Cronopios del autor: Gracias por leerme.

ADVERTENCIA: Yaoi.

Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, esto no es mío, ojalá lo fuera.

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Hyakkoryōran

Por St. Yukiona.

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Epílogo I

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El invierno en la frontera con el país de la Nieve es sofocante. A él le da más poder del que debería de darle, pero se siente desagradable.

Puede sentir sus huesos literalmente congelarse.

Sólo alguien con las cualidades dignas de un shinobi de alto nivel es capaz de sobrevivir ahí.

Desde la Villa de Konoha hasta ese sitio es un día de camino sin parar. Las personas involucradas han decidido irse cada quien por su cuenta para evitar cualquier tipo de sospecha o incluso evadir posibles atentados, además no quieren que se enteren del traslado ni que se haga público que el hokage no estará en la villa. Es raro que Yakov se mueva, pero la ocasión lo ameríta.

Viktor llega puntual a la hora acordada.

Se sacude la ropa pues la nieve se le acumula en los hombros, le moja la cabeza y se le cuela debajo de la capa que usó para protegerse, no se quita la capa de piel porque ni siquiera él sería capaz de coger una hipotermia, Umi y Ren lo esperan en casa.

Tiene sus reservas sobre la decisión que han tomado al momento de elegir el lugar, de hecho tiene sus reservas, objeciones y maldiciones listas por la decisión tomada en general. Le parece una reverenda estupidez, pero como buen shinobi sólo debe obedecer. Su corazón está destrozado pero ir en contra de la realidad traerá peores consecuencias, ahora no puede ser impulsivo. Está demasiado consciente de que todo puede ser mucho peor de lo que ya es por sí solo y ahora debe de pensar fríamente así como el hielo que maneja.

Umi y Ren han cumplido dos meses, sus ojos se han vuelto más claros, dejaron de ser grises y tienen un color que asemeja demasiado al propio. No es difícil pensar en ellos como sus hijos, porque instintivamente sabe que así lo es. Le gusta verlos dormir y gorgotear como si estuvieran platicando entre ambos. Umi no puede estar lejos de Ren, y viceversa. Así como él no puede estar lejos de ellos.

—Viktor-san —habla alguien detrás de él, y Viktor gira la mirada—. Los preparativos están listos.

El albino afirma. No le sorprende ver que hay casi diez ANBU a simple vista, debe de haber más, probablemente toda la compañía se encuentre ahí: escondida, obviamente. Su padre también llega casi a la par que él e intercambian miradas, no han viajado juntos pues el viaje hasta la Isla Nevada es un viaje que en esa ocasión no sirve para formar lazos, y se ha tomado sus momentos Viktor que no ha querido compartir con nadie más. Hokage se adelanta y Viktor se queda rezagado en una esquina junto a una de las columnas que sostiene la construcción de piedra. No caben los buenos días ni cortesías o modales. Ese día al menos no.

Durante sus pláticas cotidianas y reflexivas, Yakov le habló a Viktor sobre decisiones difíciles que debía de tomar por el bien de la aldea, Viktor lo acusó de mezquino pues ante sus ojos no había decisión difícil.

—Para ti es fácil señalar y que se cumplan las órdenes —le gritó en aquel momento Viktor a su padre y éste prefirió no responder.

Ahora el albino se da cuenta que en efecto, hay unas decisiones más difíciles que otras. Lo sabe por la mirada que lleva el hokage cuando observa silencioso al entorno, aunque es la siempre seria e imperturbable del mayor, su hijo puede detectar el auténtico dolor que ahí se guarda. Alguien se acerca a Hokage y detrás de la máscara de gato y distintivos verdes, Viktor reconoce a Sara. Ella es experta en sellados, adivina que el resto de los ANBU que están ahí también lo son.

Él fue elegido para cumplir con esa misión, él se lo suplicó al hokage pues es el único con un ninjutsu lo suficiente fuerte para contrarrestar la amenaza, sin embargo, supone que si algo llega a salir mal, si él llega a titubear, probablemente ellos van a actuar. Ellos, los de las máscaras. Los ANBU.

Y sólo dos segundos después escoltado por seis ANBUS, amarrado con una camisa de fuerza que tienen sellos explosivos adheridos por todos lados, los ojos cubiertos por una venda, la boca cubierta con una mordaza y los pies fijados por cadenas que apenas le permite separarlos lo suficiente como para avanzar de forma ridícula se encuentra el gran Katsuki Yuuri. Los ojos de Viktor pierden a cada segundo ese brillo que lo delata como alguien vivo, y la banda en su frente de pronto lastima, quema, pero sigue parado con la espalda recta y el gesto serio.

