Érase una vez ella
Sailor moon © Naoko Takeuchi
Desperté al día siguiente bastante animado. Había descansado bien y en mi mente solo cabía que Mina ya era mi novia.
Me alisté rápidamente. Quería llegar ya a la escuela y poder verla. ¡Como si nunca la hubiera visto antes! De verdad que me doy pena…
En fin, subí a mi coche y le mandé un mensaje ofreciéndome a pasar por ella. Oye, mi chica no puede andar por allí en transporte público, sola y a la deriva. De cualquier manera, ella me rechazó argumentando que ya estaba por llegar. Así que aceleré para llegar también cuanto antes.
Una vez ahí, prácticamente volé hasta el salón para encontrarla plácidamente platicando con Seiya. Fue al verla así tan sonriente con él, que recordé que hace algunos meses ella moría por él. Los celos aparecieron de repente.
Me acerqué lentamente hasta quedar frente a los dos; bueno un centímetro más y sería más "en medio" que "frente".
– ¡Hola! – Saludó Seiya.
Lo miré con bastante antipatía. – Seiya, creo que tu amiga emo necesita de ti. Corre a verla antes de que se quiera lanzar del segundo piso…–
Seiya rodó los ojos, entendiendo exactamente mi punto. – Nos vemos chicos…–
– ¿Cuál es tu problema? – cuestionó Mina una vez que estuvimos solos.
– Ninguno, lo siento. A veces no sé cómo comportarme– dije mientras tomaba asiento, un poco avergonzado.
Ella sonrió y tocó mi brazo. – Hey, yo tampoco sé muy bien qué hacer contigo enfrente. Me muero de la pena…–
Ahora sonreí yo. – Espero que esto se nos empiece a dar un poco más natural…–
Nos quedamos mirándonos a los ojos por unos segundos, acercándonos cada vez más. De repente entró el maestro y la magia desapareció. ¡Parecería que toda la vida conspira para que no pueda lograr un simple beso de la niña que quiero!
La clase pasó entre miradas y sonrisillas de la rubia y mías. Me sentía muy ridículo, pero ¿cómo se hace para evitarlo? ¡Me encanta!
Cuando el timbre sonó, ella se levantó velozmente.
– Cariño, iré al baño. Ahora vuelvo…– Guiñó el ojo izquierdo y se echó a reír. –¡qué extraño suena, ¿no?! –
Ella dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta con tal ritmo que el condenado uniforme se contoneaba de un lado al otro, haciendo mis pensamientos volar.
– Si las miradas mataran…– Interrumpió Seiya. – si sigues mirándola así vas a terminar asustándola–
– Al contrario, Seiya. Creo que lo hace a propósito…–
Seiya sonrió. – Enano, disfruta el momento. Esta situación de novedad y tensión no va a repetirse y es parte del encanto de las relaciones nuevas. ¿Por qué quieres que acabe? –
– ¡Porque me muero por besarla! – exclamé con bastante enjundia. – No lo soporto mas Seiya. Si no hubiera sido por su padre seguramente me hubiera abalanzado sobre ella y hubiera hecho Dios sabe qué tanto…–
Los ojos de mi primo se abrieron como platos. – Oye tranquilo. Ya hasta a mi me estás dando miedo. En tu mente ya hasta la embarazaste– burló él.
Pero yo ignoré la burla, yo hablaba demasiado en serio.
– ¿Está mal? Me siento demasiado ansioso. Como si todo esto se fuera a esfumar de repente... –
En cuanto dije esas palabras recordé la conversación con mi padre, una noche anterior.
– Nada malo pasará, Yaten. Recuerda que también a ti pueden pasarte cosas buenas. Mina es una de ellas –.
Seiya desconocía la razón, la verdadera razón de mi sentimiento. Pero él estaba en lo correcto, los días como hoy no iban a repetirse y no podía vivir con miedo al futuro; al menos no al punto de no disfrutar mi presente.
Ese pensamiento inundó mi mente por toda la mañana, manteniéndome distraído de las clases y de todo lo demás fuera de Mina.
El timbre para el almuerzo sonó al fin. Salimos los tres caminando despacio; Mina y Seiya sonrientes como siempre y yo, bueno, siendo yo, ya saben. Vi la mano de Mina colgante a un lado de sus caderas y mi cabeza comenzó a darle vueltas a la idea de tomarla y caminar a su lado así. Pero me detuve pensando en todos los pros y contras que pudieran pasar… ¿Y si no le gustaba? ¿Y si por error tocaba algo que no fuera su mano? ¡Dios! ¿Cómo puede ella parecer tan tranquila cuando esta toda esta situación aquí?
