CAPÍTULO XVIII
PREGUNTAS SIN RESPUESTAS
(Hace un siglo)
El alba había llegado bañando de rocío las hermosas madreselvas. Los pájaros volaban alto, inundando el cielo con sus coloridos cantos.
Mas allá, tendido sobre el suelo y cubierto de seco fango, la claridad de la dulce mañana lo sorprendió aun durmiendo. No era para menos que estuviera exhausto y de poco ánimo, si durante los últimos días había dedicado toda su energía en la construcción de aquel sitio que a ambos daría un cálido cobijo.
Así pues, reincorporándose observo a su alrededor y entonces la contemplo a ella, quien aún dormía sobre su cama de hierba. Acercándose un poco, le acaricio las pálidas mejillas.
"Despierta, ya amaneció", Fénix murmuro a su oído.
La pelinegra ante el toque de sus manos se estremeció y entonces clavo su mirada en la de él; "¿Sigue aquí?", cansada murmuro y mientras se llevaba una mano a su muy abultado vientre.
El hombre asintió; "Deberías dejar de hacer esa pregunta si sabes que sí. Aquí está", coloco su mano sobre la de su amada.
Vencida, la mujer se sentó y cubriéndose las piernas , se acomodó el cabello que caía por sus hombros; "¿Qué será que ha crecido tanto?", intrigada, volvió a preguntarse cómo cada mañana.
"No lo sé", el pelirrojo respondió al mismo tiempo que una sonrisa se dibujaba en su cansado rostro. "¡Vaya!... se mueve mucho"
"No me gusta que lo haga, es extraño… y me duele", replico mientras las lágrimas comenzaban a nublarle la mirada. "Desde que tengo esto dentro, me siento mal… me desespera, me cansa", añadió sin mucho ánimo.
Fénix se inclinó sobre ella para besarle la frente; "Créeme, lamento mucho no tener las respuesta para tus interrogantes"
"No te lamentes. Perdóname por ser una molesta carga"
El pelirrojo negó con la cabeza; "No lo eres. Pero a mí también me gustaría mucho saber qué es eso que ahí tienes"
La mujer frunció el entrecejo y entonces un grito de dolor escapo de su pecho al mismo tiempo que se sujetaba el vientre.
Horrorizado, Fénix la miro estremecerse con violencia; "¿Qué ocurre?", cuestiono sujetándola un poco para que no se derrumbara.
"No lo sé, pero desde la madrugada me duele mucho", la mujer expreso al borde del llanto…
(Presente, noches después)
La hoguera brillaba y calentaba a su alrededor mientras que la hermosa estrella alumbraba el interior de la acogedora caverna.
Sobre el suelo, Haruka yacía sentada mientras que con una roca raspaba la piel de un jabalí que había cazado y cuya carne se cocinaba sobre las rojizas brasas. Frente a ella, ayudada de un par de espinas y la seda que había encontrado en lo que fuera un nido, la aguamarina con paciencia había comenzado a entretejer algo.
"¿Aun te duelen?", Tenousei pregunto dirigiéndole la mirada y señalando hacia sus pies cubiertos con los peales de piel que ella le había hecho.
"Ya no. Son muy cómodos", replico con una sonrisa en los labios.
"¿Dónde aprendiste a hacer eso?", la rubia cuestiono intrigada y al ver lo que poco a poco la mujer iba logrando.
"De un árbol… un insecto lo hacía con sus patas y luego de observarlo un buen rato, lo aprendí", satisfecha replico al mismo tiempo que revisaba su avance. "¿Tu qué haces con ese trozo de piel?", también intrigada pregunto.
"Algo para cubrirte Michi, a veces hace frió y la túnica no es suficiente para protegerte de la brisa. Esto te mantendrá caliente"
"Ese es un detalle muy lindo de tu parte. Gracias. Yo estoy haciendo algo para que tus pies no estén fríos", rió un poco al recordarlos debajo de la manta y muy cerca de su piel desnuda.
"¿Mis pies son fríos?"
"Si, pero esto los mantendrá calientes", Muchiru volvió a reír un poco. "Así me gustan"
"No lo sabia. Pero en cuanto atrape otro, haré uno para mí. Luego podré hacerme un par de peales" contesto satisfecha. "¿Tienes hambre?... ya se cocino", pregunto limpiándose el sudor que resbalaba por su frente.
"Un poco", Neptuno contestó dejando a un lado lo que hacía. En esos momentos era más importante comer, luego y cuando reuniera energías, bien podría continuar con lo que hacía.
