Al inicio, Otabek creyó que era una broma, pero cuando Yuri se mostró serio, su sonrisa desapareció.

Ambos ingresaron al hogar de Yuri y el brujo se tomó unos minutos para prepararle un té, para que lo escuchara con calma. "Te lo explicaré todo" le había dicho a un aturdido Otabek que empezaba a cuestionarse qué era exactamente y cuánto abarcaba ese "todo".

A los minutos vio que Yuri salía de la cocina y dejaba una tacita frente a él, apretando los labios en una rara sonrisa. Lo siguió con la vista hasta el dichoso antiguo cuarto de su abuela y de ahí salió con el mismo jodido libro que tenía toda su información. Se sentó a su lado y se lo tendió.

— Por si le quieres echar una mirada, no hay nada ma... — Potya intentó saltar al sofá, pero Yuri le tiró un cojín antes de que lo hiciera — vete, cochina, a los leños. — la echó por sus patas sucias y la gata lloriqueó despacio, yéndose a un lado de la chimenea, sobre los troncos.

Otabek hojeó en silencio. Dios, demasiadas cosas sobre él que seguían asustándolo. Yuri con la vergüenza bailándole en las mejillas porque, una vez Otabek leyó con detención, se dio cuenta de que habían varias apreciaciones de Yuri hacia su persona y muchas i tenían un corazón en vez de un punto.

De todas formas, no dejaba de ser un poco espeluznante. Si lo pensaba de otro modo Yuri había sido su acosador en potencia y un casi violador. Tuvo un escalofrío tenebroso... porque él se habría dejado.

— ¿Por qué no me hablaste antes? — le preguntó mientras repasaba las hojas del cuaderno.

— ¿Cómo me iba a acercar a ti? A cada cosa que se movía la mirabas como amenaza y cuando cazabas brujas no dudabas en clavarle el hacha y amordazarla. La primera vez me dio mucho terror.

Buen punto. Otabek no hubiese dudado en clavársela.

Pero eso no era lo primordial ahí, si no...

— Yuri...

— Otabek, no tengo magia negra.

Como siempre, el rubio se le había adelantado.

Otabek cerró el cuaderno entre sus manos. Miró a Yuri atento, demasiado descolocado, pero gritando internamente.

Primero: que no era brujo. Segundo: que no tenía magia negra, ¿qué demonios era Yuri? ¿le estaba tomando el pelo?

— ¿Entonces?

Era demasiado propenso a hacerse mierda la cabeza de antemano y prefería que Yuri le aclarase todo antes de que el tic en su ojo volviera.

— Es que sí, soy brujo, pero no brujo negro — Yuri ladeó el rostro, lo miró, pero se quedó en silencio; parecía un ¿me comprendes?

Y no, no comprendía ni mierda.

— Sigue — un tinte agudo de desesperación mal disimulada brotó de su garganta.

— Soy un brujo blanco. Toda mi ascendencia han sido brujas y brujos blancos.

— No, eso no es posible — dijo incrédulo, con una sonrisa socarrona.

Le estaba tomando el pelo.

¿O no le estaba tomando el pelo?

Estudió a Yuri con la mirada. El muchacho lo miraba con seriedad, no detonaba pizca de mentiroso ni de estar bromeando.

Yuri se retiró un mechón de la cara, tras su oreja, miró el sofá para acercarse más a Otabek. Se lamió los labios.

— Sé que la Iglesia dice tajantemente que la magia por naturaleza es negra y es mala sin importar qué, siempre será un regalo de Lucifer a sus súbditos. Pero eso no es verdad — lo volvió a mirar a los ojos — hay magia que es pura y no se obtiene rindiendo culto a Satanás, se traspasa con la sangre y es magia limpia. Toda mi familia, desde hace muchos, muchos, muchos años, han sido brujos y brujas de magia blanca.