– ¿Yaten? ¿Estás bien? – cuestionó Seiya al ver mi mirada de frustración y mi frente ligeramente sudada y en tensión.
No contesté. Me limité a mirar a Mina. – Mina, ¿tomamos el almuerzo afuera? –
– ¿Afuera? Pero hace frío…–
– Hay un poco de sol, podemos sentarnos en el jardín… ¿por favor? – supliqué.
Seiya asintió con la cabeza. – Es buena idea Mina, los dos parecen hechos de masa, están pálidos, pálidos –
Ella sonrió. – Pues bueno, ¡vamos! –
Esta vez, sin pensarlo, tomé su mano y entrelacé mis dedos con los suyos. Sus manos eran menudas y muy suaves, pero se sentían frías al tacto. Ella pareció aceptar el gesto y apretó mi mano con la suya. No puedo creer que dudaba de hacer esto…
Fuimos a la cafetería, ordenamos algo y después nos dirigimos al jardín ante las miradas sorprendidas de varios estudiantes.
Nos sentamos en el pasto, donde la débil luz del sol podría calentarnos un poco.
– Es todo muy extraño, ¿no? – soltó ella. – Tengo que confesar que me resulta difícil creer que estemos aquí sentados siendo, bueno, ya sabes –
Mina enrojeció. Era evidente que estábamos igualmente nerviosos. Pero no iba a dejar más el nerviosismo controlar mi vida.
– ¿En qué momento pasó? – dije verdaderamente interesado en saberlo todo. – Yo todo el tiempo pensé que Seiya iba a gustarte toda la vida. Él es más tu tipo. En cambio yo, rostro molesto, siempre serio, grosero y creído a mas no poder…–
– Tú eres un caso especial Yaten. No es secreto que no nos caímos bien al instante, eres muy peculiar. – Sonrió. – Pero al final creo que logramos conocernos bien y a estas alturas ya no puedes esconderme quien realmente eres y eso que conozco de ti me encanta –
– ¿Te encanto? – pregunté.
Ella enrojeció. – Vamos, no me hagas repetirlo… me ha costado bastante siquiera decirlo –.
Mina cerró los ojos y respiró profundo, echando su cabeza hacia atrás, disfrutando el aire fresco y la calidez de los rayos sobre el rostro.
La luz se reflejaba en su piel blanca, delimitando la fina línea de su nariz; todo en contraste con sus abundantes pestañas oscuras. Y esos labios…
Me recorrí hasta quedar mas cerca. Ella abrió los ojos azules y me sonrió.
– Tú a mí también me encantas…–
Tomé su mentón con mi temblorosa mano derecha para atraerla hacia mí y la besé.
Si se considera normal que la piel se erice por completo con un simple beso, entonces yo no había nunca besado de verdad. Jamás había sentido aquello que parecía ser la mezcla de las emociones internas y la sensación física. Para mí fue algo extraordinario.
Ya, mátenme, no tengo remedio.
– ¿Te acompaño a tu casa? – le ofrecí a la salida de clases. No quería separarme ni un poco de ella.
– Lo lamento Yaten. Mi padre pasará por mi esta tarde, vamos a cenar con su familia…–
Mina no parecía muy entusiasmada con la idea de su padre, ni yo tampoco. – Bien, ¿me llamarás? –
– Claro, noviecito. Te llamaré más tarde – guiñó su ojo derecho y depositó un fugaz beso en mi mejilla.
La observé alejarse con destino al coche de su padre quien, a lo lejos, agitaba su mano saludándome. Regresé el saludo y me dirigí al estacionamiento un poco desganado.
Llegué a mi auto y me dispuse a meter mis cosas en la cajuela. Cual fue mi sorpresa que, al cerrarla, Kakyuu estaba ahí, mirándome con ojos furiosos.
– ¿Kakyuu? –
– ¿Es en serio Yaten? De entre todas las chicas, ¿decidiste cambiarme por esa? – reprochó.
Ella no me dejó responder. – ¿Te das cuenta de la humillación que estoy pasando? Cuando me dieron a entender que tú y esa estaban juntos, ¡me burlé! "Yaten jamás se fijaría en una tipa como ella" dije. Pero qué equivocada estaba, ¡qué decepción! –
Kakyuu manoteaba al aire, muy exaltada.
