Landline

Una adaptación a Crepúsculo por Redana Crisp

Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rainbow Rowell. Yo sólo los mezclo y juego con ellos.

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Capítulo 20

Edward colgó.

Porque eso era tan fácil para él.

Por un segundo, Bella deseaba que supiera que le hablaba desde el futuro. Edward no le colgaría de esa manera si lo supiera. Tú no cuelgas un teléfono mágico.

Bella deambuló a la cocina, con hambre.

Rosalie se encontraba de pie en la puerta, hablando con alguien. Bella vio el auto del repartidor de pizza a través del ventanal y se preguntó si sería de mala educación interrumpir y tomar la pizza, o si, sin la pizza, su pequeño coqueteo se terminaría.

Prendió la cafetera y buscó a través de la nevera, no encontrando nada.

Después de unos minutos, Rose entró a la cocina, sonriendo.

— ¿Dónde está la pizza? —preguntó Bella—. Estoy hambrienta.

—Oh. No he pedido una pizza.

—Pero el chico de la pizza se encontraba aquí.

Rose pasó junto a Bella y se apoyó en la nevera.

—Esa era una pizza equivocada.

—No hay tal cosa como una pizza equivocada —dijo Bella—. Todas las pizzas son correctas.

—Era la dirección equivocada —dijo Rosalie—. Probablemente solo una confusión porque ordenamos muy a menudo.

—Rose, lo digo en serio, no hay tal cosa como una pizza equivocada. Ese chico quería hablar contigo.

Rosalie sacudió su cabeza y abrió el cajón de las verduras.

— ¿Cuánto tiempo ha estado pasando esto? —preguntó Bella.

—Nada pasa.

— ¿Cuánto tiempo has estado ordenando pizzas por deporte, y no por sustento?

— ¿Cuánto tiempo ha sido Jasper tu despertador de servicio?

Bella empujó la puerta de la nevera cerrándola, Rosalie tuvo que retroceder para salir del camino.

—Eso está fuera de lugar —dijo Bella.

Rose lucía como si quisiera decir algo más, algo peor, pero apretó sus labios cerrándolos y cruzó los brazos.

Bella decidió alejarse. Se detuvo en el borde de la cocina.

—Voy a tomar una ducha. Búscame si Edward llama.

Rose no le hizo caso.

— ¿Por favor? —dijo Bella.

—Bien. —Rose estuvo de acuerdo, ni siquiera molestándose en voltear la cabeza.

Bella comprobó el teléfono amarillo antes de meterse en la ducha, sólo para asegurarse de que existía un tono de marcado y que el timbre se hallaba prendido. (Como si alguien se hubiera escabullido y lo hubiera descompuesto.)

Una vez, en la secundaria, estaba tan preocupada por perder la llamada de un chico, que arrastró el teléfono al baño cada vez que iba. (Él nunca llamó.) (Lo cual no desalentó a Bella ni siquiera un poco.)

Se puso de pie bajo la ducha hasta que el agua salió fría, luego robó más pantalones de yoga de su madre y una sudadera con un perrito, y se fue a la lavandería.

Cuando Bella vivía allí, la lavadora y la secadora se hallaban en el garaje cubiertas por un pequeño toldo de plástico. Pero Phil le construyó a su mamá una lavandería en la parte trasera de la casa, con un suelo de baldosas y una mesa de escurrido. Bella sería capaz de escuchar el teléfono de la cocina aquí afuera, si sonaba.

Abrió la lavadora y colocó sus vaqueros, una camisa y un sostén...

Era un sostén muy deprimente.

Había sido de color rosa una vez, en algún momento entre los nacimientos de Alice y Bree, pero ahora era de un color beige grisáceo, y uno de los aros se mantenía furtivamente saliendo a través de un rasgón entre los pechos de Bella. A veces el alambre se deslizaba casi todo el camino afuera y tiraba como un enganche desde el cuello de su camisa; a veces se inclinaba hacia otro lado y la lastimaba. Bella debería comprar algunos nuevos sostenes, pero en lugar de eso sólo empujaba el alambre de vuelta cuando nadie se encontraba mirando, y luego se olvidaba de él hasta que necesitaba arreglarlo nuevamente.

