CAPÍTULO 20

Me despierto de sobresalto con un fuerte dolor en el bajo vientre. Intento cambiar de posición, pero la situación no mejora. Me vuelvo hacia Sasuke, pero no lo encuentro. El dolor persiste y me doy cuenta de que algo extraño ocurre. No me siento bien.

—¡Sasuke! —Lo llamo con voz ronca mientras me retuerzo. Se despierta y todavía somnoliento enciende la luz y me mira con preocupación.

—¿Qué sucede? —Yo… No lo sé, me duele… —Intento hablar, pero el dolor no ayuda. —Llamo al médico inmediatamente. Se levanta y poniéndose apresuradamente el pantalón del pijama sale de la habitación. Intento sentarme y con gran dificultad lo consigo. Respiro profundamente para tranquilizarme, pero no es fácil. Nunca he sentido tanto dolor. La puerta se abre y él entra, pálido. Nos miramos y por primera vez lo veo aterrorizado. Yo también estoy preocupada y comienzo a temblar. Agacho la mirada, y cuando lo hago, veo sangre, mucha sangre. Grito sin comprender lo que está sucediendo mientras el líquido recubre mis piernas.

—¡Sakura! Se acerca, me acaricia el hombro e intenta tranquilizarme. Aparentemente mantiene la calma, pero su voz lo traiciona.

—¿Qué está pasando, Sasuke? —Pregunto a merced del pánico. Me abraza, no habla. Me besa la frente, me acaricia con dulzura, sigue en silencio. Lloro mientras aprieto entre las manos con fuerza el borde de la camiseta. Está sucediendo algo feo, lo sé. Manchada de sangre, inmóvil y con pinchazos, espero la llegada del médico que tiene lugar veinte minutos después. Me tumba para hacerme un reconocimiento.

Sasuke se queda a un lado mientras camina de un lado para otro con la mirada perdida. Reina un silencio eterno. Siento otra extraña sensación de vacío. Me dirá que el niño no está vivo, lo leo en los ojos de ese médico que me ha atendido en los últimos meses. Su mirada se posa en Alex, suspira y me mira. Por favor, no lo hagas.

—Lo siento, ya no siento el latido. ¡Bum! Contengo la respiración. Mi hijo ha muerto. Algo dentro de mí explota. No lloro, no grito, no hago

absolutamente nada. Dirijo la mirada hacia el techo y permanezco en esa posición durante mucho tiempo. Se acabó nuestro sueño, nuestro futuro. Me siento vacía, inútil, perdida, como cuando mi madre me abandonó. He crecido rápidamente tanto a causa suya como de Alex. Se acabó, nada tiene sentido.

—Debéis venir a la clínica para el raspado. —Nos damos una ducha y vamos. —Responde Sasuke con un hilo de voz. No estoy mentalmente presente. Me encuentro en un espacio oscuro, no veo, no oigo y no siento nada. Mi hijo ya no está junto a mí. Había llegado por casualidad y estaba asustada, pero después lo había aceptado, amado. ¿Por qué se ha tenido que marchar? Lo he cuidado, he descansado, he comido sano. Mi hijo crecía y yo era feliz, quería tenerlo.

—Duchémonos.

Me coge en brazos, pero yo no reacciono. No lo miro, no le hablo. Todavía estoy en ese sitio frío y lúgubre y no quiero abandonarlo. Me desnuda, me ayuda a entrar en la bañera y comienza a lavarme. El agua está caliente, pero yo siento frío. Tiemblo y me abraza.

—Por favor, cariño, no lo hagas. No entiendo a qué se refiere. No estoy haciendo nada. Retiro las manos e involuntariamente las apoyo en mi vientre. Un acto reflejo. Ya no tengo qué acariciar, qué amar.

Mi hijo ya no está. ¿Por qué te has marchado? Yo quería amarte para siempre. Habrías sido mi razón para vivir. Tú eras el inesperado milagro que había cambiado todo. Me había olvidado de todo, eras mi mundo perfecto dentro de esta locura que me rodea. Alex me levanta, me cubre con la toalla y me lleva a la habitación. Me siento en el borde, ausente y con la mirada perdida. Me seca cuidadosamente y después me viste como se hace con los niños pequeños.

Como cuando bromeábamos con que lo haríamos alguna vez. Habíamos tratado de vestir a una muñeca y yo lo regañaba continuamente porque no era delicado. Queríamos a nuestro hijo más que otra cosa. Habíamos planeado nuestra vida durante muchos años. Una noche hablando se había dado cuenta de que no sería sano criarlo aquí y repetía que cambiaría su vida por nosotros.

Habríamos formado una familia y podría haber habido un nuevo comienzo, lejos de todo. Ahora ya no hay nada. Todos mis sueños y deseos se han desvanecido. Solo ahora me estoy percatando de estar en el coche. Me pone el cinturón y después me besa en la frente. Durante un instante lo miro y me arrepiento de haberlo hecho. Tiene los ojos vidriosos. Está mal como yo, pero uno de los

dos debe permanecer lúcido y yo soy incapaz de razonar. No quiero pensar en el presente, sino en el ayer. Cuando tenía todavía mi hijo y era feliz. Cierro los ojos y me apoyo a él. Quiero dormir, olvidar y esperar que todo sea solo una pesadilla.

—¡Sakura, despiértate! Abro los ojos y él está ahí, junto a mí. No sé cuánto he dormido, pero siento la cabeza pesada. Posteriormente una molestia en el brazo llama mi atención. Es suero. Estoy en una clínica. He perdido a mi hijo. No era una pesadilla, sino la realidad. La mano libre se desliza por mi vientre y él la mira con tristeza. Me falta el aire, no consigo respira. Intento moverme, pero él me detiene.

—Tienes que descansar, acabas de salir de la sala operatoria. —Me dice acariciándome el rostro. Le aparto la mano bruscamente y lo miro aterrorizada.

—Nuestro hijo… —Digo con tono apagado mientras aprieto las sábanas entre las manos. Lo hago fuertemente tratando de mantener la calma, pero no resisto. Grito con todo mi dolor interior.

—¡Lo siento! La voz de Sasuke es débil. Me abraza y dejo que me acune. Las lágrimas descienden surcando mi rostro.

—Estoy aquí, cuidaré de ti. —Me susurra. Nadie podrá curar mi dolor. No existe una cura y deberé convivir con ello durante el resto de mi vida.