– A ver Kakyuu, en primer lugar, no ofendas a Mina… – Los ojos de Kakyuu casi se salen de su lugar.
– O sea, ¿cómo? ¿Ahora tengo que respetarla? Evidentemente, ella no respeta nada, ¡ella se metió entre tú y yo haciéndose pasar por mi amiga y la tuya también! ¿Cómo puedes defenderla? –
– Mina no se metió entre nadie Kakyuu, tu y yo ya no teníamos una relación real. Es verdad que en un principio yo quería que ella nos uniera, pero eso es imposible, tú lo viste. No tenemos nada en común…–
– En eso te equivocas Yaten. Sí que tenemos algo en común y se llaman intereses de familia – sonrió maliciosamente. – Dime, ¿qué van a opinar tus padres cuando sepan que estás rodeándote de esa "don nadie"? No creo que a Rei le parezca adecuado y mucho menos, ni de broma a tu padre… –
Me sentí enfurecer. – Mira, no sólo estoy rodeándome de ella; Mina es mi novia y créeme que voy a hacer hasta lo imposible por cuidarla de ti y de esos intereses que tanto dices–
Kakyuu se quedó pasmada mientras yo me abría paso hacia la puerta del coche, empujándola ligeramente. Encendí el coche y salí de ahí, sin querer escuchar más de esa realidad inminente que ella estaba planteando.
La semana transcurrió bastante floja, para mi decepción. Durante clases podía disfrutar parcialmente de la sensación de estar con ella todo el tiempo, pero su padre había acaparado todas sus tardes. Hasta llegué a pensar que lo hacía a propósito.
– ¿Quieres salir a cenar hoy? – ofrecí.
– No lo creo Yaten, estaré con mi padre hoy también. Pero tal vez el sábado podamos vernos –
– ¿Me lo prometes? – dije suplicante. No es posible que a uno se le niegue ver a su novia. Menos en fin de semana.
– Dije tal vez, pero bueno, te lo prometo –. Ella sonrió dulcemente y yo estuve satisfecho con la respuesta. Tomé su mano con mi mano derecha y con la izquierda la atraje hacia mí de la cintura para después depositar un pequeño beso en sus labios. Mina soltó una risita nerviosa y enseguida se fue, dejándome, como siempre, queriendo más.
El deseado día llegó. Me preparé con tiempo, desbordando la ilusión de cualquier niño pequeño en su día de cumpleaños.
Llegué a su casa manejando por el camino conocido que de buenas a primeras parecía estar tatuado en mi mente. Esperaba que su padre estuviera en casa así que bajé del auto y toqué el timbre, mentalizado para volver a verlo después de que él fuera testigo de mi cursi confesión.
Para mi suerte, solo salió el ángel que tengo por novia. Traía puesto un vestido de lana rosa claro, pegado a su cuerpo y bastante corto, combinado con unas medias claras que asemejaban el color de su piel. Encima un abrigo blanco con botones, los cuales iba abrochando mientras caminaba hacia mí. Sonreí ampliamente para recibirla por fin en mis garras, digo, mis brazos.
– ¡Pero qué chica tan fea! – exclamé en broma mientras ella cerraba el portón a sus espaldas.
– ¡Yaten! – reclamó ella indignada, tratando de golpearme con su bolso.
– ¡Tranquila! – dije mientras me cubría de su salvaje bolso. – Es todo lo contrario Mina, te ves muy bonita –
– Si, ¿verdad? ¡Qué suertudo! – Ella se acercó y me dio un fugaz beso en la mejilla. Sonreí y abrí la puerta para que ella entrara al coche.
Conduje hacia el cine, nuestro primer destino. Después iríamos a cenar. Ya sé que no es una cita muy creativa, pero al ser nuestra primera cita de novios, pues bueno, mejor a la segura.
– ¿Qué película quieres ver? –
– Hm, no sé. La que tu quieras…– dijo ella sin siquiera pensar.
Rodé los ojos. No iba a pasar diez minutos de nuestro tiempo discutiendo sobre qué película ver, así que decidí por los dos. Escogí una película de amor y romance, que supuse sería mas apropiada para nuestra situación.
Una vez comprados los boletos, tomé su mano, acto que cada vez se sentía más natural, y caminamos hacia la dulcería.
– ¿Quieres comprar algo? – Mina me miró con una amplia sonrisa en su rostro, como si hubiera esperado todo el rato que yo hiciera esa pregunta.
