La tarde era fría y nublada, el viento soplaba con fuerza y la lluvia amenazaba con azotar la tierra de forma violenta. Las nubes en el cielo lo oscurecían todo, volviendo el ambiente deprimente y solitario, casi como un horrible presagio.
Harry ajustó su túnica fuertemente alrededor de su cuerpo, maldiciéndose por haberse negado a salir un poco más abrigado pese a las advertencias de los aurores Rusos sobre el impetuoso clima que azotaría Moscú esa tarde. No era su culpa, no del todo, había creído que estar acostumbrado al clima de Inglaterra le daría ventaja pero ahora sabía que había estado completamente equivocado.
No sabía exactamente cuánto tiempo llevaba de guardia, cuánto tiempo llevaba soportando el frío y las gotas que, poco a poco, golpeaban contra su cabeza hasta volverse más pesadas y más molestas. Bien podría haber colocado algunos encantamientos de calefacción e impermeabilidad pero el calor le causaría sueño y la lluvia le ayudaba a recordarse que, entre antes terminara, más rápido podría volver a casa, junto a su esposo.
Llevaba en esa miserable misión dos largos y horribles meses, dos horribles meses con cinco días y cuatro horas lejos de su Omega y no estaba seguro de poder sobrevivir un día más en esas circunstancias. Necesitaba de Draco, de su esencia y su calor; necesitaba de sus palabras agridulces, de sus risas burlonas y de sus besos; necesitaba de su cuerpo, de su presencia, del simple hecho de saber que estaba cerca, seguro a su lado y no a miles de kilómetros lejos de allí, donde Harry no podía estar seguro de si estaba bien.
Por supuesto, está afirmación era la exageración de un Alfa sobreprotector. Harry sabía que se encontraba bien, Draco le escribía casi todos los días al pequeño departamento que el ministerio le había otorgado para vivir durante su estadía en Rusia, además por supuesto, de que él mismo se había encargado de su seguridad antes de marcharse; Sirius lo vigilaba las veinticuatro horas del día, como única petición de Harry para aceptar la misión en Moscú.
Sí, Draco estaba bien, todo lo bien que podía estar un Omega recién marcado lejos de su Alfa. Harry sabía, por el vínculo que compartían, que Draco sufría, que le extrañaba y que estaba desesperado por volverlo a ver, por tenerlo cerca. Era tan dependiente de él en ese punto que incluso había amenazado con ir hasta Moscú si no volvía pronto y Harry se sentía presionado por qué, a pesar de que sus deseos de ver a Draco eran igual de grandes, no se sentía capaz de volver a casa sin haber arrestado al maldito desgraciado que tanto mal le había hecho a su predestinado.
Era cuestión de venganza y de amor a partes iguales. Su Alfa gruñía por saciar la sed de venganza que le causaba pensar que cualquier otro Alfa le hubiera puesto un dedo encima a su Omega, que lo hubieran forzado a mantener relaciones sexuales una y otra y otra vez. Pero él, Harry, la parte humana, simplemente lo hacía por darle una vida tranquila a Draco, una donde no temiera salir a la calle, simplemente de compras, esperando ser atacado por un ex amante molesto. Si Harry podía atrapar a Krum, entonces ningún otro Alfa con el que Draco hubiera estado antes se atrevería a molestarle de nuevo.
—Auror Potter, ya casi es hora —le dijo uno de los aurores Rusos con un pesado inglés que remarcaba demasiado las erres.
Harry asintió, alejando los pensamientos sobre Draco y cuanto lo extrañaba, sabiendo que, si seguía sobre esa misma línea de pensamientos, no sería capaz de concentrarse en ese momento tan crucial, la posible captura de Viktor Krum después de tanto tiempo.
Había pasado noches en vela, días enteros sin comer y tardes completamente ocupadas en investigaciones y encantamientos de rastreo buscando a Krum como si la vida se le fuese en ello. El bastardo conocía algunos trucos, eso era obvio, no existía ninguna otra razón que explicara como siempre lograba escabullirse justo cuando Harry pensaba que lo tenía acorralado. Probablemente la razón por la que el cáliz lo eligió para el torneo de los tres magos.