Los labios de Otabek estaban separados. Era algo irónico, el muchacho frente a él había tomado el tablero de todo lo que había creído en su vida y lo había dado vuelta de un solo manotazo. Todo lo que desde pequeño se le había inculcado era lo bueno y la historia correcta, no era más que una vil mentira.

También pensó, fugazmente, que eso explicaría muchas cosas acerca de Yuri. Intentó dejar de lado la idea de que el chico le mentía porque sinceramente ya no tenía tanta sentido para él.

— Pero-pero entonces por qué si es magia pura y no tienen relación con Satanás por qué te querrían cazar...

— ¿Por qué crees tú?

No. Ni idea.

— ¿Crees tú que a tu Iglesia les conviene que se exhiba un poder que es sólido y se puede mostrar a los ojos a diferencia de su fe invisible y su Dios que nunca han visto? las personas son volubles y la mayoría corre hacia donde el sol calienta, nos pondrían a nosotros por sobre la Iglesia, ¿crees que eso a los cristianos en el alto mando les gustará? — Yuri negó con la cabeza — Llevan siglos haciendo creer a la gente en su religión como para que tan solo una persona llegue a romperles todo el esquema que han creado desde sus inicios sobre de que toda magia es negra y es de Satanás. Yo... yo no quiero insultar las creencias ajenas, pero yo no tengo Dios, respeto si tú o la demás gente cree en él, pero yo y toda mi estirpe solo tenemos a Yuriri: ella es nuestra más grande madre.

— ¿Yuriri?

Yuri asintió con la cabeza. Otabek lo miraba boquiabierto. Al fin estaba allí, Yuri le contaría lo que tantas veces le cuestionó y la expectación lo enmudecía.

— Ella no es un Dios, ni una Diosa, es solo una madre; nuestra más grande madre. De ella nació la primera bruja blanca de toda nuestra larga y oculta historia.

Yuri se lamió los labios y suspiró, lo miró con algo de duda, pero decidió al fin y al cabo soltar todo.

» Yuriri existió hace muchísimos años, fue una mujer muy bella, humana normal, pero dotada con un gran corazón y una amabilidad que la gente del pueblo decía había sido bendecida por los ángeles. Era especial porque ella no sabía odiar, a todo amaba, adultos, niños, animales, amaba al bosque y su río, incluso se dice que las brujas negras no se atrevían a acercársele porque la bondad en ella era tan preciosa que sería una abominación hacerle daño. Pero fue el amor que tanto sentía hacia la naturaleza la que hizo a los pueblerinos sospechar poco a poco, ¿por qué salía tanto al bosque? ¿por qué llegaba al pueblo sin heridas? ¿qué hacía allá afuera? ¿por qué era tan amable? ¿acaso quería conseguir algo de ellos? quizá era una hipócrita, quizá quería seducir a los hombres; después de todos muchos de ellos morían porque Yuriri les regalara un poco más que simple amabilidad. Las dudas comenzaron a abundar y nadie quiso esperar ni buscar respuestas, después de un tiempo ya nadie confiaba en ella aunque eso a Yuriri poco le importó; nadie pensó que ella solo amaba demasiado su mundo y que su cariño era desinteresado. Un día, la atraparon por la espalda en pleno bosque mientras ella miraba hacia el río. Le cortaron el cabello, la ataron, le cortaron la piel, la golpearon, los hombres la violaron, las mujeres la llamaron puta, dijeron que era una bruja y la ahogaron en el río "si vive, es porque está maldita, si muere, dará igual, es una mujer sucia". Yuriri lloró y gritó, los pueblerinos no lo notaron, pero el bosque sí. Dejaron que el río se llevara su cuerpo y este llegó a parar en las profundidades del bosque, donde todo es oscuro y nadie nunca podría recordarla. Aunque quisiera, después de muerta, Yuriri no pudo sentir repudio, no pudo odiarlos, era tanto el amor que tenía en su corazón, pero también tanta pena, que el río y el bosque se apiadaron de ella y ambos le regalaron cobija, limpiaron su cuerpo, besaron sus párpados antes de despedirla y de su corazón sacaron una pequeña vena; tierra y agua regalándole un descendiente con sangre pura; "demasiado bella para ser una simple humana, pero como yace muerta, de su corazón nacerá una preciosa bestia" se llamó Yarishka, fue la primera bruja blanca. Yuriri se hizo mala fama entre humanos, pero en el bosque se hizo madre de brujos blancos y amante del río, por ello es el agua de este lugar el que nos da facultades mágicas.

