Pólvora
Inuyasha y Koga se escurrieron fuera de la habitación sin decir palabra. Sango apenas se fijó en ellos, concentrándose en la cara de Miroku, esperando que le dijera que no había entendido bien lo que quería decir. Pero no lo hizo. En cambio su expresión se oscureció mientras se levantaba.
- ¿Por qué creo que harías eso? - repitió él.
- ¿Por qué no lo haría, ahora que estamos juntos? Realmente no creerías que estaría dispuesto a permitirte seguir siendo humana, ¿verdad? - Sango sintió la traición brotando en ella.
¿Él acababa de decidir qué cambiaría su especie, sin ni siquiera hablar con ella sobre eso? Ella había estado dispuesta a luchar contra su TEPT y permanecer en el mundo de los yokais, sólo para estar con él. Pero no importaba cuán dulce actuó hacia ella, nunca había llegado más allá de sus prejuicios en contra de su condición humana. Había pensado que Miroku la aceptaba por quién era, pero todo el tiempo no había sido lo suficientemente buena.
- Siempre he sido clara sobre el hecho de que si consigo sacarme estas marcas, iba a volver a ser una humana normal. Eso no ha cambiado. - Miroku estaba delante de ella en un abrir y cerrar de ojos, sus manos agarrando sus hombros casi dolorosamente.
- ¿Estabas dispuesta a sacrificar tu humanidad para proteger mi vida, pero no estás dispuesta a sacrificarte por nuestra relación? Y yo te creí cuando dijiste que no estabas interesada en un polvo ocasional, pero es evidente que es todo lo que soy para ti. - Él dejó escapar una risa cruel.
- ¡No debería necesitar cambiar en yokai para ser lo suficientemente buena para tener una relación contigo! - Sango le empujó, pero ni siquiera lo hizo parpadear.
- ¿Mejor ser un oni en su lugar? Muy bien, ¡elige eso! - estalló. Ella lo miró. ¿Realmente despreciaba tanto a los humanos?
- No voy a cambiar mi especie sólo para ser digna de una relación contigo. Si no soy lo suficientemente buena para ti tal como soy, no lo seré de ninguna otra forma. - soltó Sango, la rabia filtrándose por el dolor de su rechazo.
- Que así sea. ¡Deseo que disfrutes de tu corta vida! - Los ojos de Miroku se volvieron rojos y los colmillos sobresalían de sus dientes.
Giró sobre sus talones y salió, su gracia sobrenatural y su velocidad haciendo hincapié en que las diferencias entre ellos eran insuperables. Sango oyó que la puerta delantera daba un portazo unos segundos más tarde. Sólo cuando estuvo segura de que Miroku había salido de la casa permitió finalmente que sus lágrimas cayeran.
- Eso fue impresionante estúpido de tu parte. - Miroku maldijo, pero siguió caminando por el denso bosque que bordeaba la casa, sin dignarse a responder a Koga. Los crujidos de las hojas continuaron detrás de él.
- Si yo fuera un hombre de apuestas, yo apostaría a que la chica está llorando ahora mismo - continuó Koga.
- No es muy probable. Ella es la que me echó fuera y no al revés. - Miroku apretó la mandíbula.
- Hmm. Supongo. Si te has resignado a las cosas terminándose entre ustedes dos, entonces creo que voy a pasear de regreso a la casa y ver si la atractiva pequeña cambia forma está necesitado de algo de consuelo… - Miroku tuvo a Koga contra un árbol cuando una sonrisa sagaz lo hizo dejar caer sus manos.
- En efecto, cierto terminaste con ella totalmente - Koga se burlaba de él. Se obligó a dar un paso atrás de Koga, maldiciendo que él hubiese caído tan fácilmente en eso.
- No importa lo que yo todavía siento por ella. Ella es tan buena como muerta como humana, y yo no voy a pasar por eso otra vez. - El conocimiento quemaba como plata en su corazón. Encantadora, valiente, testaruda, Sango. Pudriéndose en una tumba dentro de unas pocas fugaces décadas… si tenía suerte. Antes, si no la tenía. Él no podía tolerar eso. Esto casi lo había destruido con Giselle.
- Tu problema es que eres demasiado malditamente honorable para tu propio bien. Si yo fuera tú, cambiaría a Sango, independientemente de su objeción. - dijo Koga.
