Los personajes de naruto son de Masashi Kishimoto y la historia es de Anisa Gjikdhima, NADA de lo que hay aquí es, algo que NO me pertenece

CAPÍTULO 21

Los días pasan en la más absoluta soledad. Veo a Alexander en el desayuno, en la comida y en la cena. Ni una palabra, ninguno de los dos ha comentado lo sucedido. Paso mis días encerrada en la habitación, no salgo, no como mucho. No me apetece hacer nada. A veces me mira fijamente esperando a que yo diga algo. Entre nosotros ha cambiado todo, yo he cambiado. Ninguna objeción, ninguna pregunta, ninguna protesta

. Absoluto silencio. Me pregunto el sentido de mi presencia, visto que mantiene las distancias desde hace semanas. Quisiera volver a España y recomenzar, intentar olvidarlo, junto a todo este dolor.

—¡La cena está lista! —Irrumpe en la habitación avisándome con cierta prepotencia. No lo miro, no le digo nada. Me levanto y me dirijo hacia la el comedor pasando a su lado. Es así como hemos pasado las últimas semanas, ignorándonos. Él ha intentado por todos los medios acercarse y cuidarme, pero yo me he negado. Después de varios tentativos, ha renunciado. Él tiene la culpa de todo.

Me ha secuestrado, me he quedado embarazada involuntariamente y al final he perdido a mi hijo. Él me hace daño de la peor manera y ni siquiera se da cuenta. Me siento en mi sitio y comienzo a comer. Realizo estos movimientos desde hace días y no quiero cambiar. Se cansará y espero que al final me deje libre. Necesito recomenzar lejos de él y de su mundo.

—Esta noche vamos a una exposición. —Informa. Con el rabillo del ojo noto cómo me observa atentamente.

—De acuerdo. —Respondo manteniendo la mirada en el plato. Lo escucho respirar. Falta poco, sé que está a punto de ceder, le molesta que lo ignoren.

—¿Estás bien? Asiento sigilosamente y sigo comiendo.

—Cuando una persona te habla es de buena educación mirarla a los ojos… — Murmura molesto. Alzo la cabeza y lo miro sin expresión alguna.

—Estoy bien. —Digo y llevo la mirada al plato. Sus ojos queman mi piel, pero poco importa. No le permitiré acercarse más a mí. ¿Qué amor sería este?

—¿Sakura, has escuchado lo que te he dicho? —Perdona, estaba distraída. Aprieto los cubiertos con fuerza mientras los acerco al plato. No consigo comer mucho, no tengo hambre. Cada vez que pienso en comida me acuerdo del niño, cada movimiento que hago me recuerda a él. Este es el motivo por el que prefiero quedarme encerrada en la habitación, en la oscuridad. Repentinamente me falta el aire en los pulmones y los pinchazos en el pecho aumentan. Trato de levantarme, pero su mano agarra la mía. Es la primera vez que me toca después de aquella noche. Un escalofrío me recorre mientras miro fijamente su mano.

—No has comido nada estos días. —No tengo mucho hambre… —Respondo tratando de apartar la mano. No deja el agarre, es más, lo refuerza y me atrae hacia él.

—Podrías intentar comer algo más. ¿Me harías este favor? —Pregunta amablemente. Nos miramos a los ojos y me dejo llevar.

—No consigo hacer nada, Sasuke, pienso continuamente en nuestro hijo… — Confieso con el rostro inundado de lágrimas. No consigo guardarme todo dentro, el dolor es demasiado intenso. Me abraza y me mece con ternura. Paz. Un lugar escondido que vislumbro en pocas ocasiones. Quisiera dejarme llevar por la tranquilidad y la paz, pero me lo impide la oscuridad que me rodea y me devora cada vez más.

Aquí estoy, delante del espejo observando reticente mi reflejo. Rostro pálido, ojeras que no consigo esconder ni siquiera con maquillaje. Para ser sinceros, no me he puesto más que un pintalabios y el rímel. Esto demuestra las ganas que tengo de salir, de ver personas que no conozco en un lugar desconocido.

