Los Amamiya
Capítulo 20: Princesa
Abrió los ojos con lentitud mientras un amargo sabor de boca llenaba su paladar y el molesto silbido de la maquina a su lado indicaba de manera constante que sus latidos eran rítmicos y normales. La luz que se colaba entre las blancas cortinas y que calentaba tenuemente su cuerpo y añadía algo de vida a la lúgubre habitación confirmaba sus sospechas de que ya había amanecido y que aún se hallaba en aquella clínica.
Con algo de dificultad llevó su mirada hacía su derecha y vio sentado con la cabeza baja y los brazos cruzados a aquel joven de cabello azabache que conociéndolo se había pasado toda la noche en vela vigilando su progreso y que obviamente se había quedado dormido en aquella incómoda posición presa de la fatiga que había implicado viajar desde Europa hasta Japón, participar en un largo proceso de examinación médica y luego quedarse en vela cuidando de su paciente y tutor mientras se le pasaba la anestesia.
Procuró con dificultad incorporarse y retirar las sábanas con sigilo para salir de la cama, mientras pensaba para sus adentros en lo molesto que era para él pasarse todas aquellas horas tendido allí con aquellos aparatos e intravenosas en su cuerpo. Siempre había tenido aversión hacía todo lo que tuviera que ver con hospitales y medicinas así que, era realmente frustrante que a sus más de ocho décadas aquello se hubiera convertido en un proceso constante en su vida.
-Espero que no pienses escaparte de la clínica anciano. – Escuchó murmurar de repente a su lado mientras intentaba retirar los aparatos distribuidos en todo su cuerpo y llevando su mirada hacía su derecha notó a aquel joven mirándolo con el ceño fruncido y aquella expresión seria de siempre.
-De hecho ese era mi plan, pero con semejante perro guardián vigilándome no tenía muchas esperanzas.- Comentó con sorna a la vez que obedecía la instrucción del joven de volver a la cama y lo veía colocarle todo lo que había retirado de si hasta ese instante, reparando entonces en la ausencia de alguien más en aquella habitación. -¿Dónde está Fujitaka?
-Está en la cafetería. Después de mucho insistir logré convencerlo de que comiera algo. No debería abusar de su resistencia física.
-No deberías decir cosas que no aplicas. ¿Cuando fue la última vez que tomaste una comida?- Indagó mientras notaba la resequedad de sus labios y la falta de color en su piel mulata. Aunque era un hombre fornido y saludable, era notable que no había tomado más que agua en muchas, muchas horas, y sabía bien, que él era la razón.
-No tengo hambre así que no importa. Además soy mucho más joven que él así que puedo resistir mucho más.- Argumentó sin mirarlo a la vez que observaba el electrocardiógrafo que marcaba sus latidos y notaba que la velocidad de los mismos había disminuido desde la última vez que revisó, de hecho parecía seguir bajando con cada segundo. Tendría que pedirle al cardiólogo que le revisara más tarde.
-¿Vas a decirme de una vez o pretendes guardar el secreto por siempre?- Escuchó preguntar al señor y al bajar la mirada hacía él notó algo de impaciencia y resignación en sus ojos. Él siempre era alguien muy directo así que estaba seguro de que el que vacilara en decirle su diagnóstico hacía obvio para él el resultado.
-Ocho meses. Ocho meses como máximo será el tiempo que tardará en extenderse por todo su cuerpo y anular sus funciones vitales. No… no hay nada que hacer.- Soltó desviando la mirada y apretando sus labios con rabia al decir aquello último. ¿De que valía todo su conocimiento y preparación si no era capaz de dar una respuesta diferente a todos los demás, si no era capaz de darle alguna esperanza a aquel anciano que era más que su familia.
-Vaya… esos son dos meses más de lo que me dieron la primera vez. Entonces podré ver a mi nieta casarse después de todo. Menos mal. – El joven de ojos carmesí llevó su mirada hacía él con incredulidad intentando determinar si aquella reacción era una broma.
-¿Menos mal? ¡¿Acaso no escuchaste lo que dije?! Acabo de desahuciarlo. ¡Te vas a morir Amamiya!- Replicó con impotencia mientras apretaba los puños y veía al señor continuar con aquella expresión impasible y aquellos ojos llenos de compasión hacía él, compasión que era ilógica pues si alguien era digno de lástima en ese entonces era Masaki, no él.
-Eso ya lo sabía. Solo te dejé venir y examinarme para que estuvieras con la conciencia tranquila al respecto, para que comprobaras por ti mismo que no había nada que hacer. No te negaré que tenía un atisbo de esperanza de que dijeras otra cosa, pero todo mi cuerpo presiente que mi vida está a punto de llegar a su final.- Llevó su mirada hacía su mano pálida y delgada y la cerró en un puño intentando hallar en ella algo de energía, pero ni siquiera era capaz de cerrarla en su totalidad. Parecía mentira que aquellas manos hubieran criado dos generaciones de su familia y hubieran levantado aquel imperio comercial que constituía su patrimonio, ahora eran tan frágiles y desgastadas que no eran capaces de sostener ni siquiera su propia vida, sus propias fuerzas. Pero si algo había aprendido a lo largo de su vida es que no valía de nada lamentarse por las cosas que no podía cambiar. - Sería una verdadera tragedia que mi muerte empañara la boda de mi pequeña Sakurita. Por ello la esperanza que me has dado para mi es más que suficiente. Así que… te lo agradezco. – Tocó la mano del joven mientras lo veía cediendo a las lágrimas incapaz de lidiar más con aquello. Primero sus padres y ahora Masaki ¿Acaso estaba destinado a perder a todas las personas que amaba sin ser capaz de hacer nada?
