El lobo atrapado.
La verdad detrás de las muertes.
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12 abril del 2016
3:15 pm.
Yuuri miraba a Víctor sentado en aquella silla metálica y no concebía en su cabeza la idea de ver a una de las personas que más respetaba y admiraba, en aquella situación. Yura a su lado observaba indiferente como Víctor jugueteaba con sus dedos, aquella actitud tan calmada y relajada le irritaba de sobre manera.
—¿Seguros que quieren entrar ustedes? —dijo Minami observando al interior de la sala con el ceño fruncido. Tiró un poco de su collarín tras mirar de soslayo al par.
—Dejate eso —Mila golpeó su mano buena para luego ver hacia ambos que no despegaban la vista de Víctor—, aunque Minami tiene razón, puede entrar cualquier otro.
Yura la miró y entonces soltó un fuerte suspiro.
—Mirá, después del puto circo que armó hace tres días, dudo mucho que lo último que él quiera es hablar con alguien más que no seamos nosotros, así que vamos a darle gusto al bastardo y darle lo que quiere —dijo molesto, aún cuando en su cabeza deseaba dar media vuelta y tomar palabra a lo que decía Mila, sabía muy bien que si no entraban Víctor no diría nada.
Ese era un hecho irrefutable.
—Andando —dio por terminada la conversación Yuuri en cuanto camino hacia la puerta.
Yura suspiro por lo bajo antes de seguirle. Ninguno estaba en las mejores condiciones, tres días de semi-descanso no ayudaban a reponer todo el daño ocasionado en aquella pequeña guerrilla.
La puerta fue abierta y en cuanto los ojos de Víctor chocaron contra los de Yuuri, estos relucieron en jovialidad.
—¡Yuuri! —canturreo con aparente felicidad.
Ni Yuuri ni Yurio dijeron palabra alguna. El chico japonés dejó caer el archivo sobre la mesa antes de tomar asiento. Yura permaneció de pie detrás de Yuuri, sin despegar la mirada de Víctor.
Este le miró durante un instante antes de centrar su atención en Yuuri. El chico de ojos cobrizos observó a Víctor, pero este ni se inmuto.
—Hablemos de la primera víctima, Víctor —pidió Yuuri abriendo el archivo, al ver el contenido frunció el ceño. Víctor por su parte solo le sonrió.
Sabes bien que por culpa tuya, nos falta mucha información
—¡Lo siento!, a pasado tanto tiempo que ya no la recuerdo —se lamentó el albino fingiendo ignorancia.
Yura lanzó un gruñido exasperado.
—¡Déjate de estupideces y responde! —advirtió cabreado.
Víctor hizo un leve puchero antes de soltar una suave risa.
—Danica Evermoor. Veinte años, muy hermosa—sonrió al decirlo. Yurio chasqueo la lengua antes de cruzar los brazos sobre su pecho—. Gritó con todas sus fuerzas cuando los lobos la persiguieron y más aún cuando la alcanzaron y comenzaron a morderla. De solo acordarme, me llenó de júbilo —se removió en su asiento sin despegar la mirada de Yura.
—Bastardo —gruñó Yurio.
Yuuri le miró y trató de calmarlo. Era obvio que trataba de molestarlo. Este solo giro la vista y salió de la habitación de interrogatorios.
—Nunca a soportado nada de esto, mucho menos desde la muerte de su abuelo—murmuró Víctor ganándose una mirada de advertencia por parte del castaño.
Este al notarla ladeo levemente el rostro. Sin lugar a dudas, era una situación muy incómoda para una de las partes y para la otra era extremadamente divertida.
—¿Por qué las mataste Víctor? —preguntó yendo al grano.
—Porque quise y porque pude —contestó con simpleza entrelazando sus dedos sobre la mesa.
Yuuri al escucharle se cruzó de brazos.
Si crees que puedes jugar conmigo Víctor, estás muy verde
—Mmm, tu y yo sabemos que esa no es tu respuesta. Eres mucho más listo que esto Víctor y dejame decirte que fue muy estúpida la manera en la cual te capturaron, inclusive me atrevería a decir patética —sonrió al decir lo último. Si Víctor quería jugar sucio, él también podía hacerlo.
La sonrisa del albino desapareció lentamente y las cadenas que lo sometían tintinearon ante el movimiento brusco de manos que realizó. Ambas palmas terminaron a cada lado de la mesa.
—Llevabas cerca de un medio año huyendo sin dejar huella alguna y de la nada, ¿realizaste una jugada suicida? Y no cualquiera, tuviste el descaro y la osadía de atacarnos directamente. Le cobraste la vida no solo a todas esas chicas, si no también a oficiales que poco o nada tenían que ver contigo —dijo molesto—, nos llevaste hasta tu zona de juegos y ni siquiera así pudiste hacer un trabajo adecuado. ¿Cuán patético debías de ser?
La mirada de Víctor se había oscurecido y Yuuri le sonrió en son de victoria.
—¿Por qué no seguir huyendo? ¿Era muy divertido ver el caos que ocasionaste? ¡Pues adivina que! Esa estúpida jugada tuya te cobro tu libertad, no eres más que un ignorante que fingía conocer sus límites pero adivina que Nikiforov—Víctor se puso de pie de golpe y las cadenas de sus esposas chocaron contra el retenedor que lo mantenía unido a la mesa metálica—. Te atrapamos y me encargare de que caigas en el agujero más oscuro, y que jamás salgas de él. Eso te lo puedo asegurar.
El rostro de Víctor de pronto se volvió apacible, pero tenía una sonrisa tan leve, que inclusive daba miedo.
