No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa S. M. y la historia es de Sarah J. Maas. Yo solo me divierto un poco.

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Se le cortó la respiración a Jacob. Se acordó de cuando gritaba en el duelo con Felix, cuando Felix se burló sobre el brutal asesinato de sus padres, cuando ella se despertó cubierta en sangre de ellos. Ella nunca le había dicho nada, y él no se había atrevido a preguntar. Él sabía que había sido muy joven, pero no se había dado cuenta que solo tenía ocho años. Ocho.

Hace diez años, Terrasen había estado agitado, y cualquiera que hubiera intervenido con las fuerzas invasoras de Adarlan había sido sacrificado. Familias enteras habían sido arrastradas fuera de sus hogares y asesinadas. Su estómago se apretó. ¿De qué horrores había sido testigo ella aquel día?

Jacob se pasó una mano por la cara.

— ¿Ella te contó sobre sus padres en la nota?

Tal vez tenía una pizca más de información, algo para que él entendiera que clase de mujer enfrentaría cuando ella regresara, con qué tipo de recuerdos tenía que lidiar.

— No— dijo Rosalie. —Ella no me dijo. Pero lo sé.

Lo miraba con una quietud calculada. Un cambio a la defensiva que reconoció. ¿Qué clase de secretos estaba protegiendo sobre su amiga?

¿Y qué tipo de secretos mantenía Rosalie que causó que el Rey la viera? El hecho de no saber nada, sobre cuanto sabía el Rey, le enfureció sin fin. Y también estaba otra pregunta: ¿Quién había amenazado la vida de la princesa? Él ordenó que más guardias estuvieran cuidándola, lejos, no había señal de que alguien quisiera dañarla.

— ¿Cómo sabes de sus padres? — Preguntó él.

— Algunas cosas las escuchas con tus oídos. Otras, con el corazón. —Apartó la vista de la intensidad de sus ojos.

— ¿Cuándo volverá?

Rosalie regresó al libro delante de ella. Se veía como que estaba lleno de símbolos extraños, marcas vagamente familiares que acariciaban su memoria.

— Ella dijo que no regresaría hasta que cayera la noche. Si tuviera que adivinar, diría que ella no quiere pasar un momento a la luz del día en esta ciudad, especialmente en este castillo.

En el hogar del hombre cuyos soldados probablemente habían masacrado su familia.

Jacob tomó su entrenamiento para correr solo. Corrió a través del parque de juegos cubierto de niebla hasta que se agotaron sus huesos.

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En las colinas brumosas por encima de Rifthold, Bella caminó entre los árboles del pequeño bosque, apenas más que una astilla de la oscuridad a través del bosque. Había estado caminando desde antes del amanecer, dejando que Ligera siguiera sus pasos. Hoy, hasta el bosque parecía en calma.

Bueno. Hoy no era el día para los sonidos de la vida. Hoy era para los vientos huecos y las ramas susurrantes, el rio medio congelado corriendo, el sonido de la nieve bajo sus botas.

El año pasado, este mismo día ella sabía que tenía que hacer, había visto cada paso con una brutal claridad que había sido muy fácil cuando llego el momento de hacerlo. Le había dicho a Edward y Jacob que había odiado ese día en las minas de sal de Endovier, pero había sido una mentira. Odiar implicaba ser humano para sentirlo, nada como la fría rabia, desesperanza que se había apoderado y tirado todo, cuando se había despertado del sueño del ciervo y el barranco.

Encontró una gran roca situada entre los baches y huecos y se dejó caer sobre la suave superficie helada, pronto Ligera se sentó a un lado. Enredó sus brazos alrededor del perro, Bella miró hacia el bosque y todavía recordaba el día en que se había desatado ella misma sobre Endovier.

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Bella jadeó entre dientes cuando ella saco el pico del estómago del capataz. El hombre burbujeó sangre, llevándose las manos al estómago mientras echaba un vistazo a los esclavos con suplica. Pero una mirada de Bella, un destello de sus ojos que demostró que se había ido más allá del borde, mantuvo a raya a los esclavos.

Ella simplemente sonrió al supervisor cuando ella giró el hacha hacia su cara. La sangre salpicó sus piernas.

Los esclavos permanecían lejos cuando ella hizo caer el hacha sobre las cadenas que la ataban los tobillos del resto. Ella no ofreció liberarlos, y ellos no preguntaron, ellos sabían lo útil que sería.

La mujer al final de la cadena de presos se encontraba inconsciente. Su espalda despedía sangre, que se abrió por el látigo con punta de hierro del capataz muerto. Ella moriría mañana si sus heridas no fuesen tratadas. Incluso si lo fueran, probablemente moriría a causa de una infección. Endovier se divertía de esa manera.

Bella se giró hacia la mujer. Tenía trabajo por hacer, y cuatro capataces quienes tenían que pagar una deuda antes de que estuviera lista.

Ella salió de la mina, con el pico colgando de su mano. Los dos guardias del final del túnel estaban muertos antes de que supieran qué estaba pasando.

