Harry Potter y la historia que debió ser
Lessa Dragonlady
Parte II
"LA MÁS BELLA TRAICIÓN"
Harry despertó alterado. Parpadeó hasta reconocer el candelabro de la habitación. Su habitación. Su casa. Potter Cave. El recuerdo ácido de Nagini revolviéndose por la tortura mágica le dio asco. Canalizar un Crucio era brutal, ni siquiera un Horcrux lo merecía. Se prometió no volver a utilizar esa maldición.
—Me tenías preocupada. ¿Cómo te sientes?
La voz de Prudence rompió sus cavilaciones. Harry la observó sorprendido, como siempre, por su perfecta belleza y feminidad. La bruja estaba acostada junto a él, en la cama, y realmente se veía cansada.
—Confundido. ¿Cómo llegué aquí? ¿Nagini?
Prudence hizo un mohín —Si te refieres a la asquerosa serpiente que arruinó nuestra alberca... Lovegood la ahogó, pero por alguna razón sigue viva. Es extraño.
—Es un Horcrux.
Notó la incomodidad en Prudence por aquella palabra. Harry decidió no volver a usarla frente a ella. Cualquier cosa que provoque un malestar en Prue debe ser eliminado.
—Lamento preocuparte —dijo con sinceridad.
Ella sonrió —Lo sé. Ron te está esperando para hablar de algo. No quiso decirme qué. Prometiste que tus amigos no me esconderán más información.
—Lo hice, pero debes jurar fidelidad a los DD. Ya hablamos de esto, Prue.
Se levantó con la espalda tiesa, le dolía cada vértebra.
—Al único que juraré fidelidad será a mi marido, porque él velará por mis intereses más que nadie en el mundo. También ya hablamos de esto.
Harry la quitó suavemente del camino cuando quiso pararse en la puerta —Jamás podría casarme contigo. Hermione...
Prudence agarró la mano de Harry y la puso en su pecho. Un frío antinatural cubrió al mago.
—Tienes que olvidarla —ordenó la morena.
Los ojos verdes de Harry se oscurecieron durante segundos —Ol..vi-dar... No —agitó la cabeza, mareado—. No insistas. No puedo.
Ella se vio sorprendida —¿Por qué puedes resistirme más que antes? Estás cansado, no tiene sentido.
—¿De qué hablas?
—Escúchame. No seguiré aquí si tienes a esa serpiente en la azotea. Deshazte de ella inmediatamente. O me perderás.
Harry sintió miedo de perder a Prudence, la única que lo ha escuchado y consolado desde que Hermione fue secuestrada. La única que consigue ayudarlo a soportar el dolor.
—¡Lo haré, por favor no te vayas!
La sonrisa de Prue volvió.
—Cumple lo que te pido, y jamás me iré.
—...gracias.
Harry se marchó. Cada paso sintiéndose más como él y menos como ese hombrecillo asustado que gusta esconderse en la falda de Prudence Parkinson. Se odió por ser tan débil.
Ron estaba en la cocina, sirviendo con cuidado las croquetas para Crookshanks. El felino se volvió más dócil con él desde que perdió el brazo. Al verlo, sonrió.
—Estuviste años dormido. ¿Cómo te sientes?
—Molido. ¿Novedades?
—Ahm... Neville tiene a Hogwarts de cabeza, buscando algún Horcrux. Fue idea de Bill. Kingsley quiere que le avisemos en cuanto quieras poner en marcha el plan E. Tonks pasó a revisarte. Todavía no arregla su relación con Remus, pero dice que ya pueden trabajar juntos como antes. Mamá te envió un caldo para que te recuperes. Puede que Luna se haya marchado definitivamente de la casa por mi culpa. Ah y le compré un collar nuevo a Crookshanks en la tienda de antigüedades de la esquina, ¿se ve guapo no cree-
—¿Cómo que Luna se fue de la casa?
Crookshanks maulló indignado, esperando algún halago.
Ron se encogió un poco sobre la barra —Fui un imbécil.
—Nada nuevo.
—Lo lamento, ¿de acuerdo? Me tiene frustrado no poder usar bien mi varita ni participar con los DD en las misiones. Luego vi a Bill casi abrazando a Luna...
—¿Le gritaste? ¿La insultaste?
—¡Claro que no! ¿De dónde sacas esa idea?