El problema es que no sé cómo salir adelante y combatir. Ya no tengo un objetivo, ya no tengo nada a excepción de un gran vacío insaciable. Suspiro estirando el vestido con las manos. Tranquila, respira y camina. Sigo repitiéndolo, pero no parece funcionar. Una última ojeada y después me rindo, salgo de la habitación. Él está sentado en el sofá, con la mirada perdida y de brazos cruzados.

Me pregunto si también él piensa en nuestro hijo. Nunca ha dicho lo que siente, no sé cuáles son sus pensamientos. Percatándose de mi presencia, se levanta de sopetón y sale a mi paso. Lleva un traje negro con una

camisa blanca que le proporciona un aspecto fascinante, pero su mirada es triste. —Podemos ir. Se acerca, me acaricia el brazo con los dedos mientras sus ojos recorren mi cuerpo. —Estás preciosa. Agacho la cabeza mientras acerca sus labios a mi mejilla. Un beso delicado, con sentimiento y respetuoso.

—Por favor, mírame… —Suplica. Lo miro y me arrepiento inmediatamente. Estoy en medio de un torbellino. Él es mi perdición. Permanezco embelesada mirándolo mientras acerca sus labios a los míos, los acaricia, pero duda un instante antes de besarme. No me opongo, dejo que ocurra y por un momento encuentro la paz que parecía un recuerdo lejano. Los dedos se deslizan por mi cabello hasta detenerse en la nuca.

—Te echo de menos… —Susurra interrumpiendo el beso. Apoya la frente en la mía y me abraza. No digo nada, me mantengo firme mientras siento cómo su corazón late con fuerza. —No te puedes imaginar lo mal que estoy cuando te veo así. —Susurra con voz rota. Me coge la mano, la besa y me mira con amor. No tengo dudas de sus sentimientos.

Pero ese momento dura poco, la mirada de amor se transforma en preocupación y es entonces cuando todo sale a la superficie. —Estoy sufriendo, no sé cómo superarlo, Sakura. Quería tanto a ese niño como tú porque habría sido el fruto de nuestro amor. Me lleva dulcemente hacia la salida entrelazando sus dedos con los míos. Soy un cuerpo completamente carente de emociones. Me entran ganas de llorar, pero intento resistir, duele demasiado pensar en lo que hemos perdido.

—Haré cualquier cosa para hacerte feliz, aunque soy consciente de que para ambos la herida no ha cicatrizado. Tenemos que intentar salir de esto juntos. — Dice agarrándome fuertemente. Tiene razón, pero no sé cómo hacerlo. Después de todo lo que hemos pasado estamos todavía aquí, él y yo. Debo intentar permanecer a flote y él es mi salvavidas. Una parte de mí querría dejar todo atrás, olvidar y salir adelante.

En cambio no lo consigo, estoy paralizada. Lo que existe entre nosotros es algo profundo e inexplicable. Un amor-odio, una guerra que persiste en el tiempo, donde cada cierto tiempo se alza la bandera blanca, pero posteriormente se retoman las armas. Nunca habrá un final, un ganador. Dos

almas retorcidas que encajan a la perfección, pero que no pueden mantenerse unidas. Perfectos y destructivos al mismo tiempo. Cuando llegamos ante el moderno edificio aparca el coche y mira a su alrededor. En el aparcamiento está parte del personal de seguridad. ¿Cómo olvidarlo? Podrían matarme de un momento a otro para hacerle daño. Suspiro mientras baja del coche y da la vuelta para llegar a mi puerta.

La abre, me tiende la mano, que agarro rápidamente, y alzo la mirada. Fuerza una sonrisa, pero se ve que está preocupado. No entiendo por qué llevarme, mostrarme. Está al corriente del peligro que corremos. Cuando entramos permanezco fascinada ante lo que veo. Un ambiente único completamente gris.

uelo de madera, y paredes y techo sobre los cuales numerosas luces forman perfectas líneas paralelas. Me fijo en las fotos colgadas en las paredes y me doy cuenta de que se trata de un ambiente aséptico para resaltar las numerosas fotografías. Sasuke me acompaña en silencio mientras observo las imágenes con atención. Momentos de todos los días, de personas normales. Han sido inmortalizadas en la cotidianidad.

