Declaración: Los personajes no me pertenecen, le pertenecen al maravilloso tío Rick… y la trama le pertenece a Quinn Loftis.
Capítulo 15: Atenea XV
"Cuando vives en un mundo donde sabes que existen otras cosas, cosas que no son humanos, te tornas vigilante. Constantemente miras por encima del hombro y contemplas en las sombras para ver lo que se esconde. Sin embargo, los seres sobrenaturales rara vez se revelan. Eventualmente, a medida que pasa en tiempo, te haces más complaciente y vuelves a vivir en tu burbuja, al igual que aquellos que no saben nada más allá de lo que sus ojos les dicen. Entonces una simple llamada telefónica, una que piensas que está trayendo buenas noticias, rasga a través de la seguridad que te habías construido en tu burbuja. Y ahora estas expuesto, ya no estas blindado, ya no es seguro.
-Atenea"
Mona estaba de pie en el aeropuerto lleno de gente, esperando a que su presa saliera del avión. Ella odiaba ese lugar, que estaba lleno con el sonido de la charla humana y el hedor que llevaban consigo. Incluso en su ignorancia captaban la amenaza que representaba Mona: captaron su "otredad", aunque era probablemente subconsciente. Como cualquier depredador, estar en medio de la presa simplemente la hacía querer atacar. Sonrió para sí misma al pensar en los estragos que podría causar en este lugar donde los mortales se escabullían como hormiguitas. Podría aplastarlos con un simple giro de su mano. Pero entonces ¿Dónde estaría la diversión en eso?
Girando su atención de los que la rodean, se concentró en la señal de salida por encima del pasillo donde Atenea Chease debería surgir en cualquier momento. Había ensayado ser amable en el espejo. Ahora eso sí que era triste, se había dicho, tener que practicar el ser agradable. Su sonrisa parecía más a una mueca de desprecio y su riza podía rizar los dedos de los pies, incluso de los hombres más duros. Solo tendría que esperar que Atenea no se intimidara fácilmente. Y si lo hacía, entonces tendría que hacer algo para mantener la calma hasta que fuera capaz de entregarla al Rey Hechicero.
Si, pensó, este promete ser un día interesante.
Atenea recogió sus pertenencias, moviéndose tan lentamente como era posible. Pensó de nuevo en el día en que recibió la llamada telefónica. Ella sabía que no era Sally en el otro extremo de esa línea, y por eso estaba de pie en un avión que acababa de aterrizar en Rumania. Algo estaba mal. Había pasado un tiempo desde que el sexto sentido, como ella lo llamaba, había hecho acto de presencia. Pero podía sentir profundamente en su interior que algo estaba pasando. Había tomado la decisión de no llamar a Annabeth o cualquier otra persona en la manada rumana hasta que tuviera más información. Atenea podía sentir que la "individua" con la que había hablado era extremadamente peligrosa. No quería llamar a los lobos antes de saber si al hacerlo pondría en peligro a Annie.
Simplemente había empacado sus cosas, dispuso que su gente se hiciera cargo de la tienda, mientras que ella estuviera fuera, y ella misma había conducido al aeropuerto. Había sido un largo vuelo, con su laboriosa especulación de que podría estar mal. Había enviado un texto a Annie solo para asegurase de que estaba bien, pero no menciono que estaba camino a Rumania.
Ahora estaba aquí, estancada. La azafata asomo la cabeza y sonrió.
-¿Todo bien?- pregunto ella dulcemente.
-Um, sí, todo está bien. Me estaba asegurando de tener todas mis cosas- le dijo Atenea mientras ponía su bolso sobre su hombro y se dirigía a la salida. Ella siguió el largo pasillo que une el avión al aeropuerto. Le habían dicho que la señorita recogiéndola seria "diferente". Atenea no estaba segura de que esperar, pero cuando levanto la vista mientras salía al pasillo, la mujer esperándola sin duda era eso.
Alta, con el cabello largo y negro que tenía una franja de color blanco en la parte delantera, tenía los ojos de colores diferentes, uno azul y otro verde. Era hermosa de una manera muy extraña, pero llamativa. Sus labios eran carnosos y rojos, y cuando rompió en una sonrisa hizo que la piel de Atenea se erizara. Entre más se acercaba Atenea a la mujer, más se daba cuenta que era el mal que emanaba de la mujer lo que le estaba causando molestias.