Haruka también dejo de lado su labor, así que sacando del fuego el alimento, dejo que su amada se sirviera primero. Luego se volvió hacia las brazas para tostar los granos de la oscura baya que la aguamarina había encontrado. Estas apenas y tocaron la caliente superficie, de su interior emano un aroma que iba de lo amargo a lo dulce.
"Esta delicioso", la aguamarina expreso dándole un mordisco a su comida.
Tenousei también comenzó a comer; "Más tarde colocare la trampa, la última vez conseguimos bastantes peces"
Michiru sonrió y llevándose la mano al vientre dejo que una pequeña risa escapara de su pecho.
La rubia la observo; "¿Qué ocurre?", cuestiono dándole otro mordisco a la rosada carne.
"Esto se mueve demasiado", la mujer replico con profunda satisfacción.
Haruka también sonrió al verla tan contenta; "Sea lo que sea, le gusta lo que cocinamos"
"Quizás también tenía hambre", contesto antes de beber el dulce jugo de un coco.
"Me alegra mucho que eso ya no te haga sentir mal, ni que lo de la otra vez te haya vuelto a ocurrir"
"Quizás fue el sol… o quizás esto me dejo sin energía", contesto mirándose el pequeño vientre. Lejos estaba de imaginar que podría seguir creciendo.
"O todo junto", habiendo dicho se quedó pensando un poco. "Pero si eso fue, entonces debes comer un poco más"
Kaiousei se quedó pensando un momento, luego se acomodó los cabellos que caían por su frente; "Recuerdo que me dijiste que contigo podía hablar de cualquier cosa… ¿Tú lo recuerdas?"
"Por supuesto, Michi", Haruka replico dejando a un lado su comida, por la actitud que su amada había tomado, dedujo que deseaba hablar de algo muy importante. "¿Qué ocurre?"
Las mejillas de la aguamarina se volvieron rojizas mientras que un ligero sopor se apoderaba de ellas; "Desde que estoy aquí he tenido muchos cambios… por ejemplo mis piernas… ¿Recuerdas el día que comencé a sangrar?"
"¿Cómo podría olvidarlo?, ese día poco o casi nada quisiste decirme"
"Me paso un par de veces, pero desde hace un tiempo o ha vuelto a ocurrirme… ¿Crees que algo tenga que ver esto con esto?", cuestiono deseosa de respuestas, aunque sabía que Haruka también lo desconocía.
"Difícil es saberlo", replico encogiéndose de hombros.
"Luego comenzó a crecer… a veces creo que es mejor no torturarme con esos pensamientos que en poco o en nada me ayudan a resolver lo que me pasa. Lo que sí sé es que me gusta mucho que me mimes y me consientas con simples detalles. Eso me hace sentir muy bien"
"Es lo mínimo que puedo hacer por ti. Mientras pueda hacerlo, no te faltara nada"
"Gracias por comprenderme", contesto con confianza.
"No tienes que agradecerme, me gusta escucharte", replico acariciándole la mejilla.
"¿Tú como estas?", fue turno de que Neptuno cuestionara.
"Yo estoy bien. No tienes que preocuparte por mí", replico besándole la mano.
"Bueno Haruka, sabes que también puedes decirme cualquier cosa"
(Cerca de la orilla)
La luna y las estrellas se reflejaban en las profundidades del mar, las tranquilas aguas se mecían produciendo una ligera espuma que de a poco se amontonaba entre las rocas de la orilla. Sin duda y al amanecer, de ella algunas sirenas habrían nacido. Las olas se convertirían en su cuna para arrullarlas y calmar su dulce y enigmático llanto.
Amy, llena de melancolía observo hacia la iluminada superficie. Entonces dentro de su pecho la necesidad de nadar hacia ese lugar la invadió.
Emprendiendo una rápida carrera, en las lejanías observo la eterna luz de la luna, la cual a veces le devolvía lejanos recuerdos que ella consideraba como simples y efímeros sueños. Imposible le resultaba la idea de vivir en ese lugar, porque siendo una sirena sabía que jamás abandonaría el fondo del frió océano.
Emergiendo de entre las aguas, extendió sus blancos brazos con la firme intención de tomarla en ellos y tocarla como lo hacía en sus sueños.
