Agape to Eros
By Tsuki No Hana
22
"Go Yuuri, go!"
—Dégueulasse! (Asqueroso*)
—¡L-lo siento! —se avergonzó demasiado al ver cómo el elegante traje de su coach terminó bañado en vómito. No entendía mucho el francés, pero logró comprender con esa expresión que a Chris le dio muchísimo asco, su cara de espanto le decía todo—. Lo siento tanto, Chris, yo voy... —se sintió inestable, tanto que sintió como si su cabeza le diera vueltas. No supo en qué momento terminó aferrado a los brazo de su entrenador.
—¡Yuuri! —dijo por enésima vez, asustado al verlo de pronto tan pálido y débil. El pobre terminó desvaneciéndose entre los brazos del suizo, a quien poco le importaba ya el hecho de que estaba bañado en fluidos estomacales.
El japonés despertó tiempo después en el hotel. Estaba en una de las tres habitaciones que tenía el enorme cuarto que habían alquilado por petición de Chris.
Se talló perezosamente un ojo y miró a su alrededor, tratando de recordar qué día era o qué hacía ahí. Se incorporó hasta quedar sentado sobre la cama, sintiendo malestar en su estómago y un agrio sabor en su boca. De pronto se percató de un peso extra colgando de su cuello. Se llevó la mano al lugar y descubrió una fina cadena, la tiró suavemente hasta toparse con un par de anillos muy hermosos. Anillos de compromiso.
Entonces todos sus recuerdos llegaron como flashazos a su mente, uno tras otro, golpeándolo sin piedad alguna. Apretó los anillos entre sus puños y los acomodó de nuevo en su lugar, resguardados bajo su ¿Pijama? ¿En qué momento se había cambiado de ropa? No le dio importancia y se paró con violencia de la cama, mareándose un poco en el acto, pero tampoco le importó mucho. Comenzó a caminar de un lado a otro, recordando lo ocurrido, su maldito vómito verbal. Estaba tan deshecho que poco le importaba haber ganado el oro, eso no tenía importancia ya, no cuando perdió al amor de su vida.
Y así, con la impotencia y el coraje anidados en su corazón, comenzó a lanzar lo primero que se encontró a su alcance. Comenzó por el control remoto de la televisión, luego su maleta, una lámpara del hotel y demás artilugios del lugar. El escándalo no tardó en llamar la atención de los que estaban afuera en la pequeña sala.
—¡Yuuri! ¿Qué haces? —el joven japonés se espantó al ver a su entrenador tan fuera de sí, lanzando cosas a diestra y siniestra. Yuuri no le respondió, siguió lanzando cosas una y otra vez, a veces tomaba la misma cosa que había lanzado, sólo para estrellarla contra otra pared. Minami iba a ir tras él, para hacer algo, pero fue detenido a tiempo por el suizo.
—Déjalo —murmuró con voz seria—. Necesita esto, déjalo desahogarse.
Los dos se quedaron en la puerta y cuando estaban a punto de cerrarla...
—No, no puedo dejarlo así —empujó a Chris y entró a la habitación. Corrió detrás de Yuuri y lo abrazó con mucha fuerza, estampándose contra su pecho y reteniéndolo. El aludido intentó zafarse del agarre, quería seguir desquitándose un poco más, pero el otro no se lo permitió—. Tranquilízate, por favor —pidió en voz alta—. Vas a terminar haciéndote daño, así que por favor, tranquilízate —lo apretó con más fuerza, logrando calmarlo. Debido a que era más alto que Yuuri, logró rodearlo por completo y poner su mentón sobre la coronilla del mayor.
Yuuri no soltó palabra alguna, en su lugar, siguió llorando con intensidad. Sólo necesitaba sacarlo todo de una buena vez. Se aferró a la espalda de su alumno y lloró amargamente por largo tiempo. Chris los observaba desde la puerta, triste y sin saber cómo ayudar a su pupilo. A su mente llegó el momento de horas atrás, cuando la gente comenzó a entrar al vestidor y se lo encontraron con un Yuuri inconsciente entre sus brazos. Tuvo que cargarlo hasta llegar al hotel, donde lo cambió de ropa y luego a sí mismo.
—No quiero ir.
—Debes hacerlo, ganaste el oro y además tu pupilo también está invitado, no dejarás que vaya solo ¿O sí?
Katsuki suspiró pesadamente, viendo el elegante traje tendido sobre su cama. Estaba renuente a asistir al banquete de esa noche, no tenía ánimos y tampoco la valentía para toparse ahí a Viktor.
—Es probable que Viktor no vaya.
Con esas palabras logró captar más la atención de Yuuri.
—Escuché rumores sobre el equipo ruso. Al parecer regresaron antes a su país —se cruzó de brazos y frunció el ceño—. Además, me lo debes. Es lo mínimo que puedes hacer luego de echar a perder uno de mis trajes favoritos.
Finalmente Katsuki aceptó ir, muy obligadamente.
Cuando llegaron al lugar, la gente posó de inmediato sus miradas en el japonés, primero que nada por el hecho de haber ganado el oro, y segundo, por el espectáculo que se hizo cuando estuvo inconsciente. Yuuri sólo quería irse de ahí cuanto antes. Chris tenía razón, el equipo ruso se había ido ya, o casi todos.
Yuuri se había acomodado ya en un rincón del fondo, lejos de la multitud que charlaba y bebía animadamente. Se paró junto a la mesa de bocadillos y de bebidas. Decidió que tomaría un poco, pero antes de que pudiera dar un trago a la copa de champagne, alguien se le paró en frente y lo tomó del brazo con brusquedad.
—Supe lo que te pasó. ¿Estás bien? ¿Por qué te desmayaste? —sus ojos verdes centellaban en angustia y preocupación mientras lo inspeccionaba—. No deberías de beber —le hizo fea cara a la copa—. Dame eso —se la arrebató y se la pasó a su novio—. Toma, Beka —el aludido la aceptó y le dio un trago—. ¡Pero no te la tomes! —el kazajo sonrió divertido y no le hizo caso.
Yuuri no respondió, simplemente se echó a los brazos de su buen amigo, enterrando su rostro en el cuello de este y conteniendo sus lágrimas con mucha fuerza.
—Cerdo, ¿Ahora qué estupidez pasó entre tú y el viejo? —a pesar de la brusquedad de sus palabras, se podía palpar el cariño y la angustia en éstas. Había correspondido el abrazo al instante, sintiendo tan palpable la tristeza de su amigo. Katsuki no se separó del abrazo, tampoco respondió, sólo atinó a negar con la cabeza. Temía salir del abrazo y que sus lágrimas no pudieran ser contenidas por más tiempo.
Yurio no dijo nada, pero Viktor había reaccionado de la misma forma cuando lo vio anoche en el hotel, sólo que había sido Viktor quien lo abrazó con tanta fuerza en primera instancia, llorando sin decir nada. Luego de eso se regresó a Rusia junto con Yakov, quien se veía demasiado preocupado por su pupilo. No fue necesario que el mayor dijera algo, Yurio estaba seguro de que esa preocupación se debía a la inestabilidad emocional que podría llegar a presentar Viktor, temía que fuera a intentar algo estúpido.
—Chicos... ¿Qué ocurre? —una cuarta persona se unió al momento—. Yuuri ¿Qué pasa? —preguntó con voz suave y consoladora. El japonés alzó la mirada y miró a su mejor amigo. Sólo atinó a separarse de Yurio para cambiar los brazos del ruso por los del tailandés.
Momentos después apareció Chris, preguntando por la situación al igual que Phichit en momentos antes. Yuuri hizo lo mismo: abrazó a su entrenador.
—Necesito hablar... —murmuró lo suficientemente alto para que los demás lo escuchasen. Casi no había soltado palabra desde el día de ayer, parecía un zombie andante, así que todos agradecieron que accediera a hablar.
—Vayamos a un lugar más privado —sugirió Chris, y así fue cómo él, Yurio, Otabek, Phichit, Yuuri y Minami (Quien se les unió al ver que se retiraban todos juntos del lugar) terminaron subiendo a la habitación que compartía el "Equipo japonés".
Pronto, todos estaban sentados en la sala de la suite, poco les había importado abandonar la celebración que se llevaba a cabo en el salón más grande del hotel. Le dieron tiempo a Yuuri para que pensara bien lo que iba a decir, y fue así como el japonés comenzó a hablar, a soltar muchas verdades. Sus amigos merecían saber todo para que pudieran entenderlo y apoyarlo, además, Viktor ya lo sabía, así que ¿Qué más daba?
Les contó todo de principio a fin. Fue sorprendente ver las reacciones de cada uno. Minami ya lo sabía, pues vivió casi todo eso a su lado, Chris también ya estaba enterado, pero escucharlo de boca de Yuuri le causó sentimientos encontrados que no se esperaba en lo absoluto. Otabek escuchaba atentamente y sin decir nada, sólo escuchaba y analizaba. Phichit estaba hecho un mar de lágrimas, no dudó en levantarse de su asiento para terminar sentándose al lado de su mejor amigo, abrazándolo y reclamándole el hecho de que no lo buscara ni una sola vez durante esos tiempos difíciles. Yurio fue otro asunto, el rubio se impresionó tanto al enterarse de todo aquello que sólo atinó a ponerse de pie y salir de la suite luego de azotar la puerta con todas sus fuerzas.
—Iré a hablar con él —el kazajo se puso de pie y salió con tranquilidad tras su novio.
Los dos regresaron minutos después y tomaron de nuevo sus asientos. El rubio tenía los ojos rojos e hinchados, pero miró intimidantemente a todos, en una clara advertencia para que no le preguntaran nada al respecto.
—¿Y qué vas a hacer de ahora en adelante? —inquirió Otabek con seriedad.
Yuuri lo pensó unos momentos antes de responder.
—Quiero ir a casa —suspiró pesadamente—. Sólo quiero ir a casa —por un instante todos se detuvieron a mirarlo con detenimiento. Katsuki se veía exhausto. Necesitaba un respiro.
—¿Sólo así? ¿Te irás a casa y ya? —espetó Yurio, con mal carácter—. Viktor se desvivió para intentar reconquistarte ¿Y tú sólo te alejas? ¿De nuevo?
Yuuri sonrió con una tristeza abismal que les causó escalofríos a todos en esa habitación, incluyendo al ruso.
—Quería terminar las cosas con Viktor en buenos términos. Ese fue mi objetivo al participar en este Gran Prix, pero todo salió contrario a mis planes. Él terminó odiándome. Por eso temía tanto decirle la verdad.
Querían decirle "él no te odia" o "Se le va a pasar el enojo" pero ninguno tenía bases para sustentar esas palabras. Ni siquiera Yurio sabía qué pasaba por la mente de su compatriota. Así que todos se quedaron en un profundo silencio.
—Vas a regresar a casa y... ¿Qué? —inquirió el suizo.
—Me tomaré un tiempo, quizás trabaje en el onsen. Necesito despejar mi mente, alejarme del patinaje y todo lo que tenga que ver con Viktor, sólo por un tiempo.
Nadie pudo recriminarle la toma de esa decisión, pero ninguno estuvo muy de acuerdo en ello. Tampoco podían decirle que le tocaba luchar por Viktor, que no se diera por vencido, pues todos se llevaron una enorme sorpresa cuando el ruso de ojos azules se fue de regreso a su país sin despedirse de nadie. Sabían que estaba demasiado enojado, pero no estaban seguros de qué haría de ahora en adelante. En resumidas cuentas, no sabían cómo estaba el campo de batalla, así que no podían lanzar a Yuuri a la guerra sin saber antes a qué se enfrentaría.
—Tómate un tiempo para sanar las heridas. Descansa la mente y luego toma una decisión, pero antes que nada debes pensar bien en qué es lo que quieres y por qué lo quieres.
Todos los presentes miraron a Otabek con sorpresa. Pocas veces soltaba más de cuatro palabras en una oración, ahora había dicho esas palabras tan ciertas, que ninguno pudo estar más de acuerdo.
Nadie se dio cuenta de la hora que era. Se les había ido el tiempo volando y sin saberlo, evitaron que Yuuri se emborrachara en el banquete.
Estuvieron charlando un rato más sobre relaciones y los fracasos amorosos que todos habían tenido, excepto Yurio y Minami, quienes eran inexpertos en el asunto de los "Ex". Como buenos amigos le dieron consejos a Katsuki, apoyándolo y pidiéndole que los mantuviera al tanto de su vida, de las decisiones que fuera a tomar. Lo apreciaban mucho, por ello querían formar parte de su vida. Yuuri no se los dijo, pero se sintió muy querido en esos momentos.
Casi eran las dos de la mañana cuando el ruso de ojos verdes apoyó su cabeza contra el hombro de su novio. Este gesto no pasó desapercibido por nadie, pero se abstuvieron de soltar chistes o comentarios al respecto, sólo vieron discretamente cómo poco a poco sus bellos ojos parpadeaban cada vez con más pesadez, hasta que terminaron cerrándose. Ahí sí, ninguno pudo evitar soltar risillas. Otabek se percató de que Yurio había caído rendido al sueño, pero como no quiso moverlo de ahí, sólo pasó un brazo por su cintura y otro por enfrente para rodearlo en un cálido y protector abrazo sin removerlo de su hombro. Esbozó una sonrisa tenue al sentir que el rubio le correspondía el gesto, apretando su saco entre sus manos.
No podía dormir, comer ni hacer nada que no fuera pensar en él. Se estaba volviendo loco, sentía que el aire le faltaba sólo de recordar todo lo que Yuuri le confesó. Estaba sorprendido, espantado y decepcionado. Por momentos se enojaba tanto con lo ocurrido que terminaba golpeando o lanzando algo, su ira era demasiada, pero había momentos en que se ponía a pensar y se preguntaba "¿Yuuri soportó todo aquello, solo?"
Lo odiaba y lo admiraba al mismo tiempo. Su mente y corazón eran un mar sin fin, llenos de emociones y sentimientos contradictorios. Sólo quería alejarse de todo, huir, correr lejos de sus demonios.
—No estoy de acuerdo en esto.
—Yakov —sonrió con tristeza—. No tienes de qué preocuparte.
—¡¿Cómo de que no?! Te vas a ir quién sabe a dónde y quién sabe por cuánto tiempo, solo, sin comunicarte con nadie. ¡Estás deprimido y dios sabe qué cosas harías estando solo! Además, necesitas descansar tu espalda y...
—Voy a ir a vivir con Aleksi por un tiempo —vio cómo la mueca de enojo en Yakov se iba difuminando hasta formar una expresión cargada de alivio.
Viktor se había comunicado con su hermanito justo después de que Yuuri le confesó la verdad. El menor no le había entendido nada en la llamada, sólo había escuchado a su hermano mayor llorando a mares, pero eso fue más que suficiente para que entendiera a grandes rasgos qué era lo que había ocurrido. No lo pensó dos veces antes de ofrecerle un cambio de ambiente, y así fue como Viktor aceptó irse a vivir con él durante una temporada.
—Mi vuelo sale temprano en la mañana —abrazó a su querido entrenador—. Estaré bien, lo prometo —le dio un beso en la mejilla a pesar de las protestas del mayor, y se fue a casa después de terminar el café que le había invitado Feltsman.
Esa noche Viktor entró a su departamento y se encontró con Irina esperándolo en la sala, angustiada y enojada porque no le avisaron que llegaría un día antes.
El ruso lanzó sus llaves en la mesita del recibidor y pasó de largo.
—No quiero hablarte y tampoco verte. Retírate de mi casa.
—¿Qué? —palideció—. ¿Qué te ocurre, Nikiforov? —caminó hacia él, interceptándolo antes de que entrara a su habitación.
Entonces Viktor la encaró con verdadera ira.
—Estoy furioso contigo, así que lárgate de mi casa. Me ocultaste la verdad sobre tu prima y Yuuri, tú lo sabías... lo sabías muy bien —la tomó de los hombros y a pesar del enojo que sentía, la movió con suavidad hacia un lado para poder pasar a su cuarto.
—Viktor... —se le fue el aire—... si no te lo dije es porque no me correspondía hacerlo. Era Yuuri quien debía hacerlo, no yo.
—Lo sé —fue a su armario y sacó un par de maletas muy grandes—. Pero eso no quita que esté muy molesto.
—¿Hablaste con Yuuri?
—Vaya que sí —resopló con enojo para ocultar el dolor en su corazón al recordar ese momento. Aún se arrepentía de haberlo empujado así, recordar el espanto en sus ojitos cafés le causaba un inmenso remordimiento.
—Hey, ¿Qué demonios haces? —exclamó al verlo guardar cosas en su maleta, de manera tranquila y ordenada.
—Voy con Aleksi.
—¿Por un año o qué? —espetó al ver toda a ropa que guardaba ahí.
—Quizás, no lo sé.
Irina soltó un pesado suspiro, se cruzó de brazos al mismo tiempo que se recargaba contra la pared más cercana, observando en silencio.
—¿Qué pasó en Japón?
—¿Te puedes largar?
—Idiota. ¿Qué pasó contigo y Yuuri? ¿Te dejó porque ganaste el bronce?
El ruso suspiró pesadamente y le dedicó una mirada muy intimidante.
—No. Yo he decidido no buscarlo más, ya tuve suficiente de Yuuri Katsuki. Necesito comenzar de nuevo.
Lo dijo con tanta certeza que la pelirroja se estremeció. Iba muy en serio, no había rastro del Viktor que se arrastraba por Yuuri, no más.
—¿Qué hay de Makkachin?
—Mañana temprano pasaré por él al hotel y me lo llevaré a Vladivostok. Quiero pasar tiempo con él —siguió empacando sus cosas, sin molestarse en siquiera dedicarle una mirada a la pelirroja.
—Por favor cuídate mucho —pidió antes de abandonar la habitación y el departamento. Estaba preocupada por él, pero al saber que se iría con Aleksi hacía que esa preocupación se disipara un poco. Sabía que no lograría nada con un Viktor en ese estado de ánimo, así que mejor se retiró.
El cumpleaños de Yuuri no tardó en llegar, todavía no había transcurrido ni una semana del enfrentamiento con Viktor y el japonés estaba que se deshacía en depresión. Pero esa vez fue diferente, en esa ocasión decidió que debía permitirse estar triste el tiempo necesario para sanar sus heridas, tal como había sugerido Otabek, pero pronto se levantaría y saldría adelante, ya lo había decidido. Pero estar atravesando su cumpleaños y saber que nuevamente no lo pasaría junto a él... lo deprimía bastante.
Fue un iluso al creer que Viktor le mandaría un mensaje de cumpleaños, fue un estúpido. Sintió cómo la realidad lo golpeaba fuertemente en la cara cuando entendió finalmente que el ruso en verdad había puesto un alto a todo lo que tuviera que ver con él.
El día de su cumpleaños fue gris a pesar de que su familia se lo estaba festejando con mucha comida, regalos y amigos en casa. Sí, todos los que lo apoyaron hace unos días, se hallaban ahí, a su lado para festejar sus veintiséis años de vida. Incluso J.J. e Isabella habían asistido, aprovechando la oportunidad para dar la noticia sobre el futuro integrante de su pequeña familia.
El tiempo transcurrió demasiado lento para el japonés, quien de vez en cuando recibía información sobre Viktor gracias a Yurio. Éste le informaba todo lo que podía. Le había dicho ya que el mayor se había ido a vivir con su hermano, a Vladivostok por tiempo indefinido, pero le dijo que la última vez que lo vio se encontraba relativamente tranquilo.
Navidad estaba muy cerca y Yuuri llevaba ya casi un mes ayudando en el onsen. El lugar tenía más huéspedes de lo habitual, pues iban a ver al sorprendente campeón mundial del patinaje sobre hielo. Yuuri tuvo que ayudar en la cocina para evitar ser acosado, lo ponían a pelar y lavar verduras mientras su madre se encargaba del resto junto con los demás trabajadores.
El cumpleaños del ruso también se acercaba y Yuuri se veía ansioso por ello. Pensó en más de una ocasión que podría llamarle, pero terminó descartando la idea cuando se llegó el día.
A comienzos del 2019 Yuuri entró en desesperación. Pensó que a la larga lograría superar lo ocurrido con Viktor, pero se dio cuenta de que sería imposible. Tenía su medalla de oro, fama, amigos, familia que lo amaba, pero nada llenaba ese hueco que quedó en su pecho después de esa última mirada llena de odio y decepción que le dirigió Viktor. Quizás si hubieran quedado en buenos términos sería posible que se olvidaran mutuamente, pero no así.
Fue en la primera semana de febrero cuando Yuuri se encontraba en su habitación, tumbado en la cama y esperando a que su despertador sonara para levantarse antes del amanecer y comenzar a ayudar en casa. Trabajar en el onsen era muy cansado, pero le ayudaba a mantener su mente ocupada, pero no ese día. Había tenido un sueño muy hermoso, de su vida al lado de Viktor y no podía dejar de pensar en él. Se sentía ansioso, frustrado y muy decidido.
Ese día se levantó de la cama con una decisión muy bien tomada. Otabek había tenido razón, debía sufrir lo necesario, sanar sus heridas y luego tomar una decisión. Ya lo había hecho: iría tras Viktor. No tenía nada qué perder, ya lo había perdido todo. Quizás si nunca se hubiera enterado de lo de Victoria, podría haber sobrellevado mejor la separación y superarlo finalmente, pero no ahora.
Así comenzó su día con un muy buen humor, al menos hasta que recibió mensajes de sus amigos, avisándole sobre una noticia muy importante: el regreso de Viktor al hielo, el cual era al mismo tiempo su despedida.