La mujer llevaba una capa roja, lo que era extraño en sí mismo, ya que parecía algo que alguien se habría puesto hace un tiempo muy largo. El aire alrededor se tornó más frágil y, como una barrera invisible, la gente en el aeropuerto le daba un gran rodeo. Parecían sentir lo que Atenea, que esta no era alguien con quien se juega.
-¿Atenea?
La voz de la mujer rastrillo sobre Atenea y tomo todo en ella no dar un paso atrás. Pego una sonrisa en su cara y asintió.
-Eso es correcto ¿y usted es?- pregunto ella tratando de invocar su educación sureña para ser cordial, sin importar lo mucho que quería dar la vuelta y correr tan lejos como pudiera del mal de pie delante de ella.
-Soy Mona. Sally me ha enviado a recogerte.
Claro, pensó Atenea y si digo Beetlejuice tres veces un tipo albino espeluznante con mal cabello se mostrara.
-Bueno, es un placer conocerte- Atenea extendió la mano para estrechar la de Mona.
Mona miro la mano que le ofrecía y Atenea vio una mirada de disgusto pasar rápidamente por el rostro de la mujer antes que fuera enmascarada con lo que solo podría describirse como leve desagrado. Tomo la mano de Atenea, agarrándola a la ligera como si fuera a atrapar algo debido al simple contacto. Después de una sola sacudida rápidamente aparto la mano. Atenea limpio discretamente su palma en los vaqueros, tratando de librarse de la fría maldad del contacto de Mona.
-¿Vamos?- Mona hizo un gesto en la dirección que ella quería que Atenea siguiera- la manada está esperando y sé que Annie se sorprenderá de que estés aquí.
-Apuesto a que lo hará- Atenea sonrió mientras seguía a Mona- más que sorprendida, la pobre siempre tan adorable- murmuro en voz baja.
Era evidente por la forma en que Mona caminaba rápidamente a través del aeropuerto que ella ya sabía a donde iba. Atenea casi tuvo que correr para mantenerse al día con las largas piernas de la mujer frente a ella. Y mientras caminaban, se sorprendió cuando vio a la gente moverse rápidamente fuera del camino de Mona. Caminaba directo, nunca teniendo que caminar alrededor de alguien. La gente simplemente se movía, como la división del Mar Rojo frente a ella. Atenea quería estar impresionada, pero, francamente, era un poco más que espeluznante.
La pareja finalmente llego a la entrada del aeropuerto. Cuando salieron, Atenea vio que había un auto negro esperando ¿Por qué el auto siempre es negro cuando estas siendo secuestrado? Pensó sombríamente Cuan cliché.
Un conductor rápidamente rodeo el auto y abrió la puerta de atrás. Mona entro en este primero y Atenea subió detrás. Antes de darse cuenta, estaban fuera. Las ventanas estaban tintadas tan oscuramente que Atenea apenas podía divisar el paisaje a su alrededor. Fue sacada de su intento de ver a donde iban cuando Mona hablo:
-¿Cómo estuvo tu vuelo?
-Estuvo bien. Largo, pero bien- Atenea sonrió.
La sonrisa de Mona regreso pareciendo que podría funcionar como la doble de la máscara utilizada en las películas Scream.
-Entonces ¿Cómo están Annie y los demás?- pregunto Atenea, buscando cualquier grieta en la persona que Mona parecía haber adoptado.
-Les está yendo bien- fue la única respuesta que Mona dio. La mirada tensa en su cara le dijo a Atenea que cualquier otra pregunta sería ignorada. Continuaron el viaje en silencio, con Mona mirando por la ventana del pasajero y Atenea su reflejo en el otro lado.
Finalmente, el auto giro hacia un camino de tierra, que pronto comenzó a serpentear una montaña. Los arboles crecían encima de la carretera, sus ramas se extendían sobre ella, buscando el uno al otro a través de la extensión. La oscuridad había empezado a descender a medida que continuaban más arriba en las montañas. Atenea estaba a punto de preguntar cuánto tiempo más iba a ser cuando una gran casa apareció a la vista. El conductor giro en el largo camino de entrada.
Se detuvieron en el camino circular de lo que ahora veía Atenea no era una gran casa, sino más bien una pequeña mansión. Salió del auto y miro hacia arriba, y arriba, y arriba, a lo más alto de la casa, que era de por lo menos tres pisos de altura si no más.
Ella vio mientras Mona bajaba del auto, esta vez la sonrisa en el rostro de Atenea fue una lobuna.