La sangre empapaba su ropa y sus brazos desnudos, Bella lo borraba de su rostro, mientras ella irrumpía en la cámara donde sabía que los cuatro cuidadores trabajaban.

Ella había marcado sus caras aquel día cuando ellos arrastraron a la joven mujer de Eyllwe detrás del edificio, marcó cada detalle sobre ellos como lo hicieron, luego les cortó la garganta de oreja a oreja.

Bella pudo haber tomado las espadas de los guardias caídos, pero para esos cuatro hombres, tenía que ser el hacha. Quería que supieran lo que Endovier sintió. Llegó a la entrada de su sección de las minas. Los primeros dos guardias murieron cuando ella empujó el hacha en sus cuellos, una cuchillada rápida entre ellos. Los esclavos gritaron, apoyados contra la pared mientras que ella rugía delante de ellos.

Cuando alcanzó a los otros dos cuidadores, les dejó verla, les dejó que trataran de empuñar sus espadas. Sabía que no era precisamente el arma que ella sostenía lo que provocaba que fueran ellos estúpidos y con pánico, si no sus ojos, los ojos que decían que habían sido engañados estos meses, que cortándole el pelo y azotarla no había sido suficiente, que ella había estado provocando el olvido del Asesino de Adarlan que estaba en medio.

Pero no había olvidado ni un solo segundo de dolor, ni lo que había visto hacerles a los demás, a aquella joven mujer de Eyllwe, quien les rogó a los dioses quienes no la salvaron.

Los hombres murieron demasiado rápido, pero Bella tenía una tarea más por hacer antes de que conociera su fin. Merodeaba respaldando el túnel principal que conducía fuera de las minas. Los guardias tontamente salieron corriendo fuera del túnel para encontrarla. Fue hacia arriba, cortando y balanceándose a su paso. Dos guardias más fueron abajo, ella tomo sus espadas, dejando el hacha atrás.

Los esclavos no se alegraron cuando sus opresores cayeron, solo miraban en silencio, comprendiendo. No era una pelea para escapar.

La luz de la superficie la hizo parpadear, pero estaba lista. Sus ojos ajustándose al sol sería su mayor debilidad. Era por eso que había esperado hasta la luz tenue de la tarde. El crepúsculo fue mejor, pero a esa hora del día era fuertemente custodiada y había muchos esclavos que podían ser capturados durante el fuego cruzado. La última hora había estado llena de luz solar, cuando la luz arrulló lo suficiente para dormir, fue cuando los guardias estuvieron poco exigentes en vigilar antes de la inspección nocturna.

Los tres guardias situados en la entrada de las minas no sabían que estaba pasando atrás. Siempre gritaban en Endovier. Sonaban igual que cuando murieron. Y los tres gritaron igual que los otros.

Y luego ella corría, como en una carrera por la muerte que estaba llamándola, haciendo que la imponente pared de piedra se elevara en el otro lado del recinto.

Las flechas pasaban silbando, y ella iba en zigzag. No la matarían, por orden del rey. Quizás una flecha en el hombro o la pierna. Pero ella había hecho que reconsideraran las órdenes una vez que la matanza era demasiado grande para ignorarlo.

Otros guardias entraron corriendo de todos lados, y sus cuchillas eran un canto de la furia de acero mientras cortaba a través de ellos. El silencio se colocó sobre Endovier.

Ella recibió una cuchillada en su pierna, profunda, pero no lo suficiente para cortar el tendón.

Ellos querían que siguiera trabajando. Pero ella no lo haría, no otra vez, no para ellos. Cuando el número de muertos era la suficientemente alto, no tuvieron otra opción más atravesar esa flecha por su garganta.

Pero luego ella se acercó hacia la puerta y las flechas se detuvieron.

Empezó a reírse cuando vio que se encontraba rodeada por cuarenta guardias, y se rió aún más cuando llamaron a los hierros.

Se estaba riendo cuando arremetió una vez más, un intento final para tocar la pared. Cuatro más cayeron en su estela.

Aún reía cuando el mundo se volvió negro y sus dedos golpearon el suelo rocoso, apenas a un centímetro de la pared.

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Jacob se levantó de su asiento en la mesa del vestíbulo mientras la puerta principal se abría silenciosamente. El pasillo de afuera estaba oscuro, las luces se fundieron, la mayoría del castillo se encontraba dormido y metiéndose en sus camas. Había oído la campanada de media noche del reloj hace tiempo, pero él sabía que no era agotamiento lo que pesaba sobre los hombros de Bella cuando se fue a su cuarto. Por debajo, sus ojos estaban morados, su cara pálida, sus labios sin color.

Ligera corrió hacia él, moviendo la cola y lamiendo su mano un par de veces antes de que trotara hacia su cuarto, dejándolos solos.

Bella lo miró, aquellos ojos color turquesa-dorado cansados y encantados, comenzó a desabrocharse el abrigo mientras caminaba junto a él al dormitorio.