Viktor Nikiforov se iba a retirar definitivamente del patinaje artístico.
—¡Lo que oyes! El programa será transmitido en vivo. El show es a las ocho de la noche en París.
El japonés apretó el teléfono entre sus manos. Estaba temblando ante la noticia que recién le daban. Yurio había decidido llamarle y justo ahora le gritaba.
—¡Oi! ¡Cerdo! ¿Sigues ahí?
—S-sí... —no quiso decirle sobre la decisión que había tomado esa mañana, su mente estaba hecha un caos. ¡Viktor se iba a retirar!
El show de "Art on Ice" iba a ser transmitido en Japón a las tres de la mañana, pero eso era lo que menos le importaba al japonés. Yuuri estaba en shock con la noticia. Luego de acabar la llamada con Yurio, se dedicó a buscar noticias en las redes sociales. No fue necesario buscar, apenas abrió twitter fue testigo de las miles de personas que hablaban sobre el tema. También sobre el hecho de que Viktor sería entrevistado antes del show en un programa de televisión muy famoso en Francia.
El resto del día Yuuri estuvo muy ansioso, ni siquiera el trabajo logró sacar de su mente a Viktor.
Cuando la hora de la entrevista se llegó, Yuuri corrió como loco hacia la televisión. Agradecía que no hubiera huéspedes en esa área después de medianoche. En París eran aproximadamente las cinco y media de la tarde.
Toda la familia Katsuki se unió a ver el programa. Se llevaron una inmensa sorpresa cuando vieron al ruso en televisión, éste había cambiado un poco, se había cortado el cabello, volviendo a su estilo de siempre y enamorando a más de uno con su aspecto tan cambiado y mejorado. Su porte elegante y su cuerpo un poco más fornido que antes, lo hacían ver tremendamente sexy. Por la mente de Yuuri sólo podía rebotar el pensamiento: "Demasiado atractivo masculino, demasiado" pero sus ánimos no duraron mucho tiempo después de que la entrevista diera inicio.
—"Te ves en mejor condición que en el Grand Prix Final del año pasado ¿Cómo te sientes?" —preguntó el amable conductor en su idioma natal, en un francés muy marcado.
—"Ciertamente me encuentro mejor. El año pasado cometí el error de participar a pesar de no estar por completo recuperado de mi accidente, pero ahora estoy mucho mejor" —sonrió a las cámaras, presumiendo de su hermoso y fluido francés. Yuuri se quedó embobado al escucharlo hablar ese idioma, de cierta manera extraña, eso sólo lo hacía ver más atractivo ante sus ojos. Afortunadamente el programa tenía subtítulos, sino no entendería nada.
—"Eso es bueno, pero... nos llegó el rumor de que te retirarías del patinaje ¿Es eso cierto?"
—"Lo es. La presentación de hoy en el Art on Ice será mi despedida"
—"¿Se puede saber el motivo?"
—"A todo patinador le llega la hora del retiro"
—"¿Y qué piensas hacer de ahora en adelante?"
—"Sinceramente no he llegado a un plan en concreto, pero siempre me ha hecho ilusión abrir mi propia academia de patinaje"
—"¿Quieres encontrar al siguiente pentacampeón mundial?" —preguntó con una sonrisa, el conductor era muy carismático.
—"No estaría mal" —rio.
—"Cambiando un poco de tema. Viktor, cuéntanos un poco sobre ti. ¿Qué estás haciendo actualmente? Es decir, fuera del hielo."
El ruso se llevó una mano al mentón, y pensándolo unos momentos, respondió.
—"Estoy viviendo en la misma ciudad que mi hermano. Paso más tiempo con él y su prometida, también los ayudo a planear su boda" —soltó una risilla.
—"¿Y a qué se debe tu cambio de look? Tengo entendido que a tus fans les gustaba verte con el cabello largo"
—"Uhm... bueno, sobre eso... me lo había dejado crecer porque alguien me lo pidió, pero me cansé y lo corté. Necesitaba un cambio" —se encogió de hombros, ajeno a la punzada en el pecho de Yuuri luego de escuchar eso.
El conductor le hizo un par de preguntas más, sin mucha importancia y relevancia, pero finalizó con algo que golpeó duramente el corazón de Yuuri.
—"Quizás sea una pregunta muy personal, y entendemos que no quieras responderla, pero hemos recibido muchos mensajes a través de las redes sociales, pidiendo que te preguntemos esto"
El ruso asintió, listo.
—"¿Actualmente tienes pareja?"
Yuuri contuvo la respiración, esperando con ansias su respuesta.
—"No"
Katsuki volvió a respirar.
—"Pero sí estoy saliendo con alguien" —sonrió y guiñó un ojo a la cámara.
El mundo del japonés se vino abajo.
Hubo más preguntas y comentarios, pero no pudo poner atención a ellos. Las palabras de Viktor retumbaban en su mente. Estaba saliendo con alguien, ya lo estaba olvidando, si es que no lo había olvidado ya.
No pasó ni un minuto de que la entrevista terminó, cuando llamadas y mensajes de sus amigos asaltaron su celular con insistencia. Estaban sorprendidos y preocupados por la reacción que Yuuri podría tener al escuchar aquello. Éste no le respondió a ninguno, al contrario, apagó el teléfono y se fue a meditar un poco al jardín trasero. Ni siquiera respondió a las preguntas de su adorada familia, sólo les pidió un rato a solas, asegurándoles que se encontraba bien.
Luego de meditar el asunto por largo rato, Katsuki se puso de pie y caminó a paso decidido a su habitación, encendió la computadora y les mandó un mensaje por whatsapp a sus amigos: "Videollamada, ahora".
No pasaron ni cinco minutos para que los demás se conectaran e hicieran comunicación en vivo.
—Siento molestarlos tan de repente —se disculpó con algo de vergüenza.
—¿Qué pasó Yuuri? —Phichit se acercó demasiado a la cámara, tratando de observar y encontrar algún atisbo de tristeza en su amigo, pero no lo halló.
—Vimos la entrevista ¿Cómo es que el idiota tiene novia? —exclamó Chris, algo enfurruñado—. No me ha dicho nada.
—No tiene novia —Yurio apareció en la pantalla, junto con alguien más.
Todos se quedaron callados, mirando a la pareja.
—¿Ustedes siempre están juntos? —inquirió Chris con algo de celos—. ¿Qué? ¿No tienen vida, no estudian, no tienen familia? ¿Por qué siempre están juntos? ¡Ni siquiera son del mismo país!
—Cálmate Chris —murmuró el tailandés entre risas—. Recuerda que Masumi irá a visitarte en poco tiempo.
—Sí, en tres meses —se quejó, cruzándose de brazos.
—Hola —saludó Otabek, sentado al lado de Yurio en lo que parecía ser la sala de la residencia Plisetsky.
—Como decía —continuó Yurio—. No tiene novia, sólo dijo que salía con alguien. Cerdo, no te deprimas por eso y mejor... —fue interrumpido.
—No estoy deprimido —sonrió de lado, seguro de sus palabras—. He tomado una decisión y no retrocederé en ella, por eso me era tan urgente contactarlos y ver si podía tener su apoyo en ello, pero... ¿Y Minami? —inquirió al ver que todos estaban conectados, menos él.
—Se encuentra indispuesto —respondió Phichit. Nadie dijo nada, pero estaban seguros de que se había alejado de eso por bienestar mental y sentimental, después de todo, el joven japonés de veintiún años seguía perdidamente enamorado de su coach—. Pero prosigamos.
—¿Qué decisión tomaste? Suéltalo ya, cerdo.
—Voy a ir tras Viktor. En estos meses sin señal de él me di cuenta de que lo extraño horrores. Lo quiero de vuelta en mi vida—se le hizo un nudo en la garganta—. Y creo que... no valoré lo que tenía, hasta que lo vi realmente perdido.
—¡Idiota! Eres un idiota, el viejo te estuvo rogando por meses ¡Meses de soportar sus cursilerías para que ahora me vengas con esto! —estalló el rubio, respirando agitadamente hasta que Otabek puso una mano sobre su hombro, tranquilizándolo.
—Mejor tarde que nunca —el positivismo de Chris contagió al resto.
De pronto Phichit comenzó a aplaudir enérgicamente.
—¡Se pone en marcha el plan para reconquistar a Viktor! —exclamó, con una pose de súper héroe muy cómica. Todos estallaron en carcajadas, incluso Otabek soltó unas risillas.
—Pero antes... Yuuri ¿Cuál es tu plan? —intervino el kazajo.
Buena pregunta. El japonés no tenía idea de ello.
—Por eso quería hablar con ustedes —se sonrojó—. Yo nunca... —se rascó la nuca—. Nunca he intentado conquistar a alguien, soy pésimo en esos asuntos y la verdad no tengo idea de qué hacer.
—¡No te preocupes! —exclamó Chris, muy feliz y viendo una gran oportunidad ante sus ojos—. Iré a Japón contigo y luego nos iremos a Vladivostok para que reconquistes a mi querido amigo.
—E-espera ¿Qué? Pero Chris... —se puso muy nervioso—. No quiero comprometerlos, yo sólo pedía su consejo, sería mucha molestia que vinieras y...
—No es ninguna molestia, Yuuri, somos amigos ¿No? Déjame hacer esto por ti, por mi mejor amigo también.
—¡Yo también quiero! —Phichit saltó emocionado—. Tengo un par de meses libres, así que quiero unirme a la causa. ¡Vamos todos a Vladivostok!
—Yo no puedo —la voz seria de Yurio desanimó el momento.
—¿¡Por qué no?! —Phichit hizo un puchero.
—Voy a entrar a la universidad.
—¡Oh! ¿Y qué vas a estudiar? —se emocionó el tailandés.
Yurio no respondió.
—Va a estudiar gastronomía —soltó el kazajo con una sonrisa que sorprendió a todos, los demás casi podían jurar que le brillaban los ojos.
—¡Beka! —le dio un pequeño golpe en el hombro con su puño cerrado.
Todos rieron.
—¿Eso se estudia en la universidad? —inquirió Chris.
—¡Claro que sí! —exclamó el aludido—. Y voy a ser el mejor.
—¿Y por qué gastronomía? —inquirió ahora Yuuri.
—¿No has probado su comida? —se sorprendió el kazajo—. Deberías de hacerlo, una vez que la pruebes serías capaz incluso de pagarle la carrera —de nuevo los ojos le brillaron intensamente. Sus amigos se carcajearon al verlo actuar así, no era muy común.
—Ahora que lo dices... —recordó aquella cena especial que Viktor "le preparó" en donde tuvo que admitir que Yurio y Chris fueron los que cocinaron todo, excepto el pastel salado. El bello recuerdo se atoró entre sus pestañas obligándolo a soltar una lágrima que nadie notó—...sí, sí he probado su comida y es deliciosa.
—Volviendo al tema —dijo Phichit—. Yuuri ¿Estás seguro de esto?
—No, es decir... sí, sí quiero, pero no sé muy bien qué hacer.
—De eso nos encargaremos nosotros —Chris le guiñó un ojo.
—No vayan a cometer estupideces, el viejo es más testarudo que tú, Yuuri. No conoces a Viktor en todas sus facetas —su expresión se ensombreció un poco.
—No aún.
Los cinco se despidieron antes de que el show de Art on Ice diera inicio. Ninguno se lo iba a perder, ni siquiera Minami.
Katsuki casi hiperventiló al verlo en pantalla. Su lado fanboy jamás desaparecería, aunque ciertamente estaba muy preocupado por su salud, temía que en verdad aún no estuviese por completo recuperado, y estaba también el hecho de que era su última presentación y no estaba de acuerdo con eso. ¡Viktor aún era muy joven para retirarse!
Bueno, Nikiforov tenía treinta años, a esa edad muchos patinadores ya tenían un par de años de retiro.
La pista parecía un escenario enorme y hermoso, alumbrado por una luz azul tenue. Viktor pisó el hielo y todos en las gradas aplaudieron como locos mientras gritaban emocionados. La gran leyenda viviente estaba por presentar su última coreografía, era su adiós.
El corazón de Yuuri palpitó con más violencia cuando lo vio con un pantalón de vestir negro, muy formal y elegante, acompañado con una camisa negra, también muy formal, pero con los botones sin abrochar hasta la mitad de su pecho. Se veía realmente sexy, en especial con ese porte tan elegante y soberbio. Era como ver al Viktor de antaño, seguro de sí mismo y de su gran talento innato.
Se paró en el centro de la pista, donde una luz lo iluminó sólo a él y a sus hermosas cuchillas doradas. Todo a su alrededor se veía oscuro, excepto el logotipo del evento reflectado al fondo con muchas luces y a la banda que tocaría la canción elegida, preparada ya, en un pequeño escenario al fondo de la pista. El vocalista pelirrojo tenía una guitarra eléctrica y la afinaba muy disimuladamente antes de dar la señal al resto de músicos. Entonces la batería comenzó a sonar rítmicamente, pausada y en un compás repetitivo, acompañada de unas notas cortas en guitarra eléctrica. El cantante británico dejó escuchar su voz, en esa canción estilo soul tan emotiva y reflexiva.
"Oh, maybe I came on too strong
Maybe I waited too longMaybe I played my cards wrongOh, just a little bit wrongBaby I apologize for it"
"Oh, tal vez fui demasiado directo,
tal vez esperé demasiado tiempo, tal vez jugué mal mis , solo un poco mal, cariño, te pido disculpas por ello"
Viktor comenzó una serie de pasos fluidos, suaves y cortos, al ritmo total de la música.
"I could fall or I could fly
Here in your aeroplaneAnd I could live, I could dieHanging on the words you sayAnd I've been known to give my allAnd jumping in harder thanTen thousand rocks on the lake."
"Podría caer o podría volar,
aquí en tu avión.Y podría vivir, podría morir, colgando de las palabras que dices.Y tengo fama de entregarme por completoy saltar de cabeza con más fuerzaque diez mil rocas en el lago."
Las piruetas y giros salían con tal perfección que la gente se emocionaba cada vez más, manteniéndose al filo de las butacas, esperando con ansias ver el resto de la presentación.
"So don't call me baby
Unless you mean itDon't tell me you need meIf you don't believe itSo let me know the truthBefore I dive right into you"
"Así que no me llames "cariño"
a no ser que de verdad lo sientas así.No me digas que me necesitassi no te lo í que déjame saber la verdadantes de que me sumerja en ti."
El coro llegó, y con él un par de saltos sorprendentes. Enseguida la música tomó su ritmo calmado y suave, Viktor hizo lo mismo. Cada movimiento y expresión que hacía, su cuerpo entero demostraba lo que sentía en esos momentos. La canción la había elegido para expresar y desahogar el sentir que aún presionaba su pecho. La separación definitiva que tuvo de Yuuri fue dolorosa, pero a la larga le hizo bien, pudo enfocarse de nuevo en sus prioridades como ser humano, volvió a amarse a sí mismo, casi era el Viktor Nikiforov de hace tres años, sólo que ahora ya no tan joven y con varias lesiones encima, lo cual era una lástima.
Había decidido retirarse luego de eso. Muchos lo consideraron cobarde, puesto que en el último GPF ganó el bronce, pero al ruso poco le importaba lo que la gente opinara al respecto, era muy su vida y además era consciente de que su bienestar físico y mental eran prioridad ahora.
Le hubiera gustado retirarse luego de ganar una sexta medalla de oro, pero haber perdido contra Yuuri Katsuki no le afectaba tanto como el resto del mundo imaginaba, no era así, porque él había sido su pupilo y si omitía todos sus asuntos personales con Katsuki, podía decir que estaba orgulloso de él como patinador profesional, como ex entrenador suyo.
"You're a mystery
I have travelled the worldThere's no other guy like youNo one, what's your history?Do you have a tendency to lead some people on?Because I heard you do"
"Eres un misterio,
he viajado por el mundo, no hay ningún otro chico como tú.Nadie, ¿cuál es tu historia?¿Tienes tendencia a dar falsas esperanzas a la gente?Porque me han dicho que sí."
Viktor comenzó a ponerle atención a la letra, tratando de despejar su mente de esos pensamientos que ya no tenían sentido, pero el escuchar la letra sólo lo hizo pensar más, apasionarse más en sus movimientos, esforzarse más a hacerlo perfecto. Era su despedida, quería hacerlo inolvidable.
Entonces por su mente cruzó el tonto pensamiento: "¿Yuuri me estará viendo?" Pero claro que sí. Ese chico japonés había sido un pilar muy importante en su vida. Había viajado por todo el mundo y jamás nadie lo hizo sentir cómo él, tan amado, tan apasionado; pero también nadie lo había hecho sufrir tanto como él.
"I could fall or I could fly
Here in your aeroplaneAnd I could live, I could dieHanging on the words you sayAnd I've been known to give my allAnd lie awake, every dayDon't know how much I can take"
"Podría caer o podría volar,
aquí en tu avión.Y podría vivir, podría morir, colgando de las palabras que dices.Y tengo fama de entregarme por completo, y quedarme despierto, todos los días, no sé cuánto más puedo aguantar."
No, Viktor no pudo soportar más. Había dado todo de sí por él, por alguien que no lo valoró en su momento. Sinceramente no le guardaba ningún rencor, simplemente quería hacer "borrón y cuenta nueva" estaba abierto a conocer más personas, a despejar su mente y dedicarse a entrenar a nuevos prospectos para el patinaje artístico. Quería darle un giro a su vida, lo necesitaba y lo estaba logrando.
"So don't call me baby
Unless you mean itDon't tell me you need meIf you don't believe itSo let me know the truthBefore I dive right into you"
"Así que no me llames "cariño"
a no ser que de verdad lo sientas así.No me digas que me necesitassi no te lo í que déjame saber la verdadantes de que me sumerja en ti."
Pero de algo sí estaba seguro: Jamás podría amar a alguien con tanta intensidad como lo hizo con Yuuri, nunca.
Iba a rehacer su vida, sí, y esperaba de todo corazón que Yuuri lograra lo mismo. Ambos ya habían sufrido lo suficiente, tenían bien merecido un buen descanso.
"I could fall or I could fly
Here in your aeroplaneAnd I could live, I could dieHanging on the words you sayAnd I've been known to give my allSitting back, looking atEvery mess that I made"
"Podría caer o podría volar,
aquí en tu avión.Y podría vivir, podría morir, colgando de las palabras que dices.Y tengo fama de entregarme por completo, recostado, mirando cada lío que he provocado."
Estaba consciente de que ambos hicieron mal. Quizás Yuuri fue muy cruel todo ese tiempo, pero fue el mismo Viktor quien lo permitió y ahora estaba consciente de ello, sabía que no debió insistirle tanto al japonés, pero no habría podido evitarlo de todas formas. Había dado todo de sí, esa era su naturaleza al estar verdaderamente enamorado, y lo descubrió con Yuuri, quizás nunca más lo volvería a hacer
La canción entró a su último coro, casi dando por finalizada la hermosa, perfecta y sublime presentación. Viktor podía sentir cómo ponía todo su corazón en esa última rutina, cómo ponía su cuerpo y alma en ella, en interpretarla de manera que su sentir llegara a más personas. Que llegara a Yuuri y entendiera que no le guardaba ningún rencor, pero esperaba no topárselo nunca más, por salud mental y emocional.
"So don't call me baby
Unless you mean itDon't tell me you need meIf you don't believe itSo let me know the truthBefore I dive right into youBefore I dive right into youBefore I dive right into you"
"Así que no me llames "cariño"
a no ser que de verdad lo sientas así.No me digas que me necesitassi no te lo í que déjame saber la verdadantes de que me sumerja en ti. Antes de que me sumerja en de que me sumerja en ti."
La presentación terminó y Viktor se veía tan fresco como una lechuga. El público se puso de pie y prácticamente lo ovacionó sin dejar de gritar y aplaudir. Hubo quienes no dejaban de llorar, pensando en que había sido la última vez que veían a su ídolo patinar y considerando seriamente la posibilidad de ir y acosarlo hasta Vladivostok.
Nikiforov no dejaba de saludar y de agradecer a todos sus fans, se inclinó varias veces, agradeciendo en todas direcciones, también a los músicos, quienes hicieron eso posible con la hermosa y sentimental canción llamada "Dive".
Yuuri miró esto junto con su familia. Todos estaban sorprendidos, era como ver al Viktor de siempre, ese que no conocía a Yuuri. Los Katsuki se conmocionaron mucho y entendieron que el integrante menor se pusiera de pie y se fuera a respirar aire fresco. Le había llegado la música, la letra, los pasos, todo.
Viktor estaba finalmente saliendo adelante por sí sólo, sin necesitarlo a él, y esto le caló mucho a Yuuri, pero estaba de acuerdo, tenía los pies sobre la Tierra y era consciente de todo el daño que le había hecho al ruso, quizás mucho más del que recibió de él, lo sabía y le dolía, se sentía tan mal por ello que quería remediarlo, y no sólo eso... quería volver con él.
Esa madrugada se fue a dormir con un solo pensamiento en mente: El plan "Reconquistar a Vitya" se pondría en marcha muy pronto. No le importaba lo que tuviera que hacer, lo intentaría, daría todo de sí, cosa que tristemente no había hecho nunca en su relación con Viktor. Había llegado el momento, y sin importar lo difícil que fuera o lo imposible que se viera, lo intentaría. Pero antes de volar a Vladivostok tenía que hacer una cosa muy importante.
Meses atrás...
Atravesó todo el aeropuerto con premura, Makkachin lo seguía con la misma ansiedad reflejada en sus patitas que brincoteaban en el piso. Llegó al punto en el que había quedado de verse con su hermano, pero no lo halló por ningún lado. Esperó un par de minutos hasta que divisó a lo lejos a un hombre alto y de cabello negro que iba de la mano de una mujer muy hermosa, bajita y castaña.