- Camarada, lo sé mejor que nadie. - Miroku dejó escapar una risa helada.
- Sí, tú e Inuyasha lo harían, ¿no? - Koga se encogió de hombros.
Él se detuvo y lanzó una mirada dura al yokai frente a él. Koga le devolvió la mirada, sin complejos, sin concesiones. La misma mirada Koga le había dado hace más de doscientos veinte años, cuando él había sido responsable de Miroku siendo convertido en un yokai. Koga podría no haberlo creado, estando demasiado debilitado después de cambiar a Inuyasha, pero Miroku fue convertido porque Koga lo pidió como favor, ignorando que Miroku no lo había querido.
Durante varios largos y despiadados segundos, Miroku consideró eso. Él había perdonado finalmente a Koga, después de todo. Así había hecho Inuyasha. Es cierto, Sango podría odiarlo por cien años si él la cambiaba a pesar de sus objeciones, pero al menos ella estaría viva para odiarlo. No alimentando a los gusanos bajo tierra. Pero, ¿podría él realmente hacerle eso a ella? ¿Pretender aceptar su humanidad, y luego arrebatársela tan pronto como las marcas estuviesen fuera? Si él lo hacía, ¿cómo podría ella alguna vez confiar en él otra vez? Él y Inuyasha perdonaron a Koga, sí, pero la naturaleza de su relación había sido muy diferente como amigos traicionados frente a un amante traicionado.
¿O qué si Sango no se daba cuenta de que era una traición? Ella había sido susceptible al poder de su mirada antes. Él podría plantar la idea en su mente de darle la bienvenida al cambio. Ella nunca recordaría siquiera que esta no había venido de ella...
- No. Tendré algo real con Sango, o nada en absoluto. - Con una violenta maldición, Miroku sacudió la cabeza y comenzó a caminar de nuevo.
- ¡Idiota! - Koga le gritó. Él apretó la mandíbula de nuevo. Eso podría ser cierto, pero era su decisión de todos modos. Los golpes en la puerta del dormitorio hicieron saltar el corazón de Sango.
- Entre - ella gritó al instante. Esa breve esperanza estuvo extinta cuando Inuyasha entró en lugar Miroku.
- Aunque no pudiera leer tus pensamientos, tu esencia de decepción es abrumadora - señaló Inuyasha.
Sango se dejó caer de nuevo en la cama. Había estado intentando sin éxito dormir en las horas desde que Miroku salió furioso. ¿Se había ido para siempre? Él podía haberlo hecho. Inuyasha y Kagome podría más que manejar entregar a Nathaniel a Raum.
- Por supuesto que Miroku no se fue para siempre. Él está bastante airado, pero él regresará al amanecer, a más tardar. - dijo Inuyasha, llevando la silla cerca de la cama.
- Sabes, nunca me di cuenta de cuan intrusivas eran tus habilidades para leer la mente ¿No puedes cambiar a otro canal o algo así? - dijo Sango secamente.
- ¿No te das cuenta de cuánto le importas a Miroku? – pregunto ignorándole.
- No te puede importar lo que no respetas, y Miroku no tiene ningún respeto por los humanos. - Sango bufó.
- Eso no es cierto. Miroku respeta a los humanos. Él solo evita preocuparse por un humano otra vez porque los seres humanos siempre mueren - dijo Inuyasha en voz baja.
- ¡Los yokais mueren todo el tiempo también! No hay tal cosa como la inmortalidad, no importa la especie. - replicó Sango.
- Los yokais no pueden morir por el paso del tiempo, las enfermedades o accidentes. Nadie puede protegerse contra todas las formas de la muerte, pero la muerte esta mucha más cerca de los humanos que los yokais u onis. Lo que pasó con Web, obviamente infló el temor de Miroku de tu mortalidad al nivel de que lo tuvo saliendo furiosamente cuando rechazaste la idea de alguna vez convertirte en un yokai. – argumento Inuyasha.
- Pero yo no quiero ser un yokai… ¿Por qué eso es una cosa tan poco razonable para Miroku de entender? - dijo Sango, frustrada.
- Porque significa que él te enterrará algún día - respondió Inuyasha.