— El nombre Yuriri se repite cada cinco generaciones para que nunca olvidemos que ella nos dio la vida. Mi abuela fue la última hasta el momento. — soltó una pequeña risa, por el rostro de estupefacción que Otabek estaba haciendo y porque había recordado lo que hace tiempo el muchacho le había contado — por eso me había dado tanta risa cuando me dijiste que existía un libro con el nombre Yuriri y decía todas esas cosas como que traeríamos el mal cuando la verdad es que somos aburridamente pacíficos. Vivimos en paz, ocultos, cultivamos nuestra comida, respetamos a todos los seres vivos, convivimos con el bosque, el río nos presta su ayuda cuando está cerca, no hablamos con casi nadie que no sean nuestros padres o nuestros gatos, los afortunados conocerán a sus abuelos.

Otabek tragó grueso, se sintió pequeño.

— ¿Hay-hay más como tú?

— No — Yuri negó con la cabeza — solo nace una bruja por generación y si el encargado de dar descendencia muere antes o simplemente no la tiene, Yuriri es comprensiva con nosotros y desde las profundidades del bosque; desde las hojas de los árboles, la fértil tierra de los suelos y el agua fresca del río, hará nacer a otro niño o niña con la piel blanca, el cabello rubio y los ojos verdes. Nunca dejaremos de existir.

— ¿Conociste a tu padre?

Volvió a negar.

— Seguramente mamá fue de las tantas brujas que quiso tener descendencia y tomó al primer hombre que se le cruzó. — subió y bajó los hombros, como si diera igual — Lo mismo sucede con mis antepasados. Aunque es decisión nuestra si queremos tener hijos o no. Conmigo es complicado, ya ves, tendría que buscar una chica para tener un hijo, pero hace mucho que yo decidí no querer descendencia propia y madre Yuriri me comprenderá.

Pero el cazador se hallaba desconcertado.

Todo lo dicho por Yuri encajaba, todo eso caía tan perfectamente en su lugar, que le dio escalofríos. Y su mente se encontraba en un pequeño shock en el cual debía masticar la -demasiada- información a trozos pequeños y, a medida que la iba procesando, su cabeza asentía inconscientemente.

Estúpida Iglesia, sabía que algo ocultaba.

— Tengo en cuenta que antes me hiciste muchas preguntas sobre este tema, pero las evadí. No te lo había dicho en un principio, porque con esto de que eres cazador... — Otabek volteó a mirarlo, el chico se mordía el labio.

Yuri lo miró con una mirada indescifrable.

— ¿Qué hay con eso?

— Pensé que me ibas a tomar por loco y no me creerías y bueno, eso, también...

Oh, por favor que Yuri fuera claro, ya sentía su cerebro demasiado saturado.

— ¿Qué es eso?

Otabek vio la duda en los ojos del brujo, la forma en que jugaba con sus manos y torcía los labios.

— ¿Qué es eso, Yuri? — volvió a preguntar con voz más dura.

— Tú debes ser muy cristiano, ¿no?

...

Qué.

Es decir...

Qué.

OH, JODER ¡¿QUÉ?!

¿Había escuchado bien? ¿En verdad Yuri había dicho eso?

Se quedó mirando al rubio en silencio, Yuri lo miraba preocupado.

¡¿Lo estaba jodiendo?!

Bien. Su mente estaba en un colapso, pero el comentario hizo que soltara una sonrisa espontánea y sardónica.

Lo sentía, pero no pudo evitar burlarse de Yuri.