Con emoción y un brillo muy especial en los ojos, tomó su maleta y corrió hacia su adorado hermano, seguido por Makkachin. Cuando Aleksi lo vio, también apresuró el paso y cuando estuvieron a sólo un par de metros, extendieron sus brazos y se abrazaron con mucho cariño.
—Bienvenido, hermanote —dijo el menor, quien se veía mayor que el otro.
—Gracias, Aleksi —suspiró, sintiéndose en casa al estar cerca de su única verdadera familia.
—Quiero presentarte a alguien —se soltó del abrazo y miró a la menuda mujer a su lado.
Viktor observó a la mencionada y no pudo evitar sonreír, la chica causaba mucha ternura, se veía agradable y su amplia sonrisa era demasiado contagiosa.
—Evgenia, mi prometida.
Los ojos celestes del mayor se agrandaron al escuchar lo que ya sospechaba. Lo supuso desde que la vio de la mano de su hermanito, pero escucharlo de su boca le causaba una sorpresa y alegría mayor.
—Mucho gusto, yo... —la joven mujer no pudo continuar, pues fue atrapada por los brazos de su lindo cuñado.
—Es un placer conocerte, bienvenida a la familia.
—G-gracias —murmuró, mostrando un gran sonrojo en toda su faz.
—Hey, ya suéltala, me voy a poner celoso —intervino el de ojos azul oscuro. Su hermano mayor terminó el abrazo y lo miró con cara de "Really?".
Durante los primeros días, Viktor tuvo muchos sentimientos encontrados al estar viviendo con su hermano y cuñada, pues aún veía a Aleksi como a un niño pequeño a quién proteger, no podía creer que ya se fuera a casar.
Aleksi y su prometida insistieron en que se hospedara con ellos en el departamento que compartían, fue tanta su insistencia que el mayor no tuvo otra opción, le apenaba mucho hacer mal tercio, después de todo ellos eran pareja y necesitaban su espacio como tal. Él se quedaba en una habitación contigua a la de los intensos amantes, sí, los llamaba de esa forma al escuchar cómo se daban amor casi todas las noches. Lo que hacía en esos casos era ponerse sus audífonos y escuchar música hasta quedarse completamente dormido, abrazado a su amada mascota.
Cuando el cumpleaños de Yuuri llegó, el ruso estuvo a punto de mandarle un mensaje o llamarlo, pero optó por no hacerlo, su relación con él estaba muerta, no había quedado siquiera en amistad. Cuando llegó su cumpleaños, en navidad, ni siquiera esperó algo de Yuuri. Realmente la había pasado tan bien en compañía de su mascota, su hermano y cuñada que no pudo pedir más, se sentía a gusto y feliz. Había encontrado el oasis en medio del desierto que había sido su vida.
Desde que llegó a Vladivostok, estuvo haciendo leves ejercicios que ayudaron a la pronta recuperación de su espalda y cadera. Ya conocía ese tipo de lesiones, así que se sabía de memoria los métodos de rehabilitación que debía seguir. Lo hizo al pie de la letra para recuperarse pronto y así anunciar su retiro, presentándose por última vez en el evento al que había sido invitado en Paris.
Luego de elegir su última canción y rutina, se dedicó el tiempo suficiente para ayudar a su hermano en la planificación de la boda, ya que éste trabajaba muy duro, el trabajo como abogado era para nada fácil. El pobre siempre llegaba a casa muy cansado, pero Evgenia lo recibía con una deliciosa cena y mucho amor. Viktor simplemente estaba fascinado al ver una relación tan hermosa como la de ellos dos. Se complementaban totalmente, pues en realidad eran muy diferentes.
Evgenia daba clases de arte y música en la universidad, por lo cual pasaba más tiempo en casa que Aleksi, así se aseguraba de tener todo en su lugar, era algo compulsiva con el orden, completamente opuesta al desordenado Nikiforov. Era divertido verlos llevarse tan bien y discutir de vez en cuando por tonterías que terminaban convirtiendo la discusión en algo muy gracioso. También era muy tierno ver cómo ambos pasaban las tardes lluviosas en casa, ella sabía tocar el cello y él el piano, así que se unían en duetos increíbles. Era en esas tardes cuando Viktor se tumbaba en el sillón más amplio de la sala, con Makkachin sobre él mientras cerraba los ojos y se dejaba llevar por la música que hacían ambos. En ocasiones no podía evitar recordar a Yuuri, pues él también era un gran pianista, incluso mejor que su hermano; le constaba eso por el simple hecho de tener todas las canciones de Yuuri bajo su propiedad.
Poco antes de que el evento "Art on Ice" se llevara a cabo, Viktor decidió rentar un departamento no muy lejos del de su hermano. No quería molestarlos más, y a pesar de sus negativas, terminó "abandonando el nido".
—¿Seguro de que estarás bien, solo?
—Hermano —sonrió de lado—. Estoy muy seguro, además, no estaré solo —señaló a Makkachin—. Y sólo me mudaré un par de cuadras lejos de aquí —rio—. Prometí venir a diario para ayudar a mi cuñadita con los preparativos de la boda, ya que tú siempre estás ocupado.
—¿Crees que ella esté molesta porque paso poco tiempo en casa? —preguntó con completa seriedad, un tanto preocupado.
Viktor de inmediato negó con la cabeza.
—He pasado un par de meses viviendo junto a tu novia, lo suficiente para darme cuenta de un par de cosas. Evgi te ama con locura, lo eres todo para ella, y estoy seguro de que entiende tu posición, sabe que la amas, pero está consciente de que debes ejercer esa carrera que tanto trabajo te costó culminar —lo palmeó en el hombro—. Eres muy afortunado.
—¿Y tú?
Esa pregunta descolocó un poco al mayor.
—¿Qué quieres decir? —se hizo el desentendido.
—Ya pasaron unos meses desde lo de Yuuri —su hermano mayor tragó saliva ruidosamente—. Evgi y yo lo hemos platicado un par de veces ¿Sabes? Tenemos amigas que están interesadas en conocerte —pareció percatarse de un leve error—. ¡O amigos! Lo que tú prefieras —sonrió con nerviosismo ante la severa mirada que le dirigía. Esa mirada seria pronto se convirtió en una llena de diversión.
Viktor había estado conteniendo la risa que le daba ver a su hermano en ese conflicto. Quería ayudarlo a conseguir pareja, pero no sabía si le gustaban los hombres o las mujeres. Ciertamente no le apetecía salir con ninguno en esos momentos, pero le agradecía a su hermano el intento por verlo feliz.
Hace tiempo, cuando recién llegó a la ciudad, le tomó un par de días animarse a platicarle todo a Aleksi. Ciertamente el menor de los Nikiforov lo había escuchado llorando como magdalena a través de la llamada telefónica, así que tenía una idea de lo que le había ocurrido, mas no estaba seguro de qué, con exactitud.
—Por ahora estoy bien así. Puede parecer extraño tomando en cuenta mis antecedentes, pero... —se encogió de hombros—... lo estoy superando. Me siento tranquilo, pues hice todo lo que estuvo en mis manos, mi consciencia está tranquila por ello y creo que podré vivir en paz. Quizá vuelva a tener citas con personas, pero eso vendrá más adelante —su sonrisa sincera casi terminó por convencerlo.
—No me mientes, ¿Verdad?
—No lo hago —aseguró, mirándolo fijo a los ojos. Y no, no mentía—. ¿Sabes? Me gustaría abrir una academia para patinadores artísticos, no exactamente principiantes, me gustaría entrenar a los futuros campeones de Rusia ¿Suena muy loco?
—En lo absoluto —sonrió—. Pero... ¿La abrirás aquí? ¿En Vladivostok?
—¡Por supuesto! ¿Dónde más?
—¡Pues en San Petersburgo! Tu hogar.
—Mi hogar es donde esté mi familia —le revolvió los cabellos a su hermanito.
En los días posteriores a ese, Aleksi estuvo muy ocupado en el trabajo, tanto, que muy apenas veía a Evgenia, cuyo corazoncito se entristecía al sólo poder recibirlo en casa, servirle la cena y luego irse a dormir. Afortunadamente durante esos días Viktor tuvo el suficiente tiempo libre como para pasar todo el día al lado de su cuñada, ayudándola a planificar la boda y a elegir las flores, los colores, los adornos y miles de cosas más. Iban a tener muchos invitados, pues ambos al parecer eran muy sociales en la universidad y tenían demasiados amigos. Había tantas cosas por hacer que el día se les iba volando yendo de una tienda a otra con Makkachin acompañándolos a todos lados. Viktor incluso la ayudó a elegir el vestido y los accesorios correspondientes.
—Quiero que me ayudes en algo más, pero... —se sonrojó por completo y no pudo continuar. Ambos habían decidido tomar un respiro después de ir a tantas tiendas y de pasearse por toda la ciudad en busca de las mejores flores, invitaciones, arreglos y demás. Ya habían comprado el vestido, pero faltaba algo sumamente importante.
—¿Qué es? —la animó a continuar, antes de darle un sorbo a su café exprés.
—Bueno, yo... —el color rojo no desaparecía de su rostro, ni siquiera se animaba a mirarlo a los ojos.
—Dime —rio con diversión.
—Aleksi me dijo en algún momento que tú... bueno, que tú has salido con muchas chicas.
El aludido se sorprendió un poco, pero lo disimuló recargándose en el respaldo de la cómoda silla mientras se llevaba una mano al mentón, observándola con suma curiosidad y una linda sonrisilla bailando en sus labios.
—Algo así —se encogió de hombros. Sí, había tenido siete novias, una de ellas fue su esposa, pero además había salido con muchas otras chicas más en relaciones no oficiales, sin mencionar a la mujer con la que tuvo su primera vez, quien para nada había sido su novia.
—Por eso es que quería pedirte consejo, has visto más lencería que yo, eso es un hecho, así que podrías asesorarme para elegir algo lindo que pueda gustarle a Aleksi para nuestra noche de bodas. No quiero que sea vulgar, pero tampoco tierno, quiero algo... sexy.
El ruso se llevó una mano al rostro, estaba un poco avergonzado y divertido a la vez, lo demostraba su expresión sorprendida y levemente sonrojada.
—¿Lo harías? —estaba tan roja que Viktor pensó que se desmayaría ahí de la vergüenza.
Ella vio cómo su cuñado se puso de pie, tomó las bolsas con las compras y le extendió una mano para que se incorporara.
—Antes de llegar aquí, pasamos por una tienda de lencería ¿Por qué no vamos a echar un vistazo?
Los ojos castaños de Evgenia se iluminaron como soles. Aceptó la mano de su cuñado y salieron juntos a buscar lo ideal para esa noche de bodas.
Después de probarse varios atuendos y de mostrárselos a Viktor, Evgenia salió muy feliz de esa tienda con una bolsa llena de prendas muy hermosas gracias al buen consejo de su nuevo amigo.
Luego de ese largo día de compras, los tres llegaron al departamento de los futuros esposos. Evgi fue directo a la cocina a preparar la cena mientras Viktor se tumbaba un rato en la cama de su antigua habitación. Su querida cuñada había visto con sus propios ojos el gran desastre que era Viktor Nikiforov en la cocina, así que le tenía estrictamente prohibido acercarse a ese lugar mientras estuviese en uso, así que ya no era necesario que se lo recordara, mejor se iba solito a la habitación, acompañado de su mascota.
Una vez tumbado bocarriba, sacó su móvil e ingresó a Instagram. Ahí observó las publicaciones que había hecho esa tarde. Se había tomado varias fotos con su cuñada y no dudó en subirlas a las redes. Al momento de subirlas olvidó aclarar que se trataba de su cuñada, sólo había hecho uso de un hashtag para escribir "Shopping" mucha gente comenzó a preguntar sobre la misteriosa mujer y Viktor estuvo decidido a aclarar la confusión, pero fue la misma Evgenia quien le sugirió dejarlo así para "darle celos a Yuuri". Él de inmediato aseguró que no era necesario hacer aquello, pues le daba igual el hecho de que Yuuri sintiera celos o no, pero de todas formas ella terminó convenciéndolo de dejar así la fotografía.
Ahora miraba los comentarios y no podía evitar reír un poco, todos sus fans preguntaban si ella era su novia. No pasó por su mente a posibilidad de que Phichit, Yurio y Chris le dejaran comentario también. El tailandés sólo le dejó un emoji sorprendido, Yurio le dejó una palabra altisonante y Chris se burló un poco.
Quizás no había sido tan buena idea, o eso pensó hasta que le llegó la notificación de Yuuri Katsuki dándole "me gusta" a su foto, pero no dejó comentarios.
Eso puso de mal humor al ruso, su expresión en esos momentos era totalmente diferente a la que tenía en la foto. En la fotografía se veía feliz, su sonrisa radiante era genuina mientras abrazaba a su cuñada para la cámara. Trató de calmarse y lo consiguió luego de unos minutos de estar acariciando a su mascota.
De pronto escuchó un gritillo ahogado que lo puso en total alerta, Makkachin se incorporó de inmediato y salió corriendo rumbo a la cocina. Viktor lo siguió sólo para encontrar a su hermano devorándose a la cocinera.
El sexy y alto Aleksi estaba ya sin camisa, besando arrebatadoramente a su prometida, quien se hallaba sentada sobre la encimera, con las piernas enredadas en las caderas de él. La castaña gemía al sentir las manos de su novio apretando sus pequeños senos por debajo del suéter.
—Oh, rayos —exclamó sin querer queriendo.
El de cabello ébano dio un respingo al escuchar la voz de su hermano mayor.
—¡Viktor! —dejó de acariciar a su mujer, de pronto su rostro, cuello y orejas estaban completamente rojas, ni qué decir de Evgenia, quien se cubrió la cara con ambas manos—. Amor, no me dijiste que estaba en casa —murmuró bajito.
—¡No me diste tiempo de hacerlo! —exclamó, sin dejar de cubrirse el rostro.
—No se detengan por mí, yo ya me iba —soltó una risilla mientras cruzaba el corredor para llegar a la puerta principal, con Makkachin detrás de él, pero se detuvo y desde su lugar dijo en voz muy alta—: Evgi, usa el blanco. El negro déjalo para la noche de bodas —y sin esperar una respuesta, salió de ese departamento, con las tripas gruñéndole por el hambre y con un extraño sentimiento de melancolía en el pecho.
Esa noche Viktor decidió comer fuera en un sencillo restaurante para luego ir a patinar un rato. Había conseguido, gracias a Aleksi, que le prestaran la pista de la ciudad, no estaba en tan buenas condiciones como la de San Petersburgo, pero funcionaba, además el dueño era muy amable y le permitía ir a practicar a cualquier hora del día.
Luego de practicar un poco, se fue a casa, tomó un baño caliente, se enfundó en un pijama calientito y se metió en la cama junto con su mascota. No se molestó en secarse el largo cabello, estaba muy cansado como para hacerlo.
A la mañana siguiente despertó muy agitado, sudoroso y con un dolor agudo y pulsátil en su entrepierna, reclamando la atención debida. Se quedó bocarriba, tratando de tranquilizar su respiración y repasando el sueño erótico que había tenido con él. Era la primera vez en mucho tiempo que tenía un sueño de ese tipo, y con él, con Yuuri Katsuki. Había sido tan bueno, tan erótico, que se levantó de un muy mal humor. Se sentó en el borde de la cama, tratando de controlar su respiración y ese nada pequeño bulto que se alzaba entre sus piernas. Era muy molesto.
Buscó distraer su mente, miró a su alrededor en busca de alguna distracción, pero ni Makkachin estaba ya en la habitación. Gruñó guturalmente cuando se movió un poco y la ropa le hizo fricción en la entrepierna. Era increíble, estaba demasiado sensible, quizás se debía al hecho de que la última vez que tuvo relaciones sexuales fue literalmente hace años. Dios, el amor hacia Yuuri sí que lo había tenido cegado, jamás había soportado tanto tiempo. Algunas veces, no pocas, recurrió la autosatisfacción. No era muy fan de aquello, pues era como probar un chocolate corriente luego de haber comido una caja completa del chocolate suizo más fino.
Estaba frustrado, su erección no disminuía con el paso de los minutos y sus deseos de tocarse aumentaban exponencialmente. Terminó tumbándose de nuevo sobre el colchón, bocarriba. Cerró los ojos mientras descansaba su antebrazo sobre sus ojos y su mano libre la llevaba hasta su entrepierna, donde comenzó a acariciar por sobre la tela del pantalón del pijama, no pasó mucho tiempo para que se bajara el pantalón junto con la ropa interior, sólo lo suficiente para que su ya muy despierto miembro se alzara libremente.
Las caricias eran sutiles, estaba disfrutando los leves roces que daba a su pene, pero pronto no fue suficiente. Lo apretó con una mano y comenzó a acariciar de manera ascendente y descendente, notando en el acto que había suficiente líquido preseminal como para lubricar a su miembro en toda su extensión.
No detuvo las caricias, por el contrario, fue intensificando la velocidad y presión que hacía con su mano derecha hasta que un leve gemido se escapó de sus labios. Llevó su mano libre a su pecho, por debajo de la playera, donde acarició sus pezones con un poco de rudeza. Entonces el sueño que había tenido llegó a su mente, intensificando así sus sensaciones. El sexo en ese sueño había sido rudo, muy rudo. Y ahora trataba de alcanzar esas sensaciones utilizando sus manos y su imaginación. Bajó también su mano izquierda, acariciando ambos testículos sin dejar de subir y bajar su mano derecha, la cual hacía movimientos ondulantes, cortos, largos, rudos y suaves, alternando cada uno, en busca de una sensación más profunda y placentera, pero ninguna se acercaba a lo que realmente buscaba, y eso le frustraba sobremanera.
La ropa le pareció incómoda e innecesaria, así que se tomó unos segundos para ponerse de pie, cerrar la puerta de su cuarto para evitar que Makkachin llegara e interrumpiera el momento y así luego volver a la cama, totalmente desnudo.
Continuó con su labor, esta vez más tranquilo, disfrutando de cada fricción hecha por sus manos sobre la piel sensible de su entrepierna. En la habitación podía escucharse claramente cuándo aumentaba la velocidad y cuándo la disminuía, el ruido de los fluidos de su cuerpo resbalando entre su mano y su pene eran totalmente perceptibles, eso, y los profundos gemidos que salían de su boca.
El placer aumentó cuando a su mente llegaron los recuerdos de la última vez que tuvo sexo con Yuuri, de esa ocasión en la que le hizo el amor de manera ruda, sin miramientos. Entonces tuvo una idea.
Disminuyó la velocidad ejercida en su mano derecha, concentrándose en acariciar sólo el glande con el índice y pulgar mientras se giraba de costado y llevaba una mano a su trasero.
Gimió sonoramente cuando introdujo sólo un dedo en su ano. Lo retuvo ahí, moviéndolo suavemente hasta que pudo introducir un segundo, quiso hacerlo con un tercero, pero fue algo incómodo. Entonces aumentó exponencialmente la velocidad en su mano derecha, sintiendo cómo el calor abrumaba su cuerpo, percibiendo ese hormigueo en su vientre bajo y retorciendo los dedos de sus pies, sintiéndose cercano al clímax.
Cerró sus ojos con fuerza cuando el recuerdo del Yuuri de su sueño llegó a su mente, en el sueño, Yuuri le decía cosas muy sucias al oído, demasiado sucias. Eso fue más que suficiente para que alcanzara su orgasmo, éste fue largo e intenso. Su espalda se había encorvado, lleno de placer. Había cerrado su puño entorno a la cabeza de su pene para evitar manchar sus sábanas, pero de todas formas terminó ensuciando mucho más de lo esperado.
Sudoroso, agitado y aún con los ojos cerrados, esperó a que su corazón se calmara un poco antes de incorporarse de la cama para ir al baño y lavarse. Cuando entró al cuarto de baño inevitablemente se vio al espejo del tocador. Sus mejillas ruborizadas por el esfuerzo tenían varios mechones de cabello largo y plateado fijándose a ellas gracias a la fina capa de sudor que cubría todo su cuerpo. Siguió mirándose un poco más, recordando muchas cosas, muchas palabras que Yuuri le había dicho, muchos momentos que no había recordado desde hace meses.
Meneó la cabeza un par de veces, alejando esos recuerdos antes de asearse y volver a su habitación para cambiar las sábanas y limpiar su desorden. Entonces se odió a sí mismo por necesitar de Yuuri para alcanzar un orgasmo, por permitir que fuera el japonés quien, en sueños, lo despertara con una dolorosa erección imposible de calmar.
Fue tan grande su impotencia y frustración que fue en busca de unas tijeras y volvió al baño con ellas, parándose frente al espejo y mirándose por largos minutos antes de tomar uno de sus largos mechones y cortarlo sin miramientos. El primero fue el más difícil, el siguiente lo fue menos y así sucesivamente hasta que dejó su melena más o menos al mismo nivel.
Quería dejar de ser ese "Vitya" que adoraba a Yuuri. Estaba dando un paso más para llegar a su viejo "yo", ese que no se detenía por nada ni por nadie, que no dependía de una persona para estar bien.
Se había dejado crecer el pelo sólo por y para Yuuri, y se había vuelto tan parte de él que lo había olvidado.
No más.
Cuando terminó el desastre que inició con las tijeras, se miró al espejo largamente sólo para terminar estallando en risas. En verdad se veía horrendo.
Ese día, Viktor tuvo que salir de su departamento con un gorro cubriendo su trasquilado cabello. Llegó a casa de su hermano con Makkachin. Fueron recibidos con una gran sonrisa por Evgenia.