- Un día pronto, para la forma de pensar de un yokai. No es lo mismo que una relación normal, donde hay una posibilidad de que tu esperanza de vida será similar. Con un ser humano, una muerte prematura está garantizada. Si la situación fuera al revés, ¿estarías contenta con dejar a Miroku morir, si pudieras evitarlo? ¿No te acuerdas lo que dijiste cuando encontraste el cuerpo de Randy? Me gritaste que lo arreglara. Ya era demasiado tarde, pero si no lo hubiera sido, me habrías pedido que yo hiciera lo que fuera necesario para asegurar que tú y Randy pudieran estar juntos. - Él recuerdo cortó a sangre fría a través de su mente.
Yokais en todos lados, sangre y suciedad salpicándolos. Ella se deslizó, cayendo en algo oscuro y pegajoso. La mancha cubría el suelo, ampliándose mientras se dirigía a la cocina. La luz verde de la mirada de un yokai pasando iluminó los largos y deformes trozos frente a ella. ¿Que eran esos? Su aturdida mirada diagnosticó las formas y ella respiró fuerte y con dificultad. Trozos de una persona estaban todos a su alrededor. El brillo de la mirada de otro yokai reflejó algo brillante en el grupo situado junto a su pierna. Era una mano, con un familiar anillo de bodas de oro y plata en ella...
- Tienes razón. Yo habría hecho cualquier cosa para mantenernos juntos. - reconoció Sango, su voz ronca por la pena recordada.
- Así que ahora debes preguntarte, ¿Sientes lo mismo por Miroku? - Inuyasha enarcó una ceja.
Miroku se dirigió a través de la puerta principal de la mansión de la misma manera que él había entrado por ella ayer… sin hablar con nadie y dirigiéndose directamente a un solo lugar. Esta vez, no era arriba al dormitorio. Era a la planta baja, más allá del sótano que era la vivienda de la media docena de humanos que eran residentes permanentes aquí, hacia la entrada protegida de la bodega. El yokai en posición firme abrió la puerta sin decir una palabra, dejando a Miroku entrar en el estrecho pasillo de concreto reforzado que tenía sólo dos puertas en los extremos opuestos. Las paredes eran tan gruesas alrededor de las dos habitaciones, que Miroku no podía oír un latido de corazón para saber en cuál estaba Nathaniel.
Estaba en la primera que Miroku revisó, dormido en el estrecho catre. La habitación estaba escueta de la mayoría de servicios, ya que era una celda para mantener a los yokais nuevos. Un yokai tomaba de unos pocos días a una semana para dominar el hambre abrumadora que le causaría a él o a ella matar a cualquier humano alrededor. Por esa razón, estas habitaciones eran perfectas para mantener al cambia-forma. No importa qué forma podría tomar Nathaniel, él no sería capaz de penetrar las paredes que habían sido construidas para soportar a un nuevo yokai estando hechas una furia. Pero Nathaniel no había cambiado de su forma normal. Por si acaso, sin embargo, Miroku cerró la puerta detrás de él. Esta se sellaba con cerraduras automáticas. Él necesitaría el intercomunicador para informar al guardia cuando dejarlo salir.
- Despierta - dijo, dando al hombre una sacudida.
Nathaniel se abalanzó en un frenesí de movimiento que tuvo a Miroku inmovilizándolo a la pared con sus colmillos afuera, la furia atravesándolo ante el intento del ataque furtivo. Pero una vez los ojos de Nathaniel estuvieron totalmente centrados en Miroku, la fuerza dejó sus miembros.
- Ah, eres tú. Me sorprendiste - dijo Nathaniel, bajando bruscamente. Miroku echó hacia atrás a Nathaniel sobre el catre.
- ¿He de creer que fue un accidente? - preguntó él con pesado sarcasmo. Los ojos color avellana que eran demasiado similares a los de Sango lo miraron.
- No sabes lo que sucede normalmente cuando alguien se lanza sobre mí mientras estoy dormido. He aprendido a despertar luchando. - Miroku podía imaginar eso. Ofertas con el paquete. Todavía no se atrevía a compadecerse del hombre. No después de lo que Nathaniel le había costado a Sango… y ahora a él… pero hizo Miroku disfrutar el recuerdo de despedazar a los guardias de Web más. Nadie merece vivir después de eso.
- No podrías estar más seguro de mí cuando se trata de eso - respondió Miroku.
- Estoy aquí para aprender todo lo que sabes acerca de matar demonios. - Nathaniel sonrió ante eso, por lo que su rostro se vio más juvenil. Él debe haber sido muy joven cuando él había logrado ese trato con Raum. ¿Veinte? ¿Veintiuno?
