AMISTAD
PETUNIA DURSLEY
Julio de 1976
—¿Tienes una hermana?
Vernon frunce tanto el ceño que sus cejas están a punto de rozarse.
—Sí —Petunia intenta explicarse, pero las palabras se amontonan y no tiene ni idea de cómo deshacer el nudo que ahoga su propia incertidumbre—. Ella… es diferente.
Lily es su mayor incógnita. Su existencia está guardada en un cajón accesible solo para las amistades que la conocieron desde su más tierna infancia. Lily podría estar muerta y su día a día no sufriría ninguna alteración —salvo, tal vez, la de su funeral—.
Pero ahora, Petunia tiene novio; ahora —y para su desgracia—, Lily tiene que dejar de ser un secreto.
«Mañana vuelve de Hogwarts», le había dicho su madre la tarde anterior. «Nos ha escrito. Dice que trae a un amigo. ¿Por qué no invitas a Vernon a comer y así se conocen?».
Una idea estupenda. Aunque, más que estupenda, es una idea estúpida.
—¿Tiene algún tipo de… enfermedad? —Vernon intenta ser comprensivo, como siempre, pero no es capaz de entender ese comportamiento tan surrealista de la persona más coherente que conoce.
—Sí, más o menos —La rubia se frota las manos, nerviosa. No tiene ni idea de cómo pronunciar «esa palabra». No quiere imaginarse la reacción del chico ante una afirmación tan surrealista.
—Venga, Tunie —le anima.
—Es difícil. No quiero que pienses que soy un bicho raro o que mi familia lo es… ¡No tengo nada que ver con ella!
El adolescente abraza el delgado cuerpo de su acompañante. Es verano pero Petunia no consigue deshacerse de ese tembleque, como tampoco de las lágrimas que amenazan con escapar de sus ojos en cualquier momento.
—Escúchame. Te quiero —Es la primera vez que lo dice. Bien, no es tan embarazoso como había imaginado en un primer momento—, y nada puede hacer que cambie de opinión. Ni de ti, ni de nosotros.
Se acerca y le da un beso húmedo y salado.
Petunia se recompone. Se arregla la camisa del uniforme y alisa la falda contra sus piernas.
—Vernon, ella… Lily es bruja.
Hay un momento de silencio. El chico mira a los ojos de su novia, prácticamente obnubilado. Sus palabras parecen no haber hecho eco en su conciencia.
«Lily... Bruja».
Parpadea un par de veces, levanta las cejas y de su garganta se escapa un alarido.
—¿¡QUÉ!?