—Cuñadita... ¿Por qué tan sonriente? —pasó a la sala del departamento, sin dejar de mirar a la castaña, quien a pesar del comentario no dejó de sonreír, sin embargo un lindo sonrojo se instaló en sus mejillas—. Oh, es verdad, anoche tú y mi hermano tuvieron una muy buena cena —no pudo evitar decirlo con evidente envidia. La otra lo notó, pero no quiso ahondar en el tema.
—¿Por qué traes ese feo gorro? Pensé que te importaba la moda —se burló un poquito ante la fea y afelpada prenda de color naranja con verde.
—¡Lo sé! Esta cosa es horrible, pero fue lo único que encontré para cubrir esto —se lo quitó, mostrando esos pelos mal peinados y tristemente trasquilados.
—¡Oh por dios! ¡¿Qué rayos hiciste?! Tu cabello era tan hermoso... —se llevó ambas manos a la boca.
—Aleksi me dijo que tú le cortabas el cabello, ¿Podrías...?
—¡Por supuesto!
No tardó más de media hora en dejarlo con un corte muy similar al que había utilizado por tantos años. Cuando se miró al espejo se sintió nuevamente él: Viktor Nikiforov.
Aleksi llegó temprano del trabajo y se llevó una enorme sorpresa al ver a su hermano con ese look, jamás lo había tenido en frente con ese tipo de corte, siempre lo había visto en las revistas, sólo eso.
El tiempo pasó volando, Viktor asistió a una entrevista en uno de los programas más conocidos de Francia y dijo una mentira del tamaño del mundo al mencionar que estaba saliendo con alguien. Luego hizo su presentación de despedida y todo salió tan perfecto que por un momento se replanteó la idea del retiro. Aun así, no se retractó y permaneció firme en su decisión. El día de su retiro fue muy emotivo, recibió muchos obsequios de parte de sus más allegados fans y un montón de mensajes y pequeñas cartitas, lo cual se le hizo demasiado tierno y adorable. En muchas de esas cartas le preguntaban dónde pondría su escuela de patinaje, para ir hasta allá e inscribirse. Eso lo halagó sobremanera.
Luego de su retiro, transcurrieron un par de meses en los que se dedicó de lleno a su familia. En ese tiempo se planteó seriamente la posibilidad de no volver a San Petersburgo y quedarse permanentemente ahí. Le gustaba Vladivostok, no era un sitio tan turístico como a lo que él estaba acostumbrado, en sí el lugar era modesto, la ciudad muy tranquila, pero le encantaba el hecho de que tuviera un puerto desde donde pudiera ver el mar, así como en su ciudad natal, como en Barcelona, como en Hasetsu.
El mes de mayo acababa de comenzar, faltaban sólo tres semanas para la gran boda y los novios no podían estar más nerviosos. Viktor los tranquilizaba diciéndoles que ya parecían un matrimonio, que no tenían de qué preocuparse después de vivir tanto tiempo juntos. El mayor tenía la razón, pero de todas formas los nervios y la emoción no disminuían en la pareja.
Pero Aleksi y Evgenia parecían no estar tan ocupados como parecía, o eso pensó Viktor cuando éstos le salieron con la noticia de que le habían conseguido una cita para esa noche, una amiga del despacho de abogados.
Así fue como los tres –y la chica despampanante- terminaron cenando juntos en un restaurante, en una cita doble. Eso fue lo más incómodo, pues no podía despachar a la joven mujer, disculpándose y diciéndole que no estaba interesado en tener pareja por el momento, no, tenía que quedarse aplastado en su silla, escuchando cómo ésta chica no dejaba de hablar sobre su ajetreada vida de abogada fiscalista. Viktor casi se durmió durante la cena, la mujer era hermosísima, muy agradable, inteligente y de un cuerpazo increíble, pero el ruso mayor no le hallaba nada interesante ni atractivo. Le faltaba algo.
La cena fue larga e incómoda para todos, pero eso no desanimó a la abogada de cabello largo y negro. Al contrario, decidió intentar más. Al final de la cena sacó una tarjeta con su número y se la extendió a Viktor, pero este la miró renuente, al menos hasta que sus ojos azules se toparon con los castaños de ella. Terminó suspirando y aceptando con media sonrisa.
A penas se despidieron, los tres tomaron un taxi y el mayor no dejó de reprocharles durante todo el camino por su imprudencia.
—Al menos debiste hacerle una invitación para salir otro día —le reprochó a su hermano mayor, quien sólo resopló y rodó los ojos, apoyando el codo contra la puerta del taxi.
—Cariño, creo que no fue buena idea —le dijo Evgi con una sonrisa nerviosa.
—Exacto, no lo fue. En ningún momento pedí una cita. Aleksi, entiendo que te preocupes por mí, pero esto de hoy fue mucho. Estoy bien así, quizás luego encuentre a la persona indicada, pero ahora no quiero salir con nadie.
—Debí de haberle dicho a Ivan, el de jurídico —murmuró en voz baja a su prometida, esto sólo molestó más al otro.
—¡No! Hombre, mujer, lo que sea, no estoy interesado en nada por ahora ¿Es tan difícil de entender?
—Viktor ¿Cómo no quieres que nos preocupemos por ti? Terminaste definitivamente con una relación muy profunda, me llamaste llorando, te mudaste al otro lado del continente, te retiraste del patinaje y dedicaste tu última presentación a Yuuri, te cortaste el cabello por Yuuri ¡¿Cómo no me voy a preocupar?! —se exasperó un poco, pero se arrepintió luego de ver la expresión dolida de su hermano.
Afortunadamente el taxi llegó primero al edificio donde se hospedaba el mayor, quien sin decir nada más que un escueto "Buenas noches" pagó su parte del taxi y se bajó a pesar de las protestas y llamados de Evgenia, quien golpeó levemente a su futuro esposo, usando su bolso de mano.
—¡Eres un tonto! —quería verse intimidante, pero lo único que causaba era una enrome ternura, Aleksi tenía que aguantar la risa cada vez que ella se enfurecía, pues se veía adorablemente linda—. Heriste sus sentimientos, te dije que sería una mala idea. ¿Cómo te sentirías si él te estuviera consiguiendo citas?
—No hubiera estado mal... ¡Hey! —se quejó cuando lo golpeó de nuevo con su bolso.
—¡Aleksi Dimitri Nikifovor! —esas tres palabras en boca de Evgenia sólo podían significar dos cosas: O estaba muy feliz por alguna sorpresa, o no habría sexo en un par de días.
Llegó a su casa y aventó las llaves sin fijarse dónde caían. Makkachin lo recibió con mucha emoción que no le pudo contagiar y sin darse por vencido siguió a su amo hasta su cuarto y se le echó encima cuando éste se acostó bocabajo en el colchón.
—Aún no puedo tener citas... Makkachin, mi hermano no lo entiende. Sólo no quiero salir con nadie, no significa que lo haga por Yuuri, no lo hago por él —gruñó y en respuesta el can lamió su mejilla—. Puedo salir con quien quiera, cuando quiera, soy un hombre libre, pero hay algo que me lo impide —lo pensó unos segundos antes de encontrar la respuesta—. Es que en realidad no quiero salir con nadie. Makkachin —lo llamó con cariño—. ¿Extrañas a Yuuri? —el can soltó un aullido eso sólo significaba una cosa—. Yo también... —se giró hasta quedar bocarriba, con su perro aún sobre él—. No me mal entiendas, extraño pasar tiempo con él, era un buen amigo, era tan fácil hablar con él, reír con él —suspiró pesadamente. Intentó alejar cualquier pensamiento de su mente para por fin dormir un poco, pero le fue muy difícil conciliar el sueño.
Un día y medio después fue a dar a casa de su hermano, le era imposible permanecer enojado con él y el menor sabía que lo más prudente era no buscarlo hasta que se le pasara el enojo. Se reconciliaron como si nada hubiese sucedido y le invitaron a ver una película en casa.
Se sentaron en la sala, frente al televisor mientras comían palomitas de maíz y helado de muchos sabores. Viktor había sugerido ver una película de zombis, mientras que Aleksi optó por una de acción, pero ambos terminaron cediendo a la petición de Evgenia: Drama romántico.
Y así fue como los tres terminaron viendo una larguísima película sobre un matrimonio homosexual que no podía adoptar hijos y sufrían por ello. Era una película que podría ser verdaderamente interesante, pero se hizo aburrida por el mal desarrollo que le dieron a la trama y al problema principal. Viktor se aburrió mucho, su hermano también, pero Evgi terminó hecha un mar de lágrimas.
—Amor —murmuró entre lágrimas y mocos, escondida entre los brazos de su futuro marido—. Quieres tener hijos ¿Verdad?
—Por supuesto que sí.
—¿Tendremos muchos?
—Todos los que quieras —besó su frente.
—¿Y si no puedo darte hijos?
—Adoptaremos.
—¿Y si es muy difícil?
—Alquilaremos un vientre.
—Y si...
—Amor —soltó una risilla mientras apretaba las mejillas de su mujer con ambas manos—. Tendremos hijos, muchos hijos —besó ahora sus labios.
Viktor siguió comiendo su helado de chocolate mientras los observaba atentamente. De pronto se sorbió la nariz, ni siquiera se dio cuenta de cuándo comenzó a ponerse sentimental.
—¿Estás llorando? —inquirió el de ojos azul oscuro, verdaderamente sorprendido.
—Claro que no —se terminó el helado y enseguida dejó el bowl sobre la mesita del centro para luego acurrucarse en el sillón, abrazado a su fiel mascota y soltando un par de lágrimas en silencio.
—Quiero tres hijos —murmuró ella en voz muy bajita, pues la película continuaba.
—¿Sólo tres?
—Sí —rio—. O quizás más, el tiempo dirá. Pero por lo menos tres: dos niños y una niña. ¿Te imaginas que la niña herede el cabello de tu hermano y de tu madre? —inquirió emocionada—. Se vería hermosa.
—Sí —los ojos de Aleksi se iluminaron al pensar en una hija de ambos.
—Y que el primero sea niño, idéntico a ti, tan guapo e inteligente —besó su mejilla.
—Me gusta la idea.
—Y el tercero que sea...
—¡Me van a dar diabetes! —se incorporó del sillón, llevándose consigo el bowl a la cocina para lavarlo. Cuando regresó se despidió de ellos y se fue a casa con Makkachin.
—Le urge una novia —murmuró Nikiforov.
—Yo creo que le urge otra cosa —dijo ella, con expresión pensativa.
—Sí —rio—. Le urge tener buen sexo.
—No, me refería a... —los labios de su amado la callaron.
—¿Y si vamos practicando?
—¿Q-qué cosa? —inquirió, azorada al tenerlo prácticamente sobre ella, con esos ojos azules tan obscuros e intensos mirándola con lujuria.
—Nuestros bebés van a ser hermosos, pero hay que practicar para que nos salgan muy bien —le guiñó un ojo antes de asaltar sus labios con hambre atrasada.
Justo cuando llegó a casa, recibió un mensaje de su ex esposa, ella le mandaba mensajes regularmente, preguntando por su bienestar y su salud. Él seguía enojado con ella, pero no por eso iba a dejar de contestarle al menos escuetamente a sus preguntas. También había estado recibiendo uno que otro mensaje de Yurio, preguntando lo mismo, Mari-neechan también estaba al pendiente de él y ni se diga de Hiroko, ella incluso lo había llamado luego de su presentación. Chris era otro que no dejaba de molestarlo, quizás era el más insistente. Sin pedírselo, el suizo le daba información sobre Yuuri que no quería saber, como por ejemplo sus actividades diarias, lo atractivo que se había vuelto, lo cercano que era Minami ahora en su vida. Ciertamente esto último le causaba un poco de molestia al ruso, pero no tanto como antes.
Luego de responder sus mensajes, se fue a dormir sólo para despertar a la mañana siguiente con la misma necesidad de hace poco. Era un hecho ya, necesitaba un escape para sus necesidades sexuales y autosatisfacerse hacía mucho que había dejado de ser suficiente.
Al día siguiente tuvo muchas cosas qué hacer: Salió a correr junto con Makkachin, hizo sus ejercicios diarios, ayudó a su cuñada con los últimos arreglos para la boda y fue a visitar un edificio abandonado que posiblemente se convertiría en su futura escuela de patinaje. Luego de terminar sus deberes, miró con atención por primera vez en el día su teléfono, percatándose de un largo mensaje de Chris.
Al parecer, el suizo había decidido visitarlo, llegaría en un par de días a la ciudad. En el mensaje le pedía su dirección exacta. No dudó en dársela y en invitarlo a vivir con él durante su estadía en Vladivostok.
Se sintió feliz por ello, extrañaba a sus amigos, por lo menos podría ver a su mejor amigo durante unos días.
El resto de la tarde la pasó en su departamento, tumbado en el sofá de la minúscula sala y viendo películas. No se percató del momento en el que cayó rendido al sueño, despertando un par de horas más tarde, agitado y con el molesto bulto entre sus piernas. Había tenido el mismo sueño candente con Yuuri, pero en esa ocasión había sido mucho más real.
Farfulló algo poco entendible y fue directo a darse un baño de agua fría a pesar del clima fresco. Para cuando salió del baño, ya había tomado una decisión.
Fue directo a su mesita de noche y de ahí sacó una tarjeta, marcó el número que ahí había y en menos de una hora ya se encontraba en un lindo restaurant, vestido de manera un poco elegante, perfumado y tremendamente sexy con ese porte distinguido que tanto lo caracterizaba. Pronto se reunió con aquella mujer de cabello negro y ojos castaños, amiga de su hermano. Los dos cenaron y charlaron un poco entre copa y copa.
—¿No bebes? —inquirió ella con curiosidad al ver que sólo bebía de su copa de agua.
—No —sonrió.
—Vaya, puntos a favor.
Esas palabras descolocaron un poco al ruso, quien sintió una alerta encendiéndose en su mente.
—Escucha, Sasha... —se inclinó un poco hacia delante, poniendo ambos codos sobre la mesa—...la he pasado bien contigo, eres una chica agradable, pero...
—No estás buscando nada serio —completó la frase—. Lo imaginé, y no te preocupes, yo tampoco lo hago, no me gustan los compromisos —se encogió de hombros, con una leve sonrisilla.
—Te has de estar preguntando por qué te invité a salir en todo caso.
—Lo hago, pero ya tengo la respuesta a eso —era muy astuta, demasiado—. ¿Por qué no vamos a tu casa y vamos al grano? No tenemos mucho de qué hablar después de todo.
El ruso sonrió con satisfacción y agradeció mentalmente a su querido hermano.
No tardaron mucho en llegar a su departamento. El camino en taxi había sido por demás incómodo y silencioso, ambos sólo esperaban con ansias estar ya dentro de un lugar privado. Él estaba ansioso por satisfacer sus necesidades más básicas, y ella... a pesar de no buscar algo serio, estaba muy emocionada por lo que estaba a punto de vivir junto a Viktor Nikiforov. Se había emocionado mucho cuando su amigo Aleksi le propuso tal oferta de salir con su hermano. Ella nunca se esperó que su amigo fuera hermano de la leyenda viviente del patinaje, el gran Nikiforov.
Apenas cerraron la puerta tras de sí, se unieron en un feroz beso cargado meramente de necesidad y lujuria. A pasos torpes y cortos llegaron a salvo a la habitación principal, donde Makkachin dormía una siesta sobre el amplio colchón.
—Qué lindo —exclamó Sasha al verlo, pero se retractó cuando el can se incorporó en sus cuatro patas y le gruñó, mostrándole sus afilados dientes.
—Hey, amigo —Viktor fue hasta él y lo acarició, tratando de calmarlo, su querida mascota nunca reaccionaba así ante un extraño. Intentó bajarlo de la cama, pero Makkachin comenzó a ladrarle a Sasha, quien se intimidó un poco y salió de la recámara, asustada—. ¡Makkachin!— no le gustaba hacerlo, pero tuvo que alzarle la voz y llevárselo a la lavandería para que no asustara más a su invitada.
Cuando al fin estuvieron solos en la habitación, el ruso apagó las luces y se paró junto a la cama, frente a Sasha, quien rodeó con sus manos el cuello masculino sólo para atraerlo a un profundo beso nada inocente. Las manos de él comenzaron a recorrerla sin pudor alguno, sintiendo sus sinuosas curvas, pronunciadas y muy atractivas. Ella hacía lo mismo con él, desabotonando su camisa azul y arrancándosela para tener ese perfecto cuerpo frente a ella. Se relamió los labios cuando vio el hermoso cuerpo que había adquirido con esos meses de ejercicio y rehabilitación, claro que eso ella no lo sabía, pero aun así se deleitó al pasar sus manos por cada musculo que, si bien no estaban exageradamente marcados, se notaban lo suficiente como para ser acariciados y disfrutados.
Sasha dio un leve respingo cuando sintió las manos de su amante masajeando sin mucha delicadeza sus pechos, sólo para enseguida desabrocharle el vestido y descubrir la sexy lencería que traía puesta. Viktor no reparó mucho en ello y la tumbó sobre el colchón. Cuando se puso sobre ella comenzó a repartir besos en su cuello, ella los recibía gustosa mientras enredaba los dedos en sus cabellos cortos y plateados. Él desabrochó su sostén mientras ella con algo de dificultad le quitaba el pantalón. El calor aumentó considerablemente. Sasha sonrió de oreja a oreja al sentir le erección de Viktor aún bajo su ropa interior, presionando contra su pelvis.
Todo iba de maravilla. Los besos entre ambos se hicieron cada vez más profundos y largos, hasta que Viktor no se sintió muy a gusto. Unos inoportunos pensamientos asaltaron su mente.
Dejó un beso húmedo en el seno derecho de Sasha, recordando cosas...
—Yuuri hizo lo mismo, exactamente lo mismo. ¿Por qué comienzo a sentirme culpable? Ahora más que nunca somos una nada —siguió besando y acariciando, escuchando los gemidos llenos de satisfacción de su pareja de esa noche—. Estos besos, esta piel, este cuerpo no saben igual; sus caricias no me encienden igual. Esto no es lo que necesito, pero es suficiente para calmar mis ansias —sintió una mano muy experta introduciéndose en su ropa interior, atrapando a su miembro y masturbándolo ágilmente.
Viktor gruñó en respuesta y ella se detuvo inmediatamente. Había sido un gruñido de inconformidad.
—Lo siento —se disculpó, apenada.
—Está bien —la calló, besándola en los labios hasta robarle el oxígeno una vez más.
Sus cuerpos no encajaban, sus besos tenían otro sabor, sus curvas eran demasiado perfectas y pronunciadas, curvas de mujer.
Besó su cuello una vez más, cerrando los ojos y tratando de no pensar más, pero le fue imposible despejar la mente.
—Él se acostó con Victoria sin amarla... —siguió pensando, su mente daba vueltas y vueltas, ni siquiera se había percatado de que ahora era Sasha quien estaba sentada a horcajadas sobre él, echándosele encima para llenarle el cuerpo de besos húmedos y calientes—. Y yo estoy haciendo lo mismo con Sasha. Lo juzgué cruelmente por algo que estoy haciendo en estos momentos. Él no quería decírmelo por temor que reaccionara justamente como reaccioné. A pesar de ello me enojé, lo insulté e hice todo lo que justificaba su miedo a decirme la verdad.
—¿Qué ocurre? —preguntó con la voz agitada debido a la excitación—. ¿Viktor? —inquirió nuevamente.
—Lo siento tanto, Sasha, pero no puedo continuar —la miró directo a los ojos, sintiéndose un poco avergonzado por cortar la cosa ahí. Se incorporó lo suficiente para quedar sentado y con ella sobre su regazo.
—Pero... te vas a quedar a medias y... —se asombró al sentir que la erección del ruso había desaparecido por completo—. ¿Qué pasó? ¿Acaso hice algo mal? —no se le bajó del regazo, insistía.
—No eres tú... —se rascó la nuca, incómodo y esperando ansioso a que se le quitara de encima—... bueno, en realidad sí eres tú —fue honesto—. No puedo hacerlo contigo.
—Aún no olvidas a tu ex, el patinador japonés ¿No es así? —frunció los labios, molesta e incorporándose al fin, cubriéndose el pecho y buscando su ropa a tientas en la oscuridad de la habitación.
—¡Eso no es así! —se incorporó de la cama, molesto.
—¿Entonces por qué no puedes tener sexo conmigo?
—Retírate de mi casa.
—¿No soy lo suficientemente atractiva? —lo miró retadoramente. El ruso se sorprendió con esa actitud que sólo logró molestarlo aún más.
—No, no lo eres. Ahora vete —le apuntó la puerta.
Sasha lo miró con verdadero asombro. Ningún hombre la había rechazado así, mucho menos le habían dicho "poco atractiva".
—Me largo —espetó, encontrando su sostén luego de que Viktor encendiera la luz. Comenzó a vestirse mientras el otro salía de ahí, rumbo al baño, donde se encerró y apoyó la frente contra una de las paredes, golpeó repetidas veces y con suavidad su cabeza contra el azulejo, reprendiéndose mentalmente por lo idiota que era. Era un hombre de treinta años, soltero y muy codiciado; tenía dinero, fama, familia, amigos; lo tenía todo y no podía seguir adelante, porque en cada paso de su vida se encontraba su pasado, recordándole lo feliz que pudo haber sido si tan sólo las cosas se hubieran dado de otra manera.
En ese momento maldijo su vida, su pasado, a Yuuri, al amor tan intenso que le profesó. Maldijo con mucho enojo a su maldito corazón que aún reclamaba el distanciamiento del japonés.
