Capítulo 22: La historia de otoño


Ya había pasado un mes desde su viaje a Turquía.

Durante ese lapso, ambos hicieron todo lo que dijeron que iban a hacer: comer juntos acostados en una cama, mirar televisión, en el caso de Yuuri asistir a Viktor en sus terapias normales y en el caso de Viktor consentir a Yuuri con todo el amor que podía darle.

De ese modo los dos estaban a flor de piel con las actividades del día a día en pareja y no había tiempo para aburrirse, solo para estar juntos, ser felices y estar sin preocupaciones.

Todo aquello solo era un indicador de que ambos tenían las energías renovadas desde su llegada a Sapporo, en donde el frío empezaba a tomar vida por sí mismo, dado que el invierno se acerca y este hecho llevaría a las parejas de dicha localidad a disfrutar de su estadía juntos, incluso hasta podrían tomar un chocolate caliente y estar abrazados todo el día si así lo quisieran, aunque otros que aún buscaban el amor de otra manera, también aprovechaban esas fechas para prepararse antes de las competencias de invierno anuales.

—Que pesar —soltó Viktor en un suspiro y su rostro lo decía todo mientras veía como pasaban las olimpiadas por la televisión—. Mejor vamos a cambiar de canal.

Yuuri frunció el ceño al ver como el ruso empezaba a frustrarse mientras Yuuri preparaba la recetas que le pidió a Phichit hace un mes.

Se daba el caso que muchas veces era difícil dejar ir momentos a los que nos aferramos. Al menos eso le ocurría a Viktor con la llegada del otoño, a pesar de ser hermosa y llena de colores intensos como lo es el rojo, aquel que le traía recuerdos tristes porque extrañaba competir.

—No puedes estar sin una medalla de oro y ser el primero en el mundo del esquí, ¿verdad amigo? —Llegó Chris a la casa, ayudando a Phichit con el montón de compras para la cena—. Phichit: Es increíble que aquí coman tanto, ¿esto es lo que hacen todos los días?

—¡Sí! ¡Chris! Esto es lo que hacemos todos los días, ir al mercado y comprar comida fresca, limpiarla y cocerla, es el mejor ejercicio que uno puede hacer —el tailandés dejó las bolsas sobre la cocina—. ¿Acaso es muy dura la vida de clase media y tener que cocinar tu comida fresca todos los días?

—Lo es, como no tienes idea—ya que Chris tenía el descaro de admitirlo—, esto lo harían mis sirvientes naturalmente.

—Jajajaja —Phichit se rió ante su descaro, sí—. Pues aquí no tienes sirvientes, es más, ¿quieres comer?, te toca lavar los platos después de la cena, y si te rehúsas te vas a enterar de lo que soy capaz.

A Viktor y a Alan se les erizaron los vellos del cuerpo al ver esa discusión tan fogosa entre ambos. Alan no podía disimular que estaba algo fastidiado... o peor, sus celosos por lo bien que se estaban llevando.

Como la casa de Yuuri era grande y espaciosa, el japonés estuvo viendo toda la discusión con un ápice de amargura, lo veía todo junto a Viktor desde el lado en donde se preparaba los medicamentos y demás, era parecido a una cocina, pero lleno de hierbas y remedios.

—Oye, Yuuri, mi amor.

—Ya sé lo que vas a decir, Viktor —se detuvo y lo miró con sus hermosos ojos marrones—, aún tengo un poquito de recelo por todo lo que sucedió con Chris y su gran idea, pero tranquilo, que voy mejorando mi actitud y debo buscar la paz interior.

Viktor sonrió aliviado con una gota de sudor que se deslizó por su mejilla. Esperaba que nunca tuviese que discutir con Yuuri sobre trivialidades de la vida cotidiana o quién sabe qué, aunque ya sabía que Yuuri estaba más callado de lo normal porque desde que llegó.

Viktor también se dedicó a explicarle sobre las competencias, y en cada explicación dejaba caer cuánto deseaba volver a esquiar y enseñarle a esquiar.

Yuuri frunció de nuevo el entrecejo al sentir la mirada de cachorro lastimado de su amado.

—¿Y ahora qué? ¿Te duele la pierna de nuevo?

—No, es que... —Viktor se mordió el labio inferior—. ¿Siento que no quieres oírme hablar del esquí o son cosas mías?

Yuuri terminó de arreglar todo rápido. Lo hizo para poder hablar un poco con Viktor al respecto.

