Ya casi casi es Noche Buena, quedando a una semana de que llegue y Dan a dado indicios de que se esta recuperando rápidamente, cerca de cuatro días despertará, según el droide medico que lo atendió. Dan comenzó a escuchar unas cuantas voces pero no tan bien.

-¿Qué dices tú, hermano?- preguntó Shun a Ikki mientras estaban en el pasillo fuera de la habitación de Dan.

-No puedo asegurarlo.- dijo Ikki muy pensativo mirando por la pequeña ventana de la puerta a Dan.- Sin embargo, fue muy claro.

-Solo hay una persona que puede combatir con él, y no es humano.- agregó Jabu mientras miraba por la ventana hacia las afueras del castillo.

-¿Creen que Dan sea...? Bueno... ya saben... ¿Él?- preguntó Hyoga intentando ocultar la conversación si es que Dan escuchaba o alguien más.

-Puede ser, pero solo Seiya lo sabe, Hyoga.- replicó Shiryu mirando a su amigo quien no dejaba de mirar a Dan.

-Debe de saberlo, ¿no?- añadió Goku en tono serio tratando de entrar a la habitación.

-Kakarotto...- lo detuvo Vegeta.- Es muy pronto, y lo sabes, lo pondría nervioso.

-Además debe decírselo él.- intervino Piccolo de brazos cruzados.

-Es tu mejor amigo, debes de confiar en que se lo dirá, papá.- dijo Gohan tomando a su padre del hombro.

-Tienen razón, es lo único que le queda a Dan, después de Inuyasha y Kagome ahora que lo pienso.- dijo Goku recordando a dos jóvenes que lo acompañaron desde la infancia.

Ya habían pasado dos días desde que la salud de Dan mejoró y este comenzó a moverse. Ya había despertado despues de tanto tiempo. Los droides médicos salieron de la habitación para ir por algo en especial. El pequeño solo podía ver con dificultad la habitación blanca, cubierta por la luz del sol que traspasaba el cristal de la ventana. Comenzó a parpadear varias veces y sentado a un lado de su cama estaba una silueta con una capa. Pensó que era el licántropo que lo salvó en el Bosque Prohibido, pero volvió a parpadear y vio que era Seiya.

-Veo que te encuentras bien, Dan.- dijo Seiya muy contento de ver que Dan se había recuperado.

Dan se sentó en la cama con dificultad. Estaba con una venda que cubria su torso y otra su brazo izquierdo.

-Es mejor que no hagas mucho esfuerzo, muchacho, acabas de reponerte.- sugirió Seiya guiñando un ojo.- Bueno...

-¡Por favor, por favor!- suplicó Dan muy arrepentido.- ¡No expulse a mis amigos, yo tuve la culpa, ellos no! ¡Yo los lleve conmigo, pero todo fue mi plan, no los castigue, se lo ruego!

-¿Expulsar?- se extrañó Seiya.- ¿Castigar? ¿Cuántas pastillas te habrán dado? No, Dan, no los expulsaré, ni a ellos ni a ti.- dijo el Patriarca tomando un vaso de agua que le dio un droide medico y se lo dio a Dan.- Verás, tu y tus amigos hicieron lo correcto.

-¿Lo correcto?- se impresionó Dan, escupiendo el agua hacia un lado.- Pero... rompimos muchas reglas, señor.

-¡Correcto, correcto!- dijo Seiya con seguridad.- Demostraron algo más que romper unas tontas reglas... No le digas a ningún profesor que dije eso... lo que tu y tus amigos demostraron junto a la señorita Athena fue algo digno de admirar, pues un Caballero nunca obedece las reglas, siempre actua como debe: por su deber.

-"Proteger la paz..." ¿verdad?- preguntó Dan.

-"Sin importar que"- añadió Seiya muy orgulloso de Dan.

-Espere...- dijo Dan recordando algo sumamente importante.- ¿Y mis amigos? ¿Estan bien? ¿Y el Maestro Saga? ¿Dónde esta la Piedra? ¿Qué paso con ella?

Al Caballero de Sagitario se le hizo normal que Dan preguntara por sus amigos y Saga, pero le extrañó que preguntará lo de la Piedra Filosofal.

-Estan bien, todos bien.- contestó Seiya.- ¿No recuerdas lo que pasó aquella noche?

-No...- dijo Dan tocándose la cicatriz del pecho.- Solo recuerdo muy poco... que Zalgo... perdón... Quien-Usted-Sabe volvió y... me atacó... luego me quede inconsciente y... lo vi débil, tenia la Piedra... luego... una luz me rodeó y... ya no recuerdo nada más...

-Bueno...- dijo Seiya muy extrañado.- Tu destruiste la Piedra y derrotaste a Zalgo.

-Eso quiere decir...- dijo Dan con alegría.- que no volverá jamás...¿verdad?

-Me temo...- se lamentó Seiya y la alegría de Dan se desvaneció.- que encontrará la forma de volver.

Dan bajó la mirada y miró hacia la mesita de noche donde se encontraba su collar y se le ocurrió otra pregunta.

-Señor.- dijo el pequeño muy timido.

-¿Si?- preguntó el director.

-¿Por qué... mi collar... brilla cuando peligro?-preguntó Dan mostrando el colla a Seiya y este lo tomó.

El Patriarca rio un poco y se lo devolvió a su dueño con cuidado.