Harry giró los ojos. Se sentó frente a él en la barra —De las miles de ocasiones que le hiciste eso a Hermione.
Su amigo se sonrojó —Oh. Bien. Pues no. Sólo le hablé más brusco de lo normal. Luna se veía cansada, así que supongo que no quiso aguantar mis tonterías y se fue.
—¿Hace cuánto?
—Dos días...
—¿Dos...? Oh, Ron, debió ser algo peor que hablarle con brusquedad. Vamos a buscarla. Tienes que disculparte.
—¿Crees que quiera volver?
—Si te esfuerzas lo suficiente. Vamos. Su presencia es vital en la casa, y también la necesito para pensar cómo destruir a Nagini.
Ron se veía más animado al lanzar los polvos flu a la chimenea. Gritaron la dirección, pero las llamas no reaccionaron.
Harry frunció el ceño —Creo que Luna cerró su chimenea. Joder, Ron, en serio, ¿qué le hiciste?
—Comienzo a dudar de mi memoria...
—Agárrate de mí. Nos apareceré.
—Puedo aparecerme. Estoy lisiado, no idiota.
—Si le hablaste así, tal vez comprendo por qué te bloqueó de su vida.
Ron bajó el rostro —Ya. Vamos.
Aparecieron en las colinas de St. Chaterpol. Instintivamente, Ron miró hacia la dirección de la Madriguera, pero volvió su atención a la casa de piedra. Dio un paso antes de ser frenado por Harry.
—Llama a los DD. Algo sucedió. Quédate aquí.
Ron vio correr a Harry hacia la puerta deshecha de la casa. Pánico lo cimbró de pies a cabeza. Sacó su varita, casi tirándola en el proceso, y buscó su tatuaje en el brazo derecho para llamar a los DD.
Su brazo derecho.
—¡Maldita sea!
Echó a correr detrás de Harry, importándole un clavo lo demás. Necesitaba saber que Luna está bien.
—¡No! ¡Luna! ¡Luna! ¡Nonono...
Cayó de rodillas junto a ella. Se veía tiesa, blanca, con los labios morados y el cuello cubierto de sangre seca. Sus ojos abiertos mirando al vacío.
Harry volteó aterrado al escuchar los sollozos de Ron. Volvió la mirada a Xenophilius, también muerto en el piso.
—¡LUNA! —chilló Ron, jalándose el cabello rojo y meciendo su cuerpo.
—Amigo..., amigo —llamó Harry entre lágrimas, intentando separar a Ron del cuerpo de Luna. Se rindió. Era imposible.
Usó todo el coraje y la fuerza que aprendió existía en él, tras el secuestro de Hermione, para levantarse y con calma llamar a Kingsley, Remus y Bill. No quería que alguien más viera la cruel escena de los Lovegood.
Después utilizó magia para sacar a Ron de la casa y lo sostuvo bajo el árbol de ciruelas hasta que llegaron los refuerzos. Harry no habló durante las horas que su amigo lloró. Comprendía su pena y hasta cierto nivel la sentía también. Luna se volvió como una hermana pequeña para él, un haz de esperanza en plena tormenta. Pero Ron no lloraba igual. Lo hacía por la mujer que amaba.
Bill se despidió con un gesto cuando sacaron los cuerpos de la casa, dejándolos a solas.
El atardecer cubrió St. Chaterpol y Ron quedó sin lágrimas. El abrazo más largo que habían compartido los mejores amigos, en la peor de las circunstancias.
Harry observó con mundana realización las ciruelas podridas en el piso. Tan fáciles de aplastar como la vida humana. Culpa y arrepentimiento se aglutinaron en su garganta, avergonzándolo por existir, por ser el símbolo de una guerra que cobra tantas almas, cada día. Si de valía se tratara, él merecería la muerte y no un ser tan precioso como Luna.
El fresco de la noche hizo bien a los magos. Pudieron respirar más profundo y aceptar la realidad.
Ron se despegó de Harry, ambos entumidos por haberse aferrado al otro durante tantas horas. Caminó hacia una de las ciruelas, levantándola con cuidado.
La cáscara naranja estaba sucia por la tierra, y ahí, entre la raíz y una hoja perdida del árbol, había una flor.
—Tinta recién impresa, ciruela dulce, libros y flores —dijo Ron a la noche.
