Capítulo 21
Atención : Los personajes pertenecen a Riyoko Ikeda, de su manga Rosa de Versalles. Yo solo les pongo en situaciones que tratan de ser únicas y disparatadas, en un contexto más o menos históricos del siglo XVIII.*
De las obsesiones y el corazón.
André De Jarjayes, tratando de olvidar aquella escena que lo atormentaba frecuentemente, en lo posible evitaba a Fersen y a la Reina durante varias semanas, comenzó a pensar con obsesión en el broche perdido. Fue un regalo que valoraba mucho y rumiaba día y noche cómo pudo ser tan torpe de llevar algo tan preciado a un lugar así. "Pero no sabía que Fersen me entregaría a los brazos de esas mujeres. Fue ese maldito sueco"...
Acertadamente a las pocas semanas, volvió a hablar con él, superando con madurez aquel momento incómodo en que irrumpió de manera torpe e impertinente en las habitaciones reales, durante la sesión de masaje de las zonas íntimas de Su Majestad.
Las veces que tenía sus días de franco, siempre que Fersen estuviera en la ciudad, retomaban sus charlas militares y apreciaciones políticas e iban al Palais Royale a compartir sus noches. Alguna que otra vez vio fugazmente a Jeanne, otras, bailando frente a él, para luego perderse en toda la velada. Lo desafiaba y le sonreía. Estaba seguro que era ella quien le robó. Además, tenía algo que había quedado inconcluso entre ambos. Quería darle sus merecidas buenas palabrotas por ladrona, pero a la vez, su mente tan terca, se obsesionaba en repetir aquellas frases de "págame para continuar con esto"... Y recordaba los gritos de placer de la Reina que martillaban su mente. Todo le giraba como si algo le faltara.
Varias noches entre la vigilia y el sueño, en esas ocasiones en que la mente juega y distorsiona el sentido de la realidad, el comandante, cavilaba y la veía en diferentes situaciones. Ya sea en Versalles o en su habitación de la Mansión Jarjayes. A veces paseando entre los pilares de mármol. Ataviada con largas túnicas de seda que apenas cubrían su cuerpo, o en cueros rozándole la piel, repitiéndole siempre palabras inaudibles, en un dialecto que André durante el sueño no lograba dilucidar... Eran siempre los mismos gestos, la misma mirada burlona... Que sólo al salir del trance le llegaba el entendimiento "págame para continuar con esto"...
No quería admitirlo, pero debía parar su mente.
Visitar a Oscar tal vez podría ayudarle a despejar aquellos nubarrones en su cabeza. Necesitaba claridad, precisión y otro punto de vista. No iba a contarle que sus nuevas amiguitas eran chicas de cascos ligeros... Pero volver a mirarse en las aguas claras y tranquilas de sus ojos azules era hasta necesario.
Suspiró. - La extraño - Se dijo y lo aceptó de buena manera.
Le escribió antes, avisando que quería verla, para tomar un café o uno de esos helados de anís del famoso "Procope" (1) que si bien quedaba a un cuarto de hora del Liceo, no era tan frecuentado por gente que la pudiera reconocer. Solo quería charlar con ella sin contratiempos.
La nota llegó al claustro y fue recibida gratamente. Las semanas que habían transcurrido entre la soledad y humedad del depósito y la recuperación de las relaciones amistosas con St Just, la ponían a Oscar un tanto ansiosa, que decidió que hablar con su amigo de siempre, tal vez sirviera para poner un paréntesis a tanta expectativa.
El encuentro se hizo casual, en la famosa cafetería de la Rue de la Comedie Francaise, en el barrio latino de París, ahí donde Voltaire tomaba dizque sus cuarenta tazas de café diariamente. Ni bien la vio a Oscar sentada en una mesa de la vereda, con el pelo algo revuelto con el viento; leyendo un ejemplar de la Gazette, a André se le desarmó todo el discurso que tenía preparado, para encontrarse con ella.
Se acercó sin mucho preámbulo y la saludó con un apretón de manos, como si de un viejo amigo se tratara. En sus ojos vio a una chica más adulta, que a pesar de sus escasos veinte años, había madurado algo más que para ser un simple valet de Palacio y más para seguir siendo su compañera de juegos.
-Veo que la reina ha mantenido a más de uno algo ocupado en estos días. - señaló el titular del periódico que decía "Después de largos tratamientos, la salud de Su Majestad, la reina, se ha restablecido" y lo siguiente que le mostró fue el ejemplar de un pasquín barato en cuyo titular principal decía "Los inaguantables caprichos de la Austriaca ahora se llaman histeria"
-Veo que te gusta contrastar fuentes - comentó perspicaz el comandante mientras hacía un gesto a un garçon para que les atendiera.
El mozo se acercó a la mesa y al solicitar el pedido, ambos amigos sin dudar, pidieron al unísono, beber una taza de chocolate.
Se cruzaron una sonrisa de complicidad. Si ya antes intentaron estar juntos por tantas cosas en común, después de todo, seguían unidos aunque de diferente manera.
-¿Qué tal la has pasado? - Volvieron a preguntarse a la vez y de nuevo comenzaron a reír como adolescentes.
-Responde tú primero, eres la dama aunque te vistas así. Y no me hables de tus libros. Cuéntame de tus nuevas experiencias.
-Bien. Estoy conociendo a mucha gente que tiene pensamientos acordes a los míos. - Se sintió algo inquieta. Olvidó que podría comprometer la amistad de André con Girodelle, y se sentía más allá de una víctima, alguien que no quería estar en el ojo de la tormenta, ni causar más problemas.
-Presiento que no eres del todo sincera conmigo.
-¿Por qué te mentiría? - dijo hurgando entre las hojas de los papeles que tenía sobre la mesa.
-Porque sabes que en la mansión más de uno se preocupa por ti. Tu abuela por ejemplo... Y no vas a contar si estás en riesgo con tal de seguir tu lucha académica.
-Me conoces bien. - Ella agachó los ojos.
-¿Entonces te pasó algo? - Dijo inquiriendo aún con una sonrisa.
