Capítulo 22: El lirio oscuro

-¡Deletelio!- la pequeña serpiente ni se inmutó. Siguió enroscada sobre sí misma sin desaparecer ni un poquito de la piel morena de la joven. Regulus se llevó la mano a la barbilla pensativo y entrecerró sus oscuros ojos. Era obvio que un hechizo tan básico no iba a funcionar sobre el tatuaje hecho con magia oscura de Yasmine, que suspiró con resignación.

- Estamos haciendo algo mal- Regulus puso los ojos en blanco ante la afirmación de la muchacha, ya que era más que evidente que no iba a ser tan sencillo llevar a cabo su plan.

-Y menos mal que es así- ni siquiera habían oído abrirse la puerta de la mazmorra donde estaban realizando los intentos de borrar a la serpiente tatuada por Malfoy en el cuerpo de Yasmine, cuando ante ellos apareció un Severus Snape con la cara crispada por el enfado- ¿estás loco?- acusó a Regulus ante la atónita mirada de Yasmine. El joven no se dio por aludido y le dio la espalda a su compañero Slytherin. La puerta se cerró con brusquedad tras él.

-Snape….- Yasmine se sintió desfallecer por un momento, pensando que el chico los delataría a Voldemort sin pensárselo.

-¡Cállate!- le increpó éste apuntándola con la varita. El corazón de Yasmine comenzó a latir a mil por hora y llevó la mano a la suya- no pienso dejar que la pongas en peligro -añadió lanzándole una mirada acusadora.

-¿Qué?- Yasmine había dejado de entender la conversación, mientras observaba como a Regulus se le iba formando una fina sonrisa de satisfacción en los labios que Snape no llegaba a ver.

-Necios… -añadió enfadado el joven de pelo grasiento- una vez que el tatuaje haya sido eliminado, ¿cuánto tiempo crees que tienes para poner a salvo a todos tus seres queridos?- volvió a acusar con la mirada a Yasmine- Y tú, ¿de desaparecer?- Snape alzó un dedo que sentenciaba a Regulus. Yasmine no entendía nada, pero la aparición de Snape (y el hecho de que estuviese al tanto de lo que ocurría) le había inquietado hasta tal punto que se preguntó si había buena idea pedirle ayuda al hermano de Sirius. El muchacho suspiró y procedió a explicarse, ante la mirada dolida de Yasmine por su aparente traición.

-No hay nadie en este colegio más avanzado en Artes Oscuras que nuestro querido amigo Snivellus- afirmó con cierta sorna, justificando la presencia de su compañero de casa. Snape palideció al oír el mote que los merodeadores le habían puesto en la boca de Regulus.

-No te atrevas…- siseó con odio.

-Y está dispuesto a prestarnos cierta ayuda- siguió el muchacho alto y delgado sin prestarle atención, rodeando a Yasmine y rozando la pequeña serpiente, que ahora descansaba en el cuello de la muchacha.

-¿Por qué?- Yasmine se estremeció ante el contacto pero no dijo nada, en tensión ante la inexplicable ayuda de Snape.

- No voy a permitir que hagáis esto mal y pongáis en peligro a Lilian.- el tono de Snape fue extremadamente duro, y no dio lugar a réplicas. Yasmine sintió un vuelco en el corazón, entendiéndolo todo de golpe: Snape estaba enamorado de la pelirroja sin remedio alguno.

...

-Así que somos los primeros- Lily se acercó a Remus, sentado en el suelo y apoyado en la pared de la sala de los menesteres, acondicionada con maniquíes de madera y metal, dianas, y cojines y plumones varios. Había un muro acolchado donde los merodeadores estaban ensayando ciertos hechizos repulsores, ya que pensaban que si Peter se volvía a dar un golpe en la cabeza como los que se había estado dando hasta ahora no podrían rescatar ni una sola neurona de su pequeño cerebro que funcionase bien el resto de su vida.

- Los primeros serán los últimos- respondió lacónicamente Remus, sin ni siquiera saber muy bien qué había querido decir.- no me dijiste nada, Lily- la miró con los ojos dorados llenos de incertidumbre.

-No me correspondía a mí, Remus- la joven se sentó a su lado, y apoyó su roja cabellera en el hombro del merodeador, mientras apretaba suavemente su brazo intentando consolarlo.

- Pero hubiera entendido… - el chico suspiró compungido- ahora no sé que hacer, porque la entiendo. No puedo reprocharle nada.