—
Molly supo que algo estaba mal cuando vio a su hijo menor entrar a la casa. Desde un año atrás ese niño le demostró que era capaz de crecer más rápido y fuerte de lo el mundo esperó de él. No sólo en estatura y complexión, cada vez más parecido a Arthur en sus buenos tiempos, sino en la ternura de sus palabras y el esfuerzo en sus actos. Molly no quería aceptarlo, pero su Ronnie ya era un hombre. Uno de los que lideran la resistencia contra Voldemort. Uno que entregó su brazo para proteger a su madre.
—Hijo, no avisaste que vendrías...
Intentó preguntar qué pasaba. Siempre su curiosidad pudiendo más que la tolerancia. Pero por una vez Molly quedó sin palabras. Tenía miedo de averiguar qué desfiguró el rostro de su hijo en esa mueca de absoluto dolor.
—¿Quieres algo de comer?
Mandó un hechizo a la cacerola más cercana, poniéndola a hervir enseguida.
Ron siguió paralizado en la puerta, mirándola sin parpadear.
—¿Un té?
Así se arreglan las cosas en la Madriguera, con la comida de mamá.
Molly puso la tetera, distrayéndose unos segundos para echar la canela y el agua. Cuando volteó Ron estaba a centímetros de ella.
—Abrázame.
Siendo madre obedeció la súplica en automático. Algo en el pecho de Molly la hizo llorar desenfrenada por el tono de voz de Ron. Supo que ni la comida ni el té darían resultado. Su precioso hijo estaba herido más allá de lo rescatable.
Él no lloró, a través de ella estaba saliendo lo más crudo de su pesar. Permitió que Molly terminara siendo la que acomodó su pecho en él, sollozando, hasta que la tetera se quemó.
—
Harry ordenó que el plan E se llevara a cabo ese mismo día. Kingsley no estaba de acuerdo, considerando que tras la muerte de Luna no habría tanta concentración. Era riesgoso e innecesario hacerlo tan pronto, aunque todo estuviera organizado.
Remus, en cambio, temía mucho más por quienes asesinaron a los Lovegood.
—Burlaron tu Fidelius, Harry —decía el licántropo, nervioso— y dejaron una nota de advertencia. Te están buscando. Saben que tú le diste la información a Xenophilius sobre los Mercenarios Exóticos, no van a descansar hasta vengarse de ti por haberlos expuesto. Debiste consultarnos antes de tomar la decisión de publicar algo de ese nivel. No estamos en condiciones de tener más enemigos.
Kingsley asintió —¿En qué pensabas, Potter?
—Haremos el plan E. Hoy —fue todo lo que dijo Harry.
Tonks intentó calmarlo —Ese plan depende de la filtración controlada de nuestra ubicación. Si los Mercenarios interceptan a uno de nuestros espías, sabrán de ti. Puede que nos ataquen al mismo tiempo que los Death Eater. No conseguiremos saber quién es el traidor de los DD ni sobrevivir. Es muy riesgoso.
—Por eso tú no irás.
—¿Disculpa? Eso no está... no puedes... ¡Harry!
—Quiero a mi ahijado a salvo. Y de preferencia conocerlo. Así que no irás.
Tonks se cruzó de brazos —No te habría hecho padrino de saber que te comportarías así.
—Haremos hoy el plan E. Con o sin ustedes. Ya avisé a Neville. El resto de los DD están listos.
Remus lo miró frustrado —Me da la impresión que buscas cualquier excusa para una misión suicida. Sé que la muerte de Luna no será fácil de superar, pero...
—No planeo hacerla de kamikaze —cortó Harry, tan frío que puso en alerta los sentidos del licántropo—. Tampoco pienso dejar que pase un día más sabiendo qué hay un traidor entre nosotros, que tal vez está coludido con la muerte de Luna. Voy a poner a salvo al resto de la gente que me queda. Y si los Mercenarios me están buscando, créanme que hoy es un gran día para que me encuentren.
—Harry...
—Preparen sus varitas. Nos vamos en veinte.
—Así no está diseñado el plan —intercedió Kingsley—. Es más sutil. Prudence no puede sospechar, necesita tiempo para poner en aviso a los Death Eaters.
Tonks asintió —Tan rápido no la podremos descubrir.