Un carruaje pasó frente a ellos y el sonido del mismo le dio tiempo a Oscar a ordenar sus ideas para transmitirselas a André.
-El mentor que me consiguió Charles es formidable. Maximilian de Robespierre.
-El alumno que se quedó como un pollo mojado con su discurso por la coronación del rey, ¿verdad?
-Ese mismo. Es una gran persona, de muchos ideales. Cuando se decida a ejercer, será alguien de gran provecho para Francia. Es de Arras.
-Oh. No lo sabía. Es por eso que le tienes gran afecto.
-Sí. Supongo que también por eso.
-Sigues sin decirme otras cosas. Conozco tus ojos cuando mienten.
-¿Eres el fiscal ahora?
-Sabes que hago interrogatorios más severos. - Se inclinó hacia ella y se puso serio. - Nunca dejaré de preocuparme por ti. Quise hacerte mi esposa, y nos hicieron hermanos... Y me obligas a aceptar que estés lejos de mi protección.
Las dos tazas de chocolate llegaron humeantes frente a ambos. Otra vez Oscar ganaba uno o dos minutos para intentar salir airosa.
-Por cosas así, es que prefiero no contarte. Siempre pensando que no voy a lograrlo.
-Disculpame. No puedo evitarlo. Está bien - se resignó y cambió de tono. - Ahora ya, cuéntame como si fuera tu amigo y no tu hermano… Prometo no escandalizarme... ¿Qué aventuras hay dentro de un claustro? - quería sonar gracioso y a la vez presumir que era más divertido estar fuera que estar dentro.
-Pues... Como decirte... He peleado con un amigo y nos volvimos a reconciliar en estos días.
-¿Qué clase de reconciliación? - Una chispa de picardía cruzó sus ojos.
-No seas un inmaduro. Sabes, la vida ahí dentro hace que tome más precauciones de las debidas para ocultar que soy mujer... Y creo que eso me hace notar los secretos de quienes me oculto.
-Ah sí... ¿Ahí también se tejen secretos como en Palacio? - Sorbió su chocolate sin despegar sus ojos de los de ella.
-Si. Hay varios sodomitas ahí, y mi amigo es uno de ellos.
-Ahora se pone interesante la cosa... Aunque no me dices nada nuevo. En Versalles ya sabes... Unos cuantos...
-Pero estos cuantos, no tienen influencias como aristócratas. Aquí la ley se puede aplicar como en 1750.(2)
-¿Te preocupas por eso? Vestir como hombre no te ha preocupado en absoluto durante todo este tiempo.
-Parecer no es lo mismo que serlo. Además, confío en que nunca me descubran. - Esta vez ella hizo el mismo jueguito de mirarlo mientras bebía de su taza. - Mi amigo, me be... Intentó besarme, pensando que soy como él.
André sintió desarmarse de nuevo. La escena lo llevó a echar una cucharilla de la mesa.
-Vamos con calma, prometiste no alarmarte.
-¿Y qué te hizo? Exactamente…- Preguntó algo tenso por lo que pudiera haber sucedido, pero a la vez cruzó una sonrisa entre sus labios al pensar en cómo pudo haber reaccionado Oscar, tan poco dada a que los hombres se le acerquen.
-Nada. Sólo se dio. - Ella desvió la mirada - y por eso me enojé con él. Dejé de hablarle y enfermó de tristeza... Y... Ya sabes, la gente así es como más sensibles con esas cosas.
-Oscar.. - su tono mutó a reflexivo. Quería decirle que aún la amaba y que no quería ni imaginarse que alguien le ponga un dedo encima... Pero sabía que al pronunciar algo referente a sus celos, lo arruinaría todo - sólo ten en cuenta que mucha gente te quiere bien... Y que si hay algo que pueda ponerte en riesgo, nos hagas saber para acudir en tu ayuda... A menos que...
-¿Qué?
-Que te haya gustado. - Era él hablando por sí mismo y rozando una confesión que se mordía por decirle...
-No, ja ja ja, ¿cómo crees?... Y Ahora cuéntame sobre tus hazañas. Alguna dama fue favorecida con tus encantos? Además de la reina, claro.
-¿No habíamos aclarado esto ya lo suficiente? La reina en verdad, ahora no tiene ojos mas para que su nuevo "médico "... Seguro que lo leíste... Fersen.
-Sí, y pensar que no te caía bien.
-En verdad somos grandes amigos... Por ejemplo ahora que no estás, suelo asistir con él al Palais - Se le había escapado más de lo que debía - Royale... Es un lugar... - ella lo miró arqueando una ceja, lo que lo puso algo tenso - Es un lugar interesante...ejem... donde va gente interesante...
-"Gente interesante" que va ahí para hablar mal de Su Majestad. Recuerda siempre eso. Tu cargo no sólo implica proteger a los reyes, sino también cuidar la imagen de los mismos. Si te ven a menudo con conspiradores... ¿Qué crees que pensarán?
-También se los puede proteger conociendo de cerca a los que conspiran. Es estratégico. - dijo André como conclusión.
-No veo que asistir a un antro donde pululan estafadores y prostitutas sea estratégico. Como comandante deberías tener ideas más coherentes con tu cargo.
-Como futura abogada, deberías tener la mente más abierta...
Un silencio se clavó en ambos.
-Discúlpame. No quise...
-No, fui yo.
-En fin... cuídate de las amistades que hagas ahí, André. No hablan bien de ese lugar.
-Que recuerde, tus nuevos amigos también frecuentan el sitio... de hecho, participaste en una velada ahí.
-Lo hacen buscando tener roce político.- Oscar se retorció en su lugar - Y sí, fui a ese lugar, era una novata. Un error que no volveré a cometer. Ese día vi demasiado como para querer volver. Insisto, gente de baja calaña mezclándose con nobles que conspiran contra Francia.
-No toda la gente que asiste a ese lugar lo hace para conspirar.
-No, no toda. Los demás van a buscar provecho y beneficio comerciando influencias o peor aún, su cuerpo.
-Las mujeres así, no lo hacen siempre por placer. Tienen una vida dura... De hecho...