- Tal vez no tengas que hacer nada, tal vez ya esté todo hecho.- Lily sonrió enigmáticamente.- ella ha dado el paso.- añadió en un susurro apenas perceptible, refiriéndose a la confesión de la pelirroja acerca de la verdadera muerte de su padre. Remus no supo que pensar, él no lo tenía tan claro. La pelirroja se incorporó y lo miró a los ojos con tranquilidad.

-Conozco a mi amiga, Remus. Es luz. Es bondad. Y tiene miedo. Su padre casi la mató, y después murió.- a bocajarro, la verdad dolía más, y la mueca de dolor de la cara Remus ante aquella información lo puso en evidencia- pero, ¿qué hubiese ocurrido si su padre hubiese sobrevivido? Sí hubiese terminado siendo…

-¿Un monstruo? ¿Cómo yo?- Remus aguantó la mirada verde de la joven, que acusó el golpe entrecerrando los ojos con asombro.

- No vuelvas a decirte eso.- le regañó con severidad- eres un hombre increíble. Bueno, leal, valiente, inteligente…- Lily suspiró- como el padre de Estelle. Y eso es lo que ella ha estado pensando desde que se enteró de que eras un licántropo. Tu condición no te cambia como persona.

-Soy peligroso para ella. Como lo fue su padre.- se estremeció al recordar aquella fatídica noche en el bosque prohibido y enterró su cabeza entre sus manos.

- Fue un accidente- Lily se acercó al joven y agarró sus manos para liberar su rostro.- hay cosas que ocurren para que no vuelvan a suceder. Para extremar precauciones- repuso con suavidad. Sin haber sabido como, había conseguido que el joven esbozase una diminuta sonrisa en el rostro, y eso la animó un poco.

-¡Siempre tan optimista, Lily!- Remus casi rio a carcajadas tras ver la expresión mezcla de incredulidad y enfado en las facciones de la pelirroja.

-¿Así que no me tomas en serio?- se ofendió de broma ella, mientras se le iba pegando poco a poco la risa de Remus. Para cuando habían querido darse cuenta, estaban riendo a pierna suelta mientras rodaban en el suelo de la sala de los menesteres, ni siquiera oyeron a Yasmine entrar en la sala, sorprendida por la escena.

- Estáis como cabras- la joven morena estaba más pálida de lo habitual, y se dejó caer exhausta en uno de los cojines que había en el suelo. Lily se incorporó y ayudó a Remus a levantarse, que parecía estar un poco de mejor humor.

-¿Qué te ocurre?- Lily miró a su amiga interrogante- ¿dónde estabas? Dijo mirando la hora en un reloj esférico que flotaba en mitad de la habitación. Yasmine masculló algo de estudios de criaturas peligrosas, pero se salvó de contestar porque justo en ese momento llegaron Peter, James, Sirius y Estelle para dar comienzo a las lecciones "extraescolares" de defensa contra las artes oscuras.

-¡Confringo!- varios maniquíes saltaron por los aires llenándolo todo de pequeñas astillas puntiagudas que desaparecían antes de alcanzar a los chicos. James y Sirius competían para comprobar quien realizaba la explosión más ruidosa a la vez que Lily se dedicaba a ensayar hechizos protectores en torno a Yasmine, mientras Estelle intentaba debilitarlos y que llegasen a su amiga de ojos cafés, que a su vez trataba de debilitar el escudo desde dentro. Sin embargo, el poder de la pelirroja de ojos verdes era tal que los hechizos de sus amigas apenas parecían hacer mella en su protección, los absorbía con una facilidad pasmosa. Lily sonrió satisfecha.

-Defodio- Remus por su parte intentaba cavar un túnel en la dura roca de un muro que había erigido sola en mitad de la habitación la misma sala de los menesteres, a su petición, para buscar posibles vías de escape. La piedra se fragmentaba a gran velocidad dando lugar a un espacio lo suficientemente grande como para que el joven cupiese por el agujero y pudiese atravesarla. Después la pared volvía a materializarse dura e intacta como al principio. Cuando ya tenían dominados los hechizos, y a James y a Sirius no les quedaban más cosas para explotar, el joven de gafas los llamó para reunirlos en un amplio extremo de la sala.

-Está bien, ahora pongámonos por parejas. Hagamos duelos entre nosotros. Sólo desarmar y protegernos- dijo ante la mirada de sorpresa de Estelle.