—Katsuki Yuuri, segundo hijo de Katsuki Toshio y Hiroko, perteneciente al clan Katsuki, maestro de cuervos, exlíder ANBU —Viktor traga saliva y es Cao Bin el que habla fuerte, lo suficiente para que se escuche su voz pues el lugar donde están tiene un eco espantoso y le gusta al hombre como resuena todo—. Desertor de Konoha —esas palabas las menciona con especial fascinación, las saborea y sigue leyendo—. Pogromo a shinobis de un país aliado, infanticidio en calidad de cómplice, infiltración de información, intento de homicidio a ninjas de Konoha y, por el cual se te denigra a estos confines: Alta traición a Konoha —Cao Bin cierra el pergamino que estuvo leyendo y lo entrega a un ANBU para que lo lleve hasta Hokage que lo acepta, lo estudia en silencio y afirma consintiendo las aseveraciones—. La muerte sería un privilegio para ti, la vida no la mereces, en cambio serás sellado hasta que las generaciones futuras encuentren una mejor forma para castigar tus crímenes... —azuza con desprecio el hombre antes de apartarse.

Cao Bin observa a Viktor que está a unos pasos de la espalda de Yakov, y el albino entiende esa mirada.

Viktor camina hasta quedar de frente a Yuuri. El prisionero queda justo en el medio de aquella peculiar sala de piedra que tiene cuatro pilares grandes y fuertes, un ANBU con máscara de zorro está detrás de Yuuri, Viktor observa fijamente esa máscara antes de que éste haga varias posiciones con sus manos y pegue su palma contra la espalda de Yuuri, éste gime de dolor antes de caer de rodillas, Katsuki es un brochazo de espasmos y jadeos. Las cadenas, grilletes, mordaza y venda de sus ojos cae. Está desnudo titiriteando de frío. Es una escena humillante, pero para un traidor no hay más futuro que ese.

La piel de Yuuri está pálida, en algunas partes parece verde y las heridas en su cuerpo que ha dejado la batalla en el País de los Vegetales días atrás se han empezado a pudrir pues nadie se ha molestado en curarlas, sin contar que ha sido partícipe de diferentes secuencias de tortura para extraerle toda la información sobre las bestias, su gestación y crecimiento, a pesar de no oponer resistencia los ninjas a cargo de estas sesiones se divierten en su trabajo, Yuuri no los culpa, él habría tratado como una puta escoria a cualquiera que hubiese osado en traicionar, y el plan aunque ha sido a favor de Konoha solo lo saben un par de personas, Yakov y Yuuri no saben en quién pueden y no confiar, así que lleva esa farsa hasta el final.

Su rostro demacrado y sus ojos que recién se acostumbran a la luz buscan saber dónde está, o quién es la figura imponente que tiene delante. Se mantiene ahí contra el suelo sin fuerza para incorporarse pues tampoco le han dado de comer los últimos días, Konoha no invierte en traidores y la comida de éstos prefiere dársela a la gente de la aldea.

—Viktor —alude el Hokage y el albino no pierde tiempo empezando a hacer sellos con sus manos. El nombre le hace eco al moreno que cierra los ojos antes de alzar la mirada para cruzar con los ojos de Viktor al tiempo que éste se ha hincado para depositar sus dos manos sobre el suelo, de donde se expanden marcas que recorren el suelo y pronto cubren el cuerpo de Yuuri, éste no lo pierde de vista y Viktor no aparta tampoco su atención.

Los ojos azules de Viktor se cristalizan como el aire alrededor de Yuuri que empieza a absorber lo frío de aquel lugar. El ambiente empieza a volverse más y más insoportable pues el frío se les cuela a todos por debajo de la piel. Al albino le tiembla el labio mientras presiona con mayor fuerza el piso y se imprime más poder, más chakra, más dolor, pero también... un mensaje implícito. Pesadas cadenas se forman desde los pilares y recorren a una velocidad impresionante para capturar en el piso a Yuuri que es alzado en alto como una muñeca de trapo, su cuerpo se estruje en el frío de la prisión que le encierra. Jadea por el beso congelado a su piel desnuda, y aunque el dolor es indecible, sus miradas no se pierden en ningún momento, y Yuuri termina por sonreírle cuando siente que la circulación de su cuerpo empieza a colapsar.

Lo bueno es que el dolor en su cuerpo, en sus músculos, en sus huesos, en su carne, en su alma, cesa con calma cuando el hielo empieza a agujerear la piel. Cuando se infiltra y lentamente, sin que se dé cuenta, el mismo hielo lo protege. El hielo poco a poco empieza a volverse tibio, como las manos de Viktor recorriendo su cuerpo, sus ojos se cierran lentamente entregándose a ese calor conocido, y el sentimiento de asfixia y ahogo se pierde con calma, como un amanecer que muere en el cuerpo de los amantes.