-De hecho, de no ser por la caridad de la Familia Jarjayes, o de Charles de Beaumont, habría terminado así - Pronunció Oscar con los ojos cerrados y golpeando la mesa al bajar la taza de chocolate sobre el platillo. - Ya lo sé, no necesitas repetírmelo para que conozca mi lugar.
- Te equivocas, hermanita. De hecho, he conocido a unas cuantas mujeres que van ahí, tanto a intelectuales como prostitutas. Trato de mirarlas como seres humanos...
-Deberías cuidarte más... Es lo único que te puedo decir. Pueden embaucarte, pueden usar tu nombre para cometer sus fechorías, pueden robarte, pueden involucrarte en algún delito, pueden...- André la interrumpió poniendo un dedo sobre los labios de ella.
-Por favor, guarda tus comentarios, a menos que quieras que te calle con un beso. Y me animo a hacerlo frente a todos. - Le sonrió - Menos mal que era yo el que no debía parecer una nana recalcándote que te cuides en todo momento del lugar donde estás y de las personas que frecuentas.
Oscar calló y bajó la mirada. Comenzó a dibujar con los dedos el bordado del mantel. André suspiró aliviado. -Espero que no sean celos, Oscar.
-Es tu vida. Puedes hacer lo que quieras. Decidí que me importas mucho pero no voy a hacer ningún berrinche por la gente que frecuentes. Si te complace tener un romance con alguna mujer - suspiró - no me sentiré mal. - Levantó la mirada, orgullosa, pero por dentro, al pronunciar esas palabras, sintió que algo se le quebraba.
-No tengo nada con nadie... Sigo esperando que termine tu aventura académica para ver cómo resolvemos esto de nuestra situación legal... y proponerte matrimonio.
-Pfff... Sabes que eso no puede ser posible...
-Alguna vez lo será...
-o-
El siguiente franco, fue aprovechado por el comandante Jarjayes para acudir a un baile. Un poco más tranquilo después de hablar con Oscar. La extrañaba, pero lograba apreciar esa separación para tener tiempo para sí mismo... Ella era su hogar. El lugar al que siempre volvería... Pero, claro que no quería vivir en su hogar enclaustrado. Era bueno salir de vez en cuando a pasear.
En el ambiente festivo del Palais a quien siempre veía dispuesta a hacerle compañía era a Marianne. La dulce Nanán que con su falsa modestia luego de bailar y contornearse frente a todos los caballeros del salón, aparecía junto a André y Fersen ofreciéndoles copas de champagne y el roce de sus buenas curvas.
Si de obsesiones vamos a hablar, la de Marianne era André. Como prostituta ¿acaso no podía albergar siquiera una esperanza? Él la trataba como nunca antes la trató persona alguna... y había una cálida sensación en el pecho cuando él la saludaba. Ella quería ser esa primera vez. Se prometió a sí misma no ser tan vulgar en cuanto a lo que pudiera ocurrir si nuevamente él contratara sus servicios... ¡pero si tan sólo lo hiciera!
Sin embargo, todas esas noches era lo mismo. André siempre preguntaba por Jeanne... Y Nanán sabía muy bien por qué.
Fersen y su amigas cortesanas se retiraban a lo suyo y André, tras intercambiar algunas palabras gentiles con Nanán, se marchaba sin lograr tener una pista de Jeanne. Nanán no la iba a traicionar. Siempre le decía "Jeanny ya está con un caballero ... o con dos a la vez..." pero Jeanne nunca estaba disponible para André.
Marianne se sentía triste.
Siguieron pasando las semanas y Jeanne ni siquiera aparecía más. Se había esfumado. André dejó de frecuentar el Palais Royale, pero la búsqueda de aquella mujer, no cesó. Al menos no en su mente.
Una noche, en otra fiesta en Versalles, que en honor a una delegación extranjera se llevaba a cabo, André notó que Fersen, comenzó a frecuentar más los aposentos de la reina, para tratar su histeria, antes de cada evento. Nadie tenía claro si se trataba de una costumbre, o una adicción. Lo cierto era que, la reina estaba de mejor humor y disposición con todos cada vez que aparecía en sociedad.
Entre los pilares del Salón de los Espejos, el novel médico, encontró al huraño comandante de la Guardia Real, observando desde las sombras de los pilares contiguos.
-¿Y si la buscas en otros lugares?
-¿Qué? ¿Qué dices? - El sueco logró sorprenderle.
-Ah, claro... para ti las prostitutas sólo las hay en el Palais Royale. - Lo interpeló Fersen, inmerso ya en toda la pompa de Versalles, y André sumergido en sus pensamientos sobre Jeanne. - ¿Qué haces aquí todavía?
Es que, al no tener mucho que hacer en la Mansión Jarjayes, cada vez que entregaba su guardia, solía quedarse a supervisar la ejecución de sus instrucciones, por unas horas más durante los eventos en que participaba la reina.
-Sólo estoy observando. ¿Por qué me estás fastidiando de nuevo?
-Porque veo que te estás carcomiendo de la angustia, sin sentido, como siempre. ¿Qué tanto tienes que pensar? Sabes que las meretrices no sólo están en el Palais, ¿verdad?
-No. No soy tan inocente como siempre me crees. Para ti, siempre seré el crío que no deja de ser cachorro.
-Entonces, ¿por qué aún sigues siendo casto y puro? - Fersen bebió su copa y lo miraba de reojo. - ¿Tienes cuántos años? André, te marchitarás si sigues así... Esa florecita que tienes bajo la cintura debe dejar su semilla en algún campo, pero debes arar el campo antes- Fersen casi escupió su bebida de la risa que le causó su propio chiste.
-A ti no te importa eso de "guardarte para la persona indicada", ¿verdad? Te da igual con quien lo haces, no te guardas esto como si fuera una ocasión especial. Apestas con esa actitud, Fersen.