¿Un buen cristiano? ¿Otabek Altin un buen cristiano? Yuri acababa de decir un buen chiste.

— Oh, sí, claro. Y porque soy muy cristiano pequé de homosexualidad con el enemigo natural ¡oh, Jesús, un brujo! con el cual tuve sexo en público y, perdón Padre que estás en los cielos, ¡sexo fuera del matrimonio! este cristiano se va de cabeza a bailar con Satanás en el infierno.

La cara de Yuri no tuvo precio. Sus ojos abiertos de par en par y sus labios separados, su cara completamente roja, pero parecía haberse congelado en su lugar.

— ¿No dijiste que me seguías por todo el pueblo?

— Y-yo no, sí, pero... — pasó saliva, Otabek no podía sacarse la sonrisa burlesca de los labios; aunque también fue su mecanismo de defensa para no entrar en un colapso — ¡no por todo el pueblo! solo una que otra vez a la semana, pero me daba miedo entrar los domingos por esa cosa de las misas y todo el embrollo, yo- ¿me-me equivoqué?

Otabek se frotó el rostro con su mano, divertido. Su mente procesando mejor toda la situación ahora que Yuri había creado un punto de quiebre entre lo serio y lo chistoso.

Sinceramente, gracias Yuri. El chiquillo siempre sabía sorprenderlo de una u otra manera.

— Ni siquiera voy a misa, Yura — le dijo negando con la cabeza — sí creo que existe Dios. Pero el cristianismo devoto no es lo mío, no creo que sea necesario vivir bajo todas sus estrictas normas para luego ir al cielo, de hecho, ni siquiera creo en el cielo. Mis padres decían que la muerte solo era un sueño eterno, como quedarse dormido, pero ese no es el punto — volvió a soltar una risita divertida — ¿de dónde rayos sacaste que era un buen cristiano?

— No lo sé — respondió con un hilo de voz, pasmado — solo lo asumí porque eras cazador de brujas.

Otabek se estiró en su lugar y echó la cabeza hacia atrás. Se lo quedó mirando.

Al parecer, ese día había sido revelador para ambos, aunque para Otabek el no ser cristiano era solo un dato personal banal.

— Mis hermanas y yo somos huérfanos — Yuri asintió despacio — pero no somos solo nosotros, la mayoría de los cazadores lo somos. Dentro del pueblo hay muchos tipos de trabajos, pero la gran mayoría está saturado y no contratan más personas porque prefieren que los hijos tomen el negocio y así asegurarlos con algo para el futuro. Mis padres no tenían mucho, trabajaban en el negocio de un amigo de papá, pero a él no le importó cuando ellos fallecieron.

— ¿De qué murieron? — preguntó Yuri, pareciendo arrepentirse de inmediato por preguntarlo sin tacto — no es necesario que me digas si no quieres.

Quizá, ahora que Yuri le había contado la historia sobre su linaje, sería lo justo darle un pequeño resumen de su pobre y triste historia como Otabekcito el huerfanito.

— Está bien. Ellos enfermaron y como ganaban muy poco dinero prefirieron preocuparse de sus hijos que de ellos, se dejaron estar y, en fin, cada vez fue peor hasta que cayeron en cama. Los cuidé a ambos, incluso de mis hermanas; Bibi tenía pocos meses de nacida. Pero sin medios para medicinas no fue suficiente y fallecieron con algunos días de diferencia.

— Lo siento mucho.

— Tu madre también falleció, Yuri, está bien. Supongo que es la ley de la vida, es triste, pero pasa todo el tiempo. — Yuri asintió — los que quedamos huérfanos en el pueblo necesitamos dinero rápido para sobrevivir, preferimos arriesgarnos al bosque que mendigar en las calles. Yo lo hice porque tenía dos hermanas y en verdad necesitaba el dinero o podían quitármelas por no poder mantenerlas.

Yuri asintió, parecía no saber qué decir aunque a Otabek no le importaba. No le había contado nunca a nadie cómo los hijos Altin habían quedado solitos, por lo que el solo ser escuchado por Yuri era suficiente.

