Los personajes de Twlight no me pertenecen y la historia es de blueberrytree, solo me adjudico la traducción.

Disfrútenlo.


Día 21

Él estaba siguiendo el camino de mi columna vertebral con su índice, creo que su intención no era despertarme, pero terminó haciéndolo. Cuando me giré y vi su bello rostro, mis mejillas se colorearon inmediatamente, mis pensamientos invadidos por los eventos de la noche anterior.

Apenas podía creer que había tomado la iniciativa y, menos aún, que aceptara hacer algo que él me pidió. En el calor del momento, mi inhibición pareció brincar por la ventana y acepté tocarme para él, pero ahora por la mañana no podía evitar la vergüenza que se reflejaba en mi rostro. Otra cosa que no podía dejar de lado era el recuerdo de cuánto me había gustado todo eso, principalmente cuando él, sin aguantar con solo con mirar, envolvió su miembro con su mano y se tocó para mí.

—¿Qué pasó? —preguntó con una sonrisa—. Apenas me miraste y ya estás del color de un tomate.

—Nada —intenté evadir, pero ya sabía que Edward era demasiado insistente y no iba a dejar el asunto morir mientras no descubriera lo que estaba pasando por mi mente.

—Claro que pasó algo. ¿Por casualidad estás recordando lo que sucedió anoche?

—No —mentí. Mierda, mis mejillas están volviéndose más calientes aún.

—No sirve querer engañarme, Garrapata. Sé que es eso en lo que estás pensando.

—¿Entonces por qué preguntaste? —indagué haciendo un puchero.

—Porque me gusta verte sonrojada. Y no necesitas sentir vergüenza. Anoche fue… increíble —dijo, dándome un beso en el hombro.

—Es involuntario —justifiqué—. También me gustó. Todo parece mejor contigo.

—Lo mismo —respondió sonriendo. De pronto, escuché el sonido de su estómago rugiendo.

—Creo que alguien está con hambre, ¿cierto? ¿Cuánto tiempo estás despierto?

—Unas dos horas.

—¿Dos horas? ¿Por qué no has salido de la cama?

—Sinceramente, porque aquí está de verdad cómodo.

—Deja de ser perezoso. Hoy no hay nadie en casa y quiero cocinar, vas a ser mi asistente a la hora del almuerzo.

—¿Qué vas a inventar cocinar para hoy?

—No tengo idea, tengo que ver lo que encuentro abajo. ¿Qué tal si bajamos para dar una mirada a lo que hay y alimentarte?

—Hmmm… ¡Que pereza! —dijo, desperezándose a mi lado en la cama.

—De esa manera estoy viendo que vas a pedir que te de comida en la boca.

—No pongas ideas en mi mente, Garrapata. Ya basta con la última vez que cocinamos juntos…

—¿Qué pasa?

—¿Qué pasa? ¿Por casualidad olvidaste que chupaste mi dedo lleno de chocolate? Si lo olvidaste, puedes estar segura que definitivamente yo no lo olvidé.

—Ah, es cierto… —hablé, recordando el momento y riendo.

—Te ríes porque no tuviste que caminar por el jardín con el pene duro —dijo indignado, haciéndome reír aún más.

—Juro que fue sin querer.

—No sé muy bien si creo en tu inocencia, ¿viste? Ese día hasta pude creer eso, pero de la manera que me has salido en los últimos días… inocencia definitivamente es algo que no posees.

—¡Edward!

—¿Estoy mintiendo? De verdad, anoche me sorprendiste…

—¡Para! Me estás avergonzando. ¡Vamos abajo! —hablé, levantándome de la cama.

—Interesante… —murmuró.

—¿Qué? —cuestioné, girando el rostro para saber de qué estaba hablando.

—Cuando te levantas de la cama y estoy acostado, puedo ver tu trasero.

—Dios mío, ¿qué te dio hoy en la mañana?

—¿Sobrepaso los límites si hago una broma sobre que la que me diste fuiste tú?

—Sí —hablé, mirándolo con una mueca.

—Ok, voy a quedarme quietito. O al menos intentarlo.

—Vamos pronto, levántate. ¡Para de estar mirando mi trasero!

Tardó algunos minutos, pero finalmente logré sacar a Edward de la cama. Nos fuimos directo a la cocina y optamos por desayunar frutas. Cuando vi la mirada que me dio cuando agarré una banana, recoloqué la fruta de regreso a su sitio. Sinceramente, tenía miedo de que mi rostro permaneciera rojo por el resto del día si continuábamos a ese ritmo.

—Parece que el tiempo mejoró —dijo, mirando a través de las ventanas.

—Sí, hoy el cielo está bonito.

—Podemos ir a la piscina. ¿Qué piensas?

—Lo que sea. Vamos a tener el día de hoy solo para nosotros, la casa es nuestra —hablé y, como si hubiese entendido mis palabras, Nessie apareció ladrando—. Ok, y tuya también, Nessie.

—Sabes que tenemos que ir a una fiesta hoy en la noche, ¿verdad? La disquera insistió y dijo que es importante mi presencia.

—Lo sé, pero aún tenemos un largo día por delante. Podemos sentarnos en el sofá, mirar una película y quedarnos abrazaditos comiendo palomitas. ¿Cómo suena eso para ti?

—Excelente, cualquier cosa que podamos hacer juntos siempre será de mi agrado —aceptó, dándome un leve beso en el hombro y haciéndome pensar que estaba intentando competir para el mejor novio del universo, porque en ese caso, de verdad sería el vencedor—. Voy a orinar, ya regreso.

Quiero decir, sería el vencedor en el caso de que uno de los requisitos necesarios para vencer no fuera la sutileza.