—¿Sabes? Este mes estamos muy bien con todas las terapias, me preocupa que recaigas de nuevo, entonces curarte sería algo eterno, aunque no me molestaría porque es mi trabajo, pero me preocupas tú y tu estado de ánimo si algo saliese mal. Viktor

—Lo sé, amor, pero solo será una sola vez, no lo haría más, te lo juro.

—Pero es lo mismo que te digo, Viktor, ¿cómo quedo yo después?—Viktor apartó la mirada con la cabeza cabizbaja, parecía algo triste—. No, Viktor, mírame cuando te hablo, no es querer mandarte, ni darte órdenes, solo es un consejo.

Ahora era Yuuri quien empezaba a tener dolor de cabeza con el tema. No podía imaginar que a Viktor le pasara algo durante esa competencia, aunque sea por práctica. Pensó en distraer ese estado de ánimo que tenía el ruso, evadiéndolo con otro tema importante que tenían pendiente desde que llegaron.

—Viktor, acabo de recordar una cosa que tenemos pendiente —captando la mirada del ruso, quien se pone algo nervioso— ¿Lo intentamos hoy? Te advierto que soy un poco miedoso. Prometo que si salimos de esto podremos hablar más calmado del esquí. Esto no me deja dormir a veces, tampoco pensar mucho.

Viktor relajó su mirada y lo envolvió en sus brazos. Lo agarró de la barbilla y le dio un beso suave y dulce.

—No tienes porque estar preocupado, ¿tú estudiaste medicina, verdad?—los ojos de Yuuri abrieron más, impresionado, mantuvo su mirada fija en los ojos azules de Viktor mientras hablaba—. Pues creo que ya sabes que todo estará bien, amor. No te forzaré a nada si no estás totalmente listo y entregado a mí.

—Pero yo... —los ojos de Yuuri se aguaron y eso alarmó al ruso—. Estoy listo para esto, sé que va a doler un poco las primeras veces mientras me acoplo, pero sé que va estar bien.

—Yuuri... —el japonés calló sus labios con uno de sus dedos.

—¿Acaso no es normal estar algo asustado la primera vez? —Por supuesto que lo estaba en su primera vez, Viktor agarró la mano de Yuuri y le dio un tibio beso.

—Sí, es normal, mi vida —Yuuri suspiró calmado, dedicándole una sonrisa amena—, podemos intentarlo luego de la cena.

—Está bien que sea después de la cena —El corazón de Viktor también empezaba a latir rápido de los nervios—, estoy más que listo para sentir la madurez de tus manos consintiendo mi cuerpo como aquella vez en Turquía. Vitya, solo imagínate aquellas manos que todo lo que tocan es encantado por su magia, la magia de la felicidad, una felicidad que me hizo transformar mi ser y abrirme cada día más a ti.

Viktor acarició las rosadas mejillas de Yuuri frente a la mirada de todos los presentes. Al final terminó abrazando a Yuuri de la cintura y le dio un ardiente beso.

Claro, los dos tórtolos estaban tan concentrados el uno del otro que no se dieron cuenta que los tres amigos estaban de lejos observando cada cosa que hacían, más no lo que decían, obvio.

—Bueno, señores, vamos a hacer la cena ya —dijo Phichit en un tono alto para que ellos escucharan—. Ya después habrá tiempo para portarnos como adultos responsables... o tal vez irresponsables.

Viktor y Yuuri se separaron al oír la molesta voz de Phichit. Ambos tenían una sonrisa de oreja a oreja, aunque estaban algo avergonzados, terminaron la sesión de abrazos y besos bien agarrados de la mano, dirigieron su mirada hacia los demás y los siguieron hacia la mesa en donde iban a cenar.

Viktor y Chris se sentaron mientras Alan decidió ayudar a Phichit, dado que Chris se negó. Igualmente quería compartir más tiempo con su novio. Yuuri estaba dándole su toque especial a la comida, así que también decidió cocinar algo rico para Viktor. Quería que todo quedara perfecto.

—Viktor: Yo quería hablar contigo, pero no sé cómo...

—Ya lo sé, Chris —Viktor desvió la mirada del periódico a los ojos de su amigo—. He estado enojado contigo por todo esto, pero creo que no somos niños pequeños para no hablar.

