¡Hola! En este capítulo hay un poco más de humor, según yo, porque los anteriores fueron muy serios con todo eso de la pelea, jaja. Además de que me desvié del objetivo principal que es el programa. Y claro, tenía que aplazar un poco más la cita de Grimmjow y Orihime.
Mil gracias a Ankapoar por ayudarme con las partes graciosa de Yachiru UwU
PROGRAMA DE MANEJO DE LA IRA
Capítulo 18: La paciencia es una virtud.
Grimmjow no podía más. Había recibido tantas descargas en la última hora que ya había perdido la cuenta. En primer lugar, la mocosa no dejaba de llamarlo "Grimmy", lo que ya de por sí era una fuerte patada a su ego. Después, no paraba de hablar de cualquier tontería y de reírse de esa forma que le ponía los pelos de punta. Para rematar, ni siquiera habían empezado las dichosas actividades que Yachiru le había dicho que tenían que realizar aquel día. Estaban atrapados en el laberinto que era el Seireitei porque no lograban dar con la dirección del cuartel donde tenían las reuniones del club.
–¡Aquí! ¡Gira a la derecha!
–¿Estás segura?
–Grimmy, Grimmy, Grimmy, ¿no confías en mí? –Le preguntó Yachiru colgada en su espalda con una enorme sonrisa.
–Claro que no, mocosa, llevamos perdidos una hora por tu culpa. Ni siquiera sabes en dónde estamos, y eso que tú estás más familiarizada con este lugar –respondió Grimmjow sin detenerse.
–¡Sigue derecho hasta esa pared de allá! ¡Creo que ya estamos cerca! –señaló Yachiru con el dedo índice.
–Hacia allá está el cuartel del escuadrón 13 –respondió Grimmjow rodando los ojos.
–¿Cómo lo sabes? –Preguntó Yachiru, asombrada.
–Porque puedo sentir el reiatsu de Orihime, está con Kuchiki y ese sujeto de los tatuajes.
Yachiru se abrazó a su cuello con efusividad.
–¡Ah, sí! Yo también percibo el reiatsu de Pastelitos. ¡Entonces gira aquí a la derecha!
–¡Ya he girado tres veces a la derecha! ¡Estamos corriendo en círculos! –Explotó Grimmjow, recibiendo una descarga. Su cuerpo se estremeció y Yachiru se rió.
–¡Qué divertido es esto, Grimmy! ¡Hazlo de nuevo!
Grimmjow hizo un esfuerzo por controlarse. Todo aquello estaba saliendo mal, y en vez de que la mocosa lo ayudara, sólo empeoraba la situación. Se repitió que lo hacía por Orihime y tomó una profunda inhalación.
–Mi nombre es Grimmjow, no Grimmy. Te lo he dicho treinta veces.
–Es que Grimmjow no es divertido, Grimmy. Te diré Grimmy. ¡Grimmy, Grimmy, Grimmy!
–¡Ya basta!
Otra descarga. Más risas de Yachiru. Y antes de que Grimmjow se recobrara de la sacudida, la niña gritó de alegría y bajó de su espalda.
–¡Es por aquí! Ahora sí que estoy segura. ¡Sígueme, Grimmy!
–¡Dijiste eso las últimas cien veces! –Bufó molesto Grimmjow, pero Yachiru no lo escuchó y tuvo que seguirla a regañadientes. Era muy rápida, y seguramente ni siquiera estaba usando eso que los shinigamis llamaban shunpo. Al fin la alcanzó y llegaron a una mansión que Grimmjow no había visto hasta ese momento. No tenía idea de que las reuniones de la tal Asociación de Mujeres Shinigami de la que Yachiru era presidenta se celebraban en un lugar como ese.
–Vamos, antes de que Bya-kun nos vea –susurró Yachiru abriendo una puerta secreta cerca del pilar de la esquina.
–¿Quién rayos es Bya-kun?
Pero Yachiru no contestó, sino que se dedicó a guiar a Grimmjow por un laberinto de pasillos hasta llegar a una habitación iluminada con un pizarrón al frente, un estrado y unas cuantas mesas y sillas que ya estaban ocupadas por algunas shinigamis. Grimmjow reconoció a Rangiku y a Nemu, a las otras no las había visto, o tal vez sí y no lo recordaba. Sospechaba que el tal "Bya-kun" no estaba enterado de que había un club reuniéndose cada semana bajo sus narices.