Mientras Edward iba a uno de los baños que había en el primer piso, fui hasta la despensa a buscar los ingredientes para preparar uno de mis platos favoritos y que estaba segura le gustaría. Debido a la óptima organización del lugar, no me llevó mucho tiempo para encontrar todo lo que quería.

—¿Por qué estás sonriendo de esa manera? —indagó Edward cuando regresé a la cocina con las manos llenas de ingredientes, poniéndolos encima del mesón.

—Encontré todo lo que necesito para hacer nuestro almuerzo; la verdad, solo necesito buscar si tienes unas cositas más en la nevera, pero estoy casi noventa y nueve por ciento segura que Zaza dejó todo bien abastecido —dije, abriendo la puerta de la nevera y, como imaginaba, viendo que todo lo que era necesario para comenzar a preparar un delicioso plato estaba ahí.

—¿Qué pretendes hacer? —indagó Edward, curioso.

—Lasaña. Espero que no tengas nada contra ese plato, recuerdo bien cómo prácticamente te dio un ataque de pánico cuando hice ese pescado la última vez.

—No me dio ataque.

—Solo te faltó salir corriendo, Cachorro.

—Claro que no. Solo no me gusta el pescado, ¿ok? Su apariencia me perturba.

—Pánico.

—No es pánico.

—Aham, claro que no lo es —hablé, rolando los ojos—. Vamos, déjame organizar todo esto.

—¿Tenemos que comenzar a preparar eso ahora? —indagó con una expresión que me dejaba bien claro que Edward estaba muriendo de pereza.

—Aún no, solo estoy organizando todo aquí encima porque todo el desorden me da angustia. De cualquier manera, sería bueno que comenzáramos a preparar todo más o menos dos horas antes de que tengamos planeado comer

—Ok, entonces vamos afuera —hablo, halándome de la mano.

—Calma ahí, Edward. ¡Aún estoy usando solo esta blusa y nada bajo ella!

—¿Sí…?

—¡No voy a ir para afuera así! Dimitri puede estar ahí.

—Siempre está en el otro portón, Garrapata. ¡Vamos! Yo te cubro y prometo que no dejaré que nadie vea tus partes… solo yo.

—¡Nada de solo tú! Cálmate. ¿Hoy tuviste una regresión y despertaste con quince años de edad?

—Garrapata, si hubiera despertado con quince años, puedes estar segura que no estaría aquí conversando naturalmente contigo, aún más cuando estás usando solamente mi blusa y sé que no tienes nada por debajo. Obviamente estaría acorralándote dentro del baño más cercano, haciéndote saber muy bien lo que… —dijo, guiñándome y en seguida soltando una carcajada al darse cuenta que me había ruborizado por su comentario—. Realmente disfrutaste de anoche, ¿cierto? Apuesto que estás recordando nuevamente lo que pasó. Está bien, Garrapata, podemos repetirlo cuantas veces quieras.

—Eres el ser más irritante del universo —murmuré, quitándome de frente de él y caminando en dirección al área externa.

Aunque el sol brillara afuera, el día no estaba tan caluroso como aparentaba. Un estremecimiento recorrió mi cuerpo cuando pisé la hierba con mis pies descalzos y salí corriendo hacia el mobiliario, acostándome en una de las camas que era fuertemente impactada por los rayos solares.

—¿Viste algún bicho o alguna cosa del género? ¿Qué carrera fue esa? —cuestionó, juntándose a mí.

—¡Está frío! —refunfuñé.

—Nada de frío —habló y, tal vez intentando calentarme o simplemente por hábito, puso sus brazos a mi alrededor—. ¿Mejoró?

—Aham —respondí, enterrando mi cabeza en el espacio entre su hombro y cuello—. No sé cómo no estás sintiendo frio solamente usando calzoncillos.

—Es porque estoy caliente —replicó finalmente, intentando y consiguiendo, hacer una voz sexy.

—Si la carrera de cantante un día no te funciona o solo tienes ganas de expandir tus horizontes, seguro que puedes entrar a ser comediante.

—¿Te estás burlando de mí, Garrapata?

—¿Yo? ¡No, imagínalo! —respondí con una risa fuerte.

—Muy graciosita, tal vez la señorita es quien debería ser comediante. Nací para ser músico, solamente eso.

—Lo sé, solo estoy bromeando —afirmé, dándole un beso en la mejilla.

—¿Siempre supiste que querías ser periodista?

—No, pero cuando comencé la facultad vi que era realmente eso lo que quería hacer el resto de mi vida.

—¿Sí? ¿Te gusta tu trabajo?

—Depende del punto de vista. Al comienzo casi no era reconocida, hacía artículos que nadie leía, pero después que comencé a trabajar con celebridades, todo cambió. Es bueno tener un poco de prestigio por algo que me dediqué tanto, he trabajado con personas que no fueron agradables, pero también he tenido el placer de conocer a personas maravillosas. Si no fuese por este trabajo, tal vez nosotros ni siquiera nos hubiéramos conocido. Estoy muy agradecida por la oportunidad que tuve.

—¿Pero es tu sueño?

—No lo sé, pero me trae satisfacción. A veces tenemos que aprovechar las oportunidades en lugar de estar corriendo detrás de los sueños.

—Lo sé. Como a Emmett le gusta decir, fui uno de los pocos que nació con el culo girado hacia la luna.

—¿Tus hermanos sintieron envidia al principio?

—No. Ellos se alegraron porque finalmente hiciera algo productivo con mi música en lugar de estar cantando en casa, molestando sus oídos—habló soltando una carcajada—. Podía estar horas cantando y créeme, a veces eso los molestaba mucho. Cada uno de nosotros es feliz haciendo lo que nos gusta. Teníamos problemas como cualquier hermano, pero al final del día… o de la semana, siempre nos entendíamos.