Se escucharon un par de toques tras la puerta y limpiando la evidencia de su estado de melancolía, el joven indicó a la persona que pasara, comprobando así que se trataba del amable señor con el que había mantenido una amena conversación durante toda la noche y al que de manera inexplicable le había tomado algo de cariño debido al cariño con que trataba a su tutor a pesar del tortuoso pasado entre ellos.
-Oh Masaki. ¡Ya estás despierto! Me alegro mucho. Le he traído algo de comer joven Ou, usted tampoco a probado bocado desde ayer.
El hombre de mirada carmesí estuvo a punto de protestar y decir que no era necesario cuando su estómago comenzó a rugir de manera traicionera haciéndolo sentir avergonzado, sin forma de negarse a lo que era evidente. Fujitaka estuvo a punto de soltar una risita al ver la expresión del hombre, pero ambos dirigieron la mirada al anciano al escucharlo soltar un quejido de repente mientras llevaba su mano a su pecho y la apretaba con todas las fuerzas que podía mientras se doblaba sobre sí mismo.
-¡Masaki! ¿Qué le ocurre?
-Me duele mucho el pecho…- Anunció con la voz ahogada, alarmando al joven que miró con terror la línea que atravesaba la pantalla de aquel aparato y que indicaba que sus latidos bajaban en picada. No podía ser verdad.
El moreno descendió despacio las escaleras mientras masajeaba su cuello, a la vez que el olor a tierra mojada dejado por la intensa lluvia de la madrugada y la agradable frescura matutina que se colaba entre las ventanas entreabiertas se aunaba a un delicioso aroma a especias y una suave y melodiosa voz que entonaba una delicada canción anglosajona cuya letra llamó poderosamente su atención.
Se acercó curioso a la parte de la casa de la que provenían esos aromas y sonidos y no pudo evitar que un deje de melancolía se alojara en su corazón mientras se acercaba a la pequeña isla que servía de separación para la cocina y el comedor, y observaba a la amatista quien yacía de espaldas frente a la estufa con una alta coleta en su cabeza y los tirantes de el delantal rosa pálido de Sakura atados a su cintura y cuello, a la vez que cantaba tan ensimismada que no se dio cuenta de su presencia ni escrutinio. Se quedó estático allí sin hacer ningún sonido, cerrando los ojos para escuchar mejor la letra y la hermosa voz que la acompañaba, perdiéndose en aquella promesa de amor que por alguna razón lo hacía sentir en paz de una manera que no era capaz de explicar.
Observarla allí era como ver nueva vez a su madre como todas las mañanas, como si por un segundo volviera a los tiempos de antaño en que su voz llenaba de alegría y vida cada rincón de la casa, como si la vitalidad volviera a aquellas cuatro paredes. Hacía tanto tiempo que no sentía aquello que era como si su canto de alguna manera fuera un bálsamo reparador para su corazón, como si por ese instante todos los recuerdos amargos de su mente desaparecieran y volviera al tiempo en que era totalmente feliz, en que se sentía absolutamente completo.
-¡Oh Touya! Dis… disculpe por tomarme el atrevimiento de ponerme a hacer el desayuno. Es que me levanté muy temprano y como pensé que por la lluvia tal vez dormiría un poco más quise ayudarlo con esto. -La escuchó explicar de repente y al abrir los ojos la vio mirándolo fijamente mientras posaba su delicada mano sobre su pecho y sus mejillas se teñían al completo de carmín. Era obvio que verlo allí tan de repente la había sorprendido bastante por la manera en que balbuceaba, pero más allá de eso sus ojos dejaban en evidencia un enorme estado de nerviosismo. Nerviosismo que no estaba presente en su voz hacía unos segundos cuando no era consciente de su presencia.
-Touya ¿está bien?- La escuchó preguntarle y solo entonces se dio cuenta de que llevaba demasiado tiempo mirándola sin decir nada, de hecho estaba seguro de que debía tener cara de retrasado por lo hipnotizado que se encontraba por la belleza natural que irradiaba aquella mañana. Pero es que se veía tan linda así sonrojada que juraba que sería capaz de observarla durante días sin cansarse. Pero claro por su salud emocional esa era una mala idea.
-No… al contrario, te lo agradezco. ¿Quieres que te ayude en algo?- Preguntó mientras desviaba la mirada algo incómodo sintiéndose presa del mismo nerviosismo que ella irradiaba.
-Bueno de hecho, ya casi he hecho todo. Aunque le agradecería si prepara la mesa. – La escuchó señalar mientras con algo de torpeza buscaba los platos que previamente había tomado para llevar al comedor y se los extendía. El moreno extendió las manos para tomarlos en respuesta provocando que sus manos se posaran sobre las de ella por accidente haciendo que se llevaran su mirada uno al otro a punto de caer presas de el mismo magnetismo que los había embargado aquella madrugada y que los hizo estar a punto de besarse. Siendo el sonido de la cafetera lo que rompió aquel idílico momento de atracción provocando que ella retirara sus manos con prisa mientras bajaba la mirada y Touya igualmente perturbado se dispusiera a llevar los platos mientras su corazón latía con descontrol. Era obvio que lo ocurrido hacía unas horas durante la madrugada no había quedado en el olvido. De hecho había creado aquella tensión invisible entre ellos que casi podía palparse y que se hacía más factible con cada segundo que duraba el silencio entre ellos.