Pero Harry era un auror, uno de los mejores y había sido él único capaz de rastrear al fugitivo hasta tres veces en diferentes partes de Rusia hasta que finalmente habían regresado a Moscú, en espera de que esa fuera la última vez que él y sus hombres tuvieran que pasar la noche a la intemperie y empapándose por miedo a que Krum pudiera detectar cualquiera de sus encantamientos.
Así que allí estaban, en pleno corazón de la ciudad, frente a un complejo de apartamentos prácticamente abandonados lo que los tenía en completa desventaja por la cantidad de lugares donde Krum podría estar escondido, pero también tenían la determinación necesaria para tomar cualquier oportunidad y terminar con toda esa mierda de una vez por todas.
El encantamiento de rastreo de Harry vibró ligeramente, dejándole saber que el sujeto al que buscaban estaba moviéndose. Cómo en automático, Harry se colocó la máscara de Auror, dura y profesional, sin dejar rastro del amable y amoroso joven de veintidós años que era en realidad.
Un par de luces se encendieron en el edificio a la derecha, muy tenues y casi imperceptibles. Harry hizo una señal silenciosa a sus hombres y un grupo de cinco aurores se movilizó hacia ese edificio, dos flanqueado la entrada y los otros tres adentrándose en el inmueble. Casi de inmediato, el edificio a la izquierda dejó ver dos apartamentos más con luces y Harry movilizó a otro grupo de cinco hacia él, consciente de que, probablemente, eran una distracción.
Nóvikov, el auror ruso con el que llevaba trabajando desde que había llegado lo miró de mala forma, como si no aprobara que desperdiciara recursos en lo que claramente era una distracción; sin embargo, no se atrevió a decir nada, sabía que Harry tenía un estilo peculiar para resolver problemas que no sólo daba resultados, sino que además, no costaba tantas vidas humanas.
Había al menos cinco edificios más al fondo, el encantamiento de rastreo volvió a vibrar y Harry mandó a cuatro grupos más, de seis personas cada uno.
—¿Estás listo? —le preguntó a Nóvikov mientras sus verdes ojos se clavaban en el único edificio al que no había mandado a ningún hombre.
El auror asintió y la lluvia comenzó a caer con más persistencia sobre ellos. Harry se colocó la capa de invisibilidad y su compañero se lanzó a sí mismo un hechizo de desilusión que lo mimetizó con el entorno, volviéndolo prácticamente invisible ante ojos que no estuvieran entrenados.
Harry sospechaba que era más probable que Viktor se encontrará en ese edificio por qué era el único conectado a una avenida principal. Sí, también era el único edificio que no había sido terminado de construir; el único piso aún estaba en obras y la fachada era del sólido color gris del concreto al desnudo. El último piso sin hacer podía significar una ventaja para escapar por escoba si lo necesitaba y que el edificio estuviera incompleto era una buena distracción.
Harry abrió la puerta con cuidado, las gotas de lluvia azotando contra el cristal de la puerta al hacerlo, sus bisagras recién puestas sin soltar un sólo sonido. Harry no podía ver a Nóvikov y él no podía ser visto por su compañero pero sabía que le seguía de cerca, podía sentir su presencia de alguna manera.
El pasillo estaba a oscuras, apenas iluminado por la nula luz exterior de aquel día lluvioso. La vacía recepción les recibió cómo en una especie de película de suspenso muggle o en alguno de esos videojuegos de survival horror. Había algunos costales abandonados de algo, algunos plásticos y algunas varillas y el silencio era tan profundo que calaba los huesos.
Harry avanzó lentamente, sus pasos silenciados por un encantamiento, apegándose al plan que había trazado junto a sus hombres desde el día anterior. Nóvikov comenzaría a inspeccionar el inmueble desde la plata baja y Harry lo haría desde el último piso, el incompleto, para no dar oportunidad a Krum de escapar.