-Verás, tu madre te lo dio para que nunca estuvieras solo,- aclaró Seiya.- la razón por la que brilla es porque ella esta cuidándote.

Dan puso mueca de no entender.

-Pero, ella...- quizo continuar, pero se detuvo el chico.

-Su alma, esta dentro de este collar, Dan.- reveló el director.- Siempre ha estado ahí todo este tiempo.

-¿Cómo fue que lo hizo?- preguntó Dan mirando su collar.

-Amor...- respondió Seiya.- el amor de tu madre, el de un amigo, el de un hermano o una persona especial es la más poderosa arma que nadie puede vencer.

Dan recordó a su madre quien le sonreía muy contenta junto a su padre a quien no pudo ver su rostro. El chico sonrio a su madre desde su collar el cual brilló un poco.

-Tienes sus ojos.- habló Seiya mirando a Dan fijamente a sus ojos azules.

-¿Cómo?- preguntó el chico.

-Tienes los ojos de Saori, también su forma de ser...- explicó el director y frotó el cabello de Dan.

Cuando el director iba a salir de la habitación, dos droides médicos entraron y llevaban un monton de cajas con cartas y dulces de todos los sabores y colores.

-Wow...- dijo Dan impresionado tanto por los regalos como por los droides.

-¡Ja!- rio Seiya viendo un paquete de carton pequeño decorado con franjas de arco iris. Grageas de Todos los Sabores.

-¿Las conoce?- dudó Dan mirando a Seiya como si fuera un niño en una dulcería.

-Tampoco soy tan viejo.- se excusó el Caballero Dorado.- En mi niñez tuve la decepcion de comer una sabor a vomito.

Dan hizo una mueca de asco al escuchar aquella anécdota.

-¿Y si prueba otra?- sugirió Dan muy cortésmente.

-¿Puedo?- preguntó Seiya antes de tomar una.

-Adelante.- permitió el Caballero de Bronce.

Seiya abrió el paquete y tomó de entre tantos colores la gragea verde. Dan teorizó que debía ser moco o vomito y rezó que no fuera algo tan asqueroso. Seiya supuso que, con su mala suerte, fuera a comer excremento de Bloodrat.

-Brocoli...- dijo Seiya haciendo mueca de asco.- No me gustan las verduras, pero por lo menos no fue peor. Bueno, me retiro.

Despues de que Seiya se retirara, los droides médicos trajeron la ropa de Dan que Mario le había dejado. El chico se dio un baño en su habitación donde tuvo que tener mucho cuidado con algunas heridas ya que aun dolían. Se cambio la vestimenta y salió del hospital, dando las gracias a los droides y a Shun quien era el que los programó y el jefe del mismo.

Una vez fuera, se fue con tres capsulas en su bolsillo donde guardo los regalos que le dieron. Al ver los pasillos no lo creía. "¿Cuánto tiempo me quede en el hospital?" se preguntó Dan viendo a pequeños droides de protocolo atendiendo ordenes de los maestros para ir por papeles a sus oficinas. Al llegar a la torre noroeste, fue sorprendido por los alumnos que ahí estabn, abrazandolo y dándole las gracias por salvarlos a todos de nuevo. Preguntó como ir a su habitación y una chica de séptimo año le dio los polvos mágicos y se adentro a la chimenea. Con toda seguridad, dijo:

-¡Canis Lupus!- arrojó los polvos al suelo de la chimenea y fue consumido por las llamas hasta que los alumnos se desvanecieron para mostrar una habitación con doce camas donde once estaban ocupadas por unos chicos que a penas y acababan de levantarse de ellas.

-De verdad, - dijo Leo arrastrándose en el suelo.- siento que Dan ya despertó desde hace mucho y esta gozando de estar comodo en el hospital.

-Si...- agregó Héctor.- Apuesto a que se esta tragando ahora mismo un gran helado en su habitación.

-Si es que hubiera helado ahí.- dijo Dan en tono burlon.

-Si, mejor escuchen a Dan,- dio Diana poniéndose sus lentes.- él estuvo... Esperen...¡Dan!

Diana fue rápido a abrazar a su amigo con cuidado de no herirle.

-Tambien te extrañe, amiga.- dijo Dan abrazandola.

-Tú, idiota malagradecido.- gruñó Mario dándole un fuerte abrazo, ignorando que había salido a penas del hospital.

-Sabia que mi Jugador Estrella no se rendiría por simples heridas.- dijo Leo abrazando a su amigo y alborotándole el cabello.

-Sabiamos que serias golpeado.- dijo Alan levantando a su amigo por los hombros.

-Que te romperías un hueso.- agregó Kevin.

-Pero que morirías, nunca.- aseguró Carl.

-Nunca.- repitió Héctor muy feliz de ver a su amigo.

-Jamas.- añadió Diego bajando a su amigo y dándole un abrazo.

-Te extrañamos bastante.- dijo Yellow.

-Ya no éramos los mismos sin nuestro líder.- dramatizó Zulle.

-Dan, lo hiciste, nos salvaste.- dijo May abrazandolo.

-Me alegra de que todos estén bien.- dijo Dan sentándose en su cama cuando fue sorprendido por Pidgeotto quien se poso en su cabeza dándole un picotazo cariñoso.- ¿Quién te dejo salir, Ventus?