—Es gracioso escucharte hablar de ellos porque a veces me siento tan cercana a tu familia y conozco solo pedacitos. En estas tres semanas tantas cosas cambiaron, tanta gente entró en mi vida. ¿No es un poco surreal pensar que solo algunos días hicieron toda la diferencia?

—Seguro. Todo lo que pasó en estos últimos días fue totalmente inesperado, nunca, ni en mis sueños más locos, podría imaginar que un artículo de una revista fuera a traerme a alguien como tú.

—Parece que todo es demasiado bueno para ser verdad, es como si todo esto fuese un sueño y de pronto me voy a despertar —dije, suspirando y súbitamente sentí un pellizco en mi trasero—. ¡Ay!

—Solo para hacerte tener la certeza que esto no es un sueño.

—Bobo. —Reí—. Sé que esto es super real, solo es un modo de decirlo. ¿Sabes de lo que me di cuenta? No se tu color favorito. ¿Qué tipo de novia soy que no se tu color favorito? Apuesto a que tus fans lo saben.

—Es un poco ridículo decirte mi color favorito, si te detienes a pensar durante algunos segundos, apuesto que lo adivinas.

—¡Dime!

—No, venga, intenta adivinarlo.

—¿Pero si me equivoco? Voy a ser la peor novia del universo.

—No hay lio, Garrapata. Vamos, sé que eres capaz.

Paré por un momento e hice lo que me dijo: pensé. Recordé alguna de la ropa que había usado los últimos días y hasta de objetos que sabía eran de gran valor para él. Pronto, un color vino a mi mente.

—¿Azul marino? —indagué con una expresión en el rostro que probablemente le mostraba la inseguridad que tenía.

—¿Estás segura?

—Ah, Dios mío, me equivoqué, ¿verdad? Te dije que no soy buena con esas porquerías de adivinar…

—No Garrapata, acertaste —habló riendo—, solo estaba haciendo suspenso. El azul marino es mi color favorito desde pequeño.

—¿Sabes el mío? —indagué curiosa.

—Rojo.

—¿Cómo sabes? —pregunté admirada, levantando la cabeza inmediatamente para mirar su rostro.

—Aunque no tengas mucha ropa roja, me di cuenta que tienes diversos objetos con ese color. Y lo usas todos los días.

—¿Lo uso? —indagué confundida.

—Sí. Aquí —habló, tocando mis mejillas.

—Argh, no me lo recuerdes.

—Me gusta, creo que fue una de las primeras cosas que me llamó la atención de ti.

—¿De verdad? Creo que la primera cosa que noté en ti fue tu cabello. Habías acabado de salir del baño cuando abriste la puerta para mí y estaba mojado. Tus ojos también llamaron mi atención. Era como si fuese totalmente diferente del Edward que veía en las revistas, como si ellas no pudieran capturar realmente su belleza.

—Las revistas nunca consiguen capturar las cosas, sea por fuera o por dentro, es todo un montaje de mentiras.

—¿No encuentras irónico que seas novio de una periodista? —pregunté riendo.

—Es diferente, cuando estoy contigo, poco me importa tu profesión. Aunque tengas que escribir un artículo sobre mí, no siento como que me estés usando.

—Y no lo estoy. Por mí no escribiría esa porquería de artículo sobre ti. ¿Qué voy a revelar? "¿Fui a escribir un artículo, conseguí un novio?" "Entonces, ¿debía estar trabajando, pero preferí pasar mi tiempo con los brazos de Edward Cullen a mi alrededor?" —sugerí, haciendo a Edward reír.

—Creo que debería ser algo como "Edward Cullen, el mejor novio del universo", ahí copias y pegas la misma frase en todas las cuatro páginas que tienes derecho en la revista. Lo encuentro bien profesional.

—Aham, tan profesional como esta relación que mantenemos.

—No me arrepiento de un solo segundo.

—Mucho menos yo.

Permanecimos en el jardín hasta que la hora del almuerzo se acercó, intercambiando pequeñas informaciones y descubriendo siempre un poco más sobre nosotros mismos. Era gracioso ver cuánto tenía en común con Edward y al mismo tiempo descubrir que teníamos gustos completamente diferentes en otros. Él, por ejemplo, odiaba ver series de televisión. ¿Qué persona no le gusta ver un buen seriado? Aparentemente mi novio.

—¿Ni Friends? —pregunté indignada mientras preparaba la masa de la lasaña.

—He visto solo algunos episodios. Es gracioso, pero nada que me haga tener ganas de detenerme y mirarla.

—¿Cómo no?

—No sé, Garrapata, no tengo mucha paciencia para eso. Prefiero ver películas.

—Pero es como si fuese película.

—No. Es una historia sin fin que los autores se quedan alargándola hasta no poder más; solo deciden poner el punto final en el momento en que los canales desisten de trasmitirlo y lo cancelan.

—Dios mío —hablé perpleja, mirándolo—. Sabía que tenías que tener algún defecto.

—Tengo varios —dijo Edward, soltando una carcajada.

—Pero ese es gravísimo. ¿Y si quisiera un día acostarme en el sofá y ver las diez temporadas de Friends? DVD por DVD episodio por episodio.

—Vas a tener que tener mucho tiempo.

—¿No lo verás conmigo?

—¿Tengo que verlo?

—Pero es gracioso. Podemos reír juntos de las bromas de Chandler.

—¿Es un personaje?

—¡Dios mío, no sabes ni quien es Chandler!

—Garrapata, estás alterándote un poco con este asunto. Sabes que todos ellos son personajes ficticios, ¿cierto?

—¡Pero Chandler es tan gracioso!

—Puedes verlo sola.