Subió por las escaleras lentamente, sabía que Viktor podría estar usando cualquier truco para pasar inadvertido, un encantamiento desilusionador, un encantamiento muffliato o simplemente un encantamiento que ocultara la puerta del apartamento donde estuviera escondiéndose, las posibilidades eran muchas, pero para eso Harry había sido entrenado.
Durante sus previos encuentros con Viktor Krum, ambos habían aprendido la forma de jugar del otro. Sus trucos favoritos, sus métodos y aunque no se habían visto a la cara ni una sola vez, Harry sí que le había visto la espalda antes de que lograra escapar la última; que era más de lo que cualquiera había logrado. Su educación en Durmstrang y su libertad para enseñar artes oscuras le daban al hombre una ventaja que a pocos.
Era una suerte que Harry tuviera fama de saber tratar magos oscuros, aunque hubiese sido cuando era un bebé.
Un ruido lo hizo sobresaltar, un gato pardo había entrado por una de las ventanas y correteaba por el pasillo como si algo lo hubiese asustado. Harry, con la varita fuertemente afianzada en su mano lanzó un encantamiento que le permitiría saber si había alguien más en el lugar. Cuando confirmó que se encontraba solo siguió con su camino.
La tormenta había empeorado en el exterior, la lluvia se filtraba por los huecos dejados en las paredes para las ventanas, apenas cubiertos por plásticos. Un par de truenos y relámpagos azotaron con fuerza, iluminando efectivamente el pasillo del cuarto piso en el que Harry se encontraba.
Cuando finalmente llegó al último piso, el quinto sin terminar, la lluvia azotó directamente contra él, que apenas y se cubría de ella gracias a la capa de invisibilidad. No había rastro de que alguien hubiera estado allí, al menos no últimamente, pero su encantamiento de rastreo aún vibraba e indicaba que Viktor estaba cerca así que Harry continuó con su tarea.
Bajó al cuarto piso e inspeccionó cada apartamento minuciosamente, algunos ya tenían puertas y armarios instalados por lo que el trabajo se hizo más pesado conforme avanzaba. El tercer piso fue todavía peor, pero al menos ya tenía puestas las ventanas y el ruido de los truenos no era tan escandaloso.
Cuando llegó a la segunda planta, estaba seguro de que debía encontrarse con Nóvikov en cualquier momento y se sentía frustrado por haber supuesto que encontraría a Viktor así de fácilmente, cuando llevaba meses tras él.
Y se sentía como un idiota fracasado.
Inspeccionó los departamentos, cada vez más desesperado por encontrar algo, cualquier cosa, abriendo puertas y anaqueles y revisando habitaciones con la desesperación de dos meses de caza sin un resultado concreto y final.
¿Qué le diría a Draco? Se había apartado de su lado y lo había hecho sufrir sin una razón. ¿Cómo le explicaría que había fallado? No se sentía con las fuerzas necesarias para volver a intentarlo, para volver a jugar ese juego del que estaba tan cansado. Sólo quería volver a casa y estar junto a su Omega, amarlo, consentirlo, hacerlo infinitamente feliz.
Estaba tan frustrado.
Abrió la última puerta del segundo piso, con la sensación de que había terminado mucho antes que con el resto, aunque probablemente habían sido las prisas y la frustración de encontrar algo lo que lo había llevado a hacer todo mucho más rápido. Sin embargo, aún era extraño que su compañero no hubiera subido al segundo piso cuando Harry ya había terminado de inspeccionar la mitad que le correspondía.
Caminó hacia las escaleras, pasando frente a todas las puertas que él mismo había abierto durante su búsqueda y fue entonces que se dio cuenta.
No había un apartamento número doscientos cinco.
Harry se detuvo en seco, mirando el trozo de pared donde se suponía debía estar el apartamento faltante. No había espacio suficiente para él entre los apartamentos doscientos cuatro y doscientos seis pero eso no importaba, Harry conocía el encantamiento que podía ocultar hasta una casa entera.
Con la varita preparada, comenzó a remover el encantamiento. La magia se enterraba alrededor de su cuerpo, resistiéndose a ser eliminada. El contra hechizo era poderoso, pero era la propia magia de Harry la que hacía todo el trabajo. Generalmente se necesitarían hasta tres personas para deshacerse de ese encantamiento de ocultación pero Harry sabía que podía manejarlo por su cuenta.
