con ese segundo beso, Alice supo que seguiría luchando por su posición en la familia Swan, pero ya no había vuelta atrás.
Lo que no sabía, eran los problemas que eso le iba a ocasionar. Su secreto no lo sería por mucho tiempo.
Hola, hola. ¿Cómo están? Antes que otra cosa: FELIZ AÑO NUEVO muy atrasado jajaja. Tuve problemas con este capítulo, pero ya esta aquí. Espero que les haya gustado. Hubo algo de dramita, como ya es costumbre jajaja.
Gracias a Yoliki, saraipineda44, Tecupi y Pili por sus reviews en el capítulo anterior y al resto de ustedes por leer. Nos vemos en los reviews y en el siguiente ;)
Annie. xx