-Esa canción que estabas cantando. Es bastante bonita. – Comentó él de repente intentando acabar con aquel mutismo, haciendo que ella se sobresaltara ligeramente y solo entonces levantara la mirada hacía él mientras notaba un ligero temblor en las normalmente firmes manos de él y veía sus ojos brillar de una manera extraña, tanto como aquella madrugada. De hecho recordar aquel brillo era lo que la había hecho perderse en aquella melodía. Cuando la escogió aquella vez y se la mostró a su abuelo jamás creyó que adquiriría tanto significado para ella, pero ahora con todo lo que sentía estaba segura de que describía bien sus sentimientos, todo lo que sentía hacía él.
-Sí, es muy bonita. De hecho, la cantaré en unos días en el aniversario de la empresa, haré una interpretación a piano de ella.
-Ya veo. Eso es pan comido para ti. Siempre fuiste una gran artista.
La amatista se sonrojó al instante al escucharlo decir aquello, siendo como era la primera vez que él daba alguna opinión respecto a su voz. La había visto cantar decenas de veces, era cierto, pero siempre era un oidor pasivo que jamás decía nada, así que daba por sentado que no le interesaba demasiado.
-Realmente ya no es tan fácil, hace mucho no lo hago y mi voz no es la misma de antes. -Explicó intentando recuperar la calma mientras lo veía distribuir los platos y cubiertos en la mesa, haciendo que su rostro dejara entrever la tristeza que le provocaba pensar en aquel evento, en lo que pasaría después de aquello. - Será justo el día antes de que regrese a América así que estaré algo tensa.
¿Regresar a América?
El sonido sordo de un plato cayendo al suelo y quebrándose hizo eco en aquel espacio mientras la expresión incómoda de hace unos segundos del moreno era cambiada por una llena de pesar.
Había olvidado por completo que solo estaba de vacaciones en Tomoeda y que luego Tomoyo tendría que marcharse, marcharse a otro continente. Escuchó sus pasos caminando hacía él de prisa y entonces la vio agacharse frente a él tomando con sus dedos los trozos más grandes de la porcelana blanca que se había fragmentado en pedazos de varios tamaños. Se agachó en respuesta para colaborar con ella en la tarea sin salir de su estado de conmoción no pudiendo evitar quedarse estático al sentir como algunos trozos pequeños se incrustaban en su mano izquierda haciéndolo sangrar. Era curioso, pero aunque las heridas se hallaban entre sus dedos lo que realmente le dolía era el corazón.
Sintió sus suaves y cálidas manos sosteniendo su mano herida tan pronto notó el hilillo de sangre que rodaba de ella examinándola con delicadeza, retirando los pequeños trozos de aquella porcelana de su piel, mientras murmuraba algo a lo que no le prestó demasiada atención. Se sentía tan desolado, tan angustiado que no era capaz de pensar en nada, solo… solo deseaba que aquello no fuera cierto, que ella no tuviese que regresar en realidad.
-Lo siento.- Murmuró mientras la observaba intentar calmar la leve hemorragia presionando la cortada con sus dedos, haciendo que ella levantara la mirada algo extrañada por su repentina disculpa.
-Esto no es algo por lo que disculparse Touya, yo he roto miles de platos, y me he cortado con ellos otros cientos de veces. A todos nos pasa alguna vez, sino pregúntele a Sakurita.- Aseguró ella con una sonrisa recordando con diversión que su querida amiga era la reina de aquello o al menos era algo con lo que Touya siempre la molestaba. Pero contrario a hacerlo relajarse y seguirle la corriente, aquello hizo que llevara su mano a su rostro y acariciara con melancolía y pesar su mejilla mientras pensaba en lo mucho que extrañaría su sonrisa, sus sonrojos, su voz. En lo mucho que extrañaría tenerla tan cerca, al alcance de sus manos.
-No es eso lo que siento. Siento no haberme dado cuenta de esto unos años atrás. – Murmuró de repente lleno de arrepentimiento mientras la miraba fijamente haciendo que la respiración de ella desapareciera al completo de su cuerpo al percibir la intensidad que había en esa mirada café. Esa mirada que le gritaba tantas cosas que no era capaz de descifrar, que intentaba transmitir lo que su garganta no era capaz de pronunciar. Que le decía que ella …
-¡Tomoyo, hermano! ¿Donde están?- Escucharon resonar en toda la estancia mientras unos pasos apresurados descendían las escaleras, y poniéndose de pie como reflejo, la amatista consiguió ponerse a la vista de Sakura mientras el moreno lanzaba una maldición por haberse golpeado la cabeza con la mesa por la forma en que intentó levantarse, eso, y el hecho de que su hermana fuera tan terriblemente inoportuna. Estuvo a punto de reclamarle y acusarla de ser un monstruo escandaloso cuando notó sus ojos enrojecidos y llenos de lágrimas, mientras sostenía el teléfono con una mano temblorosa, haciéndolo presentir que lo que diría a continuación era realmente malo.
-Sakura ¿Qué ocurre?
-Es el abuelo… acaba de sufrir un infarto.
-Disculpe. ¿Podría decirme donde está la habitación del señor Masaki Amamiya? - Indagó el moreno inmediatamente llegaron a la sala de espera de aquella clínica, mientras la amatista se abrazaba a sí misma para calmar los nervios de los que era víctima y Shaoran (quien se había unido a ellos en el camino) abrazaba a la castaña que no había dejado de llorar de preocupación. Salvo esa llamada de parte de Fujitaka, ninguno habían recibido más noticias, así que la incertidumbre era terriblemente palpable.