Y así lo hizo.
El hechizo se rompió cual espejo cuando se quebró y los trozos comenzaron a caer, quedó al descubierto la puerta de la habitación faltante y el corazón de Harry comenzó a latir con fuerza. Definitivamente el momento había llegado.
Antes de siquiera tomar el pomo de la puerta, Harry se aseguró de verificar que ninguna maldición le obstaculizaría el paso, dejándolo malherido. Movió su varita con destreza, murmurando todos los encantamientos que conocía para detectar maldiciones y cuando no encontró absolutamente nada simplemente giró el pomo y abrió.
Le recibió una habitación completamente a oscuras, pero a diferencia de las demás, esta estaba completamente amueblada. Muebles viejos de madera destartalada, cortinas roídas y devoradas por las polillas, lámparas de focos fundidos y una fina capa de polvo por todas partes que hicieron que Harry se preguntara si no había llegado demasiado tarde.
Caminó por sobre la polvorienta alfombra, apenas evitando estornudar. Inspeccionó cada cajón de la sala de estar y cada estantería en la cocina, no encontrando más que sobras de comida y viales de pociones vacíos. Harry se preguntó si sería prudente enviar un patronus para avisar a alguien de su descubrimiento, arriesgándose a alertar a Krum en caso de que estuviese cerca.
Absteniéndose de hacer cualquier cosa que lo delatara, pasó de largo el comedor y se dirigió hacia la única puerta que aún estaba cerrada y que probablemente era una de las habitaciones.
Harry se acercó con la varita en alto, colocando una mano sobre el pomo antes de que un ruidoso y obsceno gemido se filtrara a través de la madera de la puerta, paralizándolo.
Él conocía esos gemidos.
Harry llevaba siendo auror demasiado tiempo, tal vez no era un veterano pero tenía experiencia en el campo y estaba preparado para cualquier escenario posible, para cualquiera menos con el que se encontró del otro lado de esa maldita puerta.
Allí estaba su habitación, su habitación y la de Draco en su preciosa casa a las afueras de Londres, lo que era imposible por que Harry no estaba en Londres... ¿o sí?
—Mm... ah... sí.
Gimió su voz dentro de la habitación y Harry cerró los ojos con fuerza, negándose a caer en ese sucio truco. Negándose a ser víctima de una imagen que él sabía no era real. Porque el sol de primavera filtrándose por la ventana no podía ser real, reflejándose de esa manera en el tapiz color crema que Draco había escogido. Porque él estaba consiente de que no se encontraba en Londres. Porque Draco no podía estar acostándose por voluntad propia con Viktor Krum. En su cama. En la cama que ambos compartían.
—Ah... sí, más, más, Viktor.
Insistía la voz del otro lado y Harry apretó más los párpados, el Alfa incapaz de soportar escuchar la voz de su Omega pronunciar otro nombre que no fuera el suyo de esa manera tan... tan...
Merlín, quería matar a alguien.
—Eres un buen chico, Draco, tan bueno, tan jodidamente bueno. ¿Te gusta así?
La mandíbula de Harry se apretó con fuerza, su determinación de mantener los ojos cerrados y no caer en ese sucio truco evaporándose y siendo reemplazado por sus instintos, el Alfa gruñendo feroz y salvajemente.
—Más, más, más profundo, dentro de mí, Alfa, más profundo —respondió Draco.
No.
Ese no era Draco y Harry debía recordarlo. Su Draco jamás... él jamás-
«¿Por qué no?», le recordó una diabólica voz dentro de su cabeza. «Eso era lo que hacía antes de ti, se acostaba con cualquiera que pudiera complacerle, lo hacía aun después de que comenzó a salir contigo. Lo hacía con Krum, lo hacía con Zabini.»
Sin poder soportarlo mucho más, Harry abrió los ojos para encarar la escena de una vez por todas, su corazón estrujándose de dolor y su Alfa aullando de desesperación, rogando para que, al abrir los ojos, la escena se hubiera evaporado.