—Tsc. Ustedes se llevarían tan bien —murmuré, sacudiendo la cabeza de un lado para otro.

—¿Qué tal si cambiamos de asunto? ¿No quieres mi ayuda para preparar la lasaña?

—Claro que quiero, pero primero voy a terminar de freír la masa.

Apenas terminé lo que estaba haciendo, le pedí a Edward que me ayudara a hacer la salsa blanca y roja. No era la persona más talentosa del universo en esta área, entonces todo lo que hizo fue remover los ingredientes en la coquita —siempre con una sonrisa tonta en el rostro y diciendo que era prácticamente un chef. Pobrecito.

Cuando terminamos de poner capa por capa de lasaña en un molde, esperamos el tiempo necesario para que todo estuviera listo.

—Esperar me está dando hambre —dijo él.

—Unos cinco minutitos más —hablé, mirando el horno.

—Cinco minutos tardan mucho —refunfuñó.

—Detén el drama.

—¡Hey, no me roles los ojos! Estás enfadada solo porque no me cae bien tu "amigo" —dijo, haciendo las comillas en el aire— Chandler.

—Eso es algo típico que Ross diría.

—Estás loca.

—No te gusta Friends —dije.

—¿Sabes lo que ayudaría que los cinco minutos pasen más rápido?

—Ahora solo faltan cuatro.

—Ok, los cuatro minutos pasen más rápido.

—¿Qué?

—Besito —dijo con los labios formando un puchero y haciendo que una sonrisa se formara en mi rostro.

—Ok —hablé, acercándome a él—. Sabes que voy a molestarte hasta que veas todas las temporadas conmigo, ¿verdad?

—Lo sé.

—Perfecto —dije, juntando mis labios a los de él hasta que la alarma del horno comenzó a pitar, señalando que el almuerzo estaba listo.

Edward no escatimó en elogios a mi comida y, si no fuese por el hecho de que se comió dos platos, diría que estaba exagerando solo para intentar agradarme. Como habíamos planeado por la mañana, fuimos a la sala de cine y Edward me dio permiso de elegir una película en su basta colección.

—Creo que deberíamos ver este —hablé, girando hacia él la carátula de un DVD llamado "Vagina: la película".

—Mierda, olvidé que eso estaba ahí.

—No, no, ahora estoy interesada, leamos la sinopsis.

—No hagas eso, Garrapata —habló, acercándose a mi e intentando quitarme el DVD de la mano, pero salí corriendo… y gritando la sinopsis por la casa.

—Después de cinco mil años de éxito en todo el mundo, llega "Vagina" un éxito en taquilla. Ella es mojadita, acogedora y caliente —gritaba y él corría detrás de mí.

—¡Garrapata! ¡Cállate!

—En esta película veras que no existen dos vaginas iguales, pero todas son excitantes —terminé, con lágrimas en los ojos de tanto reír.

—Eso es viejo, devuélvemelo —pidió.

—¿Quieres tu "Vagina" de regreso?

—Quiero guardar el DVD.

—Ok —hablé, entregándole la caja—. Vaginas… ¿Cómo son? Acogedoras, ¿cierto?

—Calentitas y mojaditas también —dijo, dándome un guiño y haciéndome sonrojar—. Al momento de estar gritando por la casa no tienes vergüenza, ¿cierto?

—¿Cómo alguien escribe una sinopsis de una película porno así?

—Porque quién lee la sinopsis de una película prono es una mujer, el hombre solo mira la portada —dijo mientras regresábamos nuevamente al lugar donde estaban los DVD's

—Hey. ¿Cuál es este de aquí? —indagué, retirando un DVD más del estante.

—Ay, no puedo creer que olvidé otra película porno ahí.

—No, está escrito "cumpleaños de tres años de Edward"

—Ah, sí. Bueno, creo que el título se explica solo.

—¿De verdad que aquí está tu cumpleaños? ¡Es esto lo que vamos a ver!

—¿De verdad que quieres ver eso?

—De verdad.

Casi muero de tanta ternura. Edward era el niño más lindo del universo. Seguía los pasos de Emmett durante toda la fiesta, sonreía a todo el mundo que llegaba y después iba al lado de Esme detrás de la comida.

Alice aparecía algunas veces en el video, corriendo por la fiesta levantándose la falta del vestido y mostrándole a todos sus pantaletas de algodón blanco. Esme siempre detrás de la niña, diciéndole que debería bajarse el vestido

Carlisle estaba hermoso a morir, veinte años más joven y mostrando que la familia Cullen definitivamente sabía envejecer bien. Edward estuvo provocándome en cierto momento, diciendo que estaba babeando por su padre. Solo rolé los ojos, no necesitaba saber que era cierto.

—¿Te gustó el típico cumpleaños infantil de los Cullen? —cuestionó Edward, retirando el DVD.

—¡Lo amé!

—Solo pensar que de aquí en poco más de un año vamos a estar en una de esas —habló y a mi corazón solo le faltó detenerse.

—¿Qué? —pregunté, mi voz saliendo baja.

—El bebé que Rosalie está esperando. Mi sobrino o sobrina.

—Ah, sí. Que susto.

—¿Qué? ¿Pensaste que estaba hablando de un hijo nuestro? —indagó riendo.

—No sé, no recordé a Rosalie en el momento. Creí que estabas planeando algo sin informarme antes.

—No, no. No digo nunca, definitivamente quiero tener hijos, pero no ahora o en un futuro próximo.

—Perfecto.

—¿Pero quieres tener un día?

—Un día bien lejano.

—Bien lejano.

—Eso.

—Ok. ¿Acabamos de discutir sobre hijos?

—Sí —respondí riendo—. Bueno, por lo menos estamos en la misma página.

