Veinte

Despertar no fue la dicha que ambos imaginaron.

Loki estaba caliente y no en el buen sentido. Durante las primeras horas de la mañana la fiebre había invadido su cuerpo recién desvirgado para consumirlo de la manera habitual que tenía de hacerlo. Thor estaba nervioso, pero ahora que podía comunicarse con Urd este le dijo que con ciertos medicamentos tal síntoma cesaría.

Estuvo al lado de su amado en las horas más críticas y a cambio recibió la sonrisa más dulce y somnolienta que jamás había imaginado tendría la alegría de encontrar. Quería estar con él para siempre, se lo llevaría y en Asgard hallarían la cura de lo que lo aquejaba.

Aquello hizo que interrogara más a los jötuns en busca de respuesta que no tenían al parecer. El padecimiento de Loki era extraño, jamás visto en el mundo helado hasta ahora y no comprendían todavía cómo el aura mágica del jötun se sentía tan potente a la vez que su seidr no estaba del todo presente.

El hechicero aun estando débil, seguía feliz por lo acontecido hacía dos noches. Sabía que nunca sería capaz de vivir tanto como para tener una familia una vez rompiera el vínculo que le daba fuerzas para controlar su magia, pero el saberse abrigado por un cuerpo y amado por otro ser había sido lo más caótico como maravilloso que había experimentado.

Por su condición de debilidad estaba seguro que no sería capaz de concebir en ninguna circunstancia pero el percibir el semen caliente y resbaladizo lo habían hecho soñar que acababa de ser fecundado. Le daba fe en que todo era posible, en que él podría cumplir cada anhelo que hubiera tenido cuando crecía en la soledad de aquella casa rústica.

—Alma mía. —Lo despertó Thor poniendo un beso suave sobre sus labios. Aquellas palabras de cariño eran habituales entre los jötuns enlazados, por lo que lo hicieron sonreír como bobo—. Iré a ver hoy a Farbauti. Quizás ella tenga una solución para ayudar a tu baba y a ti.

Loki sabía que no había salvación para él y tampoco la habría para su baba si no se rompía el vínculo entre ambos pero no se lo dijo cuando este le explicó que Sif se quedaría afuera para cuidarlo mientras no estaba.

Ese presentimiento de calamidad inminente era lo que lo había impulsado a darle a Thor su virginidad. No tenía nada que perder y sí mucho que ganar haciéndolo. Ya no quería tener miedo al rechazo futuro, porque ni siquiera sabía con certeza si habría uno para él. Así que besó más al aesir antes de que este se marchara.

Iba a decirle que lo amaba pero quizás era demasiado pronto y el aesir lo tomaría como los delirios de un jovenzuelo inexperto, así que no lo hizo.

El reloj avanzó unas horas y él, ya mejor, comió un poco de sopa que le habían dejado a la mano. Tomó su medicina puntual para recuperarse con prontitud y así tener su segunda ronda de sexo, cuando alguien llamó a la puerta.

—Loki, el príncipe Helblindi ha venido a visitarte —dijo Sif en la sala de estar.

Eso sí que era nuevo y no pondría a Thor muy contento pero, ¿quién era él para rechazar a alguien cortés que se preocupaba por él, al grado de romper varias reglas de protocolo? Se lo explicaría al rubio más tarde.

El gigante entró a la habitación un poco encorvado ya que las dimensiones de las estancias estaban hechas para alojar aesir. El jötun enano le indicó que tomara asiento en una silla de su tamaño que usaban para poner la ropa sucia y así facilitarle a la servidumbre de lavandería que la recogiera.

Grande fue su sorpresa al ver cómo el cuerpo del príncipe se deformaba hasta recomponerse en un nuevo ente, uno que conocía pero que pensaba tardaría meses en volver a verlo. Su baba, de pelo largo y canoso, estaba en su tamaño aesir frente a él.