Fersen emitió un suspiro, miró al cielo, y sacó un pañuelo para secarse la frente. Luego se restregó los ojos. Sonrió y le dijo:
-André, a estas alturas, deberías entender que, no importa eso de "guardarte" para alguien especial, sino de perfeccionar tus "artes" para hacer lo correcto cuando estés con esa persona especial. Además, es un acto que se hace y rehace tantas veces quieras. No vas perdiendo nada con cada vez que te acuestes con alguien. ¿Te pusiste a pensar en qué vas a hacer con tu... eso - miró fijamente la entrepierna de André - cuando llegues al clímax? ¿Sabrás cómo tratar a una mujer inexperta como tú? ¿No temes lastimarla? ¿Estás preparado para enfrentar semejante papelón con esa persona "especial"?
-Yo... yo... - André comenzaba a titubear. Frunció el ceño, y se resignó bajando los hombros.
-Deja de refunfuñar como un niño. La virginidad es para las mujeres con dote y la castidad, para los curas. El resto de la humanidad, a decir verdad, no la necesita. Soy de pensar que no me interesa andar desvirgando mujeres. Las prefiero expertas en ese momento preciso. Sabes, es mejor oirlas gritando tu nombre de placer, que maldiciendote por el dolor que le causas… Si vas a fornicar con alguien, que al menos no te ponga cara de víctima en ese momento. Después tú ves cómo lo manejas.
El rostro de André iba tornándose púrpura. Sus ojos verdes refulgían porque la realidad, era, que nunca alguien conseguía hablarle con semejante soltura sobre temas tan íntimos. Obviamente, ninguno de sus oficiales lo iba a hacer, y Girodelle... Bueno... Girodelle últimamente estaba mejor solo con sus propios demonios.
-Hay algo que vas perdiendo en cada acto... el "Alma Inmortal" . - Sugirió por fin, como una salida rápida.
Fersen, bufó un poco, resopló y sonrió. - El alma, el alma no se pierde. No me vengas con cuestiones filosóficas... El alma, va y viene del cielo en ese acto, especialmente si lo que haga la mujer con la que estés es especial - Le guiñó un ojo - O el hombre, si tienes esos gustos.
-Contigo no se puede. Maldigo el día que te conté de mi inexperiencia. - Apretó el puño de su espada.
-Vamos André... Anímate a fornicar de una vez. Seré el único que lo sabrá... bueno, y la chica. No me siento cómodo hablando de ciertos temas cuando tú ni siquiera has debutado.
Fersen hizo una pausa. Luego retomó el mismo tema, pero apuntando la saeta hacia donde André no podría escapar.
-¿A que no te gusta Marianne? Se nota que a ella si le gustas. Me lo han dicho las chicas.
-Ma-¿Marianne?
-Sí. Marianne. La siempre dulce Nanám... ¿Por qué te empeñas en mostrarle algún afecto si al final no concretas en algo con ella?
-Yo sólo soy amable con Marianne. Es una buena muchacha.
-Es una prostituta, está acostumbrada a la vida dura, a los maltratos, y vienes tú a tratarla como a una princesa. La confundes, amigo mío... Y luego vas y estás detrás de la otra. La maldita de Jeanne...
-Estoy detrás de algo que me robó. - interrumpió André.
-Es una excusa. El dichoso broche es una excusa. Ella juega al gato y al ratón contigo... Y tú se lo permites. - Fersen se acercó más - Mírate. Eres el comandante de la Guardia Real. Con que truenes dos veces los dedos, puedes enviar soldados y requisar todas las viviendas "au bord de l'eau" (3) de París hasta encontrarla.
-¡Fersen! ¡No podría! No puedo gastar recursos de la Corona sólo para satisfacer mi capricho personal.
-Entonces, deja de lamentarte por el dichoso broche, que de valioso no tiene nada... Que si lo tuviera, ya habrías usado y abusado de tus influencias. Deja de engañarte ya con eso.
-Es que... Ya te lo dije, me lo regaló Oscar tiempo atrás.
-¿Tanto miedo le tienes a tu hermanito como para no saber afrontar las consecuencias de haber perdido un broche? Sois de una familia más que adinerada... Pueden comprar hasta una mina de esmeraldas y zafiros y te preocupas por un broche? Naaaa... A mí no me vengas con excusas André de Jarjayes.
André sopesó qué palabras saldrían de su boca en los siguientes segundos. Si le contaba a Fersen que Oscar era la mujer de su vida, o bien que realmente se sentía picado por el aguijón de la curiosidad de la voluptuosa Jeanne... Cualquiera de las dos opciones significaban tener que alargar la conversación con el sueco, que, a esas alturas ya lo exasperaba.
-Está bien - Dijo por fin- Tienes razón. Dejaré la búsqueda.
-Ay querido amigo. - Fersen le palmoteó la espalda. - Obsesiónate por cumplir bien con una mujer... O con dos o con todas con las que te encuentres. Pero no te obsesiones por cosas que no tienen valor o solución.
André lo miró y trató de sonreír.
-Hoy toca salida. Así que vamos a divertirnos con algunas chicas.
-Fersen, no estoy de humor.
-Vamos. Hazme ese regalo, como tu mejor amigo. Hoy pasas la noche con Marianne... Y que pase lo que tenga que pasar por fin. Ella es muy experta y paciente.
-De sólo hablar de eso, ya me siento incómodo.
-André. ¿Es que acaso te gustan los hombres?, mira que si es así... yo puedo explicarte algunas cosas... como médico... tú me entiendes, ¿verdad?
El comandante puso los ojos en blanco y resoplando se alejó del sueco por un poco de aire.
-o-
Girodelle había pasado los últimos días atormentado por cada carta que su comandante recibía. Interceptaba la correspondencia de André especialmente si provenía del Liceo. Leía secretamente las líneas tontas y superfluas entre ese par. Oscar comentaba en muchas cartas su forma de pensar conforme a lo que desarrollaban en clases. "Cualquiera podría decir que en ese Liceo están estudiando sólo adolescentes subversivos, pfff... como si algún día lograrán hacer algo con tanto pensamiento estúpido" No obstante, de André no habían más ruegos o frases melosas por la forma que le respondía ella... "En fin, qué me importan estas idioteces, lo importante es que ella, por algún extraño motivo, no está contando a André de mis intenciones, o del incidente reciente pasado". Luego, volvía a cerrar y lacrar el sobre, dibujando un garabato similar al sello antes que la cera se seque, muy hábil y sin que nadie lo note, especialmente el destinatario.