Se golpeó una vez más la frente contra el azulejo del baño, antes de escuchar cómo tocaban el timbre de su casa. Salió del baño, notando que la luz de su habitación seguía encendida, seguro Sasha seguía vistiéndose, después de todo el vestido que traía era difícil de poner.
Avanzó hasta la puerta principal, la abrió sin importarle estar en calzoncillos y con el cabello completamente desordenado.
Entonces un par de ojos castaños refulgieron con adoración al hacer conexión con el par de zafiros que lo miraban, incrédulo. No supieron cuánto tiempo pasó, la unión de sus miradas fue demasiado intensa. La respiración de ambos se aceleró al tenerse en frente después de tanto tiempo.
—Viktor... —se atragantó con su propio aire.
—Muy tarde, Katsuki, muy tarde —le dolió decir aquellas palabras, pero en verdad que había estado esperando por algo así, poder decirle aquello. Qué ironía que se viniera a presentar justo en esos momentos—. Ya estoy con alguien más.
—Lo sé, vi tus fotos en... —no continuó, pues el ruso le había cerrado la puerta en la cara.
Yuuri se quedó como estatua de piedra. Sabía que la tendría muy difícil y se había preparado mentalmente para todo, pero eso no quería decir que no le dolería un desplante de aquel tipo viniendo de él. Respiró profundamente y se tranquilizó, recordándose que él le hizo cosas peores, no tenía derecho a deprimirse por un simple cerrón de puerta.
Por un momento pasó por su cabeza la posibilidad de darse la media vuelta, regresar al hotel junto a Phichit y Chris sólo para abortar la misión.
Pero no lo hizo, en cambio, tuvo una mejor idea:
—¡Viktor! ¡No me voy a ir de aquí! Me quedaré toda la noche si es necesario —comenzó a golpear la puerta con sus puños, pero no obtuvo respuesta—. Viktor, Viktor, Viktor, Viktor, Viktor, Viktor, Viktor —ni siquiera dejaba espacio entre sus "Viktor" para recibir una respuesta. Pronto comenzó a dar puntapiés a la puerta. Estaba decidido.
Su plan funcionó. El aludido abrió con hastío y le dedicó una mirada furibunda.
—¡Con un demonio! ¡Ya cállate y lárgate de aquí! —su ceño estaba muy fruncido y sus mejillas levemente rosadas por el enojo.
—No me iré —apretó los puños—. No hasta que hablemos.
—No quiero hablar contigo, ya dijimos todo lo que había por decir, y por cierto... ¿Cómo demonios me encontraste?
—Eso no es relevante ahora. Lo que debemos hacer es hablar, no quiero estar sin ti, no puedo —se llevó una mano al pecho en un tonto intento de calmar su desbocado corazón.
—¿No nos hemos hecho ya suficiente daño?
Esas escuetas y frías palabras se instalaron en lo más profundo de su corazón.
—Perdóname, Viktor, perdóname por tanto daño, estoy consciente de ello y te pido perdón de todo corazón.
—Te perdono —suspiró y se pasó una mano por los desordenados cabellos, cansado—. No te guardo ningún rencor, simplemente no quiero verte más en mi vida, por favor vete y no regreses, no soporto verte.
Auch.
Sus palabras iban muy en serio, lo notaba en su expresión desinteresada y hastiada. Pero ni siquiera eso lo iba a detener. Era su turno de darlo todo.
—¿No te vas a ir?
—No.
—Ya te perdoné.
—No sólo vine por tu perdón.
—¿No?
—Vine por ti.
El corazón de Viktor dio un vuelco al escuchar esas palabras salir de su boca con tanta seguridad y determinación. Su pulso se aceleró considerablemente, pero no externó ninguna de sus emociones, se quedó quieto, impávido, mirándolo desde esos considerables siete centímetros que tenía de ventaja en altura.
—No estoy disponible. Lo estaba el año pasado, y el ante pasado, y el anterior a ese. No ahora. Te rogué mucho, Yuuri Katsuki, demasiado, y eso no volverá a suceder.
—¡Y no va a ser así! —lo detuvo antes de que cerrara la puerta—. Ahora soy yo el que viene a ti. Por favor.
El ruso apretó su puño entorno a la perilla de la puerta, pero estaba muy seguro de su sentir actual.
—Es muy tarde. No quiero hablar más de esto.
—No me iré hasta obtener una respuesta.
—Ya la tienes.
—Quiero otra, y de ser necesario me quedaré aquí toda la noche, todo el día, toda la semana hasta que los dos hablemos y resolvamos lo nuestro.
—¿Te das cuenta de lo infantil que te estás viendo? —masculló, desesperado y frustrado.
—No me importa —se cruzó de brazos. Sí, estaba siendo un tanto infantil, pero estaba desesperado.
Nikiforov rodó los ojos y cerró la puerta con fuerza, o eso creyó...
Un leve quejido escapó del lado del corredor, el ruso bajó la mirada hasta toparse con la punta del zapato de Yuuri asomándose entre la puerta y la pared. Con razón la puerta no había cerrado.
—Estúpido, te vas a romper el pie —abrió la puerta, más enojado. Yuuri le iba a decir algo, pero divisó a cierta persona detrás de su ex novio. Era una linda chica que salía de una habitación, terminando de acomodarse el vestido y poniéndose los tacones.
Entonces el japonés miró con detenimiento a su ex y luego a la chica, su mente ató cabos y entendió por qué Viktor andaba sólo en ropa interior.
Algo dentro de su ser se rompió. Cuando le decía que estaba con alguien más, realmente estaba con alguien, ahora lo comprobaba con sus ojos, pero... no era la misma chica con la que subió fotos a sus redes sociales, era otra. Con ese pensamiento su corazón se contrajo con un leve dolor, no sólo había tenido una pareja en ese tiempo transcurrido, sino varias. De nuevo quiso huir, pero no lo iba a hacer, se armó de valor y...
—¡¿Qué haces?! —se tambaleó un poco luego de que el japonés lo tacleara para hacerlo a un lado y así poder entrar a su casa.
El ruso no daba crédito a lo que sus ojos veían. Yuuri caminó a paso decidido hasta pararse frente a Sasha, quien no entendía nada de lo que estaba pasando, no hasta que lo reconoció.
—Largo de aquí —masticó cada palabra, hablando en inglés e intimidándola con su mirada asesina que pocas veces en la vida había mostrado. Ni si quiera lo pensó, su lado posesivo y celoso salió salvajemente a flote.
—Estás celoso —se burló un poco, poniendo una mano sobre su cadera y encontrando la manera perfecta de vengarse de ese ruso calienta-boiler.
—No sé quién eres ni por qué estás aquí, pero debes largarte. Ahora —hizo mucho énfasis a la última palabra.
—Ya me iba de todas formas —soltó una risita provocadora, pasó al lado de Yuuri, rozando hombro con hombro. Se detuvo justo cuando estaba a la altura del japonés para decirle en voz muy baja—: Sí que sabe dar placer ¿No es así? Es un hombre tan... uhm... sexy. Y la tiene tan grande que...
—¡Largo! —no quiso escuchar el resto, comenzó a empujarla sin delicadeza hasta la puerta de salida, la cual cerró de golpe luego de lanzarla fuera. Su respiración estaba muy agitada y la expresión en su rostro era todo un poema.
Viktor se quedó literalmente con la boca abierta, tuvo que llevarse una mano al rostro para cubrir un poco su impresión y su cara de "¿Qué rayos acabo de ver?"
Cuando el de ojos cafés se giró para verlo, se encontró con un Viktor que parecía querer contener una carcajada, o eso imaginó cuando le dio el primer vistazo, pero sus sospechas fueron fallidas.
—¡¿Quién rayos te crees para correr así a mi cita?! ¿Crees que puedes llegar así como así? No soy nada tuyo, ¡No tenías derecho! —la piel pálida de su rostro se tornó roja por tanto grito.
—Yo... —se sintió intimidado, por un momento recordó aquel día en los vestidores del centro deportivo.
—Vete —lo interrumpió—, vete de una vez —ni siquiera se molestó en sacarlo con sus propias manos, simplemente se giró y caminó pausadamente hasta meterse a su habitación. Durante ese pequeño lapso de tiempo, Yuuri tuvo una hermosa vista que no había tenido en muchísimo tiempo: el trasero precioso y bien formado de Viktor Nikiforov, cubierto parcialmente por esa pequeña ropa interior negra, del estilo bikini que siempre solía utilizar, haciendo ver sus piernas mucho más largas.
Se veía diferente, mucho mejor, como el Viktor que conoció en persona.
—Me voy a ir... ¡Pero no me daré por vencido! —espetó desde el recibidor—. Vine para conquistarte, Viktor, y no me iré de Vladivostok hasta lograrlo —salió y cerró con un portazo, ajeno a que su conquista se había recargado contra la puerta de su habitación, deslizándose hacia el piso hasta quedar sentado y apoyar así ambos codos sobre sus rodillas. Sus ojos azules brillaban centellantes en la oscuridad de su habitación. Había escuchado todo lo que dijo Yuuri antes de irse y eso había provocado una enorme y perfecta sonrisa boba en su rostro.
Luego de estar sentado más de una hora en la misma incómoda posición en el suelo, se levantó y corrió para sacar a Makkachin de la lavandería. Se sintió el peor amo del mundo, su amada mascota había estado ladrando como loco cuando Yuuri apareció, al parecer lo extrañaba muchísimo.
Le dio una merecida y deliciosa cena a su perrito.
Durante todo ese rato no pudo quitar la enormísima sonrisa de sus labios, sonrisa que no se borró sino hasta que se fue a la cama casi a las cuatro de la mañana, pues el sueño se le había ido por completo.
El ruso estaba confundido, muy sorprendido. Jamás imaginó que en un día cualquiera Yuuri se aparecería en su puerta, mucho menos tan decidido y diciéndole esas palabras, y nunca jamás se imaginó que él correría a su cita ¡Corrió a Sasha! Fue tan hermoso, estaba celoso y lo demostró en toda su expresión.
A la mañana siguiente, Viktor despertó con una gran revelación.
—¡Chris! —exclamó, aún con su voz ronca debido a que despertó sólo unos segundos antes—. ¡Él debe tener algo que ver en esto! —se incorporó como resorte de la cama, aplastando en el acto a su mascota.
Tomó su teléfono y lo llamó, alarmado.
—¡Hey tú!
—Hola, Viktor ¿Qué quieres? —saludó con la voz más grave de lo normal.
—No te hagas el desentendido ¡Tú le diste a Yuuri mi dirección!
—Sí.
—Y no te atrevas a negarlo porque... ¡¿Qué?! —no esperó que lo admitiera tan pronto.
—Sí, por eso te la pedí. Él tiene un plan, tenemos un plan.
—¿"Tenemos"?
—Pronto tendrás más noticias de Yuuri, por lo pronto déjame dormir, son las ocho de la mañana. ¡Quiero dormir!
—Espera... —miró su reloj despertador, eran las ocho de la mañana—. ¿Dónde demonios estás?
—En Vladivostok ¿Dónde más?
—¿¡Qué?!
La gruesa y cantarina voz de Chris se escuchó en el auricular.
—Prepárate para lo que viene, Viktor. No te hagas mucho del rogar.
—Sea lo que sea que tengan en mente, olvídenlo, no quiero nada de eso. Váyanse de la ciudad, llévate a Yuuri contigo, por favor.
—Claro que no —rio—. Iré a dormir, luego me lo agradecerás —colgó la llamada e intentó dormir de nuevo, pero Viktor le había frustrado ya el sueño. Se levantó perezosamente de la cama y se molestó en ponerse sólo una bata del hotel, sin nada abajo y así salir al comedor de esa linda y pequeña suite que rentaron entre los tres. Miró a sus dos amigos desayunando cereal con leche en el comedor. Los dos estaban en pijamas, despeinados y con cara de somnolencia. A pesar de ello, Yuuri hablaba una y otra vez sobre Viktor y lo hermoso que se veía—. ¿De nuevo hablando sobre el casi espectacular trasero de mi mejor amigo? —inquirió, perezoso y robándose la caja de cereal para comer directo de ella mientras se sentaba en el sillón más cercano.
El rostro de Yuuri se sonrojó por completo y Phichit rio por ello.
—Me estaba diciendo lo cambiado que estaba Viktor, por enésima vez —se burló el moreno.
—Viktor me llamó. Ya sabe sobre el plan —masticó ruidosamente el cereal.
—¿Qué? —Yuuri se emocionó—. ¡¿Y qué te dijo?!
—Nada alentador —rio—. Pero no te preocupes, caerá en tus garras de nuevo, aunque será difícil, está muy enojado.
—No debiste correr a esa chica de su casa —se burló el tailandés.
Yuuri se llevó ambas manos al rostro, azorado. Aun no podía creer en quién se convirtió cuando vio a esa mujer salir del cuarto de Viktor.
—Eres un tipo muy celoso —añadió el rubio entre risas.
El japonés se moría de vergüenza.
—¿No sentiste feo verlo con alguien más? —inquirió Phichit, adquiriendo una seriedad poco común en él.
—Fue horrible —soltó casi en un gemido—. Me sentí fatal cuando vi sus fotos en Instagram con una mujer, pero peor me sentí cuando lo admitió ante las cámaras. Jamás iba a estar preparado para ver a una mujer saliendo a medio vestir de su cuarto, nunca. Lo peor del caso es que no era la misma mujer de las fotos, ella era otra.
Al escuchar aquello, Chris se incorporó del sillón y dejó de comer, estaba sorprendido.
—Viktor no haría eso... —dejó la caja de cereal sobre la mesa y tomó asiento junto a los otros dos, el sueño al fin se le había ido con esas palabras de Yuuri—. Al menos no el Viktor "After Yuuri" —parpadeó, muy asombrado.
—Era otra mujer, Chris, estoy seguro.
—Y... ¿Dices que se acostó con ella?
—Él estaba semidesnudo y ella se acomodaba la ropa —se llevó ambas manos a la cabeza, intentando borrar esos recuerdos.
—¿Aun así quieres seguir adelante con el plan? —inquirió el suizo con cautela.
—Definitivamente —golpeó suavemente sus puños sobre la mesa.
—Así se habla, Katsuki —sonrió de lado, orgulloso.
Entonces el timbre del celular de Chris resonó en toda la habitación, el suizo respondió con premura al ver de quién se trataba.
—¿Qué pasa?
—Se supone que eres mi amigo ¿Por qué lo estás apoyando a él?
—Viktor... —suspiró y los otros dos ahí presentes se pusieron alerta al escuchar ese nombre—. Precisamente porque lo eres es que estoy haciendo esto.
—Me estás traicionando, sabes todo lo que viví estos últimos miserables años y sabes bien cómo me correspondió.
—Y sé que lo amas con locura a pesar de ello.
—Lo amaba. A pesar de todo yo lo amaba, pero ya no. ¿Por qué haces esto?
—Porque los dos son mis amigos y ambos son unos idiotas.
—¡Yo soy tu mejor amigo, no él!
Una sonrisa leve y ladeada se formó en los labios del suizo. Sus ojos mostraban un poco de tristeza, rogaba al cielo estar haciendo lo correcto y no equivocarse, de lo contrario perdería a alguien que era como un hermano para él.
—Lo eres, eres mi mejor amigo y por eso hago lo que hago. Es por tu bien, ahora no rezongues y deja de ser tan promiscuo ¿Dos mujeres al mismo tiempo? Que cochinote —y sin dejarle responder nada, colgó la llamada.
—¡Chris! ¡¿Por qué le dijiste eso?! —se alarmó el japonés.
—Se lo merecía —respondió entre risitas mientras caminaba hacia su habitación—. Voy a vestirme. No sé ustedes, pero el cereal no me parece un desayuno muy apetecible. Quiero comer algo rico en un buen restaurant, vamos, yo invito.
Luego de cambiarse los pijamas, el trío de extranjeros salió a buscar un restaurante para comer un buen desayuno. Lo encontraron y pasaron un agradable momento entre amigos, platicando, riendo y disfrutando del bello día nublado en esa ciudad portuaria. Un suizo, un japonés y un tailandés se comunicaban perfectamente en un inglés medio chusco debido a sus raíces. La gente que pasaba cerca de ellos inevitablemente posaba sus ojos sobre el singular trío, ajenos a que el hermoso joven japonés no la estaba pasando tan bien, se moría de ansiedad y eso sólo lo podía llevar a querer comerse todo lo que había en el menú.
—¿Y bien? ¿Qué haremos ahora? ¿Cuál es el siguiente paso? —interrumpió la charla divertida que tenían sus amigos sobre la comida rara de Rusia.
—Vas a buscarlo de nuevo, hasta que se digne a hablar contigo.
—Sí, Chris, pero...
—Él tiene razón, Yuuri. Búscalo hasta que se canse de ti.
—Creo que eso ya lo hizo, ya se cansó de mí—murmuró desalentado—. Chicos, lo siento, pero no me están ayudando mucho. Soy pésimo en esto de "reconquistar", soy un asco. Necesito que me digan qué hacer con exactitud.
—Es simple, Yuuri ¿Qué quieres hacer? Deja aflorar tus impulsos, en estas situaciones es lo mejor.
Yuuri escuchó las palabras de su amigo suizo, pero una persona apareció en su campo de visión. El hombre pedía un café en el mostrador de la cafetería. No lo pensó dos veces antes de ponerse de pie y casi correr hacia él.
—Aleksi —lo saludó al pararse a su lado junto al mostrador. Esbozó una sonrisa nerviosa después de la valentía que lo había atacado y que ahora se había esfumado.
—Oh, Yuuri —se asombró demasiado, tanto, que tuvo muchos sentimientos encontrados. Le debía una disculpa por el problema que le ocasionó con su hermano, se sentía en deuda con él y al mismo tiempo estaba molesto por la situación actual, por todo lo que le ocultó a Viktor y lo mal que lo hizo sentir todo ese tiempo—. En verdad eres tú —lo observó, aún sorprendido por tenerlo en frente—. ¿Qué haces aquí?
—Vine por Viktor.
—¿Él ya lo sabe?
—Sí, lo visité anoche.
El más alto sonrió confundido, sin saber bien cómo reaccionar.
—Seré sincero y directo. Aleksi, necesito tu ayuda. Quiero recuperar a Viktor, pero necesito saber algunas cosas: su rutina diaria, sus parejas, cuándo sale, cuándo regresa a casa y...
—Lo siento, Yuuri —hizo un ademán con la mano para detener sus palabras y negó con la cabeza, cerrando los ojos ante tanta información recibida—. ¿Por qué crees que te voy a ayudar en esto después de todo lo que le has hecho a mi hermano? —no fue grosero ni brusco, sólo dijo la verdad.
—Simple y sencillamente porque tú también le hiciste mucho daño. Se lo debes y me lo debes a mí también —sus palabras fueron certeras y suaves a pesar de su significado. Yuuri tenía ese don de decir las verdades con el suficiente tacto para que le doliera a la otra persona sin tener que ser muy rudo.
El japonés tenía razón. Aleksi lo sabía.
—Pero si lo hago, sería como traicionar a Viktor, no lo haría.
—Aleksi, estoy aquí para recuperarlo, porque quiero hacer las cosas bien y enmendar todos mis errores. Estuve un tiempo alejado de él, lo suficiente para saber que podría seguir mi vida de esa forma, pero no sería feliz, y sé que él siente lo mismo, aunque no quiera demostrarlo. Lo conozco muy bien. Vine por él y no me iré hasta conseguirlo.
El ruso tragó en seco, reconociendo esa determinación en sus ojos, era la misma que mostró en el hospital cuando Viktor estaba sedado, nada ni nadie lo convencía de irse. Esa convicción estaba presente en toda su expresión, pero multiplicada por cien.
—Créeme cuando te digo que he cambiado, he visto mis errores y prometo hacer hasta lo imposible para enmendarlos. Quiero que Viktor sea feliz.
—¿Y si él es feliz lejos de ti?
—Lo conseguirá, pero sé que a final de cuentas hubiera preferido una felicidad a mi lado.
Aleksi se asombró con esa respuesta tan segura.
—Lo sé porque así lo siento yo—se llevó una mano al pecho—. Estoy seguro de ello.
—Yuuri, entiende mi postura. Le hiciste mucho daño a mi hermano, y sé que él también te lo hizo a ti, pero es mi hermano, siempre lo voy a apoyar, y a sus decisiones también. Si él no quiere verte yo lo apoyaré.
—¿Aunque sea infeliz con esa decisión?
—Las buenas decisiones no siempre traen felicidad, pero son las correctas a fin de cuentas.
Esa frase fue como un balde de agua fría para el japonés.
Aleksi recibió su café y se preparó para irse de ahí.
—Yuuri —suspiró luego de ver lo mucho que le afectaron sus últimas palabras—. Siento mucho lo que ha pasado entre mi hermano y tú, sé que eres buena persona, pero ya no quiero verlo sufrir —puso una mano sobre el hombro del de gafas—. No te estoy diciendo que te des por vencido, sólo quiero abrirte los ojos a la realidad y que te des cuenta de que las cosas cambiaron. Tuviste muchas... —fue interrumpido.
—Oportunidades, lo sé. Las perdí y ahora estoy aquí, en busca de otra. Tú eres su hermano y por lo que tengo entendido vivieron un tiempo juntos cuando llegó aquí, así que dime ¿Crees que tengo alguna posibilidad?
El aludido meditó la pregunta unos momentos antes de responder sinceramente.