Harry ajustó la funda de cuero amarrada en su brazo, donde la varita chispeó al sentirlo tan cerca —Ya me ocupé de eso. Si Prue es la traidora, caerá. Si no lo es, de cualquier forma conseguiremos el cargamento de comida. Hogwarts puede mantenerse aún de sus cosechas, pero los refugios necesitan abastecimiento. A todos nos conviene que la misión sea hoy, así que: agarren sus varitas, nos vamos en veinte.
Ignoró cualquier réplica y fue directo por Prue. La encontró acostada en la cama, leyendo. Al verlo entrar, la sonrisa se le borró del rostro.
—¿Supongo que tus "amigos" no están de acuerdo con que participe en esta misión sin antes haber jurado fidelidad a los DD?
—Supones bien.
—No dejes que te afecten. Todo saldrá perfecto. Cuando vean mis habilidades mágicas me suplicarán para que me una a ustedes sin juramento. Con el tiempo hasta aceptarán que sea su líder junto contigo.
Harry no la volteó a ver, se cambió de pantalones y botas.
Prudence lo miró sospechosa —¿Seguro que solo vamos a recoger comida para los refugios?
—Sí.
—Estás más serio de lo normal.
—Así me pongo antes de cada misión.
—¿Lo juras?
Harry por fin la miró —Una de mis mejores amigas acaba de morir, Prue. No presiones.
La bruja asintió —Sabes que te amo. Eso es todo lo que necesitas en la vida.
Estaba por abrazarlo cuando él se quitó —Cámbiate de ropa. Algo práctico. Te espero en la sala con los demás. No tardes.
Prudence lo vio salir, sintiendo que algo no era como antes. Cuando conoció a Harry estaba tan dañado por la falta de la sangre sucia que fue muy fácil hipnotizarlo con el guardapelo de Slytherin. El buen elfo Kreacher le enseñó a usarlo. Y había dado resultado, aunque lento, hasta que trajeron a Nagini. Supuso que dos Horcrux tan cerca ponían más a prueba la resistencia de Harry.
Prue no era idiota, sabía que la misión era una prueba... una trampa. Tenía que quedar bien, quitar las sospechas de su nombre. Así que no había otra opción: tendrá que dejar el guardapelo escondido hasta su regreso.
Se descolgó el Horcrux, escuchando su siseo furioso, prometiéndole que muy pronto volverá con ella, entre sus pechos, para calentarla y llenarla de poder. Juntos serán invencibles. Pronto, muy pronto...
—
Ginny se convenció de que esto no era una muestra del odio que la vida siente por ella. Simplemente no podía ser así. Aunque… tampoco era como si hubiera otra opción. En realidad, Hannah tenía que hacerse cargo, pero seguía sin resolver sus problemas con Chang, lo que ponía en riesgo la misión, así que la responsabilidad recayó en ella. Por supuesto, su apoyo absoluto era con Hannah, ya que Chang sólo estaba buscando algún mago famoso del cual prendarse.
—¿Conoces a mi Harry desde hace mucho?
Ginny miró furiosa a la copia mejorada de Pansy Parkinson. Seguía sin creer que Harry hubiera superado tan rápido a Hermione (aunque le doliera reconocerlo, sabía que él la amó profundamente) y menos que haya brincado a una nueva relación con esa bruja. Harry no era así. La culpa lo tragaría durante años antes de que cualquier mujer hubiera tenido oportunidad de robarle una mirada. Ginny planeaba ser esa mujer.
Era sincero su dolor por la pérdida de su antigua amiga. Jamás hubiera deseado que Hermione pasara por algo de ese calibre, preferiría tenerla viva junto a Harry que secuestrada y dada por muerta. Pero si la castaña no volvía, si el destino le daba otra oportunidad con Harry...
—Desde hace años —replicó molesta—. Es el mejor amigo de mi hermano. Me salvó la vida, casi sacrificando la suya en el proceso.
Prudence la sonrió indulgente —Oh, querida, Harry haría eso por más de la mitad del mundo. Es su carácter. Todo un héroe.
—¿Ya lo hizo por ti?
—No ha tenido oportunidad. Pocas veces salgo de su cama.
—¡Ginny! —chistó Seamus, más adelante, al verla sacar la varita— Estamos en una misión. Compórtate a la altura —remiró a Prudence—. Luego ajustaremos cuentas.
Ginny asintió. Incluso a Seamus, siempre tan alegre y positivo, le caía mal la francesa. Tal vez todavía sentía lealtad por la memoria de Hermione, quién sabe.