-Yo haré de moderador- Peter se borró pronto de la idea de James, no le gustaba batirse en duelo. El muchacho de gafas puso los ojos en blanco sin oponerse, aunque creía que Peter necesitaba unas buenas lecciones de cómo batirse en duelo, y más si en un futuro cercano iban a enfrentarse contra los seguidores del señor oscuro. Lily se situó frente a James, sonriendo con malicia, y lo mismo hicieron Sirius con Estelle y Yasmine con Remus.

- Ni se te ocurra tratarme con condescendencia- le advirtió la pelirroja a su novio. James le lanzó una mirada ceñuda, pero asintió. De pronto cientos de rayos de colores empezaron a rebotar en la habitación. Los jóvenes merodeadores, acostumbrados a estas sesiones, apenas murmuraban el hechizo que salía de sus varitas, y las jóvenes, hábiles, tampoco se quedaban atrás. Estelle era mucho mejor defendiéndose que atacando, por lo que los hechizos de desarme de Sirius apenas llegaban a alcanzarla, sin embargo sus Expelliarmus apenas podían rozar al chico, que parecía esquivarlos más con el cuerpo que con la varita.

-¡Siéntelo!- la animó el joven- si no lo pronuncias apenas, me pillará de sorpresa- y casi sin darse cuenta, la pelirroja le hizo caso y su varita salió despedida de sus manos. El chico sonrió abatido pero contento por ella, era la primera vez que conseguían ganarle así. Lily y James se lanzaban hechizos a una velocidad inimaginable: azul, rojo, amarillo… sin apenas pronunciarlos y sin apenas tiempo entre uno y otro, parecían sumergidos en un lugar mucho más alejado de aquella sala, hasta que en un punto, dos rayos procedentes de ambas varitas se encontraron en el centro, desarmando a los dos a la misma vez. James sonrió y pensó orgulloso que Lily era una de las brujas más poderosas que pisarían nunca la tierra, sin saber que la joven elaboraba sobre él un pensamiento similar.

Por otro lado, Remus y Yasmine combatían sin descanso. El joven se sorprendía de la intensidad de los hechizos lanzados por la morena, que aprendió rápido y apenas pronunciaba en voz alta sus intenciones. El joven esquivó un desmaius fugaz y en una pequeña distracción de su compañera lanzó la varita de la joven por los aires.

-¡Mierda!- Yasmine rápidamente alzó la mano izquierda hacia su varita, atrayéndola en mitad de su trayectoria de nuevo hacia ella. De inmediato recuperó la postura, con varita en la mano derecha apuntando al joven y la izquierda alzada hacia atrás.- quiero la revancha- sonrió al merodeador sin darle tregua.

...

Abril fue transcurriendo con inusitada velocidad, que no hacía más que desquiciar a Lily, en alerta por la proximidad de los EXTASIS. La joven pelirroja andaba siempre con algún grueso tomo de enciclopedias y libros de hechizos por los pasillos, mientras comían en el gran comedor, mientras estaban descansando en la sala común o de paseo por los alrededores del castillo, mientras se encontraban disfrutando del inicio del mejor tiempo. Sin embargo, James había acusado la obsesión por estudiar de su novia, y se quejaba a menudo de ello.

-¡Ya ni me acuerdo de su cara!- fingió sollozar en voz alta ante sus amigos en la sala común una tarde, mientras miraba de reojo a la pelirroja que se encontraba con la cabeza enterrada en un ejemplar de Aritmancia avanzada que pesaba más que ella. Lily estiró el cuello como una jirafa y le lanzó una mirada furibunda desde detrás del libro.- la miro y solo veo apuntes.- añadió James al ver que captaba un poco su atención, mientras Sirius, Peter y Remus observaban la escena divertidos. Lily no dijo nada, pero con un rápido movimiento de varita lanzó la montaña de pergaminos de un joven gryffindor de primero que estudiaba en la mesa de al lado hacia el joven de gafas. Los pergaminos adquirieron formas de pájaros amenazadores que se dirigieron en bandada hacia los cuatro merodeadores picándoles en la cabeza.

-¡ Lily!- se quejó Sirius- nosotros no te hemos hecho nada- farfulló mientras intentaba infructuosamente alejar a los pájaros de papel. La pelirroja sonrió satisfecha, murmuró algo de que tampoco le eran de ayuda y siguió enfrascada en su lectura mientras el pequeño gryffindor trataba de recuperar sus apuntes entre lágrimas. Al final Lily dejó que los pergaminos cayesen y el chico pudiese seguir estudiando. El pequeño gryffindor huyó despavorido y se aseguró de colocarse en un lugar bien lejos de la desquiciada pelirroja. James, al que no le preocupaban tanto los estudios porque estaba más que confiado de su éxito en los exámenes, se colocó al lado de su novia, donde momentos antes había estado el chico de primero, y comenzó a modificar el mapa del merodeador con algunos nuevos pasadizos que habían descubierto hacía poco tiempo ganándose miradas de censura por parte de su chica, que no entendía como podía estar tan tranquilo ante la cantidad de exámenes y pruebas que se les venía encima.