–¡Hola a todas! –Saludó Yachiru con una sonrisa. Subió al estrado y Grimmjow rodó los ojos. Por supuesto que le encantaba recibir toda la atención, era tan vanidosa. Entonces sonrió. Pensándolo bien, era como una versión pequeñita de sí mismo, sólo que sin llegar a ser tan desesperante y claramente no tan hiperactivo.
–Lamento la tardanza, Grimmy y yo nos perdimos.
Grimmjow se abstuvo de decir que la culpa era sólo de ella. Estaba casi seguro de que las shinigamis lo sabían, tal vez toda la Sociedad de Almas.
–Presidenta, ya tengo los volantes que pidió, creo que ya podemos empezar a pegarlos por todo el Seireitei –dijo una shinigami de cabello negro recogido y lentes.
–¡Muy bien, Nana! –Gritó Yachiru–. Déjame verlos.
Grimmjow se acercó un poco más al estrado y tomó asiento en una de las sillas desocupadas al frente, no sin antes recibir algunas miradas de curiosidad por el hecho de que era el único hombre y se trataba de un Arrancar. Por alguna razón se sintió vulnerable sin su zanpakutou y sus poderes bloqueados, además de ese estúpido collar.
La teniente de pelo rosa observó detenidamente los volantes y al final sonrió complacida. Grimmjow tenía curiosidad de saber qué decían, pero se mantuvo al margen, la verdad no quería involucrarse demasiado, sólo quería que aquel día infernal en las mismísimas garras del demonio terminara para que pudiera tener su cita con Orihime.
Estaba sentado al lado de Rangiku y la idea de agradecerle por lo del sake le cruzó por la mente, mas no quería entrar en detalles y estaba casi seguro de que la shinigami rubia le preguntaría algo de eso. Por otro lado, tal vez era buena idea pedirle ayuda con lo de la cita. Era obvio que sería en el mundo humano y necesitaba estar lo suficientemente informado sobre cómo funcionaba para que todo saliera bien. Tal vez incluso algunas recomendaciones más personales, temas de conversación, gestos que pudiera hacer que lo ayudaran a estar más cerca de Orihime para dejarle claras sus intenciones.
–¡Grimmy! –Gritó Yachiru, sacándolo de sus cavilaciones–. Tengo la tarea perfecta para ti. ¡Nos ayudarás con las fotos del calendario!
–Ni lo sueñes, mocosa.
Yachiru hizo un puchero. Nanao se acomodó los lentes y se acercó a Grimmjow.
–Es tu responsabilidad hacer todo lo que la presidenta te ordene, Espada. Nos vas a ayudar a conseguir las fotos de los capitanes y tenientes más ardientes del Gotei 13.
Grimmjow soltó una carcajada. ¿Aquella bola de locas le estaba pidiendo ser un fotógrafo de shinigamis? ¿Para un calendario? La idea era ridícula, por no mencionar que decepcionante, pues él creía que era una élite de combate y misiones peligrosas.
–Creí que este club era más interesante –exclamó todavía riéndose–. Pero me llevo la sorpresa de que son un montón de aficionadas y pervertidas.
En un abrir y cerrar de ojos, Grimmjow sintió algo frío y duro contra su cuello. Era la zanpakutou de Soi Fong, que estaba sentada detrás de él. El aura asesina que emanaba la capitana del segundo escuadrón le provocó un escalofrío. Ni siquiera él, cuyos reflejos eran perfectos, la había visto desenvainar.
–¿Crees que esto es un juego de niños, Espada? –Susurró Soi Fong en la oreja de Grimmjow–. Créeme cuando te digo que esto es una misión que requiere la precisión y discreción del más frío y rápido de los asesinatos.
–Ay, capitana, no creo que sea para tanto –exclamó Rangiku con una risa jovial que disipó el aura negra de Soi Fong–. Estoy segura que Grimmjow hará un buen trabajo. Piénsenlo bien, puede conseguirnos algunas fotos en los vestidores –añadió con un guiño.