—Sí, pero en compensación, en el tema del historial familiar, estoy en desventaja. Ya viste hasta mi fiesta de cumpleaños y no he visto ni una mísera foto tuya de niña.

—Espera aquí —hablé, saliendo de la sala y yendo hasta el segundo piso a buscar mi notebook.

Cuando regrese, Edward estaba ansioso, mirando a lo que tenía en las manos. Encendí el aparato y apenas se inicializó, fui a mi carpeta de imágenes. Después puse el cursor encima de un álbum llamado infancia y lo giré hacia Edward.

—Tienes que prometer que no vas a reírte de mis fotos.

—De ninguna manera. Lo prometo.

—Si te ríes voy a enojarme.

—¡Vamos, Garrapata!

Abrí el álbum y dejé que las fotos pasaran de manera aleatoria. La primera en aparecer era yo de bebé en los brazos de mi madre.

—¿Tu mamá?

—Sí. Era linda, ¿eh?

—Mucho.

En seguida apareció una foto de mi primer baño, o como Edward decidió ponerle "mi primer salida sensual". Idiota.

La secuencia vino con algunas fotos de mi familia, en la que tuve que describir a cada pariente. Por último, había una foto mía con el cabello totalmente desordenado, llorando y con Tommy en la mano.

—¡Caramba! Realmente no te peinabas.

—¿No ves a mi padre al fondo? —pregunté, apuntando a Charlie que estaba con una cara de frustración y con un peine en la mano, probablemente corriendo detrás de mí—. Sue fue quien sacó esa foto. Charlie había intentado peinar mi cabello y yo estaba haciendo un escándalo. Recuerdo que Sue me dijo que un día, cuando fuera mayor, recordaría ese momento y en lugar de llorar reiría. Obvio que en esa época no le creí, pero hoy en día veo que tenía total razón. La cara de frustrado de mi papá siempre me saca una carcajada.

—No has cambiado mucho. Quitando el hecho de que ahora te peinas el cabello. siempre fuiste una niña bonita.

—Era una niña tierna —hablé, observando mi foto—. ¿Ahora estamos a mano?

—Sí —concordó feliz.

Miramos una película más y un poco antes de que la película llegara a su fin, Dimitri llamó por el interfono, cuando Edward atendió dijo que había una encomienda para nosotros.

—No necesito ni preguntar quién lo mandó —hablé, viendo que tenía dos ganchos en la mano.

—Alice. Tiene una tarjeta —dijo, abriendo el paquete y leyendo en voz alta—. "Disculpa, olvidé completamente de separar ropa para ustedes. Hoy es el cumpleaños del mejor amigo de Jasper y no tengo cómo ayudar. Bella, si necesitas de alguna cosa puedes llamarme que encontraré la manera. Disculpen, chicos."

—¿Eso significa que estoy libre de gente revolviendo mi cabello y haciéndome las uñas?

—Creo que sí.

—Perfecto —suspiré—. La fiesta es en un club nocturno, ¿cierto? Por lo menos no hay una alfombra roja.

—No vamos a estar ni un minuto sacándonos fotos, relájate.

—Déjame ver qué mandó para mí.

El vestido que Alice había elegido era un valentino. Al menos era lo que decía la etiqueta. Recordaba bien el estilo romántico de otro que había usado una vez. Pero este tenía las mangas largas de encaje, cuello y super corto.

—¿Por qué tiene las mangas largas si solo va hasta tu trasero? —preguntó Edward—. ¿Solo sientes frio del trasero para arriba?

—No sé. Pregúntale a tu hermana, no entiendo nada de eso.

—¿Vamos a terminar de ver la película luego nos arreglamos?

—Ok.

Apenas la película terminó, subí a mi cuarto y Edward fue al de él. Encontramos que bañarnos juntos no iba a funcionar mucho si queríamos estar listos en una hora.

Al salir de la ducha caliente que tomé, agarré el gancho con la ropa que Alice había elegido. El vestido se moldeó perfectamente a mi cuerpo, pero encontraba que estaba demasiado corto.

—¿Estás lista? —indagó Edward, entrando en el baño.

—Solo estoy poniéndome los aretes —respondí, mirando su reflejo en el espejo—. ¿Qué pasó? es muy corto, ¿no es cierto? ¡No sé porque Alice inventa estas cosas! Tengo miedo de tropezar y que todo el mundo vea mi trasero.

—Habla despacio, Garrapata.

—¿Se puede ver mi trasero? —pregunté, moviendo mi cuerpo de un lado para otro.

—No. Juro que estoy intentándolo y no he logrado ver nada.

—Ok —exhalé con fuerza—. Siempre me pongo nerviosa cuando tenemos que ir a esos eventos donde la prensa va a aparecer. Y ahora que Alice no está aquí para maquillarme y peinarme, me siento un poco insegura.

—No veo ningún problema.

—Porque eres hombre, no entiendes de esas cosas. ¿Tengo que entrar junto a ti? ¿No hay otra entrada?

—No es tu obligación, pero me gustaría mucho tenerte conmigo —dijo, tan honestamente que me di cuenta que no me quedaba otra salida—. Si te estas sintiendo tan insegura, puedo pedirle a Alice que alguien venga aquí y arregle tu cabello.

—¿Por qué? ¿Está así de feo?

—Quien está toda paranoica eres tú.

—Pero acabas de decir que vas a buscar a alguien para arreglar mi cabello, o sea, me estás diciendo que está desarreglado.

—Garrapata, no fue eso lo que dije… —dijo él, un poco nervioso—. Lo que quise decir es que estás un poco insegura, eso lo concluyo por lo que dijiste antes, entonces si quieres, puedo llamar a Alice y ella va a encontrar una manera… no que crea que necesitas de algo, para mi estás perfecta. Tú eres la problemática. No es que seas problemática siempre, solo hoy. En este momento. Ahora. Está un poco incómodo, ¿cierto?