Pero no fue así.
Draco se encontraba sobre la cama, con la espalda sobre el colchón y doblado prácticamente por la mitad mientras Viktor Krum lo follaba fuertemente, su pene entrando y saliendo de su húmedo agujero de manera tan obscena que Harry quiso vomitar.
Era como una escena sacada de sus peores pesadillas, una donde Draco no había podido deshacerse de esa conexión que Viktor había forzado entre ellos y al final el rubio se marchaba por voluntad propia con ese desgraciado, dejando a Harry completamente solo y devastado, únicamente con su instinto asesino.
Las sábanas estaban llenas de semen y sudor y el rostro de Draco se contorsionaba en un gesto de placer que Harry había pensado sólo él sería capaz de provocarle. Estaba realmente equivocado y no se sentía capaz de soportar lo un segundo más.
Así que no lo hizo.
Cómo un animal molesto y herido levantó su varita dispuesto a pronunciar una de las tres maldiciones que había jurado no utilizar nunca, la misma que casi le mata cuando tenía un año. No planeaba hacerle daño a Draco, claro que no, su precioso Omega simplemente debía estar confundido, pero una vez que se deshiciera de Krum, Draco sería sólo suyo y ambos podrían vivir tranquilos y felices.
—¡Auror Potter, no! —escuchó que alguien bramaba detrás de él, pero Harry se sentía incapaz de escuchar. Él solo deseaba desquitar toda la furia que sentía.
Con voz penetrante y profunda murmuró la maldición asesina. Escuchó un par de gritos de terror y alguien lo tomó del brazo, impidiéndole apuntar de manera correcta, causando que el rayo de aquel inconfundible color verde diera directamente en el suelo a sus pies. Forcejeó, intentando liberarse del agarre que le impedía concluir su venganza, maldiciendo sin saber si lo hacía a toda voz o en susurros inentendibles. Un golpe en el rostro lo hizo caer con fuerza, un puñetazo certero que le hizo sentir mareado.
Draco. Necesitaba alcanzar a Draco e irse muy, muy lejos de allí con él.
Con algo de sangre escurriendo por su boca, Harry se forzó a abrir los ojos pero no entendía lo que pasaba, su vista estaba nublada y apenas y podía distinguir algunas siluetas. Se tambaleó hacía la figura de cabello rubio mientras una voz le llamaba sin que Harry pudiera entender una sola palabra de lo que decía. Una maldición lo golpeó en el pecho pero eso no lo detuvo, en su lugar, atacó efectivamente su agresor y sujeto a Draco con fuerza entre sus brazos y...
Y no olía como Draco.
Parpadeó un par de veces y entonces se percató de lo que estaba ocurriendo.
Con un grito espeluznante soltó el cuerpo que sujetaba entre sus brazos, el cadáver de un hombre rubio joven, completamente desnudo y con marcas de golpes por todas partes. En el suelo frente a él, se encontraba Nóvikov, aparentemente aturdido por su maldición y en la cama, temblando de miedo, el hombre que Harry suponía era Viktor pero que en realidad era un Omega de nombre desconocido pero cuyo rostro había visto en los panfletos del ministerio ruso.
Su Draco no estaba allí, Viktor tampoco y Harry había caído en una especie de encantamiento de ilusión que casi le hacía asesinar a un hombre inocente.
Con lágrimas en los ojos se dejó caer al suelo mientras murmuraba una ferviente disculpa al Omega que aún se encontraba temblando y llorando en una esquina. Viktor había jugado perfectamente bien sus cartas y Harry no había podido hacer nada al respecto, salvo sucumbir ante su única debilidad, su Omega.
Limpiándose las lágrimas del rostro, Harry se puso de pie. El Omega se abrazó a sí mismo con fuerza, temblando e implorando en un suave murmullo que por favor no le hiciera daño. A Harry le recordó un poco a Draco cuando lo había sacado de aquella casa donde había estado recluido así que simplemente se acercó a él y lo abrazó con fuerza, prometiéndole que nada malo le ocurriría, que por favor lo perdonara.