-Se nota que te extrañaba.- dijo Ally quien estaba sentada en una silla cerca de la jaula de Ventus.- Que bueno que sigas bien, Dan.

Ally y Dan se abrazaron fuerte, como si no se hubieran visto en un año, o incluso un siglo.

-¿Y desde cuando el Santuario se actualizó?- preguntó Dan a sus amigos.

-Desde que fue reconstruido.- aclaró Diana.- Por cierto, lamento decirte que deberás hacer los trabajos de Pociones, Defensa Contra las Artes Oscuras, Historia del Cosmo y Herbologia.

-¿Y si ya los hice?- preguntó Dan dirigiéndose a su mochila para sacar un monton de pergaminos.

-¿Cuándo los hiciste?- preguntó Yellow viendo uno por uno los pergaminos para ver si eran todos y asi fue.

-Antes de que hiciéramos el plan para ir tras la Piedra.- afirmó Dan tomando un tintero y un pergamino.- Solo me faltan cuatro párrafos de Pociones.

-Bueno en lo que haces lo de Pociones, deja a Ventus llevarse los demás trabajos.- sugirió May tomando los pergaminos y dándoselos a Ventus, atándolos a las patas.

-Ventus, los de la izquierda son de Herbologia y los de la derecha de Defensa Contra las Artes Oscuras, cuidado.- avisó Dan a su mascota mientras se preparaba para alzar el vuelo.

-¿Necesitas ayuda?- preguntó Mario a Dan sentándose junto a él en el escritorio.

-Descuida, estoy bien... Espera...- dijo Dan sacando tres capsulas de su bolsillo y lanzándolas al suelo.- ¿Pueden ayudarme a separar los regalos, los dulces y las cartas?

-Te puedo ayudar a comerte los dulces.- dijo Leo mientras la boca se le hacia agua.

-Descuiden, tomen los que quieran no creo comerme todos.- aseguró Dan educadamente mientras escribia en pergamino a la vez que charlaba con Ally.

Ya habían pasado dos horas y Ventus aun no llegaba, de seguro se perdió con Defensa Contra las Artes Oscuras ya que el maestro explotó. Dan estaba con los pergaminos de Historia del Cosmo y Pociones a la mano y decidió ir a dárselos en persona a sus maestros.

-Vuelvo en seguida.- le dijo a Héctor quien era el único que se había quedado ya que el resto se había ido a pasear o a comer.

-Esta bien, luego vendrás por la revancha en el juego.- ordenó Héctor mientras jugaba en la consola de videojuegos.

Dan se dirigió a la torre sur y oeste donde veria las oficinas de Saga y Shiryu. Al ir por el patio central choco con Emilio.

-Ah, veo que ya te recuperaste huérfano.- se rio el Caballero Hidra.

-Tambien te hechaba de menos, cobarde.- se burló Dan y siguió su camino.

Al entrar al aula de Pociones se asusto al ver que Saga lo estaba esperando en su despacho. Tenia una mirada llena de ira (mirada normal para Dan y el resto de estudiantes ya que siempre estaba de muy mal humor). Dan pensó que la razón por la que lo esperaba era para bajarle no diez ni veinte sino cien puntos a su equipo. Se acercó lentamente tratando de perderse de la vista de Saga pero sus ojos lo seguían a todas partes. Una vez frente a él, dejo los pergaminos, dio media vuelta lentamente y fue tomado del brazo.

-Espera, Pegaso.- gruñó Saga con voz ronca.

-Disculpeme, señor.- suplicó Dan.- Crei que usted era el que... iba tras la Piedra Filosofal... lamento el malentendido, le juro que no volverá a suceder.

-Veo que leiste mi mente, Pegaso.- dijo Saga dibujando lo que parecía una sonrisa.- Acepto tus disculpas, pero como castigo te bajaré dos puntos solo a ti.

¿Dos puntos? Se sorprendió Dan, tanto que sus ojos se abrieron tanto como su boca de la impresión. Decidió no decir nada ya que tal vez Saga le bajaría más.

-Me retiro, señor.- dijo Dan con tono lamentado, o mas bien un intento de parecer regañado.

-Espera...- continuó Saga y debajo de su escritorio sacó un paquete de madera negra.- Toma, espero y te sirva.

-¿Qué es... señor?- preguntó Dan tomando el paquete en manos.

-Abrelo y averígualo, tonto.- gruñó Saga frunciendo el entecejo.

Dan abrió con dificultad el paquete y dentro vio un estuche negro de cuero, con esquinas bordeadas de oro y un par de letras sobresalientes en plata.

-"Equipo de Entrenamiento de Battle-Pods"- leyó el chico.

-Tampoco queremos que dejes de ser nuestro Buscador, Pegaso.- dijo Saga en tono tranquilo.- Ahora, puedes retirarte.

-Señor...- habló Dan mientras abría la puerta.

-¿Si?- preguntó Saga mientras leía los pergaminos de Dan.

-Es igual a su hermano...- dijo Dan.- A puesto a que debe estar orgulloso de usted.

-No me gusta hablar mucho de Kanon,- dijo Saga algo molesto.- pero gracias por tu cumplido.

Finalmente, Dan fue a la torre oeste para llevar los pergaminos de Historia del Cosmo y ahí se encontró con el Caballero de Libra saliendo de su despacho.

-¿Ya no puedo entregarlo?- preguntó Dan mientras el corazón le daba un vuelco al pensar que sus trabajos no serian aceptados.

