Te dije que yo cocinaría...
—Cierra la boca, Todd.
Permanecieron parados lado a lado, frente a la estufa en que un extraño mejurge de apariencia lodosa burbujeaba. Jason suspiró, le sorprendía lo poco diestros que los Wayne mostraban ser en labores propias de los seres humanos mundanos, sin duda padre e hijo había sido criados como principitos.
—¿Sólo lo dejarás ahí? —la pregunta le hizo ganar un gruñido por parte del menor, ignoró aquel gesto que pretendía ser hostil. —. ¿Qué diablos tratabas de hacer? ¿Sopa de rocas, alguna especie de pócima, veneno? —la burla en su voz era evidente y Damian sólo podía intentar, sin mucho éxito, mantenerse estoico.
Las risotadas del forajidos fueron las que lo terminaron de sacar de sus casillas. —¡Hazlo tú entonces!