- Ahora hay un tema del que me gusta hablar. Sólo una puñalada a los ojos con ese cuchillo. Muerte instantánea. - dijo Nathaniel con obvio deleite.
- ¿Qué cuchillo? ¿Un cuchillo de plata? – pregunto Miroku casi emocionado de saber que podría matar a Raum.
- Cuando me tomaron, ¿no consiguieron el cuchillo, también? - El color desapareció del rostro de Nathaniel.
- ¿Qué Cuchillo? - Miroku dijo bruscamente, su temperamento ya estirado hasta el límite.
- ¿Cómo podrías no saber sobre el cuchillo? ¡Sabías de mí! Sabías lo que era, lo que la chica era, y cómo sucedió. ¡¿Cómo podrías no saber sobre el jodido cuchillo?! - Nathaniel se disparó con un gemido, sus movimientos mucho más rápidos de lo que los de un humano deberían ser.
- No pierdas tu tiempo lanzándome improperios cuando deberías estar respondiendo a mi pregunta. - Miroku le dio un manotazo casi de manera casual, enviando a Nathaniel a estrellarse de vuelta al catre. El labio de Nathaniel estaba sangrado donde Miroku lo había golpeado. Él lo secó de inmediato, limpiando la sangre en una manta, mirando a Miroku con la tensión apestando en cada poro.
- Eres el primer yokai en setenta años que no va tras mi sangre. Incluso los guardias, que tenían prohibido degustarme, constantemente tomaban sorbos. Ni siquiera sé cómo reaccionar hacia ti ignorándola. - A continuación, Nathaniel dejó escapar una breve carcajada sin gracia.
- Reacciona contándome sobre el cuchillo - dijo Miroku en un tono glacial.
- Sólo armas hechas a partir de sus propios huesos pueden matar a un demonio corpóreo. Por eso, los huesos de demonio son casi imposibles de conseguir. Si un demonio mata a otro demonio, ellos destruyen los huesos. Pero un demonio mantendrá un arma como defensa contra otros demonios. He robado el cuchillo de hueso del demonio que me marcó cuando lo envié de vuelta al inframundo. Sólo en caso de que alguna vez regresase. - Miroku consideró esto.
Su conocimiento de demonios en su mayoría consistía en información acerca de los incorpóreos que poseían a humanos, así que lo que Nathaniel decía podía ser verdad. Pero, de nuevo, podría ser una mierda total. Una manera de estar seguro. Miroku cogió a Nathaniel, fijándolo a la pared. El hombre luchó con una fuerza considerable teniendo en cuenta los latidos de su corazón, pero no pudo romper el agarre de Miroku. Lo que sí hizo fue cerrar a presión sus ojos ante el primer movimiento de Miroku, sin embargo. Cabrón inteligente.
- No voy a hacerte daño. Sólo quiero estar seguro de que lo que me estás diciendo es verdad. Abre los ojos. – intento calmarle.
- No. Podrías hacer que haga cualquier cosa. - jadeó Nathaniel.
- Por piedad, no tienes nada que quiera a excepción de tu conocimiento - respondió secamente Miroku.
- Si eso no fuese cierto, ¿por qué me molestaría en hipnotizarte? Cualquier otra cosa que quisiera, yo soy lo suficientemente fuerte para tomarla sin necesidad de utilizar mi mirada. - El pulso de Nathaniel retumbó como los cascos de una estampida y apestaba a miedo, pero poco a poco sus párpados revoloteaban abiertos.
Miroku dejó que su poder estallase buscando dominar la voluntad detrás de esos ojos color avellana. El muchacho era más fuerte, también, de lo que Miroku habría imaginado. Por otra parte, Nathaniel necesitaría una fortaleza mental de hierro para soportar el tratamiento de Web las últimas décadas sin volverse loco. Miroku empujó a un lado ese pensamiento, porque llevaba a una renuente admiración que él no podía permitirse el lujo de sentir.
- Abre tu mente - dijo Miroku, más poder emanando de él.
Él sintió el crujido de la voluntad de Nathaniel, como si romperla hubiese hecho un sonido audible. Luego él empujó a través de las telarañas trepadoras de la conciencia hasta que estuvo seguro de que cualquier cosa que le preguntase a Nathaniel sería respondida con la verdad.