Bella era mala para hacer compras, pero aún era peor comprando sostenes. No podía hacerlo en línea, y no podía hacer que alguien los comprara por ella.

Siempre fue mala comprando sostenes, incluso cuando sus pechos todavía eran jóvenes y encantadores. (Si Bella pudiera encontrar una manera de llamarse a sí misma en el pasado, se diría lo joven y hermosa que era "Este es el fantasma de comprar sostenes del futuro. Todo el mundo está un poco desequilibrado, trata con eso".)

Cerró la tapa de la máquina de lavado, fijó el marcador a SUAVE, y luego se dejó caer en el suelo delante de la secadora y se apoyó en ella. Era cálida y zumbaba. Bella se sentía como uno de esos monos rhesus que preferían la ropa de su madre.

Esto no se suponía que fuera así.

Todo parecía tan bien cuando Bella se quedó dormida la noche anterior. Mejor que bien. Tal vez mejor que nunca...

Lo que era raro. Cuando hablaba con Edward en el pasado, se llevaban mejor de lo que lo hacían en su pasado compartido o su presente compartido. Tal vez éstas eran las versiones de sí mismos que se encontraban destinadas a estar juntas, un Bella madura y un Edward no cansado. Lástima que no pudieran seguir así.

¿Cuánto tiempo podría durar esto?

Era 23 de diciembre.

Bella sabía lo que pasaba en 1998: Edward terminó en su puerta el día de Navidad. Eso significaba que Edward, el Edward de la línea telefónica, tendría que salir de Forks mañana por la mañana, para proponerle matrimonio.

¿Eso todavía ocurriría...? ¿Edward aún se le propondría? ¿O Bella estropeó eso hace una hora, en un solo golpe de Jasper?

Tal vez lo estropeó la primera vez que llamó a Edward en el pasado.

Ayer, Bella se preguntaba si tenía que hablarle a Edward desenamorándolo de ella, si ese era el punto de esta magia, salvarlo de ella.

Se encontraba pensando cuando Rose bajó los escalones del cuarto de lavado. Llevaba una de esas sopas de Campbell que se puede calentar en el microondas, y se comen desde la lata. Pollo y estrellas.

— ¿Alguna vez te cocinas? —preguntó Rose—. ¿O Edward solo te pone un plato para ti cada mañana?

—A veces ordeno cosas —dijo Bella.

— ¿Con qué alimentas a las niñas?

—Edward alimenta a las niñas.

— ¿Qué pasa si Edward no está en casa?

—Yogurt.

Rosalie le entregó a Bella la sopa, en una ofrenda de paz, luego se sentó a su lado, contra la lavadora.

—Gracias —dijo Bella.

Rosalie aún parecía desconfiar de Bella. Respiró hondo y soltó el aire a través de sus dientes.

—Sé que algo está pasando, así que mejor me lo dices, ¿estás durmiendo con Jasper?

Bella tomó un sorbo de la sopa y le quemó la boca.

—No.

— ¿Tienes un novio que no es tu esposo, y que también se llama Edward?

—No.

— ¿Algo realmente extraño está pasando?

Bella volvió la cabeza hacia Rosalie y la inclinó en contra la secadora.

—Sí...

Rose la imitó, descansando su cabeza contra la lavadora.

—Ni siquiera puedo recordarte sin Edward—dijo ella.

Bella asintió lentamente, y luego tomó otro sorbo de sopa, más lentamente.

—Fuiste a nuestra boda, sabes. ¿Te acuerdas?

—Creo que sí —dijo Rosalie—, pero solo podría estar recordando las fotos.

Rosalie se suponía era la niña de las flores, pero ninguno de los amigos de Bella pudo pagar el viaje a Washington, así que Rose se convirtió en su única dama de honor, además de Jasper, quien asumió debía respaldar a Bella.