El Omega pareció tranquilizarse ante él, tal vez por su esencia Alfa o tal vez porque no tenía más opción que creer en él en esas condiciones. Harry usó magia no verbal para reanimar a Nóvikov quién lentamente despertó antes de ponerse completamente alerta y apuntar a Harry con su varita.
—Lo lamento —dijo Harry con voz ronca mientras el Omega se pegaba mucho más a su cuerpo.
El auror ruso asintió, pero le miraba como si no se fiara de él por completo. Harry lo vio terminar de incorporarse antes de echar un vistazo en la habitación, Harry lo hubiera hecho, pero el Omega superviviente aún se aferraba a él como si su vida dependiera de ello y después de casi asesinarlo, Harry no se sentía con la fuerza de apartarlo y verlo llorar una vez más.
—No hay nada... pero parece que estuvo aquí —le anunció su compañero y Harry asintió.
Nóvikov caminó hacia el cuerpo del Omega muerto, un cadáver fresco, se podía deducir por su aspecto, su cabello de un rubio tan similar al de Draco que Harry sintió que se desmayaría de sólo mirarlo. El auror ruso, en cambio, lo observó detenidamente, de manera profesional mientras evaluaba cada una de sus heridas. Harry notó como se detenía en una herida especialmente marcada en el abdomen, una cortada profunda que había sido cosida a medias y de la cual sobresalía un trozo de pergamino ensangrentado.
Nóvikov lo extrajo con cuidado.
—Fue divertido, Potter, no vemos en Inglaterra —recitó con frialdad profesional que no evitó que Harry se paralizara por completo al recordar que Draco se encontraba completamente solo en Inglaterra.
—Debo volver a casa —dijo apartando suavemente al Omega que se negaba a abandonarlo.
—Debes tranquilizarte, eso es lo que debes hacer —sentenció el otro auror, tomando al Omega y sujetándolo ahora que no tenía a Harry como apoyo—. Hasta donde sabemos podría estar simplemente provocándote.
—Pero sabe qué estoy aquí y no allá con... —cortó, incapaz de seguir, con su voz llena de pánico.
—Lo entiendo totalmente —le interrumpió—, pero no hay forma de saber que dice la verdad, que encontró una manera de salir del país.
—¡No voy a arriesgarme!
El Omega tembló ante la voz de Alfa de Harry, Nóvikov pareció acobardarse un poco, era un Beta después de todo pero aun así reunió el coraje para a abrir la boca y replicar antes de ser interrumpido por el patronus de una grulla siberiana.
—Señor, encontramos un escondite en el tercer piso del edificio B y algunos cadáveres, los hemos identificado como algunos de los miembros importantes de la banda de tráfico internacional de Omegas; dos ingleses, un australiano, un hindú, un paquistaní, un americano y tres rusos. El único superviviente ha dicho que Krum les ha traicionado y se ha llevado un traslador ilegal que lo llevaría a Escocia.
Harry cerró los ojos con frustración, Nóvikov lo miró detenidamente antes de responder con otro patronus.
—No dejen que el único testigo muera, lo llevaremos al departamento de aurores —solicitó—. Necesito que envíen una alerta inmediata al ministerio escocés y al ministerio inglés, no sabemos cuánto tiempo tuvo Krum de ventaja. También necesito que contacten con el hospital mágico de San Petersburgo, encontramos un Omega que probablemente necesitará atención médica. Y manda a alguien más al departamento de transportes mágicos, necesitamos un traslador de emergencia para el Auror Potter hacia Londres. Estaré allí de inmediato.
Harry hubiera querido dejar todo y volver a casa de inmediato, pero sabía que eso era imposible. Primero que nada, tuvo que ir al ministerio Ruso para dar su testimonio sobre lo ocurrido; algunos aurores y medimagos determinaron que había sido víctima de un maleficio alucinógeno que se activó en cuanto tocó la perilla de la puerta por lo que no lo culparon en su intento de asesinato de un joven e inocente Omega el cual ya se encontraba en recuperación.