Hubo un murmullo de aceptación. Una venita palpitó en la sien de Grimmjow. Sí, estaban locas, y él estaba a punto de recibir una dosis letal de descargas.
–Mantequilla –dijo Nemu y luego tomó una foto que tomó desprevenido a Byakuya Kuchiki, quien estaba sentado tomando una taza de té verde. Grimmjow, Yachiru y Nemu se habían escabullido por los pasillos de la mansión con el objetivo de tomarle fotos a Byakuya para el calendario, pues encabezaba la lista de capitanes y tenientes más irresistibles de la Sociedad de Almas.
–¿Mantequilla? –Repitió Grimmjow en voz baja sosteniendo la escotilla del suelo, Yachiru estaba colgada a su espalda‒. Creí que se decía "Whisky".
–Mantequilla –repitió Nemu tomando otra fotografía.
–¿Qué creen que están haciendo? –Preguntó Byakuya dejando lentamente su taza de té en la mesita frente a él.
–¡Sonríe, Bya-kun! –Gritó Yachiru.
Grimmjow lo vio tomar su zanpakutou y desenvainar con una calma casi ceremoniosa. Algo no estaba bien.
–Mantequilla –repitió Nemu tomando otra foto del momento en que Byakuya se posicionaba para nombrar a su shikai. Luego se inclinó hacia Grimmjow y le susurró–: corre.
–Dispérsate, Senbonzakura.
Grimmjow se negaba rotundamente a salir del vestidor. No había poder sobrehumano que lo obligara, por lo que estaba dispuesto a pelear con quien sea que tratara de sacarlo de ahí.
–Grimmjow, date prisa, todas queremos verte –exclamó Rangiku del otro lado de la cortina con voz cantarina.
–¡Vamos, vamos, Grimmy! –Gritó una emocionada Yachiru con una risita.
Grimmjow suspiró. ¿Por qué rayos había dejado que lo arrastraran a su estúpido calendario? Ya tenían las fotos de Byakuya, Ukitake, Kyoraku y otros tantos shinigamis como para cada uno de los doce meses, y a cambio de eso había recibido palizas, lo habían perseguido, atacado, y había recibido muchas descargas por los corajes que hacía.
Ahora no sólo tenía que soportar a Yachiru y sus locas ideas, sino que tenía que modelar un atuendo distinto para cada fotografía, los cuales iban desde un ardiente domador de circo, un bombero, un sexy vampiro, un guardián de la bahía y un letal hombre lobo, pero el último disfraz, el navideño para diciembre, era de un estúpido reno con nariz roja brillante, demasiado humillante como para siquiera considerarlo.
"Me veo ridículo", pensó al verse en el espejo.
–Grimmjow, no me hagas entrar por ti –sentenció Rangiku.
Grimmjow contó hasta diez mentalmente para tranquilizarse, pero Rangiku no esperó más y abrió la cortina. Hubo un grito de asombro y emoción entre todas las presentes.
–¡No! ¡Espera! –exclamó Grimmjow tratando de cubrirse con las manos.
–Mantequilla, mantequilla, mantequilla –dijo Nemu tomando tantas fotos como pudo. De Grimmjow tratando de ocultarse tras las cortinas, de Grimmjow mostrando los dientes como una pantera acorralada, de Grimmjow sonrojado y mirada asesina, Grimmjow acomodándose los cuernos en la cabeza…
–¡Es perfecto, Grimmy! –gritó Yachiru emocionada.
–Mantequilla, mantequilla, mantequilla –repetía Nemu.
–¡Ya basta! –Explotó el Espada quitándose las orejas y cuernos de reno y arrojándolos al suelo. Recibió una descarga del collar pero no le importó. No iba a permitir que siguieran humillándolo de esa manera. Se dio la media vuelta para entrar de nuevo al vestidor y cambiarse, por lo que Nemu aprovechó para tomar una última foto de la colita de reno moviéndose de lado a lado.
–Mantequilla.
–Hay que enviarle una copia de este calendario a Pastelitos –le susurró Yachiru a Nemu–, creo que le gustará.
–Sí, presidenta –respondió la teniente.