Tenía todo un mundo girando en su mente, mientras, como siempre, se desahogaba con pasión violenta con las damas casadas o solteronas, que le hacían la corte en Versalles o en París. Más de una vez el flujo de sus pensamientos lo llevaba a pensar que estaba haciendo el amor a Oscar Françoise de Jarjayes Grandier o como sea que fuera su nombre según las nuevas convenciones legales a las que estaba sujeta, y volvía bruscamente de esas fantasías al oir las quejas llorosas de sus amantes por la violencia de sus embestidas o por la fuerza con que aferraba los brazos, cuello o pelo de las mismas. Más de una lo oyó llamando a un tal Oscar... pero callaban por la devoción que sentían por el joven conde.
Luego estaba solo. Se iba sintiendo vacío. Notaba que quería algo inalcanzable y envidiaba que aunque fueran tonterías las que se escribían con André, él compartía con ella al menos algo. Entonces, Víctor volvía a su soledad y a tratar de sacársela de su mente, aunque sea abonando los añejos naranjos de Luis XIV con su simiente al no tener suficientes pañuelos que abastecieran el resultado de sus masturbaciones.
Esa noche, saliendo de entre unos arbustos de rosas, fue sorprendido por su comandante, que parecía huir de la fiesta en Palacio.
-¡Víctor! ¿Qué haces aquí?
-Creí ver a alguien, no sé, pensé que eran amantes tal vez... Pero sólo resultó ser el cachorro de la Reina persiguiendo a algún gato.-mintió.
-Será mejor que vuelvas al baile. Cuídate. Nos vemos mañana.
-No olvides llevar tu correspondencia, André. Vi que acumulaste mucho sin leer, especialmente del Liceo.
André sonrió melancólico y Girodelle lo notó - Si. Tengo mucho por leer y responder.
-Trata de despejar tu mente y no te atormentes pensando en ella. Es un consejo de amigo. ¿Por qué no buscas a otra chica para desfogarte? No mereces vivir penando por alguien que tal vez te ha olvidado.
- Au revoir. Nos vemos mañana en la noche. - Cortó André.
-Au revoir, comandante Jarjayes.
Subió a su caballo y se alejó rumbo a la mansión, pero en su mente vagaban sus pensamientos recordando los consejos de todos. Olvidar sus obsesiones imposibles con chicas dispuestas a ayudarlo. "Bah... Tonterías... Eso no me ayudaría... Pero... En realidad, qué importa... Hace tiempo dejé de obsesionarme con Oscar. Ella está mejor ahora. Supongo que sí. Y he de confesar que de haber seguido enfermándome de amor por ella, tampoco hubiera tenido el contratiempo con esa ladrona que me atormenta" Detuvo a su caballo de un solo golpe. "¿Qué estoy pensando? Esa maldita no me atormenta."
Retomó el galope tras unos segundos. "Debo dejar de hacerme el tonto. Claro que me atormenta. Es lo que dice ese sueco maldito: Me doy excusas para no admitir lo que me pasa"
Decidió pasar de largo el desvío a la Mansión Jarjayes y fue a buscar un poco de distracción a París. Aún seguía con algo de energía, que si iba a su casa, la iba a desperdiciar contando las baldosas de su habitación. Estaba haciendo exactamente aquello que Fersen le había hecho notar. Seguía obsesionado con algo que iba tomando forma... Forma de mujer de pelo negro y ojos sagaces.
Notó que un carruaje pasó a su lado, alterando a su corcel, lo que a su vez hizo que él saliera de sus pensamientos. Vio que en él carruaje iban dos o más mujeres quienes les resultó familiar. Es que Jeanne estaba dando vueltas en su mente. "¿O acaso la veo en todas partes?"
El carruaje llevaba el escudo de la casa Boulanvilliers y de hecho, hizo una parada en la mansión que la marquesa tenía en París. Las vio descender del vehículo y vio cómo la misma mujer entrada en años daba besos y abrazos a las dos chicas que él conocía muy bien del Palais Royale: Marianne y Jeanne.
Las chicas se despidieron de la aristócrata y volvieron a abordar el transporte. André decidió seguirlas desde una distancia prudencial. Doblaron varias calles y entraron a la costa del Sena. Al barrio de las casas de "Au bord de l'eau". Cuando se detuvieron frente a una de esas casas pintadas de color rojo, las chicas descendieron. El cochero que al principio parecía que iba a esperarlas, dejó el carruaje para adentrarse en uno de los pasillos a orinar. André que ya estaba apeado, logró ocultarse entre unos arbustos cerca de una de las ventanitas de la vivienda precaria. Logró ver a mujeres y hombres de la calaña más baja de Francia, excitándose en una nube de vapores de dudosa procedencia sentados en bancos o divanes. El piso de arriba debían ser las alcobas privadas donde el cliente gozaba de los favores de las chicas. Contó entre sus conocidas a más de una, además de las hermanitas a quienes ya había fichado. Evidentemente el Palais daba sus réditos pero el dinero por el trabajo en las casas al borde del agua, eran con el que ganaban el pan diario.
-Amigo, si quieres entrar, sólo ve y preséntate con el regente. - Era el cochero que sorprendió a André de espaldas. Evidentemente no vio sus hombreras ni sus insignias militares- El precio aquí es mucho más accesible que en esas fiestas privadas para los nobles. Vamos, entra... Sólo te pido que no te acuestes con mis favoritas.
Cuando André se dio vuelta a responder, trató de ocultar su uniforme con la capa que llevaba puesta. Sólo se disculpó y volvió sobre sus pasos a buscar a su caballo. Sintió de nuevo ganas de vomitar al notar la inmundicia humana revolcándose en pésimas condiciones de higiene, sin pudor ni intimidad. Ciertamente no vio a Jeanne ni Nanán en esa escena, pero ya intuyó que las mismas estaban en lo mismo.