—Cariño, es un alivio que estés bien. —Se acercó a la cama y envolvió parte del torso y la cabeza de Loki en sus brazos—. Temí que ya estuvieras en un punto de no retorno. Tu seidr cada vez en más difícil de contener por mí mismo debo poner otro sello mágico sobre él para aparcarla o te consumirá.

—Baba, estaba tan preocupado por ti —confesó, separándose del anciano y tomando sus manos en las suyas—. ¿Por qué nunca me dijiste que el vínculo no estaba atado al brazalete sino a ti?

—Siempre fuiste un niño lleno de miedos no quería darte otro sin saber que corríamos un grave peligro. —Caminó alrededor del recinto, juntando la ropa de Loki en el morral de cuero que un día él le hubiera obsequiado en su aniversario—. Debemos irnos, los ingredientes que necesito para este conjuro son difíciles de encontrar y debemos de movernos por varios mundos antes de completarlos.

Calló sin saber qué decir. No quería ser ingrato con quien lo había procurado toda su vida sin pedir nada a cambio pero ya no deseaba prolongar su vida si tenía que pasar gran parte de esta alejado del aesir rubio que ahora era el dueño de sus pensamientos.

Jamás había contemplado la oportunidad de irse sin Thor, incluso habían estado hablando sobre ir por su baba ahora que sus cabras habían recuperado su poder de volar y de ahí, partir con ella a Asgard donde el rubio había prometido protegerlos a ambos o bien, romper el vínculo y dejar a su baba a salvo en su casa mientras ellos recorrían los nueve mundos juntos.

Una vez había acabado de encontrar cada prenda perteneciente al jötun y anunciado que era mejor le dijera a la guerrera aesir que irían al pabellón de los sanadores, mientras él ocultaba con un hechizo de invisibilidad la maleta, Loki tomó valor.

—Espera baba. —Estaba de pie con su típica falda larga y se puso una camisa holgada para que el anciano no supiera de su reciente despertar sexual—. Yo, conocí a alguien, aquí. Creo que estoy enamorado, bueno no, estoy seguro y él también quiere estar conmigo. —Sonrió feliz al recordarlo y no se amilanó por la mirada seria que el otro le devolvía mientras hablaba—. Es alguien dulce y tierno que me quiere por quien soy. Nuestro plan era romper mi vínculo contigo para que así tú no corrieras ningún peligro e irnos en un viaje por todo Yggdrasil. Sé que es egoísta de mi parte y nunca dudes de que eres una de las personas más importantes para mí pero esto es algo que anhelo hacer antes de…

—Antes de que mueras. —Las palabras salieron tan duras y los brazos en jarras de su baba no hicieron más que recordarle a cuando era un niño y ponía en riesgo su salud por tonterías—. Creo saber quién es de quien me hablas y hasta dónde han llegado. Estas prendas son más grandes para alguien como tú pero no lo suficiente para ser las de un gigante.

Loki tragó saliva. Había olvidado la mala impresión y el mal comienzo que Thor había tenido con ellos. El pequeño jötun se dio cuenta de lo descortés que había sido por no preguntar por sus muñecas rotas pero como ya se veían en perfecto estado no quiso interrumpir por algo obvio.

—Ay Loki, de entre todas las personas tenías que fijarte en ese ser. ¿No recuerdas todas las historias despiadadas de él que te contaba de niño? ¿No es él la espada de Asgard que se encarga de someter por medio de su fuerza a los otros pueblos o el que viene a Jotunheim sólo por gloria y honor?

—Sí, yo también pensaba eso pero no lo conoces. Es leal, dulce, amable, galante, honesto…

Una carcajada salió de la garganta del anciano, a todo pulmón y llenó los aposentos del príncipe aesir. Loki no comprendía qué era gracioso y le molestaba que fuera su baba quien se burlara de él pero lo olvidó cuando Sif tocó preguntando si había un problema. Claro que no lo había o eso pensó él y la despachó.

—Creo que tú tampoco lo conoces cariño o dime, ¿acaso ahora eres partidario de las relaciones poligamias? —interrogó con la ceja alzada.