—¿Qué se supone que haremos aquí? —preguntó Prue aburrida.
Seamus señaló a lo lejos a Harry y Kingsley, parados en medio de la plaza muggle, conversando como si fueran transeúntes normales a la mitad del Time Square. Los taxis en las calles paralelas formaban barricadas amarillas, y los gigantescos anuncios iluminaban el atardecer, opacando al sol. Todo era ruido de carros, gente, publicidad y música de un actor ambulante.
—Quedaron de verse con un bodeguero muggle que trabaja en una cadena de alimentos enlatados. A cambio de unas tierras que Harry pudo comprar, les entregará las rutas de los siguientes cuatro meses de la cadena de alimentos. Con eso será suficiente para abastecer los refugios por el resto del año.
—¿Vamos a robar la comida? —gimió Ginny impactada.
Seamus sonrió —La compañía está relacionada con tráfico de armas y lavado de dinero. Muggle, por supuesto. Kingsley la detectó en sus investigaciones. Con el robo de esos alimentos no tendrán manera de mantener su fachada. En unos meses le daremos el dato a la policía. Caerán al mismo tiempo que nosotros terminamos de sacarles lo que necesitamos.
—Suena elaborado.
—Tengo entendido que la Orden del Fénix acostumbraba hacer esto en la primera guerra. Kingsley está repitiendo los patrones que el profesor Dumbledore les enseñó en esa época.
Prudence se recargó en el pilar del enorme balcón de comida rápida con una M amarilla —¿Quieres decir que todos nos movilizamos para ver el intercambio de un estúpido muggle con mi Harry? Pudieron venir solos, ¿no?
Seamus se ajustó los lentes oscuros. Amaba regresar por instantes al mundo muggle.
—Ojalá fuera tan fácil. En los últimos seis intentos fuimos atacados por Death Eaters. Alguien está dando la información. Hay un traidor entre nosotros.
Prue lo miró alarmada —¿Podríamos estar en peligro ahora mismo?
Ginny bufó —¿No te interesó saber que tenemos un traidor?
Seamus respondió —Por eso escogimos un lugar tan concurrido. Esperamos que eso desaliente a los hombres de Ya-sabes-quién de atacar. No le conviene volverse público para los muggles. Ni siquiera Lucius podría defenderse a nivel internacional si rompe el Estatuto del Secreto.
Prue pareció nerviosa. Discretamente sacó su varita, poniéndose en alerta.
Desde su posición apenas distinguían a Kingsley entre la gente. Harry, por esas razones, traía una gorra amarilla. Cada ciertos minutos alzaba los brazos, como si estuviera bostezando, para avisar que seguían bien.
Finalmente, un viejo hombre se acercó. Se veía alterado por el lugar y el tipo de acuerdo al que estaba llegando. Su familia dependía de las nuevas tierras para extender su hogar, pero podría quedarse sin trabajo por traicionar su empresa o hasta terminar en prisión.
—¿Por qué no le sacan la información con magia? Sería más sencillo —gruñó Prue.
—Porque no es ético obligar a alguien a darte memorias sin su consentimiento.
—Estamos en guerra, creo que podemos estirar la línea de la ética.
—Esa es tu opinión, Parkinson —cortó Ginny, frustrada.
Harry recibió un paquete y entregó las escrituras del terreno adquirido.
—Tan fácil —susurró Prudence—, me parece exagerado que hayamos venido todos para...
La M amarilla de la comida rápida, que medía quince metros de alto, explotó. Un segundo después la plaza estaba convertida en un remolino de personas alteradas, gritando por ataques terroristas. Niños llorando. Objetos personales olvidados. Un anuncio de veinte metros hizo corto circuito antes de quebrarse. Los cristales y las chispas bañaron la plaza. Una serie de detonaciones destruyó las veintiocho tiendas que rodeaban Time Square.
—¡HARRY!
Prudence vio incrédula a la pelirroja brincar desde el balcón hacia la plaza. La caída debió matarla, pero usó un hechizo antes de impactar para seguir corriendo en cuanto tocó piso. Era jodidamente buena.
—¡Yo también iré! —gritó tras Ginny, mostrándose valiente cuando en realidad sentía que en cualquier momento se orinaría. El escándalo de la plaza, los incontables heridos que no existían tres segundos antes, el humo y las descargas eléctricas eran aterradoras.