-¡Tomoyo!- Escucharon exclamar a una voz ahogada y llorosa, y entonces vieron a Sonomi traída por Fujitaka mientras sus ojos se veían hinchados de llorar y parecía algo adormilada. La amatista corrió a abrazarla intentando transmitirle algo de seguridad comprendiendo lo afectada que debía estar, después de todo, su madre siempre había sido muy susceptible a esas cosas. Los hospitales le causaban una gran aversión, sobretodo porque tenían que ver estrechamente con la muerte.
-¿Cómo está?- Preguntó Shaoran adelantándose a la pregunta que todos querían hacer pero nadie se atrevía por miedo a la respuesta, a la vez que veía a su suegro soltar a Sonomi y caminar hacia su hija y tomarla de los hombros mientras procuraba sonreír.
-Le están haciendo una angioplastia en la sala de cuidados intensivos, pero en cuanto terminen de eso lo traerán a una habitación normal. Así que no se preocupen. Sonomi aún no ha comido nada, así que ¿podrían llevarla a la cafetería?
-Claro Papá.
Tomoyo caminó tomando a su madre de la mano siendo seguidos por Sakura y Shaoran que decidieron acompañarla al ver el estado de la señora que obviamente no estaba del todo bien, más bien parecía tener cierta dificultad para coordinar su cuerpo.
-¿Cómo está realmente?- Indagó el moreno cuando sólo quedaron él y su padre en aquel lugar notando así como el rostro de su padre dejaba entrever la preocupación que estaba intentando disimular.
-No hemos tenido noticias de él en más de una hora. -Reconoció con pesar.- Por eso tuvieron que sedar a Sonomi, estaba demasiado afectada.
-Entiendo.- Murmuró mientras pensaba en lo histérica que debía estar la de por si alborotada pelirroja. Se trataba de un ser querido que había estado con ella desde la niñez así que era lógico que en una situación así no fuese capaz de controlar sus emociones. De hecho, si algo así le pasara a su padre, estaba seguro de que tuvieran que atarlo para que dejara de reclamar una respuesta histéricamente.
-Disculpe Señor Kinomoto.- Escucharon decir a una voz bastante profunda y al levantar la vista Touya pudo ver a un hombre cubierto con una bata blanca y con un estetoscopio colgando en su cuello. Tenía ojos carmesíes tan vibrantes como el fuego mismo y un pelo tan negro como la noche que se alzaba rebelde sobre su cabeza, contrastando con su piel ligeramente bronceada.
-Joven Ou. ¿Que tal va todo?- Escuchó a su padre preguntara ansioso, haciendo que el recién llegado posara su mano en su hombro de manera conciliadora.
-Bastante bien. Ya lo llevaremos a una habitación normal y tal vez en dos o tres días pueda volver a casa.
-Gracias al cielo. – Murmuró Fujitaka, no tardando en caer en cuenta en el sondeo visual que ambos jóvenes se hacían uno al otro. -Oh, disculpen por no presentarlos. Touya el es el doctor Ou, un médico de confianza de Masaki , joven Ou el es Touya, mi primogénito.
-Mucho gusto.- Murmuraron ambos al unísono mientras aún se sostenían la mirada, después de todo, algo en ellos le parecía terriblemente conocido. Como si no fuese esa realmente la primera vez que se veían.
-Disculpe señor Fujitaka pero estoy segura de que usted tampoco ha comido nada así que le pedí algo en la cafetería.- Señaló una cuarta voz y los tres hombres levantaron la vista al instante al escucharla, notando así como ella abría los ojos con sorpresa mientras miraba al recién llegado, provocando que este imitara la misma expresión mostrando aún más sorpresa. Habían pasado años sí, pero ¿en serio era posible? Aquella mujer tan hermosa ¿en serio era ella?
-¿Princesa?
-¿Quién demonios es ese tipo?- Indagó Touya mientras cruzaba los brazos sobre su pecho y miraba con suspicacia a los dos jóvenes que se habían colocado a cierta distancia de ellos mientras conversaban, siendo notable la emoción y alegría en el rostro de la amatista mientras hablaba con él que de repente tenía una tenue sonrisa. Cosa que para que negarlo le hervía la sangre de una manera inconmensurable, sobretodo al recordar aquel sobrenombre que el había usado con ella. ¿Princesa? ¿Quién rayos se creía para llamarla así?
-Bueno, en realidad Masaki fue su tutor después de la muerte de sus padres así que Tomoyo y él vivieron en la misma casa por varios años. Prácticamente son como hermanos.- Explicó Fujitaka mientras observaba las expresiones del hombre al que de repente le brillaban los ojos con una intensidad increíble mientras hablaba con Tomoyo, de hecho era la primera vez que lo veía mostrar una sonrisa como aquella y lo más probable es que ni siquiera fuera consciente de que había dejado su semblante serio ante ella. Solo conocía una razón para que una persona con un carácter como aquel sufriera semejante cambio y si no se equivocaba, la incomodidad de su hijo estaba de por más justificada. Los vio acercarse de nuevo a ellos mientras el semblante de la amatista también mostraba una notable mejora. Mejora que no tenía que mirar a su hijo para saber que también había notado.
-Bueno, iré a verificar si ya se pueden hacer visitas a Masaki, pueden ver si la señora Sonomi terminó en la cafetería y así entremos todos juntos.- Sugirió el joven de ojos carmesíes mientras Tomoyo asentía sin dejar de sonreírle con cariño, soltando un "Gracias Kurorin" que lo hizo colocar sus dedos sobre su frente mientras arrugaba el ceño y cerraba los ojos al oír aquel nombre.
-No tienes remedio ¿cierto?- Murmuró con hastío mientras se daba la vuelta y la amatista soltaba una risita mientras lo veía alejarse y perderse en la distancia, haciendo que casi se oyera el rechinar de los dientes de Touya que no era capaz de ocultar su molestia ante aquella confianza entre ellos que por más que lo veía, no le parecía de un par de hermanitos.