-Aun no es media noche.- dijo Shiryu lanzando una sonrisa a Dan y abriendo de nuevo su oficina, conduciendo a Dan a la misma.- Oh, por cierto, Seiya me pidió que te diera esto.

Shiryu subió por una escalera de caracol hasta una librería mientras Dan dejaba sus pergaminos encima del escritorio y esperaba al maestro Libra. Bajo con un libro algo grueso de cuero blanco y negro. Estaba muy viejo ya que se veian las telarañas colgando y una capa de polvo.

-"La Luz y la Oscuridad, la historia de los dos primeros"- leyó Dan el titulo en dorado.

-Dijo que te ayudaría en mucho, tomalo.- dijo Shiryu dejándole el libro en frente mientras colocaba los demás pergaminos en un cajón donde guardaba lo que no pudo revisar ese dia.

-Gracias, señor.- exclamó Dan y se retiró a su Sala Comun.

Ya había llegado el dia de Noche Buena (aunque aun era de mañana). Dan, Ally, Héctor y Alan iban paseando por el patio trasero del castillo, donde era visible el Bosque Prohibido cubierto por una manta de nieve ya que estaba nevando en esos días.

-¿Pero por que terminaron?- se extrañó Ally quien caminaba al lado de Dan.

-Kevin no me dijo, no quiere hablar de ello.- afirmó Héctor arreglándose el gorro de frio de color rojo.

-Según yo, Zulle y Kevin tenían muchas peleas,- opinó Alan quien tenia una bufanda.- creo que por eso cortaron.

-Quizas y fue porque Zulle estaba mas tiempo con unos amigos.- refutó Héctor.- Según ella, se iban del Santuario y ya no los veria nunca mas ya que se irían al otro lado del mundo.

-Pero, no entiendo.- se extrañó Dan poniéndose las manos en los bolsillos de la chaqueta negra.- Si fue porque estaba con sus amigos, ¿Por qué Kevin la cortó? Después de todo debe comprender que estaba deprimida.

-Bueno, ya dejemos eso a un lado.- dijo Ally.- ¿Qué tal si vamos a buscar a todos para estar en la nieve?

Dan, Héctor y Alan se miraron y asintieron para dar señal de que estaban de acuerdo con Athena, pero el Caballero Pegaso vio una silueta familiar en un monton de arboles.

-Vayan ustedes, tengo que ir por algo.- se excusó Dan y se despidió de sus amigos los cuales siguieron caminando.

Dan se adentró en el pequeño bosque que estaba algo oscuro, iluminado débilmente por la luz del sol que apenas y podía verse. Escuchó el crujir de una ramita detrás de él y miró, pero no había nadie.

-Veo que ya estas mejor.- dijo un extraño encapuchado.

-Deberiamos comunicarnos mejor y avisar donde estamos.- dijo Dan mientras reia y el licántropo se quitaba el gorro de la capa, dejando caer algo de nieve.- ¿Qué sucede?

-Bueno, cuando el Santuario fue atacado, los escombros destruyeron casi todo... incluso mi capa.- dijo el antropomorfo mientras mostraba la capa que le prestó a Dan.

-¿La querías de vuelta?- se culpó el chico.- Lo siento, de verdad, puedo conseguir otra.

-No, descuida,- dijo el encapuchado.- tengo varias. Solo quería que tuvieras esto.

-¿Un regalo?- se sorprendió Dan.

-¡Feliz Navidad!- dijo el hombre lobo y dio un paquete decorado con un liston negro a Dan.

El chico lo abrió en el piso para sentirse más comodo y vio una tela verde oscura, era otra capa, salvo que esta era un poco más grande que él. Tenia dentro un broche extraño. Tenia forma de dos hojas de árbol muy extrañas y brillantes.

-Gracias.- dijo Dan.

-Es una capa elfica.- informó el lobo.- Tiene un poder mágico, es indestructible.

-¿Y cual es ese poder?- preguntó Dan poniéndosela, pero ya no vio al encapuchado licántropo.- ¿Sigues aquí?

-Si.- dijo y salió de quien sabe donde.- Te permite ocultarte donde sea. Si estas en el bosque y te escondes con ella detrás de un árbol, se convierte en parte del tronco. Si estas en una montaña, se convierte en una roca.

-Asi como la tuya.- dijo Dan tratando de hacer que no se arrastrara.

-Si te queda grande, puedes usar lo que sobra como gorro.- dijo el licántropo haciendo un gorro para Dan con la tela de sobra.- Bueno, me tengo que ir.

-¿Crees que puedas venir con mis amigos a comer?- preguntó Dan esperando que su nuevo amigo accediera.

-Lo siento, Dan, me voy lejos del Santuario.- se lamentó el encapuchado mientras tomaba una mochila con un montón de cosas.

-¿Por qué?- preguntó de nuevo el chico con tristeza.- ¿Seiya te pidió irte? Puedo hablar con él, que te deje quedarte... ¡Que te haga maestro! Si, asi podras quedarte en uno de los pueblos, pero no te vayas.

-Seiya es un muy buen amigo mio.- dijo el hombre lobo.- Te prometo que nos volveremos a ver... Tienes los ojos de tu madre... Adios, niño.

-Adios... ¡Espera!- gritó Dan antes de perder a su nuevo amigo entre los arboles.- ¿Cómo te llamas?