Una chica bajo la lluvia sin paraguas que corre por la carretera. Avanzo un paso y encuentro un anciano sentado en el banco mientras lee el periódico. A sus pies un perro tranquilo con la mirada perdida. Es primavera, se ve por los colores de fondo. Continúo avanzando intrigada. Esta vez encuentro una pareja de ancianos que pasean de la mano por una alameda.

Me detengo volviendo el cuerpo hacia la foto y la observo atentamente. El hombre la mira con ternura, ella parece feliz, sonríe. La imagen me transmite muchas emociones. La demostración de que el amor no tiene fin, puede durar toda la vida. Los miro y pienso que son muy afortunados.

—¿Te gusta? —Pregunta. Apoya la barbilla en mi hombro mientras me agarra por las caderas. Asiento con la mirada fija en la foto. Es extraordinario lo que transmite. —La manera en la que ella lo mira es el sueño de cada hombre. —Susurra suspirando.

—Señor, preguntan por usted al teléfono. —Dice una voz de fondo. Nos volvemos encontrándonos ante uno de sus hombres con el teléfono en la mano. Es el hombre sobre el que Alex había descargado su ira solo porque me estaba acompañando a la biblioteca. Lo miro disgustada porque no puedo hacer nada para cambiar las cosas. En parte me siento culpable y quisiera pedirle disculpas.

—Quédate con ella. Vuelvo ahora mismo.

Me besa en la frente y se aleja. Es bipolar, primero se enfurece y después me deja con él. Nunca conseguiré entender sus cambios de humor. —Siento lo que ha sucedido. —Murmuro. —No te preocupes. —Responde acercándose aún más. Algo se apoya en mi mano y sorprendida me vuelvo hacia él. —Haz como si nada, ve al baño, léelo y después destrúyelo. Cierro el puño y me vuelvo nuevamente hacia la foto. ¿Qué está escrito en ese trozo de papel? Aprieto la tarjeta indecisa y asustada. Cualquier cosa me meterá en problemas. No quiere que Sasuke lo descubra y esto me preocupa todavía más. ¿Y si fuera una trampa organizada por Sasuke? Tal vez me está poniendo a prueba. El hombre se aleja, lo que quiere decir solo una cosa. Ha vuelto. Un soplido ligero llega a mi cuello dándome un escalofrío.

—Estás muy pensativa. —Comenta posicionándose junto a mí.

—Estaba… estaba observando las imágenes… —Miento. Maldición. Debo tranquilizarme, de lo contrario, se dará cuenta de que algo pasa. Su mano se posa en mi hombro desnudo, los dedos se deslizan lentamente arriba y abajo por mi piel. ¡Venga ya! Soy de carne y hueso, no consigo quedarme quieta como un tronco. Lo está haciendo adrede, estoy segura. Me vuelvo, me esfuerzo por sonreír con el corazón en un puño.

—Voy un momento al baño. —Digo intentando alejarme de él. Su mano me agarra, me examina y yo quisiera morir. Se dará cuenta, acabaré en un lío.

—¿Estás segura de que estás bien, Sakura? ¿Bien?, si por "bien" quieres decir que me estoy muriendo de miedo, entonces estoy más que bien. —Estoy bien. —Digo alejándome de él. Cuando encuentro la puerta, me vuelvo y lo veo detrás de mí. Oh, vamos, no tendrá intención de acompañarme hasta dentro… espero.

—Te espero aquí. —Avisa metiendo las manos en el bolsillo. De acuerdo, puedo hacerlo. Tengo la adrenalina por las nubes, una mezcla de emociones. Curiosa por descubrir cuanto antes lo que está escrito en la tarjeta, entro en el baño y cierro con llave. Abro y leo.

Si quieres escapar, ven mañana a las 15.00 a la puerta trasera de la cocina común.

¿Escapar?, ¿me lo tengo que creer? Es solo una farsa de Alex, estoy segura.