—Hacía tiempo que no te veía así de nervioso —hablé, recordando los tiempos que aún no estábamos juntos y siempre se ponía tenso cuando yo interpretaba algo que él había dicho de manera comprometedora.

—¿Ese drama que acabó de pasar fue apropósito?

—No. Parcialmente. Y ven aquí, ¿me estás diciendo dramática?

—Claro que no, fue solo… ¡Hey! ¡No me lo vas a hacer de nuevo! —dijo con tono acusatorio, haciéndome reír.

Apliqué un poco de máscara en las pestañas y en seguida una sutil pincelada de rubor rosado en mis mejillas. Puse labial nude y miré mi reflejo en el espejo.

—Creo que estoy lista —hablé, girándome hacia él—. Si puedes verme todas las mañanas con lagañas en los ojos, creo que no importa mucho lo que otros van a decir, ¿eh?

—Con lagañas y babeando. Y a veces también roncas.

—¡No ronco!

—Un día voy a filmarte, solo para probártelo.

—¡Lo dudo! —hablé, quitándome frente a él.

—¡Hey, espera! —dijo, sosteniéndome del brazo.

—¿Qué pasó? —pregunté preocupada, creyendo que algo estaba mal.

—Estás hermosa —dijo sonriendo y agachándose para tocar sus labios levemente con los míos.

—Gracias —sonreí como una boba enamorada—. Tú también.

—¿También estoy hermosa? —indagó pestañeando.

—Sí. Tienes hasta un poco de labial en los labios, solo falta ponerte sombra. Espera un minutito —hablé, yendo hasta mi bolsa de maquillaje, pero logró detenerme de la cintura antes de que pudiera agarrar mi estuche de sombras. Carcajadas dejaban mi boca.

—Muy graciosita —comentó y, con eso, me besó hasta que paré de reír y retribuí sus pequeños gestos con afecto.

—Estás hermoso como siempre —elogié y en seguida llevé mi mano hasta sus labios, limpiando los vestigios de labial que habían quedado en su rostro.

—Gracias. ¿Lista?

—Sí.

El lugar que habían elegido para el lanzamiento del primer CD del más reciente éxito de la disquera, el cantante de hip-hop Joey Gee, también conocido como Joey Daddy —a veces me pregunto si esos cantantes simplemente ponen en Google "cómo crear un nombre de rapero"— estaba lleno de fotógrafos y artistas que también tenían sus CDs lanzados por la misma disquera.

Jessica ya había llegado al club nocturno antes de nosotros y después de hablar brevemente con Edward —esta vez sin molestarse en discutir cuán inapropiado sería mi presencia con él en las fotos, ya sabiendo muy bien que sus palabras entrarían por un oído y saldrían por otro— indicó que podríamos entrar en cualquier momento.

Cuando salimos del carro, parecía que los paparazzi tenían una alarma que se activaba apenas Edward ponía los pies sobre el cemento. Miradas fueron lanzadas hasta nosotros, y los flashes comenzaron a ser disparados. Los de seguridad del lugar lograron mantener a los fotógrafos a una buena distancia, pero las fuertes luces de sus máquinas dificultaban mi caminata. Edward tal vez intentando protegerme, puso una mano en mi cintura y me guio hasta la entrada del lugar.

Los paparazzi pidieron una foto y Edward paró para sonreír a una, su mano aun tocando sutilmente mi cintura. Satisfechos con la foto que obtuvieron, los fotógrafos agradecieron y comenzaron con las preguntas que estaban tardando para ser hechas.

—¿Dónde está Tanya? —gritó uno de los hombres.

—Deja a Tanya de lado, Edward. ¡Isabella es mucho más bonita!

—¡No, prefiero a Tanya! Una foto más, Edward, por favor —gritó uno más. Espero que su cámara caiga al suelo y se quiebre.

Al entrar al lugar logré ver a algunas celebridades, meseras vistiendo una corta falda y blusas blancas servían las bebidas y el champagne, la música que sonaba era alta y probablemente una de las pistas que hacía parte del CD de Joey Gee.

—Dios ¿cómo es que hacen un lanzamiento de un CD de esa manera? —indagué, cuchicheando en el oído de Edward.

—¿Será que vamos a tener que escuchar sus canciones la noche entera? —Edward preguntó riendo.

—Hay una parte reservada para nosotros —dijo Jessica empujando a Edward.

Nos quedamos en una parte con un sofá rojo y una mesa, probablemente el área VIP del club nocturno. Una mujer vino en seguida a servirnos, preguntando si necesitábamos alguna cosa. Jessica pidió un agua, Edward y yo optamos por una copa de champagne, intercambiando miradas y sonrisas en seguida, ambos recordando la última vez que bebimos el burbujeante líquido.

—Tanya no viene —habló Jessica. ¿Alguien le preguntó algo?

—Hmmm… —fue el único comentario de Edward.

—No hay necesidad de quedarnos mucho tiempo en la fiesta, podemos irnos después de treinta minutos o algo así. Joey Gee hará un show de dos canciones del CD dentro de diez minutos y después serás libre —informó.

—Ok —dijo Edward de manera cortante. Las cosas no andaban muy bien entre los dos, cualquiera podría notarlo.

Como Jessica había dicho, Joey Gee subió al escenario y cantó dos canciones de su primer CD, "Joey Daddy in Da House". Aunque hiciera un tipo de música que era muy común de escucharse por ahí, el joven cantante de apenas veintidós años poseía una contagiante alegría que me hizo querer levantarme del sofá algunas veces. Mis pies se movían sin que pudiera controlarlo y noté que Edward también estaba disfrutando. Jessica estaba pegada al celular, sin quitar los ojos en ningún momento de la pequeña pantalla.