-Qué nombre más estúpido.- Bufó sin quitar su ceño fruncido notando como Tomoyo sin prestarle demasiada atención llevaba su mano a su pecho y cerraba los ojos mientras sonreía con una alegría que no era capaz de disimular.
-No es su nombre Touya. Es solo un apodo que le puse cuando era pequeña. Aunque jamás le ha agradado y se enoja cada vez que lo uso. Es bueno saber que Kurogane no ha cambiado.- La dulzura y gozo de su voz al explicar aquello fue como una horrible punzada a su corazón. No quería ser neurótico pero… aquel tipo parecía ir a representar demasiados problemas.
Ingresaron en silencio al ascensor mezclándose entre los demás empleados que se trasladaban a sus respectivos pisos, mientras ambos continuaban perdidos en sus pensamientos. Tras ver a Masaki y hablar con él, el ánimo de la amatista había caído en picada de una forma alarmante. Sobretodo cuando se vieron obligados a abandonar el lugar para ir a sus respectivas responsabilidades dejando a su madre, Fujitaka, Sakura y Shaoran allí.
-Tengo que ir a la oficina del abuelo a recoger algunas cosas. Puede adelantarse Touya.- La escuchó decir algo ausente mientras salía de el ascensor y tomaba un rumbo distinto al usual. Se veía tan afectada que su corazón no podía sentirse tranquilo, así que la detuvo antes de que se alejara demasiado tomándola de la muñeca.
-Tomoyo, ¿en serio estás bien? Si quieres puedo…
-Si claro estoy muy bien. No se preocupe.- Ella sonreía pero era obvio que no lo hacía de corazón. - Es solo… es la primera vez que veo al abuelo en un hospital. Es decir, normalmente va a sus chequeos anuales y una que otra vez ha tenido que suturarse o hacerse pruebas y análisis pero… -Un pequeño sollozo salió de su garganta mientras bajaba la mirada y no fue necesario que viera a sus ojos para saber que ella había llegado a su límite y por tanto las lágrimas que había estado conteniendo ahora salían sin control de sus ojos. - Es la primera vez que es algo serio, que… bueno, le pasa algo que pone en riesgo su vida. Es decir, es de esperar que a su edad su salud no sea perfecta pero… no puedo evitar sentir miedo de que llamen en cualquier momento y digan que…
-No va a pasarle nada. Verás que pronto estará por aquí dando ordenes y poniendo a todos a volar con sus exigencias. No te angusties.- Le aseguró mientras colocaba su mano en su mejilla haciendo que ella inclinara un poco la cabeza para sentir su calor. Mientras sentía como su corazón recuperaba poco a poco la calma.
-Si, tienes razón. El abuelo es muy fuerte. Además… Kurogane está con él, no le pasará nada mientras él esté allá. Así que es hora de que deje de actuar como una nena y me ponga a trabajar. Solo así el abuelo guardará su reposo. – Levantó la vista hacía él al notar su marcado silencio y pudo notar un brusco cambio en su estado de ánimo. Como si algo de lo que dijo le hubiera causado mucho dolor.
-Mejor date prisa. Tenemos mucho que hacer.- Lo escuchó decirle mientras apartaba su mano de su rostro y se daba la vuelta haciéndola confirmar que definitivamente él no estaba del todo bien.
-¡Señorita Tomoyo!- Escuchó gritar a una voz que se acercaba y dirigiendo su vista a aquel lugar pudo ver a Marc viniendo a prisa hacía ella con el rostro lleno de preocupación. - Me alegro tanto de que ya llegaran. ¿Cómo sigue el señor Masaki?- Preguntó tomando sus manos tan pronto estuvo frente a ella haciendo que ella sonriera intentando disimular un poco el enrojecimiento de sus ojos debido a las lágrimas que había derramado hacía solo unos segundos.
-Está mejor. Aunque se quedará unos días más en observación.
-Ya veo. ¡Soy tan tonto! De todos los días que podía dejar eso ¿porque tuvo que ser hoy?.- Lamentó mientras era evidente su gran inquietud, causando interés de parte de ella que no entendía por que de repente el lucía tan preocupado. ¿Qué podría haber hecho para tener esa cara?
-Acompáñame Anciel. – Escucharon ambos a sus espaldas y casi pudo ver como el vello de todo el cuerpo de Marc se erizaba al ver al moreno tras ellos con los brazos entrecruzados y el ceño fruncido a más no poder, de hecho se puso tan pálido que parecía ir a colapsar en cualquier momento.
-Si… si claro. – Balbuceó el tembloroso joven y como oveja que va al degüello siguió a Touya que se perdió en uno de los pasillos sin decir nada más que aquello, dejando a Tomoyo aún más confundida de lo que de por si estaba, si aquello acaso era posible.
-Sabes… creo que ya es hora de que cortejes a Tomoyo. – Señaló el anciano de repente haciendo que el joven que en esos momentos revisaba sus latidos se sobresaltara bastante.
-¡¿De que demonios estás hablando Masaki?!
