El santuario de Atenea reflejaba fragilidad, vulnerable ante cualquier ataque, ya que sin la Diosa misma, quien se pudo considerar dio la espalda a sus caballeros, los "atenienses de corazón" perdían nuevamente la esperanza.
El caballero Pegaso había regresado a aquella cabaña en la que Seika había vivido los años en que no lo recordaba, aún juntos, permanecían en silencio, él no podía perdonarla y prácticamente la culpaba el no haber podido llegar a tiempo.
El caballero Dragón se había mudado a Atenas también, muy cerca al santuario, ya que los cinco picos era un lugar poco estratégico en la búsqueda de sus compañeros y era requerida su ayuda en el santuario. Sin embargo, tras lo ocurrido decidió continuar por ahí un tiempo para marcharse cuando los corazones de todos estén aliviados. Shunrey lo acompañaba serenamente, puesto a que ambos habían constituido una relación formal.
El caballero Cisne estaba completamente solo, por lo que el servir a Atenea se había convertido en su total objetivo y fin en la vida. Deseaba que todos los sacrificios, la sangre que corría en sus manos valieran la pena, él confiaba en que Saori no los estaba olvidando y sólo era un mal momento que debían sobrepasar.
El caballero Andrómeda acompañó a los jóvenes estudiantes en una charla emocional, sabía que estos buscaban orientación y no eran capaces de entender este tipo de situaciones, o por lo menos no poseían la madurez necesaria, o el tiempo al servicio, ni el conocer a su guía en la vida (Atenea) como para permanecer esperándola. Decidió que lo mejor era dar el aliento, expresar su fin en la vida y su historia en la armada, el cómo su puro corazón se convirtió en una fortaleza de justicia y valor.
El caballero de Fénix se encontraba platicando con Kanon, eran los únicos que sentían que el santuario corría un inminente peligro y pensaban en cómo orientar a sus compañeros a levantar esas ansías de pelear por la esperanza de un nuevo mañana que estaban perdiendo. La inquietud no podía dominarlos, ya que ellos eran los que poseían más fortaleza mental ante situaciones de desesperación. Ikki sospechaba de una persona y se lo dio a entender al antiguo caballero de Dragón Marino.
Era de madrugada, casi amaneciendo. Aunque el viento corriese en esa escondida zona de la humanidad, la noche había sido muy pesada para los caballeros. Seiya no pudo descansar, se sentía destrozado y perdido en una total incertidumbre. Algunas lágrimas lo acompañaron, muchos arrepentimientos de la misma manera. Al final, decidió salir a caminar, sintió que era lo más conveniente.
En ruta hacia las doce casas, se percató de la doncella italiana que estaba observando el fondo de un acantilado. El caballero de ofiuco estaba parada mientras el sol estaba siguiendo su camino hacia lo alto del cielo ateniense.
_ ¿Shaina?
_ Supuse que sentirías esta esencia antes que yo, pero tu distraído corazón te mantuvo ocupado en otros pensamientos.
_ ¿Qué cosas dices? Yo…
Abrió sus ojos totalmente sorprendido al acercarse y ver a lo que ella se refería.
_ Yo… tuve el presentimiento que ella no nos fallaría, Seiya. Ahora ve…
Caminando lentamente, con su bello vestido blanco, el original, con el que la había conocido. Su hermoso cabello a la longitud que recordaba del torneo galáctico, pero no… Ahora era una mujer, decidida, brillante, impetuosa y luchadora. No era la niña mimada egoísta que conoció. A su lado, su fiel consejero y mayordomo, este la seguía orgulloso y feliz. No estaba como siempre, en lujos totales, ahora era una dama sencilla que regresaba a su hogar.
Seiya no pudo más con la emoción, unas lágrimas suaves cayeron por sus mejillas, a lo que Shaina volteó y se quitó la máscara, sonriendo un poco amarga pero contenta de verlo así.
_ ¿Qué estás esperando, Seiya? ¡Vete! – lo empujó y él empezó a correr cuesta abajo del lugar.
Desesperado, sus piernas no podían más, deseaba llegar lo más rápido que pudiese.