—Sólo sé que está muy dolido y dispuesto a conocer y salir con otras personas, mas no sé qué pasa exactamente por su mente, aunque él me diga una cosa, en su interior puede sentir otra, es muy bueno ocultando lo que siente, cuando quiere.
—No importa, insistiré una y otra vez hasta que me acepte de vuelta, voy a ser su dolor de cabeza, así como él fue el mío —sonrió de lado, decidido.
—Me tengo que ir —miró su reloj de muñeca y vio que si se tardaba más, llegaría tarde a su destino.
Yuuri asintió y notó con extrañeza que su excuñado lo miraba reflexivamente, como dudando en decirle algo o no.
—¡Gambare! —puso una mano sobre sus cabellos y los revolvió levemente. Logró que un enorme sonrojo se instalara en el rostro del japonés—. ¿Lo dije bien? ¿No? Bueno, ya me voy —hizo un gesto con la mano y se fue.
Yuuri se quedó ahí, parado y con el corazón latiendo a un ritmo un poco más rápido de lo usual, y es que Aleksi era tan idéntico a su hermano mayor, mismos gestos, mismo rostro, mismas mañanas de morderse el labio al pensar y misma sonrisa. Había sido como tener a Viktor en frente, pero con cabello negro, ojos más oscuros y varios centímetros más alto. Sin mencionar que era un poco intimidante al ser tan serio, con su expresión severa casi permanente en su rostro. Tenía finta de ser ese tipo de abogados que siempre ganan y se salen con la suya.
—En vista de que Aleksi no te dio ningún tipo de información, tendremos que hacerlo a la antigua.
—Pero Chris... ¿Era necesario rentar una van negra?
—Nos vemos demasiado sospechosos, tonto —farfulló Phichit, sentado en el asiento trasero, tomándose una selfie para el recuerdo de esa gran aventura.
—Ya, cállense y pongan atención al objetivo.
Yuuri suspiró sonoramente. Comenzaba a sospechar que las buenas intenciones de sus amigos no iban a ayudarle mucho a pesar de que lo hacían de todo corazón.
Se tragó sus palabras cuando divisó, no muy lejos, a Viktor saliendo de su edificio con Makkachin a su lado, pero no iban solos, una linda mujer los acompañaba. Una mujer demasiado linda, bajita y delicada. Yuuri farfulló molesto, al parecer Viktor tenía cierto fetiche por las mujeres de ese tipo. Por un momento se sintió menos, él no era bajito, ni delicado, bueno, en algunas cosas sí, pero para nada era tan hermoso como esa linda mujer.
—Es la misma chica de la foto —aseguró Chris luego de observar a través de sus binoculares.
—¿De dónde sacaste esa cosa? —inquirió Phichit, de nuevo muy sorprendido y divertido con la situación.
—Eso no importa ahora, hay que seguirlos —se bajó de la camioneta y fue imitado por los otro dos. Phichit se veía divertido, a diferencia de Yuuri, quien estaba muy nervioso y muy celoso.
El trío seguía muy de cerca a Viktor, no pudieron usar la van que tanto había añorado Chris, porque los otros iban caminando. Los tres se detuvieron tras unos contenedores de basura al ver que la pareja con el perrito entraba a una cafetería con mesas al aire libre.
Yuuri bufó con frustración cuando los vio acomodarse en una de las mesas en donde llegaban los muy tenues y cálidos rayos del sol. Sabía que la misión iba a tomar su tiempo, pues los dos se veían muy animados platicando y lo peor del caso era que a Makkachin parecía caerle muy bien esa mujer.
—Makkachin... —murmuró el japonés.
—Él te extraña mucho —dijo de pronto el rubio—. Me lo dijo Viktor.
Eso sólo logró conmover más a Yuuri, quien con una mueca chistosa se sentó a un lado de esos contenedores, esperando a que salieran de esa cafetería.
Estuvieron esperando ahí casi una hora. Cuando salieron de la cafetería, caminaron a paso relajado por la acera. El día estaba fresco y parcialmente soleado, perfecto para una caminata por las aceras bonitas del centro de esa linda ciudad.
Todo iba bien, el trío de espías los seguía sigilosamente y con aparente tranquilidad hasta que vieron cómo ella tomaba el brazo de Vitya con mucha confianza. Yuuri se congeló, recordando amargos momentos, aquel día en el que vio a Irina del brazo de su amado, el día en que comenzaron sus tragedias. Pero en esta ocasión no se dejó amedrentar, permaneció firme, sin detenerse.
Siguieron avanzando tras la pareja, pero ninguno se esperó que los dos entraran a una tienda de lencería. ¡¿Por qué entraba a una tienda de lencería con esa mujer?! Ninguno de los tres lo podía entender. El acabose llegó cuando los dos salieron muy felizmente de ese lugar, sólo para entrar a una tienda con cosas para bodas.
—No... —el aire se escapó de los pulmones del japonés, quien se puso más pálido que el papel.
—Tranquilo, seguro van a comprar algún regalo para alguien o... —la frase no muy convincente de Chris fue interrumpida por el tailandés, quien le había quitado los binoculares para ponérselos, así alcanzó a ver algo tras las paredes de vidrio del establecimiento.
—¡Están comprando unos zapatos! ¡También un velo!
—Dios mío... —Katsuki tuvo que sostenerse de lo más cercano que tenía, ese era Chris. Le faltaba el aire al pobre.
—Tranquilo, Yuuri, seguro sólo la está acompañando a hacer compras.
—No, Chris ¡No! Esa chica sale en sus fotos de Instagram, él admitió estar saliendo con alguien, es obvio que se trata de ella y... y... —le faltaba el aire. Dejó de tartamudear cuando vio que los dos salían de la tienda junto con Makkachin—... y él se acostó con alguien más.
Una dosis de adrenalina se disparó en su sistema al ver cuando ella se atrevió a pasar su delgaducho brazo por la espalda ancha de Viktor. Su sangre hirvió en coraje y apretando los puños estuvo dispuesto a cometer una locura, la cual fue detectada por sus amigos.
—No, así no, Yuuri —Phichit predijo sus movimientos—. No puedes sólo ir y pararte frente a ellos
—Sí puede —aseguró Chris, divertido a pesar de la mirada furibunda que le dirigió el tailandés.
—Lo voy a hacer —casi rechinó sus dientes cuando los vio a lo lejos, avanzando por la acera, llevándose de maravilla, como la pareja del año.
—No, Yuuri.
—Phichit, me dijeron que era momento de que me dejara llevar por mis impulsos ¿No? Lo voy a hacer —corrió, lleno de determinación, no se detuvo hasta llegarles por la espalda. Makkachin fue el primero en detectar al japonés. El perrito se puso tan feliz que se le iba a echar encima, pero no pudo hacerlo, pues Yuuri se le había adelantado a hacerlo con la chica. Bruscamente le había quitado el brazo de la espalda de Viktor, empujándola con suavidad hacia un lado.
—Aléjate de él.
Viktor no daba crédito a lo que sus ojos veían ¿Acaso ese era Yuuri? ¡¿En verdad era él?!
—¡Yuuri, no! —el suizo llegó corriendo, tratando de detener a su amigo japonés antes de que siguiera haciendo el ridículo. Al fin había atado cabos y se dio cuenta de que esa chica debía ser la prometida del hermano de Viktor.
Evgenia se puso muy nerviosa ante la intimidante presencia de ese desconocido, quien le hablaba en un muy buen inglés e ignoraba a sus amigos.
—¿Qué...? —inquirió ella, pero fue interrumpida.
—Viktor es mío ¡Sólo mío! No lo abraces, no lo toques, no lo mires —fijó sus ojos en el ruso y no pudo evitar sonrojarse levemente ante la mirada incrédula y asombrada que le dirigía—. ¿Te vas a casar con ella? —se le hizo un nudo en la garganta al preguntar aquello—. ¿Tan fácil olvidas esto? —alzó su mano derecha, mostrando el hermoso anillo dorado y liso, bien puesto en su dedo anular.
Viktor se quedó con la boca abierta.
—Los anillos... ¿Cómo...?
—Los ibas a tirar, yo no iba a permitir eso. Ahora dime ¿Te vas a casar con ella? ¿Por eso compraron lencería y esas cosas para boda? —no fue un reclamo, fueron preguntas llenas de sentimiento e impotencia.
Viktor se dio cuenta de lo que estaba pasando, se llevó una mano a la boca para callar las risas que querían salir. Evgenia los miraba a ambos sin saber qué estaba pasando.
—Viktor... ¿Qué dijo él? —inquirió en un lindo acento ruso, la pequeña Evgenia no hablaba inglés.
—Cree que tú y yo nos vamos a casar —le respondió en su idioma natal.
—¿Qué? —Yuuri se asombró.
Viktor adoptó una expresión un tanto seria luego de haber reído un poco. Miró fijamente a Yuuri y dijo con simpleza:
—Ella es Evgenia, la prometida de mi hermano.
Yuuri sintió como si se cayera de espaldas ante tal declaración.
Un momento...
Sí se había caído de espaldas, Makkachin no se había resistido más y se le había echado encima, llorando, moviendo la cola enérgicamente y llenándole el rostro de besitos.
—¿Qué vas a hacer ahora?
—No lo sé, Chris, no lo sé —caminaba como león enjaulado, los tres estaban en el bar del hotel, ya era de noche y el japonés aún no podía tranquilizarse por el enorme ridículo que hizo en la mañana—. ¡Si tan sólo me hubieras advertido con tiempo que se trataba de la prometida de Aleksi! —se quejó.
—No lo sabía —rio—. Lo supuse luego de que te le echaras encima, Yuuri, nunca creí que podrías ser tan posesivo —lo miró pícaramente.
El aludido sólo resopló y rodó los ojos.
—¿Qué harás mañana? —preguntó ahora Phichit.
—Mañana... —lo meditó unos momentos hasta que una buena idea atravesó su mente. Una sonrisa ladina surcó sus labios antes de exponer sus ideas.
—¿Yuuri hizo qué? —dejó de prestar atención a los documentos que tenía en frente para dirigir su mirada a él.
—¡Sí! —apretó la taza de té que tenía entre sus manos—. ¡Pensó que Evgi y yo nos íbamos a casar! —lo dijo en un tono sorprendido, pero Aleksi notó que en ningún momento hubo algún atisbo de enojo en su expresión, al contrario, se veía ilusionado.
La recién mencionada soltó una risa que había estado conteniendo desde hace rato. Durante toda la cena Viktor había logrado no soltar palabra al respecto, pero no pudo soportar más y terminó escupiendo la sopa.
Ahora los tres se encontraban en la sala. Aleksi terminaba de revisar unos documentos de su trabajo, mientras que los otros dos bebían té, junto a él.
El de cabello negro observó detenidamente a su hermano.
—Y eso... ¿Cómo te hizo sentir?
Viktor entornó los ojos y le hizo una mueca fea.
—Suenas como un psicólogo —se estremeció—. No lo hagas.
Y no es que tuviera algo en contra de los psicólogos, simplemente le trajo malos recuerdos de cuando lo atendieron psicólogos y psiquiatras luego de su "Intento fallido".
—Lo siento —rio un poco y se quitó sus lentes para lectura, mirándolo atentamente—. ¿Qué sentiste? O ¿cómo reaccionaste?
—Bueno... —miró profundamente el contenido de su taza, meditando en la respuesta que le daría y observando cómo una ramita flotaba en su infusión.
—No sé qué le dijo ese chico japonés, pero logró dejar a Vitya sin palabras —rio tímidamente—. Te veías muy sorprendido, y feliz también —agregó, mirando al susodicho.
Entonces el mayor repasó las palabras dichas por Yuuri. Le había dicho que era suyo, sólo de él.
Admitía que esa actitud dominante y posesiva le encantaba, incluso lo excitaba un poco, pero todo eso pasaba a segundo término al recordar lo vivido, logrando desanimarlo hasta puntos inimaginables. Sus sentimientos e ideas estaban por completo desorganizados. No podía sacarse a Yuuri de la cabeza y tampoco el hecho de que había ido hasta esa ciudad sólo para "reconquistarlo".
—Yo no... —estaba por decir que le daba igual lo que hiciera Yuuri, pero su hermanito se le adelantó.
—Me vas a decir una mentira. Mejor no lo hagas, pues tu rostro ya ha hablado por ti —sonrió ladinamente antes de volver a prestar atención a los documentos ante él—. Aún lo quieres —murmuró después de un rato.
—Por supuesto que lo quiero —soltó secamente, sabía que a su hermano no podía mentirle, tenía como un radar o algo así, era frustrante—. Pero no quiero entrar de nuevo en ese ciclo vicioso en el que me hace daño y luego yo a él. Ya no quiero sufrir más —dejó la taza sobre la mesita del centro y se sentó en el sofá como niño pequeño.
—¿Sabes? Vi a Yuuri está mañana en la cafetería a la que suelo ir.
El aludido no dijo nada, se quedó estático en su lugar, tratando de simular que no le importaba mucho lo que fuera a decir, aunque era obvio que se moría de ansias por saber, sus ojos brillantes y esa sonrisita que no pudo contener lo delataron.
Su hermano, al saber que no le diría nada, prosiguió.
— Me pidió ayuda para acercarse a ti.
De nuevo Viktor no dijo nada, aunque por dentro no dejaba de gritar con emoción.
—Y estuve a punto de ceder, vi en sus ojos la desesperación que sentía. Lo vi tan ansioso como cuando fue a verte al hospital en San Petersburgo —suspiró—. No le negué mi ayuda, pero tampoco se la ofrecí, sólo pude decirle que no se diera por vencido.
—¡Aleksi! —exclamó con un enojo muy mal fingido.
—Y ahora que veo que te pones como colegiala enamorada... creo que lo llamaré para ofrecerle mi ayuda.
—¡Oye! —se puso de pie, un tanto molesto—. No lo harás —se llevó ambas manos a las caderas, hablaba muy en serio y por un momento el menor se intimidó un poco.
—¿Estás seguro de que no quieres nada con él? ¿Muy seguro? Porque si gustas puedo hacer una orden de restricción que lo obligará a volver a Japón para no terminar arrestado aquí en Vladivostok —su tono fue frío y calculador.
Estaba haciendo uso de sus habilidades como abogado y fue entonces que el mayor se dio cuenta de que su hermano haría cualquier cosa por él.
—Viktor —apoyó ambos codos sobre sus rodillas y entrelazó los dedos para apoyar ahí su mentón—. No te voy a juzgar. Si quieres volver con él, hazlo; si no quieres volver a verlo, dime y pondré una restricción; si deseas que lo ayude, pero que no le diga lo que sientes, lo haré. Dime lo que quieres y lo haré. ¿Lo secuestramos y te encierro con él hasta que tomen una decisión definitiva? Sabes que soy capaz de hacerlo.
El aludido miró al menor con verdadero asombro, tragó en seco, se dio media vuelta y se fue. Aleksi no lo detuvo, sabía que lo pensaría por un buen rato.
Miró la hora en su teléfono y siguió repiqueteando su pie contra el pavimento hasta el cansancio. Había estado observando a Viktor en la lejanía durante casi una semana luego de que Aleksi le diera un rayo de esperanza en una llamada que le hizo. No le había dicho nada más que: "Dalo todo, sea lo que sea que vayas a hacer, hazlo ya. Ve tras él. Si necesitas algo, sólo dímelo."
Esa llamada le devolvió los ánimos y las esperanzas. Renovó sus energías y puso en marcha el plan que le había expuesto a sus amigos: Seguir a Viktor a todas partes, saber qué hace, a dónde va y qué le gusta. Quería conocerlo mejor y estudiar cada momento para saber cómo y cuándo aparecerse ante él.
Ahora mismo se encontraba a una cuadra del edificio donde estaba el pequeño departamento de Viktor, esperando por él. El ruso había comenzado una rutina de ejercicio muy estricta, Yuuri lo notó varios días atrás, cuando estuvo esperando por él, cerca de su departamento. Ese día lo vio a lo lejos, entrando a su edificio con ropa deportiva y con aspecto cansado.
Poco después se dio cuenta de que se levantaba verdaderamente temprano para salir a correr, ni siquiera se llevaba a Makkachin, pues desde las siete de la mañana salía y no volvía sino hasta las diez, luego de haber corrido un rato y de pasar unas horas en un gimnasio en el centro de la ciudad.
Desde que confirmó toda su ruta y las horas exactas a las que salía y volvía, decidió aparecerse frente a él. Hoy sería el primer día, claro que nunca esperó que fuera a actuar de la misma forma en que él lo hizo cuando Viktor lo esperaba bajo un árbol, en Japón. Lo había ignorado monumentalmente, Yuuri se sintió mierda y no precisamente por lo que hizo Viktor, sino por cómo lo había hecho sentir él en Hasetsu, vaya que dolía.
Yuuri.
No me di por vencido. Volví a aparecerme en su camino cada mañana, él seguía ignorándome, ya ni siquiera me miraba de reojo, simplemente se ajustaba los audífonos y seguía su recorrido. Fue hasta el tercer día en el que decidí seguirlo, nada lograría sólo esperando una reacción de su parte, tenía que dar un paso más.
Viktor notó que lo seguía y apresuró el paso, ajeno a que mi condición en verdad era muy buena, tanto, que pude aguantar todo el recorrido que hizo, sin detenerme ni casarme un poco. Ese día no pude decirle nada, pues llegó a su gimnasio y se encerró ahí hasta las diez de la mañana. Cuando salió se asombró mucho al verme sentado en una banca, fuera del lugar.
Sentí feo cuando arrugó su nariz en disgusto al verme ahí. Pero sólo me dedicó un par de segundos mirándome antes de acercarse a mí. En ese momento sentí que mi corazón iba a salirse de su lugar, pero toda esperanza se fue al caño cuando noté que debía pasar a mi lado para poder tomar el taxi que seguramente había pedido antes de salir. Me dolió tanto ver que se subía a ese auto sin importarle que me fuera a quedar ahí, solo y completamente perdido, pues estaba tan distraído que caminé sin rumbo fijo, así terminé gastando dinero que no quería desperdiciar en un taxi que me llevara de vuelta a mi hotel.
Luego de eso, decidí que debía hacer más al día siguiente.
No me iba a rendir. De ninguna manera, estaba decidido a lograrlo.
Viktor.
No podía creer que no se cansara de seguirme ¡Eso ya era acoso! Me sorprendió ver que resistió toda una semana siguiéndome de un lado a otro. Tal vez él no sabía que ya me había dado cuenta, o quizás sí y era por eso que ahora n le importaba que lo notara, pues todos los días me estuvo esperando en el mismo lugar cada vez que salía a correr, incluso esperó afuera del gimnasio.
Ya no quería que lo hiciera, no quería, porque yo era débil y sabía que caería ante él. Y no lo quería así.
Hoy me alisté para salir nuevamente a correr, esperando que con el desplante de ayer él no volviera a presentarse. Eso me hizo recordar los días en que yo hacía lo mismo por tratar de reconquistarlo, vaya, que idiota me veía.
Salí de mi departamento y sonreí aliviado al no verlo donde mismo que siempre. Me puse los audífonos y comencé a correr, iniciando mi rutina y disfrutando del hermoso clima frío de la ciudad, trece grados eran más que perfectos para salir a correr, sin mencionar que ayer en la noche casi pareció diluvio por todo lo que llovió, eso sólo hacía sentir al ambiente más frío de lo que era. En verdad amaba el frío, me hacía sentir vivo.
El piso estaba mojado en todas partes, había lodo, charcos y tuve que despedirme de mi par favorito de tenis, pero poco me importó cuando un salvaje pensamiento atravesó mi mente.
¿Por qué Yuuri no estaba ahí? Es decir, me alegraba la idea de que al fin se hubiera dado por vencido, ya se había hecho algo molesto, pues... ¿Cómo se suponía que iba a olvidarlo si todos los días se me aparecía en frente? Pero ¿Y si le pasó algo? ¿Y si se enfermó? Quizás se sintió mal ¿Y si regresó a Japón? ¿Se habrá rendido al fin?
Sin saber por qué, todos esos pensamientos me entristecieron un poco, hasta que doblé en una esquina, cerca del parque que más me gustaba de la ciudad. Ahí, justo debajo de un gran y frondoso árbol estaba Yuuri recargado. No pude evitar que una media sonrisa se instalara en mis labios, tuve que borrarla antes de que me viera. Pasé a su lado para adentrarme en el parque, lo miré de reojo y sentí mi cuerpo entero arder al verlo tan apuesto con su ropa deportiva. Sentí mi rostro enrojecer y mis manos sudar al percatarme de que volvió a seguirme.
Entonces me enojé conmigo mismo por reaccionar así. Después de todo lo que había ocurrido aún seguía sintiendo cómo mi corazón se aceleraba por él, también podía sentir a mi estómago digiriéndose a sí mismo por estar conteniendo mis ganas de ir y plantarle un beso en los labios.
No, no podía permitirme hacer eso. ¡Ya había sufrido bastante!
¡Maldición, Yuuri, deja de confundirme!
Aumenté la velocidad, olvidando casi por completo que para esas alturas él tendría mejor condición que yo. No le di importancia y me adentré por completo en el parque que casi parecía bosque. Mis pies pesados hacían que el lodo salpicara hacia todas partes con cada paso. Me sorprendí un poco cuando, a pesar de todo mi esfuerzo por perderlo, él seguía constante, corriendo justo detrás de mí, pisándome los talones. Ni siquiera el frío lo amedrentaba.
La emoción que sentí al verlo, pronto se convirtió en enojo, pude sentirlo en mis puños cerrados. Todo empeoró cuando en mi iPod se reprodujo "Stammi Vicino".