—Viktor: Todo esto no lo hice con mala intención —Chris hablaba en serio y en sus ojos se notaba el arrepentimiento—. Lo siento, de verdad si esto es lo que querías oír, quizá soy un mal amigo porque hice las cosas mal, te traje aquí y yo mismo creé un ambiente de desconfianza al pensar que podía... perder a mi mejor amigo, pero luego me di cuenta que estabas en buenas manos.

Sí, todo fue tan inesperado para Chris que le costaba creer que su mejor amigo finalmente había encontrado la felicidad que tanto necesitaba en manos de Yuuri.

—Wow, pero que explicación tan larga —Viktor entendía el punto a donde quería llegar—. Bien Chris, sí, es cierto que tú mismo me sugeriste venir a este lugar y es verdad, Yuuri y su familia son buenos médicos, a mi tampoco se me ocurrió que me iba a enredar con... el hijo del médico naturista más renombrado de Sapporo. Entiendo tus miedos, incluso hay veces en que yo me siento intimidado por la energía de Yuuri, pero de una forma positiva, Yuuri es joven y como joven que es tiene mucha fuerza.

Chris soltó el aire aliviado y sonrió, ver como estaba el Viktor de ahora, comparado con el Viktor antes de salir de Rusia, era un milagro. Su amigo estaba echando a perder luego de lo del accidente.

—No sé cómo te hizo cambiar de parecer tan rápido, definitivamente no solo son las manos de Yuuri —dejó claro el suizo—. Es especial sin duda.

—Es que Yuuri es mágico hasta en su forma de hablar y mirar, Chris, aparte de que su trato es muy dulce y amable —Chris parecía sorprendido al notar el brillo en los ojos de Viktor cuando hablaba de Yuuri—. Llegar a este lugar y entrar por una enorme puerta, encontrarte con una señora amable, te hace sentir esperanza y es lo que todos queremos muy en el fondo. Ser escuchados por la persona correcta.

—Entiendo, lo sé, no tienes que echármelo en cara—dijo Chris refiriéndose a lo de ser escuchado por la persona correcta—. Soy tu mejor amigo, soy tu caja de secretos para cuando querías llorar, pero, es verdad, no soy bueno escuchando u aconsejando bien. Sin embargo, sabes que soy una persona firme y, pues, con un alma fiestera.

Chris se aliviaba de que haya encontrado a alguien en su vida que lo escuche.

La señora Hiroko habló con Viktor muchas veces luego de sus sesiones con Yuuri. Viktor le contó que sus cosas a ella y ella escuchó toda su historia, porque también era parte fundamental de sus decisiones con respecto a sanar el amor y sus emociones para seguir adelante.

—No he querido echarte eso en cara, Chris, —Viktor se rió de forma relajada—. Yo quise decir que cuando tienes un problema serio contigo mismo, algo que va más allá de simples dudas existenciales, tú mismo puedes contar con tus amigos que te apoyen en la decisión que tomes, como buscar ayuda en personas profesionales que trabajen de forma emocional.

Chris asintió ante esa decisión, porque Viktor tenía toda la razón, él estaba en mejores manos, estaba asentando una nueva familia.

Contrario a él, que no era psicólogo, ni es especialista en temas delicados como las emociones. A lo mejor por eso no conseguía novio, porque era un idiota muchas veces, y dicha idiotez le llevaba a cometer muchos errores de los cuales Chris siempre termina arrepintiéndose.

—Entiendo, y tienes mucha razón, por eso me alegro que al menos haya podido indicarte el lugar correcto al cual venir. Yo de verdad cometí ese error queriendo ayudarte, pero jamás pensé en las emociones que produciría dicha acción de mi parte a Yuuri, y fue porque no sabía que Yuuri solía ponerse ansioso y tenía sus problemas —y era la verdad, no había mejor decisión que haya tomado por su amigo de aconsejarle venir a Sapporo—. Por eso decidí no que es mejor no opinar mucho en temas que impliquen temas propios tuyos y de Yuuri, a no ser que quieras darle un regalo o algo que lo sorprenda.

—Lo sé. Por cierto, ahora que hablas de sorpresas, siento que es difícil encontrar algo que le gusta a una persona tan joven como él. He pensado en qué más puedo darle a Yuuri para que sea plenamente feliz conmigo. Siento que todo lo que le brindó no es suficiente para lo que él merece —Viktor miró desanimado por la ventana, escuchando la melodía triste de coldplay, everyday life—. A veces solo quisiera regresar el tiempo y no haber hecho tantas estupideces, Chris. Eso también me corroe la cabeza.