_ Saori… - decía para sí mismo. – Saori…
Ya estaba al nivel de ella, bajó rápido aquella montaña. Atenea pudo observarlo tan agitado por la tremenda corrida que éste se había metido. Él quedó a unos pasos de ella y empezó a jadear de cansancio.
_ Saori… yo… sabía que vendrías.
Todo el ambiente atrás estaba naranjo, el sol botaba sus rayos, pero ellos no prestaban atención de aquello. La Diosa lo observaba con ternura y determinación.
_ Seiya…
Caminó hasta quedar delante de él, quien estaba apoyando sus manos en sus rodillas, agachado. Ella jaló con su brazo la cabeza de su caballero, abrazándolo con mucha fuerza.
_ Lamento todo lo que te hice, deseaba venir a tu lado para salir de esto juntos.
_ Saori… - las palabras de ella lo emocionaron y sólo prosiguió lagrimeando como un niño.
El abrazo fue correspondido con más fuerza por él. Su Saori estaba allí y deseaba estar con él, no había nada en el mundo que lo hiciese más feliz.
_ No llores más, Seiya. – agarró su rostro para que se miren fijamente. – No quiero causarte más sufrimiento.
_ Mi Diosa Atenea… - él colocó su mano encima de la de ella que estaba acariciando su rostro. – Saori, yo voy a protegerte siempre, no importan las circunstancias, ¡yo creo en ti!
_ Seiya…
Aquello ocasionó que ambos jóvenes quedaran extremadamente cerca, el momento para que pudiesen darse un beso, ya que estaban a escasos centímetros. Ambos cerraron los ojos y se aproximaron…
_ Ejem. – tosió Tatsumi.
Ella se puso colorada y se tapó la boca de la vergüenza.
_ Uy… Lo siento.
Seiya sólo rio por lo ocurrido y le ofreció la mano a Atenea, para que siguieran su camino hacia su santuario.
En la mañana ya establecida, todos los caballeros se juntaron en el coliseo donde Seiya había conseguido su armadura. Ella estaba parada ante ellos, dispuesta a dar explicaciones y a pedir el apoyo de su armada. El rostro de sus servidores reflejaba emoción y el recuperar la fe que casi se había perdido. El regreso de Saori había sido tan imprevisto, ni siquiera había recorrido las doce casas, sólo se colocó en aquel lugar a esperar que todos llegasen, sin decir ni una palabra.
Kanon empezó a correr como loco, emocionado al enterarse, y eso que le esperaba un largo camino ya que estaba en la cámara del patriarca.
_ ¡Atenea! – pensaba. – Te he esperado tanto, mi Diosa… ¡Hermano, ella ha regresado! ¡Te prometo que voy a protegerla!
Por otro lado, no era el único corriendo…
_ ¡Shiryu, ¿estás seguro que ella ha vuelto?!
_ Créeme, Hyoga, tampoco pensé que se decidiría tan rápido.
Rio levemente el cisne.
_ Esa es la Saori que conocemos, una mujer fuerte.
_ ¡Espérenme! – ambos caballeros pararon en seco.
_ ¡Shun! – él estaba jadeando y los jóvenes caballeros estaban atrás de él.
_ ¡Fye!
_ ¡Haret!
_ Hey, ¿estás tratando de robarnos los alumnos? – rieron ambos ante el comentario del cisne.
_ ¡Sólo pasé aconsejándoles toda la noche! ¿¡No es cierto, Valentín!? – gritó nervioso.
_ Sí, mi maestro.
_ Te estamos bromeando, amigo. – aclaró el dragón.
_ ¡Apresúrense! – apareció de un salto el fénix en medio de ellos para volver a saltar a larga distancia dejando a todos atrás y perplejos.
_ ¡Sí… Ma… Maestro! – gritó Electra.
Todos fueron atrás de Ikki, rumbo al coliseo.
Kanon llegó y sonrió totalmente emocionado al ver a Atenea tan imponente y poderosa parada como una lideresa a punto de dar un discurso.
_ ¡Atenea! – gritó.
Ella sonrió al verlo.
_ Bienvenido, Kanon.