Oculto tras un muro, tenía acceso a la vista del burdel y de la calle. Se distrajo mirando a un par de borrachos pelear entre sí. Intercambiaron golpes que iban subiendo de tenor, hasta que uno sacó una navaja. Se dispuso a intervenir, pero un guardia de la milicia urbana apareció para separar al par de bribones.
Al cabo de una hora aproximadamente, las vio abordar de nuevo el carruaje y dirigirse a la Mansión Boulanvilliers. Jarjayes se las arregló para darles alcance sin ser visto por la comitiva. Descendieron y el cochero las ayudaba con algunos baúles y cajas.
Parecía que se estaban mudando.
André observó los movimientos de ambas. Parecían niñas de campo sin modales, pero con modestia. Hasta sus ropas eran más finas y acordes a damas de sociedad. Marianne subió de nuevo al carruaje y Jeanne subió las escaleras detrás del portón, perdiéndose al cerrarse las puertas principales de la residencia.
A André ese conductor de carruaje, no le pareció de confianza. El comandante notó que el hombre había mirado con ganas los escotes de las mujeres todo el tiempo que estuvieron en la vereda con ellas, o que sacaba la lengua como degustando algo cuando las mismas pasaban y pasaban cerca de él ayudando con el traslado de sus bártulos.
Se decidió a seguir el carruaje. Marianne sola con ese hombre, no tenía buen auspicio; menos porque ese hombre lascivo conocía las andanzas de las chicas. Las llevaba al prostíbulo y luego a una casa decente... ¿Quién podría asegurar que no le haría daño aprovechándose de ella? Subió a su caballo y los siguió desde un buen trecho para no levantar sospechas. Después de todo, ese cochero lo reconocería.
Cuando llegaron a una plazoleta, el carruaje se detuvo. Descendió del mismo Marianne, y se quedó sentada en un banco solitario. Por supuesto, en el Palais había algún evento, por lo que la atención del público en general estaba concentrada en el interior del mismo, no de lo que pasaba fuera de él. El cochero arreó a los caballos y se perdió en algún callejón del barrio más exclusivo de París.
Al comandante Jarjayes le extrañó ver la escena. Pensaba que podría ser una trampa, una emboscada. Sin embargo, también estaba Marianne, sola y desprotegida en la noche, expuesta al acecho de cualquier ladrón. Su mejor idea fue pasar frente a la plazoleta sobre su caballo, sin mirar a la muchacha, luciendo sus hombreras militares, como diciendo "aquí patrulla la Guardia Real también". Tenía una mano apoyada sobre su arma y la vista al frente. De pronto, oyó una risita del lugar donde ella estaba sentada. La miró algo atribulado.
-Oh, Marianne, ¡eres tú!
Y este saludo hizo que ella explotara de la risa.
-¡Ay André. Te descuidaste y noté que eras tú. Le pedí a Guillaume que me dejara aquí para hablar contigo.
Sin poder más ocultar su disimulo, decidió bajar del caballo.
-¿Es seguro que estés aquí, tú sola? - Se sentó a su lado.
-Fijate que ya no estoy sola. Me acompaña el comandante de la Guardia Real.
André se sonrojó y sonrió. Ella lo miró con dulzura, y torpe como André era, desvió la mirada, haciéndose el tonto.
-Me temo que no puedes estar aquí en medio de la noche, es peligroso, inclusive para una chica como... tú... - En el momento que salió de su boca esa alusión, supo que metió la pata.
-Sí, como yo. Pero, como te dije, sabía que eras tú siguiéndome. ¿Qué estás buscando hoy por aquí? - Se ajustó el chal para cubrir más sus hombros claros y finos.
-Me mentiste todo el tiempo, Marianne. Me timaste como a un tonto. Me dijiste que no sabías dónde estaba tu hermana. - André no despegó su vista de la hierba que cubría el parque.
Marianne percibió la desazón del joven, se agachó hasta él y tomó sus manos entre las suyas.
-¿Tonto? Eres todo, menos un tonto. Sí, André. Te mentí. Siempre supe donde estaba mi hermana, y no te pido que me perdones por mentirte, sólo que entiendas mis motivos. Ella es lo único que tengo... y ahora, que vamos a cambiar de vida, no se merecía ir a la cárcel por lo que hizo.
Una lágrima comenzaba a titubear entre sus pestañas.
-No iba a meterla a la cárcel. Sólo quería que me devolviera algo.
-Lo sé. - Tomó algo de entre los bolsillos internos de su falda - Es esto, ¿verdad?
André vio aparecer en las manos de Marianne el broche de esmeralda que estuvo buscando durante meses. Iba a decir algo, pero Marianne le cerró la boca con un dedo.
-Shhh... Te lo traje sin que Jeanny lo sepa. Ella lo tenía para conservar algo de tí. Ahora ya no lo va a necesitar.
-Yo… no sé qué decirte. Gracias - Pasó un brazo por detrás de la espalda de la chica y la atrajo hacía sí. Le dio un beso en la mejilla.
-Me besaste. Hace tiempo nadie me besa sin pagarme. - Decía y se pasaba los dedos delicadamente sobre su rostro.
-No lo creo. Eres una chica muy bonita. Y ahora que te veo sin tanto maquillaje, pareces más delicada.
Marianne miraba sus manos sin saber exactamente qué hacer con ellas. Suspiró una vez. Luego una segunda. El silencio era incómodo. Quería contar tantas cosas, pero temía complicar con sus sentimientos los planes de Jeanne.
André con la joya en sus manos, tenía un mar de emociones mezcladas. Se terminó la angustia de tener que explicar a Oscar qué pasó con su obsequio... Sin embargo, quedaba algo pendiente. Algo más que no podía descifrar en la maraña que se tejía en su cabeza.
Sin embargo, cortó el silencio:
- Dijiste que van a cambiar de vida... ¿Qué significa eso, exactamente?
-Dejaremos este oficio.. Nos ha adoptado la Marquesa de Boulanviliers, por cierta historia de nuestra ascendencia, o sea por mi padre.
-¿Qué tiene que ver tu padre en esto?