Bella ni siquiera se encontraba segura de si debía invitar a Jasper (porque la boda fue en Forks, y por Edward), pero Jasper comenzó a llamarse a sí mismo el padrino de Bella, y no estaba segura de cómo discutir eso...

Para la boda usó un traje marrón de tres piezas y una corbata verde pálido. Rose llevaba un vestido shantung lavanda y una chaqueta de punto verde. Jasper la llevó por el pasillo.

E insistió en que Rose fuera a la despedida de soltera de Bella, una "recepción de bodas única", constituida por una cena en algún restaurante italiano cerca de la casa de Edward. Comieron espaguetis con salsa de tomate dulce de azúcar, y Jasper hablaba sin parar sobre la comedia en la que se encontraba trabajando, dónde acababa de convencer a los productores para que contrataran a Bella. Ella bebió demasiado, y Rosalie cayó dormida en la mesa.

—Lo bueno es que yo soy el conductor designado —dijo Jasper.

Había una foto del día siguiente, en la ceremonia, de Jasper firmando el certificado de matrimonio como testigo de Bella. Rose se encontraba de puntillas para mirar. Jasper en su chaleco marrón. Bella con su vestido blanco. Edward radiante.

Bella tomó otro sorbo de sopa.

—Estuviste adorable —le dijo a Rosalie—. Creo que pensabas que era tú boda, Edward bailó contigo, y estuviste sonrojada todo el tiempo.

—Me acuerdo de eso —dijo Rosalie—. Quiero decir, he visto las fotos. Lucía como Bree.

Bella y Edward no tuvieron una boda tradicional de iglesia, o una gran recepción. Se casaron en el patio de Edward. Las lilas florecían, y Bella llevaba un puñado de ramas que su mamá reunió en un ramo.

Todo era económico. Ella y Edward se acababan de graduar, y Bella no comenzaría a trabajar en la comedia hasta que regresara de su luna de miel.

(Cinco días en zonas rurales de Washington, en una cabaña propiedad de alguien en un río fangoso.) (Los cinco mejores días.)

Ellos trataron de pagar por toda la boda por sí mismos; su mamá y Phil ya ahorraban todo lo que podían para comprar los billetes de avión, y Bella no quería recurrir a los padres de Edward en busca de ayuda.

Bella fue quien sugirió que se casaran en Forks. Sabía que a Edward le gustaría. Su ruptura, su casi desintegración, se encontraba todavía fresca en su memoria, y Bella quería que Edward mirara hacia atrás en su día de boda y se sintiera feliz, sobre todo eso. Quería que fuera feliz ese día, para estar completamente en su elemento.

La familia de Edward terminó ayudando de todos modos. Sus padres compraron la torta, y sus tías hicieron mentas y sándwiches de queso crema. El pastor quien bautizó y confirmó a Edward se encontraba allí para casarlos. Y después de la ceremonia, el padre de Edward trasladó su equipo de música hacia el patio y tocó como disjockey.

La única canción que Bella solicitó fue "Leather and Lace".

Eso empezó como una broma.

"Leather and Lace" sonaba en un restaurante en una de sus primeras citas, y Bella se alocó diciéndole a Edward que esa era "nuestra canción". Luego ambos trataron, sin éxito, a pensar de una más ridícula. (Edward sugirió "Gypsies, Tramps y Thieves"; Bella presionó por el tema de Taxi.)

Después de eso, "Leather and Lace" siguió sonando en la radio en los momentos importantes en su relación...

Una vez, cuando Edward la besó en el auto, frente a la casa de su mamá.

Durante un viaje a San Francisco.

Cuando Bella pensó que se encontraba embarazada, y estuvieron esperando en la cola en Walgreens (51) para comprar una prueba de embarazo. (Edward con la mano en su espalda. Bella sosteniendo la prueba como si fuera un paquete de chicles. Stevie Nicks (52) cantando acerca de tener su propia vida y ser más fuerte de lo que crees). En algún momento, "Leather and Lace" simplemente se convirtió en su canción. En verdad.