- ¿Cómo matas a un demonio? - Nathaniel repitió la misma respuesta que antes, en un tono monótono que Miroku estaba acostumbrado a oír de alguien cautivado. El muchacho no había estado mintiendo. No debe realmente saber que revelando dicha información lo acercaba a su propia destrucción.
- ¿Por qué crees que te capturé? - Miroku preguntó después, sólo para estar seguro.
- Para salvar a tu novia. Así yo podría ayudarla a controlar el poder de las marcas. - murmuró Nathaniel.
No, Nathaniel no tenía ni idea de su destino. Miroku apartó un atisbo de remordimiento. Él y Sango no podrían tener un futuro junto, pero eso no significaba que ella no podría tener un futuro libre de la esencia del demonio. Miroku se aseguraría de que Sango volviese a ser humana tal como ella quería, con su familia a salvo. Por su propia culpa, Nathaniel era el costo de eso.
- ¿Quién tiene el cuchillo? - Miroku preguntó, aunque ya había adivinado la respuesta.
- Web. Lo mantiene cerca de él siempre. Temeroso de que el demonio lo mate para recuperarme. - Sin duda Raum habría intentado masacrar a Web para recuperar a Nathaniel, si hubiera sabido que Web lo tenía.
Pero ahora Miroku lo tenía, y Web sabría que Nathaniel le contaría sobre el cuchillo. Maldita sea, Web estaría esperando que Miroku tratara de tomar el cuchillo. Él sabría que Miroku lo necesitaba, solo que no por las mismas razones que Web lo había guardado. La boca de Miroku se torció. Parecía que Web tendría otra oportunidad de matarlo, después de todo.
- Nunca tratarás de escapar de mí… Dilo - dijo Miroku, mirando profundamente a los ojos de Nathaniel.
- Nunca trataré de escapar de ti - repitió Nathaniel debidamente.
Web probablemente forzó la misma directiva en Nathaniel. El muchacho había peleado con él cuando Miroku lo arrastró fuera de Web, pero no importaba. En el caso de Miroku, él no estaba usando el comando para tratar de mantener a Nathaniel con él indefinidamente, sino sólo por un corto tiempo. Sólo hasta que él se lo entregase a Raum, donde, si todo iba bien, él además estaría dejando ir a Sango, también. Entregándola de vuelta a su frágil y letal humanidad que acabaría separándolos para siempre. El conocimiento de eso se alzaba como la bilis en su interior, pero él lo forzó de vuelta. Eso es lo que ella quiere más que cualquier otra cosa. Incluso yo.
- Bien, entonces. Despierta - dijo Miroku, liberando a Nathaniel.
- ¿Averiguaste lo que necesitabas saber? - El otro hombre parpadeó y sacudió la cabeza como para despejarla.
- Sí.- Miroku apretó la mandíbula. Y él iba a mantener el rumbo costara lo que costara.
Sango se había quedado despierto esperando que Miroku regresara. Cuando oyó el golpe de la puerta de entrada, se apresuró a la sala, con la esperanza de atrapar a Miroku antes de que desapareciera en una de las habitaciones superiores. Pero a pesar de que esperó, nadie subió las escaleras.
Tal vez se fue directamente al estudio otra vez. Sango bajó y comprobó la habitación en la que habían discutido, pero estaba vacía. Entonces se asomó dentro de las otras habitaciones en el primer piso. Nada. Finalmente fue a la parte delantera de la casa de nuevo, su corazón saltó cuando percibió movimiento en la entrada. Tan rápido como se disparó su optimismo, se desinfló cuando la figura oscura en las sombras se dio la vuelta y Sango vio que era Alten. Inuyasha estaba equivocado. Estaba amaneciendo, pero Miroku no había vuelto después de todo.
- Oh, hola, Alten - dijo sin convicción.
- Yo sólo estaba... - Obviamente esperando a alguien que no va a aparecer.
- Si estás buscando a Miroku, fue al piso inferior. Todavía parecía enojado, también. Yo lo dejaría estar, si fuera tú. - dijo Alten. Sólo así, el estado de ánimo de Sango cambió de nuevo. Él había vuelto. Podría estar molesto, sí, pero Miroku estaba de vuelta. Bueno, molesto o no, ellos iban a hablar.
- ¿Qué hay abajo? - Tenían demasiadas cosas que resolver para que Miroku la estuviera evitando.