Resignada a que jamás podría hacerlo ni en esa ni en diez vidas más, se sentó entre las rocas para sentir la dulce caricia de las olas. Cerrando los ojos, se concentró en el sonido de la noche, el cual le traía el lejano rumor del viento y de los insectos que más allá abundaban. Guardando un sepulcral silencio, entonces escucho la hierba mecerse.
(Cerca de allí)
Tomados del brazo, con paso ligero Haruka y Michiru caminaban hacia la orilla de la playa. Urano llevaba sobre la espalada la ligera trampa para peces.
Neptuno respiro profundo para aspirar el aroma de la noche; "El ambiente huele delicioso", dijo suspirando.
"Huele a sal", Urano replico con una ligera sonrisa en sus labios.
"Ese es el aroma de mi padre el océano", la joven contesto satisfecha.
Tenousei volvió la cabeza hacia ella y entonces cuestiono algo en lo que hasta el momento no había pensado; "¿Lo extrañas?"
"No", la mujer replico muy segura de su respuesta. "El mar siempre fue una prisión para mi… en ese lugar Aegea hizo de mi vida una mortificación"
Urano negó con la cabeza al escuchar su nombre; "No puedo entender porque hay tanta frialdad en su corazón. Ella si es como ellos dicen. Ella es mala y cruel, pero ¿por qué jamás escapaste?"
"Quizás por temor a lo que siempre dijo de ustedes. A pesar de todo en medio de sus maltratos me sentía segura"
"Lamento no haberte conocido antes de que continuara lastimándote"
"No lo lamentes, ella jamás volverá a hacerlo", Michiru replico.
"Antes de que quiera ponerte una mano encima, primero tendrá que hacerlo conmigo", su memoria le había traído de vuelta a Fénix, quien había muerto antes de decirle toda la verdad.
"Seguramente creen que uno de ustedes me hirió… no te preocupes, ellas jamás se atreverán a subir para buscarme", la aguamarina replico confiando en sus palabras. Sabía que Aegea no se les permitiría.
"Confiemos en que así será, Michi", Haruka dijo y entonces dejo que la fresca agua le empapara los pies. Inclinándose un poco entre las rocas de la orilla, lanzo su trampa.
"Las olas se mueven con calma, ojala y durante la noche aumenten y con ellas traigan buenos peces", la aguamarina guardaba infinitas esperanzas de que así fuera.
"Espero y seas suficientes, mas no demasiados. De ser así tendré que liberar muchos de ellos. No quiero que se descompongan y nuestro hogar se impregne con su desagradable aroma", la rubia contesto.
"Entonces que solo sean los necesarios"
"Si Michi, solo los que podamos comer. Ya luego vendré por más", Tenousei se giró y quedando de frente a la mujer que amaba, la beso en los labios. "¿Te apetece que nos quedemos un rato?, será como cuando nos conocimos"
"Sabes que sí", ella contesto clavando su mirada azul en la de su amado.
Caminando un poco más allá, ambos se sentaron sobre la suave y salada arena.
"Me has preguntado si extraño el mar, ¿Qué hay de ti… extrañas tu hogar?", Michiru pregunto acomodándose el cabello que caía por su frente.
"No, porque mi único hogar es ese de roca. Si me fuera, entonces lo entrañaría mucho"
Ante esas dolorosas palabras, Kaiousei bajo la mirada; "¿Irte?... ¿A dónde?"
Urano sonrió, acariciándole dulcemente la mejilla; "A cualquier lugar Michiru… pero anda, cambia esa cara, que a donde yo vaya iremos juntos. Jamás podría dejarte aquí sola, ni en ningún otro lugar"
"¿De verdad?", la mujer cuestiono volviendo a dibujar una sonrisa.
"Si, siempre estaremos juntos", dijo recostándose y atraiéndola para que se le uniera.
Michiru apoyo la cabeza sobre su pecho y viendo hacia el cielo tuvo un poco de miedo; "Ellos podrían vernos"
"Que vean que nos amamos", la rubia contesto deslizando su mano dentro de la túnica de su amada.
La aguamarina sonrió; "No me parece una buena idea… podrían sentir envidia de lo que hacemos", dijo dejando que su traviesa mano le recorriera el cuerpo.
Urano giro sobre ella; "Si les gusta lo que hacemos, entonces ellos tendrán que buscar su propia sirena… ellas tendrán que buscar su propio ángel", agrego besándole el cuello.
