Morag miraba por la ventana y ella ataba las agujetas, hacía calor, así que no tenía muchas ganas de ser lenta, más lentitud en disponer sus zapatos, menos oportunidades de echarle un ojo. No iba a mentir. No iba a mentirse. Era una de las pocas cosas que le tenía vuelta loquita desde Navidad, así que buscaba la más mínima oportunidad para propiciar un encuentro; aquella mañana, el pretexto era el buen sol, y que Ginny Weasley había planeado una salida para tomar el fresco con otras de su grado. Ginny había sido en realidad el detonante de aquella nueva fiebre suya, así que saber que continuaba moviendo piezas para que los encuentros ocurrieran, le tenía agradecida.
Toparse por los pasillos con Ginny era una ocasión para sonreírle, y si les veía en grupo casi habría querido abrazar y besar a la pelirroja por darle el pretexto de saludarle; después de todo, el Colegio entero sabía que la menor de los siete era una de sus amigas, y eso desviaría la atención de su verdadero objetivo: Lovegood. Y así como así, Lisa tenía que admitirlo: si en su pasado no había motivos para estar emocionada, en su futuro tenía uno rubio, y aquello la tenía bastante feliz.
Con las agujetas bien atadas, salió de su habitación siguiendo a Mandy y a Padma, con Morag por detrás, alegres y emocionadas por una buena tarde de sábado, mientras se dirigían a la salida, la mencionada (y ansiada) melena rubia se les unió.
—¿Van a los jardines con el resto? —Preguntó mientras se mezclaban en un pasillo.
—Ginny nos está esperando. —Padma asintió mirando a Lisa, que a su vez procuraba no mirar mucho a Luna, aunque apreciaba tenerla tan cerca que lograba olerla.
—Parece que será una hermosa tarde. —Comentó con normalidad acartonada, sus compañeras se miraron.
—Oh, lo será. —La rubia se quedó atrás con ella, las demás avanzaron rápido; caminando juntas a Lisa le dio por imaginar cosas y las mejillas se le prendieron a rojo para cuando encontraron al grupo de Ginny. —Tienes oportunidad.
—¿Perdón?
—Sé que hay chicos que la rondan, pero nada que no pueda cambiar mañana. —Luna le tocó el hombro con dulzura y se fue dando saltitos hacia la susodicha pelirroja, a Lisa se le quedó la sonrisa deformada en los labios; maldición, disimulando desde Navidad había servido de nada.