-¡No te lo puedo decir!- gritó el hombre lobo mientras se iba hacia un largo y emocionante viaje.

Dan volvió con sus amigos al Gran Comedor una vez caída la Noche Buena. Todo el Santuario estaba ahí mientras compartían anécdotas de ese dia. "Hoy fui al lago y un Feebas me mordió el brazo" "¿Ya viste a Dan?, creo que es guapo" "Solo lo dices porque nos salvó con su tierno cosmo" eran algunas de las palabras que escuchaba el Caballero Pegaso mientras miraba el broche de su capa recordando a su amigo antropomorfo. Alan y Leo no se encontraban por ningún lugar, no fue hasta unos cuantos minutos que llegaron a la mesa donde se encontraban Dan y los demás. Estaban algo despeinados y con la ropa algo desordenada. Sus mejillas estaban llenas de marcas de besos de varias chicas que les guiñaban el ojo.

-¿Besaste a una Troguta?- preguntó Carl a Alan quien saludaba a una chica de apariencia extraña. Tenia un cabello raro que parecía piel de color blanco con franjas verde azulado, su piel era rojiza y tenia un par de ojos verdes oscuro. La chica le guiñó el ojo y le lanzó un beso.

-Es su novia.- aseguró Leo poniendo cara de Alan enamorado.

-Tu anduviste con un montón de chicas humanas y de otras razas por todo el pueblo.- se quejó Alan.

-¿Cómo fue que consiguieron chicas?- se burló Zulle.

-Digamos que haber luchado junto a Dan nos da muchas ventajas.- dijo Alan algo orgulloso de si mismo.

Con razón, muchas chicas estaban detrás de Dan, Mario, Héctor, Carl, Diego y Kevin. Recibían muchas cartas a diario de corazones. Mas de una niña intento ir a su habitación para pedirles salir con alguno de ellos.

Después de una larga espera, Seiya llamó la atención de los estudiantes, guardando estos un absoluto silencio para escuchar las palabras que tenia el Patriarca.

-Buenas noches, Caballeros.- saludó Seiya.- Espero y hayan gozado su estancia en el Santuario una vez más y, a los de primer ingreso, espero y les haya gustado estar aquí una temporada. Me temo que esta será nuestra ultima semana juntos.

-¿Ya acabó el semestre?- se lamentó Diana en voz baja.- Queria aprender mas de los Duendes y Elfos.

-Por lo tanto, quiero otorgar, antes de que el banquete de Navidad los deje aturdidos, la Copa de la Casa.- anunció el Caballero de Sagitario mostrando una copa de oro.- La Copa le será entregada al equipo con mayor cantidad de puntos los cuales se contaran según sus promedios finales.

Un grupo de robots otorgó a los estudiantes unos pergaminos con sus calificaciones finales. Cuando llegaron a la mesa de Dan, todos tragaron saliva ya que sentían que les bajaron tantos puntos para reprobarlos por romper las reglas.

Pegaso Dan (Lider)

Historia del Cosmo l 88

Defensa Contra las Artes Oscuras (DCAO) l 100

Pociones l 78

Herbologia l 90

Práctica de Pods 100

Cuidado de Criaturas Mitologicas (CCM) l 95

Puntos Adicionales por Participacion Escolar: 10 (Equipo de Battle Pods)

Observaciones:

Ø Necesita disciplina (Saga de Geminis, Maestro de Pociones)

Ø Buenas actitudes con los distintos seres (Sally de Piscis, Maestra de CCM)

Ø Necesita orden y limpieza (Shiryu de Libra, Maestro de Historia del Cosmo)

Ø Buenas tácticas frente al preligro (Son Goku, Maestro de DCAO)

-¡¿Cómo que setenta en Pociones?!- se quejo Dan.

-¡Noventa en Pociones y cien en Historia del Cosmo!- dijo Leo quien no entendió nada en todo el curso de esas dos materias.

-¿Solo ochenta en Pociones?- se enojo Diana la cual tenia todas las demás meterias con noventa y cien

-¡Pase todas!- dijo Héctor muy orgulloso de si mismo.

Una vez que compararon sus notas todos los estudiantes, Seiya llamó de nuevo la atención de su escuela.

-¡Silencion!- alzó la voz.- Ahora, para saber quien será el ganador, deberán de sacar el promedio de sus notas finales de todo el equipo.

Todos los grupos de Caballeros comenzaron a sacar sus resultados. Dan y Diana se encargaron de sumar y dividir las cantidades y el resto las iba diciendo. "No nos hemos acercado nada" "Creo que si ganaremos este año" "Mis padres me matarán" "Mas bajo no se puede" escuchaban los doce niños mientras estaban atentos a los cálculos de Diana.

-Siete punto tres.- dijo Diana muy angustiada.

-¿Qué?- se extrañó Alan mirando los resultados.

-Ni siquiera con Diana, Dan y May pudimos obtener la copa.- se quejó Zulle.

-¿Y por ser el jugador estrella?- se preguntó Leo.- Por lo menos deben darte puntos extra.

-Aun asi no lo logramos.- admitió Dan mirando a Emilio quien se veía sorprendido.

-¡Nueve punto siete!- gritó Titan muy emocionado.