-Ahora sería un buen momento para cortar el rollo, ¿no crees? Las dos sabemos que no eres un miembro de la manada rumana. No me has traído aquí a ver a mi hija y podría valerte una mierda como fue mi vuelo. Entonces, ¿Quién eres y que es lo que quieres?
Mona echo la cabeza atrás y soltó una carcajada.
-Oh, hombre, puedo ver de dónde Annie saco sus agallas. Definitivamente lo vas a hacer sudar.
-¿Hacer sudar a quién?- pregunto Atenea, sin ocultar la impaciencia que sentía.
-Personalmente, no hago un habito de estar al aire libre y fresco. Llámame lo que quieres, pero me gusta mi aire viciado y estancado- Mona hizo un gesto a los escalones que conducen a la entrada de puerta doble- ¿Por qué no vamos dentro y te explico todo?
Atenea decidió que las cosas se moverían un poco más rápido si no discutía a este punto. Habría tiempo de sobra para eso más tarde. Subió los escalones con Mona justo detrás de ella. La puerta se abrió antes de llegar a ella. Atenea dio un paso atrás y dejó claro que quería que Mona entrara primero. Siguió a Mona por el umbral de la puerta y mientras lo hacía sintió un cambio en el aire y un cambio en su interior. Su vida había cambiado y nunca sería la misma.
El sentimiento fue exacerbado por una alta figura que salió de las sombras. Lo primero que noto fue su altura; era muy alto y muy construido, y tenía las orejas muy puntiagudas.
Esa es nueva, pensó Atenea. Los ojos del hombre brillaban de color amarillo como un gato, y tenía una marcada nariz recta y labios delgados. Incluso con sus cualidades obviamente inhumanas, era más que guapo. Atenea se sintió atraída por el extraño, y algo en ella le dijo que su futuro siempre lo había tenido en el.
-Rey Damansen- Mona salió del camino y empujo a Atenea adelante- la he traído tal como dije que haría… su compañera.
Oh, maldición pensó Atenea no vi esa venir.
Damansen observaba la reacción de la hembra humana que estaba de pie al lado de la bruja. Él estaba sorprendido por su belleza. Era pequeña en comparación con su cuerpo de 1,95 metros. Su cabello era de un color marrón oscuro y se veía tan suave que se moría de ganas de pasar sus dedos a través de él. Cuando sus ojos se encontraron con los suyos, lo sintió en su alma. Tenía los ojos del color de una tormenta a punto de estallar y todas las emociones que estaba sintiendo estaban escritas en aquellos ricos ojos grises. Ella se humedeció los labios y siguió el movimiento como un adicto seguiría a un contenedor de fármaco en la palma de un distribuidor. Dio varios pasos hacia ellas, pero se detuvo cuando estaba a un brazo de distancia.
-¿Cuál es tu nombre?- le pregunto con su voz profunda. El sonrió y tuvo que darle crédito cuando ella no se inmuto bajo su escrutinio.
-Atenea- respondió ella con confianza-¿Y tú eres un Rey? ¿Rey de quien, o mejor dicho, de qué?
Damansen rio.
-Tienes espíritu, pequeña- dijo- sí, soy un rey, Rey de los Hechiceros.
Atenea tosió y escupió, luego trago.
-Lo siento- comenzó ella, debiendo aclararse la garganta otra vez antes de poder continuar- ¿Acabas de decir hechiceros?
Mona puso los ojos en blanco hacia la humana.
-Por favor, dime que no pensaste que lo único que no es humano en este mundo eran los hombres lobo.
Atenea ignoro a Mona, sin dejar de mirar a Damansen.
-Así que es Rey Damansen, ¿correcto?- le pregunto, recuperando la compostura.
Damansen asintió una vez.
-Está bien, solo una pequeña pregunta aquí, pero ¿Por qué querrías que yo sea tu compañera? No me conoces de Eva.
Damansen ladeo la cabeza hacia un lado y frunció el ceño.
-¿Quién es Eva?
Atenea y Mona ambas soltaron un bufido al mismo tiempo, entonces ambas se detuvieron para mirar a la otra.
-Es solo un dicho- Atenea le descarto con la mano- la parte más importante de la pregunta es "¿Por qué yo?".
-No te elegí, Atenea- Damansen observo mientras los labios de ella se tensaban y su frente se arrugaba ante sus pensamientos- Desdemona te trajo a mí.
-¿Quién es Desdemona?
Mona hizo una reverencia de forma espectacular.