-Es que, nuestro padre desciende de los Valois, ya que a su vez fue hijo de uno de los hijos ilegítimos del conde de Valois, príncipe de Sangre de la última casa dinástica antes de los Borbones. - lo decía con cierto tono de fastidio - Es una historia larga, pero lo cierto es que en el pasado, Jeanny ya había sido adoptada por Madame, sin embargo huyó para ir a buscarme de la familia que me había cuidado cuando nuestra verdadera madre me abandonó. Mi hermana dejó de lado una vida acomodada para ir por mí...
-Supongo que todo villano tiene actos heroicos en alguna parte de su historia. .
-En realidad..-sonrió con picardía - Madame nunca se enteró, pero el marqués quería violarla. Por eso ella huyó de ahí.
André la escuchaba con atención, al punto de no haber reparado en que tenían las manos entrelazadas como un par de tórtolos.
-Y ahora resulta que ya no te veré en el Palais Royale y tendré que ir a tomar té contigo en la mansión de los Boullanvilliers... - Dijo el joven para tratar de hacer menos trágica la charla.
-En realidad, todavía debemos dinero al regente del Palais.y no queremos escándalos... Estaré "trabajando" para pagar esas cuentas. Jeanne ya tiene un compromiso con un conde...
-¿Un conde?
-Si. El conde de la Motte.
-La verdad, no me suena... Y mira que conozco toda la nobleza de Versalles por mi cargo.
-Es el sobrino de los Surmont, que fueron quienes nos adoptaron por un tiempo en Bar Sur Aube.
-Es raro... Pero, entonces... ¿Ella se queda a aprender maneras de señorita y tú debes lidiar con los hombres en el Palais…? - André reflexionaba en voz alta. - Creo que no es justo.
-¡Sí lo es! . - dijo enfática - Ella no necesita escándalos ahora que puede ser una condesa. Además es mi forma de honrar todo lo que ella hizo por mí. - Una lágrima asomó finalmente.
-Me gustaría que ya no estés con esos hombres, Marianne. Temo que un día alguien te lastime y no puedas recuperarte... Más ahora que ya tienes una vida mucho más tranquila y sin precariedades como para dedicarte a esto.
-Ja ja... - Se secó la lágrima - Ya tengo rota la parte más importante de un ser humano. Mi alma, ya no se puede recuperar. Estoy sucia ante mucha gente, y principalmente, ante Dios.
-No estás sucia. Que te hayas dedicado a este oficio desde niña, no significa que estés perdida. -Sopesó sus palabras. André se daba cuenta de que se iba enredando - O sea, trato de decir que no estás sucia o algo así... al menos para mí, no.
-Eres muy buena persona, comandante... Dices lindas palabras, pero, no te casarías con una prostituta como yo.
-Claro que sí lo haría - Marianne abrió los ojos sorprendida - Es decir, o sea, yo... no puedo, por otro motivo, pero sí lo haría. Las circunstancias de cada persona, siempre pueden cambiar, por un giro del destino. Es cuestión de qué decisiones tomemos.
-Por ahora, me gustaría seguir charlando contigo, André... Pero, debo ir al Palais. Alivias mi corazón con tus palabras, pero tengo una deuda que pagar.
André volvió a respirar. Se sentía mareado con lo que decía y lo que no quería decir. Mezcló todo, y temía haber confundido a la chica con su juego de palabras. "Si tuviera solamente un poco de la petulancia de ese sueco"...
-¿Quieres que te acompañe? No quisiera que te pase algo en el camino... - Dijo al separar las manos.
-No sé qué de malo me podría pasar más... no te molestes
-Insisto, mademoiselle.
Le ofreció su brazo, y siguieron caminando juntos hasta que llegaron a la entrada principal del Palais. Las luces y el bullicio, hicieron que ambos se separaran en una especie de tristeza disfrazada de incomodidad. Mientras que las otras chicas, llevaron a Marianne a otra habitación y la ataviaron para el próximo número, André decidió disfrutar del espectáculo; se ubicó en un lugar cerca a un ventanal y se sirvió una copa.
"Pobre niña. Y la hermana, qué conciencia tiene para dejar que Marianne siga trabajando en esto..., en fin... nunca entenderé a las mujeres".
Un hombre corpulento y vestido a la moda, ingresó a la habitación donde estaban todas las ninfas, ataviándose y retocándose. Dio un golpe al suelo con su bastón y de pronto, todas las chicas, lo miraron expectantes.
-Tout le monde dehors, maintenant.*
Todas las mujeres, se dispusieron a vaciar el recinto. Cuando Marianne hizo lo propio, un bastonazo rasgó un bretel del corsé que llevaba puesto.
- Tú te quedas conmigo, perra.
-Monsieur Thénardier, (4)¿qué se os ofrece? Este bretel me costó mucho dinero.
-No me interesan tus ropitas caras, ma cherie. ¿Cuántas veces te he dicho que ya no vengas acompañada de ningún hombre? ¡¿Cuántas?!
-Lo sé, señor. Os pido disculpas, y os prometo que nunca más ocurrirá esto.
-Sabes bien que cuando los clientes te ven de brazos con otro hombre, piensan que lo prefieres, y dejan de pagar por ti. - La tomó muy fuerte del brazo izquierdo, y le propinó una cachetada que le hizo sangrar el labio inferior.
-Señor, yo...
-Cállate, pedazo de mierda. Vienes a cubrir a la zorra de tu hermana así que debo pegarte por las dos. - Entonces, uno de los bastonazos, dio en el bajo vientre de la chica, que no pudo terminar de articular disculpa alguna. -Ahora, sal a bailar. Debes compensarme la ausencia de tu hermana, y deberás mínimamente acostarte con seis o siete hombres en la noche.
-Pero yo... señor... -Al ver uno de los puños del hombre , decidió cambiar las palabras que iba a pronunciar - Si, está bien. Lo haré.
Claudette que estaba espiando desde el pasillo, salió corriendo del lugar antes que el hombre notara su presencia. Lo había escuchado todo. Conocía muy bien las consecuencias de negarse al regente del Palais.
