El director Kramer pasaba hojas y hojas, apartando algunas a un lado de la mesa y sacudiendo la cabeza de vez en cuando. Plantados ante él en posición de descanso, Squall, Quistis, Seifer y Pulga aguardaban pacientemente.

Una suave brisa veraniega cargada de suaves olores marinos entraba por la ventana del despacho. El Jardín se desplazaba sobre las olas a una velocidad demasiado lenta, de acuerdo con la percepción de Squall. Toda velocidad empleada para alejarse de esa maldita isla estaría siempre por debajo de sus expectativas.

Su mirada descendió hasta el bicho azul que, entre Seifer y Quistis, aguardaba imitando la postura de los humanos. Estaba tan mono y reluciente que ya se había ganado una mirada benevolente del bueno del director Kramer.

"Maldito bicho extraterrestre. Ahora estás en mi terreno. Espera que te pille a solas en alguno de los pasillos."

-Comandante –comenzó el director, y la mente de Squall tuvo que hacer un esfuerzo casi físico para abandonar sus satisfactorias fantasías de bichos azules espachurrados y prestar atención a sus palabras- Hay tantas cosas que no entiendo en todos estos informes que no sé por dónde empezar. Pero, quizás, lo que más me llama la atención es este término que utilizan tanto el general Martine como usted de "guerra total". ¿No es un poco… -el director dudó, se ajustó las gafas, y terminó con un suspiro- exagerado?

Squall se aclaró la garganta antes de hablar, lamentando haber adquirido el grandilocuente vocabulario empleado por los soldados de Galbadia durante su estancia en la isla. Se le habían pegado muchas cosas en esos pocos kilómetros cuadrados de locura en mitad del océano, casi todas desagradables.

-El conflicto que surgió en la isla afectó a todas las criaturas inteligentes que la habitaban – "Dos. Tres si apuramos el término inteligencia e incluimos al arqueosaurio"- y se desarrolló en toda su superficie- "Era una isla condenadamente pequeña para una guerra. Perdí la cuenta de las veces que nos caímos al agua."

-Correcto –asintió Cid- Supongo que esa es la definición que recogen los manuales del término "guerra total", pero, sinceramente, su uso en este caso me parece un poco… excesivo, dada la escasa cantidad de… mh, individuos afectados.

-También estuvo implicada una tribu entera de tomberis –apuntó Quistis.

-Y un arqueosaurio que se unió a nuestro bando –añadió Seifer, sacando pecho con orgullo. Squall cruzó los dedos mentalmente deseando que el bocazas de su compañero no comenzara otra vez con la tontería esa de que quizás los arqueosaurios eran más amistosos que lo que sus instintos asesinos, su tonelaje y sus dientes sugerían, y que iba a montar una asociación para su defensa que abogaría por poner en libertad a todos los ejemplares que tenían rondando por la sala de entrenamiento.

-¿Puede explicar, comandante, el motivo por el cual trataron de sustraer un periquito…? Un momento, ¿un periquito? –Cid se caló las gafas y repasó las líneas escritas- ¡Ah, no! ¡Un P-riqito14TMA Plus! –el director lanzó una mirada de reconvención por encima de sus gafas- Pongámonos serios un momento, por favor. Hijo –su mirada todavía más paternalista que su tono de voz se plantó en Squall- ¿en serio? ¿Un aparato de Galbadia? ¿No les he contado nunca mi anécdota con la cortadora de césped de la marca "Galbadín, soluciones para su jardín"?

-En ese momento parecía la única opción que nos quedaba para poder regresar a casa, señor –contestó Squall con incomodidad creciente.

La de preocupaciones que se podrían haber ahorrado si hubieran sabido que en el momento en que el Lagunamov se había estrellado, había enviado un aviso incluyendo las coordenadas del accidente directamente al Jardín, que se había puesto en marcha de inmediato para acudir al rescate.

"Hasta hubiera podido disfrutar de todo lo que pasó, si hubiera sabido que era una situación transitoria. Bueno, de todo no. El partido de volley estuvo de más."

-El capitán Adonis –continuó el director con la vista fija en la siguiente hoja- ha presentado una reclamación por conducta inapropiada –Squall y Seifer lanzaron una mirada de reconvención a Quistis y la mujer cambió el peso de un pie a otro, incómoda, y se ruborizó- Por lo visto, el señor Almasy aquí presente, utilizó varios hojas de su "valiosísima e irremplazable libreta de contactos" para limpiarse el… -el director se interrumpió al tiempo que Quistis dejaba escapar una carcajada triunfal- ¿En serio, muchacho? ¿No disponías de hojas de banana o algo por el estilo?