El suizo suspiró, algo triste, de ver a Viktor sentirse de ese modo de forma tan repentina, así que pensó en una respuesta madura, aunque no sea propia de Chris, ser muy maduro.

¿Qué podía decirle Chris a Viktor para animarlo y hacerle sentir que eso no era cierto?

Chris no conocía a Yuuri para afirmarlo, pero el solo hecho de hacer feliz a Viktor y tenerlo como lo tiene ahora, lleno de amor y atenciones, decía mucho de la forma de ser de Yuuri Katsuki, futuro Nikiforov.

Y eso era más que suficiente para Chris.

Yuuri por un lado, mientras la comida se cocía, tenía la mala costumbre de esconderse entre los arbustos y oír todo, estaba junto a Phichit.

—Viktor: Yo no conozco a Yuuri, pero pienso que siempre lo sorprendes, hagas lo que hagas, y eso es porque es un chico sencillo y dulce, por eso se ve feliz a tu lado —aquello captó la mirada sorprendida de su amigo ruso—. Solo mira un momento el brillo de sus ojos... y su sonrisa cuando está contigo. Es otra persona o cuando habla conmigo o con otra persona, es algo íntimo y secreto. Lo que cualquiera querría en su vida.

Sí, Chris pensó en el tipo de pareja que quería tener alguna vez en su vida.

Yuuri estaba atónito al oír a Chris decir todo eso acerca de él. Es cierto que no lo conocía, pero prácticamente Chris conocía parte de su esencia, es como si lo hubiera observado antes, pero no al ver a Chris mirando por la ventana junto a Viktor. Notó su verde mirada diferente.

Phichit lo dedujo, tal vez el sueño de Chris es similar al de Viktor.

Por su parte Viktor no le quitó la mirada de encima a Chris. ¿En serio ese era su mejor amigo? ¿Qué han hecho con él todo este tiempo?...

—Chris, ¿te sientes bien? —Viktor preocupado tocó su frente—. Amigo, es lo más puro y sensato que he escuchado de ti.

Yuuri y Phichit regresaron a la cocina hablando del chisme.

Mientras ellos se fueron de regreso a la cocina, Chris soltó unas leves lágrimas pensando en todo o que dijo. Nunca antes había sentido tanto miedo de quedarse solo y no ser amado al menos una vez en su vida. Él siempre se ocupó de que Viktor encontrara un amor sensato y fuese feliz, ¿quién deseaba ver sufrir a alguien tan bueno como Viktor? Pero Chris no pensó en la realidad.

Viktor se dio cuenta que tocó la fibra sensible de su mejor amigo. Casi que leyó cada lágrima, era él reflejado en el pasado, ahora Chris se sentía igual o peor, quien sabe.

—Chris, quiero que sepas que ya te perdoné todo. ¿No quieres un abrazo?

Aquello solo hizo que Chris le echara una mirada de amargura.

—No, así estoy bien.

Y cuando menos lo esperaron la cena ya estaba servida. El grito de Phichit fue el detonante del dolor de cabeza que sentía Chris, pero el suizo se secó rápido las lágrimas y vio la forma en que el tailandés colocó el plato sobre el lado de su mesa.

—Buen provecho, Chris —dijo Yuuri, sentándose al lado de Viktor—. Es una receta hecha con amor para todos.

Chris agradeció el gesto y suspiró ocultando su estado de debilidad.

—Prometo lavar los platos si está muy buena, y si me gusta mucho... Intentaré no huir.

Todos terminaron riendo. Quién entendía al suizo, a veces se veía feliz y lleno de energía, pero todos podían notar que estaba bastante relajado.

Ahora era su amigo Viktor quien se sintió culpable y preocupado de no haber hecho nada bueno en la vida de su mejor amigo, pero iba a hacerlo, eso sin duda. Ya estaba bueno de sentirse como la princesa en apuros del cuento.

Y así terminaron la cena al rato. A Chris le gustó bastante. Luego de eso él y Viktor les tocaba la parte de ir a lavar los platos.

¿Qué pasaría ahora? Pues, Viktor estaba dispuesto a encontrar el amor de Chris. Así que pensó en un viejo amigo suyo de negocios, al que tal vez pueda presentarle. Quería darle a su amigo una buena historia ese otoño, una historia en donde él pueda encontrar al amor de su vida también y no se sienta solo, a veces los amigos echan un pequeño empujón.