-Sólo te digo que en vez de estar aquí con esa cara de bobo pensando en ella, deberías intentar conquistarla, se que es difícil para un tipo huraño y arisco como tú, pero…
-Deja de decir tonterías. No estoy pensando en ella.- Aseguró mientras volvía a poner aquel aparato en su lugar y rehuía de su mirada, escuchándolo soltar un suspiro lleno de hastío al ver que a pesar de los años él seguía comportándose como un niño rebelde y malhumorado. Tocó con su palma el borde de la cama para invitarlo a sentarse a su lado, tal y como acostumbraba a hacer mientras él crecía y necesitaban tener serias conversaciones, y lo vio mirar aquel lugar con suspicacia para después de resistirse unos segundos, obedecer sin descruzar sus brazos intentando mantener aquella fachada impenitente y ecuánime en la que siempre procuraba escudarse. Masaki extendió la mano para tocar la gema violeta que colgaba del cuello de él y después de examinarla unos segundos lo miró a los ojos con gran ternura mientras pensaba en el corazón tan puro y gentil que había detrás de esas facciones tan estoicas y hurañas. – Se que has amado a mi nieta desde que la cuidabas cuando apenas tenía ocho y tu quince. Se que en ese entonces te parecía que aquello no era correcto y por eso jamás dijiste nada pero ya ella es una adulta y tu también. No tienes porque ocultarlo.
Kurogane no pudo evitar mostrar su sorpresa al escucharlo decir aquello con tanta seguridad. Él mismo había tardado bastante en entender porque se sintió tan desconsolado cuando Sonomi y Tomoyo decidieron volver a Tomoeda, cuando aquella niña algo fastidiosa y sabionda había partido de su lado, donde ya no podría cuidarla. Fue tan confuso en su momento, tan desconcertante para él, que aún ahora recordarlo le hacía un agujero en el corazón. Siete años, siete años de diferencia no habían sido impedimento para que se enamorara de ella y ahora parecía que tampoco el tiempo y la distancia lo eran. Aunque eso no significaba que simplemente iba a aceptarlo.
-Hasta hoy habían pasado más de cuatro años que no la veía en persona, así que es natural que me sintiera impresionado al reencontrarnos. Pero eso no significa nada, mañana volveré a Inglaterra y seremos casi extraños otra vez.
-Pero no tiene que ser así, aunque estén lejos puedes…
-Entiéndelo Masaki, mi destino nunca fue estar al lado de ella. Su corazón siempre le perteneció y pertenecerá a otra persona. Así debe de ser. Entiendo que quieras asegurarte de que esté en buenas manos pero esa es una decisión que debe tomar ella por su cuenta. Además deberías enfocarte en mejorar en vez de estar de casamentero. Volveré en seguida, no te mueras mientras tanto.
-Kurogane, lo siento. – Murmuró Masaki para sus adentros mientras lo veía ponerse de pie y caminar hacia la puerta, a la vez que pensaba en que en realidad quería aquello más por él que por ella. Tomoyo tenía muchas personas que la amaban y que le ayudarían a sobreponerse a su partida pero él… él estaría totalmente solo cuando por fin abandonara este mundo.
La cara de Tomoyo se puso tan pálida al leer aquella nota que casi podía verse a través de ella. Y es que si bien el arreglo floral que estaba frente a ella en esa oficina era hermoso y las palabras en la nota adjunta eran hermosas y gentiles, lo que implicaba no hacía otra cosa que alterar sus nervios. ¿Cómo era posible que no lo viera venir? ¿Qué no percibiera que aquel error que había cometido el día anterior traería desastrosas consecuencias?
-¡Tomoyo!- Casi todos los que por casualidad pasaban por aquellos pasillos se voltearon al escuchar aquella voz resonando por todos lados, haciendo que la amatista entre nerviosa y asustada se diera la vuelta mientras sonreía intentando salvar las apariencias para no dejar en evidencia que hacía unos segundos había entregado su alma al padre ante lo que parecía su inminente asesinato. Confirmando sus sospechas al escuchar aquel portazo y ver al moreno yendo hacía ella a pasos agigantados con la expresión más indescifrable que jamás lo había visto tener.
-Entonces ¿crees que soy Gay?- Escuchó preguntarle mientras la acorralaba entre el escritorio y su cuerpo colocando sus manos a ambos lados de ella, haciendo que su piel se volviera de gallina al sentir su cercanía y escuchar su pregunta.
-Eh… bueno…
-¡¿Cuando demonios afirmé que lo era?!- Preguntó lleno de indignación ofendido por el hecho de que ella dudara en su respuesta. Aunque eso no era lo peor. – ¿En que demonios pensabas cuando le dijiste eso a Anciel? Ahora él… -No pudo evitar ocultar su rostro con su mano al recordar el incómodo momento que vivió cuando enfrentó a Marc hacía unos segundos y le reclamó por estar intentando cortejar a una chica a quien acababa de conocer y quien sabía estaba pasando por un complicado proceso de ruptura. Sorpresa para él cuando el chico, que por cierto temblaba como una hoja le explicó que si bien había dejado aquel regalo para la persona que le gustaba, esa no era Tomoyo.
-¡¿Qué no es Tomoyo?!- Había gritado incrédulo. Molesto de que él lo creyera tan estúpido. – Qué yo sepa, en esa oficina solo hay dos personas. Tomoyo y Yo. - La expresión que adornó su rostro a continuación cuando vio a Marc sonrojarse no tenía palabras para ser descrita. Pocas veces había querido que se lo tragara la tierra tanto como en ese momento, y lo peor de todo es que aquello era culpa de la chica que ahora parecía haber perdido la facultad del habla.