– ¿Me pregunto si será mejor dulces o palomitas? – dijo ella tocando su mentón con la mano izquierda. –¿Tú qué opinas Yaten? –
– Pues, ¿dulces? – contesté sin mucho interés.
Ella respondió horrorizada. –¿¡Qué!? ¡Pero si es imperativo comer palomitas en el cine! –
– Bueno, entonces palomitas – rodé los ojos por segunda vez esa noche.
– Pero seguramente después se me antojará algo dulce y no tendré qué comer…–
Sonreí ante la cara triste que acababa de poner. – Bueno, si quieres compramos de los dos –
– ¡Si! ¡Qué buenas ideas tienes! –
Compramos sus ineludibles palomitas y un montón de gusanos de goma y finalmente entramos a la sala. La película inició y yo no podía estar menos interesado en ella. La luz de la pantalla me dejaba ver su cara a la perfección mientras ella engullía palomitas sin ninguna gracia o delicadeza. Esta chica es un animal comiendo.
Sin embargo, me encantaba. Me encantaba el hecho de que fuera tan natural y, por ende, diferente a lo que yo siempre había pretendido, que fuera tan normal, tan sencilla y me encantaba lo que me hacía sentir cuando estaba junto a ella; tengo que aceptar que lograba ponerme demasiado nervioso. Aunque muy probablemente no era su intención, Mina era sexy. Eso yo, y cualquier hombre podía notarlo y mi mente siempre decidía no dejar pasar por alto ese detalle.
Incluso con la poca luz, podía ver de reojo el discreto escote del vestido y cómo se dibujaba su pecho que, sin ser exageradamente grande, no calificaba como pequeño. Era mas bien, perfecto. Así como esas piernas largas y sensuales; no flacas y con ese espacio entre ellas que está tan de moda, sino rellenas y torneadas. Pasé saliva. Abalanzarse
No quisiera ser tachado de lujurioso, pero ¡qué no daría porque fuera ella quien se lanzara sobre mí y me pidiera lo que yo tanto moría por hacer…! Maldición, debo controlarme. Sabía perfectamente que Mina jamás haría algo así… ¿o sí?
Es decir, yo realmente no conozco esa parte de ella y me causa bastante gracia que de repente haya llegado a mi mente ese cuestionamiento.
¿Acaso Mina habrá estado con alguien en el pasado? ¿Acaso ese asqueroso vejestorio...? Digo, no es como que tuviera nada de malo, ni tampoco es algo por lo que yo me atreviera a juzgar, sobre todo cuando yo no he ejercido ningún voto de castidad precisamente… ¿Y si fuera lo contrario? ¿Si ella no hubiera estado con nadie mas antes y yo pudiera ser su primero? El solo pensamiento me erizó la piel.
– ¿Estás bien? – Mina hizo salirme del trance de preguntas en mi cabeza.
– Si, todo bien –
Sin embargo, no hubo manera de que mi mente dejara de darle vueltas al asunto y volver a la película. Quería preguntárselo, pero estamos de acuerdo que no es algo que se pregunta a tu novia de una semana sin parecer un tremendo patán.
La película terminó sin más. Imagino que no estaba realmente buena pues Mina salió criticándola a más no poder como si ella fuera una verdadera conocedora del tema. Aunque he de aceptar que me impresionó con los tecnicismos que utilizaba, de verdad parecía saber mucho del tema.
– Bueno, estando sola la mayor parte del tiempo, te da chance hasta de ver la versión de las pelis con los comentarios del director – confesó.
La observé con una mezcla de lástima y ternura.
– ¿A dónde quieres ir a cenar? –
– La verdad estoy muy llena ya – lamentó ella.
– Te lo dije. Fue totalmente innecesario que comieras tanto palomas como dulces. Te advierto que a mi no me gustan las gorditas – Ella me miró indignada.
– ¡Qué superficial eres! Aun gordita, mi corazón seguiría siendo de oro – declaró sin duda alguna.
Y esta niña me sigue encantando…
– ¿Entonces qué hacemos? –
– Podríamos ir a tomar algo o solo platicar en algún lugar? – propuso ella.
– Tal vez podemos ir al mirador como aquella vez, ¿qué te parece? – dije mientras mis manos se abrían paso hacia su cintura sin ninguna oposición de parte de ella.
– Vamos – dijo sonriente y me besó.
Una vez ahí, estacioné el coche de frente para poder sentarnos y ver las luces de la ciudad a lo lejos. La noche estaba fría, por supuesto, y había una humedad terrible.
