Tras cruzar la puerta Rue se halló en un gigantesco espacio vacío y negro. La puerta por la que había entrado a diferencia de las anteriores se tornó trasparente hasta desaparecer.

Rue se esforzaba en recordar las visiones que había tenido cuando estuvo a punto de morir, cuando había intentado ver el futuro del Profesor en aquella vieja carpa remendada. Donde él y sus amigos habían puesto su improvisado negocio de adivinación. Cuando el tiempo se había derramado dentro de su cabeza casi matándolo.

Debería a ver algo en aquel lugar, el problema es que no recordaba. Sabía que esa puerta era la última y que lo que debería encontrarse tras ella era importante.

Recordó el juego de las escondidas, pensó en su padre buscándolo y como se escondía con la dulce ayuda de su madre. Sonrió al recordar como su padre siempre daba con él, una y otra vez. Sin importar lo bien que se escondiera él siempre era capaz de hallarlo.

"—Hay cosas que no puedes percibir con tus sentidos"

Esas habían sido las palabras de padre tras descubrirlo en una ocasión, en la que él finalmente exijo saber cómo lo hacía.

El pequeño unicornio camino por el espacio vacío. Sus cascos no produjeron ningún ruido y tampoco sentía aire o viento. Miro asía todas direcciones y salvo a él mismo no veía más que oscuridad.

—Sé que estas aquí, te puedo sentir. Sabes, yo sé que este lugar no existe, que nada de esto es real. El Profesor dice que no puede haber arte de mi gente en su nave, que esta fue hecha muy, muy lejos y que los que la hicieron ya no están.

Pero he percibido que me miras desde que entre. Siento dolor y bondad, siento la magia de mi pueblo aquí.

Porque pienso que eres alguien y no algo artificial. Por eso te diré mi nombre y luego si tu quieres me puedes decir el tuyo ¿Te parece?

Bueno, soy Rue Mooncristal del valle Sombrío. Mucho gusto.

Pero no hubo ninguna respuesta. A un así Rue sentía a su alrededor un poder increíble que crecía a cada segundo.

— ¿Por qué te escondes? ¿A caso es por mí?

Pregunto el pequeño unicornio mientras movía la cabeza de un lado a otro.

—NO ME ESCONDO.

La voz sonó en todas partes. Rue sintió que incluso había salido de él mismo. Era una voz femenina.

—ESTOY QUEBRADA EN EL TIEMPO. SOMOS DOS CUANDO DEVERIA SER UNA.

—Déjame ayudarte —contesto el unicornio buscando en la obscuridad— Y si yo no puedo tengo un amigo que sabe muchas cosas.

Si nos ayudas estoy seguro que podremos encontrar una forma de ayudarte a ti también. Yo quiero ayudar pero no sé cómo hacerlo. Mis padres se sacrificaron para que yo pudiera vivir y ahora mis amigos están a punto de hacer lo mismo y yo…—las lágrimas empezaron a derramarse en el rostro del niño — yo no quiero que eso pase otra vez. Es horrible, es una…

Rue sintió un estremecimiento, a su alrededor el vacío palpitó. Un latido tras otro, sucediéndose cada vez más fuerte cada vez más rápido, a través de él y su alrededor.

Un corazón echo de vacío y oscuridad que volvía a la vida. Rue cerró los ojos asustado y pensó en cómo podía ser posible que algo como el vacío, la nada misma pudiera sentirse o moverse. Incluso cuando él contará lo ocurrido en aquel viaje extraordinario y desesperado muchos años después, no sería capaz de explicarlo ni hallaría a lo largo de toda su vida palabras para poder hacerlo.

Y de pronto todo estuvo en calma, volvió a sentir un suelo debajo de sus cascos y el aire se llenó de sonidos que él conocía. Sonidos fantásticos, el ruido de una maquinaria creada en otro mundo, en otro universo.

Rue ya no se sentía dividido. La sensación de estar en dos lugares a la vez había desaparecido al cruzar la puerta en la que se leía en una placa "el monstruo". Tampoco sabía a ciencia cierta cuanto tiempo había pasado. Pero pensó que finalmente había vuelto, que el sueño había acabado y abrió los ojos.

Era el interior de la Tardis salvo que en el lugar donde estaba la consola en el centro de la habitación Rue vio algo que jamás olvidaría.

Estaba envuelta en cables, algunos entraban y salían de ella y se hundían en las profundidades de la Tardis.

Era el mismo ser que el Profesor vio al llegar este universo, la primera criatura que lo llamo Profesor, la última apariencia que Topas usara para seducirle.