Casi al atardecer, Grimmjow regresó al cuartel del escuadrón 13. Había sobrevivido a la sesión de fotos, a los largos paseos a caballito por todo el Seireitei, a una guerra de comida que Yachiru había iniciado en el comedor y que a él le había tocado limpiar, a cargar con las compras de Rangiku e Isane en el mundo humano, y a las palizas que le habían dado por todos lados. Encima de eso, las descargas eléctricas tenían su cuerpo adolorido, sentía que con una más estaría frito. Todo había resultado un desastre, se suponía que aquel ejercicio lo ayudaría a controlar su ira y ser paciente, pero había sido todo lo contrario. No sabía qué le diría a Orihime.
Y hablando de ella, ¿en dónde estaba? Se asomó al dormitorio y vio que no había nadie.
‒Ven conmigo, por favor –llamó una voz a su espalda.
Grimmjow se volteó y reconoció a Nemu.
‒¿En dónde está Orihime?
‒Con el maestro Mayuri. Es hora de ver los resultados de la prueba de hoy. Vamos a monitorear la actividad del collar y ver que todo esté en orden contigo.
Grimmjow suspiró, molesto. Lo último que necesitaba era entrar a ese infernal laboratorio para volver a ser un experimento. Pero no tenía opción. Ya era hora de acabar con aquel estúpido programa de una vez por todas.
Grimmjow estaba exhausto cuando salió del laboratorio de Mayuri. Ya no llevaba puesto el collar. Habían monitoreado cuántas descargas había recibido durante el día y sobrepasaba las 100. Creyó que era un milagro que siguiera vivo después de tantos disgustos que había pasado, por no mencionar el daño físico de los ataques de zanpakutou y otros recibimientos cortesía de los simpáticos shinigamis. Eso y el desgaste emocional eran un combo que no tardaría en derribarlo.
Se sentó en una banca y suspiró frotándose el cuello adolorido. Entonces escuchó pasos en su dirección y volvió la cabeza. Era Orihime.
–Hola –saludó la chica con una sonrisa tímida.
Grimmjow levantó las cejas a modo de respuesta y agachó la cabeza con cansancio. Orihime se sentó a su lado y observó el cielo. Ya estaba atardeciendo y las nubes teñidas de naranja y rosa se perdían entre los edificios y el monte Sokyoku.
–Soten Kisshun –exclamó Orihime. El escudo dorado envolvió a Grimmjow y sus heridas poco a poco empezaron a desaparecer. Se sentía un poco culpable por haberlo hecho pasar todo un día con Yachiru, así que era lo mínimo que podía hacer por él después de ver el resultado.
–Gracias –murmuró Grimmjow.
–¿Tuviste un buen día? –preguntó Orihime tratando de iniciar una conversación.
–Para nada ‒dijo Grimmjow con una sonrisa de lado‒. Estoy devastado.
‒Lo siento mucho –se disculpó Orihime.
‒Fue interesante ‒Grimmjow se encogió de hombros para restarle importancia al asunto‒. Yachiru es muy parecida a mí.
Orihime se rió. Eso era cierto. Ambos tan enérgicos y destructores. Seguramente se llevarían bien en otras circunstancias, o se matarían el uno al otro tarde o temprano.
‒Yachiru es una niña muy dulce. Es un respiro en este lugar.
‒¿A qué te refieres?
‒De no ser por ella, creo que la Sociedad de Almas sería muy deprimente, sobre todo después de…
No terminó la oración, pero Grimmjow supo que se refería a Aizen y la guerra que había tenido lugar en Karakura, los poderes de Ichigo, la cantidad de heridos de ambos bandos, las muertes…
Sí, la personalidad de Yachiru era probablemente una de las cosas que mantenían alegre aquel lugar. Miró de reojo a Orihime y sonrió. Estaba muy concentrada viendo sus zapatos y jugando con un mechón de su cabello anaranjado. A media luz se veía incluso más hermosa, con los últimos rayos de luz iluminando su silueta, sus ojos grises, los labios rosas…
Grimmjow se sentó más cerca de ella y le pasó un brazo por encima de los hombros, atrayéndola hacia su pecho. Orihime se sonrojó pero no se apartó de él. La verdad era que se sentía bien. Era un gesto que nunca antes había visto de parte de Grimmjow. Se permitió relajarse en su abrazo y cerró los ojos, olfateando el aroma del Espada y reconfortándose en la calidez de su cuerpo.