– Preferiría que nos quedáramos dentro del coche; hoy si tengo mucho frio –. La rubia puso su mano en el descansabrazos y yo aproveche para tomarla enseguida.
– Yaten, ¿qué piensas de todo esto? Es decir ¿qué sientes? –
¿Que qué siento? Dios, si pudiera decirlo con palabras seguramente la asustaría con mi intensidad. Suspiré.
– Estoy muy contento, Mina. Tal vez tan contento como nunca lo estuve antes. Te… te quiero mucho– dije honestamente, mirándola fijamente a los ojos.
– Yo también, mucho– ella se acomodó en el asiento de manera que quedó más encimada, poniendo ambos codos sobre el descansabrazos. Tomó mi rostro con sus frías manos. – De hecho, y no quisiera sonar exagerada, pero siento que un te quiero ni siquiera lo explica del todo… –
Mina se inclinó sobre mi y me besó primero lentamente, acariciando sus labios con los míos para después darle la bienvenida a su lengua con la clara intención de volverme loco.
El beso, como era de esperarse, subió de intensidad con la velocidad de un rayo y como pude la sostuve de la cintura y la atraje hacia mí. Por el poco espacio solo la mitad de su cuerpo podía estar realmente conmigo, pero fue más que suficiente. Sentir su cuerpo aplastándose contra mí, mientras exigía más de mis labios era una sensación que emocionaría hasta a un muerto. Y bueno, a un vivo como yo, ¿qué habría de esperarse?
A medida que mi respiración aumentaba su ritmo, así lo hacía mi corazón, bombeando sangre que inevitablemente se concentraba donde es natural en este tipo de situaciones. Maldición… no me iba a permitir el bochorno de que Mina se diera cuenta de mi circunstancia.
– Sabes Mina…– dije al mismo tiempo que la separaba delicadamente. – tal vez deberíamos ir a otro lado…–
Los ojos de ella se abrieron con sorpresa. – ¿Qué? –
Mina regresó a su asiento como resorte, cruzó los brazos y me miró con gesto indignado. – ¿Y a dónde se supone que vayamos, eh, Yaten? –
Por un momento me sentí confundido, pero Mina se encargó de dejarme ver lo que pasaba por su mentecilla loca.
– Yo sabía que eras un depravado, acosador, pero no pensé que ibas a sugerir que me fuera a la cama contigo ¡en nuestra primera cita! No tienes límites. No sé con qué clase de novias estuviste antes, pero en definitiva yo no voy a ser así…–
– Hey, Mina, espera…– dije tratando de tranquilizarla.
– Bien decía mi padre que anduviera con cuidado – continuó mientras agitaba su dedo índice hacia mí. – Ustedes los hombres solo tienen una cosa en la mente y en definitiva no piensan con la cabeza sostenida por sus hombros. Basta solo con descuidarse un segundo para que ustedes se aprovech…–
–¡Mina! – exclamé alzando la voz. Ella volteó su mirada hacia mí. – Me sorprende un poco que pienses así, sobre todo cuando lo que en realidad estoy sugiriendo es que nos vayamos de aquí para evitar que pienses, precisamente, que te traje a este lugar para poder poner mis manos sobre ti…–
Me miró confundida apenas entendiendo que estaba juzgándome mal. – Oh… y ¿a dónde sugieres que vayamos? –
– Estaba pensando en ir a el bar de la noche de la subasta, recuerdo que pasaste toda la noche bailando. Fue divertido – dije volteando mi mirada hacia enfrente, con un poco de indignación para hacerla sentir culpable.
– Ese bar me encantó…– dijo apenada y se acercó para tomar mi mano. – Oye, perdón por pensar que tú…–
– Pues al parecer no tengo otra opción que perdonarte, pero que quede muy claro que la que tiene pensamientos impuros aquí, eres tú. Tendré que cuidarme de que quieras propasarte conmigo, especialmente porque es evidente que te vuelvo loca…– sonreí de lado y tomé su mentón para depositar un ligero beso antes de que pudiera discutirme algo.
Mina sonrió dentro del beso. – Eso no puedo negarlo –
Yo también sonreí para después poner el coche en marcha.
Hello!
¡Cerrando el año con un nuevo capítulo! Creo que ya acabé el siguiente, tal vez lo suba mañana esperando que, al subir un capi el primer día del 2020, me inunde la determinación de finalizar la historia (ahora si).
Les deseo un excelente año nuevo.
MsKou