Al final de la presentación, Joey habló con algunos famosos y no tardó en llegar a Edward.

—¡Edward Cullen! ¡Que honor tenerte en mi fiesta! — dijo el nuevo cantante, dándole un fuerte abrazo a mi novio.

—Imagínate… muy animado tu show, casi no puede detenerme.

—Hombre, tenemos que grabar una canción juntos. ¿Has pensado en adicionar un poco de hip-hop a tus canciones? ¡Hoy en día todo el mundo está haciéndolo y como puedes notar puede funcionar! Tu estilo y el mío juntos, no hay manera de que la gente no lo disfrute —Joey habló animadamente.

—Podemos conversar sobre eso en un futuro —dijo Edward, intentando no dejar al hombre sin esperanzas.

—¿Y quién es esta bella muchacha? —Joey preguntó mirándome.

—Ella es mi… periodista. Digo, está escribiendo un artículo sobre mi para una revista.

—Ah, celebridad del mes, ¿correcto? ¡Si hubiera sabido que quien escribía el articulo era una mujer tan bonita como tú, estaría pidieron para ser la próxima persona en la lista! —elogió. Yo, si fuese él, cesaría un poco los elogios o Edward definitivamente no aceptaría hacer ninguna canción con él.

—Gracias —respondí avergonzada y evitando mirar el rostro de Edward.

—Además, ¿qué está haciendo una mujer como tu parada aquí? Vamos a la pista de baile —habló, halando mi mano.

—No, soy una pésima bailarina —hablé, intentando evitar que el cantante me halara, pero estaba difícil. Al mirar a Edward, ahí estaba estampada la cara de celos. Estaba a punto.

—¡Insisto! —exclamó Joey con una sonrisa. Mierda.

—Vamos —dijo Edward, entonces, poniendo una de sus manos en mi espalda—. Ya tenemos que irnos, pero creo que nada nos impide de bailar una vez.

No tenía idea de lo que estaba planeando, probablemente las tres copas de champagne que había tomado debían haberlo dejado un poco achispado, porque no podía creer que nos estaba empujando a la pista de baile. Joey no se quitaba de mi lado y Edward seguía detrás sin dejar un minuto de hacer contacto con alguna parte de mi cuerpo.

Joey se detuvo en medio de la pista y comenzó a bailar. El espacio estaba lleno de famosos y VIPs, algunos saludando a Edward apenas lo reconocieron. Sentí la mano protectora de Edward envolver mi cintura y miré a nuestro alrededor, sabiendo muy bien que estábamos jugando con fuego. Como había mucha gente junta, no era posible ver la mano de Edward bien, pero apenas Joey me miró y fue a halar mi mano para bailar con él, mi novio me puso más cerca aún de su cuerpo y esta vez abrazando mi cintura por completo con sus dos brazos.

El rapero pareció haber entendido el recado de Edward y desistió de agarrar mi mano, esta vez volviendo a bailar y girándose hacia otra mujer que estaba a su lado.

—No necesitas hacer eso —hablé, girando el rostro y en el mismo momento Edward quitó los brazos que estaban alrededor de mi cintura.

—Disculpa —dijo, exhalando con fuerza.

—Está bien —hablé, pasando suavemente mi mano por la de él.

—¿Vamos? —preguntó.

—Ok.

Le informamos a Jessica que ya estábamos listos para irnos y la asesora fue con nosotros hasta el carro, despidiéndose de Edward y diciendo que lo llamaría al día siguiente para hablar del trabajo.

Cuando llegamos a casa, subimos derecho al segundo piso y fuimos a nuestro cuarto. Me quité los zapatos y me senté en la cama, mis ojos siguiendo cada paso de Edward, él se acercó a mí y besó mis labios de manera dulce.

—Disculpa por ponerme celoso, sé que son tonterías mías, pero es porque ellos no saben. Los tipos te miraban como si fueses soltera y no respetan.

—Edward, ellos no respetarían aun sabiendo que estoy comprometida.

—Algunos respetarían. ¿No viste que Joey se apartó pronto?

—También, debiste prácticamente fusilarlo con la mirada, no es como si el chico tuviese más opciones.

—Voy a parar con eso, lo prometo.

—Ok, no tienes motivos para eso, solo te quiero a ti —dije sonriéndole, lo que me retribuyó de la misma manera.

Me besó nuevamente, lento. Mi cuerpo fue cayendo por completo sobre la cama y él me acompañó, quedando encima de mí. Sus manos pasaron por mi cintura y después por el filo de mi vestido, sobre mis piernas. Mis manos vagaban por su espalda, halando la camisa y queriendo sentir su piel caliente. De pronto, el familiar timbre del celular de Edward se hizo eco por el cuarto.

—Mierda —dijo él, levantándose de encima de mi—. Ya regreso.

—Ok —respondí, sentándome nuevamente.

Edward atendió el celular y no me sorprendí con el nombre que dijo. Pero en lugar de decir que estaba ocupado y después apagar el aparato, continuó hablando con la asesora y su expresión estaba cada vez peor, dejándome preocupada.

—¿Podemos conversar sobre eso mañana? Sinceramente no tengo cabeza para lidiar con eso ahora —dijo él, haciéndome levantar de la cama e ir en su dirección. Puse mi mano en su espalda y él me envolvió en un abrazo. Mi corazón estaba acelerado—. Jessica, mañana conversamos, por favor. Sí, puedes pasar en la tarde. Buenas noches.

—¿Cuál es el problema? —indagué apenas apagó el aparato.

—Nosotros.

—¿Qué? ¿Cómo así?