A Marianne le costó mucho levantarse. Ni bien pudo incorporarse, Thénardier salió del cuarto vociferando maldiciones y haciendo referencia al oficio de las chicas. Ella se arregló como pudo la ropa, y luego se miró a un espejo, notó un hilo de sangre del labio lastimado que encima comenzaba a hincharse. Se tocó los dientes y al menos pudo corroborar que el golpe no afectó a ninguno de ellos.
Tomó dos o tres buenos tragos del licor más fuerte que encontró en un armario y se aprestó para salir a bailar.
André, recostado al lado de otros nobles, disfrutó del espectáculo de las chicas. Sabía que no estaba bien siquiera presenciarlo si lo que quería era que Marianne se alejara de esa vida... Pero, ¿qué iba a ir a hacer en su casa? Además, esperaba que Fersen apareciera en cualquier momento. Ya conocía sus pasos.
Antes de terminar el baile, notó que su amiga, se había equivocado en varias ocasiones dando pasos en falso sin la armonía que tenían las demás bailarinas... Pero al filo del final, Marianne cayó al piso por completo. Algunas de sus compañeras la socorrieron mientras que las otras bailaron con más frenesí para que no se notara el bochorno.
André salió disparado con dirección al camerino de las chicas, preocupado por la salud de Marianne.
Claudette la llevó por el pasillo abrazándola para que no cayese de nuevo al suelo.
-Ay querida. Es por culpa de Thénardier...y de tu hermana que te deja seguir así... ¿Por qué no te largas de una buena vez y te olvidas de este mundo tan horrible?
-Nunca podría olvidarme de ti. - Dijo la joven casi susurrando y dibujando como podía una sonrisa en los labios.
-Ahora, era esto lo que faltaba en la noche, arrastrada de mierda. - Vociferó el hombre desagradable que las recibió al final del pasillo. - Ahora con tu escenita, la mitad de los hombres estará pensando en irse sin pagar por vosotras.
-Monsieur, - dijo Claudette tratando de calmarlo - Sólo necesita un poco de reposo por un rato. Luego podrá incorporarse al trabajo. Me encargaré yo misma de eso.
-Esta prostituta no me sirve si sigue así, es una inútil - Dijo Thénardier tomando a Marianne de la barbilla para mirar el labio hinchado. - Ah... Corazón, no debí pegarte tan fuerte como para que te rompas un labio... ¡Debí pegarte más fuerte y romperte toda la cara! - De nuevo la golpeó y la separó de su amiga a quien también le propinó otro empujón.
Cuando después de darle una patada a Marianne en el vientre, alzó su bastón para continuar con la paliza; el filo de un sable cortó la madera del mismo en dos.
-André de Jarjayes, comandante de la Guardia Real de Su Majestad Luis XVI. - ¡Dejadla en paz!
Fin del Capítulo 21*
NOTAS
Sé que se está haciendo largo esto... Pero no se quejen de que no hay acción...
1. En el año 1750 se condenó en Paris a un par de sodomitas. En el próximo capítulo ahondaré sobre este suceso.
2. Au bord d'eau... Desde, el siglo XIII, Luis IX de Francia decretó que las mujeres de la mala vida, vivieran al borde del Sena... Al borde del agua. Más tarde la alocución francesa "au bord d'eau" pasó a simplificarse como "burdel... A ver, díganlo rápido" au bord d'eau " a que sí les sale burdel... XD
3. Le Procope fue el primer café de Paris, abierto un siglo antes de esta historia, en 1686 cuando un siciliano llamado Francesco Procopio abrió su establecimiento para beber café en sociedad, justo veinte años después de que el la bebida ngresara a la corte francesa. Se dice que Diderot concibió entre sus paredes la Enciclopedia, Benjamín Franklin la Constitución de los E.U.A. Marat y Danton, la revolución. También eran contertulios de este café Rousseau y Voltaire que tomaba cuarenta tazas de café por día! (Les diré que hubo una época en que también me tomaba una cantidad aproximada jejeje)
Todo el mundo afuera, ahora! Frase pronunciada por:
2. Mr. Thénardier... no se me antojaba otro apellido que el de este miserable y desgraciado. Victor Hugo, por favor no me demandes :) Amo esta novela...
El ship de André con otra chica, sé que no va a gustar a todo mundo... Y me lo banco. Les pido paciencia porque no van a encontrar en pleno desarrollo de un fic largo que "Oscar y André hacen esto o hacen aquello" estando juntos en cada capítulo... Pero si, finalmente es un fic de Oscar y André... Así que... Sigan leyendo hasta el final de los tiempos. Buahahahaha.
En este capítulo, además de ponerle algunos comentarios irónicos a Fersen que como siempre estudió en Italia sus buenos años de Medicina (esto es histórico y ya lo dije en el Cap anterior) me gustó jugar un poco con la incredulidad de Girodelle. Espero lo hayan notado. Especialmente porque desde su pensamiento de aristócrata, jamás daría crédito a que los mocosos de un colegio armen el gran revuelo que fue la Revolución Francesa en su momento...
También incorporo parte de la vida de Jeanne Valois, recuerden que Marianne es su verdadera hermana... Y me leí varias biografías cortitas de Jeanne (prometo leer alguna vez la biografía de 800 páginas que tengo guardada en mi estante) pero por ahora me gustó recrear un poco la vida de esta mujer que no supo ser víctima de sus circunstancias y aprovecho cada minuto que tuvo para sacarle provecho a la vida.
Agradecimientos especiales a Yen07, a quien prometi que este capítulo saldria el 21 de setiembre! y al final fijense la fecha de publicación. Estoy muy feliz de que una compatriota lea mi trabajo! Gracias! Espero que te haya gustado.
La perfección en la redacción y ortografía se la debo a Only D que se tomó el tiempo y la paciencia para hacerlo, y además intercambiar ideas y dsros. ¡Gracias amiga! ...pero si me pillan alguna falta, es porque estuve toqueteando de vuelta el capítulo justo en la madrugada del 1 de enero con algunas copas demás… hic! Salud!.. y Feliz 2020 a todos!!!
Emil Sinclair 77
Como siempre, habrán lindos fanarts publicados en mi cuenta de Pinterest y en mi perfil de Facebook sobre este capítulo.