Increiblemente, Emilio y su equipo ganaron a Dan por mucho y sin puntos extra de Battle-Pods o dados por los maestros. Emilio miró fijamente a Dan y Mario con cara de charlatan pomposo y se rio de ellos, risa que fue acompañada por los demás miembros de su clan de abusadores.

-Bien, según nuestras estadísticas,- habló Seiya mostrando un enorme televisor detrás de él donde se podían ver los distintos equipos de Caballeros y sus promedios finales.- el equipo que se lleva la copa con la mayor cantidad de puntos es... el equipo del Caballero Hidra.

El equipo de Emilio dio un fuerte grito de triunfo mientras presumían a todos su gran victoria y los demás aplaudían de mala gana.

-Si, si... bien hecho Hidra y compañía, bien hecho...- dijo Seiya en tono amigable y volteó hacia Dan y el resto de sus amigos.- Sin embargo, aun quedan puntos extras por dar.

Todos compartieron miradas de confusión. Nunca antes el mismísimo Seiya había otorgado puntos extra, o al menos eso decían los de séptimo año siendo los de mayor estancia en la escuela.

-Imploro, que el equipo del Caballero Pegaso pase al frente a mi lado.- ordenó el Patriarca y los doce Caballeros de Bronce se acercaron a su director.- Como muchos saben, hace poco el Santuario fue destruido, y la vida de cada corria peligro. Defendieron con gran tenacidad a su diosa, pero lo de verdad se sacrificaron fueron estos doce jóvenes. Quiero darle puntos extra a cada uno de estos niños. Al Caballero Dragon y Unicornio por demostrar que las bromas siempre tienen lugar en donde sea, pero cuando es todo es oscuro siempre hay que ver a lado bueno, les otorgo cinco puntos.

-¡Cinco puntos!- se emocionaron Alan y Leo dando saltos de felicidad.

-A los Caballeros Leon Menor, Vampiro y Leopardo,- siguió el Patriarca.- por demostrarnos a todos que aunque el enemigo sea demasiado poderoso, hay que dar todo aun si nos cuesta la vida, les otorgo siete puntos entre los tres.

-¡Dan!- habló Diana.- ¡Ahora llevamos ocho punto cero dos puntos!

-Al Caballero Halcon y la Amazona Aguila,- continuó el director mientras Emilio ponía cara de tonto envidioso.- por demostrar que la pérdida de un ser querido o amado no tiene que ser un impulso de depresión sino una de valor, les otorgo otros cinco puntos entre los dos.

Dan no lo creía, con los puntos otorgados ya tenían ocho punto setenta y tres. La emoción le aumentaba el ritmo cardiaco al igual que a sus amigos.

-A las Amazonas Andromeda y Camaleon,- prosiguió el Caballero Dorado muy sonriente.- por demostrar que, ante todo, uno debe sacrificarse para salvar a los demás y que, habrá ocasiones en las que debamos ocultarnos, pero no para escapar sino para sorprender al enemigo, les otorgo ocho puntos.

Diana y May se abrazaron y dieron brincos de alegría por su merito.

-A la amazona Cisne,- dijo con tono orgulloso.- por demostrar que el amor siempre es más poderoso que un manipulador, le otorgo ocho puntos.

-Felicidades, amor.- susurró Mario a su novia la cual besó en la mejilla.

-Al Caballero Fenix,- habló Seiya.- por demostrar que, hasta siendo tu rival, tu adversario, tu enemigo de toda la vida, aun debes de tener afecto al que creció junto a ti, tanto que no te podrán manipular, siendo libre e indomable como un poderoso fénix, le otorgo diez puntos.

-Ven aquí, mi Fenix.- dijo Yellow y se lanzó en brazos de Mario para besarlo en los labios. Seiya se quedó viéndolos muy risueño.

-Finalmente,- dijo y se acercó a Dan.- Al Caballero Pegaso, por demostrarnos muchas cosas; primero, que hace falta mucho valor para enfrentar a nuestros enemigos, pero aun más para enfrentar a nuestros amigos; segundo, nos demostró que, aunque no estes solo, siempre debes de luchar por tu objetivo y nunca permitir que recibas ayuda cuando tu solo puedes seguir; tercero, nos demostró que aunque temas al enemigo, por su nombre quizá o por como es, jamás debes de renunciar; y cuarto, nos demostró que un verdadero Caballero no espera a seguir ordenes, ni mucho menos se apega a un estúpido reglamento, un Caballeros siempre actua por su deber: "Proteger la paz, sin importar que". Le otorgo veinte puntos.

Dan esbozó una sonrisa de emoción. Con esos veinte puntos ya tenían la cantidad de nueve punto sesenta y uno, estando una milésima sobre Emilio y su equipo quienes los veian con envidia y murmurando entre dientes con las mandíbulas temblando de ira. Todos los demás alumnos estaban muy orgullosos de Dan y sus amigos por haber logrado vencer al ser mas temible de todos los tiempos

-Por ultimo, para comenzar con el festin,- siguio el Patriarca mientras Jabu y Aldebaran se posaban a sus lados con un par de cajas de oro con felpudo rojizo dentro donde posaban una docena de medallas, seis en cada una.- Quiero llamar a Athena para que me haga el honor de felicitar a nuestros jóvenes Caballeros.

Ally quien tenia una diadema de oro con gemas y rubís incrustados en ella, vestia un largo vestido blanco que iluminaba tanto que todos sus Caballeros se arrodillaron ante ella. Seiya se posó a su lado y ambos fueron por las medallas.