Un alicornio.

Rue estaba petrificado y con los ojos completamente abiertos como platos. Delante de él había un ser que pertenecía a las leyendas, a la época en la que no había mal, a la edad de las cosas bellas. A Edesea, el reino que callo y ardió por la llama antigua.

Era tanto lo que quería preguntar y tantas las cosas que hubiera querido decir. Por un momento muy corto solo fue un niño asombrado. Muchas eran las historias que había escuchado, los cantos y poemas que habían alimentado su imaginación. Muchos de ellos eran sobre los alicornios de Edesea

—Lo que ha de hacerse ha de hacerse pronto. —hablo ella con voz dulce y cansada.

Lentamente camino asía ella. No podía hablar, quería hacerlo pero las palabras no salían.

Ella lo miraba con una sonrisa y aun que tenía apariencia de estar enferma y cansada a Rue la pareció la criatura más hermosa de la creación.

—Soy Twilight. —ella hablo mientras levantaba un casco en un gesto amistoso para saludarlo.

—Yo soy Rue.

—Ya me habías dicho tu nombre, de hecho ya nos conocíamos.

—No lo creo. No la había visto hasta hoy y de haberla visto antes créame, no la hubiera podido olvidar. Jamás podría olvidarla.

Twilight sonrió.

Rue se sentó ceremoniosamente frente a ella y con una lentitud reverente toco con su casco el casco que le había tendido Twilight para corresponder a su saludo.

— ¿Eso crees en verdad? —Pregunto ella —.El casco de Twilight dejo de tocar el casco de Rue para posarse en el pecho del pequeño. —Hay cosas que no puedes percibir con tus sentidos, pero eso no quiere decir que tales cosas no existan. Que tu mente no recuerde no significa que no halla ocurrido. Solo debes buscar otras formas de recordar.

—Yo lo siento mi señora…. Yo no…—Rue sintió un calor en el pecho y algo en su interior se conmovió. Algo olvidado, en un recuerdo… una puerta, su puerta se abrió.

En un instante fugas se vio en una habitación extraña donde el muro, el suelo y hasta el techo eran de cristal. Era como si todo a su alrededor estuviera hecho de gemas preciosas. Vio en el centro de la habitación una gran mesa redonda con una especie de mapa de luz sobre ella. Con montañas nevadas, valles fértiles, ríos , cascadas azules y pueblos con edificios increíbles que él jamás había visto. Y alrededor de ella habían muchos ponis llorando. Pegasos, unicornios y ponis de tierra junto otras criaturas que no conocía compartiendo al parecer un mismo dolor.

Pudo ver a Twilight abrasada con un poni blanco de crines y cola rojas como el fuego. Y antes de que pudiera entender algo de lo que ocurría pudo verse a él mismo a la par de ellos. Era él no le cabía ninguna duda, tenía una capa negra con los bordes plateados cerrada por un broche de plata en forma de pluma.

Fue un pequeño momento, un largo segundo lleno de significado y de dudas, pero también era el fin de un sueño que finalmente había alcanzado recordar completo, todas las puertas finalmente estaban abiertas.

—Todo está ocurriendo otra vez y es nuestra culpa, nuestro pecado. — Ella acarició el rostro del pequeño— y lo volvería hacer todo de nuevo y sé que él también lo haría.

—Señora no entiendo. ¿Qué pecado y por qué él….

Twilight coloco su casco sobre la boca del niño y le beso con ternura la frente.

—Los Señores Del Tiempo no deberían crear dioses y las princesas no deberían crear armas con su propia sangre y carne. Pero lo hice con todo mi amor y no me arrepiento.

Dile hace profesor sabelotodo que corra, que no se rinda ante nada. Dile que lo estaré esperando en el lugar donde el tiempo no fluye.

Sabes — Twilight rio con delicadeza —él hace una expresión tan chistosa cuando se topa con algo que no entiende… Ese tonto…. Mi tonto…

Twilight aparto despacio el casco de la boca del niño y por un momento ambos se comtenplaron en silencio. Rue le pareció que ella tenía una de las miradas más dulces que había visto en su corta vida, pero tenía tambien una sonrisa que de alguna forma le pareció a Rue triste.

La alicornio lo abraso y para Rue fue como sumergirse en la luz. Sintió como si una gigantesca corriente fluyera a través de él hasta que sintió que algo muy frio y húmedo lo sacudía con fuerza. Abrió los ojos, el sueño había terminado y ya no estaba solo, el viaje había acabado.

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