-Permíteme que me presente adecuadamente. Soy Desdemona, la última bruja en este mundo. Mi poder está más allá de cualquier cosa que puedas comprender y Damansen tiene información que necesito. Hicimos un trato, una compañera para él y la información para mí. Es solo una ventaja añadida que eres quien eres.
Damansen miro a Mona, tratando de descifrar lo que significaban sus palabras. ¿Quién era Atenea para ella? ¿Qué sabia ella de Atenea?
Miro a Mona y su rostro se convirtió en una pizarra en blanco.
-Dos días- le dijo a ella.
-Sí, si, como acordamos. Tienes dos días con ella. Entonces te quiero listo para ir al velo.
-¡Espera!- grito Atenea cuando Mona se volvió para irse- ¿Qué pasa con mi hija?
Mona se encogió de hombros.
.No sé nada acerca de tu hija.
-¿Por qué tengo la sensación de que está mintiendo?- pregunto Atenea a través de los labios fruncidos.
La sonrisa de Mona se tornó astuta.
-No tengo ni idea, Atenea Chease. Nunca seria deshonesta.
Atenea resoplo.
-Claro, y de un momento a otro entonaras There are a few of my favorite things de Mary Poppins- ella dejo escapar un suspiro exasperado- ¿Puedes decirme si al menos está a salvo?
-Por mucho que me gustaría darte un poco de las ultimas noticias acerca de tu carne y sangre, la verdad… y me da nauseas pensar siquiera esa palabra, es que no sé dónde está por el momento. La última vez que la vi estaba peluda y corría en un campo de batalla.
La boca de Atenea quedo boquiabierta.
-¿Qué?
-Oye, solo lo llamo como lo veo. Ella era peluda y despedazaba mi ejército. Por lo que se, sobrevivió a ello. Así que eso es una ventaja ¿no?
Atenea se quedó sin habla ante la bruja y luego en un abrir y cerrar de ojos, la bruja se había ido.
Ella miro a su alrededor como si Mona fuera a aparecer y gritar "boo".
Damansen dejó escapar un profundo suspiro.
-Puede ser muy dramática a veces.
Su voz llamo la atención de Atenea de nuevo hacia él.
Damansen se levantó y la miro fijamente, sin parpadear y sin vergüenza. Había pasado mucho tiempo desde que había pasado algún tiempo de calidad con una mujer y no podía recordar si alguna vez había estado con una mujer de tal belleza.
Atenea se aclaró la garganta, tratando de no preocuparse por Annabeth porque sabía que no había nada que pudiera hacer al respecto en ese momento. Solo podía hacer frente a la situación frente a ella.
-Así que, ¿Vas a echarme en un calabozo o algo así?- pregunto al alto y apuesto rey. Realmente deseo no haber pensado en ese último adjetivo, pero a decir verdad, era de buen mirar. Annie lo llamaría un dulce para la vista y Atenea estaría de acuerdo.
Damansen sonrió y eso transformo sus facciones duras.
-no tengo ningún plan de lanzarte a una mazmorra. Pensé que preferirías una habitación con una cama e instalaciones humanas.
-Eh- dijo Atenea, levantando una ceja- bueno, eso sí que suena mejor que una mazmorra.
-Sé que debes tener preguntas, y estoy dispuesto a responderlas. Pero realmente me gustaría cuidar de tus necesidades inmediatas. ¿Tienes hambre?
Atenea asintió.
-Pero primero, ¿puedo usar el baño de mujeres?
Damansen señalo al final del pasillo.
-La tercera puerta a la derecha. Voy a esperar aquí por ti.
Atenea camino hacia el baño, solo mirando sobre su hombro una vez. Damansen seguía mirando.
Atenea entro al baño, buscando la luz en la pared y encendiéndola con un golpecito. Cerro la puerta y giro la cerradura. Dejando escapar un profundo suspiro, se miró en el espejo del lavabo. Su rostro estaba pálido y demacrado. Abrió el agua y se mojó la cara con ella. Una toalla colgaba de un gancho y la uso para secar su cara y manos. Colgó la toalla, riéndose de sí misma por ser tan cordial en la casa de su captor. Se encogió de hombros. Bien por ser ordenada.
Cerró los ojos y suspiro, sabiendo que tenía que mantener la calma, sin importar lo mucho que quisiera gritar para que alguien le mostrara donde estaba Annie. Por lo que podía decir hasta ahora, no veía que este Rey Damansen le significara ningún daño, pero Mona había llamado a Atenea su compañera. La manera en que entendía "compañero" significaba una relación a largo plazo, como en el resto de su larga vida. Así que en este punto necesitaba asumir que Damansen no tenía planes de dejarla ir. El no parecía malo, pero luego otra vez él trabajaba con Mona, y ella estaba definitivamente loca.