—¿Quieres saber porqué comencé con todo esto?—preguntó mirándolo. Víctor ladeo su rostro sin despegar la mirada del contrario.
Yuuri miró un extraño brillo en sus ojos, que comenzaba a inquietarlo.
—Todas y cada una de esas chicas tenían el cabello castaño u oscuro, ojos marrones y piel blanca—Yuuri comenzó a fruncir el ceño, en su rostro se percibe perfectamente la confusión que estaba experimentando en ese momento—, todas y cada una de ellas utilizaban lentes—una enorme sonrisa comenzó a emerger en el rostro del albino, mientras en el rostro del castaño crecía una mueca de horror al darse cuenta de la dirección de sus palabras—, todas y cada una de ellas, eran tú.
Yuuri retrocedió al oírlo. Una carcajada sonora y gutural escapó de la garganta de Víctor inundando la sala de interrogatorio. Esa era justamente la reacción que quería lograr y ahora que lo tenía donde quería, no dejaría que se le escapará tan fácilmente.
—¿Querías saberlo?—gritó en medio de su risa demencial—. Eras tú, todo este tiempo fuiste tú—sus ojos miraron a Yuuri mientras se reía—. ¡Te amo como no tienes una idea! —gritó de pronto sobresaltando a Yuuri—, ¡no tienes ni una jodida idea de lo mucho que te amo! Hubiera dado mi vida por ti, ¡Yuuri, te amo tanto!
Los ojos de Yuuri estaban abiertos de par en par, su labio inferior temblaba. Estaba en shock, incapaz de reconocer a la persona que se encontraba en ese momento de pie frente a él.
Por Dios, ¿que he hecho?
—Quería que fueras mio y solo mio pero tu solo pensabas en Yura. ¡Solo en él! —gritó sacudiendo las cadenas con ira y frustración—. ¿Qué tiene él que no tenga yo? Ese perdedor. Soy mucho mejor que él en cualquier sentido de la palabra —siguió vociferando sin despegar la vista del chico japonés.
—Eres un enfermo —le dijo Yuuri con calma. No podía permitirse perder los estribos delante de Víctor.
—Cada vez que una de ellas moria, sentia como mi corazón latiera con fuerza, anhelando que fueras tú quien estuviera en su lugar. Tu maldito bastardo —le grito ya sin reírse. La mirada en sus ojos azules era de odio puro, era una mezcla extraña entre deseo y odio que descolocó a Yuuri.
Yura abrió la puerta de golpe y entró a paso apresurado tomando al japonés del antebrazo, jalandolo para llevárselo, sin ver hacia Víctor en ningún momento.
—¿A donde te lo llevas?—le gritó Víctor tratando de soltarse al ver las intenciones de Yura.
—Lejos de ti, ¡maldito demente! —le gruño sin soltar a Yuuri quien no podía salir de su asombro.
—Devuelvelo, Yuuri es mio, ¡Hijo de puta, devuelvelo! —seguía gritando sin poder evitar que lo sacaran de la sala.
Yuri se giró un poco aun sosteniendo a Yuuri.
—Nunca te pertenecera Víctor, dile adiós porque nunca lo volverás a ver —sentenció desde la puerta.
—¡Yuratchka, te voy a matar! —amenazó con la mirada encolerizada—, juró por mi vida que lo haré, ¡hijo de puta!
Ambos salieron de la habitación, cerrando la puerta con llave.
—¿Estas bien? —preguntó Chris al ver el rostro pálido de yuuri.
—Creo —sus ojos se fueron a Mila que miraba a través del espejo de visión unilateral.
Todos se acercaron al ver la expresión pasmada de la pelirroja. Adentro, Víctor estaba gritando y sacudiendo sus brazos, lacerando la piel, manchando la mesa con aquella espesa sustancia.
—Ese imbécil —bramo Chris corriendo a la sala siendo seguido por Yura.
Mila y Minami miraron hacia Yuuri. Mila al ver la expresión petrificada de Yuuri, se llevó una mano a la boca.
—¿Seguro que estás bien? —volvió a preguntar Minami acercándose un poco a él.
—Todas esas chicas... —la puerta se abrió y vieron cómo trataban de calmar a Víctor, obligándolo a sentarse pese a la resistencia que este ponía—, murieron por culpa mía... fue mi culpa... —sintió como sus ojos comenzaban a arder.
Por culpa mía... todas esas personas... otra vez...
Mila al verlo le rodeó los hombros con un brazo, recordando de pronto todas las palabras dichas por Yurio tiempo atrás. Yura no pudo tener más razón. Él de verdad se estaba culpando por lo ocurrido.
—No fue tu culpa —dijo Mila, todos vieron cómo sometieron a Víctor contra la mesa, quien no paraba de gritar mientras veía hacia el espejo de vista doble—. Él ya era un monstruo. Nunca, escuchame bien, te culpes por lo que pasó Yuuri, nada fue tu culpa —concluyó apretando contra ella al chico japones. Minami por su lado no podía despegar la vista de Víctor.
Yuuri no dijo nada y solo observo el alboroto dentro de la sala de interrogatorios. Al final ya todo había acabado. El lobo de Siberia había sido capturado por fin.
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Fin
Realmente es el final, no puedo estar más feliz por el desenlace asdlkhaslfksdklahdjlak esperen por el epilogo jaja.
Pero que intenso estuvo todo, pinche Víctor al final sí le dijo al puerquito la motivación que tuvo para matar el hdp.
Les agradezco eternamente a todas esas personitas que continuaron leyendo mi historia pese a las pausas y lo aburrida que se podía volver a veces. Con esto concluyó todo.
Mil gracias.
Nos leemos luego.
PD: el epílogo es super corto.