—Ellos lo saben. Todo el mundo lo sabe.


.

.

.

Y ahora, con ustedes la segunda entrevista exclusiva con Edward, hecha por Berry, la autora de esta historia ;)

Edward: ¿Aló?

Berry: Hola, Cach… Edward.

E: Ah, eres tú *respira aliviado*

B: Sí, espero que no sea una mala hora para hacer algunas preguntitas.

E: No es la mejor, pero vamos ahí.

Bella: ¿Quién es? *Preguntando al fondo*

E: Es Berry.

Bella: ¿Qué quiere?

E: Hacer una entrevista, no sé. Voy a poner el altavoz.

B: Yo no aconsejaría poner el altavoz.

Bella: ¿Por qué? Van a hablar de mí, ¿cierto?

B: ¿Está haciendo mala cara?

E: Lo está. Quiero decir, no es que tu cara lo sea, en algún momento, mala, pero es cara enojada. Porque siempre eres hermosa, lo juro.

Bella: Para de justificarte, Edward.

B: Comencemos pronto esto porque no tengo todo el tiempo del mundo.

E: ¿De verdad? ¿Qué vas a hacer hoy? Escuché que ya estabas de vacaciones.

B: voy a hacer un montón de cosas, basta de querer chismosear. Primera pregunta es de Mistew. Ella quiere saber ¿cuál crees que será la reacción de Jessica cuando ustedes cuenten sobre su relación?

E: Bueno, no necesito imaginarlo. Acabó de llamarme y por la manera que habló, no está contenta. Solo un minuto *aparta el teléfono* calma, Garrapata. No voy a tocar más ese asunto, listo.

B: Puedo escuchar.

E: Volví. Sin preguntas en relación a Jessica, por favor.

B: Está bien. Tienes una lectora llamada Bruna, está bastante interesada sobre lo que piensas de Bella. Ella quiere saber si ella siempre te sorprende en la cama y si en poco tiempo de convivir puedes realmente confiar en alguien.

E: ¿Si ella me sorprende? *ríe* Sí, claro. Nunca imaginé que tomaría la iniciativa y pusiera mi pene…

Bella: ¡Edward! ¡Cállate!

B: ¿Está sonrojada?

E: Mucho *ríe aún más*. Y volviendo a la pregunta, creo que la convivencia con ella me hizo creer que es posible confiar en una persona en tan poco tiempo. Además, el tiempo es algo tan relativo, hay gente que permanece viviendo años con una persona y después descubre algún tipo de traición, que la persona tiene una segunda familia y todas esas cosas. Confío en mi Garrapata.

B: Despídela a ella, enfócate en la entrevista.

E: Cómo sabes que yo…

B: Lo sé todo. Siguiente pregunta es de Polly y ella quiere mucho saber dos cosas. Una es cómo consigues ser tan sexy, gracioso y tierno al mismo tiempo.

E: *ríe*

Bella: ¿Quién es esa chica?

B: Ella es buena persona, dice hasta que si quisieras puedes contratar los servicios de ella para sacar a Jessica del camino.

Bella: ¿De verdad? Dile que, en caso de ser necesario, entraré en contacto. Y dile que quite sus ojos de mi novio.

B: Bien, creo que ella no está con el ojo en tu novio, porque preguntó si no tiene algún amigo para presentarle. ¿Lo tienes, Edward?

E: No, pero Alice debe tener alguien para presentarte. O mejor, ¿por qué no le presentas a Jacob, Garrapata? Apenas se despegue un poco de ti…

Bella: Él es mi amigo, por eso nos hablamos tanto. Y además que… *ríe*

E: ¿Qué?

Bella: Nada, nada. Siguiente pregunta, ¿eh?

B: Eso. Hablando de Jacob, Prihhh quiere saber si nunca sentiste nada extraño al mirar a Jacob.

E: Claro que lo sentí. Siempre me mira por el rabillo del ojo, piensa que no lo tono. Eso es para provocarme, aún más cuando está con Bella.

Bella: *ríe*

E: ¿De qué te estás riendo?

Bella: Nada, nada. Siguiente pregunta, por favor.

B: Lariis quiere saber lo que tú, Edward, sentiste cuando tuviste tu momento íntimo con las chicas.

E: Sentí a las chicas apretando mi pene *rie* creo que nunca vi a Garrapata estar con las mejillas de ese tono de rojo.

Bella: ¡Para de hablar de nuestra intimidad!

B: Esa lectora sufre del mismo problema que tú, Bella. Además, ¿será que ella está con las mejillas rojas también?

Bella: Si no lo está, yo estoy por las dos. Siguiente.

B: Thaaascs quiere saber cuál atractivo de Bella más te gusta.

E: Pechos.

B: Dijo que de la personalidad. No vale los pechos. Tan previsible…

Bella: Él solo está conmigo por los pechos, ¿no quedó obvio?

E: Me gusta todo de ella. Lo que me gusta más, creo que es su manera cariñosa de ser. Creo que soy más cariñoso que ella *ríe*, pero ella nunca deja de demostrarlo.

B: Bella, deja a Edward. Después se besan.

Bella: Cómo sabes que…

B: Lo sé todo. Última pregunta es de Giu. ¿Qué sientes cuando tocas y cantas tus canciones?

E: Me siento casi que en otra dimensión. Es como si solamente la música tuviera sentido y olvidara todo lo que está a mi alrededor.

B: ¡Por hoy es todo! Gracias por la atención. Ahora pueden regresar a preocuparse por la llamada de Jessica.

Bella: Mierda *voz nerviosa*

E: Y yo creyendo que eso la iba a distraer. No sirvió, ¿eh?

B: ¡Lo siento! ¡Hasta la próxima!

E: Chao.

*cuelga*