Después de responder muchas preguntas y llenar demasiados formularios, a Harry se le permitió volver a Inglaterra, los rusos harían su parte en el caso de Krum, pero ahora que no se encontraba en su país se volvía problema de Escocia o Inglaterra nuevamente. Ahora parecía que el objetivo de Viktor ya no era mantener un perfil bajo y ocultarse, sino ir tras venganza que sólo obtendría dañando a Draco. Por supuesto, también existía la posibilidad de que Viktor quisiera simplemente asesinar a Harry y quedarse con el Omega pero a Potter poco podía importarle su propia integridad.
Fue recibido por su padre en la zona de trasladores dentro del ministerio, no había dormido, no se había bañado y no había comido nada en absoluto, por lo que la mirada de preocupación de su padre no le sorprendió en absoluto.
—Por Dios, Harry —le dijo sujetándole de los hombros e inspeccionándole.
—Estoy bien. ¿Y Draco? —preguntó alejándose de él, dispuesto a ir directamente a las chimeneas y tomar la red flu hasta su casa.
—No le hemos notificado de tu llegada pero Sirius sigue vigilándolo —lo sujetó con fuerza de un brazo—. ¿Podrías quedarte quieto un momento? No luces bien, deja que tu madre envíe a algunos de sus hombres para...
—No lo necesito —le respondió con súplica en sus ojos—. Lo único que necesito en este momento es que revises el reporte de los rusos y pongas a tus hombres a trabajar, Krum está de vuelta.
—¿Qué?
—El hijo de puta se las arregló para robar un traslador ilegal a sus compinches luego de asesinarlos y ahora está de vuelta en Reino Unido.
No dejó que su padre hiciera más preguntas, necesitaba desesperadamente estar con su Omega, saber que estaba bien, quitarse de la cabeza la horrible visión que había tenido, saber que era suyo y solamente suyo, así que sin más y quitándose del frente a toda la gente que podía, tomó la primera chimenea que encontró y se dirigió hacia su casa.
—Dios, Harry, no te esperaba —dijo Sirius al verlo aparecer por la chimenea, bajando la varita con la que le había apuntado cuando vio las llamas verdes brillar.
—¿Dónde está Draco?
—En su habitación pero... ¿qué rayos pasó contigo? Luces terrible.
Harry no respondió, el estar en su casa, la casa dónde Draco vivía también, hizo que sus instintos se intensificaran, la esencia del Omega invadía las fosas nasales del Alfa y la desesperación por su cercanía se hacía cada vez más grande. Necesitaba de un beso, sólo uno y podría sentirse mucho mejor.
Con pasos firmes y veloces atravesó la sala de estar, salió al pasillo donde subió las escaleras y finalmente llegó a la puerta de su habitación que se encontraba cerrada. Harry sonrió al imaginar la felicidad de su Omega al verlo de vuelta y abrió la puerta.
Draco no se encontraba por ninguna parte.
Harry se detuvo en seco, sus ojos recorriendo la habitación hasta que su mirada se detuvo en la cama, donde un montón de ropa creaban una extraña montaña sobre el colchón, ropa suya que él no recordaba haber dejado en ese estado.
—Harry, por Merlín, ¿por qué...? —preguntó Sirius, deteniéndose en seco junto a Harry quién aún miraba el montón de ropa—. Un nido —afirmó.
—¿Un qué? —preguntó Harry.
Sirius no pudo responder porque de entre el montón de ropa perfectamente amontonada sobre la cama, una cabecita rubia se asomó con cuidado. Harry vio el rostro somnoliento de Draco aparecer, dulce y casi angelical, con las mejillas sonrojadas y el cabello revuelto, como si hubiera estado durmiendo placenteramente. Sirius se llevó las manos a la nariz y Harry aspiró la esencia de Draco que era un poco más dulce de lo que recordaba.
—Voy a buscar a Lily —dijo su padrino saliendo de la habitación.