—¡Ahh! ¡Demonios! —me arranqué los auriculares y aumenté la velocidad, tomando un camino desconocido, sólo con la intención de que me perdiera de vista, pero nunca creí que sería yo el perdido en medio de tantos árboles. Las copas de éstos eran tan espesas y tupidas que muy apenas dejaban pasar la poca luz que brindaba ese día nublado.
Decidí detenerme y enfrentarlo, ya me estaba cansando y podía sentir cómo me dolía un costado, no había controlado bien mi respiración y ahora me dolía, pero antes de hacer lo que tenía planeado, pisé un inmenso charco de lodo, no, no era un charco ¡Era una laguna de lodo! Inevitablemente terminé resbalando hasta sumergirme en toda esa porquería.
Caí de sentón y derrapé un par de metros, llenándome toda la ropa de lodo, logrando salvar muy a penas mi pequeño reproductor de música.
Espeté un par de majaderías en mi propio idioma antes de escuchar el "splash, splash" de los pasos de Yuuri detrás mío. Noté que sus tenis también se habían echado a perder, pero parecía no importarle. Alcé la mirada sólo para toparme con su mano extendida hacia mí. Miré su rostro, había una linda sonrisa en él y de nuevo sentí como si miles de mariposas se asesinaran unas a las otras en mi estómago.
Ese hombre me iba a terminar causando algo severo.
Y de nuevo sentí enojo, mucho enojo.
—Viktor ¿Te encuentras bien?
Escuchar mi nombre saliendo de sus labios causó un estremecimiento en todo mi cuerpo.
Demonios.
Rechacé su ayuda y noté el dolor en su mirada. Ahora él estaba experimentando en carne propia lo que me hizo sentir el año pasado.
Narradora.
Yuuri no desistió, dejó su mano extendida hacia él, esperando a que la tomara, pero éste sólo giro su rostro. El japonés estuvo a punto de darse por vencido, pero fue en ese preciso instante en el que el otro pareció recapacitar y extendió su mano para corresponder el gesto. El rostro de Yuuri se iluminó en emoción, al menos hasta que vio ese brillo peligroso en los ojos de Viktor, quien apretó con fuerza su mano y lo jaló hasta que el de gafas terminó hundido hasta los calzones en el lodo.
—¡Oye! ¡No tienes por qué ser así! —exclamó al verse tumbado a su lado, iba a reír, pero una plasta de lodo se estampó contra su rostro. Había dolido un poco. Se limpió el fango sólo para recibir una nueva porción—. ¡Viktor! ¡¿Qué te sucede?! ¿Estás loco? —sus gafas quedaron llenas de lodo, también su rostro, su cuello, todo de él.
—Idiota —le lanzó más lodo, pero en menor proporción—. Estúpido —le lanzó otro montón—. Imbécil.
—¡Basta! —se cubría lo que podía para que no le cayera más en la cara—. ¡Viktor, eso duele!
—¿¡Y crees que tú no me dueles?! ¡Me dueles! Déjame en paz, ya te soporté mucho. ¡Déjame sólo!
Viktor estaba enojado por ser acosado y Yuuri por ser ignorado. Se estaban embarcando a una pelea larga y cansada.
—No —usó su brazo como escudo para evitar que lo golpeara otra plasta de fango. Gruñó ante la actitud del ruso y no se contuvo—. ¡No seas así! —tomó barro y se lo lanzó directo al pecho. Viktor parpadeó confundido, no esperó que respondiera, pero lo hizo.
Muy pronto los dos se hallaron en una pelea de lodo muy cómica. Viktor en verdad estaba furioso, se podía notar por cómo apretaba la mandíbula y al mismo tiempo sus mejillas se ponían rojas del coraje, se notaba también por la fuerza que usaba para lanzarle plastas y más plastas. Lo hacía con la intención de que le doliera.
Luego de un rato, el enojo se apoderó de ambos por igual y terminaron uno encima del otro, rodando en el fango como un par de cerdos.
—¡Te comportas como un niño! —exclamó con enojo, sus gafas habían quedado perdidas en el charco inmenso.
—¡No soy yo quien huyó al otro lado del mundo! —se revolcó lo suficiente para quedar sobre Yuuri, sentado sobre sus caderas, hundiéndolo más en el lodo y agarrándolo del cuello de su chamarra.
—¡Lo hice porque me ocultaste el hecho de que tenías esposa y que salías con ella mientras yo te esperaba!
—¡Tú me ocultaste que te acostaste con una mujer y la embarazaste!
—¡Lo oculté porque temía que reaccionaras mal! ¡Temía que reaccionaras justo como lo hiciste! —lo empujó, quedando ahora él arriba. Parecía una pelea por el poder.
—¡Lo hice porque eres un idiota! ¡Porque yo fui un idiota al arrastrarme por ti! ¡Ni siquiera fuiste capaz de quedarte en San Petersburgo a esperar a que despertara de la sedación! ¡Huiste de nuevo! —trataba de quitarse las manos de Yuuri del cuello de su chamarra, pero no podía.
Los dos se gritaban mientras se revolcaban cual cerdos en pleno día de verano. El cuerpo entero de Yuuri tembló y gritó más fuerte:
—¡Fui a Canadá a ver la muerte de mi hija y a su madre! ¡No hui, Viktor, no hui! —le espetó con lágrimas en los ojos que no dejó salir—. ¡Entiéndelo de una vez! ¡No te abandoné! ¡Estaba arrepentido por tomar tan mal el asunto de tu ex esposa! Por eso fui a verte, a cuidarte, yo había ido para quedarme a tu lado por siempre, pero ocurrió eso... no pude evitar ir. Y luego todos me trataron de una manera tan horrible, a pesar de ello quise quedarme, no me importaba que tu familia no me aceptara, Viktor, estaba dispuesto a todo.
—Pero tuviste sexo con una mujer sin siquiera amarla, ¡La embarazaste! Lo hiciste después de decirme que jamás querrías tener hijos, ni siquiera conmigo ¡¿Sabes cuánto me dolió eso?! ¿Tienes al menos una remota idea? —estalló, estaba casi tan enojado como hace tiempo, en la gran final.
Una vez más, los papeles se invirtieron y el ruso quedó a horcajadas sobre el otro, sólo que en esa ocasión lo refundió más en el suelo, tomando lodo a puños llenos para estamparlo contra cada parte del cuerpo de Yuuri que tuviera al alcance. Estaba liberando todo su odio, su rencor y sus resentimientos hacia él, al fin lo estaba sacando todo.
—Te atreves a recriminarme eso una vez más... —masculló entre dientes y en voz alta, usando sus brazos como escudo ante la máquina lanza-lodo en la que se había convertido el otro—... cuando el otro día tuviste sexo con una mujer que ni siquiera es tu novia. ¿Es en serio, Viktor? —el aludido detuvo sus lanzamientos y puso sus manos sobre los hombros del japonés, apretándolos y tomándose un respiro ante tanto esfuerzo, la respiración de ambos era errática debido a la adrenalina del momento.
Yuuri vio cómo el otro bajaba la cabeza, aún agitado, escondiendo su mirar de los ojos castaños. De pronto el agarre en sus hombros se hizo mucho más fuerte, al mismo tiempo en el que los dientes del mayor rechinaban sonoramente.
—Creo que no tienes derecho a reclamar nada, no cuando... —continuó Yuuri al ver que no decía nada, pero fue abruptamente interrumpido.
—¡No tuve sexo con ella! Con ella y con nadie. No pude hacerlo, porque mis propias palabras retumbaban en mi mente una y otra vez. Desde la última vez en la que tú y yo hicimos el amor... —gruñó, avergonzado y muy enojado por ello—...no he tenido relaciones con nadie. Antes lo hacía porque quería guardarme para ti. Tenía la estúpida idea de que tú harías lo mismo. Y si ahora no he tenido sexo es porque no puedo ¡No puedo acostarme con nadie y eso es demasiado irritante! ¡Ya casi se cumplen dos años de que no tengo sexo! ¿Sabes lo frustrante que es eso para un hombre? ¿No? ¡Es horrible! Y lo peor es que hace un año me ofendiste de una manera tan infame, tú... —dudó en decirlo—...tú te fuiste luego de que yo te hiciera un oral, fue tan humillante —apretó sus puños en torno al japonés, quien se había quedado sin palabras ante el largo monólogo del otro.
Yuuri sintió como si estrujaran su corazón dentro de un puño sin piedad, peor fue el sentimiento cuando sintió una lágrima de Viktor impactándose contra su rostro.
—Los dos hemos sido verdaderamente estúpidos —murmuró Yuuri con voz queda. Su cuerpo entero estaba inmóvil sobre el fango, sus brazos a los costados, dejándole hacer a Viktor lo que le viniera en gana con él, no se reusaría, ni siquiera porque el lodo estuviera condenadamente helado.
Entonces comenzó a sentir más gotas impactándose contra su rostro, pero éstas ya no eran lágrimas de Viktor, sino gotas de lluvia.
Yuuri alzó ambos brazos hasta posicionar sus manos una en cada mejilla del otro, despejando su rostro del cabello que lo cubría, sólo para descubrir su expresión llena de dolor y emociones lastimeras.
—¿Cómo puedo sanar tu corazón? —preguntó el japonés con una voz grave, serena, igual que su rostro.
Los ojos de Viktor se aguaron por completo. Sentía el gran impulso de echarse a los brazos de Yuuri y llorar como bebé.
—Deja de intentar —se incorporó, no permitiendo que él viera más sus lágrimas. Le dio la espalda y ahí trató de limpiarse el rostro con la manga de su chamarra, logrando así mancharse aún más—. Sólo deja de intentar salvar algo que ya está muerto.
—No está muerto.
El ruso dio un brinco al escuchar su voz tan cerca. No lo había escuchado incorporarse.
—¿¡Cómo puedes estar tan seguro!? —se exasperó, encarándolo con ira.
—Por esto —llevó de nuevo sus manos al rostro de Viktor, limpiando sus lágrimas rebeldes—. Tú no lloras por cualquier cosa —sonrió de lado—. No eres como yo —se atrevió a acortar la distancia entre ambos para rodearlo en un cálido abrazo que bien hacía falta, la temperatura estaba descendiendo cada vez más y la lluvia se sentía más copiosa a pesar de estar bajo un montón de árboles frondosos.
Viktor no dijo nada. No correspondió al abrazo, por el contrario, lo apartó de sí, esperando que con ese gesto se ofendiera y se fuera de una vez por todas, pero no lo iba a lograr, lo notó al ver su expresión firme.
—¿No lo entiendes aún, Nikiforov? No hay nada que puedas hacer para lograr espantarme, no me iré lejos. No cometeré el mismo error, no más.
—Entonces yo me iré — aparentó una frialdad inquebrantable a pesar de que por dentro se derretía por esas palabras dichas con tanta determinación. Se dio media vuelta, pero en el primer paso que dio sintió que algo crujió bajo su pie derecho. Lo levantó sólo para ver cómo se asomaban las gafas de Yuuri, rotas en varios pedazos—. Mierda —giró su cabeza y se topó con la expresión horrorizada del otro.
—Mis gafas... —palideció.
—Lo siento —se inclinó para recogerlas, buscando inútilmente la manera de repararlas—. Maldición, maldición, maldición —repitió en su mente al ver que hasta los cristales se habían quebrado.
—Está bien —suspiró con una expresión desilusionada, recibiendo en sus manos los pedazos de sus lentes—. Creo traer un repuesto entre mis cosas, creo...
Se formó un pesado silencio entre los dos. Sólo se escuchaba el sonido de las gotitas de agua chocando contra las plantas y el suelo.
—Demonios —masculló en voz baja, rascándose la nuca con incomodidad—. ¿Puedes ver algo sin ellas?
—Sí, sólo veo un poco borroso, pero estaré bien.
—Mentiroso —murmuró al verlo entornar los ojos.
—Sí veo, sólo tengo que... —entornó más los ojos.
—Eres un peligro para la ciudad en ese estado —suspiró—. Iremos a mi departamento, ya que está más cerca, y llamaré a Chris para que vaya por ti, mientras tanto podrás asearte un poco, estás hecho mierda.
—¿Y de quién es la culpa? —lo dijo entre risillas, pero Viktor no se rio, ni siquiera sonrió, sólo se dio media vuelta y Yuuri siguió en su papel de "acosador", caminando tras él.
Llegaron al departamento y Viktor le mostró a Yuuri dónde estaba el baño para que pudiera ducharse, le dio una toalla y le prestó algo de ropa. Mientras el japonés estaba en la ducha, Viktor aprovechó para llamar a su mejor amigo y pedirle que fuera cuanto antes a su departamento para que se llevara a Yuuri, no le dio muchas explicaciones, simplemente le contó sobre el accidente que tuvo con las gafas y el hecho de que no quería tenerlo ahí por más tiempo. Chris casi juró que llegaría lo antes posible, pero apenas colgó la llamada, invitó a Phichit a desayunar.
Mientras tanto, Yuuri se tomó su tiempo en la ducha. Tardó muchísimo en quitarse todo el lodo del cuerpo. ¡Tenía fango hasta en medio de las nalgas! Y en el cabello ni se diga, tardó una eternidad en quitarlo todo. Era irritante sentirse tan sucio, pero la molestia se le pasó cuando utilizó el shampoo y el jabón de su amado, descubriendo con sorpresa que uno de los aromas que tanto amaba en él, era nada más y nada menos que el de su cabello.
Cuando salió de la ducha secó muy bien su cuerpo y miró la ropa que el ruso le había dado. La tomó con cariño y miró cada prenda: un pants gris deportivo de algodón y una playera de manga larga color negro y de cuello alto. Cuando extendió bien las prendas cayó al piso una más pequeña y del mismo color que la playera. También le había prestado ropa interior y era idéntica a la que le había visto el otro día. Se la puso sin evitar un sonrojo en sus mejillas y notó con satisfacción que no se le veía tan mal, pero jamás se le vería tan bien como a él. Definitivamente ese no era su estilo de ropa interior.
Terminó de vestirse y se miró al espejo, la ropa de él le quedaba considerablemente grande. Era verdad que Viktor había adelgazado bastante y que hasta hace poco había logrado recuperar casi por completo su cuerpo de hace varios años, pero a pesar de haber estado delgado, seguía siendo mucho más corpulento que Yuuri, simplemente su espalda era mucho más ancha que la de él.
No dejaba de verse al espejo, le gustaba mucho la ropa de él, por eso siempre se ponía su chamarra de las competencias para dormir y así como esa chamarra conservó el aroma de Viktor por un buen tiempo, esa ropa en su cuerpo estaba totalmente impregnada con su olor. Estaba tan feliz que no pudo contener sus gritos internos y éstos se volvieron levemente externos.
Salió del baño y la sangre se le fue hasta los pies cuando vio al ruso recargado en la pared frente a la puerta del baño, en el pasillo, esperando con toalla y ropa en mano para meterse a bañar. Yuuri casi podía jurar que había visto una sonrisilla divertida en su expresión unos segundos antes de que abriera la puerta por completo, pero si es que hubo sonrisa, ésta se esfumó de inmediato.
—¡Por dios! ¿Me habrá escuchado? —pensó Yuuri, muy avergonzado.
Viktor no dijo nada, lo miró de arriba abajo y se metió de inmediato al baño. A diferencia del japonés, el otro no tardó mucho en salir, limpio y oliendo rico.
Mientras Nikiforov se bañaba, Yuuri se sentó en la sala junto con Makkachin, quien no se le separaba por nada del mundo, se había acostado sobre su regazo a pesar de su gran tamaño y no se movía de ahí. Durante ese lapso de tiempo, Katsuki no podía dejar de pensar en las mil y una oportunidades que tenía ante sus ojos en ese momento. Estaba dentro del departamento de Viktor, con su ropa, con Makkachin encima impidiéndole irse y con una imaginación que estaba dejando volar. Desafortunadamente la inseguridad lo cohibía un poco, después de todo, formaba una pequeña parte de su naturaleza.
Y así fue como de pronto tuvo una idea muy buena. Sacó su móvil, el cual afortunadamente era a prueba de agua y sólo bastó con enjuagarlo un poco para quitarle el barro, y le mandó un mensaje a Chris:
"Ni se te ocurra pararte por el departamento de Viktor, invéntale cualquier excusa y vienes por mí hasta más tarde, yo te digo cuando"
Ya le tenía la suficiente confianza a su amigo como para hacer ese tipo de cosas, además, sabía que no estaba solo, Phichit lo acompañaba y ambos se llevaban de maravilla, hacían un dúo muy divertido.
El suizo le respondió al instante.
"Eres lento, Katsuki. Ya le dije que iría por ti, pero no le dije cuándo.
Pd: ya llévatelo a la cama, que a ambos les hace falta una buena revolcada"
Inevitablemente se sonrojó hasta las orejas, tragó en seco y por su mente pasó la no tan descabellada idea de hacer lo que su amigo le sugirió. Se puso nervioso y para disipar un poco esas ansias, tomó su anillo de oro y comenzó a limpiarlo nuevamente, ahora con el borde de su playera, no quería ver restos de barro en él, tampoco en el anillo que llevaba en el cuello, colgado en la misma cadena. Se perdió un tiempo en pensamientos tontos, hasta que éstos fueron interrumpidos cuando el ruso apareció en la sala, con una toalla sobre sus hombros y el cabello aun escurriendo un poco. Su mirada azulada se había posado sobre los anillos, y casi pudo jurar que vio cómo ese par de zafiros brillaban con ilusión.
Yuuri iba a decir algo, pero el otro se le adelantó.
—Iré a preparar un poco de café —y sin decir más, se fue. No quería hacer mucho contacto visual con él, o terminaría dándose cuenta de lo mucho que le emocionaba verlo con su ropa puesta, se veía adorable.
Los dos, limpios y secos, se sentaron en la sala a tomar una rica taza de café. Ninguno decía nada, Yuuri ya se había aprendido de memoria cada cosa presente en ese pequeño departamento y no podía evitar preguntarse si se parecería en algo a su departamento en San Petersburgo. El silencio extrañamente no era incómodo. Los dos bebían de sus tazas y veían el tiempo pasar, cada uno sentado en un sillón distinto y Makkachin pegado al regazo del humano al que había extrañado tanto.
—¿Tú lo preparaste? —preguntó, incrédulo—. En verdad está muy bueno, pensé que no te salía ni el café.
El aludido no pudo evitar soltar una risa entre dientes muy mal contenida a pesar de que ese comentario podría fácilmente ofender a cualquiera que lo recibiese.
—Sí, yo lo hice.
Quiso omitir el hecho de que sólo tuvo que leer la etiqueta del café para saber cuánta agua ponerle a la cafetera y cuánto café.
—Está rico.
—Gracias.
De nuevo cayeron en un cómodo silencio. Sus miradas se pasaban por todo el lugar, evitando toparse la una con la otra. Ninguno se animaba a decir algo más, temían romper ese momento en el que ambos estaban congelados en el espacio, no había discusiones ni reclamos, sólo ellos dos suspendidos en el tiempo y en el café. Además, todo lo que había que decir lo soltaron momentos antes en el lodo, ahora sí, finalmente se habían quitado esa carga de encima.
Todo iba de maravilla, hasta que uno de los dos rompió el silencio.
—¿Por qué estás aquí, Yuuri?
Por la mente del aludido pasó la idea de responder: "Porque me bañaste en lodo y ahora eres responsable de que no pueda ver ni siquiera la hora que marca el reloj en la pared de enfrente". Pero no quiso arruinar el momento con una mala broma.
—Ya lo sabes, te lo he dicho un par de veces. Vine por ti.
—¿Y qué vas a conseguir con eso? —resopló, más cansado que enojado.
—Todo, lo tendría todo en la vida. No quiero nada más.
Viktor se tensó considerablemente, y al no decir nada al respecto, Yuuri continuó.
—Sé que hemos pasado por mucho dolor y sufrimiento, pero las personas cambian. Viktor, yo he cambiado. Estoy arrepentido de algunas malas decisiones que he tomado, de esas que me alejaron por completo de ti. No sé cómo pedirte perdón ¿Cómo puedo hacerlo? —su expresión era todo un poema—. Si te oculté la verdad por tanto tiempo fue porque tenía miedo, no estaba preparado para presentarte mi pasado y mis errores. Créeme que en este momento haría lo que fuera para que lo nuestro funcionase. No puedo borrar las decisiones que tomé, no puedo regresar el tiempo, pero puedo pedirte perdón por ello y volver a intentarlo. La cuestión es: ¿Me dejarás hacerlo?
El ruso se quedó sin palabras, Yuuri había expresado en ese corto monólogo todo lo que alguna vez él sintió y muchas cosas que aún sentía. No podía más que sorprenderse por esas coincidencias del destino.
No...
Las coincidencias no existían, sólo lo inevitable.
Los ojos azules, como el mar, terminaron ahogándose en agua salina.
Quería intentarlo, ponerse de pie, abrazarlo y decirle que sentía lo mismo, pero una fuerza mayor lo retuvo en su lugar. Era el miedo lo que lo mantenía fijo a su asiento, pues no soportaría otra desilusión. Tanto había sido su dolor, que prefería no volver a experimentar amor con tal de no sufrir algo igual o peor.
Sólo pudo asentir con la cabeza, dejar su taza sobre la mesita del centro y ponerse de pie ante la ansiosa mirada achocolatada.
—Iré a dormir, estoy un poco cansado —estaba exhausto física y mentalmente. Habían sido muchísimas emociones enfrentadas en tan poco tiempo. No importaba que fueran a penas las nueve de la mañana, sentía como si fuera media noche y no hubiera dormido en días. Ni siquiera importaba el hecho de que recién se tomó media taza de café.