_ Atenea… - sus ojos se humedecieron.
Los caballeros llegaron también atrás de Ikki, jadeando. Todos estaban completos y Seiya a unos metros detrás de ella.
_ Gracias por darme la bienvenida, valientes caballeros que me acompañan. Lamento el período de mi ausencia y agradezco la fe en mi convicción y justicia… ¡Finalmente he regresado, estoy en mi hogar!
Un fuerte grito de emoción de sus servidores se oyó en todo el santuario, nuestros personajes principales sonreían.
_ Sé que han sufrido grandes pérdidas (a Kanon se le venía a la mente Saga; así como a Hyoga, Camus), han muerto muchos compañeros en batalla (a Shiryu y a Shun se le venía a la mente Jabú y los otros), algunos han llegado a estar al borde de la muerte (Seiya recordó cuando tenía la espada atravesada e Ikki cuando peleó contra Saga casi muriendo); sin embargo, logramos nuestro cometido, valerosos guerreros. ¡Permítanme nuevamente ser la líder que los guíe al triunfo, atenienses, protectores del mundo!
_ ¡Viva!
_ ¡Juro solemnemente luchar a su lado hasta que nuestro último suspiro de vida se apague!
_ ¡Lo juro!
_ ¡Juro dedicar mi vida a ustedes, caballeros!, ¡Vamos a vencer a los Dioses injustos que atentan contra la paz de este planeta y la armonía de la justicia! ¡Si hemos de morir, no lo haremos en vano!
_ ¡No moriremos en vano!
_ Las leyes han de cambiar para todos ustedes… He de empezar corrigiendo mis errores.
Atenea se bajó del lugar de su discurso y caminó hacia Shaina quien la miraba confundida.
_ No puedo permitir que continúen esclavas de una regla machista y abusiva, caballeros femeninos.
Tomó la máscara de Ofiuco delicadamente, dejando su cara al descubierto. Ella observaba con devoción a su Diosa.
_ No tienen que amar a los hombres que observen sus rostros, ni ensuciarse las manos por aquello. ¡Las mujeres somos fuertes y no debemos ocultarnos! ¡Sean libres, guerreras!
_ ¡Viva!
_ Ahora tienen las mismas condiciones que los hombres, porque somos tan poderosas como ellos.
Todas empezaron a retirarse sus máscaras ante la declaración, felices de no tener que vivir atormentadas por ese temor.
_ ¡Larga vida a Atenea!
_ ¡Caballeros, nos espera un largo camino!
Ella no pudo ni reaccionar cuando la levantaron entre varios como un cantante en un concierto.
_ ¡Sa… Saori!
La Diosa comenzó a reírse y sus amigos de bronce principales hicieron de la misma forma. Todo esto era observado también por Marín y Tomás (quien estaba cubierto aún con una capa). Este último estaba sorprendido de la carisma y el amor a los humanos que ella reflejaba, muy diferente a la admiración por su capacidad de batalla por la que era seguida la Diosa Artemisa.
_ ¿Es realmente una mujer tan amada la Diosa Atenea?
_ Ha cometido errores, es verdad, pero aun así… Siempre estuvo a nuestro lado, aunque no haya sido físicamente. Arriesgando su vida a límites inimaginables para poder proteger la tierra.
_ Haber sido secuestrada por Eris quien tomaba su juventud con una manzana, enflechada por uno de sus caballeros dependiendo su vida de unos jóvenes de bronce y aun teniendo fe en ellos, hechizada por una cultura peligrosa del norte en Asgard, haciendo un esfuerzo sobrehumano para que el planeta no se congele en manos del poder de Odín, rezando en el pilar de Poseidón con toda su esperanza ahí, incluso asesinada por su hermano Abel y haber regresado a la vida…
_ También se dejó capturar por Hades para que él revelase su verdadero cuerpo y asesinarlo, ahí drenó casi toda su sangre, limitando su vida. O cuando poco a poco fue goteando esta misma por Artemisa para después desafiar a Apolo.
_ Esa mujer es dura de matar.
_ La reina de la sabiduría, la salvadora de todos nosotros…
Marín se fue y dejó al joven pensando, quien observaba aún la situación.