Harry asintió ausentemente, sin apartar los ojos de su precioso Omega, su cuerpo relajándose de alivio únicamente por estar cerca de Draco. De repente, Viktor Krum había dejado de existir, al igual que aquellas horribles imágenes que le habían hecho presenciar también ese Omega asustado y ese Omega asesinado. Ante los ojos de Harry sólo estaba Draco, luciendo terriblemente adorable y vulnerable como nunca antes lo había visto, dentro de ese... ¿cómo lo había llamado Sirius? Nido.
—Mi ángel —le dijo acercándose a él.
—¿Harry? —preguntó Draco aún medio dormido, desenredándose del montón de ropa de Harry—. ¡Harry! ¡Volviste! —exclamó con alivio el rubio.
Mientras tanto, el Alfa corría a su encuentro, abrazándolo con fuerza, perdiéndose en el calor de su cuerpo, su esencia y la fuerza de sus brazos. Sintió a Draco restregarse contra él, cómo ansiando un poco de su esencia.
—Estoy de vuelta, volví.
—Oh, Harry, no sabes cuánto te ex...
Entonces se apartó, bruscamente y sin anticipación. Harry parpadeó confundido.
—Apestas a Omega —sentenció el rubio con ojos peligrosos.
—¿Qué...? —preguntó Harry.
—¡APESTAS A OMEGA! —bramó, empujando al Alfa lejos de él—. ¡Tú, miserable mentiroso! ¿Trabajo por dos meses? ¡Mis pelotas!
—Draco no, espera... —dijo Harry intentado calmar al furioso Omega quién no dejaba de golpearlo fuertemente con las manos. Recordando por qué efectivamente, olía a otro Omega—. No es lo que tú crees, lo que pasa es que...
—Te digo que ha hecho un nido y sus feromonas huelen a... —interrumpió la voz de Sirius desde el pasillo.
Lily y Sirius aparecieron por la puerta, la madre de Harry vistiendo su túnica de medimago y Sirius la de auror. Draco rompió en llanto al mirar a Lily, la mujer se acercó a él rápidamente pero Harry no se perdió la manera en que admiró el desorden de prendas sobre la cama.
—Tranquilo cariño, ¿qué ocurre? —le preguntó con voz maternal. Draco no tuvo pudor en señalar a Harry.
—¡Me está engañando!
Harry abrió los ojos con horror.
—¡No es verdad! —se defendió—. Cariño, déjame explicarte, rescatamos a un Omega hace unas horas y estuve sosteniéndolo, eso es todo.
Draco dejó de llorar sólo para mirarlo de manera amenazante y decir:
—No te creo una mierda.
Lily soltó una risita.
—Bien, bien, será mejor que todos nos tranquilicemos. —Draco desvió la mirada de Harry e hizo un puchero. Harry no sabía sí sentir el corazón roto o morir de ternura—. Pareces muy sensible Draco y has hecho un nido muy bonito. ¿Está bien si me acompañas al hospital para que te hagamos unas pruebas mientras Harry toma un baño y nos alcanza después?
Harry palideció.
—¿Pruebas? ¿qué pruebas? —Miró a Draco—. ¿Te sientes mal?
Lily ayudó a Draco a salir de su nido con una sonrisa en los labios antes de responder.
—Oh, no tienes nada de qué preocuparte, Harry. Puedo detectar por sus feromonas, el nido y sus cambios de humor que Draco sólo podría necesitar una prueba de embarazo.
Harry se quedó en shock. ¿Qué era lo que su madre acababa de decir?
—
Muchas gracias a todos por leer y muchas gracias nuevamente por todos sus comentarios y votos, gracias a ellos puedo saber que tanto les gusta la historia y me motivan para escribir lo más pronto posible.
Sólo me queda comentar que, aunque antes dije que no sabría cuantos capítulos tendrá esta historia, creo que llegará hasta los veinticinco, a menos que la inspiración me golpee y logre llegar a los treinta. Eso dependerá también del apoyo que le den al trabajo y de si la trama realmente da para más, no me gustaría forzarla y volverla mala.
Gracias también a JanethReAg por el beteo de éste capítulo, sin ella no hubiera podido publicar hoy. *corazones, corazones*
En fin, nos leemos en el siguiente capitulo. Disfruten del fluff.