—Viktor... —susurró, triste al verlo partir sin que le diera una respuesta clara.
—Una oportunidad, Katsuki, sólo una —dijo sin siquiera mirarlo, a punto de entrar a su habitación, se quedó ahí parado unos segundos, dándole la espalda. Ni siquiera previó que esas palabras saldrían de su boca, simplemente salieron.
Se metió a su cuarto y no salió de nuevo.
Yuuri se quedó en la sala, con ojos y boca totalmente abiertos. Su corazón latía con desenfreno y sin poder evitarlo brincó de su asiento y comenzó a hacer un extraño baile en silencio, brincando y moviéndose chistosamente. Makkachin lo miraba sin entender, pero agitando su colita por verlo tan feliz.
Terminó su extraña danza y se inclinó sobre el perrito, tomando su cabeza y juntándola contra la suya, frente con frente.
—Voy a enamorar a tu padre, lo voy a conseguir —exclamó en voz bajita, dejando ver toda la emoción y felicidad que lo desbordaba en esos momentos.
Antes de irse del departamento, caminó hacia la puerta del cuarto y le dijo en voz alta y clara:
—No te vas a arrepentir, Viktor Nikiforov, juro que te sorprenderé.
El ruso sonrió con un poco de tristeza, dentro de su cuarto y bajo un montón de mantas. Yuuri abrió un poco la puerta de la habitación para que Makkachin pudiera entrar, éste de inmediato brincó a la cama de su amo, colándose bajo las mantas y mirando desde su lugar a Yuuri, esperando a que éste se les uniera, pero no fue así.
El can no entendía por qué su amo estaba tan triste si al fin su humano estaba con él.
Pasaban de las cinco de la tarde cuando alguien tocó a su puerta. Viktor hablaba por teléfono con su hermano sobre el tema de Yuuri. Aleksi lo escuchaba atentamente a pesar de que se encontraba en la oficina, pero el mayor colgó la llamada cuando tocaron a su puerta y al ir a abrir se topó con una linda tarjeta escrita a puño y letra, ésta decía:
"Tú y yo, 8:00 p.m. espérame en el vestíbulo del edificio, estaré puntual por ti. Vístete formal.
Pd: te quiero.
-勇利"
Y junto a la tarjeta, estaba un galón de nieve de chocolate sólo para él.
Viktor pudo apreciar claramente cómo su corazón golpeaba su caja torácica con violencia. Era la primera vez que intentaban cortejarlo de esta forma, y se sentía tan bien, se sentía verdaderamente amado, y lo mejor de todo era que se trataba de Yuuri, si fuera de parte de alguien más no sería lo mismo, absolutamente.
No pudo evitar la tentación y aceptó ir a esa cita. Con eso se confirmó la teoría de Chris, en la cual decía que: "La curiosidad mató al calvo" ya que Viktor era tan curioso a veces, que era capaz de cometer estupideces sólo para satisfacer esa necesidad de saber.
Faltaban quince minutos para las ocho, pero Nikiforov ya estaba listo, así que bajó al vestíbulo, saludó al portero que estaba detrás de su escritorio y enseguida alzó la mirada para toparse con el dueño de sus sueños más eróticos, parado junto a la puerta, mirando su reloj en la muñeca derecha y sosteniendo un ramo inmenso de rosas rojas en su brazo izquierdo.
Yuuri no se había percatado de la presencia del ruso, pues estaba ocupado viendo cómo la leve brisa mojaba el pavimento en la calle, estaba preocupado porque no había traído paraguas, afortunadamente el taxi que pidió no tardaría mucho en llegar y así su amado no se mojaría ni un cabello.
Ese momento de distracción fue aprovechado por Viktor, quien lo observó de arriba abajo, viendo lo formal que vestía, de traje negro, camisa blanca y corbata roja, combinando con las rosas. Lo que mejoraba exponencialmente su imagen, era el cabello peinado casi en su totalidad hacia atrás, sin sus anteojos. Entonces el otro pareció sentir la curiosa mirada que lo recorría, pues se giró hasta toparse con los zafiros de Viktor. Fue en ese momento cuando su expresión se volvió muy coqueta y segura. Eso sólo hizo que las rodillas de Nikiforov temblaran como gelatina.
El japonés se veía tan feliz y seguro de sí mismo que, no sólo el corazón del ruso se emocionó, sino también su estómago, donde empezó a sentir mariposas revoloteadoras cuando el atractivo hombre frente a él le extendió el ramo con una media sonrisa tan sexy que lo desarmó por completo, incluso tuvo que cerrar la boca al percatarse de que la tenía levemente abierta.
Entonces, las mariposas en su estómago sufrieron metamorfosis y se convirtieron en urracas peleándose entre ellas.
Tomó el ramo, dubitativo y muy nervioso, nunca nadie le había regalado un ramo de flores, al menos no en modo romántico. Era la primera vez, y recibirlas de parte de Yuuri era hermoso. Las flores eran preciosas, las miró de cerca y descubrió con mucho gusto el agradable aroma que despendían, olían naturalmente a rosas, pero un ligero olor a la colonia de Yuuri se combinaba con ellas, era una mezcla por demás exquisita.
Sus mejillas se sonrojaron tiernamente, sin poder evitarlo. Ante los ojos del japonés era el ser más precioso del universo.
Aún sonrojado, dijo que iría a su departamento para dejar el ramo en agua, su voz había salido suave y controlada. Claro, no fue así cuando entró a su casa y vio a Makkachin, quien sufrió de un abrazo asfixiante por parte de su amo, éste soltó todos los gritos emocionados que se había guardado.
Mientras estuvo liberando su emoción con su mascota, Yuuri se quedó en el vestíbulo, emocionado y muy nervioso. Estaba feliz de que hasta ese momento todo iba bien, pero no podía evitar sentirse sumamente nervioso todavía. Estaba tan ansioso que comenzó a caminar de un lado a otro. El portero lo miró divertido y lo tranquilizó un poco.
Logró recuperar la compostura para cuando Viktor regresó, ahí se tomó el tiempo de mirarlo debidamente, notando que derrochaba atractivo masculino por cada poro de su cuerpo.
—¿Qué ocurre? —inquirió el ruso al sentirse tan observado—. ¿No voy vestido apropiadamente? —preguntó con algo de nerviosismo, a pesar de que se veía irresistiblemente atractivo con su traje oscuro, muy parecido al de Yuuri, sólo que con una camisa azul marino acompañada de una corbata del mismo color del traje. Su cabello estaba ligeramente más peinado que de costumbre, y sus ojos... sus ojos azules y centellantes eran casi lo más hermoso en él, casi, porque no había sonrisa en su rostro, estaba serio y hasta un poco nostálgico, lo notaba en su mirada.
—Estás perfectamente bien —sonrió como bobo—. ¿Nos vamos? —le extendió su brazo para que se enganchara de él, en un gesto demasiado galante que hizo enrojecer levemente al ruso, pero éste no aceptó el ofrecimiento, en cambio, dio un paso al frente y abrió la puerta para ser ahora él el galán caballeroso. Yuuri se lo agradeció y así ambos salieron a vivir esa pequeña aventura que se les avecinaba.
De camino al restaurant, Yuuri se atrevió a rozar su mano con la de Viktor, sobre el asiento de piel del taxi. Cuando obtuvo su atención, le dijo:
—Te ves bien, demasiado bien —admitió con un tierno sonrojo adornando toda su faz. El otro agradeció el comentario y sonrió, conteniendo sus ganas de reír un poco ante lo poco romántico que era Yuuri. Él en su lugar podría decirle tantas cosas... le diría que no había ser más precioso en el mundo, que no hay ningún hombre en la Tierra que se viera más atractivo, sexy y delicioso que él.
Uhmm, ya tenía hambre.
Cuando llegaron al restaurant en el que Chris había hecho reservaciones esa mañana, Viktor se asombró, pues llevaba tiempo queriendo ir ahí. Se veía muy elegante y fino, demasiado costoso. Entonces se preocupó por el bolsillo de su ex novio. No lo demostró, pues a pesar de todo trataba de ser frío hasta el último momento, aunque no le estaba saliendo bien del todo.
Las cosas comenzaron a complicarse cuando en la entrada les dijeron que no había ninguna reservación hecha ni a nombre de Katsuki, tampoco Nikiforov y mucho menos Giacometti. Los mandaron a esperar lugar en una banca. Muy molesto, Yuuri llamó a su amigo, quien juró haberla hecho.
El problema no se pudo resolver de todas formas, así que les tocó esperar. Esos treinta minutos viendo cómo la gente entraba al restaurante con sus reservaciones fue muy incómodo, en especial para Yuuri, quien veía de reojo a Viktor, temiendo su reacción, pues este se había cruzado de brazos y justo en ese momento tenía su expresión de "I'm starving, feed me" y vaya que conocía muy bien esa mueca, sólo le faltaba comenzar a tamborilear sus dedos contra cualquier superficie, eso era señal de que su intestino grueso se estaba alimentando ya de su intestino delgado, o al menos eso decía él para justificar su mal humor cuando no comía a sus horas acostumbradas.
—No deben tardar en pasarnos, ¡Mira, ya se desocupó una mesa! —apuntó al interior del establecimiento, pero lo único que el ruso vio fue a la mesa más cercana, cenando algo que se veía exquisito. Entonces el sonido de unas tripas gruñendo resonó con fuerza.
Yuuri lo miró, preocupado y nervioso. Peor se puso el japonés al ver que Viktor comenzaba a tamborilear sus dedos contra sus brazos cruzados.
Las cosas se iban a poner feas si no hacía algo, pronto.
—Ven, sígueme —tomó a su amado de la mano y se lo llevó lejos de ese restaurant. El pobre estaba muy nervioso, caminando por la acera con prisa y buscando algún establecimiento decente para cenar. Tristemente todos los lugares buenos estaban atiborrados de gente, no necesitaba reservación para entrar. En ningún momento se dio cuenta de que Viktor sólo podía prestar atención a la unión de sus manos. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que sintió la mano de Yuuri entre la suya: suave, dedos largos y delgados. Tenía manos muy hermosas, y lo que más lo emocionó fue sentir el anillo en su dedo anular, no se lo había quitado. Eso era lo único en lo que el ruso pensaba mientras el otro se partía la cabeza pensando en dónde llevarlo para que no se muriera de hambre.
Luego de que ambos caminaran casi diez cuadras, bajo el leve sereno que caía del cielo, Viktor se detuvo abruptamente.
—Yuuri, es viernes por la noche. No vamos a encontrar nada despejado en la ciudad —suspiró—. Es mejor que terminemos con la cita y nos vayamos a casa.
—N-no, todavía podemos caminar un par de cuadras más y...
—Estoy cansado.
Yuuri frunció sus cejas y sus labios, casi como haciendo un puchero. Entonces miró por sobre el hombro de su amado y vio un restaurante de comida China, muy parecido al que habían ido hace años, en Pekín.
—¡Ven! —lo tomó de la mano nuevamente y corrió hacia allá. El rostro del ruso se iluminó al ver el establecimiento. Amaba esa comida. El alma volvió al cuerpo de Yuuri cundo vio al otro sonreír como antes.
Afortunadamente el lugar no estaba muy lleno, entraron en pocos minutos y fueron atendidos al instante. Katsuki fue ágil y recordó todo lo que había ordenado Viktor en Pekín. Así que pidió lo mismo: Cangrejo, camarón ebrio, y un montón de cosas más, lo que fuera para que Viktor disfrutara de un buen estofado.
—Amazing! —exclamó el ruso, sus ojos brillaron al ver tanta comida.
—Me alegra que te guste —suspiró aliviado. Había estado muy tenso, pero al fin sentía un poco de tranquilidad.
—¿No vas a comer? —preguntó mientras devoraba un camarón.
—Sí —sonrió chistosamente. Él odiaba ese tipo de comida. Nunca le había gustado, pero sería capaz de comer esas cosas raras sólo por él.
Momentos después llegó el camarero y ofreció una serie de bebidas.
—Pide lo que quieras —sonrió el japonés. Viktor miró el menú y sonriente pidió una bebida muy extraña y de sabores exóticos.
—Pensé que pedirías algo más... fuerte —rio, más por nervios que por otra cosa.
—Ya no bebo alcohol.
—Oh...
—Sí, exactamente por esa razón.
—Ya veo, entonces yo pediré lo mismo —le dijo al mesero, quien tomó el menú y se fue.
La cena transcurrió de manera fluida y natural, incluso llegó el momento en el que ambos se sintieron transportados al pasado, felices.
Pero, de nuevo la noche se complicó cuando llegó la hora de retirarse. Le habían entregado la cuenta al japonés y éste iba a pagar cuando se percató de que...
—Oh por dios.
—¿Qué pasa, Yuuri?
—Mi cartera —murmuró muy bajito, palmeando todos sus bolsillos, dándose cuenta de que realmente la había extraviado.
El pobre se alteró como loco, Nikiforov sólo podía observarlo con su expresión seria en el rostro y pensando "Qué adorable". Aunque el otro veía su cara y sólo podía pensar "¡La cagué, la cagué, la cagué!".
A final de cuentas, Viktor terminó pagando todo. Esto hizo sentir tan mal a Yuuri, que no se atrevió a mirarlo a la cara de camino a casa. Afortunadamente el costo del taxi se lo cargaban directo a la tarjeta, así que al menos eso sí pudo pagar.
Cuando llegaron al edificio, se despidieron en la entrada. Yuuri estaba tan deprimido que el otro no podía dejarlo irse así.
—La pasé muy bien.
—¡¿En serio?! —alzó su rostro por primera vez desde que salieron del restaurante.
Viktor contuvo sus ganas de abrazarlo y llenarlo de besos. Era tan adorable.
—Sí, fue divertido —sonrió de lado y miró su reloj—. Ya es tarde, es mejor que te vayas al hotel.
—Sí —suspiró. En algún momento del día había pasado por su mente que amanecería en ese departamento, en la cama de él.
—¿Necesitas dinero para el taxi?
—No, estoy bien así, lo cargan directo a mi tarjeta.
—Al menos déjame pagarte el taxi.
—¿Al menos? —rio secamente—. Te invité a salir y terminaste pagando toda la cuenta —estaba muy rojo por la vergüenza—. Claro que no te voy a dejar pagarme el taxi, pero gracias —metió las manos a sus bolsillos y se balanceó sobre su propio peso hacia adelante y atrás, nervioso y pensando en si debía hacerlo o no. ¿Debía besarlo? Quería hacerlo.
—Gracias a ti, por el helado, y las flores. Nunca nadie me había regalado tantas, me gustaron mucho —se permitió esbozar una tenue sonrisa mientras metía también sus manos a los bolsillos. Parecía que ninguno quería despedirse.
Estuvieron en silencio unos momentos más, hasta que se dieron cuenta de lo ridículo de la situación. Fue Viktor quien sacó una mano de su bolsillo y se la extendió al japonés, quien la miró como diciendo "¿Es en serio? ¿Eso es todo?" pero terminó apretándola con fuerza. No se soltaron la mano.
—Yuuri... ¿Tú quisieras quedar...? —fue interrumpido por el claxon del taxi que esperaba al japonés a un par de metros.
—¡En un momento voy! —casi le gritó al señor—. Dime, Viktor ¿Qué me estabas preguntando? —sus ojos castaños brillaron con emoción y anhelo.
—Descansa —sonrió levemente de lado y soltó su mano antes de darse media vuelta y entrar al edificio.
Yuuri se quedó ahí, parado en la acera viéndolo entrar, sintiendo que con cada paso que daba, su corazón se contraía un poco más en tristeza. Reaccionó cuando el taxista de nuevo lo llamó. Así se subió al auto y se fue.
—¡Joven Nikiforov! —lo detuvo el amable portero—. Tenga, su amigo dejó olvidado esto, seguramente se le cayó al piso mientras daba vueltas por todo el vestíbulo —rio un poco—. Lo hubiera visto, estaba muy nervioso —le extendió una cartera negra de piel.
Se recostó en su cama con Makkachin a un lado, podía escuchar la respiración de su mascota, olfateando con desesperación la cartera que traía en manos.
Viktor se estaba debatiendo entre dos opciones: Abrir, o no, la cartera. Si lo hacía era por mera curiosidad. El dinero no le interesaba, sino el hecho de que una cartera de hombre era algo muy personal, ésta podría albergar cosas muy interesantes.
Ni siquiera lo pensó más. Era tan curioso que no lo soportaría. Terminó abriéndola y descubriendo en el acto que en el interior de esa cartera se encontraban cinco fotos, la primera era de su familia, y el resto, de ambos. Eran fotos muy hermosas que él también tenía, pero muy bien guardadas en una carpeta de su laptop. No podía creer que Yuuri las hubiese impreso para tenerlas en físico y verlas ahí todos los días. Eso lo conmovió demasiado, incluso una pequeña lágrima se escapó de sus ojos.
Observó bien las fotos por un rato indeterminado hasta que se decidió. Sacó su foto favorita sólo para intercambiarla por otra de las que él tenía en su cartera, sí, Viktor Nikiforov tenía repleta su cartera con fotos de Yuuri y una que otra de ambos. Hizo un intercambio de fotografías, olvidando por un momento su decisión de permanecer frío hasta el final, ja, sí cómo no.
Pasando el hecho de las fotos, decidió indagar un poco más, pero no encontró nada interesante, así que terminó extendiendo su brazo con la cartera en mano para dejarla sobre el buró, pero fue algo torpe y ésta cayó al piso, revelando que muy dentro de sí ocultaba algo de lo que el ruso no se había percatado.
—Oh por dios, ¡Yuuri! —exclamó, azorado al ver un paquete con un par de preservativos a medio salir, incluso el ticket de compra estaba junto a ellos. De esa forma el ruso comprobó que los había comprado sólo una hora antes de verse. No entendía cómo no vio eso dentro de la cartera, pero en fin... no supo tampoco por qué, pero se echó a reír como loco. Estaba demasiado feliz.
Esa noche no durmió nada de nada. Logró conciliar el sueño poco después del amanecer, pero fue interrumpido por el timbre de su casa. Yuuri le había mandado una gran caja de chocolates rellenos como compensación por la cita tan desastrosa del día anterior. El japonés pensaba que Viktor estaba enojado con él y se disculpó varias veces en la carta que le mandó junto con las golosinas, ajeno a que el ruso no podía estar más feliz. Viktor jamás se había divertido tanto en una cita como en esa ocasión.
Luego de leer la carta, se fue a sentar a la sala y abrió la caja de chocolates, deleitándose con el aroma que desprendían, y sorprendiéndose al ver que eran suizos. Era un hecho, Chris había ayudado en eso.
No esperó más y se engulló varios a la vez. Si había algo que amaba más que el katsudon, era el chocolate.
Mientras comía, decidió llamar al japonés. Marcó el número de memoria y sólo tuvo que esperar un tono para que el otro le respondiera.
—¡Viktor!
—Hola, Yuuri —saludó cantarinamente, con mucha azúcar en su sistema.
—¿Recibiste mis...
—¡Ejtán delijiosos!
—¿Te los estás comiendo?
—¡Djsí!
Yuuri sonrió. Lo consejos de sus amigos estaban ayudando bastante. Chris le había sugerido invitarlo a salir de esa manera, sabiendo que no se iba a negar, y Phichit le dijo que si Viktor amaba tanto la comida, era un hecho que lo enamoraría con detalles de ese tipo, en especial si era fan del chocolate, y más aún si Chris había sido precavido, comprando un par de cajas de chocolates en su país antes de volar a Rusia. La primera caja se la habían comido entre Phichit y Yuuri a escondidas del suizo, así que sólo les quedaba esa última.
—Me da mucho gusto —sonrió verdaderamente animado. Frente a él tenía a sus dos amigos, aún en pijamas y ansiosos por saber lo que le decía el ruso.
—¡Por cierto! Yuuri, el portero encontró tu cartera, al parecer la dejaste caer mientras caminabas de un lado al otro, dijo que te veías muy nervioso —aguantó la risa al escucharlo tartamudear como loco.
—¿Te puedo ver hoy? Es decir... necesito mi cartera —no sabía cómo disimular que su verdadero deseo era verlo.
—¡No necesita su cartera! Lo que quiere es verte ¡Hola Viktor!
El ruso sonrió al escuchar la voz de su mejor amigo.
—Hola Chris —rio.
—Pensé que mandarías a Yuuri de regreso al hotel hasta hoy al medio día. ¿Sabes? Me hiciste perder una apuesta —se quejó.
—¡Chris! ¿¡Apostaste con Phichit?!
De nuevo Viktor se echó a reír al escucharlos pelear un poco. Se contuvo cuando de nuevo escuchó sólo la voz del japonés, al parecer se había cambiado de área, a un lugar más silencioso.
—¿Viktor? ¿Sigues ahí?
—Sí. Dios, estos chocolates están exquisitos.
De nuevo Yuuri aguantó una risilla.
—Entonces... ¿Puedo ir más tarde por mi billetera?
—Claro —se escuchó que se echaba un par de chocolates más a la boca—. Te veo al rato.
—De acuerdo —sonrió, ilusionado.
—Por cierto, Yuuri. No es buena idea guardar condones en la billetera —rio y colgó.
—¡¿Qué?! ¡Oh por dios!
Tocó el timbre una vez y esperó, pero nadie abrió. Volvió a tocar y nadie abría.
—¡Viktor! —llamó en voz alta—. ¡Vik...! —calló cuando la puerta se abrió de golpe.
—¿Qué demonios me hiciste?
Continuará...
See you!
Jueves 8 de Junio 11:00 p.m.