-A los Caballeros que han luchado con gran valor.- habló Ally.- Les agradezco, como la Diosa Athena, que me hayan protegido una vez más del peligro y haber guardado la paz para que sea mas duradera que nunca. Ahora, gracias a su gran tenacidad, coraje, valor y amor hacia los seres queridos e inocentes, con el fin de protegerlos cueste lo que cueste, les otorgo estas medallas.

Athena fue a colocar las medallas al igual que Seiya, iniciando desde los chicos que estaban a los extremos. Carl se sintió como un héroe al sentir el suave liston verde esmeralda que rodeó su cuello el cual sostenía una enorme moneda de oro con el emblema de Athena. Alan estuvo a punto de desmayarse al sentir el peso de la medalla que logró ganar con su valor. Finalmente, la ultima medalla fue para Dan el cual seguía mirando a Ally con algo de confusión. Cuando se la entregó, le susurró:

-¿Qué sucede?- preguntó la diosa.

-No creo que yo sea el único con medalla.- dijo Dan quitándose su medalla y dándosela a Ally.

-¿Por qué se la has dado?- susurró Seiya algo desconcertado.

-¡Athena,- habló Dan muy timido ante casi un millón de personas.- fue la verdadera heroína que nos salvó, de no haber sido por ella muchos no estaríamos presentes, fue su amor hacia sus Caballeros lo que nos salvó, no nuestro valor, porque ese valor nace de ella!

Ante estas palabras el Santuario le aplaudió por el discurso tan motivador que dio Dan, el cual sentía como sudaba por los nervios. Volteó miró a Ally muy sonriente dándole las gracias y fue a abrazarlo con fuerza, cosa que también el Caballero Pegaso hizo. Diana y los demás se quedaron viendo sus medallas muy emocionados y se sintieron mal al tener ellos una y no su líder asi que se las quitaron y, sin esperarlo, Dan sintió varias telas rodeando su cuello y miró a sus amigos dándole un fuerte abrazo.

-¡Ahora, se que es molesto, tengo que realizar otra llamada!- dijo Seiya algo lamentado.- Quiero que los Caballeros Dorados: Virgo, Leo, Acuario y Libra vengan conmigo.

Shun, Ikki, Hyoga y Shiryu pasaron junto a Seiya con una enorme tabla de piedra. En esa tabla se encontraba un texto escrito en él. Dan lo reconoció inmediatamente. Era el autentico testamento de Aioros.

-Caballeros.- habló Ikki a los doce chicos delante de él y sus amigos.

-Este es el testamento del legendario Aioros.- continuó Shiryu.- Durante varios años, hemos cumplido con esta suplica de este héroe.

-Gracias a este juramento, nos convertimos en los Caballeros de la Esperanza, quienes son los Caballeros mas leales a Athena.- afirmó Hyoga.

-Ahora, es hora de que ustedes sigan con la promesa.- exclamó Shun colocando su mano en el testamento de Aioros junto a Seiya, Ikki, Shiryu y Hyoga.

-"A los Caballeros que han llegado hasta aquí,- repitió Seiya mientras ordenaba con un gesto a Dan y los demás colocar sus manos junto a las de ellos.- encomendaré a Athena a su cuidado"

-¡A nosotros, los Caballeros de la Esperanza,- dijeron Dan y todos a la vez mientras de las manos de ellos y de las de los maestros salía un cosmo dorado a la vez que sus armaduras dañadas cubrieron sus cuerpos.- se nos encomienda a Athena a nuestro cuidado, prometemos siempre arder nuestro cosmo hasta desfallecer para proteger a nuestra Diosa!

Al finalizar estas palabras, el testamento de Aioros se desvaneció y los Caballeros de la Esperanza anteriores ardieron sus cosmos, mostrando su poderosa aura dorada y decidieron hacer pequeñas cortadas en sus manos haciéndolas sangrar lo cual desconcertó a Dan.

-¡Armaduras de Bronce, revivan una vez más el Septimo Sentido!- dijeron los cinco Caballeros Dorados, lanzando su sangre y cubriendo las armaduras dañadas con la misma.

Al momento en el que la sangre fue absorbida por la armadura de Bronce de cada uno de los chicos, estas comenzaron a reconstruirse. Las hombreras y el pecho de la armadura de Pegaso se reconstruyeron con mayor poder que nunca. Las cadenas de Andromeda revivieron con mayor firmeza y velocidad como nunca antes. Las alas de Halcon y Vampiro resurgieron para alzar el vuelo en nombre de la Diosa Athena por la paz y la justicia. Las armaduras de Cisne y Fenix revivieron para demostrar que las aves misticas del reino del hielo y del fuego están listas para proteger al mundo una vez más. Las armaduras de Camaleon y Aguila revivieron para mostrar valor y tenacidad batiendo las alas y demostrando que jamás se ocultarían del miedo. Las armaduras de Leopardo y Unicornio volvieron a la vida para demostrar la velocidad y la magia del poder de los Caballeros de Athena. Las armaduras de Leon Menor y Dragon volvieron a la batalla para demostrar que bajo el escudo mas potente se esconden los feroces colmillos del Leon de Athena.

-¡Saluden,- ordenó Seiya.- a los Caballeros de la Esperanza!