Salto cuando alguien llamo suavemente a su puerta.
-Atenea- oyó su voz a través de la puerta, y la forma en que su nombre salió de su lengua envió escalofríos por su espina dorsal.
Es solo intenso, Atenea. Te enamoraste de tu captor hechicero. Buena esa.
-¿Está todo bien? Sé que debes estar angustiada y voy a explicar todo lo que pueda, si por favor simplemente confías en mí cuando digo que no significo ningún daño para ti.
Atenea quito el seguro de la puerta y la abrió lentamente.
Levanto la mirada hacia el hombre imponente, bueno, no hombre, sino macho. Su rostro decía que tal vez tenía más de treinta o cuarenta años, pero sus ojos, decían que había visto siglos y siglos. Que historias era capaz de decir.
-Definitivamente me gustaría que me explicaras.
El extendió la mano hacia ella, una petición silenciosa de confianza. Ella lo miro un momento antes de finalmente llevar su mano más pequeña en la de él. Su mano era mucho más grande, y cálida. Tan cálida que sentía el calor moverse por su brazo. Ella deseaba tanto no sentir ese calor, y aun más que eso, deseaba no disfrutar de este. Pero había pasado tanto tiempo desde que había sentido algún calor de, bueno, el tacto de un hombre. Y aunque el termino hombre aplicaba pobremente al rey, él era todo un hombre. Y toda esa masculinidad se concentraba en ella.
Damansen la tomo de la mano y la llevo a la sala más pequeña de la gran mansión. No quería darle la oportunidad de poner demasiado espacio entre ellos. Estaba luchando con que decirle. Había estado emocionado ante la idea de tener una compañera, pero, sinceramente, no esperaba estar tan atraído por la mujer que Mona le había prometido traer. No solo atraído por su aspecto, si no por su espíritu también. Ella llenaba una habitación cuando entraba. El fuego en sus ojos era suficiente para detener a un hombre en su camino. Seguro que lo había detenido a él.
Había algo en ella que era tan bueno, tan real y tan fresco. Odiaba ensuciar eso con la verdad de que estaba por venir. Tal vez solo podía darle una visión general.
-Desdemona es una poderosa bruja- comenzó- ella vino a mí con una proposición, y cuando menciono que me podía traer una compañera, no pude rechazarla.
Atenea se quedó mirando a Damansen mientras hablaba y vio la forma en que sus inusuales ojos no se apartaban de ella, ni siquiera parpadeaban. Era un poco desconcertante.
-Perdóname si parezco un poco confundida, pero ¿Por qué cruzaría todo el camino a Estados Unidos para conseguirte una compañera? Quiero decir, no es como si fueras feo a la vista. Seguramente ella podría encontrar a alguien más cerca de casa ¿Y por qué no buscar una compañera que sea una hechicera como tú?
-¿Crees que soy guapo?- le pregunto Damansen, contento.
Atenea puso los ojos en blanco.
-¿De todo lo que dije, eso es todo lo que captaste? ¿Qué creo que eres atractivo?
-Ha pasado un largo tiempo desde que he estado con una mujer. Tendrás que perdonarme si no se el protocolo- respondió secamente.
-¿Protocolo?- respondió Atenea, con incredulidad- así que ¿Tienes un protocolo para hacer que una bruja secuestre a una mujer para ser tu compañera? Hombre, esto va a estar bueno. Por favor, dime ¿Cuál es exactamente el protocolo para una cosa así?
Damansen se aclaró la garganta y considero su respuesta hacia él. Obviamente, la había molestado.
-No quise decir un protocolo para Mona haberte secuestrado. Quise decir, para hablar con una mujer, ser un caballero.
-Bueno, para empezar, no secuestrarla- Atenea negó con exasperación- solo digo.
Damansen soltó un gruñido mientras se levantaba abruptamente. Atenea se estremeció ante el movimiento rápido.
-Mi pueblo está disminuyendo. No tenemos mujeres. La magia en este mundo está flaqueando porque las Fae se han encerrado en su velo y se niegan a ser molestadas. Es la única esperanza de mi raza. Yo soy su Rey. Un Rey sin Reina, y sin herederos. Te necesito. No te voy a hacer daño. No te faltara nada. Esas cosas puedo prometerte- Damansen estaba sin aliento, con los nervios de punta, porque no entendía los sentimientos que estaba teniendo por una mujer humana que acababa de conocer.