Seamus la detuvo del brazo —Fuiste tú, ¿cierto?
Prue se quiso soltar, pero el mago era más fuerte —¿De qué hablas? ¡Quítame las manos de encima, gusano! ¡Harry está en peligro!
—¡Tú eres la traidora!
—¡Claro que no!
—¡Luna está muerta! ¡Tú sabías dónde vivía!
—¡No lo sabía! ¡Jamás fui!
—¡Llevas meses engatusando a Harry, siseando en su oído! ¡Todos te hemos visto! ¿Qué le hiciste, maldita? ¡Algo debiste darle para que te dijera sus secretos!
Prudence comenzó a llorar, ese hombre la estaba maltratando, ya tenía el brazo entumido.
—Soy inocente. No tengo que ver con la muerte de Lovegood. Lo juro.
—¿Por tu magia?
—¿Qué?
—¡¿Lo juras por tu magia?!
—No tengo que darte explicaciones. Eres un peón. Un instrumento de mi Harry para llegar a...
Una de las vigas del edificio cayó. Seamus empujó a Prue lejos del desastre. La viga los separó y quebró el balcón.
Prudence se resbaló entre los escombros, tosiendo por el polvo. Medio ciega intentó ver qué sucedía. La plaza era un caos. Muggles corrían para salvar sus vidas, intentando llegar a las calles donde el mundo parecía tener sentido, lejos de los relámpagos multicolores y las palabras en latín. Los DD ya estaban ahí, luchando contra un grupo de Death Eaters.
Harry, visible gracias a la gorra amarilla, estaba protegiendo al hombre con quien hizo negocios. Cubría con su cuerpo al muggle mientras lo intentaba sacar de la línea de fuego, pero volteaba desesperado hacia los DD, sabiendo que lo necesitaban allá.
Prudence tomó la decisión sin pensarlo, esa era su prueba, la única manera de demostrar que era fiel a su futuro marido.
Corrió evadiendo derrumbes y cuerpos calcinados. No estaba segura si lloraba por el miedo o el polvo en los ojos. Se escabulló detrás de uno de los Death Eater. Levantó la varita, apuntando con precisión entre los omóplatos del mago. Luego movió su brazo un poco a la izquierda.
—¡Reducto!
La explosión se sumó a tantas otras. El Death Eater la volteó a ver y disparó una maldición. Prudence apenas tuvo oportunidad de evadirla. Furiosa, echó un nuevo hechizo.
—¡Prue! —Harry por fin dejó al muggle en una salida de los derrumbes, ahora corría hacia ella— ¡Escapa!
Buena idea. Dio un paso atrás, pero chocó con alguien. ¿Un muggle? Reconoció el uniforme por las viejas fotografías de la Segunda Guerra Mundial que su abuelo tenía en la mansión: era un soldado. Eso no estaba en el plan.
Miró hacia cada extremo del Time Square, comprendió que no todos los civiles habían escapado… eran soldados encubiertos. Por las calles aledañas, grupos militares llegaban.
—¿Qué está pasando? —susurró.
De pronto una ráfaga de balas resonó en Time Square. El ejército abrió fuego directo.
Escudos mágicos nacieron en la plaza, tan rápido como los DD estaban entrenados para crearlos. Cada bala explotaba al entrar en contacto con la magia, alzando el volumen del ataque. Nubes de polvo llenaron la plaza.
De pronto alguien cayó sobre Prudence, sacándole el aire. Miró a Seamus cubrirla del asalto, con una enorme herida en la frente y las mejillas negras. La metralla rozó las orejas de ambos, igual que un montón de hormigas llenas de odio. El escándalo los dejó sordos. Justo antes de terminar el fusilamiento, una bala atravesó a Seamus y su escudo cayó.
Prue gritó al sentirlo desmayarse encima de ella. Aterrada lo volteó hacia el piso, irguiéndose para revisar que ella no estuviera herida. Los gritos de todos los magos, sin importar el bando, llegaban a ella como ecos incomprensibles.
No lo podía creer.
¡Los malditos muggles los habían atacado!
El ruido de las desapariciones fue indicador de que había que escapar pronto. Prue miró una vez más a Seamus, cuyo pecho estaba salpicado de sangre y polvo. Por lo menos murió al salvarla.
Desapareció a Potter Cave.