-Lo… lo siento Touya. Fue un accidente, solo… bueno… es que como estuvo enamorado de Yukito yo…
-¡¿Y el mocoso?! ¿Acaso según tu concepto también Shaoran lo es? Por que hasta donde yo recuerdo el mocoso también gustaba de Yukito cuando lo conoció y jamás te he escuchado decir que es homosexual por eso. ¡¿Por qué yo si tengo que serlo si hasta te dije que me acosté con Kaho?! -Indagó tan molesto que el cuerpo de ella comenzó a temblar con furia haciendo imposible la tarea de sostenerse, terminando perdiendo el equilibrio y cayendo sin remedio sobre la alargada madera que constituía aquel mueble, cerrando los ojos por reflejo esperando el impacto. Abrió los ojos ante la ausencia de dolor y sonidos, perdiendo el habla al observar al moreno inclinado hacía ella mientras con una mano se sostenía del borde de el escritorio y con la otra la sujetaba por la espalda para que su torso no rosara el mueble. Su cercanía casi quemaba su piel por lo que sus labios comenzaron a temblar presas de una mezcla de sorpresa y nerviosismo. Jamás sus cuerpos habían estado tan cerca, jamás se había sentido tan agitada ante la proximidad de un chico. ¿Por qué no podía evitar perderse en la línea que formaba sus gruesos y firmes labios y la curva perfecta que producía su mentón y lo hacía ver endemoniadamente atractivo desde aquella posición en que se encontraba? ¿Qué era lo que tenía él que alteraba sus emociones y anulaba su mente de aquella manera?
-Dime algo Tomoyo. ¿Qué es exactamente lo que sientes por mi?– Ella llevó sus ojos hacía los suyos con sorpresa al escuchar su pregunta, notando así que su rostro hasta hace unos segundos indignado había cambiado de repente a uno lleno de expectación, de un verdadero interés por saber la respuesta. Antes de darse cuenta sus rostros comenzaron a aproximarse mientras su corazón latía desbocadamente y sus manos sudaban como locas. Era demasiado obvio lo que sentía en esos instantes. Ella… en realidad ella…
-Lo… lo siento. No sabía que ustedes…- Escucharon decir a sus espaldas y levantando la mirada pudieron observar como Marc los contemplaba entre aterrado y sorprendido y solo entonces el moreno cayó en cuenta en lo comprometedora que era la posición en la que estaban en esos instantes. Casi parecía como si ellos estuvieran…
-¡Espera Marc!- Gritó Tomoyo a la vez que veía al joven salir a prisa de aquel espacio mientras el moreno se apartaba de ella y ella procuraba incorporarse. ¿Qué rayos había sido todo eso? ¿En que demonios había estado pensando?
- ¡Soy un idiota!- Gruñó mientras alborotaba su pelo con frustración y pensaba en su falta de control. ¿En que momento se había metido en semejante lío? ¿Acaso las cosas podían empeorar aún más?
-Yo… conseguí aclarar las cosas con Marc, dijo que lo entendía. Que no teníamos que preocuparnos. – Murmuró Tomoyo una vez cerró la puerta de la oficina a sus espaldas viendo a Touya alzar la cabeza que había mantenido contra el escritorio hasta ese instante, volviendo a ocultarla de ella al notar como su rostro se había teñido de rosa con el simple hecho de verlo y recordar lo ocurrido hacía unos minutos.
-Tomoyo… lo lamento. Yo…
-No se disculpe, en realidad yo soy quien debe hacerlo. No estuvo bien que lo malinterpretara, y mucho menos que revelara detalles de su vida personal a un desconocido. En serio lo lamento.- Al volver a levantar la vista pudo notar como ella se inclinaba en una leve reverencia a forma de disculpa y algo dentro de él se sintió profundamente culpable.
-No tienes que disculparte por algo que yo mismo provoqué.- Reconoció mientras dejaba salir un suspiro y masajeaba su nuca, a la vez que pensaba en lo exagerado de su reacción después de todo. - Es decir, estuve por más de 8 años con Yukito y creciste sin verme nunca cerca de alguna chica. Era natural que me malinterpretaras. De hecho… creo que hasta yo llegue a pensar por un tiempo que ya no me gustaban las chicas, pero actualmente estoy seguro de que no es así. Se que es algo muy confuso para entenderlo ahora… pero básicamente el que Yukito fuera un chico nunca fue un factor determinante en mis sentimientos. Yo solo lo quería por lo que él era, por como me sentía cuando estaba a su lado. Si hubiera sido una chica o incluso una piedra, mis sentimientos hubieran sido iguales.
-Lo entiendo, descuide. – La escuchó murmurar y cuando llevó su mirada hacía ella notó que estaba sentada a su lado en el borde del escritorio mientras miraba a través del inmenso ventanal a sus espaldas algo más relajada. - A mi también me pasó algo similar una vez. También me gustó una chica durante un buen tiempo, pero, bueno, en realidad me atraen los chicos.
-Oh, si claro - Murmuró dejando en evidencia su incredulidad con una leve e irónica carcajada que hizo que ella lo mirara algo desconcertada. Tomoyo era la chica más femenina que jamás había conocido, jamás le había visto ni siquiera un gesto que no destilara delicadeza y dulzura. Que alguna vez tuviera tendencias lésbicas le parecía un completo disparate.- ¿Y quien era esa "niña" entonces? ¿Sakura acaso?- Indagó sin dejar su tono burlón, pareciéndole lo segundo tan disparatado como lo primero. Que Tomoyo le hubiera gustado Sakura parecía de otro planeta, debía ser de otro planeta.
El silencio que se cernió sobre ellos ante aquel par de preguntas solo era superado por la expresión de terror de ella que era incapaz de disimular su pánico al verse descubierta de aquella manera, haciendo que él abriera los ojos azorado y borrara la sonrisa burlona de sus labios al verla ponerse tan roja que parecía ir a echar humo por las orejas. Esa obsesión por grabarla constantemente, aquel extraño hobbie de crearle elaborados trajes…
Claro, ¿Cómo no se había dado cuenta antes?