—Sí, sé que ha tenido una juventud alocada y muchos amantes pero él dice que conmigo es diferente.

—Y aunque eso fuera cierto, que no lo es —afirmó su baba volteando los ojos y sacándolo de quicio—. También está el claro hecho de que no siente nada por ti o si no ya te hubiera dicho que está comprometido con la diosa del amor y la belleza, Freyja.

Ni siquiera tuvo tiempo de respirar porque sus pulmones colapsaron en un segundo. A su corazón de repente se le ocurrió que ya no necesitaba bombear sangre porque de todos modos su vida se medía en meses y la razón que tenía para morir con orgullo se había ido.

Pero no, no podía ser cierto. Él se lo habría dicho, habría confesado algo así si en serio fuera verdad. Además tampoco comprendía cómo era que su baba tenía ese tipo de información sobre Thor.

—Cariño, antes de que te encontrara era solicitado en varias cortes. En especial la de Alfheim, ahí se hablaba del compromiso de Thor con una diosa vanir, un compromiso con el que cesarían las hostilidades que tenían ambos bandos. Fue después de la guerra y por designio del tratado de paz firmado entre Vanaheim y Asgard que el príncipe heredero desposara a la diosa más bella del universo —explicó cuando Loki lo había cuestionado.

El golpe fue más duro la segunda vez. Fue como si le hubieran sacado el aire a la fuerza, raspando su tráquea y provocando que la bilis aflorara hacia su boca. Quería vomitar o gritar de lo horrorizado que estaba con esas palabras. No, por la mentira, sino por las falsas promesas que había creído ciertas.

"Es que no puede ser así; baba miente, está mintiendo", pensó negándose a llorar todavía.

—Es triste saber que no me crees. Pero lo comprendo, como dicen en Midgard: el amor es ciego —dijo acariciando la mejilla izquierda de Loki—. Te diré cómo saberlo, ¿sí?

El pequeño jötun abrió la puerta y Sif, que estaba sentada jugando con un par de dagas, volteó veloz en su dirección. Se puso de pie y Loki salió con calma seguido de Helblindi, aunque el primero se veía todavía seguía muy débil.

—¿Sucede algo? —cuestionó la guerrera, extrañada por la mirada arrepentida que Helblindi le daba.

—Sif, no somos amigos, pero apelo a tu condición de guerrera honorable y te pido me digas si es cierto que Thor está comprometido en matrimonio con la diosa Freyja.

La mujer bajó la mirada y se vio los pies un instante. Suspiró y se rascó la cabeza, insegura de qué debía decir. Entonces comprendió y le lanzó cuchillos con los ojos al idiota de Helblindi, a quien de seguro se le había salido tal información o peor, lo había hecho a propósito para ganarse el favor de Loki.

—Es verdad. —Otra puñalada más se alojó en su cuerpo, esta vez a la altura de su corazón y Sif lo percibió—. Pero créeme Loki, estoy segura de que alguna razón de peso ha de haber tenido para no contártelo.

—No pasa nada —dijo con voz queda, una que le costó encontrar—. Iré al pabellón médico a ver a Urd.

—Puedo llamarle.

—No, yo lo escoltaré hasta allá —comentó con aire petulante el príncipe jötun.

Claro que Sif no se pudo oponer a una decisión de alguien con un rango y autoridad superior a la de ella y contempló cómo Loki se iba por el pasillo, cabizbajo. Ojalá que Thor llegara pronto, ya tenía mucho rato en esa reunión con Farbauti.

Con paso lento, Loki sólo se dejó guiar por su baba que casi iba cargando con todo su peso, pero es que él no podía con la debilidad y ahora la falta de ganas que tenía de seguir respirando. Aquello era horrible, no estaba herido de gravedad pero sentía que así era y su cuerpo pedía a gritos un bálsamo para aliviar el dolor.

—Debemos pasar a los guardias y de ahí caminar a un callejón alejado un poco del palacio.

No preguntó por qué no se transportaban directamente. Tampoco le importó en ese momento.