Sin palabras, él la siguió, aunque sólo sea porque no había tenido una pista de advertencia o reproche en su expresión, sino más bien una desolación que le sugirió que no le habría importado si hubiera encontrado al mismo Rey de Adarlan en su habitación.

Se quitó el abrigo y después las botas, dejándolos donde quiera que pasó a descartarlos. Él miro hacia otro lado mientras ella desabotonaba su túnica y caminaba hacia el vestidor. Un momento después, apareció vistiendo un camisón que era mucho más modesto que su atuendo habitual de encaje. Ligera ya había brincado a la cama, acomodándose entre las almohadas.

Jacob trago saliva. Debió darle privacidad en vez de esperarla ahí. Si ella hubiera querido que él estuviera ahí, le hubiera escrito una nota.

Bella se detuvo ante la tenue chimenea y usó el atizador para revolver las brazas antes de lanzar otros dos trozos de leña. Miró hacia la flama. Aun le daba la espalda cuando él hablo.

—Si estas tratando de descifrar que decirme, no te molestes. No hay nada que se pueda decir, o hacer.

—Entonces déjame acompañarte. — Si ella supiera lo mucho que él sabía, no le hubiera importado preguntar cómo.

—No quiero compañía.

—Querer y necesitar son cosas muy diferentes. — Rosalie probablemente, debió haber estado ahí, otro hijo del reino conquistado.

Pero él no quería que Rosalie fuera lo que se convirtió. A pesar de su lealtad hacia el Rey, no podía apartarse de ella, no ahora.

— ¿Entonces te quedaras aquí toda la noche? — Ella movió sus ojos hacia el sofá que había entre ellos.

—He dormido en lugares peores.

—Creo que mi experiencia con los "peores lugares" es mucho más horrible que la tuya.

Otra vez, aquel retorcijo en su estómago. Pero luego ella miró a través de la puerta abierta del cuarto, a la mesa del vestíbulo, sus cejas se levantaron.

— ¿Es pastel de chocolate?

—Pensé que querrías un poco.

— ¿Necesidad, no deseo?

Hubo una sonrisa fantasma en sus labios, y casi se desplomo de alivio cuando él dijo:

—Para ti, yo diría que el pastel de chocolate definitivamente es una necesidad.

Cruzó de la chimenea a donde él se encontraba, deteniéndose a un palmo de distancia y mirándolo fijamente. Algo de color regreso a su rostro. Debió dar un paso atrás, colocar más distancia entre ellos. Pero en lugar de eso, se encontró con ella, una mano deslizándose por su cintura y la otra entrelazaba su cabello mientras él la abrazaba. Su corazón latía con tanta fuerza que sabía que ella podía sentirlo. Después de un segundo, con los brazos llegaron a su alrededor, sus dedos clavándose en su espalda de una manera que le hizo darse cuenta de lo cerca que estaban.

Empujó ese sentimiento hacia abajo, así como la textura sedosa de su cabello entre sus dedos le daba ganas de enterrar su cara en él, y el olor de ella, mezclada con la niebla y la noche, le había rozando su nariz contra su cuello. Había otro tipo de consuelo que él podía darle en lugar de meras palabras, y si ella necesitaba ese tipo de distracción… también metió abajo ese pensamiento, tragándolo hasta que casi se ahogó con él.

Sus dedos se movían por su espalda, cavando en sus músculos con un tipo feroz de posesión. Si lo seguía tocando así su control se iría completamente.

Y entonces ella se echó hacia atrás, lo suficiente para mirarlo de nuevo, tan cerca que su aliento se mezclaba. Se encontró midiendo la distancia entre sus labios, los ojos de él mirando hacia su boca y sus ojos, la mano que entrelazaba su cabello.

El deseo rugió a través de él, quemando todas las defensas que había puesto arriba, borrando todas las líneas que había convencido a sí mismo que tenía que mantener.

Luego ella dijo, en voz tan baja que era poco más que un murmullo:

—No puedo decir si debería estar avergonzado de querer tenerte en este día, o agradecida de que, a pesar de lo ocurrido antes de ahora, de alguna manera eso me trajo hasta ti.

Él estaba tan asustado por las palabras que dijo, que la soltó y dio unos pasos hacia atrás. Él tenía sus obstáculos que superar, pero también lo hizo ella, tal vez con más obstáculos que él incluso había dado cuenta.

No tenía respuesta a lo que había dicho. Pero ella no le dio tiempo de pensar en las palabras adecuadas antes de que se dirigiera hacia el pastel de chocolate en el vestíbulo, jaló la silla y empezó a comer.

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¡Feliz Navidad! Hoy hay actualización porque hoy hay tiempo jejeje haré un pequeño viaje por las fiestas y creo que podré tener tiempo para subir más caps.

Ha habido algunas preguntas con respecto a la historia, y prometo que responderé todas ellas jeje

En fin, tengan lindas fiestas

¡Nos leemos pronto!