Cuando empezó a reproducirse en el día de su boda, en el patio de los padres de Edward, Bella sintió un nudo en la garganta.

¿Fue ese el momento en que se dio cuenta de que en realidad se iba a casar?

¿O fue sólo el momento en que se dio cuenta de que encontró a un chico que bailaría con ella, frente a frente, al ritmo de "Leather and Lace"? ("Quédate conmigo, quédate-ee.")

Después de "Leather and Lace", Edward bailó con su madre a "Moon River". (La versión de Andy Williams.) Entonces Bella bailó con Jasper, y Edward bailó con Rose a "Both Sides Now." (La versión de Judy Collins.)

Unas horas más tarde, cuando todo el mundo se había ido o entraba en la casa, (Jasper se fue al aeropuerto justo después de cortar la torta), Edward y Bella se quedaron fuera en el patio, bailando lentamente lo que se estuviera reproduciendo en la estación radial de los clásicos.

En realidad, nunca bailaron juntos antes de ese día. O desde entonces. Y, la verdad, no bailaron mucho incluso ese día... Edward sostenía a Bella con una mano en la parte baja de su espalda y la otra en la parte posterior de su cuello, y Bella se apoyaba en él con ambas manos sobre su pecho, y se balanceaba de lado a lado.

No bailaron. Fue sólo una manera de hacer que la boda durara. Una manera de estar en el momento, reproduciéndolo una y otra vez en su cabeza. Ahora estamos casados. Estamos casados.

No lo sabes cuando tienes veintitrés.

No sabes lo que realmente significa meterse en la vida de otra persona y quedarse allí. No puedes ver todas las formas en las que se van a enredar, como van a unirse piel con piel. Como se sentirá la idea de separarse en cinco años, en diez, en quince. Cuando Bella pensaba en el divorcio ahora, se imaginaba tumbada de lado a lado con Edward en dos mesas de operaciones, mientras que un equipo de médicos trataba de desenredar sus sistemas vasculares.

No lo sabía a los veintitrés años.

Ese día, en el patio, se sentía como el día más importante de su vida hasta ahora, y no el día más importante de su vida a partir de ahora. No como el día que lo cambiaría todo. Ese día la cambió, a nivel celular. Como un virus que reescribía su ADN.

Ese día, esa noche, en el patio...

Bella pretendía bailar. Se aferró a la camisa de Edward. Frotaron sus narices juntas.

—Eres mi esposa —dijo Edward, y luego se echó a reír, y trató de atrapar sus hoyuelos con los dientes. (Como si los atrapara, podría quedarse con ellos.)

—Tuya —dijo ella.

Quizá Bella tuvo un vistazo de ello entonces, la manera en que el infinito se desenrollaba desde donde ellos se balanceaban. La forma en que todo lo que iba a suceder a partir de entonces se hallaba irrevocablemente atado a ese día, esa decisión.

Edward llevaba un traje azul marino, y esperó para cortarse el pelo hasta el día antes de la boda, por lo que se encontraba un poco demasiado corto.

—Tuya —dijo.

Edward apretó la parte posterior de su cuello.

—Mía.

La secadora se detuvo.

—Nunca he estado enamorada —dijo Rose—. No creo ser susceptible.

Bella dejó la lata de sopa y se subió las gafas para frotarse los ojos.

— ¿Cómo puedes saber eso?

Rosalie se encogió de hombros.

—Bueno, no ha sucedido todavía, ¿verdad?

—Tal vez no has ordenado lo suficiente de pizza.

—Lo digo en serio, Bella.

—Bien… en serio, Rose, sólo tienes dieciocho. Tienes un montón de tiempo para enamorarte.

—Mamá me dijo se había enamorado tres veces para cuando cumplió mi edad.

—Bueno… —Bella frunció el ceño—, ella es inusualmente susceptible. Tiene un sistema inmunológico comprometido, cuando se trata de amor.

Rose jugó con el cordón de su sudadera.

—Ni siquiera he salido a una cita real todavía.

— ¿Lo has intentado? —preguntó Bella.