Viktor con calma, ve como el cuerpo de Yuuri se ha cristalizado y como a su vez esa hermosa estatua de cristal es encerrada por un bloque de hielo grueso al que le aparece una insignia en el centro. Viktor se incorpora, para hacer varios sellos con sus manos, saca de su bolsillo una kunai con la que se corta de un extremo a otro la palma y ésta misma la coloca en el medio de la insignia que tiene la forma de una flor. El hielo se mancha de sangre y es como si absorbiera el tinte carmín, pero en lugar de que se tiña todo de rojo, éste se tiñe de un curioso color púrpura, morado. Cierra los ojos y aprieta los labios. Presiona más fuerte la palma y ya no puede evitar gritar de furia, de rabia, de dolor, de frustración, la tormenta afuera se vuelve más violenta y Viktor está llorando abiertamente frente a sus compañeros, se desliza contra esa fría prisión que él mismo ha hecho para el hombre que ama. Su frente pegada contra ella y se golpea con fuerza, la placa de Konoha cruje, sus puños arremeten a golpe y ésta no sufre ni un sólo daño, por el contrario sus puños se tiñen de rojo y solloza más fuerte.

A más de uno le rompe el corazón ver esa escena pero nadie interviene, o al menos hasta que Viktor coge con fuerza la misma Kunai con la que se abrió la mano, y apenas Giacometti lo alcanza a detener antes de que se corte el cuello porque es demasiado dolor para soportarlo. Hokage observa a su hijo desecho y se pregunta cuántas veces más Viktor tendrá que perder cosas, él se merecía la felicidad absoluta.

—Viktor... Umi y Ren te están esperando —masculla Chris y Viktor afirma en silencio mirando el techo alto de la sala, siente a los ANBU moverse. Él mismo se incorpora.

—La llave —ordena Cao Bin a su lado y Viktor le observa con ojos enrojecidos con el llanto, el albino mete su mano a su chaleco y saca un pergamino en color carmín, lo desenrolla sólo un poco para dejar su mano contra el papel, la entrega a Cao pero antes de soltar el mismo lo observa fijamente.

—Sólo un usuario de hielo va a poder deshacer el sellado... —dice Viktor—. El contrato está diseñado de esa manera.

—Pero también se requiere este pergamino, espero y los intereses personales que hay aquí no te hagan cometer una estupidez, Viktor —azuza Cao entregando el pergamino a Yakov. Viktor le regala una mirada llena de odio para después escupir al piso.

Cao Bin bufa con una sonrisa antes de aguardar a que el Hokage dé una mirada más a la prisión, otra a su hijo y enseguida se dispuso a salir del lugar. En dos segundos Viktor se ha quedado a solas con Yuuri y suspira. Recarga su frente nuevamente en la fría pared. Hay un ANBU detrás de él.

—Tienes que irte, no puedes quedarte atrás —murmura Viktor.

—Sólo quería saber que estabas bien —inquiere la voz femenina.

—Sara... que Yuuri no esté no significa que vaya a dejar de amarlo —el albino se aleja de Yuuri para mirar a la castaña, pero su mano sigue tocando la fría pared que aprisiona a Katsuki—. Mi compromiso con él sigue siendo el mismo, aunque sea considerado un traidor, aunque aún no entienda muchas cosas que hizo... él sigue siendo la única persona con la que quiero estar, y si no es con él, no planeo vivir con nadie más... —sentencia—. Además... —su mirada se vuelve al hielo púrpura y la insignia que aún mantiene fresca la sangre—, no quiero que nadie más críe a nuestros hijos.

La castaña se queda callada, un poco chocada con los comentarios pero aún así afirma. No insistirá pero le parece un poco aberrante, como a muchos en la aldea, el que Viktor deba de cuidar a los hijos de traidores, pues para Konoha entera: Chihoko y Yuuri fueron amantes. Viktor, Yakov y un puñado de ANBUS de la más alta confianza de Yakov (por lo visto Sara no incluida) saben la verdad. A Viktor le basta para saber que Yuuri lo ama así de mucho como para interponerse entre la aldea y mil flechas. Ha soportado lo que no se debe soportar y se ha ido orgulloso sin derramar una sola lagrima. Yuuri es su héroe. Es su amor. Es su vida.

Da un beso contra la fría pared antes de tragar saliva y sacar de su cangurera la placa que le pertenece a Yuuri, está tachada, pero sigue siendo su placa. La deja a los pies de su encierro, hace una prolongada reverencia.

—Yo cuidaré de nuestros hijos, Yuuri... encontraré la forma de que salgas de aquí con la frente en alto... así que... espérame —suplica antes de sonreír de forma herida y partir.

Sale de la sala lo más pronto posible, dos ANBU cierran las pesadas puertas de madera y adicional es agregado un sello de nivel medio, ambos vuelven a quedar en cada extremo. Debido al poder de Yuuri no saben si el sello lo pueda romper desde adentro o si alguien más venga a tratar de rescatarlo, Viktor suspira alejándose. Sale del santuario abandonado y se da cuenta que alrededor no hay nada más que un frío desierto de nieve y hielo, se abraza antes de emprender su camino de regreso a casa.

Umi y Ren, lo esperan.

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St. Yukiona.

Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.

(Por cierto, ¿Ya me siguen en mis redes sociales? Facebook donde comparto cositas de anime: /tiayukiona y mi Insta donde les platico de mis viajes: Styukionna, espero me sigan y poder compartir más tiempo juntos. ¡Saludos y besotes, Mazapanes!).