-¡¿Te gustaba Sakura?!- Exclamó mientras todas las piezas encajaban en su cabeza. Por eso no le escuchó de algún novio hasta la preparatoria, por eso le daba más importancia a que Sakura luciera hermosa antes que ella misma. Por eso nunca, nunca discutían ni parecían disentir como un par de adolescentes normales.
-E…eso fue hace muchísimo tiempo y era apenas una niña entonces. – Empezó a balbucear ella mientras lo veía ponerse de pie sin quitar esa expresión de asombro de su rostro, sintiéndose de repente terriblemente pequeña ante él. – Cuando apareció Shaoran, cuando él y ella se enamoraron yo luché para no sentir aquello, yo me esforcé por olvidarla, por ponerme a un lado, yo le juro que yo…
Detuvo con brusquedad sus balbuceos y explicaciones al sentirlo rodearla con sus brazos de repente y fundirla con él en un cálido abrazo, sintiendo así la manera tan desbocada en que el corazón de Touya estaba latiendo mientras su mentón se apoyaba sobre su cabeza. ¿Qué significaba aquello? ¿Por qué la abrazaba tan de repente?
-Debió ser muy difícil lidiar con ello tu sola. Gracias por compartirlo conmigo. - Lo escuchó susurrarle por fin y casi sintió ganas de ceder al llanto debido a la mezcla de emociones que sentía. Llevaba tanto tiempo callando ese secreto que recibir un abrazo y unas palabras como esas era lo último que esperaba. Por mucho tiempo se sintió tan confundida, tan asustada, pensaba que decir aquello solo le traería problemas, solo causaría el rechazo de los demás a su alrededor, pero Touya no solo se lo había tomado con calma sino que se oía realmente conmovido de que compartieran aquella similitud tan inusual. Ella también lo estaba, más allá de eso estaba feliz de saber que alguien podía entenderla, que alguien había pasado por algo similar.
Se quedaron fundidos en aquel abrazo, en aquel sentimiento de complicidad y calma por un buen rato hasta que de repente el repique de un teléfono puso fin al conciliador silencio que los había envuelto. Ya había escuchado ese tono antes así que no había duda de que se trataba del celular de él.
-Touya ¿No debería contestar?- Preguntó ante el segundo llamado consecutivo, recibiendo como respuesta un movimiento en negación de la cabeza de él que hasta ese momento se había mantenido apoyada sobre la suya.
-Sea quien sea puede esperar ¿no crees?- Tomoyo cerró los ojos mientras asentía comprendiendo que él deseaba tanto como ella seguir manteniendo aquel contacto, pero aquel sonido en serio arruinaba la agradable atmósfera. Ya era el cuarto llamado y no parecía ir a parar pronto, algo obvio para el moreno que a pesar de su negativa había dejado salir un gruñido lleno de molestia.
-No creo que vaya a rendirse si no contesta.- Comentó ella con algo de diversión, y lanzando un suspiro lleno de hastío lo vio retirar una mano de alrededor de ella y tomar el endemoniado aparato como si quisiera derretirlo con solo tocarlo, o en su defecto estrangular al inoportuno que insistía en arruinar aquel momento.
-¿Que rayos quieres?- Bufó sin disimular su molestia sacándole una risita a Tomoyo que no se había despegado de su pecho, notando como la expresión del moreno se relajaba bruscamente unos segundos después.- No, está bien Yukito. ¿Todo está en orden?... Si, te lo agradezco. Me mantienes informado -El rostro calmado de él ahora se convirtió en uno lleno de terror y angustia, tanta angustia que su piel se puso pálida y sus manos comenzaron a sudar frio alarmando a la amatista que dio un paso atrás para darle espacio al notar que aún después de haber colgado la piel del moreno no volvía a su color original sino que ahora la miraba como si no tuviera ni la más remota idea de que iba a hacer. ¿Por qué así? ¿Por qué ahora? No podía ser verdad.
-Touya… ¿Pasa algo malo?
-Es Nakuru… acaba de tener contracciones. Solo fue una falsa alarma esta vez pero…- Un grueso y forzoso trago atravesó su garganta al contemplar lo que aquello significaba, lo que aquello implicaba. -Ella… podría dar a luz en cualquier momento.
¿Dar a luz? ¿Acaso no era eso lo que estaban esperando? ¿Acaso no era una buena noticia?¿Por qué se aterraba tanto? ¿Qué era lo que no le estaba diciendo?
-Touya… ¿Qué fue exactamente lo que pasó con Yukito y usted?- Indagó la amatista mientras tomaba su mano que temblaba ligeramente y lo miraba a los ojos. Necesitaba entenderlo, solo así podría comprender… comprender que era eso que ocurría entre ellos dos, que era lo que Touya en realidad sentía hacía ella.
Y ahí está. Les dije que el chico de ojos carmesíes sería importante. Es la primera vez que hago un crossover en esta historia y espero que sea bien recibo y le de un poco de drama a la historia. (Obviamente lo elegí porque es el único que ha estado vinculado a Tomoyo en algo de las Clamp).
La sexualidad de Touya y Tomoyo está más que aclarada y contrario a causar tensión entre ellos la revelación del secreto de Tomoyo los ha unido más. Pero el parto de Nakuru y la aparición de Kurogane amenazan con acabar con aquel lazo. ¿Qué pasará ahora? Acompáñenme en los próximos capítulos para descubrirlo.
Gracias por apoyarme a pesar de no estar actualizando con la misma frecuencia que antes. Esperaré ansiosa sus comentarios.
Att: Brie97