Ya en la cámara del patriarca, donde estaba el trono de Atenea, venían sus compañeros, los ahora jóvenes adoptados por Mitsumasa Kido.
_ Mis amigos… - ella se acercó a darles un abrazo grupal. – Lamento tanto todo.
_ Lo importante es que estás con nosotros. – comentó Shiryu.
_ Jabú, Ban, Nachi, Ichi, Geki… Saga, Shaka, Mu, Aioria, Aioros, Afrodita, Máscara de Muerte, Aldebarán, Camus, Milo, Shura, Dhoko, Shion… Ellos creen en nosotros, vamos a hacer esto por ellos y todos los humanos en esta tierra. Amigos míos, deben prepararse para la batalla…
Ella lucía tensa por lo que se venía.
_ Por favor colóquense en fila.
_ Kanon, tú has de portar la armadura de géminis, sin embargo deberás entrenar a un sucesor puesto a que has de ser mi patriarca.
_ Atenea… Yo… no lo merezco.
Ella se agachó hasta estar a su altura, ya que estaba arrodillado.
_ Lo mereces, tu sabiduría ha de guiarme, necesitaré mucho de ti a partir de ahora, Kanon de géminis.
_ Atenea… - su voz desbordaba una inmensa emoción.
Ella se volteó hacia Kiki.
_ Ya no eres un niño, Kiarad.
_ ¿Kiarad? – preguntaron todos sorprendidos, a lo que él muchacho se avergonzó.
_ Es… mi verdadero nombre, Mu me llamaba Kiki de cariño.
_ Es muy hermoso. – le sonrió Atenea. – Has de cumplir su lugar ahora, confío en que estás listo.
_ Lo estoy, doncella Atenea.
_ Por favor, ten mucho cuidado.
_ Es verdad, Kiki tiene 14 años ahora, tal como poseíamos en la guerra de las doce casas. – comentó Hyoga.
_ Has crecido bastante, pequeñín. – le rascó la cabeza Seiya.
_ Shiryu. – lo llamó Atenea. – Eres el hombre más justo de mi armada, una persona que es capaz de darlo todo por sus amigos. Ahora eres el portador de la armadura de Libra, herencia de Dohko, quien cuidó 243 años el sello de los cinco picos.
_ Estoy muy honrado, Diosa Atenea. – Él disimulaba pero en voz se oía la extrema emoción.
_ Hyoga, un guerrero que es capaz de dar todo de sí para cumplir sus metas, cuya esperanza y fortaleza ha sobrepasado obstáculos extremos. Has vencido a tu maestro, quien te honró con ser el sucesor de Acuario. Ahora has de portar su legado.
_ Es un honor volver a servirte, Diosa Saori.
_ Shun, ay… Shun – todos se rieron y él se ruborizó. – La persona de más puro corazón y bondad, cuya nobleza sólo puede ser comparada con su poder. Albiore donde sea que esté, debe estar profundamente orgulloso de ti. Ahora portarás la armadura de Virgo.
_ Gracias señorita Saori… - sonrió.
_ Ikki, quien renace de las cenizas, cuyo espíritu es indomable pero cálido y lleno de nobleza. Digno portador de la armadura de Leo, un valiente servidor de la justicia.
_ Es un placer, Diosa Atenea.
_ y… Seiya. – ambos se miraron fijamente. – El hombre que supera sus límites, con una fuerza de voluntad inquebrantable, el puño de la esperanza. Eres ahora el caballero de Sagitario, cuyas alas deberán volar hacia la victoria.
_ Saori… - él se agachó y así como los otros, ella colocó la espada en su hombro derecho y después en el izquierdo. – Lucharemos todos juntos.
_ Ya están aquí. – ellos la miraron inquietos ante su comentario.
Mirando el santuario desde una bajada en montaña, los guerreros del fuego observaban, esperando las órdenes del Dios Hefesto. Sus miradas reflejaban la determinación para una lucha sin final.
_ Atenea, me has traicionado. ¡Pónganse en fila, herreros! ¡Hoy tomaremos el santuario de la Diosa de la Guerra!