Apoyo las manos en el lavabo y miro mi reflejo en el espejo. No me reconozco. No parezco yo. Una lágrima desciende por mi rostro y no entiendo por qué. No consigo entenderme. Dentro de mí se encuentran sentimientos contrariados. Es una lucha continúa y no consigo escapar. ¿Qué me está haciendo Sasuke? Destrozo el papel en mil pedazos y lo tiro en una papelera.

Respiro profundamente y me pongo nuevamente la máscara de la indiferencia. Vuelve a la escena, Sakura me digo. Salgo del baño encontrándome cara a cara con Sasuke. Nos miramos y la expresión de felicidad en su rostro desaparece transformándose en frialdad.

—Te estaba esperando. —Dice duramente. ¿Y ahora qué he hecho?, ¿se habrá dado cuenta de algo?, ¿o su plan prevé que le cuente todo? Estoy desconcertada, no sé si creer en esas palabras escritas en un trozo de papel. Él sería capaz de ponerme a prueba. Lo sigo en silencio hasta un pequeño bufé. Coge dos copas y me pasa una.

—¿Por qué has llorado? —Pregunta cogiéndome de sorpresa. A punto de hablar, una voz de fondo se me adelanta.

—¡Sasuke Volkov! Me vuelvo encontrándome ante una hermosa mujer. Rubia con pelo casco, ojos azules de gato. Alta y esbelta, atrapada en un largo vestido rojo que le ajusta ese cuerpo perfecto.

—¡Liudmila! —Exclama él besándole la mano. ¿Ah sí, eh? Con otras mujeres es todo un caballero, ¿quién lo diría? Los dos intercambian algunas palabras en ruso mientras se sonríen. ¡Él la sonríe, joder!, ¿por qué no me sonríe a mí así? Ah, claro, yo solo consigo sacar lo peor de él. La mujer lo mira codiciosa, lo desea.

¿Quién no querría uno así? Ella se le acerca, apoya la mano en su hombro y la expresión de Alex cambia y se vuelve inmutable, ha vuelto el de siempre. Le sonríe maliciosa. Saltaría encima de ella y le tiraría de ese pelo perfecto y brillante. Descargaría toda mi rabia sobre ella por diferentes razones, tal vez una de estas son los celos que tengo. Es la misma sensación molesta que sentí cuando las chicas tocaban a Sasuke en el local.

—Ella es mi novia. —Exclama volviéndose hacia mí. Me coge de la mano, sonríe un instante y después dirige la atención a la mujer que me mira con frustración. ¡Qué horror!, ¡Alex está con una como ella!, seguro que está pensando algo así. Bebo el champán que queda y le doy la mano. Tengo que mantener la calma. Mostrarme indiferente no es fácil,

quisiera abalanzarme sobre ella. — Dobryy vecher, miss. Me mira pasmada y Sasuke contiene la risa. No he hecho nada, he sido muy educada, le he llamado señora. La mujer nos mira a ambos y después se detiene en mí. —No hace falta que me llames señora, probablemente tengo solo algunos años más que tú. Es así como la bella se transforma en un monstruo de dos cabezas. Disfrutando de la situación y satisfecha me vuelvo hacia Sasuke.

—Liudmila, ella tiene la mitad de años que tú. —Le dice. Imaginaba lo mayor que era, pero no creía que tendría el doble, le sientan estupendamente bien. No me perdería por nada del mundo la graciosa expresión de la mujer enfadada. Él acaricia mi rostro. —Es precioso verte sonreír. —Me susurra. Estoy sonriendo por primera vez desde…

—¿Te apetece dar un paseo? —Pregunta interrumpiendo mis pensamientos. Asiento agradecida. Necesito aire. Repentinamente me ahogo. Obviando a la mujer que se encuentra a pocos pasos de nosotros, salimos fuera del edificio. Cruzamos la carretera caminando en silencio de la mano. Besa mi mano deteniéndose ante un pequeño parque.