Su hermana frunció la nariz.

—No quiero intentar.

—Va a suceder en la universidad.

—Tú tuviste citas en la secundaria —insistió—. ¿Te enamoraste de alguien antes de Edward?

— ¿Por qué me lo preguntas?

—Porque necesito hablar con alguien —dijo Rosalie—, y mamá es aberrante.

— ¿No puedes hablar con tus amigas?

—Mis amigas son al menos tan despistadas como yo. ¿Te enamoraste de alguien antes de Edward?

Bella pensó en ello. Hubo un chico en onceavo grado que fue algo más que un simple amigo, por algunas semanas, y luego pasó. Y después estuvieron los años en que se sentaba en el sofá con Jasper.

—Tal vez —dijo Bella—. Tal vez me encontré muy cerca de enamorarme, de manera acumulativa, a lo largo de dos o tres relaciones.

—Pero no como con Edward.

—No como con Edward.

— ¿Cómo supiste que era el indicado?

—No lo sabía. No creo que ninguno de los dos lo supiera.

Rosalie puso los ojos en blanco.

—Edward lo supo… te propuso matrimonio.

—No es así —dijo Bella—. Ya lo verás. Es más como que conoces a alguien, y te enamoras, y esperas que esa persona sea la indicada… y luego, en algún momento, tienes que apostarlo todo. Sólo tienes que hacer un compromiso y esperar tener razón.

—Nadie más describe el amor de esa manera. —Rosalie frunció el ceño—. Tal vez lo estás haciendo mal.

—Obviamente lo estoy haciendo mal —dijo Bella—. Pero sigo pensando que el amor se siente de esa manera para la mayoría de la gente.

—Así que piensas que la mayoría de la gente lo apuesta todo, toda su vida, en una esperanza. Sólo esperando que lo que sienten sea real.

—Lo real no es relevante —dijo Bella, girando por completo para hacerle frente a Rosalie—. Es como que... están lanzando una pelota entre ustedes, y simplemente esperan no dejarla caer. Y no tiene nada que ver con si se aman o no. Si no se aman, no estarían jugando este estúpido juego con la pelota. Se aman, y sólo esperan poder mantener la pelota en juego.

— ¿Por qué la metáfora de la pelota?

—No estoy segura —dijo Bella—. La relación. Matrimonio.

—Eres realmente deprimente —dijo Rosalie.

—Tal vez no deberías estar hablando de matrimonio con alguien cuyo marido acaba de dejarla.

—No te dejó —dijo Rose—. Simplemente fue a visitar a su madre.

Bella miró la lata de sopa vacía en su regazo.

—Sigo esperando que digas que todo vale la pena... —dijo Rosalie.

Bella tragó.

—Eso es algo sin sentido.

Se sentaron en silencio durante un minuto hasta que uno de los perritos, la abultada y preñada, se escabulló por las escaleras hacia el cuarto de lavado. Ver un carlino correr por las escaleras es muy parecido a ver un carlino caer por las escaleras. Bella se estremeció y apartó la mirada. Corrió hacia ella y se quedó inmóvil, ladrando agresivamente.

—Ya no te agrado tampoco —dijo, volviéndose hacia el perro.

—Es la camiseta —dijo Rosalie—. Odia esa camiseta.

Bella bajó la mirada al pequeño perro que le seguía ladrando a su camiseta prestada.

—Son muy territoriales —dijo Rosalie—. Aquí, muévete, déjala subir a la secadora.

—Puede que no me agrade —dijo Bella—, pero no quiero cocinarla.

—Le gusta —dijo Rose, empujando a Bella hacia la puerta de la secadora—. Es cálido. —Levantó al perro en la secadora, en la parte superior de la ropa.

— ¿Qué pasa si hace demasiado calor ahí dentro?

—Entonces va a saltar.

—Esto es tan peligroso —dijo Bella—. ¿Qué pasa si no sabes que está ahí, y enciendes la secadora?

—Comprobamos primero.

—Yo no hubiera comprobado.

—Bueno, ahora lo harás. Mira, le gusta.