- Su desayuno. - Alten se encogió de hombros. Claro. Esta era una casa de yokais, lo que significaba que había un buffet viviente debajo de ellos. Tal vez la alimentación pondría a Miroku de mejor humor antes de que hablara con él. Eso esperaba.
- Muéstrame - dijo ella, apretando su bata a su alrededor.
- No creo que eso sea una buena idea… ¡Espera! - Sango ya se había dado la vuelta y comenzó a caminar lejos. Lo encontraría por sí misma. La casa era grande, pero si era como todos los hogares en comunidad de yokais, el sótano habría sido reformado para convertirlo en una acogedora sala de estar.
- Bien, te llevaré - dijo Alten, sonando frustrado.
- Que amable de tu parte. - Ella le dirigió una dulce sonrisa.
La mirada de él le dijo que la bondad no tenía nada que ver con ello. Sango le siguió hasta la parte posterior de la casa y bajo la escalera que conducía a —supuso ella— un sótano lujosamente redecorado. Para su sorpresa, sólo dos personas estaban en un sofá grande, viendo televisión. La mesa de billar, el área de computación, cocina y sala de ejercicios parecían estar vacías.
- ¿Dónde están todos? - A menos que este fuera el más pequeño séquito de yokais con que se había encontrado, varios humanos faltaban.
- Está amaneciendo, por lo que están durmiendo. Nadie suele venir a comer al amanecer. - El chico en el sofá, miró hacia arriba.
- ¿Dónde está el yokai que vino aquí hace poco? - Entonces, ¿Dónde estaba Miroku? El niño sonrió y señaló por un pasillo.
- Sigue los sonidos. Kristie es una gritona. - La ira estalló en Sango. Miroku no podría haberla sustituido por otra persona tan rápido, ¿o sí? Mira lo que pasó la primera noche que Rachel y Ross se tomaron "un descanso," se mofó su voz interior. Sango gruñó, elevando las cejas de Alten.
- ¿Listo para luchar conmigo por tierra? Porque esa es la única manera que me impida ir por ese pasillo. - Ella golpeó la mano Alten cuando fue a agarrarle el brazo, disparándole una mirada peligrosa.
- No es… - comenzó a decir.
- ¿No es qué? - Sango interrumpió a Alten.
- ¿No es mi asunto? ¡Yo juzgaré eso! - Sango acechaba por el pasillo que había señalado el joven, cada vez más lívida mientras unos inconfundibles y fuertes gemidos se encontraron con sus oídos.
¡Miroku había llegado hace menos de quince minutos! ¡Hijo de puta! Algo le apuñaló en la palma de la mano. Miroku miró hacia abajo, no se sorprendió de ver esas garras horribles reemplazando sus uñas y dedos de longitud increíblemente larga. Culpa de él. Curvó sus manos lo mejor que pudo, sin apuñalarse a sí misma otra vez y luego golpeó la puerta de donde emanaban los sonidos, la furia haciéndola osada.
- ¡Abre esta puerta! - Unos segundos más tarde, la puerta se abrió para revelar a Koga, totalmente desnudo, muy erguido, y altamente molesto.
- ¿Cuál es tu maldito problema? - Sango podía sentir el calor quemando en su rostro. Detrás de Koga, una joven desnuda le dio a Sango también una mirada agravada, mientras que Alten dejaba escapar algo que podría haber sido una risa ahogada.
- Um... no importa - Sango tartamudeó, dándose la vuelta, ocultando sus manos, ese calor en sus mejillas creciendo. Koga cerró la puerta, murmurando algo acerca de las interrupciones groseras. Los chillidos femeninos desde el interior de la sala se reanudaron casi de inmediato.
- Traté de decirle que no era Miroku el que estaba allí - le dijo Alten a Sango cuando regresó a la sala. Él ni siquiera trató de ocultar su sonrisa.
- Podrías haberte esforzado… ¡NUNCA NECESITÉ EN LO ABSOLUTO SABER QUE KOGA TENÍA UN PIERCING ALLÁ ABAJO! - dijo Sango, intentando sin éxito borrar de su mente lo que ha visto. Alten soltó otra risita que fue cortada por la voz de Miroku detrás de ellos.
- ¡¿Qué estás haciendo tú aquí?! – estallo una voz enfadada.
Continuara…