Los Caballeros del Santuario dieron un fuerte grito de orgullo hacia Dan y compañía a la vez que un monton de aplausos, arrodillándose ante ellos.

Y asi, después de todo, comenzó el gran banquete, donde aparecieron un montón de golosinas en once tazones de cristal enormes en cada mesa, un pavo que era interminable ya que cuando alguien le arrancaba una extremidad esta volvia a generarse, hasta que todos estuvieran satisfechos. Un enorme pastel apareció en cada mesa en la cual se leía: "Feliz Navidad y Fin de Curso". Estas palabras hirieron a Dan tanto. La razón, simple, no quería decir adiós a sus amigos y esperar una gran cantidad de tiempo a volver a verlos, mucho menos quería decir adiós al Santuario, su segundo hogar. Una vez acabada la cena, los estudiantes volvieron a sus torres donde se sorprendieron al ver que, debajo del árbol de navidad (colocado desde que inicio diciembre) se encontraban un centenar de obsequios de navidad. Todos los de la torre de Dan corrieron a encontrar sus regalos para ver que fue lo que Santa Claus, Papá Noel, El Tipo del Traje Rojo, o como sea que le digan, les trajo.

-¡Un nuevo teléfono!- escuchó Dan proveniente de una niña de quinto año.

-¡Un nuevo baculo!- se emocionó un chico de segundo año.

Dan no logró encontrar sus regalos por ningún lado. Solo pudo encontrar los regalos de sus compañeros, dándoselos con tristeza. Una vez que el árbol quedo vacio, Dan no encontró nada. Mario lo miró algo triste y quizo darle uno de sus regalos, pero algo enorme lo sorprendió. Ventus había regresado con una enorme caja de carton forrada con un papel de regalo rojo con un liston azul. Cuando Dan abrió el regalo fue asustado por un extraño ser peludo.

-¡¿Cómo fuiste tan tonto para meterte en eso, hermano?!- se quejo Lucario, el medio hermano de Dan.

-¿Qué haces aquí?- preguntó Dan abrazando muy fuerte a su hermano.

-Kagome e Inuyasha me mandaron para darte esto.- aclaró Lucario sacando un montón de regalos de la caja donde venia.

Dan abrió el primero que parecia plano. Vio dentro un suéter azul marino con su nombre y supuso que Kagome lo había hecho. Cuando lo tomó sintió otro suéter de color verde oscuro el cual decía el nombre de Mario. Ese suéter

-Este te lo tejió a ti.- dijo Dan dándole el abrigo a Mario y sintiendo otro de color rojo oscuro con el nombre de Alan.- Y este tuyo.- dijo dándoselo a su amigo alto sintiendo otro de color negro dirigido a Leo.- Tuyo.- sintió otro de color celeste dándoselo a Yellow, otro de color morado dándoselo a Diana, otro de color amarillo dándoselo a May, otro de color naranja dándoselo a Diego, otro de color gris dándoselo a Héctor, otro de color café dándoselo a Kevin, otro a Zulle de color rosa y otro de color rojo vivo dándoselo a Carl.

-¿Por qué nos lo regaló?- preguntó Kevin.

-¿Cómo sabe como nos llamamos?- se extrañó Diego.

-¿Cómo es que se generaron varios en uno?- se cuestionó May.

-Bueno, mi madrina sabe magia, tal vez sea eso.- dijo Dan abriendo otro regalo esta vez envuelto en un papel algo feo.- Mi padrino.- dijo analizando el paquete y sabiendo que lo había enviado Inuyasha.- Un Equipo de Reconstruccion de Sables de Luz.- cuando leyó el nombre del pequeño estuche gris recordó el sable que le dio Leia en el Halcón Milenario, subió por él y bajo para ver que tenia. Al momento de arreglar la válvula del cristal del sable, este se encendió, dando una hoja de luz azul.

-¿Qué es?- preguntó Alan mientras comia una galleta de jengibre.

-Me lo dio la General Leia.- respondió Dan y Diana lo tomó de los hombros.

-¡¿La legendaria Leia, hermana del ultimo Jedi?!- preguntó la chica muy emocionada.

-Si, creo...- dijo Dan muy asustado mientras tomaba otro obsequio esta vez no estaba envuelto y supuso que era de Pikachu al ver que tenia una huella de su Pokemon.- ¡Una Master Ball!

-Batallamos mucho Pikachu y yo- dijo Lucario.- Lo demás son cartas, me temo que tengo que irme, nos veremos en el muelle, adiós.

Y Lucario se fue, montado en Ventus alejándose bajo la luz de la luna y perdiéndose entre las nubes.

Dan y sus amigos entraron a la chimenea y se fueron a su habitación donde se encontraban algunos droides preparando las camas de los doce niños mientras estos se cambiaban el pijama. Mario se tumbo en la cama y quedo profundamente dormido mientras Yellow se sentaba al lado de su novio, acariciando su castaño cabello. Leo y Alan terminaron exhaustos por comer tanto pastel y se durmieron como un par de bebés a los acababan de dar sus biberones.

Ya había caído la media noche y Dan no pudo dormir, decidió salir por la ventana y escalar la torre con sus poderes arácnidos de Spider Saint hasta llegar a la cima de la misma. Dentro de su camisa, tomó su collar y lo miró sonriente.

-Gracias, mamá...- dijo tomando con fuerza su collar mientras brillaba, pensando que su madre le había dicho "De nada, hijo".