—He pensando mucho en nuestra situación últimamente… —Dice encaminándose hacia el interior del parque. —Creo haber cometido muchos errores para obtener lo que quería… pero quiero remediarlo. Se detiene, se vuelve hacia mí y me acaricia nuevamente. No es el Sasuke de siempre, parece diferente. Tiemblo como una hoja cuando una racha de viento helado me atraviesa. Rápidamente me envuelve entre sus brazos, me da calor y yo no tengo ninguna intención de moverme.

—Quiero devolverte tu libertad, Sakura… —Susurra. Abro los ojos incrédula. ¿Lo ha dicho de verdad? —No tengo tenerte encerrada en mi castillo, pero necesito saber que solo serás mía… Deja que me marche. Yo no reacciono, no comprendo, estoy desconcertada.

—¡Quiero casarme contigo! —Declara decidido.

—¿Qué? —Pregunto con un hilo de voz. Tiemblo consciente de lo que ha dicho.

—Ty moya, Sakura, y quiero pasar el resto de mi vida contigo. No quiero tenerte encerrada entre esas paredes. —Declara acariciándome la barbilla con el pulgar. Creo que no lo entiendo. ¿Quiere que de pronto sea libre?, ¿por qué ahora?

—¿Quieres decir que puedo volver a casa y ver a mi padre, mis amigas, y retomar mi vida? —Suspira, lo cual no es buena señal. Su mirada se detiene en mis labios, los desea. Mi corazón grita, ¡bésame! Es desconcertante.

Dios mío, contrólate, te acaba de pedir matrimonio. —¿Tú quieres casarte conmigo? —Pregunto conmocionada.

—¡Sí! —confirma sonriendo. Esto va más allá de cualquier problema de personalidad. Está loco. Chiflado. Fuera de sí. Por el amor de Dios, ¿cómo puede decir algo así? Quiero casarme contigo, Sakura . Ya sabemos que nos conocimos de forma normal y que estamos juntos desde hace tiempo y creo que ha llegado el momento de… Teóricamente funciona así, ¿no?, ¿qué debería responder?, ¿sí, cariño, casémonos?

Ni muerta. Ya estoy enjaulada, si me caso con él firmo mi sentencia de muerte. Y además, tengo solo 18 años. No quiero casarme ahora. Necesito mi espacio para poder pensar con claridad. Hasta que no esté encerrada en su mundo, no podré ser yo misma. Quisiera tener la libertad de elegir, algo que nunca he tenido desde que lo conozco. Me ha secuestrado, ¿cómo puede pensar que me casaré con él? A menos que… Oh, no… ¡Él no quiere una respuesta!, ¡ya lo ha decidido!

—Lo que estoy tratando de… —Se interrumpe mirando a mis espaldas con los ojos abiertos de par en par. Me coge de los hombros atrayéndome hacia él e impulsada por la curiosidad me vuelvo. Me quedo de piedra al ver a un hombre de mediana edad apuntando hacia nosotros con una pistola en la mano. Alexander avanza con cautela posicionándose delante de mí y yo quisiera gritarle que no lo haga, es vulnerable. La idea de que el hombre pueda disparar de un momento al otro me aterroriza.

—¿De verdad me estás apuntando con la pistola? —Le pregunta Alexander. El hombre sonríe maléfico, baja la mirada hacia la pistola situada entre sus manos temblorosas, y luego la dirige hacia él.

—No estoy aquí por ti, sino por ella. —Responde en ruso el hombre, o eso es lo que creo entender. Contengo la respiración con el corazón latiendo a mil. Oh, Dios mío, está aquí

por mí. Quiere matarme. —Baja la pistola, Dimitri, y tal vez te deje vivo… —Lo amenaza Sasuke. No debería provocarlo, sino intentar tranquilizar la situación. Estamos solos y sin protección. El único que posee un arma es justo el hombre que está ante nosotros y que nos matará.

—Tu chica vale dos millones de dólares y no estoy dispuesto a renunciar a todo ese dinero. —Responde el hombre avanzando. Sasuke intenta retenerme, pero consigo posicionarme a su lado. Una tontería por mi parte, pero ha sido una reacción involuntaria. No quiero que use su cuerpo como escudo. No puedo permitir que muera para protegerme. Él es más importante que yo misma. Mi corazón se desboca mientras apunta la pistola hacia mí. Hay una recompensa por mi cabeza, soy una persona muerta.