-¿Qué pasa con mi hija?- Atenea levanto una solo ceja- ¿Qué me puedes prometer de ella?
-¿Quién es tu hija?- pregunto Damansen con cautela. Tenía la sensación de que no le iba a gustar la respuesta.
-Ella es la compañera de Perseo Jackson, el hijo del Alfa de los lobos Rumanos.
Damansen dejó escapar un sonido como un siseo.
-Poseidón- susurro el nombre como una acusación.
-Eso es correcto- confirmo Atenea, sin notar la rabia que había empezado a ocultar Damansen.
Desdemona no se había molestado en decirle que la mujer que había escogido para ser su compañera era la madre de la nuera del Alfa. Eso no era bueno.
-No sé nada acerca de tu hija- le dijo con sinceridad- se quién es Poseidón, y lo conocí una vez, hace muchos, muchos años ¿Cómo sabe Mona de tu hija?
Atenea se encogió de hombros mientras se levantaba y comenzaba a caminar por la habitación, mirando a su alrededor.
-Cuando Mona me llamo, ella fingió ser Sally…- miro por encima del hombro a Damansen- compañera de Poseidón. Me dijo que querían sorprender a Annie y traerme a verla aquí a Rumania. Sabía que algo estaba mal, pero le seguí el juego de todos modos.
-Espera- interrumpió el- ¿Qué quieres decir con que sabias que algo estaba mal? ¿Sabías que posiblemente te significaba un daño y viniste con ella de todos modos?- Damansen sabía que su voz había adquirido una cualidad áspera, pero le irritaba pensar que Atenea a sabiendas se había puesto a sí misma en peligro.
-Hare lo que tenga que hacer con el fin de proteger a mi hija. Si eso significa subir a un avión porque una bruja pretende estar invitándome a verla, entonces volare en el maldito avión si lo necesito.
Damansen no respondió. El simplemente la observo mientras ella seguía mirando alrededor de la habitación. Estaba perdido en sus pensamientos, finalmente dándose cuenta exactamente en lo que Mona le había metido. No quería estar en el lado malo de un Alfa, especialmente no uno tan poderoso como Poseidón. Damansen en si era poderoso, no había ninguna duda al respecto, y si Poseidón se enfrentaba solo contra él, podría ser una batalla igualada, pero añade a los lobos de Poseidón en la mezcla y la balanza se inclinaba. Además, Damansen no tenía nada en contra de los lobos, solo quería una compañera. No había planeado que los dos se cruzaran.
Él sabía que Mona quería abrir el velo para dejar salir la horda de demonios y había planeado ayudarla a hacer precisamente eso, pero había algo más profundo que le decía que no continuara. Oh, él podía parecer estar haciendo lo que le pedía, pero podía encontrar la manera de frustrar su plan. Ahora, al ver a Atenea en su casa, al ver tanta bondad que quedaba en el mundo, sabía que no ayudaría a Mona. Si podía convencer a Atenea de quedarse con él, para que tal vez un día lo amara, el movería cielo y tierra.
-Es tarde- le dijo con una voz suave y profunda- te voy a enseñar tu habitación para que puedas descansar un poco. Tengo que pensar.
Atenea l siguió sin decir palabra. La condujo por un tramo de escaleras y giro a la derecha por un pasillo. Pasaron por tres puertas hasta que finalmente se detuvieron en una a la derecha. Abrió la puerta para ella y encendió la luz.
-Hay un cuarto de baño en el interior que debe tener todo lo necesario. Tu bolsa está aquí también- Damansen se volvió para dejarla por la noche, pero se detuvo cuando ella coloco una pequeña mano en su gran brazo. El miro la mano en su brazo y luego a los ojos gris tormenta de su dueña.
-No me pareces malvado- dijo en voz baja- ¿Por qué trabajas con Desdemona? ¿Qué podría ofrecerte que valiera la pena?
Damansen se giró de modo que su cuerpo estaba al ras con el de ella. Dio un paso más y respiro hondo, inhalando su delicado aroma.
Sus ojos se encontraron con los de ella de manera significativa cuando hablo.
-Tu- le dijo- ella te ofreció a ti.
Después de muuucho tiempo les traigo la continuación, para celebrar este fin de año, y la idea es seguir avanzando aunque sea de a poco. Espero que les agrade este capítulo y no les leemos la próxima!