-Es la única manera que se me ocurre- siseó Snape a Yasmine, que lo miraba entre enfadada y asustada.

-¿Otro tatuaje oscuro?¿ Queréis matarme de un disgusto? – Regulus la miró desde una esquina oscura, entendía a la morena, pero sabía que no había otra manera de descubrir la forma de destruir a la pequeña serpiente.

-Una vez que consigamos destruir a la víbora, cuyo método estamos bastante lejos de averiguar a día de hoy, dispondrás de exactamente una hora para alertar a tus amigos, a tu familia, de protegerlos. Y debes tenerlos controlados para poder hacerlo lo más rápido posible, antes de que él llegue a ti. Sí lo destruimos ahora mismo, ¿sabrías a quien acudir en el plazo de una hora para reunirlos a todos? ¿Para alertarlos? Tu morirás y ellos también sin remedio alguno. Hacerte uno nuevo, averiguar como destruirlo, y en el momento oportuno, cuando esté todo atado y a salvo, destruir a la serpiente.

Yasmine se mareó ante la perspectiva de que otro tatuaje anduviese recorriendo su piel, otro tatuaje alimentado de magia oscura.

-He estado pensando en alguna solución diferente y no la encuentro- Regulus suspiró y Yasmine lo miró dolida, pensando que el joven Black opinaría igual que ella, que era locura. Él se encogió de hombros. A veces pensaba que se había metido en un lío mayor del que pensaba al aceptar ayudar a la joven. ¿Por qué despertaba en él tantos deseos de ayudarla y evitarle sufrimiento? Era algo que realmente lo intrigaba, y era tan molesto como reconfortante.

-¿Y bien?- Snape le lanzó una mirada severa, impaciente- no tenemos todo el día, o te decides, o se acabó mi labor en este suicidio.

Yasmine titubeó, pero acabó cediendo ante la sugerencia del joven mortífago. Asintió apesadumbrada.

-Lo haremos inmóvil para que sea fácil encontrarlo y averiguar o inventar el hechizo para destruirlo.- alzó las dos manos de forma interrogativa, para saber donde prefería Yasmine que se situase el nuevo tatuaje. Ella dudó unos instantes, y después se levantó el pantalón que llevaba señalando una zona un poco más arriba de su tobillo. Oyó a Regulus reír suavemente por detrás.

-¿Y a ti que te pasa?- replicó ella con mal humor.

-Me sorprende que ese vaya a ser el sitio menos visible de tu cuerpo, yo estaba pensando en algo más intimo, pero claro…- siguió riendo con malicia, mientras Yasmine entrecerraba los ojos con rencor.

-Eres detestable- le escupió a la cara.

-Tiene lógica – razonó Regulus sin hacer caso del insulto- imagino que mi hermano encontrará mucho más fácil esas zonas íntimas que tu tobillo.

-¡Basta!- Snape no tenía ganas de seguir perdiendo el tiempo, lanzó una mirada de advertencia a Regulus, que decidió dejar el tema aparcado por el momento.

Yasmine volvió a mostrar la zona elegida. Snape le agarró el tobillo con la mano izquierda con firmeza, mientras se concentraba y apuntaba la piel de Yasmine con la varita formando un ángulo de 90º. Lo escuchó balbucear un conjuro con palabras que no llegó a entender pero que prefería no conocer, y observó como de la punta de la varita iban saliendo diminutos ríos de tinta que fueron hiriendo la piel de la muchacha mientras formaban un dibujo de finos trazos. Otra vez el mismo dolor punzante que sintió cuando Malfoy le tatuó la serpiente, cerró los ojos aguantando el punzante escozor, hasta que finalmente cesó. Bajó la mirada y vio el dibujo que se había formado. Era un precioso lirio que parecía mecerse al viento.

Yasmine miró Snape sorprendida, pero él no dijo nada, se limitó a incorporarse y salir de la sala en absoluto silencio. Regulus, que se acarició el antebrazo izquierdo pensativo, suspiró ante el sentimentalismo de la escena.