—Ven aquí, dulzura. —Dice agitando la pistola. No me muevo, los pies están clavados en el suelo. Sasuke me agarra la muñeca e intenta ponerme detrás de él, pero yo no me muevo.

—¡Si la llevo viva donde Vladan tendré el doble de recompensa! —Sonríe burlón.

—¡Sakura, detrás de mí, inmediatamente! —Dice entre dientes. Trato de hacer lo que me dice. —Si das otro paso, te mato. —Grita el hombre con la pistola en la mano. Permanezco donde estoy. Me tiemblan las piernas, tengo miedo.

—Te daré el doble, baja la pistola. —Gruñe Sasuke cogiéndome la mano. Nuestros dedos se entrelazan con fuerza. Aparentemente estaba demostrando tener sangre fría, pero se percibía su terror.

—No quiero tu dinero. Mandaste asesinarme cuando supiste que Vladan me lo había encargado. Me encantaría saber quién es tu infiltrado. La voz del hombre está llena de rabia. Me vuelvo hacia Sasuke que mantiene la mirada fija en Dimitri. Mátalo, le había escuchado decir en su despacho aquel día. Quería matar a Dimitri porque yo estaba en peligro. Él siempre ha querido protegerme, a costa de matar. Siempre ha pensado únicamente en mí y yo me he escapado. Siempre me ha amado, protegido; y yo, en cambio, he buscado cualquier excusa para odiarlo.

—Mataría a cualquiera que solo piense hacerle daño. —Dice amenazante Alex dejando mi mano y avanzando hacia él. —Mátame. Está loco, lo matará si continúa así. Siempre he sabido que era un hombre instintivo, pero esto es una locura. No quiero que muera por mi culpa, moriría

yo también. —Otro paso más, Volkov, y la disparo. No puedo matarte porque Vladan me ha dado órdenes precisas, aunque me encantaría hacerlo, imbécil. Observo la mano de Alexander desplazarse lentamente detrás de su espalda, mete la mano debajo de la chaqueta y saca la pistola. Sucede todo rápidamente.

—¡Al suelo, Sakura! —Grita a pleno pulmón. Mi cuerpo reacciona inmediatamente y me tiro al suelo. Siento los disparos e instintivamente me tapo las orejas encogiéndome. Miro aterrorizada al hombre que amo. Sasuke está en pie con la pistola todavía humeante apuntada hacia Dimitri che está tirado en el suelo, desangrándose, todavía vivo.

Se acerca a él, le da un puntapié en el tórax y se agacha apuntándole la pistola a la frente. El hombre asustado le suplica, le pide perdón. Asisto a la escena paralizada. La mirada de Sasuke es penetrante, esto significa solo una cosa: lo matará.

—No, por favor… —Suplico, pero mi voz se escucha a duras penas. No puedo asistir al asesinato de una persona, es algo demasiado cruel y horroroso. Observo al hombre que se retuerce sobre sí mismo mientras la sangre brota y se derrama por el suelo.

—¡Nadie le hará daño! —Le dice un instante antes de pulsar el gatillo. Chillo asistiendo imponente a tal escena. Ha matado por mí. No puedo vivir esta vida y dejar que él elimine a cualquiera que intente dañarnos. Ha matado por mi culpa, yo soy la causa de todo. Vuelve hacia mí y me observa.

No veo al hombre que amo sino a uno que mata a sangre fría, sin la mínima vacilación. Me pongo en pie aturdida y no puedo evitar mirar al hombre tirado por el suelo despojado de vida. Después veo sangre, mucha sangre y me entra el pánico. Me falta el aire, me estoy ahogando. La cabeza comienza a darme vueltas y creo estar a punto de desmayarme.

—Pequeña, ¿estás bien? —Pregunta preocupado. No estoy bien, estoy a punto de tener un infarto, lo siento. Se me nubla la vista, él me coge por el brazo, me llama, pero no escucho nada.