El brujo apoyó su cabeza en su hombro y se quedaron en silencio un par de minutos.

Potya dormía con sus patas sucias sobre los leños. El té de Otabek se enfriaba sin haber sido tocado.

Era pasado medio día y, aunque Otabek quería quedarse disfrutando del calor del cuerpo de Yuri y el sentimiento de paz que le otorgaba, debía volver a su pueblo con su pequeña y preciada familia.

— Si vivieras conmigo no te faltaría nada — murmuró Yuri de pronto.

— Ni lo sueñes.

— Tus hermanas me caerían bien, por lo poco que las he visto, son bonitas y agradables.

Otabek sonrió. Bueno, aunque no pudiesen jamás vivir juntos, agradecía que Yuri considerara a sus hermanas.

— Bibi no es agradable —dijo divertido — Ori quizá se maraville contigo, pero Bibianca es desconfiada y tímida.

— Es como tú.

Exacto.

Más silencio. Un agradable silencio.

Hasta que Otabek tuvo una inocente duda.

— ¿Yuri?

— Dime Yura, me gusta cuando me dices así — dijo rápido, había sido tan solo un día, pero se emocionaba cuando Otabek lo llamaba así, se sentía especial.

— Yura — corrigió pasando su mano por sus cabellos— ¿de dónde sacas comida?

— Cultivo vegetales según las temporadas, cocino y guardo para el invierno, y así.

— Ya, pero yo no he visto ninguna vaca en tu casa para la leche o una gallina para los huevos.

Yuri apretó los labios y miró a Potya por un intervalo de segundo que Otabek no dejó pasar por alto.

— Y no creo que Potya ponga huevos...

Yuri rio nervioso.

— No. P-Pero tú sabes, los tiempos difíciles y toda la cosa, a veces hay que hacer un esfuerzo y, bueno, Potya me ayuda.

— ¿Qué tipos de "esfuerzos"?

Yuri lo miró como si fuese obvio.

— Potya va a pedir prestado ciertos alimentos al pueblo y me los trae.

Otabek abrió la boca sorprendido.

— ¿La mandas a robar?

— ¡No es robar! ¡Es pedir prestado!

A Otabek soltó una sonrisa al rubor de Yuri por verse -él y su gata- descubiertos.

— Entonces me dices que cuando terminas de preparar una tarta, ¿envías a Potya de vuelta al pueblo con un trozo para el mercader de los huevos?

— No así, pero — sonrió apenado y se escondió en su hombro — oh, ya cállate, yo vivo solo y es más difícil para mí, tú tienes todo en un mismo sitio y, además, ¿no son ustedes los que tienen ese estúpido dicho "que Dios se lo pague"?

— ¿Haces lo mismo con las carnes?

Yuri elevó plantó un beso en sus labios.

— No como carne, Otabek — dijo colgándose a su cuello — es un animal, ¿cómo podría matar y comer a un animal? ¿tú matarías y te comerías a tus hermanas? es lo mismo.

— Me estás jodiendo — murmuró Otabek, ya de por sí bastante sorprendido por todo lo que se había enterado de Yuri en tan solo un día.

¿Quién demonios no comía carne? sí, era triste cuando se mataba a un animal, pero, mierda, la carne era tan sabrosa.

Yuri era, en definitiva, una caja de sorpresas. El chiquillo se comenzó a frotar contra su cuello, repartiendo cortos besitos. Otabek casi podía escucharlo ronronear.

— Pero puedo hacer excepciones, a veces — susurró cerca de sus labios, sentándose en su regazo con su usual descaro — a un tipo de animal huraño, desconfiado y bruto, quizá sí pueda comerlo en otro sentido.

Otabek sonrió, esa sonrisa de cazador astuto que Yuri debía admitir le hacía perder la cordura. Dio un pequeño brinco cuando le agarró el trasero.

— Puedo regalarte un par de minutos antes de volver, ¿vayamos al cuarto?


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