Neptuno la envolvió en sus brazos, dejando que de su pecho escapara una ligera risa; "Espera mi amor, me haces cosquillas"
En las lejanías, Amy escucho la hermosa risa de su amiga y aunque por un momento pensó que se trataba de su juguetona imaginación, con cautela abandono las rocas y entones comenzó a nadar hacia la orilla.
"Mi amor… en verdad no creo que este sea un buen lugar", Neptuno dijo haciendo una pausa en medio de un apasionado beso. "Comienza a hacer frió, volvamos a nuestra morada"
"Tienes razón… vamos", Urano dijo y reincorporándose, tomo la mano de su mujer para que se levantara.
Sin hacer ruido, Amy se acercó aún más y entonces en medio de la oscuridad que era quebrantada por los rayos de la lejana luna, observo a Michiru en compañía de ese ser.
Sorprendida y sin poder entender que es lo que había ocurrido con aquellos dos, observo que su amiga se apoyaba sobre un par de hermosas piernas, por su parte, el bello ángel había perdido sus blancas alas. "¿Acaso Michiru se las arranco?... ¿Qué paso con ella?", se preguntó a si misma mientras que con una mano se cubría los labios para no llamarla y con ello atraer la atención de las de su especie. "¿Se habrán lastimado?
Fijando la mirada en ellos, observo que felices y tomados de la mano una vez más se perdieron en la espesura de la selva. "¡Michiru está viva y es feliz"", satisfecha por haberla visto una vez más, con presura se sumergió entre las oscuras y profundas aguas.
(Profundidades)
Sobre un precioso coral, la anciana Aegea yacía sentada y aunque difícilmente pudiera verse, las lagrimas corrían por sus mejillas. Ese lugar guardaba no solo un secreto, era el sitio donde ella solía descargar sus amargas penas.
"¿Podrían perdonarme?", de vez en cuando muraba casi en silencio. "¿Tú podrás perdonarme?... yo no sabía que eso ocurriría… fueron las ancianas y ellos", gimió con desesperación.
Amy quien pasaba por ahí la escucho llorar y escondiéndose detrás de una roca, espero poder entender a que se debía tan lastimoso lamento.
"Él solía reflejar su hermosa figura en estas aguas… él solía empapar sus alas en ellas. Yo solo quería una sonrisa… yo solo quería poder reflejarme en sus ojos y que me viera como te veía a ti. Llegue tarde, lo sé. También sé que a nadie debí decirle aquello que celosamente ocultaban. Debí callarme", murmuro echándose a llorar. "Ojala y Michiru haya muerto, ella no merece sufrir lo que sufriste tú y si es que acaso está viva y al lado de uno de esos hermosos seres, espero y su vientre no sea fértil como el tuyo. Espero y la semilla de ese ser este seca y no sea fecunda como la de él"
"¿Qué semilla?", sorprendida por tan desgarradora escena, la peliazul se preguntó a sí misma.
De pronto la anciana se sintió observada y levantando la mirada, la dirigió en todas dicciones; "¿Quién está ahí?", cuestiono enjugando su llanto y con voz cavernosa. Ella quien durante años había sido cruel, no podía mostrar debilidad. Debía mantenerse enérgica aunque en ese momento el corazón se le deshacía en girones.
Amy guardo silencio, casi había descubierto su secreto y sí ahora se presentaba ante ella, sin duda merecería un cruel castigo.
"Estoy sola, es la culpa la que me aqueja", la anciana pensó y entonces se alejó.
Observandola en la distancia, sobresaltada la joven emergió de su escondite, tomando camino hacia donde habitaba. Ya habría tiempo de conocer todo aquello que desde hacía un siglo aquejaba a la anciana…
Notas de autor;
Los capítulos pueden parecer sencillos, pero es que los hago así porque quiero retratar en ellos las simples y cotidianas cosas que suceden en su vida. Nosotros podríamos decir que esa vida es aburrida, sin embargo para ellos es emocionante.
isavellcota; cuando nazca, no van a saber ni que hacer con su bebé.
Osaka; poco a poco se acostumbran a todo lo nuevo.
hyunwon020; tendrán que aprender a ser padres. No sabrán ni como alimentarlo, esperemos y Haruka no quiera darle de comer y Michiru no lo deje olvidado por ahí xd
Kyoky; xd, si analizamos los acontecimientos podemos llegar a deducir que sí es culpa de Haruka que el pollito le haga cosquillas a Michiru xd, solo que aun no saben que es y como es que llego ahí.
1982, no creo que Haruka se ponga celoso de su bebé xd, tampoco creo que Michiru lo haga xd.