-Lo siento, señor –con las orejas rojas Seifer bajó la vista al suelo y gruñó entre dientes, de forma que solo Squall pudiera escucharle- Con la de páginas que tenía esa cosa, ¿cómo diablos pudo darse cuenta de que faltaban cuarenta y siete?

-En fin –suspiró el director, dejando otro papel sobre la mesa-, nos saltaremos el resto de las reclamaciones hechas por esos soldados de Galbadia… -comenzó a apartar hojas, reduciendo muy perceptiblemente el montón que descansaba sobre su mesa y se detuvo ante un folio con el membrete del Jardín-. Vaya… nuestros técnicos afirman que la nave no puede ser reparada aquí y deberá ser enviada a Esthar. Por lo visto, en su estado actual, prefieren –se ajustó nuevamente las gafas y escudriñó el papel con intensidad- cortarla en trozos lo más pequeños posibles y enviarla en varias cajas a "Metales de Esthar y Asociados, Expertos en Aleaciones y Fundición, la, ahem, chatarrería de tu día a día". Oh, cielos.

"Hyne bendito, hemos tenido una baja."

-No cabe duda de que habéis vivido toda una aventura, muchachos. Sinceramente, me sorprende, hasta el punto de dejarme pasmado, el grosor de este informe. ¿En serio sucedieron todas estas cosas en solo tres días?

-Hemos omitido algunos incidentes menores –apuntó Seifer, y recibió semejante codazo de Squall en las costillas que tropezó con Quistis.

Lanzándole una mirada furibunda que prometía la más ruin y abyecta venganza en un futuro cercano, lejos de figuras de autoridad, Seifer recuperó la posición y solo entonces se dio cuenta de que acaba de chafar con el pie a Pulga.

-En este informe hay incidencias y meteduras de pata suficientes como para volver a enviaros a todos a las aulas a repasar los conceptos más básicos –continuaba diciendo el director- ¿Seifer? -se interrumpió cuando el mencionado individuo comenzó a dar saltitos- ¿Qué es ese cosa pringosa que tienes en el pie?

Agarrando Pulga, cuya forma blandita se había adaptado a su bota perfectamente, Seifer se "descalzó" al extraterrestre, que abandonó su pie con un fuerte ruido de succión. El impulso de su brazo catapultó a la pequeña criatura, que resbaló de entre sus dedos y se estampó en la cara de Squall. El impacto tuvo la fuerza suficiente como para que el comandante SeeD retrocediera un par de pasos, tropezara con sus propios pies y perdiera la verticalidad más allá del punto de no retorno. Tratando de amortiguar su caída a ciegas, su mano se cerró sobre la falda de Quisits y un penetrante sonido de rasgadura se pudo escuchar en todos los rincones de la habitación.

Mientras Quistis desenrollaba su látigo, Seifer continuaba con el pie en el aire en una postura digna de una bailarina profesional y Squall exclamaba desde el suelo "¡Ajua! ¡Je mametío nla oca!"**, el director Kramer reunió todos los papeles en un montón y los puso a un lado.

-Ahora me hago una idea de cómo sucedieron algunas cosas –suspiró- ¡Oh! –exclamó cuando Pulga se subió a su mesa- ¿Y tú que puedes contarme, pequeño amigo?

-¡Elixir! –exclamó el extraterrestre sobre el ruido de fondo de la trifulca que se había montado entre los tres SeeDs presentes, ganándose una mirada tierna del director.

-¡Por supuesto! Hablemos de negocios en un lugar más tranquilo, si te parece bien, amiguito.

Levantando al extraterrestre y permitiendo que se sentara sobre su hombro, el director dio un amplio rodeo para evitar la gresca montada en mitad de su despacho y salió al pasillo.

-¡El Jardín necesita una mascota! –exclamó, extendiendo los brazos como si quisiera presentarle al mundo entero- Si estás interesado, pequeño compañero, recibirás a cambio de dejarte ver de vez en cuando representando al Jardín y de permitirnos utilizar tu imagen en nuestro eventos promocionales, un elixir al mes –ante el silencio de Pulga, el director probó de nuevo- ¿Dos? ¿Cuatro? ¿Cinco? –el extraterrestre comenzó a temblar y a dar saltitos sobre su hombro- ¡Estupendo! ¡Trato hecho! –exclamó el director con una risa complacida, ofreciendo su mano y recibiendo un "choca los cinco" de la pequeña criatura.

Pero qué mono que iba a quedar este pequeño extraterrestre azul acompañando a su seco y austero comandante en todos los actos oficiales.


** ¡Ayuda! ¡Se me ha metido en la boca!