-En una semana, en el mismo lugar- le dijo antes de seguir a Snape por la puerta.

Yasmine contempló la bella flor que había salido de la varita de Snape, y por un momento pensó en lo complicado que era el amor, y en lo complicado que debía hacerse para Severus manejar los sentimientos que Lily le producía.

...

Mientras tanto, en una de las cuevas de las colinas que rodeaban Hogsmeade… Todos coinciden, mi señor- la aguda voz de Lucius Malfoy sonó firme bajo la máscara.- no hay duda.

-De modo que es James Potter aquel cuya sangre debe ser derramada para hacerme aún más fuerte – Voldemort se paseó frente al mortífago pensativo- de todas formas jamás hubiese accedido a unirse a mi ejército- razonó, lamentándose por perder a uno de los magos más poderosos para que luchara para él.

-No solo eso, mi señor- Malfoy emitió una leve pausa- algo se está gestando, no sabemos muy bien qué, hay movimiento entre los adivinadores, una profecía.

-¿Adivinadores?- Voldemort soltó un leve ruido despectivo, aunque se tensó al pensar que algo tan aleatorio como una profecía pudiese ir en contra de sus planes.

-Dumbledore ha estado viajando estos últimos meses, hay rumores… rumores acerca de un arma que podría destruirle, mi señor- informó el joven rubio platino. Voldemort no se molestó en ahogar una socarrona carcajada. ¿Destruirle a él? ¿El mago más poderoso de todos los tiempos?- y una profecía que aún está por gestar- añadió Malfoy bajando la voz, con miedo a que su amo pagase la ira de una información que al parecer le causaba más risa que temor, de forma aparente. Voldemort se acercó lentamente a Malfoy y le colocó una mano en la cabeza, simulando una caricia.

-Centrémonos ahora en el joven Potter… ya tendremos tiempo para ridículas profecías…- Voldemort cogió con rudeza el antebrazo izquierdo de su seguidor y le apretó con fuerza la marca tenebrosa, haciendo que éste se retorciese de dolor a sus pies…

...

Snape no se había marchado de la sala sólo por la sorpresa que le había producido ver el lirio que había generado su tatuaje. Esos tatuajes no eran elección personal, salía de lo más profundo de la persona que tatuaba, y ya bastante débil se sentía por procesar esa clase de sentimientos por la que había sido su primera y única amiga de verdad, como para que cualquier cosa la recordase a ella. Se había ido precipitadamente de la habitación porque su marca tenebrosa había ardido. Al principio sintió terror, puesto que sucedió en el mismo momento en el que había realizado el tatuaje a la gryffindor, y pensó que Voldemort lo había descubierto ayudando a la muchacha. Después se relajó al observar a Regulus de reojo acariciar su propio antebrazo, como si le hubiese dado un calambre, sabiendo que era una simple llamada de su amo a acudir en su encuentro.

Escuchó los pasos de Regulus tras él y ambos jóvenes se ocultaron tras un estandarte de uno de los pasillos de las mazmorras sin mediar palabra. Allí, tras pulsar una de las piedras de la pared adornada con una diminuta serpiente, accedieron por un pequeño agujero que había aparecido en el muro a un estrecho pasadizo y continuaron caminando durante unos quince minutos, sin mediar palabra alguna. Al final, llegaron a una zona más amplia del pasadizo, como una habitación pequeña y redonda sin salida alguna, salvo el techo, donde en lugar de piedra había una rejilla que dejaba entrever a duras penas la luz de la luna. Estaban bajo el bosque prohibido, fuera de los terrenos del castillo. Sin decir nada, ambos tocaron sus propias cicatrices con el dedo índice, e inmediatamente se desaparecieron del lugar.

...

Estelle suspiró compungida mientras observaba a las lechuzas ulular a lo lejos, volando en círculos alrededor de la lechucería. Estaba agobiada por los exámenes, y la actitud de Lily con su obsesión por los libros no la ayudaban, ella necesitaba tiempo y paciencia. Yasmine seguía ausente. La había visto merodear más de una vez por las escaleras que llevaban a las mazmorras y supuso que lo que peor llevaba era el estudio de su EXTASIS de pociones, pero por lo demás sabían poco de ella. Alguna broma aislada y con más hastío que gracia que había hecho en la sala común, y algún paseo solitario por las orillas del lago o visitando a los hipogrifos de Ada. Eso por no hablar de la ausencia de sentimientos que manifestaba hacia ningún ente masculino, desde Sirius, que acusaba la indiferencia de la joven, hasta Henry u otros que intentaban robar cinco míseros minutos de tiempo de la joven para cortejarla. Para colmo, los ataques de los mortífagos no cesaban de repetirse a muchas de las familias de los alumnos de Hogwarts, como así revelaban las cada vez más numerosas lechuzas que llegaban por las mañanas al Gran Comedor, con los subsiguientes llantos y gritos contenidos de muchos de sus compañeros. Ella mantenía contacto continuo con su madre y su hermano, que le instaban a que terminase sus EXTASIS con buenas notas para poder presentarse al curso de medimagos que empezaba el próximo septiembre, pero era difícil concentrarse en aquel ambiente de incertidumbre y duda acerca de lo que pasaba fuera.