Bella vio al perrito sentarse sobre un montón de ropa, contenta de que sus propias ropas estuvieran todavía en la lavadora. Frunció el ceño ante el perro, y luego a Rosalie.

—Recuérdame nunca pedirte que cuides a mis niños de nuevo.

El sujetador de Bella se destruyó por completo en la lavadora. Su madre tenía una lavadora Speed Queen con una centrifugadora clásica, y el aro flojo de su sujetador se envolvió alrededor del centro, quedado atrapado en algo en el interior del tambor. Bella tiró del aro.

Ni siquiera pasaron noventa minutos desde que Edward le colgó. Podría no haber llegado al asilo de su tía en Iowa todavía. Bella no podía simplemente sentarse aquí, esperando todo el día. Debía ir a trabajar... Dios, no, no podía lidiar con Jasper en estos momentos.

Levantó el sujetador, tratando de decidir si podía sobrevivir con un aro, luego lo metió en la secadora con el resto de la ropa (sacando al perro primero) y entró corriendo en la casa.

Rosalie se encontraba sentada en el sofá, jugando con su teléfono.

— ¿Quieres ir al centro comercial? —preguntó Bella.

— ¿El día antes de Nochebuena? Claro, eso suena como una gran idea.

—Bueno. Vámonos.

Rose, que ya estrechaba sus ojos; los redujo a una fina línea.

— ¿No vas a ponerte un sujetador?

—Voy al centro comercial a comprar un sujetador.

— ¿Por qué no te vas a casa a recoger algo de ropa?

Bella pensó en su casa. Lejos y en la penumbra, casi todo justo como Edward lo dejó.

—Tengo que regresar aquí antes que Edward llame.

—Entonces lleva el teléfono contigo.

—Va a llamar aquí… ¿Vienes o no?

—Nah —dijo Rosalie—. Me quedaré. De esa manera hay alguien para contestar el teléfono cuando Edward llame. —Puso su nombre en comillas en el aire.

Se fruncieron el ceño la una a la otra.

—Ven conmigo —dijo Bella—. Te voy a comprar algo.

— ¿Qué?

—Tal vez tenga que ir a la tienda de Apple.

Rose se levantó de un salto del sofá, luego se congeló.

—No puedo ser sobornada; no voy a mantener tus secretos sucios.

—No tengo secretos sucios.

El teléfono de Bella seguía enchufado al encendedor del auto y sonó tan pronto como lo encendió. Tenía siete llamadas perdidas y cuatro correos de voz de Jasper, más dos llamadas perdidas y un correo de voz del celular de Edward. Bella se detuvo —a mitad de camino en la calzada de su madre y la mitad de la calle— para reproducir el correo de voz. Contuvo la respiración, esperando oír la voz de Edward. Oír la actual voz de Edward.

— ¿Mamá? —Era Alice—. La abuela quiere saber si tenemos permitido ver La Guerra de las Galaxias, Episodio Cinco. Le dije que sí, pero me dijo que hay mucha violencia. Y papá fue a ver al abuelo en el cementerio, y no llevó su teléfono, así que no puedo obtener su permiso. Le dije a la abuela que está bien, que sólo cerramos los ojos cuando Luke corta la cabeza de Darth Vader, pero no me cree. Así que llámanos de vuelta, ¿de acuerdo? Te quiero —Alice dio un beso en el teléfono—. Adiós.

Bella dejó el teléfono en el salpicadero y retrocedió hacia la calle.

— ¿Estás bien? —preguntó Rosalie.

—Estoy bien —dijo Bella, empujando sus gafas y limpiándose un ojo con el dorso de su mano.

—Porque acabamos de dejar la casa, y ya estás conduciendo como una idiota.

—Estoy bien —dijo Bella.

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51- Walgreens es una cadena de farmacias, la segunda más grande de EUA.

52- Stevie Nicks es una cantante. Interpreta Leather and Lace.

Que genial es el amor cuando apenas comienza y todavía no se muere.

Gracias por sus comentarios. Las amo.