Ambos se quedaron en silencio unos minutos. Era un momento agradable, porque en realidad no hacían falta las palabras. Sólo estaban disfrutando la puesta de sol antes de retomar el hilo del asunto.
Orihime levantó la cabeza y se encontró con que Grimmjow la estaba viendo fijamente, a pocos centímetros de su rostro. Podía sentir su respiración y los latidos acompasados de su pecho. Sus ojos azules estaban dilatados, las marcas turquesa en los párpados inferiores le conferían una mirada felina que siempre la había dejado muda, que la hacía estremecer y al mismo tiempo paralizarse. Pero esta vez fue diferente. Sentía la mirada taladrante pero amable, como expectante, como conectada a la suya. Con su mano derecha acarició la mejilla de Grimmjow y se acercó un poco más a él, dudando en hacer su siguiente movimiento. Sus dedos se enredaron en su cabello y armándose de valor lo jaló hacia ella, hasta juntar sus labios con los de él y saborearlos, besarlo con pasión, sin contenerse. El contacto con el Espada era lo único que importaba en ese momento, y cuánto había esperado para hacerlo por voluntad propia.
Grimmjow le puso la mano en la nuca y profundizó el beso, poniéndole el brazo libre alrededor de la cintura y haciendo que se arqueara hacia su cuerpo, como si no pudiera tener suficiente. Sus tiernos labios sabían a gloria, su aroma era embriagante, la delicadeza de sus manos, su pequeña cintura, el cabello en cascada cayéndole por la espalda.
Orihime fue la primera en romper el beso. Le puso una mano en el pecho para hacer distancia y tomar aire. Grimmjow retrocedió pero sin deshacer el abrazo. Orihime estaba sonrojada y no lo miraba. Se dio cuenta de que probablemente era la primera vez que tomaba la iniciativa en algo como eso. Las veces anteriores había sido él quien había dado el primer paso, pero esta vez fue ella. Sonrió triunfante.
‒¿Y bien? ¿Cuándo vamos a tener nuestra cita? Ya cumplí con mi parte del trato.
Orihime también sonrió. ¿Debería decirle que el trato era que no se enojara para nada mientras pasaba el día con Yachiru, y que el resultado distaba mucho de eso? No, era mejor dejarlo pasar. Había sobrevivido y eso era suficiente.
‒¿Te parece bien mañana? Pasemos la noche aquí, descansamos y por la mañana regresamos al mundo humano. Tengo que hablar con el capitán Yamamoto y pedirle que autorice un viaje más a Karakura.
Grimmjow asintió. Había llegado el momento en el que no había querido pensar. "Último viaje" era un concepto terrible. Significaba que el adiós estaba demasiado próximo. Ya, tendría su soñada cita con la chica humana, ¿y luego? ¿Estaba obligado a regresar a la Sociedad de Almas? No podían suprimir sus poderes para siempre, y al ser un hollow tendría que regresar a Hueco Mundo. Dudaba mucho de que lo dejaran quedarse en el mundo humano después de eso. Que un hollow, sobre todo uno tan evolucionado como Grimmjow, traspasara Garganta para ir a Karakura estaba prohibido, era un desequilibrio, era peligroso, estaba mal. Y por otro lado, ¿qué haría con Orihime? Ella tenía su vida en el mundo humano, tenía a sus amigos, tenía que ir a la escuela, ni siquiera tendría que estar en la Sociedad de Almas, para empezar, mucho menos en Hueco Mundo, donde seguramente no podría protegerla. No, lo mejor era tomar distancia y no hacerse ilusiones de un futuro a su lado. Había demasiadas cosas en su contra.
‒¿Estás bien, Grimmjow? ‒preguntó Orihime.
‒Sí –respondió secamente el Espada.
‒Volvamos al cuartel. Estoy segura de que mañana será divertido.
Orihime sonrió y se puso de pie para regresar, sin saber que estaba pensando exactamente lo mismo que él. En el desenlace inevitable.
Continuará…
¡Dejen su rebiu, lofiu!