-La guerra ya ha empezado- oyó decir una mañana a James a sus amigos a escondidas de Lily, que a pesar de haber aceptado entrenarse con ellos contra las artes oscuras se ponía bastante a la defensiva cuando James hacía comentarios al respecto sobre ello.

No es que la pelirroja tuviese miedo, pero el simple hecho de pensar que James pudiese ponerse en peligro la hacían desquiciarse aún más que por los mismos exámenes.

Un ruido de pisadas la hizo alejar sus recuerdos de su cabeza, y se sobresaltó al encontrarse a Remus mirándola en la puerta de la torre con sorpresa.

-No esperaba encontrarte aquí- en realidad, Remus apretaba en su bolsillo con fuerza el mapa del merodeador, donde había descubierto donde encontrar a la pelirroja de pelo rizado.

-Bueno, ya sabes… me gusta observarlas- repuso Estelle señalando la lechucería a lo lejos. Unos últimos rayos de sol se filtraban a través de las ventanas, regalándoles destellos dorados que bañaban la estancia con una luz mágica.

-Es un lugar apacible- añadió Remus acercándose a ella con cuidado. Estelle le lanzó una mirada azul limpia, sonriéndole.

-Siento lo del otro día- Remus la miró sorprendido, no estaba acostumbrado a esa Estelle tan directa- no debí soltarte eso a bocajarro- añadió la joven explicándose ante la expresión de incertidumbre del merodeador.

-Yo… ahora te entiendo- el joven agachó la cabeza con timidez acariciándose la nuca.- no pudiste reaccionar de otra manera… no sabes cuanto lo siento.

Estelle lo observó y se acercó a él, se puso de puntillas, puesto que el joven era mucho más alto que ella y le dio un suave pero firme abrazo. Remus se dejó llevar, cogió en peso a la muchacha y la estrechó con una suavidad que nunca había sentido. Olió la mandarina de su perfume, fresca y alegre, la piel suave y blanca de su cuello, y enterró su rostro en el cuello de ella, sintiéndose en casa por primera vez en mucho tiempo.

-Me equivoqué, Remus Lupin- Estelle se separó de él con los ojos vidriosos.- me equivoqué- y sin mediar más palabra, depositó un suave y breve beso en los labios del chico, y se marchó de la torre, dejándolo solo, pero con el corazón cálido y lleno de alegría como nunca lo había sentido.

...

-Siempre la misma manía de quedar de noche y en estos sitios a estas horas- Yasmine se quejó en voz baja mientras salía a uno de los patios traseros del colegio, cerca del campo de entrenamiento del señor Reynolds, el actual profesor de vuelto. Se oían ruidos de todo tipo en la oscuridad pero Yasmine solo prestaba atención a las posibles formas que se moviesen a su alrededor, ya que andaba a oscuras para evitar que la descubriesen. Estaba llegando al inicio del puente que comunicaba el patio interior con los terrenos del castillo cuando una mano poco delicada la cogió de la capa y tiró de ella, ocultándola tras una columna.

-Estoy aquí- la grave voz de Snape parecía cortar como un cuchillo la densa oscuridad.

-¿Qué demonios ocurre? ¿Sabes que hubiese pasado si se hubiesen despertado Lyls o Estelle?- le reprochó la joven.

-Que te hubieses tenido que inventar alguna excusa como llevas haciendo hasta ahora- le replicó el sly. Yasmine se zafó del joven y sus ojos castaños brillaron en la oscuridad.

-Suéltalo. – le apremió.

-Es James Potter, Roberts.- sentenció el joven de pelo grasiento- mi amo quiere asesinar a James Potter. No nos queda mucho tiempo para llevar a cabo nuestro plan- añadió con gravedad, mientras la serpiente chivata se retorcía de placer en el cuerpo de la joven.